20 lazos reforzados
El demonio refunfuñaba molesto mientras limpiaba la biblioteca no es que estuviera sucia solo quería un lugar donde pudiera desahogar su enojo. No por estos pequeños inconvenientes dejaba de amarlo, últimamente estaba insoportable aún así lo seguía amando trataba de ser comprensivo y paciente en sus berrinches pero todo tenía un límite. De pronto sintió que la puerta se abría lentamente pensando que era uno de los sirvientes ya se estaba preparando para regañarlo y sacarlo de ahí, pero una pequeña figura se aparecía.
—Ciel... Si vienes a seguir peleando no estoy de humor, quiero estar solo —Le hablaba serio al verlo entrar, este desviaba la mirada y cerraba la puerta.
—Yo solo... solo... venía a...
Murmuraba nervioso al ver su fría actitud de su demonio, de verdad estaba enojado y no le culpaba.
—¿Disculparte? —Le terminaba la frase al ver como se quedaba callado, el joven apenas movió su cabeza en forma afirmativa, pero tan tenue su movimiento que parecía que dudaba en pedirlo seguramente por el orgullo que le invadía.
—Dilo... y tal vez te perdone —Jactancioso hablaba el demonio a unos pasos de él se cruzaba de brazos esperando su disculpa.
—Es que no depende de mí esto que siento —Se justificaba Ciel y se notaba en su tono de voz la frustración que sentía al no poder controlar algunas de sus actitudes, entre ellas los celos que obviamente eran resultado de sus propias inseguridades.
—Sabes que yo no pienso dejarte... Al único que amo es a ti al dudar de mi fidelidad me lastimas, soy un demonio muy sensible a veces —Con un aire resentido le respondía el demonio aún con los brazos cruzados le desviaba la mirada.
—Ya Sebastian no exageres —Le refutaba con cierta burla y se acercaba dándole un fuerte abrazo.
—No exagero es verdad... me lastima tu desconfianza —Con un poco de resentimiento todavía le hablaba a la vez que correspondía ese abrazo, era imposible negarle un abrazo a su pequeño, quien a pesar de su orgullo estaba ahí por iniciativa propia tratando de resolver la situación, eso era algo que valoraba mucho— Puedo soportar tus berrinches tontos porque no te doy pastel o porque te pongo a trabajar pero que pienses que me atraiga alguien más si me ofende.
Seguía hablando seriamente el mayor tomando el bello rostro sonrojado de su joven amante que recién entendía lo que había lastimado a su querido demonio sin decir más y mirándolo fijamente le susurraba un "Lo siento..." muy bajito pero sincero.
—¿Crees que teniéndote a ti, alguien más puede gustarme? —Le cuestionaba coqueto luego de escuchar su disculpa y aceptándola lo levantaba entre sus brazos sutilmente buscaba sus labios con los suyos— Tú tienes todo lo que necesito... Lo que quiero... Lo que amo.
Le convencía amoroso entre besos que Ciel correspondía y enamorado se sonrojaba por sus palabras, era lo que necesitaba para vencer sus tontas inseguridades.
—Nadie se compara contigo... Lo que tú provocas en mí ser nadie más lo hace —Le seguía hablando antes de besar apasionado sus labios, sellando con este su reconciliación, jadeantes se separaron respirando agitados sobre sus labios no dejaban de mirarse.
—Siempre eres tan intenso... ¿Eres así o lo haces a propósito? —Coqueto le hablaba el joven cuando acariciaba el rostro de su bello demonio y le daba un tierno beso en la frente, detalle que el otro le hizo apenar un poco.
—¿Ya no dudarás de mi?
Cuestionaba Sebastian solo para terminar esa conversación y evitar alguna discusión parecida a futuro.
—Convénceme que eres solo mío demonio —Era la respuesta coqueta que le insinuaba el joven restregándose en el cuerpo de su demonio que lo cargaba.
—¿Aquí? —Cuestionó excitado el mayor al sentir el caliente cuerpo de su pequeño restregarse al suyo.
—Aquí y ahora —Era la respuesta que escuchaba de un ansioso Ciel que le besaba el cuello con firmeza, no bastó más confirmación pronto su cuerpo era reconfortado con las firmes caricias del demonio que lo recostaba sutil en el suelo.
Minutos después se escuchaba a un jadeante y semidesnudo conde que en el suelo de la biblioteca se retorcía mientras la lengua de su demonio relamía su pecho y cuello, a la vez que lo embestía con fuerza, ardía en deseo siendo corrompido por su apasionado amante que lo hacía vibrar en cuerpo y alma. Su interior atrapaba tan delicioso miembro que erguido y bastante rígido lo llevaba al delirio de placer, no pasaron un par de minutos cuando sentía que su cálido interior era humedecido con su esencia llevándolo al éxtasis casi simultáneamente. Entre gemidos unían sus labios y se miraban posesivos aún unidos en ese sensual coito.
—¿Convencido? —Le cuestionaba sensual mientras salía de su interior llenándolo de mimos y dulces caricias como le gustaba a su joven amo después de esos deslices amorosos repentinos y no tan repentinos también.
—¡Señor Sebastian...!
Escucharon ambos al ver como Meyrin abría la puerta y los veía en una pose más que comprometedora, quedándose paralizada no sabía cómo reaccionar sólo se sonrojó toda, tambaleante pretendía retirarse pero presa de los nervios y el bochorno parecía no encontrar la puerta aunque la tenía cerca.
—¡Toca la puerta antes! —Le gritaba el demonio cubriéndose un poco.
—Lo siento... pensé que estaba solo —Dijo ella muy nerviosa entre tropezones salía de la biblioteca.
—Eso fue muy penoso. —Murmuraba avergonzado Ciel muy sonrojado también, era la primera vez que alguien los miraba en una situación así— ¿Por qué no pusiste seguro a la puerta?
Le reclamaba a manera de regaño al demonio que parecía no afectarle tanto esto y seguía embelesado besando a su pequeño para calmarlo.
—Tú entraste último ¿No? —Le refutaba algo burlón.
—Si pero...
—No te preocupes cariño, de todas formas ya saben lo nuestro y pronto se confirmará más cuando se note el embarazo —Le trataba de calmar el mayor pero eso solo apenaba más a su amo que desviaba la mirada sonrojándose no podía creer lo sin vergüenza que era su amante.
—No miraré a Meyrin nunca más a la cara, que vergüenza... —Murmuraba apenado en voz bajita pensando en el rostro de la sirvienta que los descubrió en esos "asuntos"
—Creo que será mutuo —Divertido hablaba Sebastian y le daba un beso en el vientre para calmarlo, él sabía cuánto le gustaba que le besaran allí, un "cállate" fue lo que escuchó de un apenado Ciel que sentía ese sutil beso en su vientre.
—Pequeñísimo joven amo ¿Quieres comer algo en especial? —Tiernamente hablaba el demonio a su pequeño hijo en el vientre mientras no dejaba de rozarlo con los labios
—Deja eso, no tiene hambre... Hablaba Ciel que lo apartaba muy sonrojado, ver actuar tierno a su demonio era algo raro pero no le molestaba, embelesado le acariciaba el cabello. El mayor aprovechó que estaba cerca de su entrepierna aún humedecida de la eyaculación anterior comenzó a lamerla con fuerza, aunque este trataba de resistirse no lo logró y le dejó continuar.
Mientras tanto la todavia sorprendida sirvienta llegaba a la cocina donde estaban sus compañeros que esperaban que trajera a Sebastian o al menos una respuesta de este pero solo la vieron entrar inmutada y muy sonrojada.
—¿Qué sucede? ¿Por qué estás tan roja? —Cuestionaba el inocente jardinero al verla de esa forma.
—¿Te tropezaste con Sebastian? — Burlón preguntaba Bard con una sonrisa.
—El joven amo estaba... —Murmuró nerviosa aún en shock por ver a su joven amo semidesnudo bajo el cuerpo de Sebastian que llevaba los pantalones por las rodillas y su ropa desarreglada. Por no recalcar que ambos estaban acalorados y cariñosos.
—¿Qué? ¿Le pasó algo? —Cuestionaron sus compañeros de labores algo preocupados.
—En la biblioteca... En el suelo.
Mascullaba entre dientes recordando la escena que le impidió expresarse con claridad, el jardinero que cuidaba mucho a su joven amo se asustó y con prisa corriendo se dirigía a la biblioteca.
—¡No Finny no vayas...! —Le gritaba la sirvienta al ver como se iba y comenzaron a correr tras él, si ya ella se había impresionado no se imaginaba como sería para Finny que aún era muy inocente. Aunque tal vez la pareja en mención ya se habría levantado pensaba ella sin sospechar que no era así, sino más bien de la impresión ellos siguieron en sus sensuales asuntos.
—¡Joven amo...!- Gritaba angustiado el jardinero al entrar a la biblioteca y encontrar algo extraño en la posición de su amo que se aferraba al suelo y se retorcía jadeante, pensando que eran de dolor esos sonidos, sin dudarlo se acercaba a "ayudarlo".
—¡Vete! —Le gritó Ciel muy apenado, ya dos veces en menos de diez minutos era el colmo, el travieso mayordomo dejaba la deliciosa felación que le regalaba a su pequeño. Finny no entendía que veían sus ojos.
—No... ¿Qué le hace al joven amo?
Confundido musitaba al verlos, Sebastian trataba discretamente de cubrir a su amante y se sentaba.
—¡Finny vete... es una orden! —Le gritaba su joven amo muy sonrojado, el joven rubio entendió que no debía cuestionarlo y siendo halado por Bard salían de la biblioteca sin decir más.
—¿Qué hacían ellos? —Cuestionaba inocente el jardinero cuando con sus compañeros se dirigían de nuevo a la cocina luego de la bochornosa escena.
—Cosas de novios —Murmuró serio Bard, no creía que Sebastian que se veía tan intachable ya hubiera llegado a esos niveles de relación con su joven amo, que era un niño todavía.
—Pero el joven amo estaba retorciéndose en el suelo —Trataba de analizar el rubio menor con duda.
—Eso le gusta al joven amo mientras más se retuerce más feliz es... —Divertido hablaba el cocinero luego de su breve seriedad.— ¿Viste que estuviera mal?
—Solo enojado conmigo —Algo triste por los gritos que le dio su joven amo hablaba Finny.
—Ellos van a matarnos...
Nerviosa hablaba Meyrin que parecía no salir del doble shock de ese día. Los sirvientes esperaban que pronto apareciera Sebastian a regañarlos o algo peor por su atrevimiento al verlos en esa situación y asi pasó el mayordomo ya con su ropa arreglada llegaba a la cocina con seriedad.
—Creo que con el incidente de hoy de no tocar la puerta. —Enfatizaba molesto pero a la vez tomando aire se calmaba y continuaba su aclaración— Está muy clara la situación que sucede entre nuestro joven amo y yo, tenemos una relación amorosa por lo que rogamos su discreción... A Ciel le hubiera gustado venir a aclarar este asunto pero está muy apenado
Les comunicaba fingiendo ser comprensivo pero era solo porque su pequeño le había ordenado el no alterarse y perdonarlos por su falta de entrar sin tocar la puerta, los tres en silencio asentían con la cabeza.
—Pero que usted y el joven amo son novios ya lo sabíamos —Animado hablaba Finny con una sonrisa.
—Sebastian no creímos que ustedes estaban en ese nivel de relación _Murmuraba el cocinero con duda todavía, acaso no debía llamar a la policía por algo así, pensaba. Pero si su joven amo lo permitía suponia que estaba bien.
—Le llamó por su nombre eso es tan lindo —Embelesada murmuraba la sirvienta con una pequeña sonrisa.
—¿Contamos con su discreción? —Les cuestionaba luego de escuchar sus comentarios.
—Si... Cuenten con nosotros —Decían los tres al unísono con alegría.
—Además de eso, pronto les daremos una noticia que nos pone muy felices a los dos —Hablaba el demonio con una sonrisa que los sirvientes no habían visto antes en él, diciendo eso los dejaba con la expectativa mientras se marchaba.
—Ellos se van a casar —Dijeron al unisono los tres con sorpresa y comenzaron a imaginarse como sería una boda de los dos, sin sospechar que no era de eso que trataba la noticia.
—¿Cómo te fue? —Le cuestionaba Ciel que estaba recostado en la cama mientras veía entrar a su sensual demonio, quien le contó a lo que había acordado con sus sirvientes en cuanto a la discreción y se sentaba a su lado.
—Bueno por unos días me quedaré aquí —Tímidamente hablaba el joven al sentir el bochorno de ser descubierto de esa forma por los sirvientes
—Cuando te pones tímido eres muy sensual
Embelesado le miraba el demonio abrazándolo emocionado, así entre abrazos y negaciones seguían en su dulce convivencia, convivencia que los hacia felices muy a su manera.
—Tome joven amo... Para que le dé al señor Sebastian —Finny le decía mientras le daba un ramillete de hermosas flores a su amo, unos días después cuando lo visitaba en su habitación ya cuando este le permitió pasar.
—¿Por qué debo darles flores a ese idiota? —Murmuraba apenado el joven, recibiéndolas aunque debía reconocer que no era de dar detalles así al demonio y no casi, nunca le daba porque no sabría que darle.
—Porque usted es su novio... Debe consentirlo supongo... Yo nunca he tenido uno pero creo que debe hacerlo, como cuidar un perrito —Con inocencia hablaba el rubio con una sonrisa provocando también una sonrisa en su joven amo, más al mencionar la palabra "perrito" porque obviamente Sebastian era su perro.
—Además quería felicitarlo... por su boda con el señor Sebastian, ya estoy plantando unas hermosas rosas blancas para ese día, ¡Espero sea pronto!
Emocionado hablaba este con mucho ánimo borrando la sonrisa de su joven amo pues el no había aceptado el casarse, ni siquiera se consideraba que eran novios, ni en el sentido formal de la palabra, que su demonio anduviera diciendo eso le molestaba en gran manera.
Muchas gracias por leer esta historia, agradezco a la señorita por facilitarme las capturas de los capítulos restantes de este fic (')
