Capítulo XX. Let yourself go.
En cuanto sus pies tocaron la nieve, Hermione se desplomó en el suelo junto a Harry, quien estaba inconsciente desde la aparición del Señor Tenebroso en el Valle de Godric. El corazón le latía con una velocidad peligrosa y una intensidad palpable. Lo sentía en la garganta y escuchaba sus latidos en la sien. Miró hacia todos lados, asegurándose de que no hubiera nadie alrededor. El bosque estaba solitario. A lo lejos se escuchaba el ruido de agua corriendo, de seguro estaban cerca de un estero o río.
Aunque sentía que estaban solo Harry y ella en el lugar, internamente rogó que Voldemort no tuviera la capacidad de seguirlos hasta donde se hubieran aparecido o que por algún infortunio del destino, éste hubiera saltado sobre ellos y hubiera identificado su paradero. Pero no, al parecer nada de eso había pasado. La varita había revelado que no había ninguna persona cerca, y el silencio sepulcral que había en el bosque lo confirmaba.
Se levantó con dificultad, el cuerpo le dolía a horrores. A cada paso que daba, le ardían los muslos y cualquier giro le causaba un dolor insoportable en la espalda. No obstante su dolor, comenzó a caminar en círculos mientras lanzaba los encantamientos protectores.
-¡Salvio hexia! No puede ser, estuvimos tan cerca—Murmuró, aun sabiendo que Harry no podía oírla. La adrenalina ya estaba bajando, pero el pánico seguía allí-¡Protego totalum! ¡Repeli Muggletum!—Todavía creía que en algún momento aparecería el Señor Tenebroso y la mataría a ella y a Harry en cuanto los viera-¡Muffliato! ¡Cave Inimicum!
Cerró los ojos y suspiró. Haber puesto los encantamiento protectores le dio un poco más de tranquilidad. Volvió donde Harry, que seguía inmóvil. Sacó la tienda de campaña y en un agitar de varita ésta se armó.
-¿Harry? ¿Harry, puedes oírme?—Zarandeó a su amigo, pero éste permanecía inmutable.
Estaba sudoroso y parecía susurrar cosas indescriptibles, de vez en cuando gemía de dolor y en otras creía que lloraba. Fue a su cuello y buscó el guardapelo. Estaba aferrado a su pecho. Tomó a Harry de las manos para arrastrarlo hasta la cama, pero le era imposible. No tenía fuerzas pues le dolía todo el cuerpo, y además, Harry estaba como peso muerto. Sentía que se partiría la columna antes de poder arrastrar a su amigo hasta la litera, de modo que tuvo que sacar su varita y utilizar un encantamiento levitante para ubicar a Harry en la cama.
Una vez que estuvo acostado, Hermione se acercó a su pecho e intentó una vez más retirarle el relicario. Utilizó un encantamiento invocador, otro levitante, le aplicó agua… pero nada funcionó.. Observó detenidamente el artefacto, aferrado a la piel, que parecía estar succionando cada gota de vida de su amigo. Parecía tener vida propia. Cada día que pasaba, parecía consumir más y más energías, y parecía invadir el ambiente con negatividad y malos sentimientos. Además, parecía estar empeorando los delirios de su amigo, si es que no era éste el origen de todos ellos.
-Perdóname Harry—Susurró Hermione en un hilo de voz, antes de apuntar a su pecho y dibujar un corte alrededor del guardapelo. Comenzó a sangrar al instante en que la varita hizo la primera incisión y el relicario y el trozo de piel empezaron a despegarse de la carne. La muchacha rápidamente sacó el frasco de díctamo de su bolso de cuentas y le echó unas cuantas gotas en la herida, a la cual le salió una costra al cabo de unos minutos.
Al intentar acomodarlo en la cama, vio que Harry tenía dos perforaciones en el brazo, y alrededor había una hinchazón circular de un color rosado. Era una mordedura. Volvió a sentir pánico. ¿Y si Harry estaba inconsciente por el veneno de Nagini?
Con las manos temblorosas tomó su varita y apuntó a su bolso
-¡Accio antídoto de serpientes!
Al segundo salió un frasco con la poción granate grisácea. La abrió y le roció unas gotitas en la mordedura.
-Vulnera sanentur… Vulnera sanentur—Cantó mientras deslizaba la punta de la varita por las cicatrices de la mordedura—Vulnera sanentur…
Momentos después aparecieron las marcas cicatrizadas, pero no observó rastros de veneno encapsulado. ¿Acaso ya lo había absorbido todo?
Miró a Harry con detenimiento, tomó su presión arterial, sintió el ritmo de su respiración, la cual, aunque estaba algo agitada por los delirios en los que estaba sumido, no parecía que fueran obra de un envenenamiento.
Pero no estaba segura. Buscó un libro de medicina en el cual mostraban los síntomas de la afecciones más comunes, y en el caso del envenenamiento por una mordedura de serpiente, se indicaban que podría presentar náuseas, vómitos, entumecimiento, cambios en el color de la piel, presión arterial baja, dificultad respiratoria… y no parecía ser el caso de Harry. Tenía la presión más bien alta, su respiración era algo agitada y no se veía ningún cambio en su piel más que el enrojecimiento.
Volvió a observar a su amigo, y luego de taparlo con las mantas, fue hasta la mesa y sacó el cuaderno que Severus le había regalado y una pluma. Lo abrió y se quedó inmóvil por unos momentos. ¿Sería prudente escribirle? ¿Y si alguien lo había descubierto? Si era el caso, creía que no corría ningún peligro, pues él no sabía de su ubicación. ¿Y si tenía algún encantamiento u artefacto que permitiera rastrear su ubicación? Recién ahora se lo cuestionaba, aunque había pasado semanas hablando con él a través de ese cuaderno.
-No, él me lo habría dicho…-Lo observó unos momentos más, hasta que se convenció que lo que quería hacer no le reportaba ningún peligro. Confió en Severus, en que ese cuaderno solo se trataba de un comunicador a distancia, pero en ningún caso, un rastreador de su ubicación.
-Si ya lo hice antes y no pasó nada, no debiera pasar nada ahora tampoco—Dijo para sí misma, reafirmando su decisión.
Untó la pluma en el tintero y escribió.
-Necesito tu ayuda.
Contempló el cuaderno unos momentos, pero no hubo respuesta. Cerró el diario y fue hasta la cocinilla a calentar agua. Cambió su ropa pestilente al olor de la casa de Bathilda Bagshot, y llena de polvo y rastros de escombros. La puso a remojar en un caldero y luego tomó una taza de agua con unas hojas de menta que había encontrado en el Valle de Godric. De seguro eso la ayudaría a calmar su angustia.
Al terminar, regresó a la litera para revisar a Harry, quien seguía murmurando y jadeando, llorando y dando vueltas en la cama. Definitivamente, el guardapelo no era el origen de sus delirios.
-¿Harry? ¿Harry, me escuchas?—Pero nuevamente no hubo respuesta. Su rostro ardía, estaba cada vez más sudoroso, aunque la tienda de campaña aún no lograba calentarse del todo.
Hermione volvió a la cocina en busca de un paño de algodón y un cuenco con agua fría. Volvió hasta Harry y le aplicó el paño en su frente, esperando que con eso le bajara un poco la fiebre a su amigo. Luego siguió con sus mejillas, su mentón, su cuello, y de nuevo en su frente. Pero Harry no despertaba.
Media hora después volvió a revisar el cuaderno. Hermione sentía que la respuesta a su pregunta sería lo único que la calmaría esa noche. Sabía que no sería instantánea, pero necesitaba asegurarse que su amigo no estaba en peligro, aun cuando las señales indicaban que no había. Volvió a tomar el libro de medicina y lo volvió a hojear por si había alguna otra página que pudiera ayudarle. Revisó sus libros de herbología, de pociones, pero nada le ayudó. Dirigió su mirada hacia Harry y lo vió más sudoroso que antes. Meneó la cabeza. Tomó una esponja y se sentó a su lado. Empezó a secar el sudor de su rostro con resignación. Solo el tiempo calmaría sus delirios y su fiebre. Solo el tiempo confirmaría si su amigo estaba envenenado o no. Aunque en el fondo sabía que no lo estaba, pero la soledad la estaba matando. El no poder compartir sus preocupaciones, sus dudas con alguien, específicamente con Ron, aumentaba su ansiedad.
Y, aunque no lo quería asumir, estaba ansiosa por recibir respuesta de Severus, pues necesitaba saber que él estaba bien, y que el Señor Tenebroso no se había ensañado con él debido a su nuevo fracaso. Era un pensamiento recurrente, pero no dejaba que permaneciera mucho rato en su consciencia. Lo esquivaba, lo hundía como cualquier otro pensamiento que tuviera que ver con él y su amor. No quería una preocupación más, no quería otro motivo para llorar. Ya había tenido suficientes.
-Mamá… No, vete de ahí…-Murmuró su amigo, sacándola de su ensimismamiento.
-Harry…
Pero aunque insistió e insistió, no hubo respuesta.
Volvió a buscar el cuaderno, y nada. Por momentos creía que Severus estaría durmiendo y por eso no contestaba, pero dudaba que el Señor Tenebroso no lo hubiera llamado luego de tales acontecimientos. Suponía que era al primero que recurría cuando algo pasaba, de modo que quizás en este momento estaba tratando de contenerlo o darle otras ideas para dar con Harry.
Para tratar de distraerse un poco, intentó de todas las formas posibles arreglar la varita de Harry. Otra misión infructífera, pues bien sabía que era imposible arreglarla. Ni el propio Dumbledore lo podría hacer, si estuviera vivo.
Cerca de las cinco de la mañana, ya cuando había perdido todas las esperanzas, recibió respuesta. Había abierto el cuaderno casi por inercia, y estando segura de que no habría nada nuevo allí. Pero en cambio, había una simple frase escrita bajo la suya.
-Supe lo que pasó.
Hermione buscó la pluma y tinta y se abalanzó a escribir.
-Ella le mordió el brazo, pero no salió nada de veneno encapsulado. Está delirando, no deja de jadear, de llorar, habla entre sueños y no lo puedo despertar. Según los síntomas no pareciera que está envenenado…
Un minuto después, Severus respondió.
-No creo que ella quisiera envenenarlo, debe ser una simple mordedura. Él lo querría muerto pero por su acción, no muerto envenenado por ella. ¿Cómo está su presión? ¿El área de la mordedura cambió de color? ¿Azul, morado? ¿Cómo está su respiración?
-Tiene la presión bastante alta, tiene fiebre y está jadeante, pero no tiene dificultades para respirar. No hay cambios en su piel, solo está enrojecida. Ha cicatrizado bien con tu poción.
-No hay peligro entonces. Solo debió ser una mordedura, sin veneno.
-De acuerdo… Creo que eso me deja un poco más tranquila, gracias.
-¿Cómo estás tú?
Al leer esas palabras, Hermione no supo qué decir. Recién en ese momento se dio cuenta que no se había preocupado de ella misma. No sabía si tenía heridas de gravedad o si el dolor que sentía en su cuerpo necesitaba de alguna atención especial…
-Estoy… cielos… ni siquiera lo sé. Todavía estoy asustada.
-Se salvaron por un pelo. Él casi te mata.
-Sí, lo sé, estaba enfurecido.
-¿Estás herida?
-No lo sé…
Invocó un espejo y se miró. Cuando se cambió de ropa probablemente vio cortes, pero no fue consciente de que necesitaban curación. En aquel momento lo más importante era Harry. Comprobó que tenía unos cuantos rasmillones en la cara, y cortes y heridas más profundas en las manos y los brazos. En las piernas tenía muchos moretones.
-Tengo unos cuantos cortes, pero me acabo de aplicar díctamo—Le respondió a Severus al cabo de unos minutos.
-¿Ella no te mordió?
-No. Me golpeó varias veces con la cola, pero no me mordió. ¿Cómo estás tú? ¿Te hizo algo?
-No, estoy bien. Solo tuve que contenerlo. Estaba muy frustrado y cada día se vuelve más violento.
-Por un momento de verdad creí que daría con Harry…-De pronto se dio cuenta que había escrito su nombre y se apresuró a tacharlo—Y que me mataría…
Pasaron unos momentos antes que Severus volviera a escribir. Aparecían puntos intermitentes en la hoja, pero ninguna palabra. Empezaba a escribir una idea, pero luego la borraba. Finalmente, escribió.
-Él se dio cuenta que solo habían dos, así que tuve que ir a hablar con la familia para informarle que estamos buscando al hijo menor. Y quedaron devastados con la noticia.
-Oh… Pobres padres. Ojalá esté bien. Lo extraño.
-Les dije la verdad—La piel de Hermione se erizó al leer esas palabras.
-¿Qué verdad?
-Doble espía, que he estado protegiéndolos.
-¿Por qué? Es muy arriesgado.
-Lo es, pero no con ellos. No les reporta ningún beneficio que me echen el agua.
-Bueno, es cierto. ¿Y por qué les dijiste?
-El Señor Tenebroso está desesperado por encontrar a tu amigo. Y les dije que si sabían dónde estaba, me lo dijeran, pues yo podría protegerlo.
-¿Y te creyeron?
-Al principio no, pero cuando empecé a dar un poco más de información de lo que estuve haciendo, de lo que ustedes estaban haciendo, al parecer encontraron más creíbles mis motivos.
-¿Lo que "nosotros" hemos estado haciendo? ¿A qué te refieres?
-Cuando estuvieron en la casa de Canuto, que toda esta desaparición es para buscar algo.
Hermione quedó incrédula. ¿Acaso él sabía que estaban buscando horrocruxes?
-¿Lo has sabido desde siempre?
-Desde que el exdirector me lo contó el año pasado, antes de morir.
-¿Por qué no me dijiste nada? Cuando fui a verte actuaste como si no tuvieras idea de por qué mis amigos y yo teníamos que escondernos.
-Lo sé. Porque solo tengo que saber la información que el exdirector me dijo. Nada más.
-¿Y si sabes información que nosotros no?
Severus, sentado en el escritorio de su despacho en Hogwarts, sintió una punzada de culpa. Sí, tenía información importante respecto a los horrocruxes que ellos no manejaban, pero no podía decirle a Hermione. Le devastaría.
-No lo creo. Solo me dijo de qué se trata la búsqueda, que ya hay dos destruidos, que al parecer la noche en que murió fue con Cornamenta hijo a buscar el tercero. Pero no sé nada más que eso.
Hermione estaba confundida, alarmada. Se había esforzado mucho por ocultarle esa verdad a Severus, pero resultó que al final él si lo sabía, y probablemente había estado haciendo cosas para ayudarlos, aunque sea de manera indirecta. Luego de darle vueltas al asunto, se convenció de que era lo más sensato, pues Dumbledore confiaba en él más que en nadie, era obvio que le iba a contar algo tan delicado como el tema de los horrocruxes. Además, no correspondía cuestionar la información que ella o él manejaban. Ambos tenían el deber de ocultar ciertas cosas.
-Creo que tiene sentido que lo supieras. Es solo que me extraña que no me lo hayas dicho en tu casa.
-¿Hay algo más en lo que te pueda ayudar? ¿Tienes suficientes pociones? ¿Díctamo? ¿Comida, provisiones?
-La verdad es que ha estado bastante difícil encontrar comida.
-Sabes que puedes ir a mi casa cuando quieras.
-Lo sé, pero me da miedo que me descubran.
-Lo entiendo. Pero mi casa es segura, no es objeto de vigilancia en lo absoluto, y solo tú y yo podemos acceder a ella. Bueno, y los elfos.
-¡No! ¡No!
Hermione levantó la vista, asustada. Harry estaba retorciéndose en la cama.
-Debo irme.
-Cuídate mucho. Adiós.
Hermione corrió hacia su amigo y lo zamarreó fuerte para despertarlo.
-¡Harry!
-No… ¡Nooooo!—
-¡Harry! ¡Despierta! Todo está bien.
De pronto, su amigo abrió los ojos. No pudo reconocer nada al principio.
-Harry, estoy aquí contigo.
Luego de restregarse los ojos, trató de reincorporarse en la cama.
-Logramos huir.
-Sí—Confirmó ella.
La muchacha le contó todo lo que había sucedido. Que escaparon por un pelo de Voldemort, que estuvo inconsciente toda la noche, que tuvo que sacarle el relicario con un encantamiento seccionador, y que por un momento pensó que estaba envenenado. Harry se miró la cicatriz en su pecho y en su brazo. Ya había una gran costra en su pecho y dos puntos negros en su antebrazo.
-Gracias Hermione—Ella le esbozó una sonrisa casi imperceptible.
-Ahora, vete a descansar. No te ofendas, pero tienes un aspecto horrible. Yo ya me siento bien. Haré guardia.
-De acuerdo—Dijo ella aliviada. Necesitaba ese descanso de sobremanera.
-¿Dónde está mi varita?
Hermione sintió un nudo en la garganta y lo miró sin responder.
-¿Hermione?
-Harry…
-¿Dónde está mi varita, Hermione?
La muchacha le mostró su varita de acebo y fénix, casi partida en dos. Harry le pidió que la arreglara, y ante la insistencia de su amigo, la intentó reparar. Pero fue en vano, de modo que tuvo que entregarle su varita para que éste pudiera hacer guarda fuera de la tienda de campaña.
Hermione subió a la cama de arriba, se tapó hasta las orejas y dejó fluir todas las emociones contenidas en la noche. El miedo, el pánico, el dolor, la desesperación, las dudas sobre el estado de su amigo, la ansiedad por que Severus le respondiera, y pudiera cerciorarse de que Voldemort no le había hecho daño. Incluso podía preocuparse de su propio dolor físico, el ardor de sus heridas, de sus moretones, el dolor de todo su cuerpo. Contener todos esos sentimientos le estaba pasando la cuenta. Estaba agotada física y mentalmente, no podía pensar la claridad con la que solía hacerlo. A todo eso había que sumarle la falta de alimentos. Era muy poco lo que habían podido cazar y pescar en los últimos días, tampoco lograban encontrar ranchos en los cuales robar huevos o gallinas, y aunque siempre había tenido presente que podría ir a buscar provisiones a casa de Severus, aún seguía negándose. Sabía que le haría mal, los recuerdos la invadirían y además le embargaría el deseo de quedarse allí, escondida y no regresar jamás. Era una idea absurda, porque sabía que el amor por su amigo era mucho más fuerte que el sentimiento pasajero de rendirse frente a tal agotamiento.
Y de un momento a otro, las vueltas en su cabeza se detuvieron y su mente se apagó.
En los días posteriores a aquel suceso, Harry logró pescar un barbo en un río cercano al bosque en que estaban alojando, lo cual les aprovisionó para tres días, racionando y abusando de la magia hasta lo que más se pudo. Luego de eso, se acabó el festín. No encontraron aves para cazar, los peces habían migrado y a Hermione se le había acabado todo el dinero muggle para siquiera acercarse a un negocio y comprar un par de huevos.
Al parecer, lo que tanto se resistía a hacer era su única opción en ese momento. Observó a su amigo, pálido, muerto de hambre., y pensó en sí misma, que apenas podía concentrarse por la falta de energías.
-Harry, iré a dar una vuelta para ver si encuentro algo para comer.
-¿Quieres que te acompañe?
-No, iré sola.
Caminó unos cinco minutos en medio del bosque, miró alrededor, cerciorándose de que no hubiera ningún muggle cerca y desapareció. Al abrir los ojos, se encontró en una casa abandonada. Estaba gélida. De pronto, se sobresaltó al encontrar un cuerpo en el suelo. Escuchó ronquidos. Al parecer era una persona en situación de calle, capeando el mal clima en aquella casa abandonada. No pareció despertarse con la aparición de Hermione.
La muchacha salió rápidamente y se dirigió a la casa de en frente, donde estaba la casa de Severus. Todavía estaba a tiempo de arrepentirse. Pero era tanta el hambre, que había llegado a desesperación. Solo le tomaría un par de minutos. Buscar algo de comida, guardarlo en el bolso de cuentas e irse. No podía suponer tanto riesgo.
Sacó la llave de su abrigo y al tiempo que la introdujo, susurró la palabra secreta que operaba como contraseña para acceder a su casa.
-Esmeralda.
La puerta se desbloqueó.
Al entrar, se notó en seguida el cambio de temperatura. Si bien no estaba cálido, no había un viento congelante como en el exterior.
-¡Homenum revelio!
La varita no vibró. No había nadie en casa.
Fue hasta la sala de estar, la cual no había cambiado mucho desde la última vez que estuvo allí: estaba llena de papeles y libros. En la chimenea, había cenizas y rastros de leña quemada y unos cuantos pergaminos arrugados sobre el carbón. Se detuvo en el pasillo, mirando en dirección a la habitación de Severus, pero al instante cerró los ojos y fue hacia la cocina. No quería distraerse. Simplemente haría lo que vino a hacer y se marcharía. Nada de sentimentalismos ni recuerdos.
Al entrar en la cocina encontró un canasto lleno de huevos, otro con papas y una fuente de metal del cual se desprendía un vapor blanco, y que al tocarlo, se sentía frío. Tenía una encantamiento congelante. Al interior había filete de al menos tres salmones.
De pronto se escuchó un estruendo en la sala de estar. Sintió un escalofrío y su primera reacción fue correr sigilosamente hasta la puerta de la alacena, que estaba llena de cachivaches que parecían no haber sido utilizados en años. Por la rendija de la puerta vio una silueta acercarse. Al entrar en la cocina, lo vio a él.
-Severus—Dijo en un hilo de voz, mientras daba un paso hacia el costado.
-Hermione…-Susurró él al verla.
Sin siquiera pensarlo, corrió hacia él y lo abrazó. Parecía un sueño, un delirio, como si no estuviera pasando en ese momento. Como si fuera una simple ensoñación que estaba teniendo antes de dormir. Pero no. No era una ensoñación. Sentía como los brazos de Severus la tenían aprisionada en su cuerpo, sentía su respiración en su oreja. Sentía su olor, su calor.
El tiempo se detuvo para los dos. No existía ni el frío, ni el hambre, ni el ruido. Solo había paz. Pasados unos momentos, ambos se separaron.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Pues, esta es mi casa—Respondió él sin poder contener el sarcasmo.
-Sabes a lo que me refiero.
-Puse un encantamiento de alerta para cuando vinieras. ¿Acaso no te alegra verme?
-Oh. No, no es eso. No esperaba verte. No debiera verte, de hecho.
-¿Por qué?
-Para no tener que mentir y tampoco tener que sufrir porque tengo que despedirme de ti, nuevamente—Severus no pudo reprimir una mueca de tristeza y asintió—¿Cómo estás?
-Estoy bien. He estado pasando unos días acá aprovechando las vacaciones de Navidad.
-Oh, claro. Verdad que casi morimos en Navidad con Harry. ¿Y dónde estabas, entonces?
-Comprando unas cosas en el callejón Knockturn. Estoy trabajando en unas pociones arriba.
-Ah –No sabía que decir. Parecía que ambos rellenaban el silencio con una conversación trivial para evitar sentimientos y conversaciones más serias y dolorosas. Era lo más sensato.
-¿Y tú a qué vienes?
-Comida. Hemos estado dos días buscando algo decente para comer. Ha sido imposible cazar o pescar algo, dado el mal tiempo.
-Sí, ha sido un invierno muy frío—Hermione asintió—Bueno, aquí tienes lo que necesitas. Sabes que puedes venir cuando quieras.
-Lo sé. Pero tenía miedo.
-¿No confías en mí?
-Claro que sí. Confío en ti, pero nunca se sabe quién podría aparecer por tu casa en cualquier momento y por cualquier motivo.
Severus volvió a asentir. Se miraron unos momentos hasta que Hermione apartó la mirada, nerviosa. Sabía que si la mantenía por más tiempo, no podría cumplir lo que tanto se prometió. De hecho esa visita ya se había extendido más de lo premeditado. No podía flaquear, no podía dejarse llevar.
La muchacha tomó su varita e invocó una caja de huevos de su bolso de cuentas. Guardó una docena en ella. Echó las papas en una bolsa de algodón y el pescado lo mantuvo en la fuente de mental. Todo eso lo redujo para poder echarlo a su bolso de cuentas.
-¿Quieres comer algo antes de irte?
-No quiero tardar más de lo necesario…
Severus abrió un armario del cual sacó un bollo y un frasco con mermelada. De otro gabinete sacó un cuchillo. Partió el bollo en dos, lo untó con mermelada y se lo entregó a Hermione, quien no se lo pensó dos veces antes de zampárselo.
-No te puedes arriesgar a hacer una mala aparición por culpa del hambre.
Ella lo miró con culpabilidad mientras engullía el pan sin dejar de ocultar su satisfacción.
Una vez que terminó de comer, Severus llevó el dedo pulgar a la boca de Hermione y lo deslizó por su labio inferior. Tenía restos de mermelada. En un gesto sorpresivo, llevó el pulgar a su boca y saboreó la mermelada que había estado en los labios de Hermione.
Ella no pudo evitar ruborizarse. Le había parecido tan sensual. Y nunca había pensado a Severus de esa forma. Nunca le había parecido tan atractivo como ahora.
-B… Bueno—Tartamudeó apartando la vista de Severus—ya tengo lo que vine a buscar.
-¿Cómo está tu amigo?
-Mejor. Apenado por su varita, pero está bien. Ya duerme mejor. Gracias por preguntar.
Severus le sonrió al asentir. Esa sonrisa, para Hermione, pareció derretir todo su interior. Hizo flaquear su determinación de marcharse pronto. ¿Cómo alguien como él podía saltar de la sensualidad a la ternura en un solo segundo?
- Mi amor…Gracias -Le dijo ella acariciando su mejilla, enternecida. Luego de unos momentos, lo besó a modo de despedida. Sabía que estaba peligrando.
Sin embargo, al momento de separarse, ambos se miraron a los ojos tan profundamente, que de nuevo volvieron a sentir esa calma, esa paz tan adictiva, tan sanadora. Severus le acarició la frente y las mejillas sin dejar de mirarla fijamente a los ojos. Ninguno de los dos podía entender como acto tan simple como ese, pudiera significar tanto, pudiera causar tantas sensaciones.
-Abrázame—Musitó—Abrázame, por favor… He necesitado tanto… un abrazo tuyo.
-Yo también…-Dijo él mientras la rodeaba estrechamente. Para él todavía parecía un sueño lo que estaba viviendo. No podía ser cierto que ella estuviera ahí… Que él la tuviera entre sus brazos…
A partir de ese momento, Hermione ya no pudo contener los sentimientos que la invadían. No podía irse así, aunque es lo que debía hacer.
Volvieron a besarse, pero esta vez sería diferente. Los embargó una calidez sofocante, una necesidad casi suplicante de sus cuerpos. Un impulso incontrolable que los estaba conduciendo a un abismo del cual no eran conscientes.
De pronto, Severus la tomó de la cintura y comenzó a empujarla por el pasillo que conducía a su pieza, mientras ella comenzó a desabotonar su traje con impaciencia. Sus dedos se movían rápido, de modo que terminó con el último botón mucho antes de lo que esperaba. Severus no pudo evitar mirarla con picardía. Ella le devolvió la sonrisa pero con un evidente rubor en sus mejillas. Le quitó el traje y continuó con su camisa, la cual desabotonó hasta la mitad y luego se la quitó sin más. Ella, por su lado, ya no tenía ni su abrigo ni dos de sus sweater de lana que llevaba puestos. Estaba con blusa y pantalones de jeans. Severus sacó su varita del pantalón e invocó un caldero lleno de brazas y una gran llama. Hermione lo empujó para que se sentara en el borde de la cama. Mientras lo besaba, se sentó sobre él a horcajadas.
Ninguno de los dos se había detenido ni por un segundo a cuestionar lo que estaban haciendo. No habían dudas ni reticencia. A ambos los atacó el mismo sentimiento, el mismo deseo. El mismo calor. La misma desesperación por sentirse. Como si esa intimidad fuera a suplir todo lo que no se sintieron por meses y fuera a curar todo el daño que la distancia había hecho en ellos, borrando toda la falta que cada uno le había hecho al otro frente a sus dolores personales.
-Te amo—Le susurró ella luego de haberse observado lo que parecían horas. Se acercó para besarlo y antes que ella pudiera preverlo, Severus la tomó de la cintura y la lanzó contra la cama. Ella soltó una risita de nerviosismo.
Una vez estuvo sobre ella, el calor que había en sus cuerpos se volvió cada vez más asfixiante, y la necesidad cada vez más palpable. Desesperante. Sedienta. Se deshicieron de la ropa restante con más premura que antes. Severus acarició el cuerpo de Hermione con delicadeza pero sin ocultar cuanto la deseaba. Ella por su parte, tampoco perdía ocasión de hacerle ver cuánto lo deseaba, ya fuera con besos, abrazos, caricias o miradas.
Severus observó detenidamente todo su cuerpo, como si fuera la primera vez que lo contemplaba, aunque no era así. Lo había visto cuando ella había quedado inconsciente en la ducha, pero el hecho de verlo desnudo de manera consentida, bajo otro contexto, era una nueva experiencia. Porque podía acariciarlo, sentirlo contra su piel, podía besarlo y podía escuchar las reacciones de Hermione frente a su tacto. Por eso, al sentir lo mucho que la agitaba las caricias en sus pechos, Severus decidió concentrarse allí por unos minutos.
Hermione, mientras tanto, acariciaba su cabello y parte de su espalda mientras sentía el tacto de Severus, en ella. De pronto, sintió cómo su lengua comenzó a deslizarse por sus pechos y luego por sus pezones.
-¡Severus!—Exclamó ella, sin contener un suspiro. Estaba experimentando algo que jamás había sentido en su vida. Una corriente eléctrica que recorría toda su espalda y se concentraba en su entrepierna en forma de cosquilleos. Era una sensación que a cada momento la desesperaba más, pero que deseaba que no terminara.
-Severus… Ah…-Acarició su cabello negro mientras él introducía su otro pecho en su boca.—Ah…-Siguió gimiendo con mayor intensidad mientras se retorcía involuntariamente en la cama.
Llevada por el deseo, llevó una mano hacia la entrepierna de Severus y lo tocó. No pudo evitar ruborizarse, pero ignoró el sentimiento y siguió tocándolo, y luego fue más allá y le bajó la ropa interior, exponiendo su sexo completamente. Lo vio excitado y eso de alguna forma a ella la excitó más. Le erotizaba sentir la sintonía de sus placeres, y saber que ella era capaz de provocarle las mismas sensaciones que él le producía con el roce de su cuerpo.
Severus bajó una mano hacia la entrepierna de Hermione y la introdujo bajo sus bragas. Sintió que su respiración se volvió más agitada y su rostro más ruborizado. Sintió la humedad de su sexo y con ello pudo comprobar lo excitada que estaba. Deslizó sus dedos para seguir alimentando ese éxtasis, acariciándola a ratos delicadamente, a ratros a un ritmo rápido y constante.
-Dios mío—Chilló ella, mientras le jalaba el pelo con desesperación.
-¿Te gusta?—Le preguntó Severus en un susurro. Ella asintió mientras soltaba un gemido.
Severus se detuvo para poder besarla. Verla tan ruborizada, excitada, tan resuelta y relajada fue embriagador. Después de ver tanto dolor y angustia en sus ojos, verla olvidar los problemas por unos minutos calmaba su interior. Además, era una faceta que nunca se imaginó de ella simplemente porque nunca antes la había deseado de la forma en que estaba ahora.
Luego de unos momentos, llevó una mano a su entrepierna para poder acomodarse dentro de ella. Al principio, hubo algo de dolor y molestia y Hermione no pudo reprimir una mueca de incomodidad. Sin embargo, a medida que el ritmo se hacía más constante, los suspiros de dolor fueron reemplazados por gemidos de placer.
-Severus…-Siseó Hermione mientras rodeaba su rostro con sus manos.
Él la besó en los labios, luego acarició su frente y su mejilla.
Hermione deslizó sus dedos por el cabello negro de Severus. Contempló su rostro, sus ojos, sus labios, su barbilla, sus hombros. Luego deslizó sus manos por su espalda baja mientras sentía oleadas de placer en cada embestida. Comenzó a desesperarse.
-Severus… Severus—Él entendió que estaba llegando a su clímax. La besó en la frente y siguió moviéndose con un poco más de rapidez, mientras se concentraba en no llegar al suyo.
-No te contengas, sólo déjate llevar.—Le susurró, para luego acerarse a su pecho y besar cada uno de sus pezones. Eso la erotizó más y soltó un gemido
-Me encanta, me encanta—Hermione cerró los ojos y Severus supo que había decidido dejarse llevar. La embistió con fuerza, hasta que de pronto la vio retorcerse con una mueca en su rostro. Su voz se apagó en un abrupto gruñido, y después… Un suspiro. Vio como poco a poco su cuerpo fue desvaneciéndose. Pasados unos momentos, él llegó al suyo.
Hermione era incapaz de abrir los ojos. Estaba sumida en un trance que la mecía y la adormecía. Allí no existían dolores, ni miedos, ni angustia, ni soledad. Había conocido un nuevo recoveco de paz.
Severus se lanzó a su lado y soltó un suspiro de cansancio. Luego de un rato, la muchacha abrió los ojos para observarlo. Lo vio ahí tendido en la cama, con los ojos cerrados y el cuerpo desnudo, algo húmedo por el sudor. El pecho subiendo y bajando con algo de agitación.
Solo en ese momento fue consciente de lo que hizo. O de lo que hicieron. Algo que no se detuvo a pensar en el momento en que se manifestó. Su cuerpo, su mente solo necesitaban eso. Intimidad. Placer. Aunque antes de ese momento no supiera exactamente cómo se sentía. Pero necesitaba algo que hiciera explotar todo aquello que tenía acumulado. Toda esa soledad, ese miedo, esa angustia, esa incertidumbre. Nunca pensó que su primera vez sería así, consecuencia de tantos sentimientos guardados y reprimidos. Creía que sería una decisión consciente y planeada, no un impulso por salvar su cordura. Pero no se arrepentía, porque a pesar de todo, creía que era un acto mucho más maduro, racional y adulto que decidir hacerlo solo por amor. Había sido una catarsis.
Hola! Aquí estoy yo de nuevo, pidiendo disculpas por mi ausencia de dos años y dos días. Lo juro, no fue premeditado subirlo justo en esta fecha jajaja. El 23 de febrero de 2018 fue la última vez que actualicé. Tiene sentido, porque normalmente febrero es el único mes libre que tenía cuando estaba en la universidad, y ahí me dedicaba de lleno a leer y escribir.
La universidad ya se acabó. Ahora soy una Licenciada en Derecho desempleada, con el sueño intacto de convertirme en escritora algún día. Por mientras, es un buen avance seguir con los fanfictions, para pulir el estilo de escritura y abrir la imaginación, que siento que se me cerró mucho con la universidad. Este fanfic era un pensamiento constante en mis años de estudio. A veces abría el archivo para procrastinar de los estudios, y avanzaba algunas líneas o anotaba algunas ideas para los capítulos posteriores, pero nunca llegaba la verborrea, esa danza de los dedos sobre el teclado en que no puedes parar de escribir porque las ideas brotan y brotan y tienes que capturarlo todo. Y bueno, es lo que me ocurrió hace unos cinco días, cuando terminé de escribir el capítulo. Luego me pasé los siguientes cinco días corrigiendo el capítulo porque mi redacción estaba... Asquerosa. Demasiado plana y sin sentimiento. Mecánica. Creo que escribir demandas y tesis me afectó demasiado el estilo de escritura jajajaja. Así que me pasé estos cinco días leyendo y releyendo, dándole más forma y sentimiento a este capítulo.
Así que bueno, aquí estoy. Pero no volví para desaparecer otros 2 años. Volví para quedarme. Una de mis metas de este año es terminar de escribir este fanfic. Tengo ideas para otra historia, pero me prohibí publicarla hasta que no termine ésta primero.
Sé que todavía hay muchas maravillosas personas con una paciencia enorme que nunca perdieron la fe en esta historia y todavía seguían esperando cap. A ellas les digo: Gracias! Y aquí tienen su recompensa. Esta historia tendrá final, no quedará inconclusa como muchas historias que hay en FF, y por las que me ha tocado sufrir también.
Muchos cariños a mis seguidoras (Creo que son puras mujeres, pero si hay hombres, cariños a mis seguidores también!), gracias por regresar.
Quedaré atenta a sus comentarios y críticas.
Dani.
