Voltron: Dark Universe
Capítulo 20:
"Regreso a Orion Prime"
Silencio.
Absoluto silencio.
El Castillo viajaba por el agujero de gusano y nadie se atrevía a decir ni una sola palabra. Cada uno en su respectiva posición, aferrados a sus asientos o a los controles. Estaban preocupados, también agotados, y esperanzados. Aguardaban en silencio a que llegara la hora. Humedeciendo su boca, respirando agitadamente.
Hasta que llegaron a su destino.
…
…
La última vez que visitaron Orion Prime, éste solo era un planeta estéril. Una enorme roca en medio del espacio, donde alguna vez se sostuvo vida. Ahora, algo extraño estaba ocurriendo: el planeta estaba cambiando, parecía estarse agrietando, expulsando enormes fragmentos al espacio, y después los huecos eran cubiertos por otros fragmentos. Parecía una especie de terraformación, y la extraña formación rocosa permitía distinguir una luz violeta emanando de su interior.
Sabían que la Bestia Oscura estaba ahí. Sabían que Lance estaba ahí. Y también sabían que cualquier cosa podría pasar. La nueva apariencia del planeta era prueba de ello. Keith tragó saliva y habló en voz baja.
—Ya es hora.
…
Los Paladines subieron a sus respectivos Leones y salieron por el hangar. Se posicionaron alrededor del Castillo para protegerlo y avanzaron a la par. Se movían lento, a pesar de que la ansiedad de cada uno no hacía más que incrementar. Temían que en cualquier momento la Bestia Oscura, u otra cosa, los atacara de pronto.
El plan era sencillo, aunque precipitado: llegar a la superficie, encontrar a Lance y la Bestia Oscura, enfrentarlos con la Quintaescencia Luminosa y así rescatar a uno y destruir al otro. Si ese era el caso, ¿por qué no se sentían seguros? Pues porque estaban lidiando contra una fuerza superior y desconocida para ellos, y aún había muchas cosas que nos sabían de la Bestia. Además, no iban a enfrentarse sólo a un enemigo, sino a uno que utilizaba a un amigo. La batalla sería difícil.
Entonces ocurrió lo que esperaban, el planeta entero comenzó a brillar cada vez más hasta que quedaron cegados por la luz.
—¡Cuidado! —gritó Keith.
Y luego esa luz fue expulsada hacia el exterior. Como una bomba sísmica, generó una onda de energía que resquebrajó aún más la superficie, asteroides salieron volando en todas direcciones, y al contacto con esa energía los Leones se vieron sobrecargados, así como el Castillo.
—¿Están todos bien? —preguntó Allura.
—Todo bien aquí —dijo Hunk.
—¿Shiro, Coran? —preguntó Keith.
—Aquí estamos. Pero la explosión afectó los controles y la energía del Castillo. Los escudos tienen que recargarse.
—Sabe que estamos aquí —dijo la Princesa —¿Creen que nos podamos acercar?
—Lo voy a averiguar —dijo Hunk. El León Amarillo se dirigió a uno de los asteroides y con fuerza lo empujó de regreso hacia Orion Prime.
Esperaron que el Planeta emitiera la misma onda expansiva pero no fue así.
—De acuerdo —dijo Keith —es nuestra oportunidad.
—Pero, ¿qué hay del Castillo? —dijo ella.
—Descuide Princesa, en cuanto estemos recargados iremos con ustedes.
—¡Viene de nuevo! —gritó Pidge.
Orion Prime comenzó a iluminarse, esta vez mucho más rápido. La onda expansiva volvió a sacudir la superficie y todo lo que le rodeaba, y esta vez los Leones sufrieron mayor impacto. Su sistema se sobrecargó y se desactivaron. Todos menos el León Negro. Cuando Keith abrió los ojos, logró percibir un escudo de energía blanco alrededor del León Negro antes de desaparecer, y supo en su interior que se trataba de protección por parte de la Quintaescencia Luminosa.
—¿Se encuentran bien? —preguntó, pero no recibió respuesta —¿Hola? ¿Pueden oírme? ¡Maldita sea!
Keith soltó los controles y se echó rendido en su asiento. Miró fijamente Orion Prime, pensando en todo lo que sabía, en lo que quería y en lo que temía. No podría explicarlo, pero sabía que debía ir ahí. Algo o alguien lo estaban llamando para bajar al planeta, o a lo que quedaba de él. Giró al León para ver a sus amigos, Keith no quería abandonarlos, pero también pensó en que, si ellos se quedaban ahí, estarían a salvo. Además, ya había abandonado antes a un amigo, y no lo haría de nuevo. Se armó de valor y sujetó los controles con fuerza.
—Negro —le dijo a su León —depende de nosotros.
Keith percibió una respuesta en forma de rugido por parte del León, y entonces se encaminaron hacia Orion Prime.
…
Avanzó con precaución, sin saber con exactitud hacia dónde se dirigía, hasta que distinguió una zona donde podía aterrizar, casi parecía un hangar. Keith aterrizó el León y no se sorprendió cuando distinguió un hueco estrecho. Podría ser una trampa, Keith tendría que abandonar su León para enfrentarse a la Bestia Oscura, pero no tenía más opción.
—Sabes que tengo que hacer esto —su León emitió un ligero rugido —Tranquila. Ahora necesito que cuides a los otros. Te prometo que yo voy a estar bien… Ahora voy a salir.
Keith salió del León Negro, y este se levantó y regresó con los demás. Keith lo vio alejarse y respiró hondo, después entró por el hueco y comenzó a abrirse camino. Cada abertura emitía luz color violeta, de modo que Keith casi podía ver el interior sin problemas. El hueco lo llevó hasta una enorme cueva. El espacio era tan grande que los Leones cabrían de pie. Entonces el suelo se sacudió, la luz volvió a incrementar y Keith supo que se trataba de otra onda expansiva. Se aferró a la pared tras de él, pero la onda lo sacudió fuertemente. Casi cae al suelo, pero logró sostenerse. Sintió calor en su costado y vio destellos blancos. Al parecer la Quintaescencia Luminosa lo había protegido de nuevo. Pero Keith no lo controlaba, este escudo se había activado solo, y ojalá se activara a tiempo más tarde.
Keith avanzó por la cueva, que no hacía más que aumentar en tamaño. Las paredes estaban cubiertas por venas luminosas, todas dirigiéndose al mismo lugar, y Keith avanzó hacia ahí, hasta toparse con un espacio completamente oscuro. Tomó su Bayard y activó su espada. Algo en su interior le decía que estaba muy cerca. Y entonces reconoció su gruñido. Desde la oscuridad logró distinguir la silueta de la Bestia Oscura. Creyó ver su espalda y sus garras, y luego dos ojos violetas aparecieron a unos metros de él. Keith logró escuchar los pasos de la gran criatura dirigiéndose hacia él. Sintió la necesidad de retroceder, pero no debía hacerlo. La criatura se detuvo, Keith solo podía ver sus ojos.
—¡Muéstrate! —le gritó.
—…¿Keith?
Él se sobresaltó, porque quien le respondió fue un humano.
—…¿Lance? ¡Lance! ¿Estás bien? —Keith estuvo a punto de entrar a la oscuridad, pero no lo hizo.
—Keith… Viniste…
Dudó antes de responder —Sí… lo hice —Keith miró a su alrededor, sabía que la Bestia estaba cerca —¿Estás bien?
—…De maravilla —Los ojos desaparecieron.
—¡Lance! —Keith entró y quedó sumido en la oscuridad. Miró en todas direcciones, pero no había ningún rastro de luz. Y entonces escuchó a la Bestia Oscura. Su voz grave y gutural era inconfundible.
—Pero ¿qué tenemos aquí? ¿Un invitado?
Keith no podía ver nada, sólo daba vueltas sujetando su espada con fuerza —Debiste adivinar que vendría por ti.
—Oh, muchacho. Lo sabía —Keith percibió movimiento a sus espaldas —En realidad, te estaba esperando.
—¿Ah sí? —por supuesto que lo esperaba. Keith debía estar preparado, seguramente la Bestia estaría tratando de jugar con su mente.
—Por supuesto… aunque debo preguntar, ¿por qué?
—…He venido a rescatar a Lance, y a matarte a ti.
—¡No me digas! —dijo casi divertido —Bueno, qué se puede esperar de los de tu especie.
—Si odias tanto a los humanos, por qué-
—¡Oh, no! No hablaba de los humanos… me refiero a tú Especie. Los Galra.
Una luz apareció frente a Keith, una vez más aparecieron frente a Keith imágenes de ecosistemas diferentes y sus seres vivos. Pudo ver planetas conocidos y desconocidos, todos luciendo hermosos y prósperos al principio, y de pronto siendo invadidos por el Imperio Galra.
Keith sintió rabia, pero también guardó la compostura —No me muestras nada nuevo. Yo mismo he pelado contra los Galra.
—Lo sé, Paladín… Y has dado un excelente espectáculo, actuando como un héroe, volando por aquí y por allá, pero los dos sabemos que eso no es verdad…
—Escucha, no tengo intenciones de hablar contigo —dijo Keith —no vine aquí para charlar. He venido aquí a detenerte, y a salvar a mi amigo, cueste lo que cueste.
—¡Qué noble de tu parte!, ¿qué deseas demostrar con esta acción de buena fe? No puedes cambiar lo que eres —la imagen frente a Keith se convirtió en un espejo. Su reflejo comenzó a cambiar de pronto. Su armadura se oscureció, su piel se volvió púrpura y sus ojos se volvieron amarillos. Keith sabía que era una ilusión, sabía que no era verdad… pero se acercó al espejo y sólo se vio como un Galra.
—No… —dijo consternado. Se quitó su casco y se vio a sí mismo como un Galra —¡No! ¡No!
—Tú eres un Galra, Keith. Siempre lo has sido, y siempre lo serás.
—¡No!
—¡Sí!, y lo sabes. No estás aquí por amor o compasión, y tampoco por valores morales… tú quieres venganza. Quieres reclamar tu superioridad. Lo que tú quieres, es admiración…
—¡Basta! —Keith se cubrió los ojos y se dio la vuelta, entonces la Bestia Oscura lo empujó y cayó al suelo —¿Qué quieres de mí con esto? —preguntó tratando de levantarse.
Y de pronto una figura se posó frente a él. Keith levantó la vista y se topó con Lance, excepto que no era él. Sus ojos violetas brillaban intensamente. Y luego él se agachó y le tendió la mano. Keith estaba confundido.
—Quiero, que te unas a mí… —dijo.
Keith sintió la necesidad de tomar su espada, pero esperó.
—Keith… sé que crees que hago cosas terribles… tal vez sea así, pero todo lo que quiero es salvar a mi especie, y podré hacerlo contigo, y con Lance. Juntos, nada ni nadie nos detendrá. Keith, yo te quiero como portador, si aceptas puedo cambiarte. Puedo convertirte en un ser humano completo, o en un Galra, cualquiera que sea tu voluntad… acepta, y Lance estará sano y salvo, lo prometo…
El suelo tembló y las paredes se resquebrajaron. Keith sabía que se trataba de otra onda expansiva —Puedes hacer que todo esto pare —le dijo —sólo di que sí…
Keith bajó la vista al suelo y cerró sus ojos. Debía pensar en algo rápido. Necesitaba saber qué hacer y no lo sabía. Tenía la certeza de que, si aceptaba, no sólo él y Lance, sino todos sus amigos y conocidos correrían peligro. Keith levantó la vista y descubrió que el espejo seguía ahí. En él, no vio el reflejo de Lance, sino una figura humana creada de bruma oscura con un brillo violeta. Keith se dio cuenta de que todo esto no era más que una farsa. La Bestia lo estaba engañando. Así que Keith tomó su espada y trató de cortar la figura delante de él. La figura de Lance sólo dio un extraño chillido y desapareció. Keith se levantó sujetando firmemente su espada.
—Ya lo dije antes… —Keith corrió hacia el espejo y lo destruyó con una estocada. Al hacer eso, la oscuridad de la cueva cedió, Keith descubrió que en cada rincón había montones de Cristales Oscuros, y justo en el centro del lugar se encontraba Lance, mirándolo con unos brillantes ojos violetas —Yo vine a detenerte… Cueste lo que cueste…
Lance le sonrió —Así sea —alzó su brazo y con fuerza lo clavó en el suelo. Tras un destello, Lance sujetaba una espada violeta hecha de roca.
Keith sujetó su espada y buscó en su costado el arma de Quintaescencia. Sin embargo, nada apareció. «Maldición» pensó. Así que dejó pasar eso. Era un duelo uno contra uno. Era el último. Sujetó con fuerza su espada, Lance sólo sonreía, y columpiaba la espada.
Y Keith se lanzó primero. Lanzó un grito y corrió hacia él. Lance respondió rápidamente, lo esquivó y blandió su espada. Keith se giró, y sus armas chocaron.
Había comenzado el Duelo Final…
…
…
