10- Décimo Secreto: Una conversación que debió suceder hace mucho

Jenn despertó de repente producto de una pesadilla de esas que no se entienden bien, pero que parecen aterradoras. Tenía entumecidos los brazos de conservar la misma postura por demasiadas horas. Su cabeza le pulsó severamente por las horas que había pasado en extrema ansiedad y estrés el día anterior. Todo su cuerpo se quejó cuando ella llevó su mano a la cabeza para aguantar el dolor mientras trataba de entender dónde estaba.

-Ey, ey – Lana le habló suavemente – tranquila – dijo con voz somnolienta.

Jenn pestañeó un segundo y olvidó sus dolores, las migrañas, la tensión. Se acercó a la morena mirándola intensamente. Sus manos recorrieron el rostro de Lana como si estuviera insegura de que fuera real.

-No hay pesadilla que pueda superar esta realidad – comentó sosegadamente – no hay sueño que pueda superarlo tampoco – se inclinó hacia ella buscando sus labios.

-Jenn – Lana suspiró y la detuvo – tienes que calmarte.

La rubia se dio cuenta de que Lana no estaba interesada en besarla y se hizo hacia atrás – lo siento, me deje llevar por la emoción de tenerte tan cerca.

Lana se estiró en la cama y acarició su rostro suavemente – anoche estabas demasiado fuera de ti, Jennifer – explicó – no podía dejarte así, me preocupabas.

-Anoche – Jennifer hizo un gesto de pena – tú y esa mujer…

-Esa mujer y yo nos besamos – terminó la morena – y no te lo digo para lastimarte, sólo soy sincera.

-¿Estás…? – la rubia hizo una mueca con los labios – bueno, está claro que estás interesada en ella, pero ¿están saliendo? ¿Es tu pareja?

Lana suspiró – Joy y yo nos conocimos hace un tiempo y he estado pasando mucho tiempo juntas últimamente – confesó – aún no puedo decir que somos algo todavía y eso que viste anoche fue nuestro primer beso intencional.

-¿Intencional? – aunque no quería saber Jenn no pudo evitar preguntarlo.

-Bueno, la besé hace unas semanas, pero me rechazó y fue algo honroso de su parte – explicó – porque yo estaba débil y dolida – no mencionó el por qué, pero el rostro de Jenn mostraba que sabía leer entrelineas – eso me hizo interesarme aún más.

-¿La quieres?

-Sí – Lana la observó y notó el dolor en el rostro de la rubia – la quiero, es una gran mujer y una gran amiga, por supuesto que la quiero y además me atrae – confesó -, pero si quieres saber si estoy enamorada de ella, la respuesta es no, no lo estoy.

Jennifer suspiró con fuerza y con cierto alivio – vale, eso quiere decir que no te he perdido.

-Tampoco me tienes – Lana la observó un segundo – no me siento como me sentía, sé que te amo, pero no puedo hacer esto, siento mucha inseguridad.

-Lo sé, pero al menos sé que tengo una oportunidad de demostrarte que hay más que lo siempre has visto – sentenció la rubia.

-Tienes competencia, Jenn – le advirtió la morena – no te lo digo por presumir, sino porque realmente ella me agrada mucho – al ver las lágrimas agolparse en los ojos de Jennifer, se disculpó – lo siento, solo intento ser tan honesta, pero dejemos esta conversación.

-Está bien, me parece que necesito saberlo – replicó Jenn - he jugado mucho contigo, Lana, y, aunque la última vez no estaba tan dispuesta y hubiera querido más, no te lo deje saber, me subí a tu propuesta sin rechistar.

-Y lamento ser yo misma la que haya terminado por romper ese acuerdo – Lana se levantó de la cama en la que permanecían recostadas – anda, te prestaré algo de ropa y desayunaremos.

Jennifer se puso de pie y sonrió – gracias, Lana, pero quisiera seguir hablando de esto.

Al cabo de unos minutos, ambas estaban frente a dos humeantes tazas de café y la rubia le pidió a Lana alguna pastilla para el dolor de cabeza.

-Igual es que estás cansada todavía – expuso Lana – espero que estar bajo una lluvia torrencial no tenga nada que ver – dijo sin notar que ella era la única que hablaba - ¿has comido bien estos últimos días? – preguntó sin obtener respuesta y se giró con la pastilla en la mano, viendo como Jenn la miraba sin pestañear - ¿Jenn? ¿Me oyes?

-¿Qué es lo que te gusta de ella? – inquirió la rubia sin responder ninguna de las preguntas de Lana, como si no le importaran - ¿de Joy?

-¿De verdad quieres que hablemos de eso? – la morena hizo un gesto de incredulidad.

-Sí, quiero que hablemos de eso – la voz de Jenn sonó firme, sin lagunas.

Lana suspiró y le acercó las tostadas – come algo antes de tragarte esa pastilla o te sentará mal – notando como le hacían caso, se sentó frente a su compañera de desayuno – Joy es diferente, no pertenece a este mundillo que es tan nuestro, no se guía por las estructuras, es libre y racional, pero muy comprensiva y apasionada.

-¿Te gusta el hecho de que no pertenezca a la industria del espectáculo?

-Sí, no se rige por los estándares que nos obligan a seguir normalmente – sonrió de medio lado – eso lo vuelve todo mucho más natural.

-¿Por eso no te molesta que las redes especulen sobre ustedes dos? – quiso saber Jenn.

-¿Cómo sabes eso?

-Puede que estuviera indagando sobre tu relación con esa antropóloga – la rubia se sonrojó al decirlo y Lana se rió meneando la cabeza – vale, es que salías con ella en tus fotos y yo estaba como loca por saber de ti – entonces fue Jenn la que meneó la cabeza –es obsesivo y lo sé.

-Un poco – reveló Lana.

-Me estaba volviendo loca porque no querías hablar conmigo – confesó Jennifer – te necesitaba más de lo que necesité a cualquier otra persona jamás.

-Tardaste un poco, ¿verdad? – Lana hizo un gesto con los hombros – no importa de todas maneras.

-Tienes razón, Lana – admitió la rubia – te llevo necesitando años, pero no he hecho nada por conseguir demostrártelo, lo que he hecho es hacerte creer que no me importabas o que sólo quería jugar, sexo.

-No importa, yo sé que a tu manera me quieres, aunque era muy duro que me dejarás en medio de la noche para regresar con tu novio – había una mezcla de decepción y cinismo en el tono de voz de la morena.

-Ex – los ojos de Lana se quedaron prendados de la claridad de la mirada de Jenn – ex novio – aclaró – lo deje cuando recibí tu carta.

-¿Lo dejaste?

-Iba a dejarlo de todas maneras, Lana – le explicó la mujer – de hecho, iba a dejarlo esa mañana porque quería preguntarte si te gustaría avanzar.

-Oh – la morena se quedó confusa.

-No, no te lamentes por lo que hiciste, lo entiendo – expuso Jennifer – ahora mismo no me merezco mucho más que esa reacción – la rubia se mordió el labio – aunque la verdad estaba tan jodida por tu adiós que se lo solté todo, es una suerte que ser un "cornudo" le parece demasiada mala reputación porque ya estaría por todos los medios – hizo una pausa – aunque me da igual.

-No creo que sea tan malo, aunque me sorprende que a ti no te importe – comentó Lana.

-Sin ti me da todo igual, Lana, creo que quedó claro con mi espectáculo de anoche – la rubia suspiró – no puedo dormir, no puedo comer, no puedo pensar siquiera.

-Esto es difícil para mí, Jenn – dijo la morena con una mirada triste – el dolor que sentí, la decepción que sentí estos últimos tiempos fueron reales, no puedo simplemente dejarme llevar así nada más.

-Lo sé y por eso – Jenn se acercó y acarició sus hombros – necesito que me permitas una sola cosa más.

-¿Qué cosa?

-Llevarte a cenar, Lana – le pidió la rubia – déjame que te invite a cenar esta noche, déjame contarte cada pensamiento que tengo para ti, déjame convencerte de darme una última oportunidad.

-No sé – contestó Lana.

-Por favor – Jenn insistió - por favor, Lana, sé que no merezco pedirte mucho, pero son solo tres horas de tu vida, por el amor que sentiste por mí alguna vez, solo eso.

Lana suspiró – que vayamos a cenar no significa nada – señaló.

-Lo sé – aseguró Jenn – te prometo que lo sé, sólo quiero hablar de nosotras.

La morena suspiró - Si es que eso existe todavía.

Jennifer entendió su escepticismo y sufrió en silencio porque tenía claro que era una consecuencia de toda su deslealtad hacia Lana, de cada vez que le dio la espalda o la lastimó conscientemente. Aun así no se amedrentó.

-No me has dejado caer anoche, me has cuidado a pesar de todo – comentó – eso no puede significar nada.

Jennifer le dio una dirección a Lana antes de marcharse y le hizo una última pregunta.

-¿Le dirás algo a Joy?

Lana hizo una pausa antes de responder – Joy y yo siempre hemos sido sinceras, creo que es lógico que lo haga.

La rubia se marchó en su coche señalando que la esperaría a las 7 en el restaurante elegido. Lana se sentó en el sofá y trató de pensar como contárselo a Joy exactamente. Un poco después marcó su número.

-¡Ey, chica del balcón! – saludó la antropóloga.

-¡Hola, diosa de la luna! – le respondió.

-¿Cómo estás? – preguntó Joy.

-Bien, bueno, he tenido una noche rara – confesó sin saber cómo decirlo.

-¿Por qué? ¿Te has arrepentido de lo que pasó? – cuestionó la antropóloga.

-No, en absoluto – refutó Lana – me ha gustado lo que pasó en realidad, pero algo sucedió luego y creo que debo contártelo.

-Hazlo – le sugirió Joy.

-¿Puedo ir a verte? – le pidió la morena.

-¿Tan grave es? – cuestionó Joy – para que quieras verme cara a cara, digo.

-Por favor – insistió la morena.

-Ven, estoy en el departamento de antropología, ya sabes cómo llegar hasta mi despacho.

Lana tardó unos 35 minutos en entrar por la puerta de Joy y nada más verla sonrió. La castaña se levantó y se acercó a darle un beso en cada mejilla.

-Me asusta esta insistencia por verme – reveló – siéntate, Lana, ¿quieres un café o un té?

-No, estoy bien – la morena se sentó donde le indicó Joy – quería hablarte de algo que pasó.

-¿Anoche? – Lana asintió – pues suéltalo – le sonrió comprensivamente la antropóloga.

-Jenn apareció en casa anoche – confesó la mujer.

-Anoche, ¿con la tormenta? – preguntó Joy.

-Sí, aunque ya estaba en la zona residencial cuando empezó – le contó Lana.

-Eso quiere decir que nos vio, ¿verdad? – expuso Joy y Lana asintió - ¿estaba enfadada?

-Más bien desesperada – reveló Lana – estaba tan fuera de sí cuando abrí la puerta, ni siquiera me dejaba hablar.

-Imagino que no debe ser fácil ver a alguien que quieres con otra persona – Joy suspiró con una mueca que mostraba preocupación y algo de comprensión por la actitud de la otra mujer que se interesaba en Lana.

-No lo es – la morena sonrió de forma triste.

-¿Has hablado con ella?

-Sí, pero me ha invitado a cenar para hablar bien esta noche – le contó la actriz.

La antropóloga sonrió – me parece bien que vayas – dijo – necesitas entenderte con ella.

-¿No te molesta? – quiso saber Lana.

-No, ¿por qué? ¿Por qué nos besamos? – Joy hizo un gesto con los hombros – un beso no sirve de mucho si tu corazón no está en el mismo lugar que el mío.

Lana sintió que debía aclarar algo rápidamente y tomó las manos de Joy sobre la mesa – aún no se bien dónde está mi corazón, pero no está con ella precisamente ahora mismo.

-Lo sé, soy consciente de lo dolida que estás con ella, Lana – la antropóloga le sonrió – y me alegra tu honestidad – le confesó – quiero aclarar que lo que siento por ti sigue estando presente, pero que también soy consciente de que debes hacer lo que te haga feliz, conmigo o sin mí.

Lana sacudió la cabeza – no me lo pones fácil, siempre eres tan excepcional como persona.

-Bueno, puedo ser la persona más especial del mundo y eso no significaría que te tengas que enamorar de mí necesariamente, ¿sabes? – explicó Joy.

-Es increíble – dijo Lana entonces – es increíble porque ahora parezco una de esas niñas de secundaria que se debaten entre el chico que guapo que las maltrata y el chico que las quiere, pero no consiguen querer.

-¿Eso me convierte en el chico feo? – preguntó Joy – acabas de perder puntos a lo loco.

Lana se rió con fuerza – para fortuna de tu enorme ego, la belleza no es un punto a pensarme entre ustedes dos.

-Lo sé, no eres una tía superficial – expuso la antropóloga.

-Eso y que tú eres – Lana rodeó el escritorio ante la mirada atónita de Joy y colocó un mechón de cabello tras su oreja – muy bella.

Joy notó como Lana se proponía besarla y habló antes – no sé si es una buena idea hacer esto.

-No lo sé tampoco – Lana colocó un dedo sobre los labios de Joy – y entiendo que no quieras, pero que sepas que realmente me gustaría hacerlo.

Joy se levantó de su silla y la tomó de la cintura estrechándola contra su cuerpo, besándola dulcemente. Lana cerró los ojos ante el contacto y se sintió estremecer cuando los labios de Joy presionaron más intensamente los suyos. Reparó en cómo temblaba controlando a duras penas su respiración.

-Me dejas sin aire – la morena abrió los ojos al oírla hablar y la vislumbró mirando su rostro con fascinación – y no solo lo digo por este beso tan profundo – acarició su mejilla tiernamente – eres tan bella, Lana.

La morena sonrió – este beso ha sido especial, muy especial.

-Y, por ahora, debe ser el último entre las dos – declaró la antropóloga – me gustaría ser tu amiga si no soy yo tu elección – le explicó – me gustas como persona y me gustaría pensar en que siguiéramos siendo cercanas aunque no sea de esta manera, por eso no debemos enredarlo más.

Lana asintió – lo entiendo.

-Será difícil y pienso estar cerca de ti, mostrarte mis intenciones – Joy acarició una vez más el rostro de Lana -, pero quiero que te sientas libre para elegir lo que amas por sobre lo que te conviene.

Lana meneó la cabeza de un lado al otro - ¿Por qué? – preguntó - ¿Por qué eres tan especial?, ¿tan diferente?

-Porque cómo muchos ya cometí mis errores y no sólo me costó a la mujer que amaba, sino que faltó poco para que me cueste a una buena amiga – señaló la antropóloga – tuve suerte esa vez, no quiero volver a arriesgarme – Joy la soltó y se volvió a sentar.

Lana le sonrió – que fortuna la mía.

-¿Mañana quieres venir a beber un trago conmigo y los chicos? Michael ha destilado el mejor tequila de L.A. según él – la antropóloga hizo una mueca de interés – habrá snacks.

-Hecho – Lana rodeó el escritorio y le sonrió tirándole un beso al aire – hasta mañana.

-Ciao – saludó Joy y se dedicó a su trabajo para no pensar en nada, era lo que siempre hacía.

Mientras caminaba hacia afuera, Lana se cruzó con algunas personas del grupo de Joy que la saludaron amigablemente. Especialmente Max, la mejor amiga de la antropóloga. Había algo en su sonrisa amable que hizo que Lana recordará las palabras de Joy. "No sólo me costó a la mujer que amaba, sino que faltó poco para que me cueste a una buena amiga". Lana no parpadeó, pero fingió no sorprenderse con esa auto revelación. Si es que no se equivocaba, ¿qué habría pasado entre ellas?

Llegó a su cita a la hora prevista y se sorprendió de ver que Jenn ya llevaba media copa de vino.

-¿Dijiste a las 7? – le preguntó la morena - ¿o me he equivocado?

-No, no te has equivocado – le explicó la rubia – quería estar aquí cuando llegaras para recibirte y al final he llegado cuarto de hora antes.

-Y por el vino bebido estimo que estás algo nerviosa, ¿no?

-Sí – admitió Jenn – sí que lo estoy.

Lana se sentó y un camarero trajo una copa para ella – no veo por qué estar nerviosa, sólo soy yo.

-Porque eres justamente tú es que estoy nerviosa, Lana – Jenn le sirvió un poco de vino y levantó la copa – tú eres la mujer más increíble que pude conocer alguna vez y con la que llevo soñando desde ese mismo momento.

Lana chocó su copa con la de Jenn - vas directa al grano, ¿no?

-Ya hemos perdido demasiado tiempo, al menos eso creo yo – aseveró la rubia -, pero si quieres puedo parar de decir tantas cosas de momento.

-No hace falta, está bien, sólo era un comentario – Lana sorbió un poco del vino afrutado.

-¿Has hablado con Joy? – preguntó Jennifer.

Lana asintió – sí – contestó – le he contado y, siendo sincera, nos hemos besado – vio como Jenn hizo una mueca extraña -, pero luego me ha dicho que es último beso que me daría por ahora.

-¿Por qué? – quiso saber Jenn.

-Porque quiere que aunque no seamos nada romántico, podamos seguir siendo amigas pase lo que pase.

-Es inteligente, lástima que yo creo que nosotras difícilmente tengamos esa opción – comentó Jenn.

-Lo sé – estuvo de acuerdo la morena – ha llovido demasiado.

-¿Qué se siente? – preguntó la rubia – tener opciones, digo.

-No me estoy regodeando por eso, si es a lo que te refieres – comentó Lana – es más duro que grato – confesó – la anterior ocasión en que ha sucedido, de haber sabido que tenía otra opción no hubiera dudado un segundo en mi elección.

-¿Te refieres a antes de casarte con Fred? – inquirió Jenn.

-Sí.

La rubia sonrió – es bonito saberlo.

-¿Aun me culpas por eso? – indagó Lana.

-En absoluto – respondió Jennifer sin dudar – es más, debería disculparme por mi actitud contigo todo este tiempo, por como lleve las cosas sobre todo al comienzo, mi necesidad de vengarme por algo en lo que había tenido parte de las responsabilidad.

-Te sentías y veías tan herida, todo por esconder mis sentimientos, por no ser valiente– expuso la morena – creo que nunca me lo pude perdonar.

-Lo siento, actué como una cretina – Jennifer suspiró – sé que no lo sabías, no sabías que yo estaba enamorada de ti y sé que quisiste cambiar las cosas cuando fuiste consciente, pero no te deje porque pesaba más mi orgullo herido.

-Lo sé, aun así siento no haberte dicho lo que sentía antes de casarme con él – Lana se mordió el labio – lamento todos los días no haber hecho las cosas diferente.

-En ese caso somos dos las que lamentamos no haber hecho las cosas diferentes – Jenn sonrió con pena – pude decirte la verdad y no lo hice, puede pedirte que empezáramos de nuevo y no lo hice, a cambio me encerré en mi misma y en el dolor que me causaba sentirme inferior a él.

-Tú nunca lo fuiste, Jenn – le aclaró la morena – tú nunca estuviste por debajo de nadie en mi vida.

-Ahora lo sé, pero en ese momento sólo podía ver el brillo de tu anillo y pensar que él tenía tu compromiso, tu promesa de amor eterno – señaló la rubia – me sentí tan despreciada que no podía más que lastimarte para dejar de sentir que no tenía tu amor, aunque doliera.

-Yo te amaba muchísimo en ese momento, cada gesto de desdén me rompía el corazón – Lana suspiró – lo que pasó entre nosotras fue lo que terminó con mi matrimonio.

-Lamento haber sido tan cruel y provocar un fracaso en tu vida – Jenn se disculpó al saberlo.

-No, ese fracaso estaba destinado a ser, culparte sería una negación – expuso la morena – estaba casada con él, pero amaba a otra persona con todo mi corazón – le dijo – no podía funcionar fuera como fuera.

Jennifer suspiró – si no hubiera sido tan capulla habría aprovechado esa oportunidad.

-¿Sí?

-Sí, soñaba despierta contigo todos los días – Jenn se sinceró – después de llorar en mi coche luego de hacerte el amor en aquel camerino…

-Follarme más bien – aclaró la morena con una sonrisa que no era hiriente, más bien resignada.

-Ya, pero siempre te di algo de mi amor, aun en mis momentos más desagradables – expresó la rubia – siempre estuve loca de amor por ti aunque entiendo que no puedas creerlo porque lo ocultaba con mi mejor esfuerzo – comentó antes de continuar – después de llorar ese día en el estudio me marche mi casa a seguir llorando y empecé a soñar contigo, aún lo hago.

-Pensé que esa era la primera vez que habías estado detrás de esos líos y conquistas que tanto gustabas comentar – indicó Lana.

-No, en esa ocasión estaba demasiado dolida y tu aroma aún perduraba en mí – reveló – no podía dejar de llorar y de recordar lo mucho que te amaba, me abracé a la almohada y lloré hasta dormirme, al despertarme me debatía ente la soledad y la ira – la rubia suspiró – lamento cada palabra que te dirigí con desprecio, con antipatía, como las veces que te abordé aunque no quisieras.

-Nunca opuse mucha resistencia como habrás notado – Lana bufó – me resultaba imposible evitar que lo hicieras, pero no importa, ha pasado mucho más luego de eso – respondió la morena.

-Sí, tantas oportunidades desaprovechadas por este cobarde idiota que puedo llegar a ser – declaró la otra actriz - fue como cuando te marchaste a UK – confesó Morrison – esa llamada me destrozó el corazón y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no correr a buscarte.

Lana hizo un gesto de desazón – me hubiera gustado saber eso en un momento diferente a este.

-Me hubiera gustado ser fuerte y poder decírtelo – Jenn se atrevió a sobrepasar la línea tomando la mano de Lana – esta conversación se merecía ver la luz hace años, desde el primer día – suspiró – si hubiera sucedido nos habríamos ahorrado años de infelicidad.

-Pero no lo hicimos, ya no vale la pena perseguirse con eso – señaló la morena – no se puede volver el tiempo atrás.

-Es cierto y por eso no pretendo volver a ese pasado, lo que quiero es volver a empezar si tú me lo permites – le expuso Jennifer – dame una oportunidad, mi amor, te prometo que te demostraré cuanto te amo – Lana guardó silencio solemnemente – te prometo que te daré todas las razones que no te habrían hecho falta en el pasado.

-Tendrías que tener mucha paciencia y no tendrías garantías – advirtió la morena.

-Me sobran las ganas y estoy preparada para mostrarte cómo puedo hacerte feliz, para darte mi amor aunque no me elijas, incluso para dejarte pasar si no he llegado a tiempo para que me correspondas – le aseguró la rubia.

-No sé cómo materializar lo que me pides, Jenn – le expuso abiertamente la morena.

-Sólo dame tiempo, tiempo para pasar juntas, tiempo para mostrarte mi verdadera cara, mi verdadero corazón – la rubia e sonrió – sólo eso, mi hermosa Lana – dijo - ¿me darás ese tiempo?

Lana suspiró – lo haré.

El resto de la noche lo pasaron con una charla amena y muchas sonrisas agradables. Jennifer llevó a Lana hasta su casa unas horas después. Se bajó del coche y la acompañó a la puerta. Se miraron un momento y Lana pensó que Jenn le daría un beso, pero a último momento besó su mejilla, dejando a la morena sorprendida.

-Buenas noches, Lana – le dijo muy suavemente – gracias por esta noche y por los momentos por venir.

-Pensé que ibas a besarme – comentó la morena al verla caminar a su coche.

-Oh no, tú me darás el próximo beso y sólo si me lo merezco de verdad, sólo si me eliges – Jennifer le sonrió – hasta pronto, amor de mi vida.