Fue una revelación muy pesada para él, demasiado para digerirla y terminó por vomitar.
De alguna manera, logró llegar a la taza del baño y vaciar el contenido de su estómago a tiempo, no se creía capaz de retenerlo ni un momento más.
—¿Todo bien, Al? —pregunto Mimzy del otro lado de la puerta, tras tocarla con suavidad.
A duras penas, Alastor se incorporó jalando de la cadena y con una voz gangosa emitió un tembloroso si, al tiempo que se sentaba sobre la taza del baño.
—¿Seguro? No pensé que te lo fueras a tomar así —musitó la chica algo triste del otro lado de la puerta.
Alastor quiso responder que no había sido su culpa, que fue por algo más, la impresión o una estupidez por el estilo que se le dice a las personas cuando les han herido de alguna manera, pero su cerebro no quería formular ninguna de esas oraciones porque esté se había puesto de acuerdo con su corazón.
No estaba para nada feliz y no podía fingir por más que quisiera.
El embarazado de Mimzy complicaba las cosas de muchas maneras y realmente no quería verse enredado en la crianza de un primogénito suyo. En especial con esa mujer.
Era inconcebible que eso le estuviera pasando y sin embargo ahí estaba.
Tras varios minutos y luego de lavarse varias veces la boca y rostro, salió para encontrarse con la chica sentada sobre la cama, cuyo ceño fruncido y brazos cruzados indicaban que se avecinaba una gran pelea.
De esas que terminaban con objetos volando sobre su cabeza y llevando su paciencia al límite.
—Sigues aquí —soltó Alastor sin pensarlo, arrepintiéndose de inmediato al ver cómo el ceño fruncido de la chica, pasaba a una mirada colérica.
—¿Es todo lo que dirás? —gruño la chica con la mirada encendida—, ¿estas jodiendo conmigo?
Alastor se rasco la nuca, cuando noto su teléfono vibrar. Mimzy inmediatamente miró hacia el aparato que descansaba sobre la mesita de noche.
—¿Quién es Angel? —pregunto molesta tomando el teléfono, todo bajo la atenta mirada de Alastor, quien había comenzando a mover el pie derecho con inquietud.
—Un colega —dijo rápidamente, a lo que la chica le vio enarcando una ceja.
—No me mientas Alastor —gruño la chica desbloqueado el celular, cosa que inmediatamente disparó el pulso de Alastor, este adelantó varios pasos y le arrebató el teléfono a su novia, quien le veía furiosa por tal acción—, tienes a otra cierto.
—Tristemente eres la única mujer en mi vida Mim, no soportaría a otra como tú —soltó caminando hacia la puerta.
Si ese pequeño -enorme- incidente no hubiera ocurrido, fácilmente sus planes hubieran seguido el curso que en su cabeza se había planeado, sin embargo, ahí estaba, escuchando los berrinches de su actual pareja por su amante y por su falta de apatía hacia su embarazo.
Alastor rodó los ojos llegando a la cocina, dándose vuelta para encarar a la chica que no paraba de gritarle tantas cosas, que Alastor inclusive ya ni prestaba atención.
Llevaba meses intentando terminar con la chica, mucho antes de conocer a Angel por supuesto, pero ella siempre lograba conseguir un motivo por el cual debían permanecer juntos y él torpemente volvió a suceder. Y justo cuando había reunido un rotundo adiós para Mimzy, ella llega con aquella devastadora noticia.
—Mim, por dios, deja eso —soltó cansado cuando la chica levantó un libro de cocina sobre la cabeza—, no hay otra —dijo ya exasperado sobándose el puente de la nariz.
—Me mientes —gritó arrojando el libro que Alastor esquivo fácilmente.
Miro con molestia a la chica y se cruzó de brazos.
—Si hubiera otra, ya te hubiera dejado cariño —dijo guiñándole un ojo haciendo que el rostro de la chica se volviera rojo. Alastor no supo identificar si de la ira o la vergüenza que debía sentir en ese momento.
—¡Llevo a tu jodida mierda en mi interior! —vociferó furiosa.
Alastor ladeó levemente la cabeza al escucharla.
Aceptaba que no quería a la criatura que crecía en el interior de la chica, pero ya era muy extremo referirse al embrión como una jodida mierda, se notaba el amor hacia el ser que crecía en su vientre.
Aunque él sabía que quizá Mimzy lo uso como la excusa perfecta para hacerlo quedarse, sin embargo, si realmente tuviera razón, se sentiría muy decepciona de la estupidez de la que una vez considero una chica excepcional.
—Debes quedarte conmigo, debes hacerlo, si no te demandare, lo haré, no dudes que lo haré —soltó de pronto la chica al darse cuenta de su error—, no tienes idea de cuanto le he invertido a esta relación, no puedes dejarme.
Al ver lo histérica que se había puesto, Alastor negó con la cabeza.
Llegado a ese punto, sabía que ya no había nada que salvar, no podía decir con seguridad que la chica no le amaba, quizá era el caso; pero también, quizá solamente era costumbre, esa maldita costumbre que termina encadenando a personas que simplemente ya no deben estar juntas.
Alastor pensó todo eso en cuestión de segundos llegando a una conclusión definitiva.
—Mimzy, basta, esto tiene que parar —pidió comenzado a rodear la mesa—, no quiero ni podemos seguir haciendo esto.
Mimzy entonces comenzó a llorar de la frustración, haciendo puños sus manos y mirándole con tanto odio que Alastor por un segundo creyó que le maldecía el alma.
—¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ ALASTOR? ¿POR QUÉ YO NO? —el aludido la vio mientras ella se dejaba caer al suelo dramáticamente cubriendo su rostro anegado en lágrimas.
Y ahí estaba esa casi culpa que podía sentir.
Tenía muchas ganas de decirle a la chica que no era ella -en parte- la del problema, si no que era meramente su incapacidad para relacionarse tan profundamente con las demás personas y que por ende, nunca le podría corresponder como ella quería, pero si aparentarlo.
Supongo que este es una especie de castigo
—Te amo —chilló desde el suelo con la garganta temblorosa.
Alastor término de rodear la mesa y se arrodilló frente a ella.
—También te amo —dijo extendiendo una mano para ayudarla a ponerse de pie.
—MENTIROSO —gritó furiosa sobresaltando un poco a Alastor tras golpearlo.
Este ni siquiera tuvo tiempo de procesar lo que ocurría cuando la chica se puso de pie y dio un portazo en su cuarto luego de dejarle con la cara ardiendo.
Sobo su mejilla antes de incorporarse y caminar hacia la salida, dando por terminada esa discusión, ya sabiendo que la chica no entendería por más que intentara dialogar con ella. Pensó entonces, que quizá si volvía al día siguiente, podría llegar a un acuerdo con ella sobre cómo crían al niño, pero cada quien en su camino.
Sin embargo, apenas abrir la puerta, parte de esta se transformó en astillas que lo obligaron a tirarse al suelo, cuando el ensordecedor sonido de la escopeta quedó atrapada entre aquellos muros de concreto.
Alastor vaciló unos segundos en el su sitio mirando sobre el hombro como Mimzy volvía recargar, disparando otra vez, dando el muro frente a él.
—¿Te has vuelto loca mujer? —grito desde el suelo, saliendo a gatas del departamento cuando Mimzy recargaba la escopeta con algo de torpeza, tirando varios cartuchos en el proceso.
Justo en ese momento se arrepintió un poco de enseñarle a disparar, aunque al menos agradecía que Mimzy tuviera mala puntería, porque de otra forma, le hubiera partido a la mitad con ese primer tiro.
—¡Muérete! —chillo la chica disparando al pasillo, errando el tiro por muy poco. Alastor al ver como la madera seguía volando y escuchando los gritos lejanos de sus vecinos, tomó la decisión más rápida de su vida y se lanzó por la escaleras, rodando varios escalones antes de incorporarse y bajar a toda velocidad las escaleras.
Alastor temió por un instante en medio de su huida, que alguno de los perdigones le diera, pero por suerte no fue el caso. Y mientras salía como alma que lleva el diablo del edifico, su teléfono volvió a sonar una vez más pero esta vez, por una llamada.
Solo entonces se sorprendió de no haberlo perdido luego de todas las maniobras evasivas que tuvo que hacer para salir de ese lugar en una sola pieza. Adulándose al mismo tiempo, por haber salido casi ileso, si no contaba los magullones por su caída.
—Hola —jadeo al responder.
Trotaba con calma por la avenida, mirando de vez en cuando sobre su hombro cerciorándose que Mimzy no le había seguido, pues de ser el caso, de verdad que sería un problema, no para él por supuesto, pero sí para los peatones que cruzaran por ahí.
—¿Todo bien? —rió Angel del otro lado de la línea—, suenas como si acabaras de coger.
—Mi ex pareja a intentando volarme la cabeza con mi escopeta, todo bien —la carcajada de Angel hizo que una sonrisa se colara en su rostro y que su acelerado corazón dejara de martillear tan incesantemente contra su pecho.
Angel resoplo ocasionando que Alastor riera un poco.
—¡Carajo! Esa mujer si tiene los ovarios bien puestos —reía a carcajadas, causando una mezcla extraña de sentimientos en Alastor.
—Está embarazada Angel, está hormonal —le dijo dándole las nuevas, esperando que con eso parara de reír.
—Hormonal mis polainas, esa tipa no está embarazada o al menos no de ti —tan pronto como esas palabras salieron de su boca, Alastor percibió una palabra en italiano, que casi pudo jurar fue una maldición.
—¿Qué dijiste? —dijo deteniéndose de pronto, tratando de normalizar su respiración.
Angel se quedó un instante callado antes de suspirar al darse cuenta que Alastor no dejaría pasar el tema.
—Mira, Mimzy es... una de las mejores cantantes del cabaret donde trabajo de vez en cuando —comento lo más tranquilo que pudo.
—La conocías...
Angel al otro lado de la línea torció levemente la boca.
—Y ella... digamos que tiene un amigo especial ahí...
—Lo sabías y no me dijiste —reclamo sintiéndose más indignado porque Angel no le contara, a descubrir que su novia de casi ocho años le engañaba con otro tipo.
Eso era lo de menos, de haberlo sabido antes hubiera tenido la excusa perfecta e irrefutable para dejar a esa mujer de una vez por todas, pero Angel había preferido callar y dejarlo morir en silencio.
—Se que debí, pero no me correspondía, ¡además pensé que si la querías! —intentó excusarse aunque sabía que no servía de nada—, no quería ser yo el responsable porque tu futuro matrimonio acabara
Y aunque intentó sonar sincero, a Alastor no le tomó más de dos segundos deducir que se había mordido la lengua al decir aquello.
—No lo hago, Angel, nunca podre amar a nadie como esa persona espera que lo haga, pero eso no impide que me sienta traicionado, ¿porque no me lo dijiste? —cuestionó tras un momento, ya más tranquilo.
—¿Me hubieras escuchado? —preguntó más serio de lo que quiso sonar.
Alasto lo pensó durante un instante, ¿lo hubiera hecho? Quizá sí, si eso se la quitaba de encima, pero no le daría la satisfacción a Angel de que creyera que sí.
—Por supuesto que no, carajo, conozco a Mimzy de mucho antes que tu, obviamente habría ido a ella a preguntar antes que creer en ti —dijo tratando de sonar exasperado.
—Hay tienes tu puta respuesta —gruño el chico del otro lado de la línea.
Alastor al darse cuenta de que estaba creando otro problema, suspiro con pesar. No era momento para eso, miró su ropa y eso solo confirmo lo que pensaba.
—Genial, se embarazó de otro y me ha echado bronca cuando la intente dejar, simplemente genial —ironizó apretando suavemente el celular—, supongo que es karma...
—Pero oye, al menos ahora puedes dejarla con justa razón, intento de homicidio no es cualquier mamada —comento tratando de animarlo—, además de adulterio —rió al decirlo.
Alastor rodó sutilmente los ojos, comenzando a notar la mirada de la gente a su alrededor.
—SI bueno, creo que necesito un trago —cambio de tema pues el solo pensar en que su ex novia pudo cobrar venganza por todas sus víctimas de forma indirecta, le helaba la sangre.
—¿Donde mismo?
—Donde mismo-
