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TU PUEDES
Desde aquella primera vez, Alistair se encargó cada día de cargar a Patricia escaleras arriba y abajo. La languidez de la muchacha fue desapareciendo poco a poco gracias a las continuas atenciones que Alistair le prodigaba. Y a sus divertidas ocurrencias.
Alistair estaba lleno de energía positiva y eso hacía que Patricia floreciese a su lado. Parecía otra persona desde que él la rondaba.
Se reunía en el patio con los demás, hablaba animadamente con todos, disfrutaba viendo jugar a los niños y entrenar a los hombres. Y aún así, para Alistair no era suficiente. Quería su plena participación en la vida del castillo. Quería que olvidase su cojera para siempre.
-Vamos, Patty - la animó una vez más - Será divertido.
-No creo que sea buena idea - estaba recelosa, como cada vez que Alistair le proponía hacer algo nuevo que implicase usar las piernas.
-Sólo es un caballo - le dijo - se dirige con las riendas.
Patricia nunca había montado en caballo y cuando Alistair lo descubrió, quiso ser quien le enseñase. Le había asegurado una y otra vez que no era peligroso pero ella continuaba teniendo sus dudas.
-Si te sientes más segura, montaré contigo.
En algún momento de su creciente amistad, habían empezado a tutearse. No había sido algo planeado y ni siquiera recordaban cual de los dos había sido el primero. Simplemente dejaron a un lado las formalidades.
Alistair le rogó con la mirada. Deseaba tanto que aceptase que casi no se atrevía a respirar mientras ella se lo pensaba de nuevo. Cada día que pasaba con ella, sentía que se apoderaba un poco más de su corazón. Y aunque ella lo veía como a un amigo, especial pero al fin y al cabo amigo, Alistair no podía hacer lo mismo.
Tantas veces había deseado acariciar su bello rostro, tantas otras liberar su cedoso cabello de aquellos estrictos moños que se empeñaba es usar, y miles de ellas había anhelado besar sus dulces y rosados labios. Pero se contenía por temor a perder lo que tenían.
-¿No seré una molestia para ti? - estaba a punto de ceder y una sonrisa iluminó el rostro de Alistair.
-Tú nunca serás una molestia para mí, Patty.
-Pero no debemos alejarnos mucho - le recordó - Charlie se pondrá hecho una furia si lo hacemos.
-Yo te protegeré - le guiñó un ojo - No temas.
-¿Del potencial peligro o de mi hermano? - sonrió burlona.
-De ambos.
Sus risas llenaron el establo. Alistair prácticamente la había arrastrado hasta allí, con la intención de convencerla para que saliese a cabalgar con él. Y como cada vez que se proponía algo, lo había logrado.
-Cambiaremos todo para mi caballo - le informó mientras hacía lo que iba diciendo - Es más fuerte y podrá con los dos sin problema.
-¿Seguro que no es peligroso?
-No te pasará nada malo, Patty. Yo estaré contigo en todo momento.
-Eso me tranquiliza - un ligero sonrojo coloreó sus mejillas y Alistair tuvo que reprimir un nuevo impulso de besarla.
La ayudó a montar y luego subió tras ella. Había avisado a Charlie y a Paulina de que se llevaba a Patricia de paseo y a ninguno pareció preocuparles el que fueran solos. Confiaban plenamente en él. En todos los sentidos.
-Toma las riendas - le dijo - Yo te iré indicando cómo tirar de ellas para que el caballo te obedezca.
Salieron al exterior y Patricia dirigió el caballo hacia el lago, con ayuda de Alistair. Éste había decidido llevarla a un lugar tranquilo donde comer algo juntos y luego hacerla montar sola.
Tal vez si nadie más que él la miraba, se atreviese a hacerlo.
-Esto es emocionante, Alistair - aunque no podía ver su cara, sabía que estaba sonriendo. Empezaba a conocerla bien.
Patricia era la única que lo llamaba siempre por su nombre completo y le gustaba que lo hiciese así. Le recordaba al día que se conocieron, al menos oficialmente, él no recordaba días anteriores a ese.
-¿Significa eso que lo intentarás sola después de comer? - no quería sonar esperanzado pero fracasó.
-Tal vez - aún así ella le concedió un poco de esa esperanza.
Durante la comida, mantuvieron una animada conversación. Siempre tenían algo que decirse, entre ellos no había silencios incómodos.
Alistair observó a Patricia mientras comía, tan delicada pero tan fuerte al mismo tiempo. Fingiendo ser independiente pero tan dependiente del cariño de su gente. Tan hermosa pero tan ajena a ello por considerar que su cojera importa más que su persona.
-¿Sucede algo? - le preguntó ella inquieta.
-Nada. ¿Por qué lo preguntas?
-Porque no dejas de mirarme.
-Eres muy bella, Patty - sonrió por su sonrojo - Y no soy el único que lo piensa.
Su rubor se intensificó y Alistair decidió que era el momento ideal para que Patricia montase sola. Con lo incómoda que se sentía en ese momento, aceptaría cualquier cosa con tal de no mirarlo a los ojos. Era muy previsible.
-¿Preparada?
-Preparada, ¿para qué?
-Para montar sola.
-Nunca estaré lo suficientemente preparada para eso, pero lo intentaré.
Previsible, pensó una vez más. Pero no le dejó tiempo para que se arrepintiera. La ayudó a subir al caballo y sujetó las riendas. Las llevaría él hasta que Patricia se sintiese cómoda con el caballo.
La vio sonreír como a una niña pequeña con un dulce en la mano. Su estusiasmo era contagioso y antes de que pudiese preverlo, también él sonrió, pero en su caso como un tonto enamorado.
-Ahora toma las riendas - la vio palidecer pero no se retractó. Él sabía que lo haría bien - Tú puedes, Patty.
No se atrevió a alejarse del claro donde habían comido. Más por miedo a que el caballo se desbocase y Alistair no estuviese allí para salvarla, que a los peligros que pudiese haber fuera. Alistair la protegería. Confiaba en él.
El caballo bufó de repente y Patricia se asustó hasta tal punto, que saltó del caballo sin importarle cuán alta estaba. Por suerte para ella, Alistair tenía muy buenos reflejos y detuvo su caída.
-¿Estás bien? - le preguntó genuinamente preocupado.
-Sí - lo miró a los ojos - Creo que sí. Gracias.
Sus miradas se enredaron, así como lo estaban sus cuerpos y de repente, su proximidad comenzó a hacerse notar. Alistair posó su mirada en los labios de Patricia y ella suspiró de anhelo mientras se recostaba más contra su pecho. No necesitó más invitación que aquella para besarla y así lo hizo.
Se sintió ligero como una pluma en cuanto posó sus labios sobre los de ella. Eran tan suaves como imaginaba pero infinitamente más sabrosos. Embriagadores. En cuanto los probó, supo que nunca nadie podría igualar aquellos labios.
-Patty - gimió contra su boca.
-Alistair - lo imitó ella.
Y Alistair supo entonces que Patricia sentía exactamente lo mismo que él.
CONTINUARA
