En otro lado del castillo, un Griffindor a quien habían proclamado como "El Elegido" se encontraba absorto en sus pensamientos. No había vuelto a conversar con su amiga durante muchos días, y aunque la había visto cabizbaja, no quiso atormentarla con preguntas, sabía que por mucho que quisiera, cuando el corazón estaba en medio no había nada que la hiciera soltar la lengua.

"Supongo que estará así por no tener ningún plan como habíamos dicho", pesó el Salvador, dejando a su amiga fuera de su mente para centrarse en sus quehaceres. Los cuales estaban absolutamente fuera del ámbito académico.

Llevaba casi el mes completo sin estar seguro de que su plan fuese a resultar, pero ya estaba más que cansado de tener que esperar, al final si no salía como el esperaba, dejaría sus ilusiones amorosas y fantasías eróticas enterradas en el fondo más profundo de su ser, para pasar página y poder encontrar a alguien que le quisiera dentro de su mundo de caos. Y es que ser alguien a quien asediaba un demente lunático que se había obsesionado con un bebé, le partía el culo y para mala suerte de él, no era como quería que se lo partieran. ¿Es que no podía tener un solo puto día tranquilo sin que intentaran asesinarlo?

Ya más que dispuesto a que nada ni nadie le fastidiasen su plan, se encaminó a las mazmorras, puesto que tenía clases con su adorado murciélago y nada le hacía más ilusión que verle.

Una vez llegó a los laboratorios, se sentó frente al caldero que se encontraba delante al escritorio del mago oscuro, llevaba ocupando ese lugar desde comienzos de ese año, por lo que a nadie le pareció extraño que estuviese allí. Por otro lado, su lugar de trabajo era de un solo cuerpo, por lo que nadie se sentaba a su lado además de Malfoy que ocupaba el caldero para una sola persona restante. Desde cuarto año que había dejado de compartir puesto con Ron, ya que aunque fuese su mejor amigo, siempre buscaba la manera de aprovecharse de él o de Hermione, y para eso ya tenía a los enfermos de la cabeza que amenazaban su vida constantemente.

Después de unos minutos desde que había ocupado su puesto, la puerta se abrió de forma exagerada colisionando contra la pared que la sostenía, creando un fuerte ruido al momento del choque de ambos materiales, lo que sin darse vuelta le avisó que el hombre había llegado.

-Hoy realizarán la poción Amortentia, las instrucciones están en el pizarrón y los ingredientes saben de dónde sacarlos. No quiero explosiones ni heridos… Le hablo a usted Longbottom- se escuchó aquella melodiosa voz varonil por todo el salón

Rápidamente, Harry se dirigió al almacén en donde se encontraban los ingredientes necesarios para poder realizar la poción. Ya había leído sobre ella, tenía más que claro cuál era el olor que él sentía al acercarse lo más mínimo a aquel líquido rosáceo que le volvía loco, ya que aunque jamás la había preparado, luego de que los gemelos colocaran la tienda en el Callejón Diagon, pudo tener bastantes productos a su alcance, por lo que sabía de sobra cuáles eran los olores de su Amortentia. Se colocó a trabajar completamente concentrado, además de que su plan comenzaba en ese momento, no tenía ninguna intención de darle motivos a su profesor para que lo insultara como era regular.

Pasados los primeros cuarenta y cinco minutos de la clase, Harry tenía más de la mitad de la poción lista, por lo que se sentía orgulloso y nervioso a la vez.

-Malfoy, ¿podrías decirme que es lo que dice en la última línea de las instrucciones?- se dirigió al platino que se encontraba a pocos metros de su lado, había comenzado.

-¿Y por qué no te levantas tú mismo y lees lo que dice Potter?, no es mi culpa que seas un ciego- espetó con desagrado el príncipe de Slytherin

-Solamente te estoy pidiendo un poco de ayuda Malfoy, no es necesario que despliegues tu desagradable sentido del humor cada vez que te hablan- incitó nuevamente Potter

-Mira cara rajada, estoy ocupado y no quiero que por tu culpa me quiten puntos… aunque lo dudo- contestó con sorna y auto suficiencia

-Te entiendo, sé que no eres el más adecuado como para poder tener una conversación y mucho menos en lo que respecta a una ayuda- espetó Harry – por lo demás, dudo que pudieses ser alguien mejor de lo que es tu padre…un simple lame culos- terminó diciendo esto último en un susurro más que perceptible

Sabía de sobra que esa era la fibra que haría que Draco Malfoy dejara de lado cualquier tipo de elegancia y altanería para mostrar sus más bajos deseos de vengarse por alguna vez de él, ya que su padre se encontraba confinado en su casa luego de que Voldemort resurgiera. Aquello era conocimiento público.

En menos de un minuto, tenía a Malfoy propinándole la golpiza de su vida. Sentía como el rubio platinado le asestaba cada golpe en la cara, como cuando Dudley lo hacía junto a los matones de sus amigos, por lo que no le costó nada el aguantar caga puñetazo que estaba recibiendo.

Los calderos de ambos se encontraban en el suelo después del exagerado salto que dio el Slytherin para llegar a un lado de Harry, pero ya nada le importaba

-Draco…- susurró Severus con la voz total y plenamente tranquila al ver como su ahijado golpeaba al niño dorado, sin entender en qué minuto había pasado aquello

Harry estaba en el suelo, con el rubio encima de su cintura mientras lo machacaban sin cesar. Todos los demás alumnos habían dejado sus calderos de lado y miraban la pelea que se estaba llevando a cabo frente a sus ojos, sintiendo nervios y miedo a la vez de que fuese en el aula de pociones precisamente.

-Draco, es suficiente- advirtió Snape ya estando frente a los alumnos que prácticamente se estaban matando frente a sus ojos, o al menos uno de ellos mataba al otro

Al ver que su ahijado no paraba de golpear a Potter, y el ojiverde sangraba de nariz y labios, completamente laxo en el piso, tomó por el cuello de la camisa a Draco sin aplicar mucha fuerza y lo separó del chico que seguía tendido sin mover un solo músculo

-Dejen sus calderos en reposo aquellos que hayan avanzado más de la mitad. La próxima clase continuaremos… Ahora largo- dictaminó finalmente Snape sin soltar al rubio de su cuello, viendo como en menos de lo que gritas Voldemort estaban todos fuera del salón.

-¿Me puedes explicar que es lo que pasó?- preguntó el oscuro hombre al chico que tenía agarrado de sus ropas

-Lo siento padrino, pero Potter me provocó- se excusó Draco intentando calmar un poco su respiración mientras sentía como sus manos palpitaban

-Eso no es novedad Draco, pero ¿es que no entiendes que es muy peligroso que el caldero te caiga encima mientras trabajas?, ¿qué crees que diría tu madre al ver cómo te has comportado?- insistió Severus, sin perder en ningún momento su tono de reproche pasivo y desinteresado

-Lo sé…- respondió Malfoy mientras bajaba la mirada al piso y sentía como la vergüenza de haber perdido la compostura llegaba a su cuerpo

-Muy bien… ahora vete, veo que no te ha caído líquido en el cuerpo, pero esas manos necesitan que las vea Madame Pomfrey, lo más probable es que se te inflamen y no queremos eso- apremió nuevamente el hombre, dedicándole una pequeña mirada de preocupación a su alumno – Ve a la enfermería y que te revisen, extenderé un permiso para que puedas recuperarte como es debido y no tengas problemas aunque sea para blandir tu varita-

Draco dedicó una mirada de satisfacción al ver que no se había metido en problemas por culpa del estúpido de Potter y además había ganado un pase libre para no asistir a clases. Le dio las gracias a su padrino, se arregló la ropa y se encaminó a la salida del laboratorio, pero al llegar a la puerta, se volteó al escuchar que su profesor lo llamaba nuevamente

-50 puntos para Slytherin, por la agilidad que has demostrado tener- finalizó Severus, mientras veía como el platinado salía del salón con una sonrisa en el rostro

Harry, que sabía que algo como aquello pasaría, no se inmutó en lo más mínimo, simplemente se dedicó a observar la escena desde el suelo, mientras su rostro punzaba de una forma que sabía no era sana en absoluto.

Luego de que Draco se fuese, Severus se dio media vuelta y se acercó al muchacho que yacía aún tendido en el suelo. Sacó su varita y desapareció los restos de la poción que habían regado sus insulsos alumnos por el salón, para luego espetar un "levántese Potter".

Harry, que sentía un agudo dolor en su nariz y labios, se levantó lentamente, dándose cuenta de cómo la sangre hacía presión en los golpes cada vez que su cara iba tomando más altura.

-Sígame- ordenó Severus dándose la vuelta y aproximándose a su despacho, el cual estaba a un costado del laboratorio

Ambos entraron al despacho y mientras Harry se sentaba en la silla que sabía que era para los alumnos, Severus iba a buscar una poción regeneradora de sangre para su alumno. Se la extendió al ojiverde y este recibió el frasco de inmediato bebiéndolo al instante.

-¿Me puede explicar que ha pasado Potter?- preguntó Snape entrecerrando los ojos mientras veía con cierto reparo como la sangre que emanaba de la nariz del joven frente suyo fluía bastante, por lo que con un movimiento de varita arregló la nariz rota y conjuró un pañuelo frente al muchacho

-Simplemente que Malfoy está malditamente enfermo de la cabeza- contestó Harry mientras llevaba el trozo de tela a su nariz para limpiarla luego del dolor que sintió al momento en que su tabique había vuelto a su lugar

-Cuidado con su vocabulario Potter, yo no soy uno de sus amigos para que conteste de esa forma y por lo demás Draco no actúa sin razón alguna- amonestó el hombre ya con fastidio

-No, claro que no, por eso mismo que es lleva siendo un miserable conmigo desde primer año- inquirió nuevamente el chico

-No me interesan las rencillas estúpidas de los alumnos- espetó nuevamente Snape con un tono mordaz y fulminando a su alumno

-Eso está más que claro profesor, si desde que puse un pie en el castillo, usted ha sido uno de los que se han encargado de hacerme la vida imposible- ya dejaba ver su congoja y lo triste que le hacía sentir esa situación – Yo no he hecho absolutamente nada como para que usted me odie de la manera en la que lo hace. Desde que supe sobre mi condición de mago, mi vida no ha sido mejor de lo que era antes, simplemente se añadió el hecho de que no solo me odian en la casa de los parientes de mi madre, sino que el mundo en el que pensé que podría ser aceptado y tener una vida lejos de los maltratos de los Dursley, se ha encargado de hacerme sentir que no soy nada más que quien tiene que matar al demente de Voldemort y dejarme en claro que hay muchos que me odian y que siempre lo harán, con usted dentro de ellos- contestó el chico desahogándose de pronto

-¿De qué maltratos hablas Potter?- Severus no sabía que decir ni cómo actuar ante esa revelación, la cual no entendía a qué caso venía

-¿Para qué quiere saber?, siempre me ha dejado más que claro que el rencor y los sentimientos de odio que tiene contra mi padre los ha dejado caer sobre mis hombros, sin yo tener la culpa de lo que él pudo haberle hecho- respondió Harry, mostrando que se sentía agobiado ante la situación que había que tenido que vivir durante tantos años

-¿Cómo sabes eso?- ya no entendía que es lo que pasaba. Y es que Severus jamás había conversado con el chico de algún tema parecido

-El cómo yo lo sepa, lo que sé y lo que deje de saber no tiene mucha importancia, menos para alguien como usted- respondió viéndolo directamente a los ojos – usted jamás se ha preocupado por mí ni lo hará, eso lo tengo aceptado y lo he notado una vez más con lo que pasó hace minutos atrás. No intente que le cuente mi vida de la noche a la mañana porque su pasado se ve amenazado en las manos de un mocoso-

Severus estaba completamente espantado. ¿En qué punto había llegado todo aquello?, jamás se imaginó que una golpiza haría que el chico le reprochara sus años de dolencia dentro del castillo. Era sabido absolutamente por todos sobre las rencillas que tenía con el heredero de los Malfoy, pero de ahí a que se encontrara en su despacho haciéndole sentir culpable de eso…, simplemente no lo entendía

-Mire profesor, solo déjeme marchar y poder descansar, ya que como no creo que tenga algún beneficio de su parte como lo ha tenido Malfoy, por lo menos déjeme partir para poder descansar ante la golpiza que ese enfermo me ha propinado- declaró bajando nuevamente la mirada y estilando por todos sus poros el papel que tanto había ensayado…, el de víctima

Snape, que tenía la cabeza a portas de explotar, simplemente se le quedó mirando por varios minutos sin saber que contestar. Necesitaba respuestas, pero también era cierto que Potter se veía agotado, con el labio inferior inflamado y el superior roto, además de la nariz que luego de habérsela arreglado, se había hinchado ligeramente y tomaba un color púrpura. Al rato de haber salido de sus cavilaciones, pudo responder

-Detención por una semana Potter, sin retrasos. Todos los días lo quiero en mi despacho a las diez de la noche- dijo por fin el severo hombre

Sin decir nada más, Harry se levantó del asiento aguantando la sonrisa que estaba por salir de su rostro. Se dio media vuelta y se dispuso a salir del lugar para retirarse a su habitación.

-Potter- llamó antes de que saliera el chico, viendo como ladeaba la cabeza para escucharle sin voltearse para verlo – 60 puntos menos a Griffindor, por pelearse como animal en mi salón de clases y ensuciar mi piso con sangre- terminó, admirando como el joven solamente asentía y se retiraba por fin, dejándolo completamente fuera de lugar, pero más que dispuesto a averiguar qué era lo que le había sucedido al protegido de Dumbledore.

Al salir del salón, por fin Harry pudo mostrar la sonrisa que tenía guardada, todo había resultado como quería y tenía detención por una semana…, perfecto. Se encaminó hacia la salida de las Mazmorras, cuando un grito lo detuvo.

-¡Harry!- Hermione que venía saliendo de los aposentos de su profesora, pudo ver la espalda de su amigo saliendo del tenebroso espacio que tenía el castillo. No podía decir que ese lugar era acogedor

-¡Hola Mione!- saludó Harry, dándole la cara a su amiga, pero tan absorto en sus pensamientos, que había olvidado el dolor que sentía en sus labios. Sin darle tiempo para que le preguntase, simplemente se volteó y retomó su camino, dejando a su amiga completamente pasmada ante la visión de su mejor amigo con rastros de sangre en la cara. Nada ni nadie harían que su felicidad se apaciguara. El juego había comenzado.