Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 20

La cocina no siempre fue lo suyo, pero estaba empeñada en aprender a elaborar papillas para cuando su hambriento bebé, comenzara a pedirle más nutrientes. Lo cual era probable que sucediera pronto, debido a sus genes saiyajines.

El hervor de la mezcla de verduras machacadas, rompió el silencio que reinaba en la cocina. Bulma se apresuró en agitar la mezcla, en silencio, totalmente concentrada como lo había estado mientras preparaba la receta dictada por su madre.

Estaba decidida a ser ella misma, la que le prepararía las papillas a su hijo, era parte de ser madre y no quería relegar a otro su responsabilidad. No quería que al pasar los años, fueran otros los que criaran y alimentaran a su hijo, como sucedía en la mayoría de familias adineradas, en donde los padres pasaban a ser personas ajenas en la vida de sus hijos.

Con melancolía en su mirada, observó las burbujas brotar del guisado, que ya comenzaba a tornarse grumoso, pero no lo advirtió, debido a que su mente vagaba.

"No era lo que esperaba"

Esas palabras le seguían doliendo, era el precio por tener altas expectativas en el orgulloso príncipe, él tampoco fue lo que ella esperaba. Desafortunadamente, lo descubrió después de haberse enamorado.

"¿Y si no es amor lo que siento?"

Se cuestionó, tal vez se encontraba deslumbrada con la fuerte personalidad del guerrero, con la atracción hacia su bien formado cuerpo, hacia su misterioso pasado, del que conocía apenas algunas sombras. Era como un personaje salido de un libro de fantasía, además de tener sangre real, era un imán para cualquier creatura aventurera, como lo era Bulma Briefs.

Pero, a diferencia de los personajes fantásticos, el saiyajin era mucho más complicado, indomable y terco. No era blanco o negro, era gris, con varios tonos; al igual que ella. Por eso entendía la atracción física hacia él, y la razón por la que fue elegida para darle un hijo, pero a diferencia de su experiencia, el guerrero no había creado ningún sentimiento romántico.

La gran Bulma Briefs se ilusionó como una niña, de la noche a la mañana, algo parecido a lo que le sucedió con Yamcha, pero en ese entonces, ella sí era una jovencita inexperta, y el lobo del desierto, sí correspondió a sus nobles sentimientos.

Sin embargo ahora, la situación era muy distinta, abismal. Por lo que pensar en el egocéntrico guerrero como un capricho de temporada, no le incomodaba, era mucho mejor que un corazón roto y el orgullo magullado.

-Tal vez confundí capricho con amor- musitó en un leve suspiro, con la esperanza de recobrar su coraje y hacerle frente al saiyajin, con la misma actitud fría y prepotente.

No quería aceptar que le calaba hondo, no solo por su hijo, también por ella.

"Ojalá me sirva de escarmiento por dejarme llevar por un cuerpo bien formado, labios seductores y…"

-¡AHHH!

Gritó mientras apagaba el fuego de la estufa, en un inútil esfuerzo por evitar lo inminente, quemar la papilla.

Suspiró molesta. -Ahora tendré que volver a comenzar- dijo al percibir el olor a quemado. -Y todo por culpa de ese idiota cretino, altanero…

-Veo que andas muy animada el día de hoy- dijo Panchy al entrar a la cocina, -y como no, con el apuesto joven Vegeta de regreso.

Bulma rodó los ojos, no sabía si su madre era despistada, o si lo decía por sarcasmo, probablemente sería lo primero.

-Ni me hables de ese… principito.

-¿Ya se enojaron? Pero si acaba de llegar- se acercó a su hija para agregar con picardía. -Ahorita mismo deberían estar como pajaritos en su nido.

Con una cuchara, Bulma talló enérgicamente la olla, despegando con dificultad los restos pegados en el fondo. -Ya te había dicho que no somos nada, el que tú te hicieras ilusiones…

-Pero si eras tú la que se ponía alegre después de platicar por la pantalla con el joven Vegeta, hasta ponías ojos soñadores- opinó con el mismo tono inocente de siempre.

Bulma cerró los ojos buscando paciencia, era imposible hacerle saber a la mujer mayor, que su príncipe distaba mucho del caballero que ella veía.

En vista de que no se despegaba la mezcla quemada, simplemente lo hizo a un lado.

-¿Quieres que te ayude?- preguntó Panchy, al ver a su hija soltar un bufido.

-Gracias mamá, pero quiero aprender a hacerlo yo misma. Lo que pasa es que me distraje- respondió sacando otras calabazas y zanahorias de la nevera.

-¿Pensabas en el joven Vegeta?

La espalda de la científica se tensó. Permanecer ahí, significaba hablar de Vegeta, y realmente no deseaba comunicarle a sus padres la reacción del príncipe al conocer a su hijo. Solo le quedaba una cosa, huir.

-Ahh…- fingió sorpresa. -Creo que se me hizo tarde- con prisa regresó las verduras a la nevera, -Trunks no tarda en despertar- se alejó corriendo de la cocina meneando la mano, fingiendo alegría. No quería que sus padres se enteraran de sus problemas sentimentales, no lo hizo cuando terminó su relación de años con el beisbolista, no lo iba a hacer ahora, con una simple aventura.

"Solo eso significó para mí, una aventura" Se repitió, más que nada para convencerse de ello. Pero era demasiado tarde, el príncipe ya ocupaba un lugar en su corazón.

Maltratar a su cuerpo en batallas o entrenamiento, siempre fue la mejor terapia para curar su mal humor.

-¡Rayos!- Apenas alcanzó a esquivar un peligroso rayo, giró y lanzó un ataque de ki al molesto robot que estuvo a punto de rebanarle una oreja.

"Esa mujer hablaba en serio, cuando dijo que había mejorado los robots de entrenamiento"

Le vino a la memoria la imagen de aquella conversación que tuvieron cuando él se encontraba en el espacio, uno de los últimos contactos, antes de partir de regreso a la tierra. En ese momento pensó que la mujer alardeaba demasiado, no dudaba de sus habilidades, pero ya la conocía lo suficiente, como para asegurar que tenía la costumbre de sobrevalorarse.

Una escueta sonrisa adornó sus duras facciones; eran tan conocidos. Pero luego recordó al pequeño híbrido que había engendrado, y la sonrisa se le borró.

"No. No somos tan parecidos… yo soy muy superior, soy el pri…"

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ataque de otro robot, el cual sí logró acertar al cuerpo de guerrero, dejando una herida abierta de seis centímetros entre el cuello su hombro derecho.

Con rabia se lanzó contra la desafortunada máquina, partiéndola en dos de un solo golpe. Instintivamente se llevó una mano a la herida, descubriendo que era más que un simple rasguño.

-Tsk-a pesar de ser una herida pequeña, dolía y sangraba. -Debo cerrarla, o será una verdadera molestia- refunfuñó.

Silenciosamente, un par de robots salían de sus escondites, dispuestos a atacarlo en el momento apropiado, pero eso no sucedió, debido a que el príncipe dio la orden para que se detuviera el modo de entrenamiento en la cámara de gravedad, para luego salir gruñendo hacia su habitación.

"Soy un reverendo estúpido"

Se encontraba molesto consigo mismo por su descuido, por pensar en ella. Esa mujer vulgar, siempre encontraba el momento para colarse en su mente, cada maldito día desde que emprendió su viaje hacia espacio exterior, hubo un momento, o más, muy a su pesar, que de alguna manera u otra se encontraba pensando en ella y peor aún, deseando tenerla enredada a su cuerpo, despidiendo ese jodido olor que le provocaba.

"Solo fueron unos revoltones, nada más, ella nunca significó nada"

Tuvo que detener su marcha, debido a que la hembra en sus pensamientos apareció frente a él, al parecer, igualmente pensativa.

Gruñó al verla e intentó continuar en lo que estaba, ignorándola con desdén.

-¡¿Pero qué te pasó?!- Chilló a pesar de que pretendía ignorarlo, pero el hombro y brazo del príncipe estaban cubiertos de sangre. Definitivamente, eso no se podía ignorar.

-No seas escandalosa mujer- se encogió de hombros, -fue uno de tus dichosos robots mejorados.

Se acercó al guerrero, olvidando momentáneamente su enojo. Revisó el hombro que había dejado de sangrar, mientras era observada en silencio por el príncipe.

-Necesitarás unos puntos, se ve horrible- opinó presionando los bordes de la herida, verificando la profundidad de la misma.

-Bah… no es nada para un guerrero como yo, esos son simples rasguños- alardeó restándole importancia.

-Bien señor guerrero, no entiendo cómo es que un simple robot fue cap…

Una mano áspera retiró sus dedos de la piel bronceada del saiyajin, interrumpiéndola.

-No sabía que esas chatarras podían atacar sin emitir sonido, como los modelos anteriores- espetó intentando cortar la charla, inclusive intentó reanudar su caminar, pero las suaves manos de la mujer lo detuvieron por el brazo manchado de sangre.

-Espera Vegeta- dijo decidida, -vas a necesitar ayuda con eso- señalo a su hombro.

El príncipe analizó las palabras de la mujer sin responder. Podría serle útil entablar comunicación con ella, saber qué pretendía y tantear la situación para poder llevar su plan a cabo.

Mientras el príncipe se debatía entre aceptar la ayuda de la mujer o despreciarla, Bulma tenía pensado aprovechar la oportunidad, igualmente, para sacarle información al padre de su hijo.

-¿Piensas quedarte ahí parada o me sigues?- preguntó con el ceño arrugado, disimulando sus intenciones.

-No seas grosero- le dio una palmadita en el brazo. -Te ayudaré con eso- entrecerró la mirada mientras comenzaban a caminar hacia la habitación del guerrero, -quiero saber tu opinión sobre el rendimiento de mis robots y las mejoras que le hice a la cámara- dijo para hacerle creer, que esas eran sus verdaderas intenciones.

-Era de esperarse- Vegeta apuró su paso, -nunca dejas de presumir.

Llegaron a la habitación, a la que el príncipe entró sin darle el paso, solo se limitó a dejar la puerta abierta para ella.

-Para ser un príncipe, no tienes nada de modales- cerró la puerta después de entrar, -un caballero siempre le da el paso a una dama.

El sayajin le dedicó una mirada estoica mientras se sentaba en una silla, frente a la ventana, de donde se colaba luz solar, luego le sonrió de lado, con cinismo. -Y bien, ¿dónde está la dama esa que dices? Yo solo veo a una loca escandalosa- tomó el botiquín que siempre estaba a la mano, sobre la mesita, se disponía a abrirlo, pero Bulma se acercó y prácticamente se lo arrebató.

-Si no estuvieras herido, ya no tendrías dientes… eso me pasa por creer que eres un caballero- refunfuñó mientras sacaba gasas y los implementos de limpieza. -No debería de hacer esto, pero necesito saber unas cosas- finalizó vertiendo un líquido sobre una gasa.

-Habla- respondió fingiendo desinterés, dejando a la terrícola limpiar la mancha de sangre que ya comenzaba a tornarse marrón.

Bulma tragó saliva, tenerlo tan cerca, tocarlo y sentir el calor de su piel después de meses, hacía estragos en su cordura. Pero las cosas ya no eran las mismas, ahora estaba Trunks de por medio, ya no podía lanzarse al abismo del placer solo por gusto, había madurado y él fue el motivo.

Carraspeó con nerviosismo antes de comenzar a hablar. -Veo que te dieron dificultades mis nuevos robots, eso significa que te serán de más utilidad.

-No se comparan con las habilidades de un oponente de clase alta- se encogió de hombros, -pero es mejor que nada-. No quiso admitir que las máquinas superaban las expectativas que tenía respecto a las mejoras. La observó limpiar con cuidado alrededor de la herida, se notaba que evitaba lastimarlo, presionando con delicadeza, concentrada en su trabajo, a unos centímetros de su rostro, con los rosáceos labios entreabiertos, casi invitándolo a probarlos.

El aliento femenino sobre su piel, le hizo recordar las veces que suspiró contra su cuello, mientras la poseía. Aspiró profundo, verificando que conservaba ese olor tan agradable, que se impregnaba en su piel después de cada encuentro, olor que le ayudaba a conciliar el sueño, a no tener pesadillas sobre su pasado, sobre las escenas retorcidas que tuvo que presenciar desde muy temprana edad.

-Bien Vegeta, ahora comenzaré a suturar- le advirtió tomando el hilo para dicho fin, se veía que le incomodaba el hecho de hacer algo doloroso para otra persona, muy contrario a él.

-Hazlo sin miedo, necesito continuar con mi entrenamiento.

Bulma se mordió los labios, a pesar de ser una labor sencilla, no dejaba de sentir una desagradable sensación, y miedo que causarle dolor.

"No debería importarme, el cretino no merece mis consideraciones"

Respiró hondo y comenzó a coser la abertura, pasando con cuidado el hilo con su mano derecha, mientras que le sostenía el hombro con la otra mano, apretando la bronceada piel, sintiendo su calor, escuchándolo respirar.

Lo miró de soslayo y se encontró con un par de ojos negros clavados en ella, quiso desviar la vista, pero eso significaba demostrar debilidad, así que le sostuvo la mirada, desafiante.

-Dime Vegeta, ya tienes la fuerza que querías- preguntó sin dejar de mirarlo. Le preocupaba su desempeño durante la batalla, a pesar de su patético comportamiento como padre, no se podía dar el lujo de prescindir de su ayuda contra los androides

-¿Te pongo nerviosa?- inquirió con tono seductor.

-¿Qué?

Apuntó con su vista a su herida a medio coser. -No has terminado.

-Ahh…- parpadeó maldiciéndose. -No seas vanidoso. Solo estaba tratando de averiguar algún atisbo de inseguridad en tus ojos- mintió reanudando su trabajo de enfermera. Tres puntadas más y la abertura en la carne del guerrero se encontraba cerrada. -Me refiero a tu seguridad como guerrero- recogió el material y lo tiró a la basura, mientras el saiyajin la observaba con el ceño arrugado.

-¿Seguridad como guerrero?

-Sabes bien, que la razón por la que te ayudado con tu entrenamiento, es porque cuento con tus habilidades para derrotar a los androides- posó sus manos en las caderas, levantando el pecho. Vegeta no pudo evitar perder su vista unos segundos de más, en los pechos hinchados por la lactancia.

-¿Eso que tiene que ver con mi seguridad como guerrero?- Preguntó irritado mientras se colocaba un parche sobre las puntadas.

-Simplemente temía que no lograras incrementar tus poderes y que solo llegaras a fanfarronear- se encogió de hombros, levantando una ceja.

-No tengo por qué rendirte cuentas de mi entrenamiento, tu opinión es la última en mi lista de prioridades- dijo despectivo.

-Vaya… estoy en tu lista de prioridades.

El príncipe apretó los labios. -Me voy a entrenar- decidió no continuar con la charla. Verla haciéndole frente, sin ningún temor ni respeto, como las hembras que llegó a tocar en el pasado. Simplemente lo descompensó, podía apostar a que las hembras de su especie poseyeron la misma pasión.

Pero ella no era saiyajin, por lo tanto, no merecía perder el tiempo recordando lo que vivieron en la intimidad. Después de todo, fue parte de un experimento que resultó un fracaso.

Se levantó con intenciones de retirarse, pero Bulma le habló.

-Espera Vegeta. Aún no termino- se animó a decir, -tengo más dudas.

-No te permitiré que dudes de mis habilidades, y tampoco pienso darte un reporte de mis avances en el entrenamiento- dijo cortante.

-Me queda claro que tu confianza está bastante alta, lo que comprueba que has adquirido más poder- lo vio sonreír altivo. Se relamió los labios antes de continuar. -Es sobre Trunks que quiero hablar contigo- se acercó a un par de pasos frente a él.

Vegeta levantó una ceja. -¿Trunks? ¿Qué rayos es eso?

-Es el nombre de tu hijo- respondió con los puños cerrados a sus costados.

-¿Esa cosa tiene nombre?- Se alejó hacia atrás, hasta que la mesita donde reposaba el botiquín detuvo su paso.

"¿Esa cosa?"

Una estruendosa bofetada se escuchó, posiblemente hasta el pasillo.

A pesar de que el príncipe no mostró emoción alguna, sí sintió dolor, debido a que lo tomó por sorpresa. Y aunque vio la mano femenina dirigirse hacia él, no le fue posible reaccionar, debido a que su mente se encontraba confundida.

-¡Vuelves a decirle cosa y te parto los dientes!- Le amenazó con el puño levantado, mostrando la misma fiereza que mostraría un adversario de clase alta.

Mudo, la observó. Pero no por miedo, más bien por curiosidad.

Podría jurar que la mujer daría la vida por su cría, algo que él jamás se rebajaría a hacer, ni por toda la galaxia entera.

No pudo evitar experimentar una especie de orgullo por haberla escogido, aunque fuera solo para experimentar.

"Podría ser posible que…" La idea de intentarlo de nuevo cruzó por su mente, si no fuera por sus genes inferiores, el resultado hubiese sido muy superior. Tal vez valdría la pena intentarlo de nuevo.

-Dime- cruzó los brazos, intrigado por lo que la científica tramaba.

-Supongo que esperabas algo parecido a ti- Bulma comenzó su discurso, cruzando los brazos en el pecho, al igual que el guerrero. -Pero fuiste muy ingenuo al no tomar en cuenta que yo poseo otro color de ojos y cabello.

Vegeta torció los labios, realmente había sido ingenuo al creer que sus genes serían los dominantes.

-La cuestión es que Trunks ya está aquí- los músculos de la espalda se le tensaron al príncipe, al escuchar de nuevo, el nombre del crío, -y aunque lo niegues, es perfecto.

-Te conformas con muy poco- escupió con sorna.

-En eso no te equivocas- le respondió con una sonrisa que no supo cómo interpretar.

Vegeta sonrió de lado.

-La prueba está en que me revolqué contigo, teniendo a decenas de hombres locos por mí- se felicitó mentalmente, al verlo cambiar su mueca de cinismo a una de molestia.

-No le veo el caso a esta ridiculez, no hay nada que podamos hablar de esa…- iba a decir cosa, pero al notar el semblante a la defensiva de la terrícola, optó por evitar sus gritos, - ese mocoso débil.

-¿Cómo no va a ser débil? Es un bebé, dudo mucho que tú nacieras caminando. Por eso quiero hablar contigo, Trunks necesitará entrenamiento, en algún momento comenzará a necesitar…

-No te preocupes por eso mujer- la interrumpió, -te puedo asegurar que no necesitará nada, no posee poder, y eso se sabe desde que nacen. Tú no lo entiendes porque no puedes percibirlo.

-¿Cómo puedes asegurarlo? Lo has visto en una sola ocasión.

Vegeta aspiró profundo, era evidente que Bulma jamás se prestaría para permitirle eliminar al mocoso, tendría que buscar el momento preciso y antes de que Kakaroto o cualquiera de los demás insectos descubran su existencia, de lo contrario sería la burla de todos.

-No quiero saber nada de eso. No quiero volver a verlo, mi único propósito aquí es otro.

-¿Derrotar a los androides y a Goku?- dijo casi en un susurro. La mirada arrogante del saiyajin le confirmó lo que ya sabía, ella nunca le importó, mucho menos su hijo. Solo jugó un poco con la genética y se aburrió al no resultar lo que esperaba. Ella lo sabía, pero aun así, albergó esperanzas de llegar a un acuerdo satisfactorio para los dos.

Si fueran otras circunstancias, lo echaría en ese mismo momento de su casa, de su planeta. Pero el futuro que se avecinaba no pintaba nada bien, no le convenía prescindir de su ayuda, aunque él solo peleara por vanidad, al menos haría hasta lo posible por resultar vencedor. En cuanto a la lucha contra Goku, eso era problema de ellos, y al menos no corría peligro la tierra, o eso era lo que quería creer.

Lo necesitaba cerca para ayudarlo a fortalecerse, nada más. Esperaba que una vez que ya no existiera la amenaza de los androides, pudieran hablar sobre el futuro de Trunks, porque le quedaba claro que entre ellos ya no quedaba nada.

-Creo que ya todo está dicho, no puedo seguir perdiendo mi tiempo- caminó hacia la puerta, con un sentimiento amargo dentro de él, no quería admitir que le afectaba ver la decepción en los ojos azules que tanto le gustaba observar.

-No me sorprende que ni siquiera me des las gracias por ayudarte con tu herida- Le reclamó antes de que el príncipe saliera de la habitación.

-Yo no te lo pedí… entrometida- le sonrió de lado antes de salir. Pero no con una sonrisa cínica, sino como una de esas sonrisas coquetas que le dedicaba cuando eran amigos con… derechos.

Pasó casi un mes, tiempo que el príncipe se dedicó a castigar su cuerpo para no pensar en nada que lo distrajera de su objetivo principal. Sus poderes iban en aumento y eso lo alentaba, sentía que avanzaba más rápido hacia su meta, respecto al mestizo, era cuestión de tiempo.

No había vuelto a pararse en la habitación del menor, pero si lograba percibir su ki dentro de la propiedad y eso le irritaba, inclusive, en un par de ocasiones lo llegó a ver a lo lejos, en los brazos protectores de la escandalosa, utilizando un ridículo gorro con orejas, algo impropio para un guerrero de clase alta. Pero él no era un guerrero de clase alta, ni siquiera se le podía considerar un guerrero.

Esa noche, llegó hasta la cama cansado, apenas tuvo la energía para darse una rápida ducha, eliminado el sudor y la sangre de una leve herida que un robot le ocasionó. Al fin descansaría para volver a su entrenamiento al amanecer.

Completamente desnudo, no tardó en caer profundamente dormido, como jamás lo pudo hacer durante su juventud. Un escalofrío lo despertó, confundido por el sopor, se quedó quieto, entonces pudo sentirlo; una caricia sobre su pecho, otra, sobre su costado izquierdo. Entonces pudo percibir un olor que bien conocía.

Estaba en celo de nuevo, y lo buscaba, a él.

Aspiró profundamente, dejándose llevar, lo necesitaba, su cuerpo necesita una recompensa. Se giró hasta quedar sobre la mujer, y para su beneplácito, ella se encontraba completamente desnuda.

No quiso preguntarle nada sobre su enojo, sabía que de hacerlo, rompería la magia, por lo que atacó sus labios con tacto, con algo parecido a ternura, no supo por qué, tal vez para no asustarla con su pasión desmedida. Para su fortuna, no solo le respondió el beso, también lo abrazó por la espalda y enroscó sus piernas con las de él, regalándole a sus oídos, un gemido bajo entre suspiros.

Con eso tuvo para que su miembro despertara inquieto, necesitado del calor que le brindaba la intimidad de la mujer. La besó pacientemente por algunos minutos, cómo extrañaba la mezcla de sensaciones que le producía esa experiencia, únicamente vivida con ella.

"No es por ella, es por el placer. ¿A quién no le gusta el placer?"

De nuevo negó cualquier tipo de sentimiento romántico, era carne y la mejor que había probado en su vida, de eso no se arrepentía.

Bajó su boca, hambrienta del sabor de su piel, recorrió con su lengua desde el cuello, hasta los montes, finalizando en los botones que lo esperaban erguidos, no sabía en cual detenerse, ambos le gustaban igual, era como un niño con su golosina favorita.

Los dedos de la mujer enredándose en su crespa cabellera, fue la señal que esperaba, ella lo deseaba. Empujó con su pelvis, percibiendo humedad, mezclándose con sus propias secreciones lubricantes. No podía esperar, ansiaba disfrutarla una vez más.

Regresó a los labios de la científica, devorándolos con hambre, mientras que se iba posicionando para entrar a su cuerpo, con su miembro listo para la oleada de placer que lo invadiría. Resbaló sin problemas entre los pliegues externos de la mujer, arrancándole un largo gemido de placer.

-Hazlo- la escuchó decir, -no sabes cuánto te deseo, Vegeta…- le rogó con voz suave.

Ella lo deseaba, lo acababa de confirmar. Eso elevó su ego, lo éxito hasta un punto en donde ya no había retorno. Cerró los ojos, gozando del calor de la intimidad comenzando a rodear la cabeza de su virilidad.

-Bulma- gimió somnoliento contra la almohada.

Agitado se incorporó, las sábanas revueltas eran su única compañía esa noche fresca. Sobó su cabeza comenzando a comprender, de nuevo, otro sueño con ella.

-Maldita terrícola- gruñó, observando gracias a la luz que se filtraba por la ventana, a su miembro adolorido, suplicando por ella.

Las sábanas se encontraban húmedas por el líquido pre seminal, ¿quién le mandaba dormir desnudo?

Era la segunda noche que soñaba con la escandalosa, estaba seguro de que era por falta de sexo, aunque ya comenzaba a dudar de que fuera solo eso, falta de sexo a secas, tal vez era falta de sexo, con ella. No quería pensar en eso, no quería saber la respuesta, por lo que evitaba al máximo pensar en ese asunto.

Tuvo que auto complacerse pensando en las curvas de alguna hembra saiyajin, que curiosamente, poseía las mismas que la terrícola, inclusive sus labios.

-Ahh… estoy jodido- suspiró rendido después de lograr su satisfacción.

Otro mes pasó, y los sueños se repitieron en algunas ocasiones. Durante este tiempo, se dedicó a evitar a la mujer, aunque la llegó a observar por alguna ventana de vez en cuando, siempre en compañía del molesto crío.

En cada ocasión que creyó, que era el momento oportuno para eliminarlo, lo sentía al lado de la mujer. No estaba dispuesto a pasar por sus gritos ensordecedores distrayéndolo, quería saldar las cuentas con el engendro, de saiyajin, a mestizo. Sin público, inclusive le daría el privilegio de una muerte rápida. Planeó en su cabeza diversos métodos, pero no podía evitar imaginar también, la reacción de la terrícola, le traería muchos problemas antes de tiempo. Por lo que hacerlo pasar por un accidente, no le parecía tan descabellado. Todos saldrían beneficiados, inclusive ella, se salvaría de tener que criar a un error.

Estaba claro que algo debía hacer para evitar ser la burla de sus enemigos, y para eso, ya no podía continuar postergando lo inevitable.

El permitir que la mujer continuara fortaleciendo el vínculo con el crío, solo le traería problemas, inclusive para ella, y eso podría significar prescindir de la cámara de gravedad. Lo de menos sería eliminar a la familia y tomar posesión de la propiedad, pero los necesitaba para el mantenimiento y creación de robots, al menos ese era el pretexto que siempre utilizaba para no dañarlos.

El manto nocturno cubría la capital del oeste, esa noche en particular, soplaba un gélido viento del norte, que le daba un ambiente frío a la noche, evento raro en el verano, pero solía suceder cuando el invierno pasado había sido más intenso de lo común. Aun con frío, el guerrero de raza pura se encontraba en el exterior, en pantalonera y descalzo sobre el césped, mirando con el ceño fruncido, hacia la ventana de una habitación en específico.

-Tsk- escupió molesto.

"Es una deshonra… ese maldito mestizo. Si tan solo tuviera un ki decente, pasaría por alto su ridículo color de cabello y… sus ojos… tan parecidos a los de ella. Ni siquiera tiene una cola"

Golpeó con un puño el tronco de un árbol, partiéndolo en dos.

-No puedo continuar postergándolo, tengo que deshacerme de esa vergüenza, hoy mismo.

"Me pregunto si Bulma se prestará para intentarlo una vez más… las demás terrícolas son solo basura… al menos ella posee agallas"

-No entiendo qué salió mal, fui un ingenuo al creer que mis genes mejorarían la especie- se dijo levitando hacia la recámara del pequeño híbrido.

Entró en silencio y avanzó con pasos firmes y ligeros hacia la cuna.

"Esa mujer insiste en ponerle ese ridículo gorro. No sé qué es peor, el gorro o su color de cabello" Apretó los puños a los lados.

Los sentidos del bebé percibieron la energía de su padre a su lado, lo que hizo que abriera sus ojitos azules, pestañeo un par de veces y levantó sus manitas hacia él. Reconocía la energía del guerrero, como el olor de su madre, no por haberla sentido durante su gestación, sino por instinto, su instinto le hacía sentir curiosidad hacia eso, que desde semanas atrás era parte de su entorno, y que se hacía más potente en los momentos que el príncipe entrenaba, llenando de energía la corporación entera, energía que solo el pequeño bebé podía percibir. Y ahora tenía frente a él, al emisor de eso que ya le era familiar. Por alguna razón no le temía, por el momento.

La reacción del pequeño causó impresión en el príncipe, parecía que confiaba en él, lo miraba directamente a los ojos, sin ningún atisbo de temor. Esa criatura poseía orgullo, o estupidez, probablemente lo segundo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, lo que era extraño para alguien como él, quien había exterminado infinidad de vidas sin titubear, pero ahora, no podía interpretar lo que sentía, era algo completamente desconocido.

Aspiró hondo para tranquilizarse, levantó al mestizo por los costados, enfocándose en su poder de pelea, exhaló ruidosamente antes de hablar.

-Al nacer yo impuse un record, fui el orgullo de mi padre- apretó los labios, negando con la cabeza. -Sin embargo tú… que llevas mi sangre, no heredaste ni una pizca de saijayin- lo acercó un poco, enfrentando su mirada, como si enfrentara la de un adulto. -En mi planeta, eliminábamos a los que no eran aptos para nada, era una tradición sagrada- tomó aire, siendo solemne en cada movimiento, hasta parecía que una parte de él, intentaba retrasarlo. -Nunca antes me había sentido tan decepcionado de algo que surgiera de mí.

Trunks alzó sus manitas hacia el rostro de su progenitor y frunció su ceño.

-Es lo mejor… no me mires así.

"Solo espero que tu madre entienda. No es que me importe ella, pero necesito de su ayuda por el momento" Se mintió.

Tragó saliva, desviando la vista hacia el trajecito de una sola pieza, evitando la insistente mirada de su hijo.

"Podría arrojarlo por el balcón, así Bulma creerá que llegó solo hasta allí. Después de todo, según la madre de ella, el mocoso ya se arrastra por todos lados curioseando, inclusive trepa muebles"

Se acercó hacia el balcón con pasos lentos, evitando mirarlo a los ojos. Dentro de él, su pecho se encogía de ansiedad, le faltaba el aire y se le secaba la garganta. Sus pasos titubeantes parecían nunca terminar, pero terminarían y finalizaría su objetivo, quedando libre al fin, de su vergüenza.

Tan absorto estaba en su lucha interna, que no sintió cuando Bulma se acercó corriendo, hasta que escuchó el portazo retumbando en las pareces de la habitación.

-¡NO LO HAGAS VEGETA!- Exigió gritando.

El saiyajin se detuvo en seco, respirando de nuevo, ignoraba el por qué contenía el aire mientras avanzaba con el crío.

-¿A qué te refieres?- Preguntó calmado, sin voltearse.

-Sé muy bien que pretendes deshacerte de Trunks...- le señaló con el dedo índice. -Desde aquella vez que dijiste que él no era lo que esperabas, vi un brillo diferente en tus ojos, mi instinto maternal me advirtió sobre tus intenciones. Y no me equivoque… Por eso instalé cámaras y micrófonos escondidos en esta habitación.

Se acercó hasta quedar a un paso detrás del guerrero. -Escuché lo que dijiste hace rato a nuestro hijo- posó una mano sobre el hombro derecho del guerrero, debía calmarlo.

-¿Nuestro?

-Sí Vegeta, tiene tu sangre y la mía, es nuestro hijo.

La mirada del guerrero se endureció. -Parece no tener ni una sola gota de la mía- murmuró entre dientes.

Retornó su vista hacia el pequeño, continuaba con el ceño fruncido, mirándolo fijamente, parecía concentrado.

"Parece que me está retando el inútil"

-Puedo asegurarte que es más saiyajin de lo que parece, es solo un bebé, no esperes que…

-No soy un imbécil como para creer que ya debería sostener un combate- levantó la voz, haciéndose escuchar. -Es su maldito ki de terrícola lo que me enerva, y ese estúpido color de cabello y ojos- agregó con desprecio.

-Tan parecido a mí…- musitó Bulma, -Creí que yo te gustaba, pero si consideras estúpido mi color de ojos, entonces hice bien en terminar lo que tuvimos- retiró su mano del hombro del guerrero. La espalda del príncipe se tensó, cuando dejó de tocarlo.

-Ahora por favor, entrégame a mí hijo. Olvida el error que cometiste al meterte en mi cama- intentó abrazar al pequeño pero Vegeta levantó las manos.

-¡VEGETA!

Trunks comenzó a inquietarse, moviendo las piernas y manos. La extraña energía de su padre se tornaba inestable, eso le incomodó.

-Piénsalo Bulma, eres científica- abogó a su curiosidad innata, -sabes de sobra que el mocoso fue un experimento. ¿Qué pasa cuando el experimento fracasa? Lo destruyes y vuelves a comenzar- eligió las palabras antes de continuar, confiaba en poder convencerla. -Eres fértil, ¿no te da curiosidad? Podría salir un guerrero del cual te sientas tan orgullosa como de tus mejores invenciones- dijo con voz calmada, pero firme.

-No compares mis experimentos con mi propia sangre, ni siquiera he tenido el atrevimiento de experimentar con animales, ¿qué te hace pensar que lo haré con mi propio hijo?

-Siempre hay una primera vez- Tomó una pierna del bebé y lo sujetó de ahí, dejándolo de cabeza, levitando un metro para evitar que la mujer logre alcanzarlo.

Bulma se aferró a una pierna del guerrero intentando hacerlo bajar.

-Te doy mi palabra de que no sentirá dolor, al menos no tendrá tiempo de sentirlo, será breve…- la miró de reojo, -por los buenos tiempos- dijo enfocándose en el pequeño pie que sobresalía de su mano, no se atrevía a verlo a él, o a la mujer.

-Si lo haces, buscaré las esferas del dragón y lo traeré de vuelta, y después de que te mate Goku, nadie te revivirá- lo amenazó golpeándolo con sus puños, sin causarle ni siquiera cosquillas.

El estómago del guerrero se tensó al escuchar el nombre de su rival, no deseaba que su fracaso fuera de dominio público, pero si así fuera, al menos le quedaba el consuelo de no dejar rastro de él.

Aspiro inflando su pecho. -Prefiero arriesgarme, que vivir con la vergüenza…- dijo solemne. -Es una lástima que tengas que presenciarlo, mi plan era ahorrarte la experiencia, pero siempre tienes que ser entrometida.

Vegeta apuntó con su mano libre hacia Trunks, creando una pequeña esfera de ki. Le molestaba tener que cambiar su plan inicial, ahora tendría que hacerlo con sus propias manos, lo que sería un placer al tratarse de alguien más, pero le estaba causando un conflicto interno, al tratarse de su propia sangre.

Con gritos y llanto, Bulma intentó disuadirlo, mientras observaba con horror, el halo redondo crecer y acercarse al cuerpo inquieto del infante. Ante la tensión generada por ambos adultos, la angustia en Trunks creció, comenzó a llorar y agitarse con violencia, elevando su ki, de una manera exponencial, como nunca antes lo había hecho. Vegeta abrió la boca sorprendido y el halo de energía en su mano disminuyó.

"¿Acaso proviene de él?" Se preguntó el príncipe. Era algo para no que no estaba preparado.

El pequeño se agitó y lloró con más fuerza, percibía la amenaza a su alrededor, a pesar de que su padre había detenido sus movimientos asesinos. Desesperado por estar sujeto de cabeza, creó una onda expansiva que logró liberarlo, cayendo al suelo alfombrado sin recibir daño alguno.

"Ese mocoso… ¿acaso supo lo que pretendía a hacer?"

Bulma corrió hacia su bebé, acunándolo en sus brazos de manera protectora.

-¡No te dejaré acercarte a él!- amenazó decidida a enfrentarse al príncipe.

Vegeta volvió a poner los pies en el piso y se acercó a un par de pasos de distancia, torció los labios con mofa.

-Como si pudieras impedirlo.

Trunks había dejado de llorar pero mantenía su ki elevado, alerta.

"Así que, después de todo, sí parece tener potencial"

Bulma se puso de pie, apretando contra su pecho a su bebé. Podía ver el asombro en los ojos del príncipe, inclusive había desaparecido la amenazante esfera de ki que había creado.

-¡¿Ya vez lo que puede hacer?! No es un bebé terrícola común.

-Algo bueno debía tener esa bola llorona.

-Lo que acabas de presenciar fue solo una pequeña demostración…- se relamió los labios con nerviosismo. -Dame tiempo para demostrarte que es tan saiyajin como tú.

-Mi tiempo vale más que tu fortuna- se cruzó de brazos con altanería.

-Dame medio año, con eso me basta para…

-Tres meses, ni un día más- levantó una ceja, le intrigaba la confianza de la mujer.

"Me interesa ver hasta dónde puede llegar… si no progresa, definitivamente los tendré que eliminar. A los dos"

Bulma lo pensó brevemente, tenía tanta confianza en su hijo, que estaba segura de ganarle al engreído príncipe.

"Faltan casi tres meses para que aparezcan los androides, si Vegeta sobrevive, estoy segura de que terminará aceptando que Trunks es un perfecto descendiente… si muere, al menos tendré a mi pequeño… ¿Qué estoy pensando? Por supuesto que sobrevivirá, ha entrenado como desquiciado"

-Acepto Vegeta- respondió con voz firme y la barbilla en alto.

-Si gano, me dejaras eliminarlo sin replicar- sonrió de lado, -y te prestaras para otro intento.

"Así que todo se limita a eso. Estoy segura de que extraña lo que tuvimos"

-Si gano yo, no volverás a intentar nada en contra de nosotros y…- se mordió los labios.

-¿Y…?

-Y en vista de que tu hijo tiene potencial, te quedaras para ayudarme a entrenarlo- acarició la espalda del bebé con leves palmaditas, ya solo se escuchaban los suspiros de Trunks, estar entre el calor de su madre le reconfortaba.

-Tsk… no soy una maldita niñera. Confórmate con que lo deje vivir.

-Entonces le pediré a Goku, o tal vez a Yamcha que lo entrene… tu hijo desarrollará su potencial con las técnicas de los que llamas… sabandijas- fingió resignación, pero por dentro sonreía burlesca.

-Arghh… Mujer, si ese insecto- señaló al crío, -demuestra tener potencial, tendrá el honor de ser entrenado por un saiyajin de verdad- volvió a cruzar los brazos. -Luego no te quejes si no soporta mi ritmo y muere- soltó entrecerrando la mirada.

-Confío en que eso no sucederá- camino hacia la cuna, prácticamente rodeando al guerrero. -Ya puedes retirarte a tu habitación.

-¿No vamos a cerrar el trato?- sugirió con doble sentido, siguiéndola.

Bulma tensó la espalda ante la sugerencia del príncipe, ahora entendía a qué se debía su soledad. Se necesitaba estar loco como para querer involucrarse con él, lo suficientemente loco como ella. Pero inclusive ella tenía un límite. -¡Acabas de intentar matar a mi hijo! No esperes que lo festeje metiéndote en mi cama- respondió en voz baja para no despertar al bebé, que ya comenzaba a cerrar los ojos, con la tranquilidad que le brindaba el olor de su madre.

Vegeta se acercó por detrás de la científica, recargó ambas manos en el barandal, dejándola acorralada entre sus brazos, se acercó al cuello de ella y le susurró al oído con voz grave. -Podríamos hacer una tregua, llevarnos como antes.

La mujer tragó saliva, no se iba a dejar seducir de nuevo por ese hombre tan inestable. Por mucho que le afectara sentir su aliento contra su piel en ese momento.

"No voy a demostrarle lo que siento, no mientras siga con esa actitud… me quiere de vuelta con él, de eso no tengo la menor duda. Le demostraré que nuestro hijo es más que digno de portar su sangre y lograré domarlo… después de todo, siempre obtengo lo que quiero"

Ignorando las palabras del príncipe, arrulló a su hijo y lo arropó. Una vez que lo vio tranquilo, durmiendo de nuevo, empujó uno de los fornidos brazos que la aprisionaban. Vegeta se hizo a un lado sin poner resistencia y la vio avanzar hacia la puerta

-Buenas noches Vegeta. Te demostraré que tengo razón- se detuvo en el marco de la puerta. -Confió en tu palabra, sé que no intentaras nada antes del plazo establecido- dijo antes de dirigirse hacia su habitación, dejando la puerta abierta.

-Por hoy te salvas mocoso. Parece que tienes un poder oculto. Demuéstrame que lo de hoy no fue casualidad, que tienes más por ofrecer- tomó aire, le costaba aceptar que podría estar equivocado, -y pasaré por alto tu ridícula apariencia- finalizó en voz baja, mirando al pequeño que se había quedado dormido, al no sentir más amenaza a su alrededor.

Poco más de dos meses transcurrieron, en los que la científica dividió su tiempo entre crear robots, cada vez más avanzados para el entrenamiento del saiyajin, y ejercitar a su bebé, fomentando el desarrollo de sus habilidades extraordinarias. Corría el tiempo y no lograba grandes avances en eso, sabía que debía hacerlo rabiar, pero se negaba a ello, esa sería su última alternativa.

Suspiró hondo y se dejó caer rendida al sillón, al fin tenía terminados los trajes de batalla que utilizaría el príncipe, había hecho de más, tal vez sus amigos podrían necesitar un atuendo más resistente. No quería que le afectara, pero los nervios la invadían, el día señalado para la aparición de los dichosos androides, sería mañana. Quería vomitar, llorar, gritar, golpear algo.

Cerró los ojos con la esperanza de que todo hubiese sido una mentira, pero algo en su interior le decía que no.

-Tengo que verlo con mis propios ojos.


Fin del capítulo.

Ya en el próximo capítulo comienza la saga de los androides. Espero no confundirlos, pues me saltearé todas las escenas que conocemos, pasaré a los eventos que no se vieron en pantalla, por lo que tal vez les parezca que pueda ir más rápido. Mi propósito es no hacerlo repetitivo.

Quedan pocos capítulos para el final.

Cuídense mucho.

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