ADVERTENCIAS: Lemon
CAPÍTULO 20
Kazumi estaba bajo las sombras del toldo, ocultando su sufrimiento, mientras observabareírse a Sasuke y Sakura frente a su caravana. Él quitó una paja del pelo a su esposa y luego le rozó la cara; un gesto tan íntimo que fue como si le hubiera acariciado el pecho.
La amargura se extendió por su cuerpo como una vid corrupta, despojándola de todo lodemás. Habían pasado cuatro días desde que Karin había confesado la verdad y Kazumi no podía soportar lo feliz que parecía la pareja. Sentía como si fuera a su costa, y Sasuke nomerecía ser feliz.
—Olvídalo, Kazumi.
Se giró y vio a Hiroshi caminando hacia ella. Él llevaba pavoneándose como un gallito por el recinto del circo desde la noche que habían pasado juntos. Kazumi casi esperaba que sepusiera las manos bajo las axilas y cacarease. Era típico de Hiroshi creer que porque se hubiera metido en su cama una vez tenía derecho de entrometerse en su vida.
—Déjame en paz.
—No es eso lo que quieres que haga.
Kazumi odió la mirada de lástima que él le lanzó.
—No sabes nada.
—Déjalo, Kazumi. Sasuke forma parte de tu pasado. Será mejor que lo olvides.
—Suponía que dirías algo así. Eres todo un experto en olvidar, ¿no es cierto?
—Si estás hablando de Karin...
—Ya sabes que sí.
Digirió la mirada hacia el camión de los elefantes donde Karin empujaba una carretillacargada de estiércol. Ahora era ella quien se encargaba de esa tarea, la misma que habíarealizado Sakura. Kazumi lo consideraba un castigo apropiado, pero Hiroshi no estabasatisfecho. Lo había arreglado todo para enviar a Karin con su cuñada Kaguya en cuantoésta regresara de visitar a su madre en Wichita.
—Karin es cosa mía. En lugar de preocuparte por ella, por qué no piensas en lo bien que lo pasamos juntos la otra noche.
—¿Bien? Pero ¡si casi nos matamos el uno al otro!
—Sí. ¿No estuvo genial?
Hiroshi sonrió ampliamente ante el recuerdo y Kazumi sintió un escalofrío traidor en suinterior. Había estado bien: la excitación, la emoción de alcanzar el clímax junto a alguiencon tan mal genio y tan exigente como ella. Se moría por acostarse con él otra vez, así que
se puso una mano en la cadera y adelantó el labio inferior.
—Preferiría que me abrieran en canal.
—Pues nena, yo siempre tengo el taladro listo para el trabajo.
Ella casi sonrió. Entonces vio que Sasuke se inclinaba para besar a Sakura en la punta de lanariz. Cómo lo odiaba. Cómo los odiaba a los dos. A ella nunca la había mirado así.
—Mantente alejado de mí, Hiroshi. —Lo empujó al pasar por su lado y se alejó con paso airado.
Tres días después, Sakura se dirigía a la casa de fieras con una bolsa de golosinas quehabía comprado cuando había pasado con Sasuke por la tienda de comestibles. Tater ibadetrás y los dos se detuvieron para admirar la voltereta que Peter Tolea, de tres años, estabahaciendo frente a su madre, Elena. La rumana, esposa del acróbata, sólo hablaba un poco
de inglés, así que Sakura y ella se saludaron en italiano, un idioma que ambas dominaban ala perfección.
Tras hablar con Elena unos minutos, Sakura siguió caminando hacia la casa de fieras,donde pasó unos pocos minutos con Manda.
«Díselo.»
«Lo haré.»
«Díselo ya.»
«Pronto.»
Le dio la espalda escapando de la reprimenda que creía haber visto en los ojos de Manda.
Durante los últimos días Sasuke había sido tan feliz como un niño y ella no había sido capaz de aguarle la fiesta. Sabía que a él le costaría acostumbrarse a la idea de un bebé, así que era importante elegir el momento adecuado para darle la noticia.
Cogió las ciruelas que había comprado para Glenna y entró en la carpa. Pero la jaula dela gorila había desaparecido.
Salió con rapidez. Tater abandonó el heno y trotó felizmente tras ella mientras se
acercaba al camión que transportaba a las fieras. Troy estaba echando una siesta dentro de la cabina y ella se inclinó sobre la ventanilla abierta para sacudirle el brazo.
—¿Dónde está Glenna?
Konohamaru se despertó sobresaltado y su desgastado Stetson chocó contra el espejo retrovisor cuando se enderezó.
—¿Eh?
—¡Glenna! No está en su jaula.
Él bostezó.
—Vinieron esta mañana por ella.
—¿Quien?
—Un tipo. Kazumi estaba con él. Cargó la jaula de Glenna en una camioneta y se fue.
Aturdida, Sakura soltó al muchacho y dio un paso atrás. ¿Qué había tramado Kazumi?
Sakura encontró a Sasuke revisando la lona del circo por si había desgarrones.
—¡Sasuke! ¡Se han llevado a Glenna!
—¿Qué?
Le explicó lo que había averiguado, y Sasuke la miró con gravedad.
—Vamos a hablar con Kazumi.
La dueña del circo estaba sentada tras el escritorio del vagón rojo ocupándose del
papeleo. Tenía el pelo recogido y estaba vestida con un mono color caqui con el cuelloadornado con un bordado de estilo mexicano. Sakura se puso delante de Sasuke paraenfrentarse a ella.
—¿Qué has hecho con Glenna?
Kazumi levantó la vista.
—¿Por qué quieres saberlo?
—Porque soy yo quien se encarga de la casa de fieras. Es uno de mis animales y está bajomi cuidado.
—¿Perdón? ¿Uno de tus animales? Me temo que no.
—Ya basta, Kazumi—la interrumpió Sasuke. —¿Dónde está la gorila?
—La he vendido.
—¿La has vendido? —la increpó él.
—Por si no lo sabíais, el circo de los Hermanos Hozuki está de rebajas. Como todos se quejaban de la casa de fieras, he decidido venderla.
—¿No crees que deberías habérmelo dicho?
—Pues la verdad es que ni se me pasó por la cabeza. —Se levantó del escritorio y llevó unfajo de documentos al archivador.
Sakura dio un paso adelante cuando Kazumi abrió uno de los cajones.
—¿A quién se la has vendido? ¿Dónde está?
—No sé por qué estás tan disgustada. ¿No era a ti a quien le gustaba decir a todo el mundo lo inhumana que era nuestra exhibición de fieras?
—Eso no quiere decir que quisiera que vendieras a Glenna. Quiero saber adónde se la han llevado.
—A un nuevo hogar. —Kazumi cerró el cajón.
—¿Adónde?
—¿Estás interrogándome?
Sasuke apoyó la mano en el hombro de Sakura.
—¿Por qué no vuelves con los animales y dejas que yo me encargue de esto?
—Quiero saber dónde está. Sasuke, tengo que decirle un montón de cosas sobre las
costumbres de Glenna al nuevo propietario. Odia los ruidos fuertes y le dan miedo las
personas que llevan sombreros grandes. —Se le puso un nudo en la garganta al pensar queno vería otra vez a la dulce gorila. Quería que Glenna tuviera un nuevo hogar, pero lehabría gustado poder despedirse de ella. Recordó la manera en que a la gorila le gustaba asearla y se preguntó si alguno de sus nuevos cuidado res le dejaría hacerlo. Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Le encantan las ciruelas. Tengo que decirles lo de las ciruelas.
Sasuke le dio una palmadita en el brazo.
—Escribe una lista y me aseguraré de que la lean. Venga, ahora tengo que hablar con
Kazumi.
Sakura quiso protestar, pero se dio cuenta de que Sasuke tendría más posibilidades deconseguir que Kazumi colaborara si estaban solos. Se dirigió a la puerta, pero se detuvo en el umbral y volvió la mirada hacia la dueña del circo.
—Ni se te ocurra hacerlo de nuevo, ¿me has oído? La próxima vez que vendas un animal,quiero saberlo antes. Y también quiero hablar con el nuevo propietario.
Kazumi arqueó las cejas.
—No puedo creer que te atrevas a darme órdenes.
—Pues créetelo. Y será mejor que me hagas caso. —Se dio la vuelta y los dejó solos.
Durante un rato, ni Kazumi ni Sasuke abrieron la boca. Sasuke dudaba que el discurso de Sakura hubiera intimidado a Kazumi, pero se sintió orgulloso de que su esposa se hubiera defendido sola. Observó a su antigua amante y sólo sintió asco.
—¿Qué te pasa, Kazumi? Siempre has sido una mujer dura, pero nunca fuiste cruel.
—No sé de qué te quejas. A ti tampoco te gusta la exposición de fieras.
—No te hagas la tonta. Querías hacer daño a Sakura y lo has conseguido. La utilizas a ellapara hacerme daño a mí y no pienso consentirlo.
—No seas creído, no eres tan importante.
—Te conozco, Kazumi. Sé cómo piensas. Todo iba bien mientras la gente pensaba queSakura era una ladrona, pero ahora que saben la verdad, no puedes soportarlo.
—Hago lo que me da la gana, Sasuke. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.
—¿Dónde está la gorila?
—No es asunto tuyo. —Kazumi salió de la caravana tras fulminarle con la mirada.
Sasuke se negó a ir tras ella, no pensaba darle la satisfacción de tener que pedirle nada. Seacercó al teléfono.
Tardó un día en localizar al distribuidor al que Kazumi había vendido la gorila. El distribuidor le pidió el doble de lo que le había pagado a Kazumi por el animal, pero Sasuke noregateó.
Buscó un hogar confortable para Glenna y, el miércoles de la semana siguiente, pudo
decirle a Sakura que su gorila se acababa de convertir en la nueva residente del zoo
Brookfield de Chicago. Lo que no le dijo fue que había sido su dinero el que lo había hechoposible.
Sakura rompió a llorar y le dijo que era el marido más maravilloso del mundo.
Hiroshi y Karin se detuvieron en el mostrador de la TWA en el aeropuerto de Indianápolis. La chica embarcaría en un avión de esa compañía rumbo a Wichita. No se habían dirigido la palabra desde que habían salido del recinto esa mañana, y a Hiroshi le corroía la culpa, algo que no le gustaba nada. Kazumi lo había insultado de todas las maneras que sabía y, el día anterior, Sakura lo había acorralado contra uno de los tenderetespara ponerlo de vuelta y media. Lo habían hecho sentir un canalla. Pero ninguna de ellas
sabía lo que era tener una hija ni quererla tanto que haría cualquier cosa por ella. Miróenfadado a su hija.
—Haz caso a tu tía Kaguya, ¿me oyes? Te llamaré todas las semanas. Si necesitas dinero me lo dices, y no se te ocurra empezar a salir con chicos todavía.
Ella miró hacia delante, con la mochila agarrada firmemente entre las manos. Se la veía tan bonita, delgada y resentida, que a él le dolió el corazón. Quería proteger a su hija,protegerla y hacerla feliz. Daría su vida por ella.
—Te enviaré un billete de avión para que vengas a Florida a pasar las vacaciones de
Navidad con nosotros —dijo bruscamente. —Quizá podríamos ir a Disneylandia. ¿Te
gustaría?
Karin se volvió hacia él con la barbilla temblorosa.
—No quiero volver a verte en mi vida.
Hiroshi sintió un dolor desgarrador en las entrañas.
—No lo dices en serio.
—Ojalá no fueras mi padre.
—Karin...
—No te quiero. Nunca te he querido. —Sin derramar ni una sola lágrima y con la cara
inexpresiva, Karin lo miró directamente a los ojos. —Quería a mamá, pero a ti no.
—No digas eso, cariño.
—Deberías sentirte feliz. Ya no tienes que sentirte culpable por no quererme.
—¿Quién te ha dicho que no te quiero? Maldita sea, ¿te lo han dicho los chicos?
—Eres tú quien me lo ha dicho.
—Jamás he hecho tal cosa. ¿De qué diablos hablas?
—Me lo has demostrado de mil maneras. —Se puso la mochila al hombro. —Lamento loque sucedió con el dinero, pero ya te lo dije. Ahora me voy al avión. No te molestes enllamarme. Siempre estaré demasiado ocupada para ponerme al teléfono.
Se dio media vuelta y se alejó de él. Le enseñó el billete a la azafata y desapareció por lapuerta de embarque.
Santo Dios, ¿qué había hecho? ¿Qué había querido decir su hija con que le había
demostrado de mil maneras que no la quería? Jesús, María y José, lo había jodido todo. Élsólo quería lo mejor para ella. Aquel era un mundo duro y tenía que ser exigente con ella oacabaría convirtiéndose en una vaga. Pero todo había salido mal.
En ese momento se dio cuenta de que no podía dejar que se fuera. Kazumi y Sakura habían tenido razón desde el principio.
Empujó a la azafata al pasar por su lado y se coló por la puerta de embarque dando
voces.
—¡Karin, vuelve aquí ahora mismo!
La alarmada azafata se interpuso en su camino.
—Señor, ¿puedo ayudarle en algo?
Los pasajeros que se interponían entre Karin y él se giraron para ver qué pasaba, peroella siguió caminando.
—¡Vuelve aquí inmediatamente! ¿Me has oído?
—Señor, voy a tener que llamar a seguridad. Si tiene algún problema...
—Bueno, llámelos. Esa chica es mi hija y quiero que vuelva.
Karin casi había llegado a la puerta del avión cuando Hiroshi la alcanzó.
—No pienso tolerar que ninguna hija mía me hable así. ¡Ni hablar! —La apartó a un ladocon intención de decirle lo que se merecía. —Si crees que adoptando esa actitud conseguirás volver con tu tía Kaguya, estás muy equivocada. Muevete, nos volvemos al circo, jovencita, y espero que te guste limpiar porque es lo que vas a hacer de camino a Florida.
Ella se lo quedó mirando con los ojos tan abiertos que parecían caramelos azules de
menta.
—¿Me quedo?
—Por supuesto que te quedas. Y no quiero volverte a oír hablar así. —Se le quebró la voz.—Soy tu padre, y si se te ocurre no quererme de la misma manera que yo te quiero, tearrepentirás.
A continuación, Hiroshi la abrazó y ella le devolvió el abrazo mientras los pasajeros queintentaban subir al avión los empujaban con sus bolsas y carritos, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Hiroshi siguió abrazando con fuerza a esa hija que amaba con locura y de la que no pensaba separarse nunca.
——————
La noche del lunes sólo hubo una función, así que Sasuke invitó a Sakura a cenar fuera. Lasuave música flotaba en el comedor en penumbra de un lujoso restaurante en el centro de Indianápolis, donde la pareja tomó asiento en un reservado de la esquina.
Ahora que ya no estaba preocupada por Glenna, Sakura se sentía como si le hubieranquitado un peso de encima. También había contribuido a su bienestar que Hiroshi hubieraregresado del aeropuerto con Karin. El equilibrista no se había mostrado demasiadocomunicativo al respecto, más bien se había comportado como un puerco espín cuandoSakura le había preguntado qué había sucedido, pero fue evidente que mantuvo a su hija pegada a él durante casi todo el día. Ésta no había estado tan feliz en todo el verano.
De todas maneras, Sakura consideraba las últimas dos semanas las mejores de su vida.
Sasuke había sido tan tierno y cariñoso con ella que apenas parecía el mismo hombre. Estaba decidida a contarle lo del bebé esa noche, aunque aún no sabía cómo.
Sasuke sonrió; estaba tan guapo que el corazón de Sakura hizo una pirueta. A los hombres corpulentos no solía sentarles bien el traje, pero él era, definitivamente, una excepción.
—Estás preciosa esta noche.
—Pensé que ya no sabría cómo arreglarme. —Por una vez no se vio impulsada a decirle
que su madre habría estado guapísima, tal vez porque a Sakura ya no le importaba su
apariencia tanto como antes. Se había pasado tanto tiempo en vaqueros, coleta y con lacara lavada que esa noche se sentía muy sofisticada.
—Te aseguro que estás estupenda.
Ella sonrió. Para salir a cenar se había puesto la única ropa de vestir que tenía: un jerseyde seda color hueso y una minifalda a juego. Había utilizado como cinturón una largabufanda dorada y se la había enrollado dos veces a la cintura dejando colgar los flecos delos extremos. Las únicas joyas que llevaba puestas eran la alianza y unos discretospendientes de oro. Como no había querido malgastar el dinero en ir a la peluquería, tenía el pelo más largo que nunca y, tras tantas semanas de llevarlo recogido, sentía el sensual roce en el cuello y en los hombros.
El camarero dejó dos ensaladas ante ellos, cada una con corazones de alcachofa, vainasde guisante y pepino, regadas con salsa de frambuesa y sazonadas con queso rallado.
En cuanto los dejó solos, Sakura susurró:
—Tal vez deberíamos haber pedido la ensalada de la casa, esto parece demasiado caro.
Sasuke pareció divertirse con su preocupación.
—Incluso los más humildes tenemos derecho a vivir la vida de vez en cuando.
—Lo sé, pero...
—No te preocupes por eso. Podemos permitírnoslo.
Sakura decidió para sus adentros que las siguientes semanas haría comidas baratas para compensar el gasto. Aunque Sasuke no hablaba jamás de dinero, ella no creía que un profesor universitario ganara demasiado.
—¿No quieres que te sirva vino?
—No, así está bien. —Al beber un sorbo de agua con gas, miró el vino que brillaba en lacopa de Sasuke. Había pedido una de las botellas más caras de la carta y a ella le habríaencantado probarlo, pero no pensaba hacer nada peligroso para el bebé.
No deberían tirar el dinero en una cena tan cara con un bebé en camino. Tan pronto
como terminara la gira, buscaría un trabajo y trabajaría hasta que llegara el momento delparto, así podría ayudar con los gastos extra. Cuatro meses antes no se le hubiera pasadopor la cabeza tal cosa, pero ahora la idea de trabajar duro no le preocupaba. Pensó que legustaba mucho la persona en la que se había convertido.
—Come. Me encanta verte meter el tenedor en la boca. —La voz de Sasuke se había vueltoronca y manifiestamente seductora. —Me recuerda a todas esas otras cosas que haces con ella.
Sakura se ruborizó y volvió a concentrarse en la ensalada, pero sentía los ojos de Sasukeclavados en ella con cada bocado que daba. Un montón de imágenes eróticas comenzó adesfilar por su mente.
—¡Deja de hacer eso! —Soltó el tenedor con exasperación.
Él acarició el tallo de la copa con aquellos dedos largos y elegantes, luego deslizó el
pulgar por el borde.
—¿Que deje de que hacer qué?
—¡Deja de seducirme!
—Pensaba que te gustaba que te sedujera.
—No cuando me he arreglado para cenar en un restaurante.
—Entiendo. Ya veo que no llevas sujetador. ¿Llevas bragas?
—Por supuesto.
—¿Algo más?
—No. Con las sandalias no uso pantis.
—Bien. Pues vas a hacer lo siguiente: levántate y ve al baño. Quítate las bragas y mételas en el bolso. Luego vuelve aquí.
El calor se extendió por los lugares más secretos del cuerpo de Sakura.
—¡No pienso hacer eso!
—¿Sabes qué pasó la última vez que un Haruno desafió a un Otsutsuki?
—No, y no sé si quiero saberlo.
—Perdió la cabeza. Literalmente.
—Entiendo.
—Pues te doy diez segundos.
Aunque mantenía una expresión desaprobadora, a Sakura se le había disparado el pulso ante la idea.
—¿Es una orden?
—Apuesta a que sí.
Aquellas palabras fueron como una caricia erótica que casi la hizo disolverse, pero logróapretar los labios y levantarse de la mesa con aparente renuencia.
—Señor, es usted un tirano y un déspota.
Salió del comedor con la ronca risa de Sasuke resonando en sus oídos.
Cuando regresó cinco minutos después, se acercó apresuradamente al reservado. Si bienlas luces eran tenues, estaba segura de que todos podían darse cuenta de que estabadesnuda bajo la delgada tela de seda. Sasuke la estudió con atención mientras se acercaba.
Había tal arrogancia en su postura que no cabía duda de que era un Otsutsuki de los pies a la cabeza.
Cuando Sakura se acomodó a su lado, él le pasó un brazo por los hombros y le deslizó undedo por la clavícula.
—Pensaba decirte que abrieras el bolso y me mostraras tu ropa interior para estar segurode que habías seguido mis órdenes, pero me parece que no será necesario.
—¿Se nota? —Miró a los lados, alarmada.—Ahora todos saben que estoy desnuda debajo de la ropa y es culpa tuya. Nunca debí dejar que me convencieras de esto.
Sasuke le deslizó la mano bajo el pelo y la cogió por la nuca.
—Tal y como yo lo recuerdo, no tenías otra opción. Fue una orden real, ¿recuerdas?
Él había aprovechado todas las oportunidades que se le presentaban para tomarle elpelo desde el domingo, y ella disfrutaba de cada minuto. Le lanzó una mirada reprobatoria.
—Yo no obedezco órdenes reales.
Él se acercó más y le rozó la oreja con los labios.
— Con un chasquido de dedos puedo hacer que te encierren en una mazmorra. ¿Seguro que no quieres reconsiderar tu postura?
La llegada del camarero la salvó de responder. Había retirado los restos de la ensaladamientras ella estaba en el baño y ahora les sirvió el plato principal. Sasuke había pedidosalmón ahumado y ella pasta. Los linguini olían a sabrosas hierbas y a los camarones que se escondían entre las verduras. Mientras probaba el delicado manjar, Sakura intentó olvidarse de que estaba medio desnuda, pero Sasuke no la dejó.
—¿Sakura?
—¿Mmm?
—No quiero ponerte nerviosa, pero...
Él levantó la servilleta que cubría el pan caliente y estudió atentamente la cesta y sucontenido. Ya que todos los panecillos eran iguales, ella no entendía por qué tardaba tantotiempo en elegir uno como no fuera para ponerla nerviosa.
—¿Qué? —lo azuzó. —¿Qué decías?
Sasuke partió el pan y lo untó lentamente de mantequilla.
—Si no me satisfaces por completo esta noche... —la miró, y sus ojos estaban llenos defingido pesar— me temo que tendré que cederte a mis hombres.
—¡Qué! —Sakura casi se levantó de un salto de los cojines.
—Es sólo para inspirarte. —Con una sonrisa diabólica, hundió con firmeza los dientes
blancos en el trozo de pan.
¿Quién podía haber imaginado que ese hombre tan complicado sería un amante tanimaginativo? Pensó que ese pícaro juego podían jugarlo los dos y sonrió con dulzura.
—Entiendo, Su Alteza Imperial. Le aseguro que estoy demasiado aterrada por su real
presencia para osar decepcionarle.
Sasuke arqueó una ceja diabólicamente mientras pinchaba un camarón del plato de Sakura y se lo acercaba a los labios de la joven.
—Abre la boca.
Sakura se tomó su tiempo para comer el camarón y, mientras, deslizó los dedos por elinterior de la pantorrilla de Sasuke, agradeciendo la intimidad y la escasa luz del reservado que los resguardaban de miradas curiosas. Tuvo la satisfacción de sentir cómo a su marido se le tensaban los músculos de la pierna y supo que él no estaba tan relajado como parecía.
—¿Tienes las piernas cruzadas? —preguntó él.
—Sí.
—Sepáralas. —Ella casi soltó un grito ahogado. —Y mantenías así el resto de la velada.
La comida se volvió insípida de repente y todo en lo que Sakura pudo pensar fue en salirdel restaurante y meterse en la cama con él.
Separó las piernas unos centímetros. Él le tocó la rodilla bajo el mantel, y su voz ya no sonó tan segura como antes.
—Muy bien. Sabes acatar las órdenes. —Introdujo la mano debajo de la falda y la deslizó hacia arriba por el interior del muslo.
Tal audacia la dejó sin aliento y, en ese momento, se sintió como una esclava bajo el yugo del zar. La fantasía la hizo sentirse débil de deseo.
Aunque ninguno de los dos mostró señales de apresuramiento, acabaron de comer en untiempo récord y rehusaron tomar el café y el postre. Pronto estuvieron de regreso en el circo.
Sasuke no le dirigió la palabra hasta que estuvieron dentro de la caravana, donde lanzó las llaves en el mostrador antes de volverse hacia ella.
—¿Has tenido suficiente diversión por esta noche?
El roce de la seda en su piel desnuda y su flirteo público habían hecho que Sakura
abandonara sus inhibiciones, pero aun así se sintió un poco tonta cuando bajó la vista eintentó mostrarse sumisa.
—Lo que Su Alteza Imperial desee.
Él sonrió.
—Entonces desnúdame.
Ella le quitó la chaqueta y la corbata, y le desabotonó la camisa al mismo tiempo quepresionaba la boca contra el torso que dejaba al descubierto. El roce sedoso del vellocosquilleó en sus labios poniéndole la piel de gallina. Lamió una de las oscuras y durastetillas. Sintió los dedos torpes al forcejear con la hebilla del cinturón y, cuando por finconsiguió abrirlo, comenzó a bajarle la cremallera.
—Desnúdate tú primero —dijo él, —pero antes dame la bufanda.
A Sakura le temblaron las manos cuando se desató la bufanda dorada de la cintura y se ladio. Se quitó los pendientes y se deshizo de las sandalias. Con un grácil movimiento se pasó el jersey por la cabeza mostrando los pechos. La cinturilla de la falda cedió bajo los dedos y la frágil seda se le deslizó por las caderas. La apartó con el pie y se quedó desnuda ante él.
Sasuke la acarició con la mano, desde el hombro a la cadera, desde las costillas a losmuslos, como si estuviera marcando una propiedad. El gesto licuó la sangre de Sakura en sus venas, enardeciéndola hasta tal punto que apenas era capaz de mantenerse en pie.
Satisfecho, él cogió la bufanda y dejó que el extremo se deslizara lentamente entre sus
dedos.
Había una amenaza erótica en el gesto y Sakura no pudo apartar la vista de la tela. ¿Qué iba a hacer Sasuke con ella?
Contuvo el aliento cuando él le pasó la bufanda alrededor del cuello dejando que losextremos colgasen sobre sus pechos. Tomando los flecos en las manos, Sasuke levantó primero un extremo y luego el otro, deslizándolos de un lado a otro. Los dorados hilos de seda le rozaron los pezones con suavidad. La sensación, cálida y pesada, se extendió por el vientre de Sakura.
A Sasuke se le oscurecieron los ojos hasta adquirir el color del brandy.
—¿A quién perteneces?
—A ti —susurró ella.
Él asintió con la cabeza.
—¿Ves qué sencillo es?
Terminó de desnudarlo. Entonces, Sakura deslizó las palmas de las manos por los muslos de Sasuke, sintiendo las duras texturas de la piel y los músculos. Estaba maje
Ella sintió los pechos pesados y consideró que tenía más que suficiente, pero siguió con lafantasía.
—¿Qué quieres ahora de mí? —preguntó.
Él apretó los dientes y emitió un profundo sonido inarticulado mientras la empujaba por los hombros hacia abajo.
—Esto.
A Sakura se le paró el corazón. Acató su orden silenciosa y lo amó como quería. El tiempoperdió su significado. A pesar de estar en aquella postura sumisa, nunca se había sentido tan poderosa. Sasuke le enredó los dedos en el pelo, mostrándole sin palabras lo que necesitaba.
Los ahogados gemidos de placer de Sasuke incrementaron la excitación de Sakura.
La joven sintió la rígida tensión de los músculos bajo las palmas de las manos y la película de sudor que cubría aquella dura piel masculina. En ese momento Sasuke la puso bruscamente en pie y la tendió en la cama.
Retrocedió un paso para mirarla a los ojos.
—Ábrete para mí y dejaré que me sirvas otra vez.
Oh, Santo Dios. Sasuke debió de sentir el estremecimiento que la recorrió porque sus ojos se entornaron con satisfacción. Sakura separó las piernas.
—No tan rápido. —Él le atrapó el lóbulo de la oreja entre los dientes y lo mordisqueó con
suavidad. —Primero tengo que castigarte.
—¿Castigarme? —Ella se quedó rígida pensando en los látigos guardados bajo la cama, justo debajo de sus caderas.
—Me has excitado, pero no has terminado lo que empezaste.
—Eso fue porque tú...
—Basta. —Sasuke se levantó de nuevo y la miró con toda la noble arrogancia heredada desus antepasados Otsutsuki.
Sakura se relajó. Él jamás le haría daño.
—Cuando quiera tu opinión, mujer, te la pediré. Hasta entonces, será mejor que controlesla lengua. Mis cosacos llevan demasiado tiempo sin una mujer.
Ella le lanzó una mirada afilada.
A Sasuke le tembló la comisura de los labios, pero no sonrió. Se limitó a inclinar la cabeza yrozarle con los labios el interior del muslo.
—Sólo hay un castigo adecuado para una esclava que no sabe guardar silencio. Una
severa y cruel reprimenda.
El techo dio vueltas mientras él cumplía su amenaza y la llevaba a un reino de ardiente
placer, a un éxtasis tan antiguo como el tiempo. El cuerpo de Sasuke se volvió resbaladizo por el sudor y tensó los músculos de los hombros bajo las manos de Sakura, pero no se detuvo.
Sólo al final, cuando ella le rogó que forzara la dulce penetración que necesitaba con tantadesesperación.
Sasuke la penetró profundamente y toda diversión desapareció de sus ojos.
—Quiero amarte —susurró.
A ella le ardieron los ojos por las lágrimas cuando él dijo las palabras que tanto había
deseado oír. Sasuke se pegó a su cuerpo, y se dejaron llevar por un ritmo tan eterno como ellatido de sus corazones. Se movieron como si fueran uno. Sakura sintió cómo su amado lallenaba por completo, llegando al mismo centro de su alma.
Se perdieron en un torbellino de pasión; hombre y mujer, cielo y tierra. Todos los
elementos de la creación convergiendo en una perfecta combinación.
Cuando todo terminó, Sakura experimentó una dicha que nunca había sentido antes y tuvola certeza de que todo iría bien entre ellos. «Quiero amarte», había dicho él. No habíadicho, «quiero hacer el amor contigo», sino «quiero amarte». Y lo había hecho. No podíahaberla amado más intensamente aunque hubiera repetido las palabras cien veces.
Lo miró por encima de la almohada. Estaba de cara a ella, con los ojos medio cerrados ysomnolientos. Extendiendo el brazo, Sakura le acarició la mejilla y él volvió la cabeza parabesarle la palma de la mano.
Ella le recorrió la mandíbula con el pulgar, disfrutando de la suave aspereza de su piel.
—Gracias.
—Soy yo quien debería darte las gracias.
—¿Quiere eso decir que no vas a compartirme con tus cosacos?
—No te compartiría con nadie.
El juego erótico que habían estado jugando la había hecho olvidarse de la promesa quese había hecho interiormente de decirle lo del bebé esa noche.
—Llevas días sin hablar del divorcio.
Sasuke se puso en guardia de inmediato y rodó sobre la espalda.
—No he pensado en ello.
Sakura se sintió desanimada por su retirada, pero ya sabía que iba a ser difícil y continuópresionándolo, aunque con toda la suavidad que pudo.
—Me alegro. No es algo agradable en lo que pensar.
La observó con una mirada preocupada.
—Sé lo que quieres que diga, pero aún no puedo. Dame un poco más de tiempo, ¿vale?
Con un nudo en la garganta, Sakura asintió con la cabeza.
Parecía tan nervioso como un animal salvaje obligado a vivir bajo el yugo de la
civilización.
—Nos lo tomaremos día a día.
Sakura comprendió que no debía seguir presionándolo. Pero el hecho de que él no hubiera mencionado que su matrimonio finalizaría en apenas dos meses le daba la suficiente esperanza como para retrasar un poco más la noticia del bebé.
—Eso haremos.
Él se incorporó y se reclinó contra las almohadas apoyadas contra el cabecero.
—Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿verdad?
—Sin lugar a dudas.
Él se rio entre dientes y dio la impresión de que lo abandonaba parte de la tensión. Sakurase puso boca abajo, se apoyó en los codos y le acarició el vello del pecho con la yema delos dedos.
—¿Catalina la Grande fue una Otsutsuki?
—Sí.
—He leído que era una mujer muy lujuriosa.
—Tenía un montón de amantes.
—Y mucho poder. —Sakura se inclinó hacia delante y le mordisqueó el pectoral. Sasuke seestremeció, así que lo mordisqueó otra vez.
—¡Ay! —la cogió por la barbilla. —¿Qué es lo que está tramando exactamente esa retorcida mente tuya?
—Sólo pensaba en todos esos hombres tan fuertes bajo el yugo de Catalina la Grande...
—Aja.
—... obligados a servirla... a someterse a ella.
—Aja.
Ella le acarició con los labios.
—Te toca ser el esclavo, machote.
Por un momento él pareció alarmado, luego soltó un profundo suspiro.
—Creo que he muerto y he ido al cielo.
