Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.
Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
—comentarios.
—"pensamientos".
—*hablando por teléfono, comunicador, etc. *
— (J.A.R.V.I.S.)
—+F.R.I.D.A.Y.+
— [Ddraig, Albion, etc.]
Esta historia ha sido creada por mi persona, mi amigo AtrixGrayZero, y con ayuda de su novia y mi amiga Criz Ravenwood, por tanto, la historia es de los tres, la idea base es la misma pero el contenido es sustancialmente distinto
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Capítulo 21:
KUOH — PARTE 02
La sorpresa fue el primer sentimiento que les invadió a ambos nada más pisar suelo japonés en la ciudad de Wakkanai, al norte del país. Luego llegó la vergüenza y el sentimiento de asfixia. Decenas, por no decir centenares de personas se juntaban alrededor del barco donde iban los dos amigos. Puede que prácticamente toda la atención se centraba en Issei, pero Tom era su mejor amigo, su hermano de otra madre, la persona que había viajado con él desde el mes de agosto, solos, en la furgoneta. Quisiera o no, iba a verse sumergido en el tsunami que se abalanzaba sobre el hijo de Tony Stark.
—Me esperaba que tuvieras fans entre los compatriotas de aquí…, pero como que esto es mucho más de lo que esperaba —Confesó Tom mientras por su mente pasaba a toda velocidad la idea de subirse a la furgoneta, pisar a fondo el acelerador, y salir de allí como si no hubiera mañana.
—Estoy contigo.
— ¿Y qué hacemos? Aunque la verdadera pregunta sería, ¿cómo saben que veníamos? ¿Cómo es posible que supieran que íbamos a atracar aquí a esta hora?
— ¿Obsesos? ¿Casualidad? ¿Coincidencia? A saber. Lo importantes es que la situación es esta y no hay modo de escapar.
—Puedes usar tu armadura para salir de aquí volando.
— ¿Y dejar atrás la furgoneta?
—… ¿La recogemos luego?
—…
—Sí, tienes razón. Es ya parte de nosotros, no podemos dejarla abandonada. ¿Y qué demonios hacemos?
Los dos se cruzaron de brazos al mismo tiempo, pensativos. El barco aún no se detenía, por lo cual tenían unos minutos hasta que atracara y les permitieran bajar, ya fuera a pie o con la furgoneta. El problema sería, ¿cómo librarse de toda esa gente que parecía loca por estar con él? Puede que fueran algunas fotos o autógrafos, pero Issei no era Tony. No le agradaba las multitudes, y menos aún que él fuera su centro de atención.
Entonces ambos se fijaron en varios coches, con la pinta de ser oficiales del gobierno, deteniéndose junto al navío. Para sorpresa de Issei, un hombre muy conocido en el país del sol naciente bajó del coche principal junto a otros hombres, todos bien trajeados. La seguridad no tardó en colocarse según lo habrían dispuesto de antemano, vigilando a la muchedumbre, así como todos los edificios cercanos.
—Hyoudou-Stark-sama, Wood-sama —Ambos dieron un respingo cuando una voz extraña les llamó, en inglés, a sus espaldas. Voltearon para encontrarse con otro hombre, también trajeado. Éste hizo una leve reverencia, saludo normal entre los japoneses—. Soy el secretario del Primer Ministro. Por favor, vengan conmigo. Les está esperando, sobre todo a usted, Hyoudou-Stark-sama.
—Pero, nuestra furgo… —Dijo Tom un tanto sorprendido por el uso del sama en referencia a él.
—Puede estar tranquilo. La dejaremos en un lugar seguro. Estará bien resguardada. Ahora, por favor.
El secretario comenzó a caminar para bajar del barco, siendo seguido por ambos.
—Un detalle que nos haya hablado en inglés.
—Lo ha hecho por ti.
—Por eso digo que es un detalle. Sama… Si no recuerdo mal, se usaba en forma de respeto, ¿no?
—Sí, eso mismo. Hace tanto que no uso esos honoríficos que me resulta un tanto extraño que los usen para hablarme.
—Entonces… ¿Somos importantes?
—Puede ser.
—De puede ser nada, hermano. ¿Acaso no has visto a toda esa gente o al jefazo de este país esperando que pises tierra?
—Lo he visto, créeme.
—Pues eso. Te has convertido en una celebridad en tu país de origen. ¿Quizás te nombren algo parecido a un Duque inglés?
—Por la Existencia, espero que no.
Nuevos vítores y aplausos se escucharon en el muelle cuando los tres aparecieron ya en suelo japonés. El secretario les guio hasta donde se encontraba no solo el Primer Ministro de Japón, sino varios ministros del gobierno. Tom se rasco la nuca con nerviosismo. Nunca antes había estado frente a alguien tan importante como un presidente de gobierno, por lo que el modo de actuar le era desconocido, más aún tratándose de un país extranjero, uno oriental, donde la cultura era tan distinta a la suya.
—Oye, ¿cómo se supone que debemos presentarnos?
—Tú solo has lo que yo.
—.. De acuerdo.
Cuando estuvieron frente a frente, el secretario del Primer Ministro procedió a presentar a los miembros del gobierno presentes.
—Les presento al Primer Ministro, Kan Naoto; el Ministro de Asuntos Internos y Comunicaciones Katayama Yoshihiro; el Ministro de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología, Takaki Yoshiaki; y el Ministro de Defensa, Kitazawa Toshimi.
Los cuatro miembros del gobierno realizaron una reverencia a modo de saludo, como era normal en aquel país. Issei respondió de la misma manera. Tom, observando atentamente a su amigo, imitándole.
—Un placer conocerle en persona, Hyoudou-Stark-san —Dijo el Primer Ministro en un perfecto inglés—. Nos honra con su llegada nuevamente al país.
—El agradecimiento es mío. Les presento a mi mejor amigo, a quien considero como mi hermano, Wood Tom.
—Un placer.
Ante la mirada divertida de Issei, Tom volvió a realizar una reverencia, no sabiendo si estaba haciendo bien o mal.
—También es un placer conocerle.
—El placer es mío, sobre todo por tener el detalle de hablar mi idioma —Dijo el estadounidense con vergüenza.
—Todos hablamos inglés. Es una muestra de respeto.
—Muchas gracias.
Para satisfacción de los miembros del gobierno, Tom agradeció en japonés. Durante su tiempo de amistad y hermandad, Issei le había enseñado algunas frases y palabras en japonés a Tom y Marilyn, por lo que el rubio podría defenderse durante su estancia en el país.
— ¿Puedo preguntar el motivo de este recibimiento? —Preguntó Issei con educación—. No creo ser merecedor de algo semejante.
—Hyoudou-Stark-san, usted es un héroe nacional, una figura de gran importancia —Explicó el Ministro de Defensa—. Desde la catapultación de Iron Man, su figura ha recibido un gran reconocimiento como co-creador de esa armadura, así como un superhéroe cuando se reveló como el Sekiryuutei en el evento de la Expo Stark —Tom asintió al ver cómo allí decían a la perfección su nombre de súper héroe—. Para nuestro país, es motivo de orgullo que haya un súper héroe de nuestra nacionalidad.
El Stark se rascó la mejilla, sabiendo que, a pesar de ser japonés de sangre y nacimiento, había dejado de lado su tierra natal durante los últimos años. El que ahora le mostraran todo aquel reconocimiento le hacía sentir muy culpable. Una parte de sí mismo había sido abandonada y ahora esa misma parte se alegraba de sí.
—A pesar de haber estado tan poco pendiente de este país…, recibir todo este reconocimiento… Admito que no me lo esperaba.
El Primer Ministro volvió a tomar la palabra.
—No podemos negar que ciertamente nos ha entristecido su poca mención a su tierra natal, a su país de origen, pero entendemos que, luego de la adopción por parte de Stark Tony y del desarrollo de su nueva vida allí, haya perdido contacto con sus orígenes. Pero ha vuelto y eso nos llena de orgullo y satisfacción. Además, queremos invitarle a una ceremonia en la capital mientras dure su estancia en el país, pues tengo entendido que se encuentra de viaje luego del terrible suceso de Italia.
—Así es. Tenemos pensado pasar un tiempo aquí, visitar mi antiguo hogar, volver a conectar con mis raíces…, pero luego nos gustaría seguir con lo que queda de nuestro viaje.
—Pues, en ese caso, esperamos su colaboración para mantener el orden en el país tal y como ha estado haciendo durante su tiempo de actividad ya fuera como el Sekiryuutei o como ayudante de Iron Man.
—Además, nos gustaría que, de ser también posible, visite algunos institutos y universidades para dar charlas. Sería bueno para nuestros jóvenes recibir algo de inspiración de usted —Propuso el Ministro de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología.
—Por supuesto. Ayudaré en todo lo que pueda.
—Nos alegramos. Le enviaremos una lista con algunos lugares donde pueda dar charlas.
Los miembros del gobierno realizaron otra reverencia y procedieron a subir al vehículo oficial, más el Primer Ministro se detuvo.
—Cuando tenga pensado ir a Tokio, por favor, avísenos con tiempo para preparar la ceremonia. Hasta más ver, y bienvenido a casa.
Los vehículos del gobierno, y su cuerpo de seguridad, abandonaron el puerto de la ciudad para volver a la capital y así seguir con sus obligaciones, dejando a los dos amigos un tanto sorprendidos por lo ocurrido.
—Vaya. Corto pero intenso, ¿no te parece?
—Sin duda.
—Así que…, otra ceremonia. Hace unos meses tuviste una.
—En Washington, sí.
—Con esta tendrás el reconocimiento de la primera y tercera potencias mundiales.
—Sin duda.
— ¿Y qué hacemos ahora? No vamos a poder tener un viaje tranquilo —Indicó Tom señalando a la gente que esperaba que el héroe nacional se acercase.
—Intentaremos continuar con el viaje…, como se pueda.
—… Genial…
Una vez lograron sortear a los cientos de personas que había en el puerto, el dúo de amigos fue directamente a la carretera para así encontrar un lugar tranquilo donde descansar. Cuando llegase la mañana recorrerían la isla, la cual era llamada Hokkaido, para después ir a Honshu, la isla principal, donde estaba el antiguo hogar de Issei.
Aquella misma noche, mientras Tom se duchaba, Issei procedió a preparar la cena cuando alguien le contacto. No esperaba que fuera algún familiar, pues había hablado con ellos hacía relativamente poco, y dudaba que el gobierno tuviera ya la lista con los lugares a los cuales les gustaría que fuera a dar una charla. Observó atentamente el número de teléfono, sorprendiéndose al reconocer el nombre de una empresa conocida.
— ¿Diga?
—*¿Hyoudou-Stark? * —Preguntó una mujer desde el otro lado.
—Sí, soy yo. ¿Quién es usted y qué desea?
—*Mi nombre es Takanami Eri, secretaria del CEO de Industrias Fujikawa, Fujikawa Kenjiro. Creo que conocerá nuestra empresa. *
—Sí, por supuesto. La empresa subsidiaria de la compañía de mi padre. Además de desarrollar la tecnología Heads Up Display.
—*Me alegra saber que conoce nuestro trabajo. *
— ¿A qué debo la llamada?
—*Fujikawa-sama quiere saber si podría pasarse por la sede de nuestra empresa cuando se encuentre en las cercanías. Le gustaría compartir una agradable charla con usted sobre asuntos relacionados con la empresa y colaboración con Industrias Stark. *
—Bueno, normalmente Pepper es la encargada de eso, pero tampoco veo motivo para no tomar un pequeño desvío en nuestra ruta.
—*Perfecto. ¿Sabe aproximadamente qué día estará por las cercanías? *
—Pues no estamos muy seguros, pero quizás para los primeros días o mediados de enero estemos por la zona.
—*De acuerdo. Entonces informaré a Fujikawa-sama. Esperamos su llamada. *
Y la video llamada finalizó. Issei procedió a guardar el móvil, viendo que Tom esperanza paciente por una explicación. El rubio ya tenía puesto su pijama de invierno
—Bueno, pues creo que tomaremos un desvío, pero ¿dónde está ese lugar?
—Cerca de mi antiguo hogar.
— ¿Al lado de tu pueblo? Vaya. No sé si es casualidad o no, pero interesante lo es, sin duda.
—Kuoh está a poca distancia de la capital, por lo que tampoco es de extrañar.
A la mañana siguiente, tal y como habían planeado, se despertaron temprano para recorrer la isla. Por suerte habían logrado dar esquinazo a los fans, evitando las ciudades, recorriendo los caminos naturales, de tierra, o las carreteras secundarias. A media mañana el gobierno le envío una lista con el nombre de las ciudades donde podría dar la charla, pidiendo que confirmara los lugares con mínimo dos días de antelación para así prepararlo todo. Para el final del día llegaron a un puerto del sur, donde cogieron un nuevo barco para ir a la isla principal del país.
Para suerte de ambos, su llegada pasó totalmente desapercibida, pero solo la llegada. La noticia de que el héroe nacional había llegado la noche del veinticinco de diciembre a tierras japonesas se había extendido por todo el país como un incendio en yesca seca, por lo que ahora la gente estaba muy atenta por si le veía.
Decidieron recorrer primero la costa oeste del país, pues Issei no tenía muchas ganas de llegar pronto a su ciudad natal, así como las pocas ganas de la reunión con la empresa. En un principio la ciudad de Kioto, una de las más famosas del país, sería visitada cuando terminaran de visitar el sur de Japón, pero dada la gran curiosidad, que les pillara cerca de su ruta, y la fecha, decidieron hacer un alto allí
Como era costumbre desde el inicio del viaje, fueron a un motel, en este caso un pequeño y humilde hotel, para pasar la estancia en la antigua capital nipona. Dado que no querían delatar su posición al público, algo constante también, todo fue a nombre de Tom.
XXXXX
Era el día de Nochevieja, treinta y uno de diciembre, y no solo los humanos se preparaban para la fiesta propia de aquel día. En la ciudad oculta de los youkais, los mismos también se preparaban para la celebración. Nunca habían celebrado dicha fiesta, al menos hasta que la importaron de los humanos, como muchas otras cosas. Al principio no entendían el motivo de celebrar que la Tierra hubiera terminado de dar la vuelta alrededor de su estrella, pero después advirtieron que en verdad no se necesitaba comprenderlo, sino solamente disfrutarlo.
A pesar de su toque tradicionalista, pues a diferencia de la Kioto humana, la conocida como Kioto oculta se había quedado estancada, arquitectónicamente hablando, en el periodo feudal. Sus edificios y calles eran muy similares a la Kioto antigua, pero, en aquel día tan importante, lo nuevo y lo antiguo convivían en paz, al menos hasta el fin de las celebraciones.
Desde el palacio real, una mujer con colas u orejas de zorro observaba atentamente, desde la distancia, el trabajo para la decoración. Nunca celebraban la Navidad, cosa contraria a los japoneses, aunque dicha fiesta no tuviera ningún símbolo religioso para ellos, pero Año Nuevo era otra cosa. Tampoco lo celebraban durante tanto tiempo, como era muestra de trabajar en la decoración el mismo día de la fiesta.
— ¿Cómo va la preparación? —Interrogó Yasaka a uno de sus súbditos, la encargada de dejar toda la decoración preparada para el momento principal.
—Vamos a buen ritmo, Yasaka-sama. Lo tendremos todo preparado para la hora prevista.
— ¿Y los alimentos?
—Todos listos para cuando llegue la hora de cocinar.
—Espero haya suficiente bebida para todos.
—Por supuesto.
—Me alegra escucharlo. Hoy es el último día del año y es menester que todos disfruten de él sin ningún tipo de incidentes.
—Por supuesto, Yasaka-sama.
—Puedes retirarte y seguir con tus deberes.
—Por supuesto.
Con una profunda inclinación, la súbdita se marchó para continuar con su deber. La Reina paseó por el jardín del palacio, observando todo atentamente. No pudo evitar sonreír al ver cómo, a pesar del trabajo, todos parecían contentos por la llegada de aquel día. Todos estaban deseosos de reunirse con sus familias o amigos, cenar y beber en compañía, y celebrar el fin de un año y el inicio de otro. No muy lejos, ayudando a decorar el jardín principal, la kyuubi observó contenta a su única hija. Como adolescente que era, Kunou estaba muy excitada por la fiesta: no paraba quieta, siempre tenía que estar haciendo algo, ayudando en lo que fuera. Al final intentó que se fuera con sus amigas para dejar un poco en paz a los sirvientes del palacio, pero no fue posible. No es que tuvieran queja, pero no tenían trabajo para darle, por mucho que intentaran recordarle que era la Princesa y por tanto no debía hacer ese tipo de cosas.
—Yasaka-sama.
La Reina observó al jefe de la seguridad, quien realizó una profunda reverencia.
— ¿Si? ¿Ocurre algo?
—Nos acaban de confirmar que el Sekiryuutei y su acompañante están en la ciudad, actualmente yendo al templo Tenryuu-ji.
— ¿En serio? —Preguntó la kyuubi para asegurarse, sonriendo satisfecha al verle asentir nuevamente—. De acuerdo. Gracias por informarme.
Y, con una nueva y profunda reverencia, el líder del cuerpo de seguridad abandonó la sala. Llevó una mano a su barbilla, pensativa. Tener al Sekiryuutei en su terreno, o cerca del mismo ya que no tenía autoridad alguna en la Kioto humana, era algo un tanto inesperado. Pensaba que evitaría los sitios como aquel, pero su razonamiento había sido errado. Por su mente pasó la idea de invitarle, pues dudaba que fuese a tener recelos de los youkais.
—Buuu, esto es aburrido —Parpadeó varias veces, saliendo de sus pensamientos. Kunou se encontraba a su lado, visiblemente aburrida—. Nadie me deja hacer nada, y mis amigas están ocupadas. Ahhh, a veces ser Princesa no es bueno —Se quejó haciendo un adorable mohín.
Una nueva idea surgió en la cabeza de la kyuubi. Kunou estaba aburrida y era fan del Sekiryuutei. Podía matar dos pájaros de un solo tiro.
—Oye hija, ¿sabes que el Sekiryuutei se encuentra aquí, en Kioto?
La reacción de Kunou provocó la sonrisa de Yasaka. Verla con los ojos brillantes y sus colas y orejas de zorro tan tiesas, expectantes, era adorable de ver.
— ¡¿En serio?! ¡¿Aquí?!
—Eso me han dicho. Y parece ser que está yendo a Tenryuu-ji. He pensado que podrías ir allí y ser su guía. ¿Qué te parece la idea?
— ¡Si, si, si! —Gritó, sorprendiendo a los que estaban alrededor.
Al darse cuenta de su reacción, su sonrojo llegó hasta la raíz de su cabello, provocando la risa burlona de su madre.
—Bien. Pues ve y se su guía. Al fin podrás conocerle en persona.
Kunou asintió con energía, corriendo para llegar al punto de conexión entre las dos Kioto, aunque volvió rápidamente.
—Podría… ¿Podría llevar a mis amigas?
—Me sorprendes. Pensaba que querías ser su única guía.
—Bueno… ¡Soy la princesa, así que el día de hoy iré yo sola! —Exclamó hinchando el pecho.
Nuevamente corrió hacia el punto de conexión ante la divertida mirada de su madre. Pero, a pesar de todo, no iba a descuidar su seguridad. Como toda madre, debía mantener a su hija a salvo, por mucho que no creyera que el Sekiryuutei fuera una amenaza para ella.
XXXXX
El invierno ayudaba a Issei a pasar desapercibido: iban bien abrigados y con gorros. Los dos amigos tuvieron la suerte de encontrar la ciudad nevada, casi sin turistas al ser temporada baja por el intenso frío.
Los dos amigos observaban desde el tranvía la decoración para el gran evento. En los Estados Unidos habían visto celebraciones a lo grande, sobre todo el cuatro de julio, la fecha más importante del país, pero debían de admitir que los japoneses no se quedaban atrás. La noche de fin de año, así como el día de Año Nuevo, eran de las festividades más importantes del país, donde las familias se reunían y los amigos y compañeros de trabajo bebían juntos.
—Parecen preparados para el Año Nuevo —comentó Tom al ver toda la decoración—. Que bien que lo vayamos a celebrar aquí. ¡Seremos de los primeros!
—Es normal. Diciembre es un mes de muchas fiestas y celebraciones —Indicó Issei—. Nochevieja y Año Nuevo es sólo la culminación.
—Pero Año Nuevo ya es para enero.
— ¿Te vas a poner tiquismiquis?
—Si puedo, sí.
—Ahhh. Como decía, hay muchas celebraciones, ceremonias, ritos y demás en este mes.
— ¿Ejemplos?
—Pues…, están las celebraciones ancestrales de fin de año, como por ejemplo el Festival del Fuego de Akiha, también los mercadillos…
—Pasaremos por uno, ¿no?
—Por supuesto. También se visitan mucho los templos y santuarios, donde se realizan algunas prácticas como el ritual sagrado de limpieza de fin de año en el templo Honganji de esta ciudad… ¡Ah!, me olvidaba: los homenajes a los famosos 47 rōnin de Ako, samuráis que murieron para honrar a su señor, siendo uno de los más importantes los de Kioto, aunque me temo que eso ya se celebró… Te hubiera gustado, pues se ven muchas geishas y maikos. También me hubiera gustado ver el alumbrado de este barrio, pues dicen que es de los más hermosos del país, pero…
—A ver si adivino, ¿también llegamos tarde? Si lo llego a saber hubiéramos venido antes. ¿Por qué no lo dijiste antes?
— ¿Sinceramente? Me he puesto a repasar cuando venimos.
—… La madre que te parió…
—Je, je.
— ¿Alguna fiesta más?
—Pues está el Día del Kanji en el templo Kiyomizu de Kioto, pero también hemos llegado tarde.
—… Sólo menciona alguna fiesta que podamos pillar.
—Pues… Fin de Año y Año Nuevo…
—Bueno, algo es algo. ¿Y qué hacen aquí exactamente? Además de estar con la familia y tener vacaciones.
—Pues…, si no recuerdo mal…
—Colega, es tu país natal…
—Ya, pero hace demasiado que no vengo, por no olvidar que la última vez que celebré esta fiesta según mi tradición fue antes de la muerte de mis padres. Una década de eso.
—Vale, vale. Usted disculpe. Ahora explica.
—… Como decía, la gente colocó el día veintiocho los kadomatsu, par de decoraciones en las que, según la tradición sintoísta, los dioses visitan el mundo terrenal durante el Fin de Año, y habitan en los kadomatsu temporalmente hasta que regresan al mundo divino.
—Entonces, ¿esta noche Kioto estará llena de dioses?
—No lo sé. Ddraig nos informará si ocurre.
— [Me encanta ser tu radar personal] —Dijo el Dragón con sarcasmo.
—Ya sabía yo que te gustaba —Sonrió Issei—. Al final de las celebraciones de Año Nuevo, se queman los kadomatsu para dejar que los dioses puedan regresar al mundo divino. Estos días atrás se celebraron las bōnenkai, fiestas para olvidar el año, un etílico festejo en el que es muy habitual emborracharse para olvidar los problemas y vicisitudes del año que ya termina. Estas fiestas de borrachera se celebran los últimos días de diciembre generalmente entre grupos de amigos o de compañeros de trabajo que no paran hasta acabar hasta arriba de sake.
— ¡Joder! ¡En serio, teníamos que haber venido antes! ¡Nos hemos perdido todo lo bueno!
—Ya lo sé, ya lo sé. Para el año que viene lo hacemos bien.
— ¿El año que viene? ¿Cuándo se acaba el mundo según el calendario ese de...? ¿De quién cojones era…? Bueno, el de los nativos americanos.
— ¿Cuales? ¿Norte, centro o sur?
—Del norte seguro que no. Los estadounidenses casi los exterminaron.
—Tú eres estadounidense.
—Sólo porque he nacido aquí, pero ya sabes que mi familia viene de Europa, así que me libro. Pero continúa con la explicación. ¿Qué podemos hacer esta noche? Está claro que emborracharse por tradición es ya imposible.
—Pues… Está el ritual de limpieza, que prácticamente consiste en limpiar la casa.
—... ¿Limpiamos la furgoneta?
—...Pues no le vendría mal, la verdad. Fuera de eso está ver nosequé programa muy famoso aquí y luego la cena, que suele empezar tarde, incluso a las once de la noche.
—Vaya. Sí que celebramos la fiesta de forma muy distinta.
—Sin duda. Luego de la cena, tras escuchar las ciento ocho campanadas que se hacen sonar en los templos budistas tañendo las enormes campanas que hay en ellos, muchos realizan visitas a algún templo, generalmente sintoísta, pero también budista, para rogar por la felicidad, aprobar los exámenes, encontrar pareja, etc.
—Entonces mejor evitar eso. Estará hasta arriba.
—Sin duda. Y luego, en algunos lugares, hay fuegos artificiales.
— ¿Y mañana?
—Pues…, se celebra el Hatsumōde, la primera visita del año a un templo, y el Hatsuhinode, la vista de la primera salida del sol del año. Si quieres madrugar podemos hacer la segunda.
—Hum. ¿Podremos evitarnos las colas de los templos?
—Puede que alguna, pero no todas. Si vamos temprano habrá menos gente.
—Bueno, hemos cogido la rutina de levantarnos temprano, aunque no tanto. ¿Y cómo darás la charla pasado mañana? ¿No es fiesta?
—Hay rituales, pero no hay problema en que de charlas. Incluso lo han recibido con los brazos abiertos.
—Je. Toma tú que casualidad.
El tranvía se detuvo y la pareja de amigos bajó. A partir de allí el camino era andando. Caminaron hacia el templo, siguiendo las indicaciones de los letreros, por lo que resultaba totalmente imposible perderse. Mientras caminaban rumbo al templo, Ddraig informó a ambos de presencias desconocidas.
— [Youkais]
Tom e Issei se detuvieron de pronto. Gracias a que tenía las manos guardadas en los bolsillos de su abrigo, nadie podía ver la gema verde.
— ¿Qué?
— [Hay un youkai en las cercanías y otros tantos a más distancia]
Los ojos de Issei se entrecerraron, mirando disimuladamente a todos lados con desconfianza. Tom fue un poco más sutil.
— ¿Amigos o enemigos?
— [No lo sé]
— ¿Este lugar lo guarda alguna criatura? —Curioseó Tom.
— [Normalmente todos los templos son custodiados por los dioses para los cuales fueron levantados o sus súbditos]
—A ver, déjame buscar —Tom sacó su teléfono para buscar información sobre el templo—. Vale, al parecer este templo fue creado para veranar a Buda Gautama. Eso significa que pertenece al budismo. ¿Los budistas tienen dioses?
— [Según recuerdo, no exactamente. Pero, aun así, os aconsejo no ofender. No tenéis poder suficiente para enfrentaros a un dios o un ser de alta categoría]
—Pues entonces habrá que tener cuidadito con lo que hacemos y decimos.
Asintiendo para mostrar que estaba de acuerdo, ambos atravesaron las puertas del templo, ingresando en los terrenos.
—Esta es la Montaña de la Tormenta, Arashiyama, y el edificio frente a vosotros es el templo Tenryuu-ji.
Ambos varones clavaron sus miradas en una joven vestida de sacerdotisa que apareció de alguna parte.
— [La youkai]
—"¿Y los otros?"
— [A distancia. Quizás sólo estén vigilando]
—"Esta chica… ¿podría ser alguien importante?"
— [Es posible]
— ¿Y tú quién eres? —Preguntó Tom, curioso por ver a una joven vestida de esa manera.
—Mi nombre es Kunou, y soy una guía de este lugar.
— ¿Una guía? Vaya, sí que es cierto que los estudiantes de instituto tienen trabajos a media jornada —Dijo Tom un tanto sorprendido.
— ¿Cómo sabes que va al instituto?
—Por su apariencia. No parece universitaria, ni tampoco estar en la secundaria. Pero quizás me equivoque.
La joven parecía tener una actitud seria por su postura y gesto, aunque ambos pudieron notar que también estaba un poco nerviosa y que ocultaba algo en su espalda. Además, no dejaba de lanzar rápidas y leves miradas a Issei. Ambos no pudieron evitar que una idea cruzara por su mente. Esos gestos, ese nerviosismo, ya lo habían visto antes. Es más, incluso ellos mismos lo habían experimentado muchas veces.
— [No me parece que sea hostil. Es más, diría que parece una fan]
—"Pienso igual."
—Yo…, esto… —Kunou desvió la mirada, sonrojada por la vergüenza, mostrando una libreta y un boli, ocultando su rostro tras dicha libreta—. Podrías… firmarme... ¿un autógrafo?
Issei no pudo evitar sonreír. Parecía una niña pequeña que estaba ante su ídolo. En verdad no se sentía así, y le hacía sentir un poco incómodo esa clase de afecto, aunque él mismo lo había hecho innumerables veces. Tendió su mano, observando cómo, aún avergonzada, la youkai le daba la libreta y el bolígrafo con los ojos brillantes a pesar de tener su rostro color carmín. Una enorme sonrisa surgió en el rostro de la chica al tener de vuelta la libreta con la firma.
—Creo que nunca me acostumbraré a verte hacer esto —Bromeó Tom dándole un golpecito en el hombro—. Pero no te tenía por un asaltacunas.
La respuesta a esa burla fue mostrarle el dedo de en medio. Por suerte la joven guía estaba tan absorta en contemplar su firma que no había escuchado la burla de Tom.
—Entonces, ¿nos vas a guiar? —Interrogó Issei.
Al escuchar la pregunta directa, la joven salió de su ensoñación, intentado recomponerse.
— ¡Sí! B-bueno…, si queréis.
—Por mí no hay problema —Sonrió Tom encogiéndose de hombros—. ¿Ise?
—Por mí, encantado.
— ¡Genial! —Nada más gritar aquello, el rostro de la chica volvió a ponerse rojo, por lo que inspiró profundamente para volver a mantener la compostura—. Por favor, seguidme. Lo primero que visitaremos será este templo, Tenryuu-ji.
Dándose la vuelta, la youkai comenzó a caminar ante la mirada divertida del dúo.
— "Oye Ddraig."
— [¿Si?]
—"Por algún casual, ¿el Dragón Blanco y tú peleasteis aquí? Lo digo por lo curioso del nombre."
— [A saber]
—"¿No lo recuerdas?"
— [Me temo que mis recuerdos no son tan accesibles cómo crees, ya lo sabes]
—"Había que intentarlo."
Durante la guía, Kunou explicaba todos los datos curiosos sobre todos los lugares que visitaban, como por ejemplo que aquel templo estaba declarado como Patrimonio de la Humanidad. Una vez hubieron visitado el hermoso jardín del templo, el cual había adquirido un hermoso toque por la primavera, aunque según su joven guía era mucho más hermoso en primavera, fueron a una sala llamada, sala de enseñanza, donde había una imagen de un dragón oriental en el techo.
—Esta es la imagen del famoso Dragón de la Nube, Unryuu-zu —Explicó Kunou mirando de reojo a Issei—. Sin importar desde qué dirección lo mires, uno siente que el dragón le está mirando fijamente.
Issei caminó alrededor, comprobando que ciertamente parecía no dejar de mirar.
—"¿Magia?"
— [No siento nada de magia. Es simplemente una gran obra. El artista hizo bien su trabajo]
—Hum, parece muy distinto a uno occidental. ¿Serán de especies distintas? —Preguntó Tom en voz alta, aunque con la clara intención de interrogar a Ddraig.
—Podría ser. Quizás sean dos razas distintas de una misma especie —Opinó Issei.
— ¿Como los humanos?
—Eso mismo.
—Hum.
Cuando hubieron finalizado la visita a dicha sala siguieron recorriendo el templo hasta que finalmente salieron por las mismas puertas por las cuales habían ingresado a aquel lugar.
—Oye, ¿tú visita termina aquí? —Le preguntó Tom a Kunou—. Sinceramente me ha gustado la experiencia. Te manejas bien.
—Puedo guiaros por muchos otros sitios. Si queréis podemos visitar Nison-in, el Camino de Bambú, Jojakko-ji y muchos otros lugares de Arashiyama.
—Siempre y cuando terminemos para antes de la fiesta de Año Nuevo, no veo problema.
—Yo tampoco. Será una buena forma de pasar el último día del año.
—En ese caso continuaré con mi función como vuestra guía, al menos hasta una hora prudente —Asintió la youkai satisfecha.
Y así continuaron con la visita guiada por toda la montaña Arashiyama. Cuando llegó la hora de la comida, los tres fueron a una tienda para llenar sus estómagos. Kunou aprovechó para ametrallar a Issei con todo tipo de preguntas, siempre evitando tocar el tema delicado, mientras degustaban un tofu sugerido por la chica. Incluso aprovecharon para hacerse fotos los tres. Una vez hubieron descansado luego de comer, fueron a Togetsukyou, un puente de ciento cincuenta y cinco metros de longitud que cruzaba el río Katsura, el cual atravesaba Arashiyama.
—Según los habitantes, hay dos leyendas sobre este puente: uno es que nunca se debe retroceder cuando se está cruzando y el otro es que, si una pareja lo están cruzando, ninguno debe mirar atrás —Explicó Kunou manteniendo la mirada al frente.
— ¿Por qué motivo no se debe hacer ninguna de las dos?
—En la primera dicen que es porque, en caso de hacerlo, la inteligencia otorgada por el cielo será arrebatada.
—Entonces hermano tú puedes hacerlo—Bromeó Tom dando un pequeño codazo a Issei—. Con lo listo que eres no creo que te vaya a pasar nada.
—Pues mejor que tú no lo hagas entonces, no vaya a ser que desaparezca la poca inteligencia que tienes.
— ¡Oye!
—Tranquilo. No creo que fueran a hacer eso a un extranjero.
—Pues tú naciste aquí, tienes sangre japonesa.
—Je. Ya sabes que no soy creyente. Estas cosas no me asustan —Y para dar más fuerza a sus palabras, volteó para comenzar a caminar de espaldas—. Además, si tienen algún problema conmigo, pues mejor que vengan y me lo digan a la cara.
— [Está bien reírse de los dioses, pero yo que tú no les retaría tanto, al menos mientras no poseas el poder para barrer el suelo con ellos]
—"Lo tendré en cuenta." Y en todo caso, los dioses sólo deberían tocar las narices de aquellos que creen en ellos.
—Ahí coincido, pero ya se sabe que hay muchos dioses, refiriéndome a la religión en general, que les gusta mucho dar por culo, así que… Meh. ¿Y cuál es la explicación del segundo motivo? Digo, ¿por qué hacer que una pareja se separe sólo por mirar atrás?
—No lo sé —Respondió con sinceridad Kunou—. Es solo una superstición.
—Hum, me tienta la idea de traer a Marilyn aquí y hacer eso mismo.
—Yo que tú no tentaría a la suerte —Opinó Issei—. Ya has encontrado a una gran mujer. No aumentes las posibilidades de que te deje.
—… Eso, tú mata el buen ambiente...
Kunou sonrió, pero en ningún momento dejó de mirar al frente. Al contrario que esos dos humanos, ella prefería no retar a los dioses. Ciertamente aquel humano, el amigo del Dragón Rojo, tenía razón en algo, pero el que fuera extranjero o ateo no importaba para aquellos que estaban por encima del resto. Por ese motivo ella prefería no enfadarles. Ser objeto de odio de un dios era una de las últimas cosas que deseaba.
Cuando la noche llegó a la ciudad, la visita finalizó. Los dos amigos decidieron abandonar la montaña, volver a su hotel luego de comprar algunas cosas, y celebrar el día de Año Nuevo. Kunou no pudo evitar entristecerse un poco al verles abandonar aquel lugar.
—Esto…, disculpad… —Ambos varones se detuvieron, volteando para mirar a la youkai—. ¿Vendréis mañana?
—A este lugar no, pues acabamos de verlo —Bromeó Tom—, pero tenemos interés en ir a los templos.
— ¿Cómo cuál?
—Pues… ¿cómo demonios se llamaba este, el de la caída?
—Kiyomizu-dera.
— ¡Ese!
—También conozco bien ese templo. Si queréis…
—Estaríamos encantados de que fueras nuestra guía.
Los ojos de la youkai brillaron al tiempo que una enorme sonrisa surgía en su rostro.
—Sí, por supuesto.
—Perfecto. ya que hoy hay fiesta, posiblemente lleguemos allí sobre las nueve o diez de la mañana.
—Os estaré esperando —Finalizó con una reverencia.
Despidiéndose agitando las manos, los dos amigos finalmente salieron de aquel lugar, dejando a una sonriente youkai.
—Parece que te lo has pasado bien —Dijo una dulce voz a su espalda.
No hizo falta voltear para saber de quién se trataba.
—Sí, madre. Ha sido un día divertido.
—Sin duda. Verte actuar como una chica normal de tu edad es algo maravilloso de ver —Ahora sí, Kunou volteó a verla confundida—. Siempre actúas como toda una Princesa, pero es agradable verte actuar como una adolescente normal. ¿Puede que sea por la presencia del Sekiryuutei? Como una fan viendo a su ídolo.
— ¡Madre! —Exclamó la adolescente sonrojada.
—Ufufufú. Es divertido molestarte.
—Para tú, no para mí.
—Venga, vamos. Hay que preparar todo para la celebración. ¿Te parece si les invitamos? Quien sabe, incluso podrías pedirle que te firme el resto de cosas, ufufufú.
— ¡Por los dioses! ¡Calla, calla!
XXXXX
—Qué niña tan adorable —Comentó Tom mientras subían al metro.
Issei observó burlón a su amigo.
— ¿Acaso eres un lolicón?
—Ja, ja. Tú y tus bromitas —El sarcasmo de Tom era más que evidente—. Sabes que no es eso, mendrugo. Siempre quise tener hermanos, no ser hijo único, y por momentos me he sentido como si realmente fuera un hermano mayor.
—Es curioso que nosotros tres seamos hijos únicos.
—Eres el más pequeño de los tres. Te elegimos como nuestro hermano pequeño.
—Lo sé. No dejáis de recordármelo.
—Pues eso.
—Pero ¿quién adelantó varios cursos?
— ¿Stephen Hawking?
—Que te den.
— ¿Que me den qué? ¿Dos dólares?
—Dos hostias es lo que yo te voy a dar.
—Te veo un poco estresado.
— ¿Estresado? ¿Yo? ¿Por qué?
—No sé… ¿Hace cuánto no te masturbas?
El rostro de Issei se volvió carmín ante aquella pregunta tan inesperada.
— ¡No pienso responder a eso!
—Es algo muy natural, mi pequeño padawan. Siempre estoy contigo, así que me preocupa tu salud. Es bueno meneársela de vez en cuando. Ya sabes, la vieja confiable.
—Vamos a dejar esta conversación aquí y ahora.
— ¿Nos vamos de putas? A ver, yo no participaré, pero si lo ves necesario para saciar tu…
— ¡Por dios! ¡Cállate de una vez! —Chilló avergonzado, mirando hacia todos lados.
La gente les miraba con extrañeza, aunque esperaba que fuera por el estridente grito que acababa de dar, no por la sugerencia de su supuesto mejor amigo. Vale que estuvieran hablando inglés, pero eran muy altas las probabilidades de que alguien supera inglés y pudiera entenderles perfectamente.
—Vámonos al hotel. No debe quedar mucho para que empiecen con el programa y la cena —Siseó molesto el portador de Ddraig.
Tom sonrió divertido, comenzando a silbar una melodía. Una vez llegaron al hotel se asearon, cambiaron de ropa, y fueron a la sala principal, donde todos los residentes de dicho hotel se habían reunido para ver el programa anterior a la cena. Dicho programa llevaba tiempo emitiéndose, pues comenzaba sobre las siete y media y dicha hora ya había pasado. El programa, uno de los programas de televisión con más audiencia, trataba de que los cantantes más famosos del país se dividen en dos equipos: las mujeres en el equipo rojo, y los hombres en el equipo blanco; y el objetivo es ganarse al público con una votación en directo. Cada equipo puede llegar a tener veinticinco componentes y las galas duraba más de cuatro horas, con una sola pausa para el boletín informativo
A pesar de no entender las letras de las canciones, Tom disfrutó más de lo esperado dicho programa. Era entretenido y los cantantes tenían buenas voces. Cuando llegó las once de la noche todos se sentaron en varias mesas, aunque atentos a las dos televisiones que los trabajadores del hotel habían puesto a su disposición. Una pareja de ancianos fue la que acompañó a los dos amigos.
—Hum, me parece curioso que este lugar esté abierto. Pensaba que no se trabajaba —Comentó Tom observando de reojo a los trabajadores.
—Incluso en los festivos siempre hay alguien que trabaja.
—Eso es cierto. Los trabajadores de la limpieza, por ejemplo —Dirigió su mirada a los platos que los camareros iban colocando y luego al reloj, el cuál indicaba que eran las once de la noche—. Pues sí que se cena tarde, sí —Opinó Tom mientras degustaba el plato tradicional de Fin de Año en aquel país.
Un cuenco lleno de fideos finos y largos, los soba, que simbolizaban una vida longeva. En el caso de Tom estaban acompañados de cebolla y verduras. Issei lo había pedido con más variedades.
— ¿Qué haremos después? No creo que te vaya mucho eso de visitar templos para rezar a dioses.
— [Me sentiría ofendido si lo hiciera. Es más, suena ridículo que el portador de una de las criaturas más poderosas del Cosmos vaya a rezar a un dios de tres al cuarto]
—No parece que te agraden mucho los dioses.
— [Se creen especiales. Bah, ridículo. Realmente hay pocas existencias especiales como tal, y los dioses no pertenecen a ellas]
— ¿Y los dragones sí?
— [No todos. Albion y yo si pertenecemos a esa categoría de existencias, como el Gran Rojo y Ophis]
—Y fuera de los dragones, ¿qué otras especiales conoces?
— [Hum… El Tribunal Viviente sería una. Las otras… Eternidad, Infinito, la Muerte. Esas son las que vienen a mi cabeza]
—Espera, ¿La Muerte? ¿Pero La Muerte, La Muerte?
— [La Muerte. La Verdadera Muerte, no uno de esos Dioses de la Muerte, que no debe ser confundidos con los Dioses de los Muertos]
—Arrea.
— [De ser posible, nunca dejaré que mi compañero siquiera les mire mal. Sólo habría una forma de hacerles frente, pero es casi imposible]
— ¿Cómo?
— [No hablemos más de eso. Son temas oscuros y esta noche es para celebrar]
—Ahí estoy contigo.
De pronto el programa se detuvo, pues la cuenta atrás había comenzado.
— ¿Ya? Coño, ni cuenta me había dado.
Tom e Issei se pusieron en pie, con sus vasos llenos de champan. La pareja de ancianos les miró curiosos, pues seguramente no estarían acostumbrados a la típica celebración occidental. Para alivio de ambos, no fueron los únicos en ponerse en pie.
—Dios, me faltan las malditas uvas. ¿Por qué no podían tener uvas?
—Usa otra cosa.
—No veo aquí nada que se coma lo suficientemente rápido.
—Pues sin uvas. No vas a morirte por ello.
La cuenta atrás no esperó a Tom y sus uvas. Cuando la hora llegó en toda la ciudad de Kioto se escucharon las campanadas de los templos, aunque apenas y se pudo escuchar algo en el hotel por los gritos de alegría de aquellos que se felicitaban el Año Nuevo entre abrazos y choques de copas, sorprendiendo a los menos conocedores de dicha costumbre. Issei sacó su teléfono, marcando el número de su padre. Para su alegría, los tres estaban juntos: Happy, Pepper y Tony. Tom hizo lo mismo, llamando a Marilyn.
—Hola chicos. Feliz Año Nuevo desde Japón —felicitó Issei con una sonrisa.
— ¡Feliz Año Nuevo gente! —Gritó Tom bastante más animado—. ¡Ise, por dios, eres un muermo! ¡Dale más alegría al cuerpo, que estamos de fiesta!
—*Menos mal que hemos sido previsores* —Dijo Pepper sonriente—. *Feliz año. *
—*Son las ocho de la mañana. Puede que allí ya estéis en el dos mil once, pero aquí sigue siendo dos mil diez. Un poquito de consideración, por favor. *
—Seguro que esta será tu excusa para comenzar a festejar antes de tiempo, ¿verdad Tony? —Bromeó Tom con una sonrisa maliciosa.
—*Pues no, tío listo. Por una vez lo celebraré como se debe. *
— ¿Por qué será que no te creo?
La pareja de ancianos se levantó, realizando una leve reverencia, y luego abandonó la sala, seguramente para ir a algún templo y rezar. Al final los dos salieron un rato para, por lo menos, ver cómo estaba la ciudad.
XXXXX
Tal y como prometieron a la joven guía, los dos amigos estuvieron en la entrada al templo a las diez de la mañana luego de contemplar la salida del sol, lo cual les había supuesto el estar un tanto cansados, pero nada que el café no pudiera arreglar. La propia actividad física terminaría de despertarles y evitaría el bajón del café luego de hacer su efecto. Ambos se encontraban esperando en un camino de pendiente que llevaba al templo, junto a unas casas japonesas construidas a ambos lados. La verdad es que el templo estaba más concurrido de lo que esperaban, pero su guía debía conocer aquel lugar lo suficiente como para evitar las aglomeraciones, ¿no?
— ¿Cómo creerás que vendrá hoy nuestra pequeña sacerdotisa guía? ¿Volverá a vestirse así, vendrá con yukata, informal?
—Normalmente la gente suele llevar yukatas, o al menos así era antes. Ahora son menos, sobre todo entre los hombres.
—Hum. Es una adolescente, así que… ¿yukata?
— ¿Acaso quieres apostar?
—Una buena manera de empezar el año, ¿no?
—Y yo que pensaba que eso se había hecho con el amanecer.
—Calla, calla. Tengo un sueño…
—Normal para ti. Yo estoy acostumbrado.
—Increíble. Después de…, cuatro meses, ¿tu cuerpo aún está acostumbrado a esta falta de sueño? No dejas de sorprenderme, pitufo.
—… Primero apostar y ahora… ¿buscas pelea?
Tom simplemente se encogió de hombros. Entonces su mirada captó una figura familiar…, solo que dicha figura iba acompañada por otras cuatro.
—Se han multiplicado —Murmuró Tom divertido.
Kunou se acercaba junto a otras cuatro adolescentes, seguramente de su edad o rondando la cercanía. Todas iban vestidas con yukatas.
— [Youkais, todas]
—Eso parece. ¿Serán amigas suyas?
—Lo más probable. ¿Acaso es raro que una joven sacerdotisa no tenga amigas?
—No he dicho eso.
—Pues si no son amigas serán familiares, pero adoptadas. Ninguna se parece a las otras.
—Amigas entonces.
— ¿Apostamos?
—Para ya.
—Tendría que hacer una foto de esto. Es más, lo voy a hacer. Pienso titularla: el primer club de fans de colegialas japonesas del gran Dragón Rojo.
Issei entrecerró los ojos con un tic en uno de ellos.
—Pero mira que eres hijo de puta…
—Mi buen amigo, dales solo dos años, más o menos, y ya serán legales.
—… Y luego el salido soy yo…
— ¡Ah, ahí estáis! —Gritó Kunou emocionada —Apretaron un poco el paso para reunirse antes con los dos varones—. Me alegra mucho veros otra vez. Ellas son mis amigas. Espero que no importe que hayan venido.
—Esto es un país libre, ¿no? —Tom se encogió de hombros—. Yo no veo problema para que nos acompañéis. Según me ha explicado éste, ir a los templos es lo normal este día.
—Sí, así es.
—Por cierto, muy guapas todas, en serio. ¿Verdad Ise?
Lentamente Issei dejó de mirar a las sonrojadas adolescentes para mirar a su amigo. Tom era un Don Juan sin siquiera saberlo, o supuestamente no se daba cuenta, pero en aquel momento no sabía si era un simple piropo o su amigo estaba "jugando" a algún "juego" con él.
—Sin duda.
Las jóvenes se miraron entre ellas, satisfechas por saber que habían cumplido su objetivo de estar guapas, aunque para nadie especial, solo por gusto propio.
—Oídme chicas —Llamó Tom al grupo de colegialas mientras sacaba su móvil, para vergüenza de Issei—. ¿Quién quiere echarse una foto con el gran Sekiryuutei? —Preguntó subiendo y bajando las cejas—. Os la puedo pasar luego.
La respuesta a aquella pregunta fue un grito de histeria conjunto seguido de una colocación rápida en torno al portador de Ddraig. El rostro de Issei se volvió carmín, sorprendido por semejante acto tan veloz. Obviamente Tom aprovechó para tomar varias fotos.
—Bien, bien. Ya tenéis una foto de él avergonzado y sorprendido. Vamos a por unas un poquito más serias. Venga Ise, pon de tu parte.
—...
Luego de la sesión fotográfica, incluidas varias selfies, el grupo comenzó el recorrido por el templo, siendo la primera parte subir la pendiente.
—La gente nos mira mal, o rara.
—Espero que no llamen a las autoridades. Seguro pensarán mal de nosotros por ir con chicas tan jóvenes.
—Oye, que tú apenas y les sacas… ¿dos o tres?
Ignorantes a la charla de los dos amigos, Kunou no solo fue la guía del dúo, sino también de sus amigas.
—A esta pendiente se le llama Pendiente de Tres Años. Si te caes por aquí, significa que vas a morir dentro de tres años —Explicó Kunou.
— ¿Qué os pasa a los japos? ¿Os gusta ponerle maldiciones a todo o qué? Primero el puente y ahora esta pendiente. ¿Cuál será el próximo? —Dijo Tom con desconfianza.
Una vez subieron la cuesta llegaron al templo, al cual solo se podía acceder al atravesar unas enormes puertas.
—Estas son las puertas Niou. Al otro lado está el templo.
Atravesaron las puertas y los dos amigos quedaron asombrados por semejante majestuosidad de edificio.
—Parece bastante viejo, a pesar de los retoques modernos que supongo serán para su conservación.
—En efecto. El templo data del año setecientos setenta y ocho, aunque los edificios actuales fueron construidos en mil seiscientos treinta y tres.
— ¿En el siglo ocho? Vaya. Eso es impresionante. Son más de mil doscientos años para estar hecho de madera.
—Aquí saben conservar las cosas, desde luego —Admitió Issei también sorprendido por el dato.
El edificio principal de Kiyomizu-dera destacaba por su compleja arquitectura y aparte, se sostenía por cientos de pilares, que sobresalían de la colina y ofrece impresionantes vistas de la ciudad. Luego de recuperarse de la impresión por semejantes vistas, los dos miraron hacia abajo, encontrándose con la caída libre de trece metros.
—Existe una expresión popular, que dice: "saltar de la plataforma de Kiyomizu", que se remonta a una tradición del Período Edo, que supone que, si uno sobrevive al saltar desde esa plataforma, le será concedido un deseo —Explicó nuevamente la youkai—. La inmensa mayoría ha sobrevivido a la caída por la vegetación que hay abajo.
—Pues no sé tú, pero como que yo prefiero no arriesgarme —Opinó Tom mientras se alejaba un poco.
Riéndose divertida por su reacción, Kunou continuó con la guía por el templo, como cuando fueron a ver la cascada Otowa-no-taki, situada debajo de la sala principal, donde tres canales de agua caían en un estanque. Una vez terminaron la visita a dicho templo fueron al siguiente, Kinkaku-ji.
—No me jodas… Realmente es de oro… —Murmuró Tom al verse deslumbrado por la brillantez del templo dorado.
El Pabellón Dorado, o Kinkaku, era un edificio de tres plantas ubicado en los terrenos del templo. Las dos plantas superiores del pabellón estaban recubiertas con hojas de oro puro. El primer piso, llamado la Cámara de las Aguas, en estilo palacio imperial, evocaba la clásica decoración japonesa modulada. Era básicamente una gran habitación rodeada por una baranda. El segundo, llamada la Torre de las Ondas de Viento, era de estilo samurái, un recinto cerrado y con una baranda alrededor que alberga al Bodhisattva Kannon. El tercero, con ventanas, era de estilo templo Zen, y era llamado Kukkyoo-choo, albergaba una tríada de Budas y veinticinco figurillas Bodhisattvas.
El pabellón funcionaba como un shariden, guardando las reliquias del Buda. En el techo estaba ubicado un fenghuang o fénix chino dorado. El Pabellón Dorado poseía un magnífico jardín japonés inmediatamente adyacente. El estanque que se ubicaba enfrente es llamado Kyōko-chi, Espejo de agua. En el estanque existían numerosas islas y piedras que representaban la historia de la creación budista.
Por último, pero no menos importante, visitaron el templo Ginkaku-ji, el Pabellón de Plata, aunque el mismo no estaba cubierto de plata, como el Pabellón Dorado, cosa que desilusionó a Tom.
—Aquí tenéis un dato muy interesante —Indicó Kunou levantando un dedo—. Fue planeado inicialmente como lugar de retiro por el shōgun Ashikaga Yoshimasa, dejando acordado a su muerte, que se destinase a servir como templo budista. La estructura principal, el Kannon-den buscaba emular el Kinkaku-ji construido por su abuelo Ashikaga Yoshimitsu, pero lamentablemente no pudo recubrir el edificio con plata tal y como lo había planeado inicialmente. Debido a la rebelión de Ōnin, la construcción del templo se detuvo y los planes de Yoshimasa de cubrir la estructura con láminas de plata no llegaron a finalizarse nunca. Esto le da al templo un aspecto inacabado que ha sido expresamente respetado en la extensa restauración llevada a cabo en el dos mil ocho.
A pesar de la nieve y el frío invernal, atravesaron los descubiertos jardines con gran ánimo. Si en algo coincidían los tres era que el paisaje nevado le daba un gran encanto al templo, a los jardines y al estanque que había justo al lado del edificio.
Cuando salieron del templo la noche estaba ya muy cerrada. La medianoche aún estaba lejos, pero aun así era tarde.
— ¿Qué queréis ver mañana? —Preguntó ilusionada la joven, pues se lo pasaba bien el tiempo que pasaba con ambos.
Las cuatro amigas también esperaban expectantes la respuesta, rezando para que ésta fuera afirmativa. Ambos amigos se miraron, sonriendo con algo de tristeza, cosa que preocupó a Kunou.
—Me temo que no vamos a poder seguir haciendo turismo. Mañana éste —Tom señaló a Issei con el pulgar— da una charla en la universidad y luego nos iremos para continuar nuestro viaje.
—Oh… Claro… Lo entiendo…
Ver sus rostros tristes les tocó el corazón, pero no podían detener su ruta por más tiempo. Aún tenían mucho que ver del país antes de llegar a Kuoh. Allí sería el único lugar en el cual ambos tendrían una estancia más larga, aunque Issei no lo supiera.
—Lamentamos no poder seguir visitando la ciudad —Se disculpó Issei—. Pero podéis estar seguras de que volveremos. Hay muchas cosas que ver en Kioto.
— ¿Es en serio? ¿No es una broma o palabras para hacernos sentir mejor? —Interrogó una de las muchachas con los ojos llenos de esperanza.
—Por supuesto.
—Entonces esperaremos a que volváis —Prometió Kunou más animada—. Hay otros sitios donde podría serviros como guía. Conozco muy bien toda la ciudad.
—Nosotros también esperaremos ese día. Ahora adiós, Kunou, chicas. Habéis sido unas buenas youkais.
La última palabra de Issei impactó al grupo de colegialas, pues jamás hubieran esperado que supiera lo que eran, aun poseyendo al Dragón Rojo. Una vez se despidieron, satisfechos por los rostros asombrados de las jóvenes, abandonaron definitivamente los terrenos del templo para volver a su hotel y descansar. Prácticamente no habían descansado en todo el día y las piernas lo notaban, además, acostarse tarde y levantarse temprano para ver el amanecer les había provocado mucho sueño. Era tiempo de descansar. Mientras tanto, Kunou informó a su madre sobre la próxima marcha del dúo de humanos, así como el término por el cuál las había llamado, youkai, por lo que la Reina decidió hacer su jugada ahora que parecía haber cierta confianza entre el Sekiryuutei, su amigo y su hija.
XXXXX
La charla en la universidad de Kioto, al contrario de lo esperado, fue multitudinaria. Al ser festivo Issei esperaba dar un discurso para poca gente, pocos estudiantes, pero nada más lejos de la realidad. Debía haberlo enfocado todo al revés: él era el héroe nacional, se encontraba en una de las ciudades más importantes del país, y era festivo. ¿Cómo se le ocurrió que habría poca gente? Al final la charla acabó alargándose más de lo esperado, tanto que llegó a coincidir con la hora de la comida.
—Ahhh, eso ha sido agotador.
—No te esperabas a tanta gente, ¿eh?
—Desde luego. Estaba a reventar. ¡Si hasta había gente de pie en los laterales y arriba! Se ha superado el aforo.
—Ya te advertí anoche que esto pasaría, pero tú estabas en plan: que va, irá poca gente ya que estarán con la familia y los amigos. ¡Pues toma, en toda la boca!
— ¿Por qué ese gusto a revolcarme en mi propia mierda?
—No lo sé. Es divertido.
—Eres un desgraciado cabrón.
— ¡Y a mucha honra!
Issei bufó y centró su mirada en el plato que tenía frente a sí. Se encontraban en un pequeño restaurante, en una mesa un tanto alejada para intentar tener algo de privacidad, aunque siempre estaba aquel que iba a su mesa para pedir una foto o un autógrafo. Y claro, Issei era incapaz de decirles que no. ¿De qué había servido el entrenamiento con Tony?
— ¿Qué te pasa? Te veo algo pensativo.
—Es solo que, la presencia de no humanos en la sala, era bestial.
— ¿Habían mucho?
—Una cuarta parte como mínimo.
— ¿Y eso es malo?
—Para nada. Es solo que, en todo el viaje que llevamos, es la primera vez que veo a tantos no humanos conviviendo con los humanos.
—Pero no muestran lo que son en verdad. Si lo hicieran…
—Yo creo que Japón sería uno de los mejores países del mundo para la convivencia entre ellos y nosotros.
— ¿En serio lo crees?
—Sin duda alguna. A pesar de tenerlos como un mito, su relación con lo sobrenatural es muy estrecha, ya has podido verlo.
— ¿Qué es lo que te preocupa?
—Una guerra.
Tom parpadeó varias veces, no entendiendo a qué se refería.
— ¿A qué te refieres con una guerra? ¿Vas a empezar una?
—Por supuesto que no —Negó molesto por la pregunta—. Pero conforme la ciencia y la tecnología avanzan, creo que las posibilidades de que lo sobrenatural vuelva a la vida humana es mayor. ¿Qué pasara entonces? Incluso yo podría estar en peligro por lo que porto.
—Eso es ponerse en el peor punto del pesimismo. Sinceramente, no creo que algo como eso vaya a pasar, y menos aún pronto. Tú sólo debes preocuparte de defender a la gente como el supuesto súper héroe que eres, y punto.
Issei sonrió, agradecido por sus palabras, aunque su mente no dejaba de dar vueltas a dicho asunto.
—Disculpe, ¿Hyoudou-Stark-sama?
De reojo ambos observaron a un hombre trajeado de larga nariz.
— [Youkai]
— ¿Si?
—Mi superior ha pedido una reunión con usted en el santuario Yasaka.
— ¿Quién es su superior?
—La Reina de los youkais. Usted ha pasado estos dos últimos días con su hija.
Ambos humanos se miraron asombrados. Aquella chica rubia vestida de sacerdotisa… ¿era la Princesa de los youkais?
— ¿Y por qué motivo quiere reunirse conmigo? No creo que le haya hecho algo a su hija.
—Kunou-hime no tiene nada que ver. Ella sólo quiere tener una reunión amistosa con el Sekiryuutei.
Nuevamente ambos se miraron unos segundos.
—Está bien, nos reuniremos con ella, pero ahora no. Como puede ver, estamos comiendo.
—Por supuesto. ¿Le parece bien a las cuatro en el santuario Yasaka?
—Sí, me parece adecuado. Pero mi amigo vendrá.
—Nos parece adecuado. Esperaremos su asistencia.
El youkai realizó una profunda reverencia y luego procedió a marcharse ante la atenta mirada del dúo.
—Hum, la madre de Kunou, ¿eh? ¿Querrán algo de ti?
—No me extrañaría, la verdad. Ddraig me dijo que el poder atrae al poder, por lo que a lo mejor se trata de eso.
— ¿Unirte a ellos? ¿Ser su paladín?
—Puede que sí o puede que no. Siempre nos gusta ponernos en lo peor, ¿verdad? Quizás solo quiere tener una charla y asegurarse de que no soy un loco que busca exterminarles.
—Eso tiene su lógica, aunque en ese caso reunirse con ella no sería muy lógico.
— [Los líderes de los youkais son poderosos. En la escala de poder estarían por debajo de los dioses. Su poder será mayor que el tuyo, así que no te tendrá miedo si llegáis a enfrentaros]
—Y también es posible que haya guardias que la custodien. Aunque sea poderosa, hablamos de la líder de los youkais.
— [Pero solo de la Facción Oeste. Si no recuerdo mal, están divididos en dos Facciones, y la de aquí es la Oeste]
—Bueno, pues de una líder de los youkais.
—Entonces, ¿es desventaja para nosotros?
— [No lo creo. Luego de ver el comportamiento de la hija, no creo que la madre quiera enemistarse con nosotros. Veo más probable que simplemente quiera tener una buena relación]
—Esperemos que sea así.
Terminaron de comer y descansaron un rato para que los estómagos realizaran adecuadamente su función. Cuando llegó el momento se marcharon del restaurante, luego de pagar, y se dirigieron al santuario.
Fueron al distrito Gion de Kioto, Japón, yendo al este del final de la Shijō-dōri, la Cuarta Avenida. Allí había un santuario compuesto por edificios, incluidas puertas, una entrada principal y un escenario. Normalmente habría gente paseando o visitando aquel lugar, pero los youkais lo habían cerrado para que la conversación entre el Sekiryuutei y la Reina fuera totalmente privada, alejada de ojos y oídos ajenos.
En las puertas que daban acceso no estaba el típico torii sintoísta, sino que ante ellos había una puerta de estilo budista. A izquierda y derecha de la puerta observaron sendos zuijin o guerreros guardianes. Estos guardianes iban ataviados con arcos y flechas y ropas del periodo Heian, como oficiales de alto rango de la corte imperial. También, en la puerta, encontraron cuatro estatuas komainu que protegían el santuario de todo mal. Desde allí, a nuestra izquierda observaron el Chōzuya o fuente de abluciones, donde uno podía purificarse antes de entrar al santuario.
Una vez dejaron la puerta y la fuente de abluciones atrás, caminaron por un camino en cuesta donde observaron pequeños santuarios. Y es que el santuario Yasaka estaba lleno de yashiro, pequeños santuarios o lugares de residencia de una deidad. Al final de la cuesta, dejando las oficinas del santuario atrás, entraron en el complejo central del santuario Yasaka, compuesto por el Buden y el Honden.
El Buden era el escenario de danza del santuario Yasaka. Durante las festividades del Setsubun uno podía disfrutar de un espectáculo gratuito de danza tradicional. Y durante el festival Gion Matsuri varias deidades son consagradas aquí dentro de sus respectivos mikoshi o altares portátiles. Los aproximadamente trescientos farolillos que adornaban el escenario Buden mostraban los nombres de las grandes empresas y comercios de la ciudad que realizan donaciones al santuario para asegurarse buena suerte en sus negocios. Se usaba en multitud de ocasiones como escenario, pero también como lugar de eventos y celebraciones, como por ejemplo bodas sintoístas.
El Honden era el salón principal del santuario Yasaka; teenía metros de alto y un techo hecho enteramente de ciprés japonés hinoki. Según contaba la leyenda, debajo del Honden hay un estanque sin fondo en el que reside un dragón azul, guardián de la antigua ciudad de Kioto.
Y es allí dentro donde les esperaba la máxima autoridad de los youkais que habitaban en Kioto y sus cercanías. Ambos varones tragaron saliva ante la imagen frente a ellos: una hermosa mujer de ojos y cabello dorados vestida con un kimono amarillo, un obi dorado. El kimono estaba abierto en sus hombros, dando vista a sus hombros y senos. Su cabello estaba retenido por un adorno tradicional para el cabello, con seis bira kanzashi dorados y varios kanzashi rojos.
—Dios… Menuda pedazo de milf —Susurró Tom luego de ver a la Reina.
Issei asintió. Aquella mujer era muy hermosa, y el gran escote que dejaba ver su yukata, junto a sus hombros, era una imagen muy sexy para ojos de cualquiera.
Entraron dentro del salón, notando al instante un cambio de temperatura notable. Allí dentro uno podía estar lo suficientemente caliente como para ir sin chaqueta ni abrigo, como bien iba la Reina. La mujer sonrió al verles, haciendo un gesto para que se sentaran en los cojines que había para ellos. Haciendo una reverencia, se sentaron, notando que eran mucho más cómodos de lo que habían esperado. Dos sirvientes colocaron tazas con té frente a ellos.
—Gracias por haber venido —Agradeció la Reina con una leve inclinación de cabeza—. Soy Yasaka, Reina de los Youkais y líder de la Facción del Oeste. Nos honra tener al portador del Dragón Rojo en nuestra tierra.
—Tenía entendido que esto es territorio humano y que vosotros teníais vuestra propia tierra.
Los guardias reaccionaron de manera hostil a las palabras de Issei, pero Yasaka levantó la mano para detenerles, todo sin perder la suave sonrisa.
—Eso es cierto. Mala elección de palabras por mi parte —Se disculpó con educación. Tom observó asombrado a su amigo. No había sido hostil, pero si claro: no reconocía otra autoridad en el territorio humano que la de sus gobernantes humanos—. Pero noto por tus palabras que no te agrada la idea.
—No me agrada que no humanos reclamen territorio humano, al igual que no me gusta que un país reclame el territorio de otro. Es simple.
—Un ejemplo es Israel —Dijo Tom—. Odia lo que los judíos están haciendo allí.
—Lo entiendo. Pero debes saber que hasta hace no muchos años, youkais y humanos convivían en paz y armonía en esta ciudad. Solo el tiempo y la pérdida de la creencia en lo sobrenatural provocó la separación.
—Sin duda. Antes ambos mundos convivían, no siempre en paz y armonía, pero no eran ignorantes del otro —Asintió Issei—. La ciencia ocupó el lugar de la mitología y el folclore. Que ese mundo decidiera apartarse del humano es entendible, aunque haya supuesto convertiros en mitos y leyendas.
—Un precio a pagar por la paz —Aseguró Yasaka—. Pero no he pedido reunirme contigo para hablar de cosas que no merece la pena perder tiempo con ellas.
— ¿Y puedo preguntar para qué nos hemos reunido?
—Ya lo estás haciendo —Se permitió bromear, aligerando el tenso ambiente que se había formado—. Como he mencionado, soy la líder de la Facción Youkai del Oeste. Hasta ahora no ha habido ni un solo Sekiryuutei con sangre japonesa. Ha habido de todo tipo: desde europeos hasta africanos, desde nativos americanos hasta nativos de Oceanía. Nuestro país, Japón, es uno de los pocos que nunca ha tenido un Sekiryuutei en toda la historia de la Boosted Gear. Hemos tenido algún Hakuryuukou, y nunca ha ido bien.
—Eso es sorprendente —Dijo Issei asombrado—. Luego de mil quinientos años, y sabiendo que tan poco vivían los portadores, me esperaba que hubiera habido otros japoneses antes de mí.
—Cómo puedes ver, no los ha habido, al menos no portadores del Dragón Rojo. Y es por eso mismo que quiero establecer una relación amistosa. El haberte revelado como el Sekiryuutei hace meses atrás fue una declaración para todo el mundo, y eso tuvo sus consecuencias. No queremos enemistarnos, no cuando tenemos a un compatriota como portador de Ddraig.
— ¿Sois compatriotas? —Curioseó Tom.
—Vivimos en el mismo país, y son muchos los youkais que viven entre los humanos, ocultando lo que son en realidad, al menos la mayoría. ¿Acaso eso no nos hace compatriotas?
—Sí, sois compatriotas. Mis disculpas. Solo es que…, bueno…, me ha sonado un poco raro. Parecía que reconocíais la autoridad del gobierno.
—Como he dicho, para aquellos que viven entre los humanos, es su deber reconocer su autoridad y regirse por sus leyes, al igual que aquellos humanos que entran en nuestro territorio reconocen nuestra autoridad y se rigen por nuestras leyes.
—Cuando estés en Roma, haz lo que hacen los romanos.
—Eso mismo.
—Mis disculpas.
—No tienes que disculparte. Es entendible.
—Entonces quieres establecer una relación amistosa —Dijo Issei más relajado.
—Eso mismo. Eres humano, pero también estás atado al mundo sobrenatural. Eres parte de él por ser el portador del Dragón Rojo Ddraig. Tu influencia es en ambos mundos. El humano ya te aclama por tu labor como súper héroe, pues ya están superando los horribles acontecimientos de Italia. Pero debes saber que incluso fuera del mundo humano, en el nuestro, muchos comienzan también a admirarte. Mi hija y sus amigas son un claro ejemplo de ello.
—Sí, eso pudimos ver —Afirmó mientras le daba un trago a su te.
—Os admiran, a tú y a tu padre. Sois defensores del mundo, guardianes de la paz, o al menos todo lo posible que vuestras capacidades os permitan. En caso de que algo horrible pase y nuestros mundos se enfrenten, o estén en una Guerra Fría, quiero estar segura de que el Sekiryuutei será imparcial en el evento y luchará por mantener la paz y ayudar en una convivencia pacífica. Quiero que no desconfíe de nosotros por no ser humanos. No he comprobado el poder del Dragón Rojo en primera persona, en mis propias carnes, pero no dudo de la veracidad de su poder, uno que supera al de cualquier youkai o dios.
—Quieres que sea una bomba nuclear disuasoria.
—Se podría haber dicho de otra manera, pero sí, eso mismo.
—Entiendo.
—Quiero que, en caso de que los humanos cometan crímenes contra nosotros, el castigo sea equiparable al crimen y viceversa.
— ¿Para eso no están los Derechos Humanos? —Interrogó Tom confuso.
—Su nombre lo indica, ¿no? Derechos Humanos. No creo que se apliquen en juicios contra no humanos —Expuso con tristeza la mujer.
—Bueno, visto así… Sí, tienes toda la razón.
Issei se cruzó de brazos, cerrando los ojos, inclinando la cabeza hacia delante. En resumen, lo que pedía Yasaka era igualdad en caso de conflicto o crímenes, tanto de un bando como del otro. Era madre y temía por su hija y por sus subordinados como Reina. Era entendible y totalmente lógico que le pidiera a alguien con más poder que ella, al menos en un futuro, para hacer de mediador en caso de una situación de crisis. Y, como bien había dicho, él pertenecía a ambos mundos: por ser él humano y por portar la Boosted Gear.
—Está bien —Dijo Issei volviendo a abrir los ojos, apoyando sus brazos en la mesa—. En ese caso podéis contar conmigo para ser imparcial en caso de conflicto.
— ¿Puedo confiar en tu palabra?
—Tanto como yo pueda confiar en la tuya
Yasaka sonrió satisfecha.
—Entonces tenemos un acuerdo. Me alegra saber que el Sekiryuutei de esta generación es así.
— ¿Así?
—Que no nos mire con odio ni asco. Que nos vea como lo que somos, sin temor, sin arrogancia ni superioridad. Que nos vea como iguales —Tom le dio un suave codazo a su amigo con una sonrisa de orgullo—. Bueno, pues no os entretengo más, pues tengo entendido que tenéis un viaje que hacer.
La kyuubi se levantó y ambos humanos la imitaron. Entonces, para sorpresa de no solo ambos, sino también de sus subordinados, Yasaka realizó una reverencia, la cual fue correspondida por Issei y Tom.
—Os deseo buen viaje. A partir de hoy, contáis con mi amistad y la de los míos.
— ¿Esos son solo los de la Facción del Oeste? —Curioseó Tom.
—Por ahora sí, pero hablaré con el líder de la Facción del Este.
—Perfecto.
—Entonces procedemos a marcharnos.
Yasaka asintió, observando con gran satisfacción cómo ambos hombres abandonaban el santuario.
— ¿Estás contenta, hija?
Kunou apareció por una esquina, sonrojada por verse atrapada por su progenitora.
—Si madre, lo estoy.
—Me alegro. ¿Sabes una cosa? Creo que me gustaría ser abuela, o si quieres podría darte un hermanito.
Entendiendo la frase de su madre, el rostro de Kunou se volvió carmín hasta las raíces de sus cabellos.
— ¡Madre, por los dioses, no digas esas cosas! —Le recriminó avergonzada para diversión de los presentes.
—Ufufufú. Tranquila hija. Si esa posibilidad existe, será dentro de mucho tiempo —Le explicó con una sonrisa triste—. Su corazón necesitará mucho tiempo antes de estar preparado para volver a amar a ese nivel.
Kunou se acercó a su madre, abrazándola. Aún era más baja que ella, pero ya la alcanzaría. No era capaz de entender su dolor, pues aquel era el dolor de una esposa por su marido fallecido, pero podía compartirlo, pues era su padre y ese sí que lo entendía.
XXXXX
Una vez fuera del santuario, ambos voltearon para echar una última mirada hasta dentro de mucho tiempo. Con una sonrisa comenzaron a caminar para ir a por su amada furgoneta y continuar el viaje. Aquellos tres días en la ciudad habían sido divertidos, sobre todo gracias a su guía, y no ocultaban el deseo de volver allí para seguir viendo cosas. Además, la reunión con la atractiva líder de los youkais había sido muy interesante.
—Si la hija saca los genes de la madre… ¿Te imaginas un trío madre e hija? Bufff.
—Eres un pervertido —Recriminó Issei.
—Y me lo dice el tío que apenas y podía apartar la vista de tan generoso escote además de tener una erección de campeonato por a saber qué pensamientos.
— ¡!
— [Te ha pillado, socio. Pero déjame decirte que no andas nada desencaminado. No ha perdido su lascividad]
— ¡Lo sabía!
— ¡Callaos los dos!
En este capítulo ambos iban a llegar ya a Kuoh, pero lo de Kioto se ha extendido más de lo que esperaba jajaja. Espero que os haya gustado. Ahhh, pensar que quedan dos semanas y media de cuarentena (España)... Esto se va a hacer muy largo… Pero bueno, mejor para vosotros, lectores, pues tendréis capítulos…, o quizás no...
Ahora los comentarios:
Tenzalucard123
Uno diría que escribiría más, ¿verdad? Pues no te creas. Estar todo el día encerrado hace que tenga la cabeza como un bombo.
CCSakuraforever
Tengo algo pensado para dicha reunión, pero aún no toca. Eso ya en el siguiente. ¡Lo juro!
Goku SSJ DIOS SSJ3
Lo de Cao Cao me vino así de pronto. Me dije: estoy en china… ¿no había un humano chino...? ¡Coño! Jajaja. Después de tantas pelis y series, creo que es fácil reconocer cuando te han secuestrado… ¿no?
Primera pregunta respondida jajaja; no, no han pasado por ninguno; perdona mi pregunta, pero… ¿quién era Ancestral? ¿Te refieres a La Anciana? ¿La calva?
Sin más que decir, me despido.
Nos leemos !
