"Esta mañana lo confirmó… Definitivamente es Maybelline".
N A R U T O
—Despierta, idiota. El entrenador llamó a una reunión de emergencia.
Jesucristo, ¿alguna vez termina con este chico?
Abro un párpado, rodando hacia la voz de mi compañero de cuarto, buscando mi teléfono, queriendo mirar la hora.
—¿Cómo entraste aquí? Pensé que bloqueé la puerta.
—Fue fácil. —Aparta mis sábanas—. Levántate. Tenemos prisa.
—¿Por qué? —Mis pies desnudos pisan el suelo. Las piernas me levantan.
—No sé, pero tenemos que estar en el pabellón en quince minutos. Ponte en marcha y vámonos. Jūgo conduce.
Pantalones y una sudadera con capucha son arrojados a mi cama, la sudadera casi golpeando mi rostro.
Está saliendo de la habitación cuando lo llamo.
—Oye.
Se vuelve, su mano agarrando el marco de la puerta.
—¿Sí?
—¿Quién lo hizo?
—¿Hacer qué?
—No te hagas el tonto, quién mierda destrozó mi auto.
Mi compañero de cuarto arrastra los pies sobre el suelo de madera, sus ojos fijos en la pared beige detrás de mí.
—No lo sé.
—¿Podrías cortar la mierda? —Me pongo la sudadera negra por la cabeza. Luego los pantalones cortos deportivos—. ¿Quién mierda fue?
—¡Te lo estoy diciendo, hombre, no lo sé!
—¿Tienes las pelotas de pararte ahí y mentirme al rostro? Bonito.
Recojo mi bolsa, metiendo unos pantalones cortos extra.
—Esto es solo una reunión, no tendrás que entrenar —señala rápidamente.
Lo ignoro, metiendo un suspensorio, camiseta sin mangas y calcetines en mi bolsa de lona.
—Sí, bueno, no gané el campeonato de NCAA dos veces malgastando mis días, ¿no es así, Suigetsu? —Le echo un vistazo cerniéndose en la entrada—. Lárgate si no vas a darme ninguna información.
Duda.
—Fueron algunas chicas de hermandad.
Me enderezo.
—¿Qué?
Suigetsu encoge sus escuálidos hombros.
—Fueron algunas chicas de hermandad. Alguien pensó que sería divertido si salías y tu Jeep estaba envuelto en, uh, papel film.
—¿Quién está follando a chicas de hermandad?
—No lo sé, ¿todos?
Guardo unas zapatillas con mi ropa.
—Eso realmente lo reduce, ¿no es así?
—Si supiera, te lo diría.
Me río cínicamente.
—Sí, correcto.
—Mira, hombre, te ayudaré a llevar tu Jeep a casa, ¿de acuerdo? Lo haremos después de la reunión.
—Jodidamente no te molestes.
.
.
—Vengo al estadio esta mañana, ¿y qué diablos creen que veo en el estacionamiento? ¿Alguno de ustedes, señoras, sabe la respuesta que busco?
Grillos.
—¿Nadie tiene nada que decir esta mañana?
Todos miramos en silencio al entrenador, quien se ve como si estuviera a punto de explotar el tenso vaso sanguíneo en el centro de su frente. Está jodidamente enojado.
—Vi el Jeep de Naruto Namikaze envuelto en jodido plástico. ¿Quién aquí cree que esa mierda fue divertida? ¿Quién aquí cree que fue seguro? Muestren sus manos.
Su pregunta se encuentra con quietud, silencio, así que continúa.
—¿Qué mierda está mal con ustedes, chicos? —Se pasea al otro lado de la habitación normalmente reservada para ver cintas, dejando de golpe un portapapeles sobre la mesa que usa para las transcripciones.
El entrenador pasa una mano furiosa por su cabello grisáceo, sus manos detrás de su cabeza, mirando a la pared.
—No sé qué se supone que haga aquí. Tengo que hacer responsable a alguien. Si nadie habla, todos están suspendidos hasta que lo resolvamos.
Aun así, nadie pronuncia una palabra.
Hasta:
—Entrenador, no creo que sea justo suspender a todos por una estúpida broma.
El entrenador ni siquiera se da la vuelta.
—Cállate, Jirōbō. A menos que puedas decirme un nombre, considérate en período de prueba.
Alguien tose.
—Vamos, entrenador —discute Brandon Tennyson—. Estoy seguro que quien quiera que lo hizo —mira alrededor de la habitación, sus ojos entrecerrados en peligrosas rendijas—, quien quiera que hizo esto solo estaba intentando ser divertido.
—Les aseguro, señoras, que el personal no entendió la broma. —El entrenador se vuelve hacia el equipo de entrenamiento de Iowa, haciendo gestos hacia el personal de apoyo—. Hemos estado aquí durante horas, discutiendo nuestras opciones. De la manera en que lo veo, no hay muchas alternativas. No podemos tener un equipo lleno de pequeños imbéciles que piensan que hacer novatadas a un nuevo compañero es tolerado. Son adultos. Es el momento de tomar su castigo como hombres adultos.
Uno de los de primer año alza su mano.
—Pero, entrenador, ¿no tendremos que abandonar la temporada si nos suspendes?
—¡BINGO!
Por la habitación, se oye una oleada de incontables murmullos y blasfemias. Quejas por unas pocas almas más valientes.
Kiba aclara su gruesa garganta, hablando, el humor llenando su profunda voz.
—Entrenador, vamos, ¿no hay algo que podamos hacer para no joder el resto de nuestra temporada? Algunos dependemos del dinero de la beca.
Uno de esos siendo yo.
El entrenador estudia sus cutículas.
—Ustedes, chicos, deberían haber pensado en eso cuando dejaron el auto de Namikaze varado en el estacionamiento anoche.
Kiba no se rinde.
—¿No hay algo que podamos hacer? Tiene que haberlo.
—Es divertido que preguntaras. De hecho, lo hay. —Hace un gesto a Maito Gai, nuestro entrenador físico, para unirse a él en el frente. Gai avanza con un ceño, lanzándole unas llaves al entrenador, que las sostiene y las hace tintinear—. ¿Ven estas llaves? Estas son su billete a la libertad.
Hay miradas confusas alrededor de la habitación.
— Gai va a hacer una lista de nuestros sospechosos. Esa gente va a tomar a Namikaze y estas malditas llaves y dirigirse a mi casa del lago para una pequeña unión de equipo, y no quiero ver ninguno de sus jodidos rostros de vuelta en esta habitación hasta que resuelvan esta mierda. El próximo pequeño imbécil que haga una broma, queda suspendido del equipo y expulsado de la escuela. —Sus pequeños y brillantes ojos recorren la habitación—. ¿Estamos claros?
Un asentimiento colectivo se mueve por el grupo.
—No los oí: ¿Estamos claros?
—Sí.
—Ni una maldita broma más o me aseguraré que su tiempo en Iowa está acabado.
Silencio.
— Suigetsu. Jūgo. Jirōbō. Tennyson… —El entrenador recita los diez nombres de los que sospecha como culpables—. Eso es todo. Ahora salgan como la mierda de aquí. Tienen una hora para salir pitando de aquí y llevar sus culos a la cabaña antes de que los tenga a rastras. —Alza su voz un grado, señalando a los capitanes del equipo—. ¿Sasuke y Kiba? Enhorabuena, son los chaperones. A mi oficina, ahora.
Bueno, mierda.
H I N A T A
La última persona que espero que entre en la cafetería del campus es Suigetsu, el mánager del equipo de lucha y compañero de cuarto de Naruto. Nos localiza a Shion y a mí en una cabina en la esquina, sonríe amplio, se acerca cuando atrapo su mirada.
—¿Les importa si me siento un segundo? —Toma asiento junto a Shion sin esperar una respuesta.
—Uh, claro. —Mi prima pone los ojos en blanco—. Sé mi invitado.
—Gracias. —No pierde el tiempo mirando mi bollito de arándano—. Te importa si…
Sin modales, lo juro.
—Sí, me importa un poco.
El compañero de cuarto de Naruto me ignora, separa la parte superior de mi bollito, lo parte por la mitad y mete mi esponjosa pasta llena de arándano en su garganta. Traga. Come la otra mitad.
—¿Has hablado con Naruto ya?
—Hoy no. —Juro que este chico siempre tiene intenciones ocultas—. ¿Por qué?
—Solo me preguntaba.
Cuando se mueve por la mitad inferior de mi bollito, golpeo su mano con irritación.
—No quiero ser grosera, ¿pero quieres decirnos lo que quieres? —Déjale a Shion ir al grano. Por una vez, estoy agradecida por su rudo comportamiento—. Estábamos en el medio de una conversación.
Esto no parece molestar a Suigetsu.
—Así que, tuvimos una reunión de equipo de emergencia esta mañana. No sé si Namikaze te dijo sobre ello, pero dado que entré y estabas aquí, podría también darte las buenas noticias.
—¿Qué noticias? ¿Va a recibir un premio o algo?
—Uh, no. Unos pocos miembros del equipo vamos a un retiro este fin de semana.
Mis cejas se alzan.
—¿Oh?
—Es en una cabaña en Big Bear. A una hora de aquí, ¿sabes dónde está? Búscalo en Google.
Quito el papel de mi bollito.
—Ajá.
—¿Quieres venir?
Alzo mis cejas de nuevo.
—¿Yo?
—Sí. Todas las novias van a ir. Pensé que Naruto querría que fueras también, pero es tan malditamente cobarde.
—¿De verdad crees que querría que fuera? —Todavía es temprano; seguramente lo mencionará si me quiere allí.
—Por supuesto. Eres sexy. —Hago un movimiento de cabello mental—. Además, ¿no crees que se sentiría como un imbécil si fuera el único tipo allí sin su novia?
Esta es la segunda vez que Suigetsu ha usado la palabra novia, y me pregunto si me está retando a contradecirlo.
No lo hago.
—No sé, Suigetsu, creo que es algo que él debería preguntarme.
Se ríe.
—Ambos sabemos que no tiene el valor.
Cierto. Naruto es un poco inseguro sobre nuestra relación en ciernes; lo último que querría es quedar expuesto al rechazo.
Aun así.
—¿Estás seguro que estaría bien? ¿Otras chicas van a ir?
—Oh, sí, estoy totalmente seguro. Incluso puedes venir conmigo y sorprenderlo cuando llegues allí. Se meará encima.
Me muerdo el labio.
—Lo sé, pero realmente no quiero guardarle secretos. —No después de mentirle en el pasado—. Lo entiendes, ¿verdad?
—Entiendo eso, y lo respeto. —Cuando va a palmearme la mano, la retiro—. ¡Pero! ¿No crees que sorprenderlo será mucho más divertido?
Tiene un punto: Sorprender a Naruto en el retiro de lucha sería divertido.
¿Pasar la noche con él en una cabaña aislada en el bosque? ¿Con posibles partes del cuerpo desnudas? Sí, por favor. Quién sabe qué sucedería entre nosotros en esa clase de lugar aislado…
Aunque la idea de guardar el secreto de él ya planta una pequeña semilla de culpa dentro de mi estómago, dada la complicada manera en que empezamos nuestra relación. Mentira tras mentira.
¿Sería no decirle una traición?
Suigetsu se levanta, agarrando el último trozo de bollito de mi plato.
—Solo piénsalo. Toma mi número y mándame un mensaje si cambias de opinión.
Recita su número y lo programo en mi teléfono… solo por si acaso.
—De acuerdo, lo haré. Gracias.
Shion se inclina hacia delante cuando él finalmente se va.
—Amiga, totalmente tienes que ir.
—Lo sé, y voy a hacerlo, simplemente no puedo decidir si debería hacerlo sin decirle. No quiero que enloquezca o añadir más presión. Esos chicos son tan imbéciles.
—Tal vez te dirá sobre ello más tarde. Es solo como, la una.
—Tal vez.
—¿Confías en su compañero de cuarto?
—No lo sé… Naruto no confía en él, así que no, no realmente.
Shion toma un bocado de apio, crujiendo mientras mastica.
—¿Sabes qué creo? Creo que estás siendo paranoica.
—¿Sobre qué?
—Sobre qué sucedería si fueras. No va a estar enojado, Hinata. Es un chico, y los chicos piensan con sus pollas.
Me encojo de hombros.
—Tal vez.
Pero tal vez no.
—Siempre piensas todo demasiado. En serio, ¿qué es lo peor que podría pasar si vas? ¿Que finalmente eches un polvo? Las otras novias van a ir, ¿de verdad quieres dejarlo allí en la estacada? Algunas de esas WAG son putas.
—No pienso todo demasiado. Estoy usando mi sentido común y confiando en mi mejor juicio en lugar de ser impulsiva.
—Pero piénsalo de esta manera: Esta es tu oportunidad para tenerlo a solas en mitad de ninguna parte. Probablemente compartirán una habitación. —Mi prima menea sus cejas rubias—. O pueden escaparse por un poco de tiempo a solas, tal vez ir a nadar desnudos.
—¿Estás loca? Hace frío.
—Cierto, y está ese problema de encogimiento. — Shion cuelga un envoltorio de popote sobre su taza de té—. Sé que quieres ir. Deja de pretender que no vas a hacerlo.
Tiene razón.
Quiero ir.
Si Naruto va a estar atascado en una cabaña con todos esos imbéciles durante el fin de semana, necesita un amigo, un aliado.
Y esa persona soy yo.
.
Naruto: Tuvimos una reunión esta mañana. Solo quería decirte que no estaré por aquí este fin de semana, ya sabes, en caso de que quieras pasar el rato.
Yo: ¿Qué está pasando?
Naruto : ¿El entrenador nos obliga a hacer un retiro de equipo en alguna cabaña en el bosque? No volveré hasta el domingo, pero tendré mi teléfono.
Yo: Te extrañaré. Diviértete…
Continuará ...
