Palabra: paz.
Izuku
We talk and talk, we tell the truth
There are no shadows here
But when I look into your eyes
I wonder what might have been here
Some Journey, Suzanne Vega
—Kacchan… —lo intenta de nuevo.
Katsuki gruñe. Lo suelta.
—Tengo que decirte algo —dice Izuku—. Necesitas escuchar. Por favor.
—¿Qué?
Katsuki se aleja un poco. Se sienta a la orilla del manantial, sin dejar que sus botas toquen el agua.
—Tienes que prometer que vas a escuchar.
—¡¿Por qué asumes que no voy a escuchar?!
—¡Porque eres tú, Kacchan!
Tiene un punto. Recuerda peleas, discusiones, gritos. No tantas, pero sí las suficientes para que su relación se hubiera ido al carajo. A veces se le ocurre que él tuvo la culpa, que hizo que Izuku no lo quisiera más. Pero descarta el pensamiento de inmediato. Es más fácil vivir con el resentimiento. Es algo que sabe cómo manejar. Duele menos.
—Habla. Haz que no me arrepienta de estarte escuchando.
—Cuando… cuando todavía estabas en el archipiélago, había… bueno, había rumores. La barrera estaba rota. Quizá más cómo tú consiguieran llegar del otro lado. Quizá otros no fueran tan amables. —Izuku mira hacia abajo. Kacchan detesta que no pueda mirarlo a los ojos, pero a la vez le da miedo lo que se puede encontrar ahí—. Los Antiguos a veces mandan señales o…
—Eso creen ustedes.
—¡Kacchan! Sólo. Déjame hablar. Por favor. —La voz de Izuku es amable, mucho más dulce que nunca. Habla como alguien que se está moviendo sobre hielo muy delgado, preocupado por romperlo—. Los Antiguos a veces mandan señales. Algunos entre el pueblo del mar a veces las interpretan. Dijeron que nuestra perdición estaba cerca.
—¿Y eso qué carajos…?
—¡Kacchan! —Izuku cierra los ojos, frustrado. Katsuki gruñe—. Dijeron que nuestra perdición estaba cerca —repite Izuku, para recuperar el hilo de sus pensamientos— y dijeron que llegaría o iría o… bueno. Los mensajes son confusos.
—Porque interpretan casualidades…
—¡El cielo habla, los Antiguos también!
—¡No creo en los Antiguos, Izuku!
—¡Dijeron que nuestra perdición llegaría de la mano de cabello rubio y ojos rojos, Kacchan!
Es obvio que lo último son palabras que escupe sin pensar. Katsuki puede ver el arrepentimiento inmediatamente en sus ojos y en la manera en la que su boca forma una expresión consternada.
Él no sabe que decir.
—¿Qué?
—¡Creí que nos estaba salvando si te alejaba para siempre! —Izuku se atraganta con todas las palabras, apenas si puede pronunciarlas—. ¡Creí que…!
Katsuki se inclina hacia él.
—¿Qué carajos?
—¡Creí que lo que hacía estaba bien y no que volverías después con raíces arcaicas y…! —Ya está llorando. Con Izuku, las lágrimas son difíciles de evitar. Siempre están ahí, esperando salir—. ¡Nunca creí que volverías y serías la carnada que los arcaicos usarían para encontrarnos y…! ¡Creí que estarías a salvo! ¡Creí que estaríamos en paz!
Izuku puede sacar todas esas palabras de su sistema única y exclusivamente porque Katsuki lo mira con los ojos muy abiertos.
—¡¿Me dejaste por que las estrellas te dijeron?! ¡Son sólo estrellas, Izuku!
—¡Creo en ellas! ¡Kacchan! ¡No podía hacer…!
—¡Arruinaste mi vida sólo porque…!
—¡Hice lo que era…! ¡Lo que creí que era…!
—Carajo. Carajo. —Katsuki se lleva las manos a la cara. Esconde la vista de Izuku—. No puedo creer que. —Se interrumpe demasiado bruscamente, corta de tajo la frase y no la continúa—. Carajo. Si existen los Antiguos espero que se vayan a la mierda mil veces…
—¡Kacchan, no…!
—¡No creo en ellos y no creo en el destino y…! —Parece que se la va el aire. No. No parece. Lo siente.
—¡Lo siento, Kacchan! ¡Pero tenían razón! ¡Fuiste tú quien…!
—¡No hubiera pasado si no me hubieras alejado! ¡Maldita sea!
—¡El arcaico llegó cuando…!
—¡NO HUBIERA PASADO SI NO TE HUBIERAS CONVENCIDO DE QUE…!
—¿Katsuki?
Esa no es la voz de Izuku. Voltea hacia atrás y descubre que el resto lo está mirando muy atentamente. Incluso Aizawa. Carajo.
Se pone en pie. Izuku intenta alcanzarlo, estira la mano para intentar agarrar una de sus muñecas, pero desde el agua no alcanza.
—Estoy bien —dice, dirigiéndose a Eijiro.
—¡Kacchan! —El nombre sale roto de los labios de Izuku, que todavía la mano estirada, aun intentando alcanzarlo—. ¡Kacchan! ¡No te hubieras quedado por siempre en el archipiélago…! ¡No…!
Katsuki se detiene. Se voltea de nuevo y se pone en cuclillas.
—No sabes lo que hubiera hecho —escupe, en voz baja para que el resto no oiga—, porque no tuve elección. En vez de eso, me rompiste el corazón. Pasé mucho tiempo creyendo que algo estaba mal conmigo, Izuku, que yo era el culpable de que ya no me quisieras y… —Desvía la mirada un momento y luego la regresa a Izuku. Tiene la cara ya enrojecida por el llanto. Le causa rabia.
—Kacchan, lo siento, lo juro, lo siento, Kacchan…
—Nunca olvides que me tuviste de rodillas ante ti —espeta— y me hiciste pedazos. Yo no puedo.
Se pone en pie de nuevo y se da la vuelta. Oye todavía la voz suplicante de Izuku. Cierra los ojos. Aprieta los párpados. No quiere llorar. Odia las lágrimas y su sabor salado.
Lo único que puede recordar en ese momento es a Jirou cantando por primera vez Los amantes y el mar desde que habían dejado el archipiélago. Recuerda las lágrimas en sus mejillas y las ganas de morirse porque eso era más fácil que afrontar que Izuku nunca más iba a cantarla en su oído. Se hizo pedazos en una explosión que sólo Eijiro se atrevió a contener. Regresó demasiadas veces sobre sus pasos, intentando encontrar lo que había hecho mal —porque siempre estuvo convencido de que fue su culpa: no podía ser de otra forma, él era quien explotaba, quien gritaba primero—. Cuando dejó de buscar sus errores en el pasado, se entregó a la nostalgia. Y con ella, llegó el resentimiento.
Ahí está, dándole la espalda a Izuku. Necesita respirar hondo antes de explotar de nuevo.
El mundo se detiene.
Ve a un portal abrirse por el rabillo del ojo.
—¡KATSUKI! —grita Eijiro.
Su mano se dirige hasta su cintura, saca el sable. Pero no tiene tiempo de reaccionar. Él no es el objetivo. No aparece el nigromante, el arcaico. Es el que produce fuego, al que busca el príncipe Shouto Todoroki. Se lanza sobre Izuku cuando Katsuki aún está intentando reaccionar. Es mucho más rápido el otro. «Dabi», recuerda Katsuki. Así le había dicho Shigaraki cuando lo había secuestrado la primera vez.
Crea una barrera de fuego para evitar que alguien se acerque. Y entonces, el grito.
—¡KACCHAN!
El grito es desgarrador.
Eijiro se convierte. Su fuego puede luchar contra el del elemental. Todo el mundo se pone en guardia. Y sin embargo, no tienen tiempo de luchar.
Katsuki ve como Dabi le tapa la boca a Izuku antes de que otro portal se los vuelva a tragar. Es demasiado rápido. No hay defensa porque no hay ataque. Katsuki se lleva una mano a la bolsa del pantalón, donde está el brazalete que le dio Momo. Lo aferra.
Es la única idea que tiene.
Eijiro vuelve a su forma humana. Se acerca a Katsuki y le pone un brazo en la espalda. Katsuki no puede dejar de mirar el lugar en el que antes estaba Izuku, en el que ya no está.
Las últimas palabras que le dijo le retumban en los oídos.
«Nunca olvides que me tuviste de rodillas ante ti y me hiciste pedazos».
Palabras: 1225.
1) Hemos llegado al clímax. Bienvenidos. Lo voy a arreglar en los próximos capítulos. Ya verán. Pero primero tiene que aparecer la Liga de Villanos pero en versión fantasía y el capítulo que sigue es su capítulo estrella. Narrado por Izuku, por supuesto.
2) Ya casi acabo este fic, pero vengo a hacer anuncios parroquiales: en mi compilación todobaku (No matter how they toss the dice, it had to be) voy a estar subiendo cosas por el todobaku month, mañana el primero. También tengo planes de participar en la Explodo Week (creo que ese es el nombre, es para hacer fics Bakugo centric y mi idea es escribir otro Bakudeku, que si están aquí, supongo que les gusta). Terminado el anuncio, volvemos a la programación habitual.
Andrea Poulain
