Siguiendo al lobo.
Final 2
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Todo es muy confuso, recuerdo que mi jefe se presentó a la oficina con dos hombres muy elegantes que necesitaban asesoría para comprar una de nuestras obras en exhibición.
Los invité a tomar asiento frente a mí, cuando con en cuestión de segundos siento en mi cuello un piquete. Me inyectaron algo que rápidamente paralizó todo mi cuerpo obligándome a caer en un estado de inconsciencia temporal.
Las voces en el lugar y la fuerte luz sobre mi rostro me obligan a abrir los ojos y cerrarlos rápidamente por el fuerte dolor de cabeza. Escucho pasos muy cerca de mí, prefiero no ver al responsable de que nuevamente me encuentre en una situación como esta.
―La bella flor se ha dignado en despertar. ―uno de ellos habla.
―Tenemos que hacer algo para deshacernos de ella. Estoy seguro que en cuestión de tiempo tendremos a Li tumbando puertas. ―exclama el otro con arma en mano.
Uno de ellos, sentado frente a mí solo se dedica a observarme y jugar con su arma. En su rostro se refleja lo que desea hacer conmigo. Sus instintos asesinos se notan en su porte, quiero llorar, quiero gritar y acabar con esta zozobra que me está matando lentamente, pero no puedo, no voy a darles el gusto de que me vean suplicar, mi único error ha sido involucrarme en algo que no era mi problema y sobre todo causar complicaciones a Syaoran en su misión. Necesito ser fuerte y paciente.
Sé que alguien vendrá por mi y ese alguien tiene que ser Syaoran. Él nunca me dejaría a manos de estos criminales. Estoy segura que una vez se entere de mi desaparición moverá cielo y tierra para encontrarme, solo espero que no sea tarde cuando se percate de ello.
Todos estos días me negué a verlo, moría de las ganas por saber si se había recuperado del disparo, quería verlo. Pero mi orgullo no me dejó abrirle la puerta ni contestar sus llamadas. Sus hermanas, nada más me hicieron saber que irían a ver a su padre después de tantos años separados y se quedarían con él. Respetaron mi deseo de no escuchar nada sobre él y eso se los agradezco.
Tomoyo fue todo lo contrario, cada vez que llegaba a visitarme al museo o a mi departamento sacaba el nombre de Syaoran a relucir y la detestaba por eso. Sabía muy bien que aún lo necesitaba, lo extraño a horrores, pero a pesar de todo ese amor que siento por él necesito tener la seguridad de que las cosas que he vivido no afecten a mi familia.
Su ausencia ha sido insoportable, me vi tentada muchas veces a tomar la correa y el juguete de Kero que se había quedado en mi apartamento. El pobre perro no podía estar sin su juguete y yo podría verlo a él nuevamente, pero como llevo haciendo últimamente, me acobardé.
Pero no todo sale como lo he planeado, ahora por haber estado vinculada a él, me siguen nuevamente. Lo que dice el dicho es cierto y lo compruebo "la curiosidad mató al gato" ahora estoy a poco de ser la prueba viviente de ese experimento.
―¿Me encantaría ver al traidor ese suplicar por ti? ―el que habló de primero se acerca y acaricia con morbo el arma sobre mi rostro.
―Vamos a ver que tiene que decir la bella flor, al parecer los ratones se le han comido la lengua ―tiemblo y siento asco, la cercanía de estos dos sujetos no me aseguran nada bueno―. Podríamos hacer un intercambio, el traidor a cambio de la flor ¿qué te parece?
―Uy, me gustaría ver eso ―responde el otro―. Haríamos lo que Ivankov no pudo hacer, sacar del camino a ese chino.
―¡No se atrevan a lastimarlo! ―grito sabiendo que puede ser lo último que haga.
―Oh, tiene agallas la señorita ―se burla uno de ellos― Vamos a entrar en confianza, mi nombre es Nikolai y estoy seguro que vamos a llevarnos muy bien, preciosa.
Escuchar ese "preciosa" de sus labios, me provoca asco, trato de alejarme de él pero mi cuerpo no me lo permite. Siento que mis extremidades no son capaces de obedecer mis órdenes. Ambos sonríen y se alejan de mi para conversar entre ellos, deben de estar esperando la llegada de alguien más.
A pesar de estar en una situación que por mucho es riesgosa caigo en un estado de semiinconsciencia. Sé que estoy en un lugar desconocido con personas peligrosas, pero mi cuerpo se niega a intentar un movimiento. No soy consciente del tiempo que ha transcurrido. hasta que los veo saltar de un sofá como si este quemara.
―Estás de suerte, florecita ―gruñe el que dijo llamarse Nikolai―. El traidor se ha dignado en dar la cara y está buscando a su amada hasta debajo de las piedras.
―Tenemos que salir de aquí. ―responde su compañero.
Nikolai empieza a soltar las soltar las sogas que me tienen sujeta y me toman a la fuerza para llevarme por un pasillo que conecta con otras habitaciones. La tensión en mi cuerpo es aún mayor, saber que Syaoran está buscándome me provoca sentimientos encontrados: está poniendo su vida en riesgo en un intento por rescatarme a mi, que lo rechacé y lo ignoré todo este tiempo.
―Anda, muévete. ―gruña uno de ellos al sentir que me he quedado quieta, saca su arma y la pone sobre mi sien. Al sentir el frío objeto sobre mi hago caso a esa maldita orden.
Con rapidez nos movemos por el lugar, entrando a otras habitaciones que se conectan entre sì, el susto y miedo se apodera de mi cuando al entrar en una de ellas nos topamos con una pareja que está teniendo relaciones sexuales. Ahora que lo recuerdo, uno de los secuestradores se ha quedado en la habitación en donde me tenían retenida.
Un disparo se escucha a corta distancia y el silencio le sigue a este. Nikolai se detiene junto a su compañero, se dicen algo con la mirada y entramos en una habitación.
―No hagas nada inteligente, bonita. Puede salirte muy caro. ―uno de ellos me toma por el cuello y coloca en mi cabeza su arma, el otro, resguardándose detrás de la puerta prepara y carga la pistola que porta.
Silencio, es todo lo que inunda a nuestro alrededor, miro, miro y miro a la puerta esperando que alguien aparezca. Siento la necesidad de verlo a él, solo a él. Que me saque de aquí y me haga olvidar todo lo que he vivido con estos sujetos.
La puerta, de una certera patada se abre y nos revela al motivo de mi esperanza aparece ante nosotros con un rostro por mucho, indescifrable, enojo, furia y desesperación es lo que alcanzo a leer en él. Hasta Eriol está presente.
―Si sabes lo que te conviene es mejor que la dejes ir. ―grita acercándose lentamente.
―Un paso mas y tu puta barata se muere. ―sisea Nikolai ejerciendo aún más la presión en mi cuello.
―Esto es entre ustedes y yo, Ivankov los traicionó ―dice Syaoran y ambos sujetos se observan dudosos―. Cuando despertó de la operación delató a muchas personas. Incluidos ustedes.
―Eso es mentira ―grita Nikolai apuntando con su arma a Eriol y Syaoran―. Tenemos lo que Ivankov deseaba.
Cuando me sacaron a la fuerza del museo no me he percatado de que también tenían en sus manos el cuadro que el señor Ivankov había llevado a mi departamento para que yo lo reparara.
En una esquina, sin saber el valor de este, está la representación "Ivan el terrible y su hijo" se han convertido en el motivo de la discordia de la mafia rusa.
―Así es, ahora ustedes tienen algo que ni siquiera pertenecía a él ―Syaoran baja su arma―. Solo que él reveló una lista de nombre y la policía está detrás de cada uno de ellos. Lo mejor que pueden hacer en este caso es, dejarla en libertad. Pueden llevarse la reliquia, eso a mi no me interesa.
―¿Cómo podemos creer en tus palabras? ―pregunta Ivankov, al parecer Syaoran está tratando de transmitir confianza para ganar terreno―. Eres uno de ellos.
―Ya no. Me han dado baja deshonrosa ―responde, esa respuesta me entristece, Syaoran ha dejado a un lado sus sueños, sus metas―. Todo el FBI estaría detrás de ustedes de ser lo contrario. Estoy solo.
―Todos dicen eso y estoy seguro que en menos que canta un gallo tendré un equipo de más de cien hombres encima de mi. ―alega Ivankov presionando aún más el arma sobre mi cuello.
―Tienes que creerme ―insiste Syaoran levantando sus manos y abriendo su abrigo―. No tengo placa ni nada, solo esta arma para defenderme y llevarme a Sakura, es lo único que necesito y podrás irte con lo que quieras a donde quieras.
Por unos minutos todos guardan silencio, no soy capaz de decir ni hacer nada, lo que Syaoran ha contado me impacta de tal modo que la tristeza me embarga y quiero llorar, Nikolai y su compañero están dudando y discuten lo más bajo que pueden sobe qué hacer.
―Está bien ―responde Nikolai después meditarlo por unos momentos―. Dame las llaves de tu auto.
Lo veo dudar, se remueve incómodo. Cuando parece que se ha decidido, Eriol se adelanta y lanza un manojo de llaves que caen en las manos del secuaz de Nikolai.
ꟷEn el parqueo encontrarás un AUDI negro. Vete antes de que me arrepienta. ꟷNikolai asiente y cuando siento que estaré libre, empieza a caminar sin dejar de sujetarme por el cuello.
ꟷ¿A dónde la llevas? ꟷSyaoran se altera y toma de nuevo su arma apuntando a nosotros.
ꟷLa necesito de garantía. ꟷrespondeꟷ. Prometo dejarla libre.
ꟷ¿Por qué es tan importante esa pintura? ꟷpregunta Eriol.
ꟷ¿Estás bromeando? ꟷla burla con la cual pregunta, me provoca mucho miedoꟷ. Esta joya fue robada por Ivankov, el heredero está ofreciendo una jugosa recompensa al que la entregue, estos orificios tienen historia.
Es la justificación más estúpida e ilógica que he escuchado en mi vida. No tengo experiencia en delitos y esas cosas, pero creo que los dueños originales de esta pintura bien podrían haber pedido ayuda de la policía desde el principio.
ꟷ¿Han matado y puesto en riesgo a personas solo por regresar a su dueño un pedazo viejo de lienzo enmarcado en madera? ꟷSyaoran ya no mide sus palabras y grita encolerizado.
ꟷYo soy nuevo en esto ꟷse excusaꟷ. Pero no voy a dejar pasar esta oportunidad y si ustedes se interponen en mi objetivo no dudaré en llevarme a esta bella flor y gozarla antes de deshacerme de ella.
ꟷNo te atrevas ꟷen sus ojos se puede ver la furia que siente y amenaza a la vez que ejerce más presión a su armaꟷ. No te he disparado para que veas que digo la verdad, así que suéltala de una maldita vez.
No puedo ver los gestos de Nikolai, pero estoy seguro que se burla de Syaoran y de Eriol, los dos están con los nervios alterados, se nota.
Llevada a rastras me sacan de esa habitación, el otro criminal toma con una de sus manos el cuadro de la discordia. Syaoran y Eriol se hacen a un lado. Una vez que los tres estamos afuera el agarre en mi cuello disminuye y empujando fuertemente caigo encima de quienes pretenden rescatarme.
Mis extremidades duelen, mucho. La caída ha sido estrepitosa, pero rápidamente unos fuertes y posesivos brazos me protegen y se aferran a mi cuerpo. La calma vuelve a mí y me permito llorar todo lo que no he podido hacer y me aferro a su cuello y sigo derramando lágrimas.
ꟷSabía que vendrías por mí. ꟷdigo entre sollozos. Mi instinto no falló y ahora estoy entre sus brazos, de donde nunca quiero salir.
ꟷJamás pienso dejarte desprotegida, Sakura. Te amo. ꟷesas palabras, esa frase. Cargada de tanta verdad a pesar de la situación difícil que estamos viviendo. Dejo de llorar, pero antes de decir algo, Eriol interrumpe nuestro momento.
ꟷAyuda a que se incorpore y alcánzame. ꟷse pone de pie y sale de la habitación.
—Cariño, estás bien? ꟷindaga haciendo revisión rápida en mis manos y cuerpoꟷ. Necesito que busques un lugar en donde esconderte y luego vendré a buscarte.
Oír eso me supera nuevamente y no quiero. Me niego a quedarme sola de nuevo. Grito y me aferro a su cuerpo. En sus brazos me siento protegida. Tremendo error al alejarme de él.
ꟷ¡No! ꟷgrito y me aferro a élꟷ. No vuelvas a dejarme sola, nunca más.
Sé que hay muchas cosas que hablar todavía, pero tengo la plena seguridad que no puedo estar sin él y haré todo lo posible por salir de aquí, juntos e ilesos.
ꟷToma, ponte esto ꟷfrente a mis ojos pone un ying-yang labrado en plataꟷ. Esto te protegerá. Ahora, no te despegues de mí, por favor.
Salimos detrás de Eriol, Syaoran toma fuertemente mi mano y va abriendo camino, no vemos a nadie en el lugar, no sé en dónde estamos pero las múltiples habitaciones me indican que estamos en un hotel o algo similar.
Alcanzamos a Eriol unos minutos después y está escondido detrás de un pilar enorme de concreto. Observa a los que se han llevado la pintura y las llaves de mi auto.
―¿Estoy seguro que algo has planeado? ―escucho a Eriol preguntar una vez que estamos detrás de él. Está muy serio, él no pertenece a este mundo, pero lo hace muy bien.
Después de ese diálogo todo sucede muy rápido, en un impulso, que no sé de dónde salió. Me ofrezco para ayudar a detener a esos criminales. Todo sale mal, los nervios se apoderan de mí antes de poder hacer algo y vuelvo a caer en manos de mis captores.
Nuevamente, presa del miedo, la tensión aumenta entre todos. Syaoran y Eriol se enfrascan en gritar una serie de órdenes que son respondidas de la misma manera por Nikolai y su compañero.
Estoy de nuevo en sus garras, el arma apuntando nuevamente a mi cien. Eriol, aprovechando el enojo y la distracción de estos dos tipos, se escabulle y entra al auto. Toma el volante rápidamente y se pierde de nuestra vista. En ese instante, decidida, muerdo el brazo del que me tiene sujeta, este lanza un quejido de dolor y me suelta. Aprovecho para correr hasta donde está Syaoran y me refugio detrás de él.
Los gritos siguen inundando el parqueo, pero la amenaza es clara y de rápida ejecución. Van a disparar. Cierro los ojos, no quiero ver a Syaoran nuevamente herido, no quiero que sufra más. Así que nuevamente valiéndome de mis locos impulsos y con la poca fuerza que tengo, soy capaz de empujarlo y que caiga en el suelo. De lo demás recuerdo... Solo oscuridad.
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La suave brisa de verano en Japón acaricia mi rostro, el trinar de los pájaros se hace uno solo para crear una bella melodía. Siento el aroma de las flores de Cerezo del parque Pingüino. Lo recorro con Tomoyo todas las tardes después de la escuela. Todo es calmo y tranquilo hasta que delante de nosotras, alcanzo a ver a un chico que me es muy familiar.
―¿Tomoyo, tú lo conoces? ―pregunto sin dejar de admirar su ancha espalda.
―No, yo no. Pero estoy segura que tu si lo conoces ―contesta sonriendo―. Se ve que pondrá tu mundo de cabeza.
―¿Qué cosas dices, Tomoyo? Si apenas lo he visto por primera vez, no le he visto el rostro y ni siquiera sé cuál es su nombre. ―explico.
―No lo sé, pero lo que sí sé es que... "En este informe no había secretos. Expresé en él todo lo que sentía, volqué allí todos mis sentimientos y plasmé como en veintiún días me había enamorado de él" ―. un momento, Tomoyo está diciendo algo de mi historia favorita.
En un abrir y cerrar de ojos me transporto a otro lugar, uno que está inmaculadamente blanco. El sonido de las aves fue sustituido por el monótono monitor holter y Tomoyo ya no estaba a mi lado, era Syaoran. Que lee un libro, una historia que he leído muchas veces. Se mira tan relajado y concentrado, que no quiero interrumpirlo, nunca lo había visto así.
―Esa... es mi... historia favorita. ―suelto a ronca voz y Syaoran, sorprendido de escucharme suelta rápidamente el libro, se pone de pie para acercarse a mí.
―Sakura, has despertado. ―saluda con notable alivio en su rostro.
―¿Cuán... cuánto, tiempo he dormido? ―alcanzo a preguntar.
―Han sido dos días, los peores de mi vida. ―responde tomando mi mano, ahora que mi visión es más clara, puedo ver que no ha podido dormir, sus ojeras lo demuestran.
―¿Qué pasó? ―indago―. No recuerdo mucho después del secuestro.
―Te interpusiste entre la bala y yo ―cuenta―. La bala impactó en el medallón que minutos antes te había puesto. Definitivamente, es de la buena suerte. Pero después de eso, no despertaste. Estábamos desesperados, Tomoyo estaba decidida a llamar a tu familia si no teníamos reacción positiva de tu parte el día de hoy.
Escuchar su narración y con la congoja y dolor que lo hace me llega al corazón. Mi deseo es verlo feliz, no sufrir. Así como él sufre por verme en una cama, yo también sufrí al verlo ser sometido a una complicada cirugía.
―Solo quería evitarte más dolor. ―respondo, pero antes de seguir hablando me interrumpe.
―¿Acaso no ves el dolor que pude haber sentido si esa bala hubiese impactado en tu pecho? ―pregunta con el ceño fruncido―. No, Sakura. No lo sabes. No estás en mi cabeza ni en mi corazón así que te volveré a pedir que no te expongas de ese modo.
―Hay muchas cosas que dejar en claro, Syaoran ―me animo a responder―. El primer error, lo cometí yo al observar donde no debía. No quiero entrar en detalles, pero la siguiente serie de errores fue un conjunto de nuestras cabezotas y nuestra terquedad.
―Lo sé Sakura. Soy el primer culpable por haberte involucrado en todo esto. ―admite―. Por eso, lo último que haré con el FBI y el gobierno de Japón es ponerte como "testigo bajo protección" hasta que todo este asunto se aclare.
―¿Aún no ha cerrado el caso? ―hago el intento de sentarme, Syaoran me ayuda colocando mi almohada de mejor manera y niega con la cabeza.
―Necesitan descubrir porque esa pintura ha estado oculta y eso solo será posible encontrando a sus verdaderos dueños. Ellos dirán cual es el motivo de la discordia. ―¿escuché bien, "necesitan"?
―¿Y tú no vas a investigar? ―pregunto
―No, te lo dije ese día. Mi sueño es otro. Mi renuncia ha sido puesta desde el día en que te secuestraron. Se acabó el FBI para mí. ―escucho, pienso y analizo sus palabras, me cuesta creerlas, ahora que recuerdo, lo dijo cuando me rescató.
―Eso es imposible, únicamente lo dijiste en aquel momento por la tensión y adrenalina que sentías. ―centro mi atención en algo que no me distraiga, la ventana es lo más atrayente después de él.
―No, lo que estoy diciendo es verdad, ya todo está hecho. ―suavemente una de sus manos se posa en mi barbilla para llamar mi atención.
―No hagas algo de lo que después puedas arrepentirte. ―insisto, soy necia, lo sé. En su mirada se refleja el dolor y la desesperación, pero en mi terquedad sigo empeñada en alejarlo de mí.
―No, Sakura. No se trata solo de ti ―su expresión se oscurece y temo que a raíz de todo esto haya sucedido algo más―. Muchas cosas han sucedido, unas buenas, otras desagradables y unas imperdonables. No voy a permitir que jueguen conmigo y con lo que más quiero.
Sus palabras desbordan sinceridad, si lo sé, soy una débil que en esta circunstancia se siente morir si no está al lado de la persona que ama, sé que está sufriendo, no solo por mí y yo lamento ahora haberme alejado de él. Tomoyo tenía razón, me equivoqué y sé también que sus hermanas piensan lo mismo, que haberlo abandonado y culpar sólo a él por lo sucedido.
―¿Ahora qué vas a hacer? ―pregunto para calmar este hormigueo que siento en mi pecho y garganta.
―Por el momento, hacer lo que más deseo a nivel profesional. ―responde separándose de mí y la calidez de sus manos me abandona.
―¿Y qué es? ―me animo y pregunto.
―Estudiar historia. ―sin inmutarse ante mi asombro responde.
―Bueno, a pesar de que está un poco lejos estoy seguro que mi padre podría ayudarte a entrar a una de las mejores universidades del país. ―cuento sonriendo.
―¿Harías eso? ―afirmo lo anterior moviendo la cabeza.
―Cla... ―la entrada de un doctor en compañía de una enfermera me interrumpen y Syaoran se pone de pie.
―Nos alegra ver que ya ha despertado, señorita Kinomoto ―saluda el doctor y yo sonrío―. Vamos a ordenar unos estudios para descartar lesiones internas nuevas. Déjeme decirle que tenía a muchas personas preocupadas, en especial a este caballero.
Después de esas palabras, Syaoran se ruboriza y aparta la mirada, mientras el doctor y la enfermera se dedican a revisar mis reflejos, signos vitales y otras cosas que no alcanzo a entender.
―¿Y Tomoyo? ―pregunto una vez el doctor se aleja de mí y escribe algo en su tableta.
―No hace mucho que se fue, está muy preocupada. Le avisaré. ―Syaoran saca su celular y el doctor vuelve a llamar mi atención.
―Solo pasará una noche más para descartar alguna lesión aún no visible ―escucho atentamente―. Pero, en la sala de espera hay unos hombres que esperan poder conversar con usted.
―¿Qué hombres? ―Syaoran termina la llamada y se acerca de modo intimidante al doctor.
―Son agentes, alegan que es importante obtener el testimonio de la paciente. ―explica el doctor tratando de contener a Syaoran.
―Yo hablaré con ellos. ―sisea furioso buscando la salida.
―Syaoran ―este se detiene al escuchar mi voz quebrándose―. ¿Qué vas a hacer?
―Cerrar esto de una vez por todas. ―responde dirigiéndose de nuevo a la puerta.
―Espera, por favor ―vuelvo a llamarlo, este con gesto de cansancio toma mis manos esperando a que hable de nuevo―. Quiero saber lo que van a preguntar.
―Sakura, no es testimonio el que van a pedirte, estoy seguro que quieren averiguar el secreto de esa maldita pintura. ―quiero alejarme una vez por todas de todo este mundo, pero algo me indica que puedo hacer un último esfuerzo.
―Syaoran, que pasen ―pido con gesto decidido―. Vamos a terminar con esto de una buena vez.
El doctor anuncia que se retira y Syaoran trata de saber que estoy planeando, solo deseo salir de esta situación por completo, deseo tener un poco de tranquilidad, una tranquilidad que nunca antes había tenido, solo con él.
―No quiero que te veas de nuevo en peligro, esta vez no tendré los medios para defenderte. Recuerda que estoy fuera de la organización. ―replica preocupado.
―Lo sé Syaoran, por eso deseo conversar con ellos una última vez. ―explico sonriendo. Este no termina de entender, pero por el momento no diré nada, lo sabrá cuando sea el momento, porque conociéndolo, se negará inmediatamente.
Este, sin opción de negarse, sacude su cabeza, sonríe con preocupación. En un bello gesto se acerca, besa mi frente y me deja sola. De nuevo, el hormigueo se extiende desde mi pecho a todo mi cuerpo, me hubiera encantado que el beso hubiera sido en los labios, pero algún día espero vuelva a ser así.
A solas pienso rápidamente en lo que diré, pero el tiempo de espera se alarga y no hay señales de Syaoran ni de los famosos agentes, conociéndolo; estoy segura que está dejando algunos de sus puntos en claro. Dispuesta a obtener respuestas busco como bajar de la cama, pero antes de lograrlo la puerta se abre revelando al culpable de mis suspiros quién me observa confundido.
―¿A dónde vas? ―pregunta.
―Por ti ¿Qué tanto hacías? ―me quedo en esa misma posición, esperando una respuesta o propuesta.
―No es necesario, ya estamos aquí. ―con gesto serio abre la puerta y después de él se colocan frente a mí dos sujetos que nunca en mi vida había visto, dos gorilas, dos paredes blancas y de semblante indescifrable me observan detrás de sus lentes de sol. Con un ligero carraspeo de garganta, pero con su característico ceño fruncido, Syaoran los obliga a hablar.
―Señorita Kinomoto ―dice uno de ellos haciendo una ligera reverencia―. Soy el agente Spencer Mulder y mi compañero el agente Aaron Morgan, en nombre de la organización para la cual trabajamos queremos dirigir nuestros respetos y agradecimientos. Lamentamos grandemente que se haya visto involucrada en un suceso que no era de su incumbencia.
―Aún así ―interrumpe el otro, el agente Morgan―. Estamos agradecidos por su intervención, sus conocimientos en arte antiguo nos ayudaron a dar con el paradero de uno de los criminales mafiosos más buscado de la región.
―Pero, yo no hice nada para atraparlo. ―interrumpo.
―Claro que lo hizo señorita, el error de Ivankov fue tentar al ex agente Li ―entonces, es verdad, ya no es un agente―. El resto ya lo sabe, por eso y sin ánimos de seguir interfiriendo su recuperación somos portadores de noticias.
El agente Morgan abre un sobre grande que porta debajo de su brazo y tengo miedo de esas noticias, porque no sé si sean buenas o malas. Syaoran siente mi preocupación y toma mi mano apretándola ligeramente.
―Se ha ordenado una condecoración...
―La primera vez dije que no quería nada de eso y lo sigo manteniendo esa postura. ―interrumpo y ambos me ven con gestos de enfado, no me importa.
―¿Me permite terminar? ―pregunta sacándose los lentes de sol, no respondo y eso le confirma que puede seguir hablando―. Se ha ordenado una condecoración a nombre suyo y otra para el ex agente Li, además de una orden de protección a testigos mientras toda la banda sea desarticulada.
Vaya, no había tenido tiempo para pensar en eso, protección a testigos, eso significa que aún estoy bajo la mira de esos criminales.
―Ahora, lo más importante ―la voz del agente Mulder me obliga a prestar atención de nuevo―. Este país necesita aún de su ayuda.
―¿Qué, no entendieron que ella no desea nada? ―interrumpe Syaoran.
―Li, deja que ella escuche lo que estamos por ofrecerle ―responde Mulder―. Necesitamos revelar el misterio que rodea esta pintura para hacerla tan codiciada por la mafia rusa y es obvio que usted, al trabajar para el MET posee los conocimientos necesarios para realizar esa labor.
―¿Por qué no buscan a otra persona? ―pregunta Syaoran.
―Por que no queremos que esa pintura caiga en manos de nadie más, ella la conoce, la tuvo en sus manos, es obvio que puede encontrar el motivo de porqué es tan codiciada ―sigue explicando―. La petición viene firmada por el presidente de este país, observe usted misma.
A la vez que dice eso, extiende una hoja con membrete del despacho presidencial. La leo, la leo dos veces y no lo puedo creer, la firma del presidente del país que ha sido mi hogar por más de dos años, no sé por dónde empezar ni que decir ante esto.
―Obviamente habrá una merecida remuneración económica, a la vez, obtendrá todo lo que desee después de haber cumplido con lo que hemos solicitado ―ambos agentes acomodan sus abrigos y Morgan agrega nuevamente―. Permítame recordar su situación migratoria en este país, tiene un permiso laboral únicamente y lo que estamos pidiendo es que cumpla con la obligación que tiene con nosotros por haberla recibido en este tiempo.
―¿Cómo se atreven, desgraciados? ―como un lobo saltando a la yugular de su presa Syaoran se coloca frente a ellos―. Después de todo lo que ella ha sufrido se atreven a amenazarla y la obligan a hacer algo que no quiere.
―Syaoran, por favor no. ―pido rápidamente. No quiero que se altere más de lo que ya está.
―No provoques, Li ―sisea uno de ellos―. No vamos a dudar en ponerte bajo custodia si te interpones en nuestro trabajo. Señorita Kinomoto, sabemos que es muy reciente el incidente, le pedimos que lo piense y se contacte con nosotros una vez tenga una respuesta positiva.
Antes de salir, dejan sobre la cama una tarjeta, Syaoran quien se distrae para cerrar la puerta no observa que he tomado la tarjeta y con sigilo la escondo debajo de la almohada.
―¿Estás bien, Syaoran? ―me animo a preguntar.
―No quiero que te sigas exponiendo, Sakura. No más. ―sé que tiene miedo, yo también lo tengo. Pero aunque no lo quiera admitir, estoy segura que esos tipos aún andan buscando resolver ese dichoso misterio.
―¿Syaoran, confías en mí? ―pregunto y este se turba al escuchar el cambio repentino―. Yo confío en ti.
―Desconfío de ellos, Sakura. Me dieron la espalda a mí, que trabajé para ellos y cuando más los necesitaba para poder rescatarte, eso es lo que sucede. ―suelta y yo no sabía ese dato, estuvo solo contra la mafia por recuperarme, no controlo mis emociones y me lanzo a sus brazos, lloro, las emociones pueden conmigo y sin querer ni desearlo llego a experimentar el estrés postraumático.
Pasan los minutos y yo no dejo de llorar, lloro y lloro, sacando de mi ser todo lo negativo que ese encuentro me ha dejado. Por momentos mi nivel de llanto baja, pero cuando recuerdo las manos de esos tipos en mi cuerpo me aferro con fuerza a Syaoran intentando mitigar la sensación de abandono y miedo que sentí ese día.
Él no dice nada, acaricia mi espalda y me acomoda suavemente en su regazo. No quiero separarme de él, tampoco deseo verlo sufrir, pero mi deseo de acabar esto de una vez por todas me despierta una nueva decisión. Quiero superar esta experiencia, pero quiero superarla con él.
Suena cursi, lo sé. Pero no quiero perder de nuevo a Syaoran, porque yo he sido la culpable de su lejanía, yo lo obligué. Ahora que ha dejado el trabajo de toda su vida, deseo hacer algo por él, que lo ayude a realizarse como persona.
Poco a poco, con el nuevo propósito mi llanto se convierte en sollozos y al final en hipidos lejanos, hasta puedo asegurar, que me quedé dormida por unos minutos. Cuando alcanzo a recuperar las fuerzas y el ánimo que este momento ha provocado busco sus ojos.
―¿Ya estás mejor? ―pregunta, sus ojos tienen un brillo especial, además de preocupación―. Creo que necesitaras ayuda.
―No, no necesito eso ―respondo negando con la cabeza sin separarme de él―. Solo te necesito a ti.
Ya, lo he dicho. No necesito de nadie más que no sea él. Sé que puede rechazarme por los amargos momentos que le hice pasar desde que lo conocí. Si tan solo supiera que cuando lo conocí me colé en su apartamento para saber de él.
Mis pensamientos e ideas para convencerlo se van al diablo cuando Syaoran asalta mis labios con un tierno beso, acaricia mi labio inferior, luego el superior y un gemido que sale de mis labios le permite profundizar el contacto.
Poco a poco la pasión por ambos despierta y me veo necesitada de más, deseo sentirlo y me aferro a él abrazando con mis piernas su cintura. El monitor que mide y controla los latidos de mi corazón y presión arterial nos interrumpe porque obviamente me estoy alterando, pero de la emoción. Syaoran gruñe, un sexy gruño sale de su garganta. Lleva sus labios a mi frente y los deja ahí por unos segundos.
―Sakura, no. No podemos aquí ―pide soltando un suspiro―. No sabes lo bien que me hace escuchar esas palabras, quiero estar contigo siempre que me lo permitas y no pienso obligarte a hacer nada de lo que no estés de acuerdo. Te apoyaré en todo lo que sea porque tu felicidad es mi felicidad.
Escuchar eso me convence de lo que tengo que hacer, pero por el momento deseo un poco de tranquilidad. No pensar en el futuro, solo vivir este momento
―Acuéstate conmigo, por favor. ―sonríe cómplice de mis peticiones, sale de la cama, pone el seguro a la puerta y regresa a mi lado.
―No quiero que las enfermeras interrumpan tus sueños. ―manteniendo su sonrisa, acomoda mi almohada y se acomoda a mi lado.
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Por fin me dan de alta y estoy que bailo en una uña. Tomoyo me ha visitado ayer por la tarde y su grito de emoción al verme despierta lo escuchó todo el hospital y estuvieron a punto de sacarla. Eriol vino con ella y todos estuvimos conversando muy felices. Ambos ignoran la visita del FBI, agradezco que Syaoran me ayude a guardar ese secreto.
Al terminar la visita, Tomoyo y Syaoran discutieron por ser uno de ellos quién se quedase conmigo a pasar la noche. Fue difícil no herir los sentimientos de mi amiga, pero yo solo quiero estar con él. Lo necesito y ella, con lo buena amiga e intuitiva mujer que es, lo entendió y aceptó regresar con Eriol a su departamento.
Ahora tengo un nuevo propósito y ese es conversar con Syaoran y hacerle saber que ayudaré al FBI a descubrir el misterio de esa pintura. Sé que se pondrá preocupado, pero lo haré, por él y por mí.
Ahora que tengo claro el panorama, no voy a dudar en actuar, de esto depende la vida de muchas personas y no pienso ignorar y dejar pasar esta oportunidad.
―Syaoran, he pensado en la propuesta del FBI. ―desde la barra de la cocina, deja de cortar ingredientes y me observa serio.
―Sabes muy bien que no es una propuesta ―responde―. Te están obligando.
―¿Entonces me das la razón y no te molestaras o preocuparás por mí? ―indago tanteando el terreno.
―Si no te amara no tendrías que pensar en eso, pero todo el tiempo en que me rechazaste no podía dejar de pensar en ti y procurar tu bienestar y seguridad ―en cuestión de segundos deja de cocinar y se arrodilla frente a mí―. ¿Cómo no quieres que me preocupe por ti si eres lo que más amo?
―Estaré bien, no me pondré en riesgo de nuevo. Te lo prometo ―levanto mi dedo meñique esperando entienda mi gesto―. Además, te tengo a ti ¿no es así?
Por un momento nuestros ojos hacen conexión, no dice nada, solo me observa. Luego suspira, cierra sus ojos y con su dedo meñique se aferra al mío que esperaba la unión.
―¿Qué voy a hacer contigo, Sakura? ―se acerca a mí y me abraza―. Pero haremos las cosas a mi modo ¿Entendido?
Asiento con la cabeza, estoy feliz y emocionada por recibir su apoyo. Contaré con él y las cosas las haremos bien.
Acordamos que necesito salir de mi departamento, nadie puede enterarse en donde estaré trabajando, ni en el museo. Por eso, acepto trasladarme por unos días a la casa del padre de Syaoran. Él estará siempre conmigo, el FBI tendrá que aceptar o no haremos nada, me regreso a Japón.
Aceptan, no tienen opción y si quieren descubrir lo que esconde esa pintura deben de darnos todo lo que pedimos. Hasta Tomoyo se incluye en el grupo de investigación. No quiere separarse de mí, la entiendo yo tampoco y obligamos al mismo Eriol a trasladarse con nosotros.
A pesar de estar acompañada por mis amigos y mi ahora novio. Si, hemos decidido retomar lo nuestro y no puedo estar más feliz por miedo y estoy nerviosa, voy a conocer a mi suegro y a trabajar con él. Espero causar una buena impresión y aunque las chicas estén ahí y sé que harán la estadía amena no sé cómo será la situación con ese señor.
―Hemos llegado. ―anuncia Syaoran estacionando la camioneta en una bella casa de campo.
―Es una casa muy hermosa. ―Tomoyo es la primera en bajar y afirmar lo que estoy pensando.
―Bueno, no hagamos esperar más a la familia. ―Eriol repite la acción de mi amiga y la acompaña a tomar aire fresco.
―¿Estás lista, Sakura? ―pregunta tomando mi mano.
―No más mentiras, por favor. ―pido tomando su mano y él la besa.
―Nunca más, Sakura, nunca más. Así estemos por enfrentarnos al peor escenario. ―sonrío y le indico que podemos bajar.
El recibimiento por mucho no es lo que imagino. Las hermanas de Syaoran preparan un banquete de recibimiento. Afortunadamente eso ayuda a bajar la tensión al conocer al señor Li. Este resulta ser un anfitrión muy amable y pone su estudio a total disposición para nuestra investigación. Sabe todo lo acontecido y lamenta que me haya visto envuelta en tan traumante suceso.
Sin perder tiempo Syaoran y yo nos disponemos a investigar, el FBI nos cedió la pintura, así puedo observar más de cerca aquellos detalles que nos pueden dar una pista. Hasta Eriol, con sus conocimientos en Historia se ofrece como voluntario y lo agradezco.
Iván el Terrible es el primer monarca ruso en adoptar el título de (desde 1547). Es considerado como uno de los creadores del . Sus mayores aportes a su país fueron la llevada a cabo por , la creación de un nuevo , el , en la capital, la creación del y la , la conquista de los de y y grandes reformas internas, como la reforma del ejército y la revisión del código legal. Se casó al menos siete veces, pero su matrimonio más importante fue el primero, con en 1547. Su reinado duró casi cuarenta años, el más largo de los zares rusos.
Eso es algo que a ningún mafioso le interesa saber, no es nada que ayude a nuestra investigación. Pero un dato interesante provoca que me enfoque en la obra que tenemos en nuestras manos.
―¿Sabías que Iván fue escritor? ―pregunta Eriol leyendo unos documentos que el FBI ha enviado.
―No, no lo sabía. ―respondo dejando de limpiar con un hisopo los orificios de la puntura.
―Fue un aclamado escritor. Su obra más destacada es Epístolas al príncipe . ―explica mi amigo.
―Eso no lo sabía. ―me acerco a él para ver lo que ha descubierto.
―¿Eso les dice algo? ―indaga Syaoran.
―Tal vez sí ―agrego―. Pero siento que en esa pintura está la respuesta.
―¿Qué esperas? ―en sus manos, Syaoran lleva una diminuta cuchilla. Sabe lo que intuyo y no duda en animarme a hacerlo.
―Lo que no entiendo es el nivel de inteligencia de Ivankov, cualquiera pudo haber roto esta obra para descubrir lo que ella guarda. ―explico en lo que me doy a la tarea de desprender el antiguo óleo del marco.
En silencio, Syaoran y Eriol esperan a que acabe con mi labor y descubro que el marco está reforzado con una base de madera. Con la misma cuchilla separo el borde, los años han hecho más fácil mi labor
Un viejo papel, gastado en los bordes por el paso de los años sale entre los bordes del retrato. Para no violar la evidencia, como Syaoran me ha enseñado busco guantes y una bolsa térmica para no dañar el papel.
―¿Qué dice? ―pregunta Eriol y Syaoran también espera respuesta.
―Aún no lo he abierto ¿no hay que avisar al FBI? ―estoy nerviosa, Syaoran lo nota y me abraza.
―No confío en ellos, Sakura. Lo mejor es que sepamos antes de informarles a ellos. ―en el abrazo, entrego a Eriol la bolsa, no quiero hacerlo sola.
―Hagamos esto juntos, entonces. ―afirmo.
Eriol está emocionado, yo también, pero los nervios pueden más conmigo. Con cuidado, nuestro amigo saca el papel lo desenvuelve y parece que intenta leer lo que hay en el.
―Está en ruso. ―dice después de unos minutos.
―Yo no hablo ruso. ―respondo con una sensación que no sé describir.
―Yo sí ―dice Syaoran después de unos segundos de silencio―.Lo aprendí antes de tomar este caso.
―Léela, es una carta. ―Eriol rápidamente extiende frente a Syaoran el papel. Este obedece y en silencio empieza a pasar sus ojos una y otra vez sobre el papel. Después de esperar por lo que siento son horas, se separa de nosotros y da vueltas en el despacho.
―¿Qué vamos a hacer? ―pregunta y no entendemos―. Esto no indica nada.
La decepción me embarga, pensé que encontraríamos algo vital y poder estar tranquilos, pero parece que no será así. Syaoran toma una libreta y escribe algo. Eriol y yo lo observamos y esperamos a que nos enseñe. Cuando termina, nos extiende la nota traducida al japonés. Eriol que domina mi idioma natal la lee junto a mí y de momento recuperamos el ánimo.
En la nota escribe: Iván el Terrible fue asesinado en un atentado, lo mataron lentamente con dosis de mercurio. En la nota revela el nombre de sus asesinos. Antes de morir escondió la mayoría de sus bienes en un castillo. Estoy seguro que eso es lo que buscan y encontrar a los herederos del legado de esos asesinos.
Emoción eso es lo que me embarga. La emoción de saber que hemos conseguido una importante pista y así acabar con esta zozobra de saber que somos observados por el FBI o por la mafia rusa.
―Tenemos que hacerles llegar esta información. ―digo inmediatamente.
―¿Estás segura? ―pregunta Syaoran.
―Claro, así nos dejarán tranquilos y es lo que más deseo. ―la emoción puede conmigo y tengo que controlarme o me pondré a saltar como niña en dulcería.
―No merecen obtener todo lo que hemos conseguido. ―Syaoran frunce el ceño y se cruza de brazos.
―Es lo mejor Syaoran ―me acerco a él y tomo sus manos―. ¿Eriol, puedes dejarnos solos?
Nuestro amigo, sonriendo con picardía deja los guantes que hace un rato estaba usando y sale de la sala.
―Entiende que estoy furioso con ellos por todo lo que hicieron ―habla cuando Eriol cierra la puerta―. Estos tipos nos tienen vigilados, quiero que aprendan la lección.
―¿Eso te hará sentir mejor? ―pregunto―. Dejar que un tesoro antiguo caiga en manos de criminales. Piensa que una vez que entreguemos lo que sabemos y hemos averiguado podremos vivir una vida tranquila, podrás hacer lo que tanto deseas y yo volveré a mi rutina con normalidad.
―No sé qué haría sin ti, Sakura. ―se acerca a mí y me abraza.
―Yo no sé lo que haría sin ti, Syaoran. Una vez que te encontré mi vida cambió y quiero que así sea ―me apoyo en su pecho y aspiro su aroma―. Quiero que estemos bien, hagamos las cosas bien.
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Una vez listo el informe que el FBI nos solicitó entregamos las pruebas en su totalidad, a pesar de las protestas de Syaoran, quien quería ocultar información. Pero él, sabiendo que para ellos nada queda oculto, a regañadientes nos apoyó en la elaboración del documento.
―¿Qué vas a hacer Sakura? ―pregunta Syaoran, estamos en las oficinas del FBI, bajo un enorme protocolo de seguridad hemos llegado hasta aquí, entregamos las pruebas y ahora necesito hacer algo por mi cuenta.
―Hablar con alguien. ―respondo buscando nuevamente la oficina en que estuvimos.
―Voy contigo. ―me detengo rápidamente y le dirijo una sonrisa.
―No, quédate aquí ―pido―. Solo necesito cerrar esto con esas personas y que de ahora en adelante nos dejen tranquilos.
―Con mayor razón, déjame ir contigo. ―vuelve a pedir.
―¿Syaoran, confías en mí? ―sé que así es, pero tengo que hacerle ver y entender que a pesar de lo que he vivido no puede estar siempre a mi lado―. Te prometo que no demorare.
―Solo te pido que no hagas una locura. ―me pide tratando de sonreír, sé que está preocupado, pero voy a luchar para que las cosas estén bien y salgan bien.
―Solo haré las locuras que a ti tanto te gusten. ―me acerco disimuladamente beso rápidamente sus labios y aprovechando su sonrojo me separo de él para entrar en la oficina del agente Mulder.
―¿Olvidó algo, señorita Kinomoto? ―pregunta el agente cuando me ve entrar a su oficina.
―Sí, ha quedado algo pendiente ―respondo sentándome frente a su escritorio―. Ustedes prometieron otorgar todo aquello que yo solicite después de haber ayudado a esta investigación.
―Así es, todo lo que dijimos está en nuestro contrato de confidencialidad. ―responde sin inmutarse.
―Bueno, quiero que sepa que ya he pensado en lo que quiero a cambio de el trabajo que hemos hecho. ―saco de mi bolso un papel en el que explico muy detalladamente mis exigencias que recibe sin titubear.
Lee, lee y lee. No refleja ninguna emoción. Que estirados son los norteamericanos. Espero una respuesta sintiendo una opresión en mi pecho, solo espero una respuesta positiva y que Syaoran no se presente a buscarme.
―Muy bien, señorita Kinomoto, espere en estos próximos días la llamada de los encargados de estas gestiones, pero gracias a su valioso aporte a esta investigación considere un hecho sus peticiones.
Sonrío victoriosa, era lo menos que esperaba y con la seguridad de que las cosas van tomando un rumbo positivo me despido del agente, para verlo nunca más, eso espero.
―Estabas tardando. ―me sorprendo al escuchar la voz de Syaoran detrás de mí.
―Podemos irnos. ―digo tratando de disimular mi emoción.
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Una de mis solicitudes fue tener noticias de la detención de esos criminales y la ocupación de los bienes de la Corona del Zar Iván. Una semana después de haber entregado nuestro informe y pistas, nos enteramos de la detención y desarticulación del ochenta por ciento de la mafia rusa en Norteamérica. También viajaron a Rusia y localizaron las joyas del Zar, las entregaron a el gobierno ruso y todas las pistas que indican que este emperador fue asesinado bajo premeditación.
Syaoran, Eriol y yo decidimos quedarnos bajo el anonimato. No nos sentimos orgullosos de estar involucrados con personas tan mezquinas como lo es el FBI. Por indicaciones de estas personas, me veo obligada a mudarme de apartamento para evitar algún atentado, no estamos seguros todavía y necesito protección.
Regreso a trabajar, mi ausencia en el trabajo fue justificada con un accidente automovilístico y mi jefe, a pesar de ser testigo de mi secuestro, no pregunta nada. Obviamente, el FBI lo ha puesto bajo advertencia.
Mis días se desarrollan con notable tranquilidad, Syaoran y yo nos dedicamos a recuperar el tiempo perdido y me siento en una nube, a la vez como una torpe por haberme separado de él ese tiempo.
―He recibido una carta. ―Syaoran, por deseo propio, en ocasiones se queda a dormir en mi departamento y yo en el suyo, nos encanta compartir nuestros espacios.
―¿Quién será? ―pregunto.
―Estoy confundido ―dice después de callar por unos segundos―. Es de al universidad de Cornell.
―¿Hiciste solicitud para entrar a esa universidad? ―vuelvo a preguntar, pero esta vez más emocionada porque cumplieron con lo que he pedido.
―No, solicité entrar al College de Brooklyn. Con mi situación de desempleo no puedo darme el lujo de pagar una universidad tan prestigiosa como Cornell. ―explica confundido.
―Bueno, abre el sobre y solo así sabrás que quieren ―sin esperar mayor motivación que la curiosidad, rompe el sobre y lee lo que en la carta―. ¿Bueno, qué dicen?
―Me... Es imposible ―cuando Syaoran está nervioso o bajo tensión tiende a alborotarse el cabello, más de lo normal―. Me invitan a una entrevista para discutir mi beca en su universidad. Una beca completa para estudiar la carrera de Historia.
Con una emoción que no soy capaz de controlar me lanzo a sus brazos para felicitarlo con un cálido abrazo. Me alegra saber que muy pronto, Syaoran podrá empezar a construir un nuevo camino que lo llevaran a realizar lo que más desea.
―Eso es maravilloso. ―digo una vez pongo los pies en el suelo.
―Pero, yo no apliqué en esa universidad, es imposible. ―responde aún nervioso.
―Déjame ver esa cart ―pido y él obedece―. Claramente se ve a quién está dirigida, es a ti. Al señor Li Syaoran ¿Porqué dudas?
―¿Sakura, tienes algo que ver en esto? ―pregunta entrecerrando sus ojos.
―Bueno, yo solo soy culpable de haber pedido una carta de recomendación del decano Fujitaka Kinomoto ―finjo ignorar su reclamo revoloteando mis pestañas―. Probablemente la envió a la universidad que considera apta para ti.
―No me parece correcto, Sakura ―respira un poco más tranquilo―. Quiero hacer esto sacrificando lo poco que tengo, no por medio de influencias de terceros.
―Eso me hace sentir más orgullosa de ti, Syaoran ―recalco―. ¿Pero acaso crees que mi padre va a mantener tu beca? No señor, papá no te va a representar ni hacer tus tareas, él solo te ha recomendado en una de las mejores universidades del país. Te lo mereces, el hombre que ha protegido hasta con su vida a la hija de Fujitaka se merece lo mejor.
Espero que acepte, la verdad es que papá no ha influido en nada. Nadie de mi familia sabe de mi secuestro, porque si llega a suceder lo contrario, correrá sangre de verdad.
―Sakura, no quiero deber nada a nadie, quiero hacer esto con mis propios medios. ―insiste, aisss que es necio mi dios chino.
―Syaoran, entiende que nadie hará valer esa beca si no la usas, es algo que vas a defender con tus conocimientos. Papá no estará ahí para calificarte, es más. Apenas sabe que eres mi novio ―suplico con la mirada, de verdad quiero que cumpla con lo que se propone y así como él sacrificó su vida en dos ocasiones por mí lo mínimo que yo debo de hacer es motivar y aportar a que cumpla sus sueños―. Hazlo por mí, al menos ve a la entrevista. Si no te gusta lo que Cornell te propone puedes siempre insistir en Brooklyn.
No quiero recurrir a nada más, porque si se entera que es obra del FBI se pondrá furioso, lo sé. Así que ejerzo presión en su camisa, me estoy poniendo nerviosa. No tengo ningún plan B para esto.
El enojo se apodera de mí, no dice nada. Solo está frente a mí con sus brazos sujetando mi cintura, el silencio me está matando, pero debo de aceptar y no insistir. Cuando creo que estoy por gritar de la desesperación, Syaoran suspira y sonríe.
―Está bien ―responde―. Veré que tienen para ofrecer. Iremos a esa entrevista.
―¡Que bueno Syaoran! ―salto de la emoción entre sus brazos, pero mi cerebro hace clic con lo último que ha dicho―. ¿Qué?
―Así es pequeña, iremos. ―responde guason.
―No importa, iré contigo hasta el fin del mundo. ―me acerco más a él y lo beso. Acaricio su labio inferior, después el superior y para finalizar muerdo el inferior. Me encanta hacer eso.
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La entrevista en la universidad de Cornell fue un éxito. Con solo entrar al recinto, Syaoran se enamoró del lugar y aunque quiso ocultarlo yo sabía que al final, caería rendido. Ahora solo está llenando la solicitud de admisión y será un hecho, mi dios chino será estudiante de la facultad de Historia en tan magistral institución.
Estamos llevando una vida tranquila. Syaoran y yo estamos más enamorados que antes, en ocasiones discutimos por que es sobre protector, no entiende que ya no hay peligro a nuestro alrededor, somos personas normales ahora.
Tomoyo y Eriol destilan amor en cualquier lugar y como no soportan estar separados han decidido mudarse juntos el tiempo que mi amigo continúe en Nueva York. Las hermanas de Syaoran han retomado su carrera en las pasarelas y sus citas peculiares. Son felices y no hay quién les diga que hagan lo contrario.
En mi trabajo, todo va sobre ruedas. Todo es como si nada hubiera pasado en ese lugar. Como si nunca me hubiera topado con un grupo de mafiosos que intentaron asesinarme y con esa convicción rehago mi vida. Vivo el día a día.
―Hola pequeña. ―Syaoran entra a mi despacho y besa mis labios―. ¿Te has dado cuenta que tienes pintura en los labios? Y no hablo de labial.
―Oh, no me percaté de ello ―respondo tomando una toalla de papel para limpiar la zona―. ¿Qué tal tu día?
―Maravilloso, la exposición fue interesante de principio a fin. ―expresa con emoción―. Tengo que realizar un ensayo, pero que aprovechando un par de horas libres he avanzado bastante.
―Me siento cada día más orgullosa de ti. ―me acerco a él, dispuesta a besarlo, pero un toque en la puerta nos interrumpe.
―Señorita Kinomoto, ha llegado un paquete para usted. ―uno de los empleados de intendencia entra y entrega en mis manos una caja forrada con papel color café.
―Muchas gracias. ―respondo tomando la caja, curiosa por saber quién lo ha enviado sin fijarme en el remitente, rompo el forro por un lado, saco la caja y al abrirla solo puedo gritar y aventar el objeto fuera de mi alcance. Syaoran, preocupado se acerca para revisar que no me haya pasado nada.
―¿Te encuentras bien? ―pregunta revisando mi cuerpo en busca de alguna lesión. Sin decir palabra alguna, señalo la caja que he lanzado hace unos segundos. Este, con duda me suelta y buscando un objeto que no le permita contaminarse con el paquete, abre de nuevo la caja y gruñe fuertemente.
―¡Lo sabía! ―grita tomándose el cabello―. Sabía que esto pasaría si trabajabas para ellos.
Sintiéndose enjaulado da vueltas en mi oficina, tengo miedo. Lo que he recibido es una clara señal de que están buscándome y están muy cerca. Syaoran al percatarse de mi presencia se acerca y me protege en sus brazos a la vez que murmura palabras de ánimo.
―Haré unas llamadas, pero no pienso dejarte sola a partir de hoy ―me aferro a él, no pienso refutar eso―. ¿Lo entiendes? Esos malditos van a tener que limpiar este desastre.
En cuestión de minutos, una cuadrilla de quince hombres aproximadamente invaden mi oficina y el museo entero buscando a la persona que se atrevió a dejar esa clara amenaza. Vienen por mí, quieren mi cabeza.
―¿Identificaron de quién es la cabeza? ―pregunta Syaoran al líder de la investigación, me siento incapaz de hablar, me he sentado para recuperar el aire y la tranquilidad que he perdido hace unos minutos―. El asesinato tuvo que haber ocurrido hace poco, está claro que la cabeza ha sido recién decapitada.
―Estamos investigando recientes desapariciones de extranjeros en un radio de cincuenta kilómetros, algo vamos a encontrar. Lo importante es que ambos estén bajo custodia. ―indica el agente.
―Ni de broma, no iremos a pasar nuestros días en una oficina del FBI. ―discute Syaoran.
―Es lo mejor. ―insiste el otro.
―No. Cuando Sakura aceptó esta estúpida idea de ayudarles dejó en claro que no quería volver a entrar en una de esas oficinas. Ustedes tienen los medios, no me vengan con la excusa de que no es así. ―Syaoran insiste y yo no tengo idea de que aportar a esto.
―¿Pueden asignar un par de agentes? ―pregunto de repente, ambos me observan y lo meditan en silencio.
―Puede ser, pero tienen que ser agentes infiltrados, si ven un par de hombres de saco y corbata a las afueras del museo o de su departamento no dudaran en atacar. ―explica sin dirigirse a mí, es a Syaoran quien con el ceño fruncido acepta esa orden.
―Se quedará en mi departamento a partir de ahora. También necesito ser autorizado para usar mi arma y ejercer como agente mientras atrapamos a quién esté detrás de todo esto. ―solicita sin inmutarse.
―Solo hago unas llamadas y tendrás el permiso de actuar con total libertad. ―el agente se retira y detrás de él, el resto de agentes. En cuestión de minutos todo queda tal y como estaba el silencio nos abraza, al instante los brazos de Syaoran me hacen sentir protegida, nada me va a pasar y como si leyera mis pensamientos, susurra:
―Nunca más Sakura, no caerás de nuevo en sus garras. ―ejerce más presión en su abrazo, pero no duele. Me protege y así quiero estar siempre.
Las siguientes dos semanas a ese suceso fueron una pesadilla, en seis ocasiones recibí en diferentes paquetes partes decapitadas del cuerpo de la misma persona, una mujer de la misma nacionalidad que la mía. No tenemos idea de cómo logran burlar la seguridad de los agentes, pero lo hacen, ahora cobra más sentido la teoría del intruso dentro de la fuerza gubernamental.
Me veo obligada a abandonar el trabajo y estar confinada en el apartamento de Syaoran. Él no lo quiere aceptar, pero en su rostro se nota la culpabilidad y no quiero que sufra por eso. Quiero que sea un hombre normal, que viva con normalidad.
Una tarde conversando con papá, recibo una oferta que podría poner fin a esta batalla. Me ofrecen un puesto en el museo de Tokio, como directora administrativa del lugar. Me emociona saber que puedo regresar a mi lugar de origen, puedo hacer una vida normal lejos de tanta maldad, pero me aterra saber que tengo que separarme de Syaoran, el hombre que para mí significa tanto.
Una vez que él sepa de esta oferta, me motivará a no rechazarla. Pero no quiero dejarlo, su vida seguirá en peligro y me muero de la angustia sabiendo que puede terminar como esa mujer que ha sido decapitada.
―¿Todo bien con tu familia? ―pregunta entrando a su estudio―. ¿Sospechan algo?
―No, todo en orden ―respondo cerrando la portátil―. Me ha dado una buena noticia.
―¿En serio? ―indaga sentándose a mi lado y ofreciendo una soda.
―Sí, es sobre mi trabajo. ―no quiero mentirle. No quiero agobiarlo con los problemas del FBI.
―¿Vas a contarme? ―insiste con una sonrisa.
―Se trata de una nueva oferta laboral ―tomo aire y cerrando los ojos expreso―. Quieren que sea la directora administrativa del museo de Tokio.
―Eso es genial, Sakura ―toma mis manos emocionado―. ¿Sabes lo que eso significa?
Sin responder me abrazo a él. No quiero, no quiero separarme de él. No sé qué será de él una vez que yo esté a kilómetros de distancia. Lloro, lloro porque sé que va a exponerse por cobrar el daño que nos han hecho, lloro porque sé que puede resultar gravemente herido y lloro porque no volveré a verlo.
―Perdona Syaoran, no sé qué me pasa. ―respondo cuando dejo de llorar.
―Claro que lo sabes y vas a decirme que es. ―exige sin dejar de abrazarme.
―Es que, yo... No quiero dejarte, tengo miedo de que algo te pase ―respondo sintiendo nuevamente las lágrimas en mis ojos―. No sabes cuanto me arrepiento de haberte dejado y ahora, sí acepto haré lo mismo.
―Un momento, Sakura ―dejo de hablar, no puedo controlar mi llanto―. ¿Quién ha dicho que todo eso va a suceder?
―Es lo más obvio, Syaoran. ―respondo rápidamente. Estoy segura que una vez yo esté lejos regresará a trabajar con el FBI porque desea terminar con la mafia rusa y eso es algo imposible. Tengo miedo que le pase algo.
―¿Quieres seguir sufriendo amenazas de muerte? ―pregunta serio y yo respondo negando débilmente―. No tienes idea de lo que sufrí al verte en manos de esos dos idiotas, creí morir cuando caíste inconsciente sobre mis pies y peor aún cuando no habían señales de tu despertar. No le deseo a nadie vivir eso, ver al amor de tu vida en riesgo de muerte y no poder hacer nada. Yo tampoco quiero verte así, Sakura. Es por eso, que pedí autorización, únicamente mientras desarticulamos a estos criminales.
―Eso nunca va a pasar, Syaoran. ―está bien, estoy llevando esto al límite, pero tengo miedo de perderlo para siempre.
―¿No confías en mí, Sakura? ―pregunta con congoja.
―Claro que sí. ―contesto rápidamente.
―Entonces, entiende por favor. La mejor manera de garantizar tu seguridad es estando lejos de todo esto ―explica, algo que yo ya sé―. No pienso involucrarme en nada más que no sea la captura de los pocos que han quedado, están acorralados. Después, iré por ti. No estarás sola, pienso asegurar un equipo que se encargue de tu vigilancia. Entiende, voy a regresar por ti, no pienso dejarte ir por ningún motivo. Tú y yo, siempre. Además, tengo a Kero, que muere por ti ¿Serás capaz de dejarlo abandonado?
―Claro que no ―sonrío limpiando mis lágrimas, he de ser un desastre―.¿Prometes ir por mí?
―¿Tienes mi amuleto? ―indaga sonriente―. Regresaré por el.
Me duele separarme de él, no quiero dejarlo. Pero no tengo opción, nuestras vidas están en riesgo y si estoy cerca, Syaoran no podrá concentrarse y actuar debidamente. Por eso, con todo el dolor de mi alma, renuncio a mi trabajo y acepto regresar a Japón.
Papá y mi hermano se alegran y yo también soy feliz, solo que, en la soledad de la noche y cuando él está dormido, me permito llorar, llorar y llorar en silencio para no provocar su preocupación.
Es la única opción, porque las amenazas siguen llegando, aparecen en el buzón y llegan a los apartamentos de los vecinos con mi nombre escrito en las cajas. Una semana, me queda nada más una semana en Norteamérica y decido quedarme encerrada. Tomoyo me sirve de compañía y de consuelo. Ella y Eriol viajarán conmigo y con un equipo de agentes encubiertos.
Mi amiga prometió que iría conmigo al fin del mundo y Eriol que no puede negarle nada a su amada, se auto invitó. Aunque estoy segura que es orden directa de Syaoran. Todos hacen su mejor esfuerzo porque estos días sean agradables. Sonríen y compartimos todo, desde el desayuno hasta la cena.
Syaoran hace de mis últimos días en este país más llevaderos. Me mima, me atiende, me da todo su cariño y yo, me doy cuenta que no puedo ser egoísta y pedirle más de lo que no me puede dar.
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Se cumple la semana, todo está listo, mis maletas han pasado por el control reglamentario y por permiso especial al FBI, Syaoran y un equipo de tres hombres pueden pasar hasta el área de abordaje, no me suelta. Su mano sujeta la mía posesivamente. El resto de hombres entran al avión para revisar que todo esté en orden, revisan en itinerario de vuelo y la lista de pasajeros. Esto me tiene enferma.
―Llámame una vez hagan conexión y cuando estés en Japón, por favor Sakura. ―pide abrazándome.
―Lo haré, lo prometo ―pienso, pienso en lo que diré, necesito valor. ―¿Puedes besarme?
Aprovechando que Eriol y Tomoyo han entrado con los agentes, Syaoran y yo estamos en un área privada, por eso le he pedido el beso. Sin negar nada, como lo viene haciendo desde las últimas semanas, me besa. Le gusta la manera en que lo hago y me imita. Acaricia el labio superior, luego el inferior y por último termina con un ligero mordisco. Me aferro a él en un vano intento por grabar en mi ser, para siempre esa maravillosa sensación, ese hormigueo que me recorre todo el cuerpo y se queda en mi garganta y mi pecho.
Mis manos van a parar a su cabello y lo desordeno más de lo que ya es. Suspira, nos gusta la sensación, pero las voces en los altoparlantes nos cortan, es el momento. Es hora de decir adiós.
―Hay algo más que quiero pedirte. ―pido aguantando la sensación de abandono. Mi garganta quema.
―Lo que quieras, Sakura. ―está sonrojado, apenas se repone del beso.
―Esto días contigo han sido un sueño, pero no es justo para ti que hagas todo esto por mi seguridad ―la expresión de felicidad cambia a una de confusión en su rostro―. Has sacrificado tanto por mí, es mi culpa toda esta situación. Por eso, no te molestes en buscarme, te quito esa promesa.
―¿Me estás pidiendo que haga qué? ―pregunta descolocado.
―Estamos por empezar a abordar, señorita. ―nos interrumpe una de las azafatas.
―Cinco minutos más, por favor. Los agentes aún no autorizan el abordaje. ―responde mostrando su placa.
―No lo hagas más difícil, Syaoran. ―pido, suplico.
―No, no lo hagas más difícil tú. Eres egoísta ―dice y me sorprende―. ¿Acaso sabes lo que es bueno para mí? No, no lo sabes. Así que escucha bien Sakura Kinomoto, irás a Japón, empezaras una nueva vida, un nuevo trabajo con tu familia. En tu corazón siempre hay un espacio para mí. A menos que no me quieras en tu vida.
―Te amo con todo mi ser Syaoran. ―interrumpo.
―Entonces, con esa convicción subirás a ese maldito avión con la seguridad de que llegaré por ti ―sentencia―. De lo contrario espera un nuevo ataque de Kero. Ahora...
No termina de hablar porque me ataca en un nuevo y demandante beso que me roba todas las ideas. Sus manos se aferran fuertemente a mi cintura, obligándome a sujetarme en sus hombros. Sí, estamos montando una escena, pero la sensación me sabe a gloria. Cuando por tercera vez escuchamos el llamado para abordar, deja un pequeño beso en mi frente y nariz.
―Te amo Sakura, pero tampoco pienso caer en tu chantaje. Iré por ti te guste o no ¿entiendes? ―sonrío como boba, no me queda opción―. Ahora vete antes de que te secuestre.
Vuelvo a abrazarlo. Al separarme de él me toma de la mano y me lleva a la puerta de abordaje. Evito las lágrimas, no quiero que me vea sufrir y de verdad espero que esa promesa se cumpla. El avión despega, adiós Nueva York y con eso, adiós Syaoran Li.
¿FIN?
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N/A: Bien, probando sonido, 1,2,3 hay alguien ahí? Heme aquí con el final. Pasé cuatro días seguidos con esto. Pero hay tantas cosas que tengo que hacer, en mi país no estamos en cuarentena. Pero eso sí, nos obligan a trabajar el cuádruple porque la vaina se está poniendo fea en aspectos económicos. No tienen idea de lo mal que se pasa aquí, peeeero esto es liberador.
Escribir para ustedes y para mí es una perfecta terapia. Además está el proyecto del cumpleaños de Sakura ¿Qué les parece, les ha gustado? Así que con mucho cariño para Sakura, va este capítulo también.
Espero les guste este capítulo. Aún nos falta el epílogo, todavía no se cierra el telón. No señores. Qué dramón me volé. Gracias a todos ustedes por saber esperar. Así que espero de verdad hayan disfrutado el capítulo.
Recuerden cumplir con las medidas preventivas, esto no está dando tregua así que a proteger a los suyos y a ustedes mismos, no se crean inmortales como muchos necios que andan desafiando a la muerte.
Me despido hasta el epílogo. Un fuerte abrazo.
