NT: Lo prometido es deuda :)


Capítulo 21: Todos tienen una agenda, excepto Alice y su Dragón.


"Sentarse a la sombra en un buen día y contemplar el verdor es el refresco más perfecto." —Jane Austen.

"Un día perfecto para mí tendría una pizca de sol, una pizca de romance y una pizca de esperanza, por si acaso." —Draco Malfoy.

"Nada cura mejor que el aire fresco, el sol, el ejercicio y la limpieza del alma, siendo completamente sinceros con uno mismo y con los demás." —Hermione Granger.


Esperaron varias horas para ir de picnic. Después de todo, acababan de desayunar y todavía tenían que llevar a Alice a ver los ponis. Además, Draco tenía que tomarse un tiempo para recomponerse. Alice lo había llamado "papá". Ni siquiera "padre", que es como siempre llamó a su propio padre desde la infancia. La niña que solo dos días antes le había dicho que no quería otro papá, ahora había llamado a su verdadero padre "papi", y había sido la cosa más desgarradora y agonizante que jamás había experimentado.

Salió a caminar solo, pero cuando regresó, Alice, Ingrid y Hermione lo estaban esperando en el jardín trasero. Ingrid tenía una gran cesta de picnic en la mano. Alice tenía una pequeña canasta en la suya y su dragón en la otra. Hermione tenía dos mantas sobre un brazo. Había planeado este picnic, pero había dejado que los demás lo implementaran, y parecía que lo habían hecho bien. Sonrió mientras se acercaba a Hermione, quien extendió su brazo libre hacia él, con la mano abierta, lista para tomar la suya.

Sí, su vida era buena. Finalmente era buena. Finalmente era feliz, aunque esperaba que todo lo bueno que le estaba pasando no fuera de corta duración.

Comenzaron a caminar, Alice e Ingrid pasándolos por la retaguardia. La gravedad de la situación actual lo golpeó como una tonelada de ladrillos. Había llegado la hora de que se casara, y todo parecía estar encajando a la perfección. Iba a hacerlo con una mujer a la que amaba, que había tenido a su hija… era todo lo que siempre había deseado, pero aún se sentía ciertamente cauteloso. Temía sucediera algo que pudiera arruinarlo. Sostuvo la mano de Hermione tal vez un poco demasiado fuerte mientras caminaban por el sendero, pasando arbustos de rododendro y altos arces y pinos. No iba a dejarla ir, en sentido figurado o literal.

El camino era ligeramente inclinado, por lo que Draco miró hacia atrás en varias ocasiones para asegurarse de que Ingrid y Alice estuvieran bien. Mientras todavía sostenía la mano de Hermione, se ofreció a llevar a Alice un par de veces, pero la niña era ferozmente independiente. Sabía que ese carácter lo había heredado de su madre, pero al menos dejaba que Draco la tomara de la mano. Cuando llegaron a la cima de la colina, su cumbre personal, Hermione se soltó y corrió hacia adelante. Estaba parada en la cima de la colina, con el viento agitando su cabello salvajemente alrededor de su cabeza, con los brazos extendidos, mirando hacia el cielo y con una sonrisa en la cara.

Draco se acercó a ella lentamente y Hermione abrió los ojos, lo miró y dijo:

—No puedo creer lo feliz que me siento. ¿Se me permite sentirme tan feliz?

Esa frase lo tomó por sorpresa. ¿Qué quiso decir con la palabra "permitido"? Antes de que pudiera comenzar a formular una respuesta, Alice corrió hacia su madre. Hermione atrapó a la niña, la levantó y señaló el valle de abajo.

—Mira esa vista, Alice. ¿No es este el lugar más hermoso del mundo?

—¿Vamos a vivir aquí siempre, mamá? —preguntó.

—No, no siempre, pero vamos a venir aquí a menudo, estoy segura —dijo Hermione.

—Quiero vivir aquí siempre —decidió Alice. Ella se movió en sus brazos hasta que Hermione la bajó. Su madre le advirtió que se mantuviera alejada del borde y luego, por si acaso, conjuró un hechizo simple para mantener a Alice lejos del final de la colina. Ingrid tomó las mantas de donde Hermione las había dejado caer antes de llegar a la cima y comenzó a colocar sus cosas.

Alice comenzó a recoger flores silvestres.

Ingrid siguió a Alice de cerca.

Hermione continuó parada en la cima de la colina, mirando al cielo con una sonrisa.

Draco Malfoy estaba enamorado de Hermione Granger.

Completamente, locamente, apasionadamente enamorado de ella. Por eso, finalmente quería saber por qué quedó embarazada y por qué fue con él.

—¿Hermione? —Ella se giró—. Ingrid y Alice están recogiendo flores, por lo que no escucharán nuestra conversación. ¿Me lo dirás? Dime por qué concebiste a Alice de la manera en que lo hiciste. Estoy listo para algunas respuestas.

Hermione parpadeó lentamente, volvió a mirar el paisaje que tenía delante y luego otra vez a su cara. Le dedicó una sonrisa triste y luego asintió antes de sentarse en el suelo. Draco se sentó directamente frente a ella. Él tomó su mano para infundirle valor.

Entonces, ella comenzó.

—Me casé justo en la universidad. Kevin era de sangre pura, pero increíblemente su madre era una squib, así que él no tenía nociones de sangre pura. No le importaba que yo hubiera sido hija de muggles.

—Espera, a mí tampoco me importa eso, ya no —la interrumpió, apretando su mano.

—Lo sé, déjame terminar —lo reprendió—. De todos modos, como estaba diciendo, en realidad estaba viviendo prácticamente en el mundo muggle. Ni siquiera sabía que era un mago al principio. Fui a una universidad muggle, así que cuando nos conocimos él asumió que yo era muggle, y yo supuse lo mismo de él.

—Vamos —dijo Draco, haciendo una mueca de incredulidad—. Todos en el mundo mágico saben quién eres por tu asociación con Potter, y tú lo sabes.

Ella sacudió la cabeza y dijo:

—No, realmente no lo sabía.

Draco no lo creyó ni por un segundo, pero si quería ser ingenua, no, estúpida, ella misma. Hizo un movimiento con la mano para que ella continuara y luego volvió a tomar sus manos entre las suyas.

—De todos modos, salimos durante meses y meses antes de admitir lo que era y de que él me contara sobre sí mismo. Era de Norteamérica. De hecho, canadiense, pero vino a Inglaterra a estudiar. Hablamos un poco sobre el matrimonio y… francamente, realmente nunca me vi casada, pero anhelaba algo más. Anhelaba un hijo. Quería un hijo más que cualquier otra cosa. Ni siquiera puedo explicarte por qué porque ni yo misma lo entiendo.

—No tienes que explicar nada. Creo que te entiendo. —Realmente la entendía. Había sentido el mismo anhelo, el mismo deseo por su misteriosa mujer, por ella, durante tanto tiempo… y nunca fue capaz de articular el POR QUÉ. Solo sabía que era un hecho.

Ella persistió con su historia.

—Le dije a Kevin que la única razón por la que me casaría era para tener hijos. Él estuvo de acuerdo. Dijo que también quería tener hijos. Intentábamos tener un hijo todos los meses. Le decía cuando estaba ovulando y teníamos relaciones sexuales, pero nunca pasó nada. Comencé a desesperarme. Pensé que algo estaba mal conmigo.

—Tal vez algo estaba mal con él —intervino Draco con el ceño fruncido.

Ella soltó sus manos y se levantó de repente.

—¡Sí, lo estaba! ¡El bastardo se hizo una vasectomía justo antes de casarnos! ¡Lo hizo a pesar de que sabía que tener hijos era la única razón por la que quería casarme!

Draco también se puso de pie, sorprendido y horrorizado al mismo tiempo.

—¿Por qué haría eso?

—Oh, el día que lo enfrenté siguió hablando de cómo temía que su hijo fuera un squib porque su madre era una, pero no lo creí. Todavía no sé su verdadera razón.

—¿Cuándo te enteraste? —preguntó Draco. Su cabeza daba vueltas. ¿Lo sedujo antes o después de descubrir su infertilidad?

—La noche del baile. Lo llamé y le dije que estaba ovulando. Él corrió a casa. Estaba segura de que esa noche sería la noche. Lo sentí en mis huesos. —Ella comenzó a caminar delante de él. Echó un vistazo a donde se encontraba su hija para asegurarse de que no se acercara demasiado al borde—. Cada mes, cuando comenzaba de nuevo mi ciclo menstrual y sabía que no estaba embarazada, siempre me sentía angustiada y él siempre era tan dulce y amable y me compraba regalos, y pasaba el día conmigo, y me prometía que volveríamos a intentarlo… ¡sabiendo todo el tiempo que nunca quedaría embarazada!

—¡Ese cabrón mentiroso! —Draco prácticamente gritó.

—¡Exactamente! —Dijo Hermione, con una leve sonrisa—. Entonces, ese día decidí esperarlo completamente desnuda en la oficina que tenía en nuestra casa, pero su teléfono sonó...

Él la interrumpió.

—¿Estabas completamente desnuda?

—Sí, y su teléfono móvil estaba en el escritorio...

—¿Nada en absoluto? —preguntó.

—Nada en absoluto —confirmó—. Entonces abrí el cajón del escritorio para contestar su teléfono...

—¿Cómo estabas sentada? ¿O estabas de pie? ¿Puedes mostrarme la pose? ¿Tenías algún accesorio? —preguntó de nuevo.

—¿ACCESORIOS? —dijo ella con una sonrisa—. Draco Malfoy, ¡saca la imagen de una Hermione Granger desnuda de tu cabeza ahora mismo y déjame terminar mi historia!

Él sonrió, cerró los ojos y con ellos aún cerrados, dijo:

—Lo siento, ella todavía está aquí, y en mi cabeza está sentada en el escritorio, con el pecho extendido, las piernas ligeramente dobladas, y tiene una lata de crema batida sobre una mano y un par de esposas en la otra. Oh, espera, ahora está empezando a bailar.

Ella lo empujó y él abrió los ojos.

—Eres un imbécil enfermo, lo sabes, ¿no?

—Tú eras la que estaba desnuda en el escritorio de tu marido con crema batida y esposas, ¿y me llamas enfermo? —preguntó y luego la empujó hacia atrás. Ella casi se resbaló, por lo que él la apartó un poco del borde. Él mantuvo su mano esta vez.

—No había crema batida ni esposas, y estaba sentada en la parte superior del escritorio en una pose normal.

—Muéstrame. —Sonrió.

—¿Puedo terminar esta historia? Es bastante importante, y estoy en una parte fundamental pero tú estás actuando como un loco. —Ella retiró su mano de la de él y caminó hacia la manta que estaba en el suelo. Él la siguió, pero cuando ella se sentó, él permaneció de pie.

—Bien, ovarios listos, tú desnuda en un escritorio, el teléfono sonando, abres el cajón, ¿y entonces qué? —recapituló.

Ella lo miró por un momento, asombrada, antes de continuar.

—Dentro del cajón superior, donde estaba el teléfono, había una factura de un médico muggle para la vasectomía. Así fue como me enteré, y estaba furiosa. Comencé a hacer volar cosas con mi varita. Destruí la mayor parte de su oficina.

—¿Hiciste todo eso desnuda? —preguntó con una sonrisa—. ¿Usaste tu varita o la lata de crema batida?

Ella ignoró su estúpida pregunta y agregó:

—Llamé a mi amiga Kelly y le confesé que lo iba a dejar, pero ella me dijo que me calmara y pensara primero en las cosas. Luego me comentó que no tenía mucho tiempo para hablar conmigo porque se iba a un baile de máscaras de sangre pura. Después me preguntó si quería ir.

—Y lo hiciste.

—Sí, lo hice, y lo cierto es que no me estaba divirtiendo en absoluto. Entonces, encontré lo que pensé que era una habitación aislada para esconderme, y luego entraste tú, con toda tu hermosa gloria —afirmó.

—¿Hermoso? ¡Ja! —Él la rodeó. Hermione se apoyó en la manta, envuelta en sus brazos y girando la cabeza mientras él continuaba—. Tú eras la hermosa —propuso—, eso pensé en el momento en que te vi en el baile. Cuando te descubrí en la sala de billar conmigo, no podía creer mi suerte.

Ella se puso de pie y se paró frente a él.

—Sinceramente, Draco, ¿nunca adivinaste que era yo?

—Pregúntame eso en un tiempo —ordenó—. No quiero revelar mi historia todavía. Este es tu momento, tu historia, tu confesionario.

—¿Debo decir "bendíceme padre, porque he pecado"? Porque Draco, no siento que lo haya hecho. Era un riesgo calculado. Sabía que estaba ovulando. Sabía que eras un hombre guapo e inteligente. Estaba herida en ese momento y necesitaba consuelo y compañía más que nada —explicó—, pero si de mi seducción resultaba un niño, mucho mejor.

—Me usaste. Me siento usado —dijo a la ligera, aunque lo curioso era que realmente se sentía un poco así.

—Te usé, tienes razón. Estaba tan nerviosa… Nunca había actuado tan descarada en mi vida, y ahí estaba, actuando así precisamente contigo, alguien a quien he conocido desde siempre pero que nunca me ha gustado realmente, a quién nunca le había caído bien. No pensé más allá del momento. Lo siento, Draco.

—Está bien, disculpas aceptadas —dijo sinceramente. Él alcanzó su brazo. Su mano viajó a su hombro, lentamente bajando por su codo hasta su muñeca, luego hacia su mano. Le colocó la mano alrededor del cuello y luego la atrajo hacia él—. Ya he tenido suficiente de la historia por ahora. Más tarde puedes contarme más, como cuando se lo dijiste al idiota de Kevin y demás. No puedo asimilarlo todo ahora.

—¿Pero estás seguro de que me perdonas?

—Sí, estoy seguro de que sí.

La presionó más cerca. Olía a sol, manzanas y hierba después de la lluvia. Su cuerpo era suave y flexible y se ajustaba contra el suyo como si perteneciera allí. Solo sostenerla en sus brazos hizo que su ingle se tensara de deseo. Hizo estallar su corazón con un sentimiento desconocido y su cerebro explotó en un millón de pequeñas estrellas. Probablemente no era digno de ella, pero la quería de todos modos, y siendo la persona malcriada que era, siempre obtenía lo que quería.

¿Qué tenía que perdonar? Al final había conseguido lo que quería, y eso era todo lo que importaba.

Él la miró a los ojos y se dio cuenta de que no estaba convencida.

»Amor, te lo perdono todo. —La sostuvo con fuerza contra su pecho, con la barbilla en la parte superior de su cabeza. No podía ver su expresión, pero podía decir que se había relajado en su abrazo. Miró el paisaje que ella había contemplado momentos antes y exclamó:

—Todo es realmente perfecto aquí.

En un prado lejano, Alice recogía margaritas amarillas y blancas. Algunas eran pequeñas, ya que era temprano en la temporada, pero a ella no le importaba. A ella le gustaban las más pequeñas. Ingrid la vigilaba de cerca mientras deambulaba por un campo abierto no lejos de sus padres.

Se acercó a la niña y le dijo:

—¿Para quién son las flores, Alice?

Alice se sentó en el suelo y comenzó a separar las flores en pilas. Luego las señaló y dijo:

—Las grandes y amarillas son para el abuelo. Las grandes y blancas son para la abuela. El pequeño montón que son amarillas y blancas son las flores de mamá. El otro montón es para papá.

Ingrid frunció el ceño. "¿Papá?" ¿Se refería a Kevin?

Sin perder el ritmo, ni siquiera levantar la vista de su trabajo, Alice añadió:

»He decidido llamar papá al señor Draco. No creo que a mi papá de mentira le importe, ¿verdad?

Miró a Ingrid y sonrió.

Ingrid trató de devolverle la sonrisa.

—Creo que es bueno que llames al señor Draco papá, pero cariño, recuerda que no debes decirle a nadie lo que te dije sobre Kevin. Todavía no. No lo llames más "tu papá de mentira", ¿está bien?

—Oh, no lo llamo mi padre de mentira por lo que me dijiste —razonó Alice. Se puso de rodillas, se sacó la camisa y depositó todas las flores en su interior para llevarlas. Una vez que se puso de pie, dijo—: Escuché a mamá y a papá pelear antes de que saliéramos de Canadá, y mamá le dijo que él no era mi verdadero papá, así que eso tiene que significar que es mi papá de mentira.

Ingrid no estaba al tanto de eso. Se inclinó, palmeó el hombro dela niña y dijo:

—Sé que es muy confuso, cariño, pero lo entenderás pronto. Si Kevin te envía algo, como una carta, una tarjeta o un regalo… ¿me lo darás a mí primero? Me aseguraré de devolvértelo.

—Sí —dijo Alice, estando de acuerdo. Levantó la mano e Ingrid la tomó para volver a la zona de picnic. Alice miró a Ingrid—. Tal vez a Draco le gustaría una flor rosada mejor que las margaritas blancas que elegí. ¿Recuerdas el primer día en el parque cuando me dijiste que fuera con él y le diera esa flor rosa? Realmente le gustó.

—¿En serio? —preguntó Ingrid—. Me alegro. Me alegra que todo nos haya funcionado.

—Yo también. Ese fue el día que dijiste que papi no era mi papi real, y que el hombre con el cabello del mismo color que el mío que estaba sentado en el banco era mi papá de verdad, y que yo tenía que ir a hablar con él y tal vez darle una flor, pero que no debía decírselo a nadie más. —Miró de nuevo a Ingrid y dijo—: Y no lo he hecho, niñera. No le he dicho a nadie que el señor Draco es mi verdadero papá. ¿Ya lo sabe?

Ambas estaba lo suficientemente cerca como para ver a Hermione y Draco abrazándose.

—Sí, Alice, creo que ya lo sabe, pero recuerda: todavía no le digas a nadie más que lo sabes, ¿de acuerdo? Todo está funcionando perfectamente y pronto tendrás una familia con el señor Draco, tal y como se supone que debes ser.

Alice le sonrió a Ingrid. Ingrid se inclinó, la abrazó por los hombros y luego dijo:

—Ve a darles las flores ahora, cariño. Quiero dar un pequeño paseo sola.

Alice asintió y corrió hacia sus padres. Dejó que las flores cayeran sobre la manta, luego envolvió sus brazos alrededor de cada una de sus piernas mientras estaban allí, abrazándose.

Ingrid observó la escena por un momento, sonrió, y luego se dio la vuelta y se alejó. Ella deseaba que su trabajo estuviera terminado. Si tan sólo fuera tan simple. Ahora tenía que encontrar una manera de hacer que Kevin se fuera para siempre.

En la estación de tren, un mago preguntaba por direcciones a Whitehall.