Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 20 de este long fic. Lo terminé el domingo pasado, pero no había tenido tiempo para corregirlo. Espero que les guste la actualización.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

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Este capítulo lo dedico a las personas que me dejaron un review en mi última actualización: Roronoa Saki y ANABELITA N. Gracias chicas por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 20.- Acercándonos.

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POV Shikamaru.

Luego de despedirme de mis padres y de mis amigos, Temari, Dai y yo, salimos de la mansión Yamanaka acompañados de Ino.

—Gracias por haber traído a Dai al cumpleaños, Temari —espetó con alegría, mi amiga, dándole un abrazo de forma efusiva—. Espero que lo hayas pasado muy bien.

Al cortar el abrazo, la miró con expectación.

—Lo pasé muy bien, Ino —acotó en un tono amable, Temari, esbozando al final un sutil sonrisa —, me hiciste sentir como en casa. Gracias por todo, de verdad.

Ino le sonrió de vuelta, para luego mirar a Dai que estaba en mis brazos.

—Nos vemos Shikadai —espetó dulcemente dándole un beso en la mejilla—. Espero encontrarme contigo en el jardín.

Dai que tenía su cabecita apoyada en mi hombro, no dijo ni una palabra.

—Míralo, Shikamaru —señaló, mi amiga, sonriente—, tu hijo es idéntico a ti, sólo quiere dormir.

Lo miré de soslayo. El sueño se le reflejaba en los ojos. Con pereza esbozó una dulce sonrisa.

—Así parece —acoté orgulloso de ser el padre de tan perezoso ser. Sonreí por inercia y luego desvié la mirada hacia los ojos de mi amiga—. Gracias por todo, Ino, nos estamos comunicando, y disculpa el mal rato que les hice pasar a tus invitados.

Ino me miró con cariño.

—No te preocupes, Shika, si no fue un gran escándalo —espetó ésta, con empatía—. Además tú nunca perdiste la compostura. La que se sobresaltó fue Tayuya, pero tampoco fue tanto.

—Gracias, Ino —acoté con sinceridad.

—Ya deja de darme las gracias —espetó, mi amiga, a modo de regaño—, y llévate pronto a tu hijo de aquí. Mira que ya se está quedando dormido.

Volví a mirarlo de soslayo. Ya no podía mantener sus ojitos abiertos. Enfoqué nuevamente mis orbes en los ojos celestes de mi amiga

—Tienes razón, Ino, nos vamos —acoté dándole un beso la mejilla, para luego girar y comenzar a avanzar junto a Temari hacia donde estaba estacionado mi carro.

—¡Adiós!, ¡qué les vaya bonito! —chilló, mi amiga, una vez que ya nos habíamos alejado—, y cuidadito con desviarse por el camino.

Su comentario hizo que me detuviera en seco.

—¡Ino! —alcé la voz volteando hacia ella. Sentí una mezcla entre molestia y vergüenza.

Ésta sonrió traviesa.

—Sólo fue una broma, Shika —contestó como si nada, para luego girar sobre sus talones y devolverse a su casa—. Nos estamos viendo, adiós amigos.

Solté un suspiro.

—Ella nunca cambiará —espetó, Temari, en su tono habitual, bajando el perfil a la situación. Comenzó a caminar otra vez.

De inmediato la imité y le di alcancé.

—No, supongo que no. Lo siento —señalé a modo de disculpa. No quería que sintiera incómoda con ese absurdo comentario.

Giró su rostro hacia mí.

—No te preocupes, Shikamaru —acotó con serenidad. Su semblante también se veía tranquilo—. Ahora lo importante es apurarnos, ya que Dai terminó quedándose dormido en tus brazos.

Desvié la mirada hacia mi hijo.

Temari tenía razón, mi pequeño ya había caído en los brazos de Morfeo.

—¡Kami!, es tan vago como yo —susurré enternecido, para luego reaccionar y dirigir la mirada hacia el frente—. Apurémonos, queda poco para llegar al vehículo.

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Conduje mi carro con lentitud hasta salir de la mansión Yamanaka. Una vez que salí de dicho recinto, tomé la avenida principal. Gradualmente comencé aumentar la velocidad.

Un silencio ensordecedor se produjo en el ambiente. Por inercia miré hacia el espejo retrovisor. Temari iba mirando por ventana. Por seguridad se había sentado atrás, ya que llevaba al niño durmiendo sobre sus piernas. Anotación mental: mañana mismo debía ir al centro comercial a comprar una silla para transportar a Dai.

Enfoqué nuevamente la mirada en el carril y continuamos nuestro viaje en silencio. Desde el momento que había encendido el motor, su voz se había apagado, tal como si hubiese finalizado la escena que nos tocaba compartir.

Un minuto después, volví a alzar la vista hacia el espejo retrovisor.

Su rostro de perfil se veía distinto. Tal parecía que su mente estaba divagando en otro lado. Aclaré mi garganta de forma exagerada con el fin de sacarla de su estado de ensoñación. Ella reaccionó de inmediato y fijó sus ojos almendrados hacia el frente.

Mis ojos se concentraron nuevamente en el asfalto.

—¿A Dai siempre le baja el sueño en los cumpleaños? —pregunté con el fin de iniciar una conversación.

Tenía ganas de escuchar su voz.

—Por lo general, sí —respondió con su timbre de voz característico—. Suele sucederle en los cumpleaños donde hay muchos juegos. Me imagino que gastó todas sus energías corriendo y saltando. Además en este cumpleaños estaban todos sus amiguitos del jardín, debió haber disfrutado mucho.

Su comentario me hizo sonreír.

—Es un vago dormilón —señalé con orgullo, al confirmar nuevamente que mi hijo era igual de bueno para la pestaña que yo—. Gracias, Temari. Gracias por haberme dado un hijo tan lindo como Dai. Es perfecto.

Miré hacia el espejo retrovisor. Puede observar que una hermosa sonrisa adornó su rostro. Se veía tan bella.

Conforme con su reacción, volví a concentrarme en el carril.

—No hubiese sido posible sin ti —espetó con sinceridad, lo que me hizo recordar que Dai era producto del amor que nos teníamos en ese tiempo. Amor que por mi parte había vuelto a resurgir, luego de aclarar todo el embrollo que rodeó nuestra separación—. Voy aprovechar también de darte las gracias, por todo el amor que le has entregado a Shikadai. El niño te adora desde el momento que te conoció. Espero que ese lazo afectivo que nació entre ustedes perdure por siempre.

La franqueza de sus palabras me emocionó de cierto modo. Saber que mi hijo me amaba con la misma intensidad que lo hacía yo, hizo que por inercia se me aguaran los ojos.

No pude decir nada, sentí un nudo en la garganta. Luego de unos segundos, respiré hondo para poder disipar mi emoción.

Tragué saliva y continué.

—Te puedo asegurar que, por mi parte, siempre será así, mujer —acoté con la voz algo enrarecida—. Shikadai ya me robó el corazón.

—Gracias, Shikamaru —espetó con cierta dulzura, no haciendo ni un comentario por el quiebre de mi voz. Me imagino que aquello no la sorprendió, sin embargo, me hubiese gustado escucharla decir: bebé llorón.

Continuamos el viaje en silencio, hasta que me percaté que estábamos a pocos minutos de llegar a la mansión Uchiha.

Alcé la vista hacia el espejo retrovisor.

—Ya estamos a tres cuadras de llegar a la mansión Uchiha —acoté atrayendo nuevamente su atención. Volví a enfocar la mirada hacia el frente y seguí conduciendo—. ¿Tienes el control del portón?

—No, el control lo manejo en la guantera de mi auto, pero ando con la llave de la puerta grande. Hay que entrar y al costado del muro hay un interruptor para hacer funcionar el portón.

—¿Me la puedes pasar?

—Está en mi cartera… pero tengo que buscarla. La tengo en mi llavero —espetó en un tono algo complicado. Me imaginé que era porque llevaba al niño apegado a ella.

—Tranquila mujer, cuando me estacioné afuera del portón las buscas con calma —acoté mientras seguí conduciendo.

—Okey, gracias.

Una vez que me estacioné frente del portón, encendí la luz interna del vehículo y Temari comenzó a buscar su llavero con tranquilidad.

Giré mi cabeza para observarla. Ahora entendía el problema de buscar las llaves.

—Me imagino que saliste con esa tremenda cartera con el fin de llevar ciertas cosas de Dai —señalé con curiosidad. No me había fijado en el tamaño de su bolsa, sino hasta ahora que la tenía apegada a la espalda del niño.

Alzó la vista topándose con mi mirada.

Esbozó una semi sonrisa.

—Sí, no quería andar cargando su mochila —espetó en su tono habitual, para luego volver a enfocar su mirada en la cartera—, pero salí tan apurada que no sé dónde eché las llaves.

Siguió moviendo su mano dentro de ésta.

—¿No las habrás dejado en el auto de Itachi? —inquirí luego de ver que por más que buscaba no daba con el objetivo.

—Imposible. Las guardé cuando cerré la puerta de la casa —respondió con seguridad mientras seguía buscando con una de sus manos.

—Déjame ayudarte a buscarlas —acoté con interés—. No podrás hacerlo bien si tienes al niño tomado con uno de tus brazos.

Alzó su mirada cruzándola otra vez con la mía.

—Mi cartera siempre ha sido un chiquero, Shikamaru —aseveró con convicción —, eso tú lo sabes muy bien.

Su comentario me provocó cierta nostalgia.

—Lo sé, mujer —acoté con suavidad, disimulando mi pena—, pero me tengo fe que las encontraré. Déjame ayudarte.

Mi determinación, de cierto modo, la convenció.

—Está bien, toma —espetó entregándome la bolsa.

Tomé la cartera y la abrí, estaba llena de cosas. Dejé sobre el asiento del copiloto la muda de ropa de Dai. Ahora se podía buscar mejor. Comencé a mover todas las que estaban dentro de la cartera. Había una caja sorpresa y una bolsa de dulces que le habían dado a nuestro pequeño en el cumpleaños.

Seguí buscando.

Me topé con un estuche de lentes de sol, dos paquetes de pañuelos desechables y su teléfono móvil.

Continué moviendo las cosas.

Había otro estuche y un paquete pequeño de tollas húmedas. Toqué un manojo de llaves.

—Aquí está el llavero —acoté con una sonrisa y enseguida lo cogí, sin embargo, al sacarlo pude observar muy bien su billetera que estaba esquinada.

Mi semblante alegre cambió a uno de sorpresa. Introduje mi otra mano y la saqué.

—Todavía la conservas —espeté con cierta emoción. Había sido uno de los últimos regalos que le había obsequiado antes se fuera.

Sus ojos aguamarina de inmediato se enfocaron en la billetera. Alzó la mirada. Se tomó su tiempo en responder.

—Sí, todavía la tengo conmigo —acotó con serenidad. Una mezcla de emociones se reflejó en sus bellos ojos—. Es una billetera de mi gusto, muy bonita, que no he podido reemplazar. Me imagino que es por el valor sentimental.

Su respuesta me hizo sentir mal.

Apreté los labios por unos segundos.

—Yo me deshice de todas las cosas que me recordaban a ti —señalé con cierta pena. No pude seguir sostenerle la mirada.

—No te culpo, Shikamaru —espetó de forma comprensiva—. Tuviste suficientes motivos para hacerlo. Yo misma te los hice creer —no pude evitar recordar la nota que me dejó cuando ella se fue—. Bueno… pero eso ya lo aclaramos y tampoco estamos aquí para hablar del pasado. Mira a tu hijo.

Alcé la vista de inmediato. Tenía razón, no estábamos aquí para hablar de nosotros, sino que estábamos aquí para conversar de Dai.

—Tienes razón, mujer —acoté dejando mis emociones de lado. Guardé la billetera en su bolsa y la dejé en el asiento del copiloto—, mejor iré a abrir la puerta.

Bajé con prontitud del auto, tratando olvidar ese último episodio.

Imposible.

Aquello debía significar algo, pero ahora no había tiempo para averiguarlo.

Me acerqué a la puerta. Tomé una de las llaves del llavero y lo introduje en el ojo de la cerradura, sin embargo, no le hizo. Intenté con la segunda. Ésta entró sin problemas y enseguida la giré. Abrí la puerta e ingresé. El antejardín estaba completamente iluminado, por lo que pude ver fácilmente una pequeña tapa metálica en un costado del muro.

—Aquí debe estar el interruptor del portón —susurré al acercarme a éste. Obviamente estaba cerrado, aunque el pequeño ojo de la cerradura me recordó cierta llave del llavero. La tomé y la introduje —. Bingo.

Abrí la tapa y moví el interruptor. El portón comenzó a abrirse lentamente.

Rápidamente salí por la puerta y la cerré con llave. Caminé hacia mi vehículo y me subí. Ingresé al estacionamiento de los Uchiha.

Una vez que aparqué y cerré el portón, fui abrirle la puerta del auto a Temari, ya que le había dicho que me esperara.

—Pásame al niño para que te puedas bajar —espeté con suavidad, y ésta con cuidado separó a Shikadai de su cuerpo. Tomé a mi hijo con delicadeza y lo saqué del auto. Me enderecé y con cariño apegué a mi pequeño hacia mí.

—Pareces un verdadero angelito —susurré mirando su linda carita.

Sentí que cerraron la puerta del vehículo.

Alcé la mirada. Temari caminaba hacia la puerta del copiloto.

—Voy a sacar mi cartera —señaló y enseguida abrió la puerta.

—La ropa de recambio de Dai quedó sobre el asiento —espeté al darme cuenta que sólo había tomado su bolsa —Disculpa, se me olvidó guardarla.

—No te preocupes, la sacaste con el fin de buscar el llavero —acotó cogiendo rápidamente la ropa de nuestro hijo y la guardó dentro de la cartera. Cerró la puerta con suavidad y luego caminó hacia mí —. ¿Me pasas las llaves?

Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y las saqué.

—Toma —acoté cansinamente, dejando el llavero sobre la palma de su mano.

—Gracias —espetó al momento recibirlas. Comenzó a caminar en dirección a la casa.

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Una vez en el segundo piso, ingresamos a la habitación de nuestro hijo. Temari encendió la lámpara de la mesita de noche y enseguida abrió las cobijas de la cama.

—Acuesta a Dai aquí.

Con sigilo me acerqué a la cama y dejé a nuestro pequeño, con cuidado, sobre el colchón. Desarmé su coleta y acomodé su cabecita en la almohada.

Le quité sus zapatillas y procedí a arroparlo.

—No, todavía no, tengo que cambiarlo —susurró, Temari, contra todo pronóstico con un pequeño pijama en la mano. Rápidamente se acercó. Sin decirle nada, le cedí más espacio. Ella giró su rostro hacia mí —. Tranquilo, te aseguro que no lo despertaré.

Me regaló una dulce sonrisa que, de alguna forma, me confundió.

Volteó nuevamente hacia el niño y le sacó la ropa con prontitud. Sacó de la mesa de noche un paquete de toallas húmedas y lo limpió. Puso el pijama enseguida y luego lo arropó.

Nunca despertó. Era un Nara con el sueño bastante pesado.

—Buenas noches, hijo —susurró dándole enseguida un beso en la mejilla. Me sentí muy feliz de ver lo dedicada y cariñosa que era con Dai. Mi hijo no podía tener mejor madre que ella. Lentamente enderezó su cuerpo y me miró —. Puedes pasar a despedirte.

Con una semi sonrisa en el rostro y me acerqué hacia él.

—Buenas noches, hijito —musité inclinándome hasta besar su mejilla —. En la semana vendré a verte —acaricié con el dorso de mis dedos su carita —. Te amo, Dai.

Con parsimonia erguí mi cuerpo y fijé la mirada en los ojos de Temari.

—En el cumpleaños escuché que querías conversar conmigo de ciertos asuntos —acotó de improviso y con el semblante serio.

Sus palabras me tomaron desprevenido. Me llevé la mano a la nuca.

—Sí… es sobre Dai —le confirmé mientras la miraba con expectación, ya que no le había hecho ni un comentario al respecto.

Me observó en silencio por unos segundos.

—Me imagino que tiene que ver con las visitas —espetó queriendo confirmar su suposición.

—Sí, y también sobre el cambio de apellido.

El segundo asunto que mencioné, de cierto modo, la sorprendió.

—Okey, entonces bajemos —espetó en un tono formal y enseguida se dirigió a la puerta de la habitación. Abrió ésta completamente. La cercanía que me había hecho sentir, de alguna forma, se esfumó. Ella nunca dejaría de ser una problemática—. Lo mejor será que conversemos en la sala.

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—Puedes comenzar —espetó segundos después de habernos sentados en los sillones de la sala.

Su mirada denotaba seriedad.

Tragué saliva antes de comenzar a hablar.

—Primero que todo, Temari, quisiera pedirte disculpas por lo que aconteció con Tayuya en el cumpleaños —le hablé con sinceridad. No quería tener problemas con ella por culpa de las desavenencias que tenía con mi esposa.

Su semblante serio de inmediato cambió.

—Menos mal que no ibas a tener problemas —pude sentir la sorna en sus palabras. De alguna forma me sentí aliviado, sin embargo, su tono sardónico como siempre me fastidió. Era como estar reviviendo una charla del pasado.

Bufé.

—No te rías, mujer —le reclamé y ésta enseguida esbozó una sonrisa burlesca. Aquella actitud «tan de ella», hizo nuevamente que la sintiera más cercana—. Suelo tener problemas de ese estilo con Tayuya, pero el tiempo me ha enseñado a sobrellevarlos.

—Me doy cuenta —acotó dejando a un lado su sarcasmo. Enfocó sus ojos en los míos—. Tayuya es una mujer demasiado celosa, ¿cómo fue que terminaste casado con ella?

Su pregunta me sorprendió. Temari no era de esas personas que le gusta andar averiguando cosas que no son de su incumbencia, sin embargo, entendía su curiosidad. Yo también quería saber qué fue lo que la motivó a casarse con Itachi, pero más me interesaba saber si ella era feliz. Quise creer que Temari quería corroborar lo mismo en mi caso.

Sus ojos aguamarina me miraban expectantes.

—Fue la persona que me ayudó a levantarme cuando mi ánimo estaba por el piso —acoté en mi tono habitual, mirando sus ojos fijos—. Me brindó su compañía y su cariño cuando nada tenía sentido para mí… ¿Qué más te puedo decir?

Pude notar como el brillo de sus ojos menguó.

—Que te enamoraste de ella —espetó en un tono neutro.

Escuchar esas palabras de su boca, me hicieron sentir de lo peor. Parecía una recriminación de su parte, aunque no lo fuera. Me vi en la necesidad de abrirle mi corazón.

—Soy un convencido de que uno ama sólo una vez en la vida, Temari —espeté con seguridad, dándole a entender que nunca iba amar a otra mujer que no fuera ella. Apretó los labios. Sus ojos almendrados me miraron complicados—. Tayuya fue un pilar muy importante en un momento crítico de mi vida. La aprendí a querer. Se convirtió en alguien especial para mí.

Bajó la mirada luego de oír mis últimas palabras. Parecía pensativa.

—Valoraste su compañía —acotó con convicción al alzar la mirada, la cual nuevamente se cruzó con la mía—. Te casaste con ella por gratitud.

Su comentario como siempre fue directo al hueso.

—Tienes razón —aseveré sin poder negar sus dichos. Temari apretó los labios—. Aunque si me hubiesen dicho eso tres semanas atrás, lo más seguro es que hubiese dicho que no. Hubiese dicho que lo hice por amor.

Me miró con cierto pesar.

—Te entiendo tanto, Shikamaru —espetó en un tono comprensivo, para luego apoyar su espalda en el respaldar del sillón—. Los seres humanos tendemos a tomar la primera tabla que vemos para salir a flote de nuestras dificultades y problemas. Es natural, pero a veces aferrarse para siempre a esa tabla, no es bueno. Tenemos que ser capaces de discernir si aquello nos hace bien o nos hace mal.

La convicción con la que me habló, me hizo dudar si sus dichos sólo eran un mero consejo o si me estaba dando a conocer parte de lo que había tocado vivir.

No podía quedarme con esa duda.

—¿Y qué me dices tú al respecto? —inquirí con interés.

Mi pregunta hizo que frunciera levemente el entrecejo.

—¿De por qué me casé con Itachi? —contraapreguntó, mirándome detenidamente.

—Sí —afirmé expectante. Necesitaba saber si ella se había casado enamorada o si lo había hecho por los mismo motivos que yo.

Temari apretó los labios y echó su cuerpo hacia adelante.

El sonido de la puerta nos interrumpió. Ambos miramos hacia la puerta de entrada.

Itachi Uchiha hizo su aparición.

Una vez que entró, éste cerró la puerta y avanzó hacia la sala.

Me miró con detención.

—Buenas noches, Shikamaru —espetó en un tono amable, mientras dejaba las llaves que cargaba sobre la mesa de arrimo que estaba en la entrada.

—Buenas noches, Itachi. —acoté en mi tono habitual, al verlo acercarse hacia nosotros. No pude evitar sentirme incómodo, ya que su llegada había interrumpido una conversación que era crucial para mí.

—Hola Tem.

Itachi se acercó a ella y la saludó con un beso en la cara.

—Hola Itachi, ¿y Deidara? —inquirió con interés, ignorándome por completo.

—Ya se fue —respondió mientras apoyaba sus manos en el sillón—. La verdad es que no quiso entrar. Dijo que ya era muy tarde y que no quería importunar.

No sé si Itachi hizo ese comentario con querer, pero sentí la indirecta. Me hizo sentir fuera de lugar.

—Ay, este Deidara —acotó, Temari, en un tono alegre—, otras veces ha venido a saludarnos y ni le ha interesado saber que ya es más de las diez de la noche.

—Tú sabes cómo es —señaló, el Uchiha, sin quitarle los ojos de encima—. ¿Y el niño ya se durmió?

—Sí, se durmió en el trayecto —le contestó con una sonrisa, cosa que para variar me fastidió. Preferí no seguir mirándolos, para luego suspirar—. Lo acosté hace más de cinco minutos.

—¿Y ustedes en qué están?

La pregunta de Itachi me trajo de vuelta a la realidad. Me puse nervioso. Desvié la mirada hacia Temari.

—Estábamos conversando de lo buena que es Ino organizando eventos —mintió, Temari, sin titubear. Supongo que era lo mejor—. Justo cuando llegaste, íbamos a comenzar a hablar sobre el tema de las visitas y la manutención de Dai.

—Pero si consideras que es muy tarde, Itachi, puedo venir otro día —intervine captando su atención. De inmediato me puse de pie.

—Tranquilo Nara —acotó haciendo un ademán con las manos. Me volví a sentar—, no tengo problema en que conversen sobre Dai, a esta hora.

Itachi volvió a enfocar sus ojos en Temari.

—Tem, voy a prepararme algo en la cocina —espetó éste, con serenidad—. Los dejo para que puedan seguir charlando.

—Gracias, Itachi —acotó, Temari, con una sonrisa. El Uchiha comenzó a alejarse y ella lo siguió con mirada hasta que ingresó a la cocina.

Volteó su rostro y enfocó sus ojos aguamarinas en los míos.

—Vamos de inmediato al tema que nos convoca, Nara —acotó en un tono de mando, el cual me causó bastante gracia.

Sonreí de medio lado. Pese a todas cosas que habían pasado, la complicidad aún la conservábamos. Me sentí feliz.

—Okey, problemática —susurré más para mí que para ella. Obviamente me escuchó.

Frunció el ceño enseguida.

—No me digas así —refunfuñó fastidiada, aunque yo sabía que, en el fondo, ella no estaba enojada. Seguro que si hubiese estado sentado a su lado, me hubiese llegado un fuerte manotazo —. Vamos comienza de una vez.

—Está bien, mujer —acoté en mi tono habitual, para luego cambiar mi semblante a uno serio—. Me gustaría ver a Dai por lo menos tres veces en la semana —Temari me miraba atenta—. El lunes y jueves lo vendría a visitar aquí. No sería más que hora y media, ya que vendría a verlo después del trabajo. El horario sería entre cinco a seis y media de la tarde.

Alzó una ceja.

—Por lo que veo saldrás antes de la oficina.

Para variar hizo hincapié en mi horario de salida. Esta mujer problemática nunca cambiaría.

—Tienes razón, mujer, pero prefiero hacer eso antes de tener que importunar a Itachi dos veces a la semana —, expuse mi excusa, la cual tenía una parte de verdad y otra de mentira. No quería aburrir a Itachi con mi presencia, pero tampoco quería que estuviese presente cuando yo estuviera acá. La verdad es que no quería compartir la atención de Temari ni la de mi hijo con él. Quizás sonaba egoísta, pero no lo podía evitar. Los quería sólo para mí durante ese momento.

Temari hizo una mueca con los labios.

—No lo vas a importunar, Shikamaru —insistió, Temari, con seguridad. Yo la miré con «ojos de cordero degollado». Me observó por unos segundos y luego bufó—. ¡Está bien!, será como tú quieras.

Me sentí feliz, por lo menos la había logrado persuadirla.

—El fin de semana lo dejo a tu criterio. No tengo preferencia por el sábado ni el domingo. Lo que sí es que ese día lo pasaría a buscar temprano. Quiero pasar todo el día con mi hijo.

—¿Lo llevarías a tu casa? —inquirió con interés.

—No, yo vivo en un apartamento. Es un espacio muy reducido para un niño. Pasaríamos el día en casa de mis papás. Quiero que ellos también puedan compartir con él.

—Quédate con el día sábado —acotó en su tono habitual—. Así tendrás el día domingo para descansar, antes que comience una nueva semana.

—Gracias —le respondí con semi sonrisa por su consideración—. Respecto al pago de la manutención…

—Shikamaru, no es necesario —me interrumpió con suavidad—, a Dai no le hace falta nada.

Fruncí levemente el entrecejo.

—Por supuesto que es necesario, mujer —espeté con convicción—, el niño es de los dos, por lo tanto, es mi responsabilidad aportar con el cincuenta por ciento de todos sus gastos.

Temari soltó un suspiro.

—Okey, ya entendí —acotó resignada con el fin de no discutir—. Te enviaré mis datos y el número de mi cuenta bancaria vía Whatsapp.

—Gracias, estaré esperando el mensaje —le dije satisfecho.

—Pero eso sí te advierto, Shikamaru —alzó la voz mientras trataba de intimidarme con la mirada—, no quiero ver a fin de mes una suma exorbitante depositada en mi cuenta.

Sonreí para sí.

—Te aseguro que será lo que le corresponde —aseveré certero—. Me asesoré respecto al tema con mi abogado.

Supongo que quedó conforme con la respuesta, ya que su mirada cambió.

—¿Alguna cosa más? —inquirió con interés.

—La próxima semana quiero iniciar los trámites del cambio de apellido —solté de inmediato.

—¿Tan pronto? —preguntó sorprendida.

—Es mi hijo, Temari, es algo que le corresponde por derecho.

Pude ver cierta emoción en sus ojos. Enseguida, asintió.

—Tienes razón —acotó desviando levemente la mirada, para luego volver a enfocarla en la mía —. ¿Tengo que hacer algún trámite?

—No, no es necesario, mi abogado se encargará —espeté en mi tono cansino—. No es un trámite engorroso por lo que me comentó. Sólo necesito su número de registro y su número de identificación.

—Está bien, te mandaré una foto de su documento de identificación.

—Gracias, mujer, creo que eso sería todo —acoté colocándome de pie—. Ahora me retiro.

Guardé mis manos en los bolsillos.

—Te acompaño hasta la puerta —respondió colocándose de pie.

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Una vez que salimos de la casa, el cambio de temperatura nos pegó de lleno.

—La noche está bastante fría —señaló, Temari, abrazándose a ella misma y bajando el rostro.

—Tienes razón, mujer —espeté con parsimonia—, la temperatura disminuyó notoriamente en comparación a cuando llegamos. Bueno, ahora me despido —alzó el rostro enfocando sus ojos en los míos—. No quiero que te resfríes por estar aquí afuera. Gracias por aceptar todas las peticiones que hice. Me has hecho muy feliz.

Sonrió con sutileza.

—No tienes nada que agradecerme, Shikamaru —acotó con franqueza, sin embargo, sus ojos me transmitieron cierto pesar—, es lo mínimo que puedo hacer como compensación respecto al tiempo que los tuve separados.

Bajó la mirada. Pude percibir que aquella decisión todavía le pesaba en el alma.

—No te mortifiques con eso, mujer —espeté en un susurro y por instinto guié mi mano hacia su mentón. Alcé su rostro. Sus ojos aguamarina me miraron con tristeza —eso ya es parte del pasado —solté su rostro y le sonreí—. Ahora tanto Dai como yo, estamos felices de tenernos el uno al otro. Puedes estar tranquila.

Su semblante se serenó. Quise creer que mis palabras la habían confortado.

—Gracias por ser como eres, Shikamaru —acotó mirándome con cariño, provocando de inmediato un aceleramiento en mis latidos cardíacos.

—Nos es nada, mujer —espeté reprimiendo las ganas enormes que tenía de abrazarla y de besarla—. Ahora me voy. Nos vemos.

Esbozó una semi sonrisa.

—Nos vemos, Shikamaru —acotó bajito mientras sus ojos me miraron de forma especial.

¿Estaría alucinando? ¿Quién sabe?, sin embargo, eso me motivó a acercarme a ella y besarle con dulzura el rostro.

Puse la mano en su otra mejilla mientras lo hacía.

—Cuídate, mujer —susurré al separarme de ella. Sus ojos no reflejaban sorpresa, tal parecía que ella lo había visto venir desde un comienzo.

—Tú también. Buenas noches —musitó para luego girar sobre sus talones y devolverse con lentitud hacia la puerta.

Giré en sentido contrario y bajé por los escalones. Rápidamente caminé hacia mi auto y me subí. Encendí el motor y aceleré.

El portón de la casa ya estaba abierto, así que con prontitud dejé el recinto.

—Algo en mi interior me dice que piensas igual que yo, mujer —susurré mientras tomaba la avenida principal —. Todavía nuestra historia no está cerrada.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Disculpen las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Besos y abrazos para todos, qué tengan un lindo fin de semana :D