Capítulo 22

La farsa y la ayuda

Blanca se sentó en la cama de golpe y con el corazón latiéndole a mil por hora. Se tocó el cabello largo, su camisón con finas puntillas y miró la habitación con el entrecejo fruncido. Todo estaba exactamente igual. La enorme alfombra, los muebles labrados, las cortinas dobles, los cuadros en las paredes. ¿Entonces? ¿Por qué tenía la sensación latente que algo no estaba en su sitio?

—¿Qué pasa, mi amor? ¿Tuviste una pesadilla?—preguntó David a su lado en la gran cama matrimonial.

—Eso creo…sí. No lo sé—balbuceó, masajeándose las sienes. Le dolía un poco la cabeza. Se sentía algo mareada y confusa—. Tuve un sueño rarísimo—confesó, girándose para mirar a su esposo.

—¿Sí? ¿De qué se trataba?—interrogó con precaución y curiosidad. Gold le había asegurado su futuro, pero nunca estaba de más estar alerta por cualquier eventual traspié. Con una sonrisa en sus labios, espero paciente.

—No, no importa. Una tontería—mintió, inquieta. Se sentía incomoda…esa era la palabra adecuada para el hormigueo incesante que invadía su estomago.

—Descuida, ya estas despierta—le sonrió, acercándose para darle un pequeño beso en los labios.

—Sí, lo sé. Tal vez estoy sensible por la fecha—dijo Blanca, buscando en voz alta la explicación a su estado emocional.

David la miraba a un palmo de distancia y aunque le sonreía como siempre, algo no encajaba. Maldijo a su hija. Jamás iba a recuperar el tiempo y las sensaciones perdidas. Emma le había robado todo. La odió con el alma. Su mujer, a pesar de encontrarse a su lado, no iba a regresar del modo que él la recordaba. Tragándose la frustración, tuvo que aceptar que de ahora en más, así serían las cosas. Raras, incomodas, pero la tenía a su lado. Podía besarla cuantas veces quisiera. Hacerle el amor todas las noches, sí así lo quería…Desde luego que había sido el mejor trato que había podido ejecutar. Emma controlada y en las mazmorras…Blanca en su cama. No podía pedir más.

—Es lo más sensato—dijo él finalmente, levantándose de la cama—. Llevaremos las flores temprano, así el resto del día podremos disfrutarlo almorzando en la pérgola del lago. Si quieres, por supuesto—habló cariñosamente mientras se vestía.

—Me parece bien—asintió, siguiendo cada uno de sus pasos con la mirada.

—Genial—concluyó, terminando de calzarse las altas botas—. Te esperaré abajo. Tengo unos asuntos que resolver antes de irnos—habló saliendo de la enorme habitación, dejándola sola y aún sin vestir.

Una hora después habían llegado a destino.

Desmontaron de sus caballos. Los ataron a una rama sobresalida de un roble y caminaron sin prisa hacia el claro, repleto de pequeñas lilas. No habían podido elegir un lugar más hermoso. El sol se filtraba por las copas de los grandes árboles con pequeños destellos dorados.

Blanca aspiró profundamente. La tristeza comenzaba a invadirla como cada año. Sus pies caminaron sin pausa. David tomó su mano, apretándola ligeramente. Lo miró de reojo. Parecía sereno, con su cabeza alzada y su mirada penetrante. Solo pudo fruncir el ceño, para seguidamente concentrarse nuevamente en ella…

La pequeña lápida de mármol blanco, resplandecía bajo los cálidos rayos del sol.

Blanca se acuclilló frente a ella, sosteniendo las flores amarillas, perfectamente arregladas. Llevándose dos dedos a la boca, dio un suave beso y los llevó a los delineados surcos tallados. "Te amo, mi pequeña", dijo en silencio, colocando las flores en el césped. Se paró con lentitud y quitó una lágrima de su mejilla.

David la sostuvo de los hombros, dejando que se tomara el tiempo que necesitara.

Después de unos minutos en silencio, ambos se alejaron sin prisa.

Bajo la sombra de un enorme árbol de cerezo, yacía la farsa. La siniestra mentira orquestada a dúo. Gold y David habían diseñado, hasta el más mínimo de los detalles…

Un lustroso pedazo de piedra, recién colocado. Una lápida pensada y diseñada para el cruel artificio. Porque en letra curva y delicada, se apreciaba sin remordimiento alguno:

Aquí yace Emma

Adorada hija y princesa del pueblo


—Muero de hambre—dijo el cazador con la boca pastosa.

—La verdad es que ahora mismo extraño mi cocina—asintió Regina, sosteniéndose el estomago. Le sonaba estrepitoso.

Desde que los habían ingresado en la celda, nadie había hecho acto de presencia. Absolutamente nadie, ni siquiera para arrojarles comida o agua.

—¡Ay, sí, que rico!—se relamió Emma, imaginando una mesa repleta de comida recién preparada—. Unos panqueques, repletos de jalea—susurró, mordiéndose el labio. Estaba famélica. Estaba segura que podría comer cualquier cosa que le pusieran delante.

—Y un enorme vaso de jugo de naranja, recién exprimido—acotó la abuelita, muerta de sed, sentada en la esquina de la celda.

—A mi estomago le gusta lo del jugo—asintió Regina de acuerdo.

—¡Maldita sea!—rumió Graham, sosteniéndose de los barrotes.

—Tranquilo…—habló Regina—. Con suerte, Henry, Ruby y…mi adorada madre estarán en camino.

—Con suerte—repitió Emma, recostándose en la fría y mugrienta pared, cerrando los ojos.

La energía se les estaba agotando.


—Cuéntame más, querido—pidió Cora, alucinada por el relato del joven muchacho—. ¿Así que tu madre biológica se llama Emma? Y ella es la hija de Blancanieves…—repitió, tratando de juntar todas las piezas.

—Sí, así es—asintió Henry, caminando por la hierba seca.

Habían decidido volver al camino, pero sin magia. Sin traslados, ni ayuda. Cualquier pica de energía, Azul y sus seguidoras la percibirían y arruinarían sus intenciones de rescate. Por lo tanto, los tres caminaban, haciendo pequeñas pausas para descansar. Faltaba poco para llegar a destino, y la charla lo estaba haciendo más llevadero.

—¿Y Blancanieves es…?—Volvió a preguntar. El nombre se le había esfumado. Era mucha información para retener.

—Margaret o Mary—contestó Henry, animado.

Su abuela parecía dispuesta a intentar una relación, y sobre todo, a ayudar en el lio que se habían metido. No entendía porque su madre la había encerrado en ese espejo. Y mucho menos porque no la quería ni ver en figurita…pero seguramente tendría sus razones, pensó.

—Sí, claro—habló Cora, caminando con elegancia, a pesar de estar repleto de ramas—. ¿Margaret es amiga de mi hija?—interrogó incrédula. Parecía que le estaban contando sobre una persona que no conocía en absoluto, no de su hija Regina.

—Yo no diría que amigas, pero sí, señora—dijo, pensando la respuesta. Claro que se llevaban mejor, pero llamarlas "amigas", era por de más exagerado—. Estamos todos en el mismo equipo. Incluso en Storybrooke vivimos todos juntos.

—Entiendo—torció el gesto. Su hija viviendo con Blancanieves…Era lo más increíble que había escuchado en mucho tiempo—. Entonces tú eres nieto de Blancanieves, del príncipe y mío—recapituló.

—Así es. Mi nombre es Henry Daniel Mills…

—Daniel…—murmuró con el ceño ligeramente fruncido. El joven el cual mató delante de su hija…por supuesto.

—Y soy hijo de Regina y también de Emma—explicó lo mejor que pudo, dado el poco tiempo que tenían.

—Creo que voy comprendiendo ¿Y Regina pidió por mí?—dijo, no sabiendo que esperarse. Tratándose de su hija, toda hipótesis era factible.

—Sí, así es. La situación es complicada, señora—habló Ruby que hasta el momento había guardado silencio.

—Así que nos enfrentaremos a al príncipe encantador, ¿qué se ha vuelto malvado?—inquirió. Había algo que le estaban ocultando. La historia era sorprendente. Regina pidiendo su ayuda, teniendo amistades y jugándose la vida por ¿Blancanieves? No, algo no le decían.

—La historia es larga, pero si accedió a ayudarnos, seguro que su hija tendrá esa charla con usted para despejar todas sus dudas cuando estemos a salvo—contestó Ruby, ayudando a Henry a cruzar por un estrecho pasaje de arbusto.

Para su entender, no era el momento para tanto cuestionario. Regina tendría que solucionar sus asuntos con ella, pero ahora mismo estaban en crisis.

—De acuerdo. Me parece justo— asintió Cora, entendiendo la escueta intervención.

—Gracias—dijo Henry—. Gracias por ayudarnos, abuela.

Cora lo miró extrañada por esa repentina y espontanea confianza…ese muchacho le caía bien. Su hija había hecho un buen trabajo en su crianza, concluyó.


Regresé con un nuevo capítulo! Como pasaron las fiestas? Espero que bien!. Bueno, la acción está a punto de suceder. Cora, Henry y Ruby al rescate. Blanca súper desmemoriada y los demás en las mazmorras. Espero que les gustara.

Aviso: Nuevo Shot de Sabrina Spellman/Madam Satán. Para el que le gusta el Mundo oculto de Sabrina, pasen a leerla :)

Comenten y abrazo.


Yomi Lovesyuri: Volví! Espero que te guste!

Ragamuffin47: Cora y su sola presencia. Veremos qué pasa cuando lleguen.

Esktoni: Que genial que te animaste a leerla. Sí, sé que elegí una pareja complicada, pero siempre traté de resaltar el amor sin caer en la vulgaridad del incesto en sí. Espero haberlo logrado Espero volver a leerte.