IMMORAL: SHADES FREE.

CHAPTER VII.

POV DE BRA.

Él gime en mis oídos, baja su mano hacia mi trasero. Aprieta el tejido, y continúa con sus embestidas. Mis manos ascienden por su espalda, marcando líneas, de seguro rojizas por mis uñas rasgando su increíble pálida piel.

Su garganta es un misterio ahora mismo, sisea mi nombre después de sus gemidos. En su estado de éxtasis podría incluso hasta maldecir. Nada de ello importaría. Siento un par de sus dedos deslizarse por mi entrepierna, la acaricia, y aquello me hace temblar.

—G-Goten—ni siquiera puedo pensar con claridad.

Mi cuerpo solo responde a su manera. De pronto me veo tomada por los cabellos. Los aprieta entre sus dedos con fuerza. Gimo. Eso parece tener un efecto afrodisiaco porque sale de mi interior, me hace girar y se coloca sobre mi espalda.

—Quieta.

Nerviosa, excitada e impaciente, gano algo de aire para mis pulmones. Mi respiración agitada clama oxígeno.

Abro los ojos, retorno mi vista hacia la habitación, Goten no está.

Me levanto de la cama, apenas sí puedo cubrirme los senos con el antebrazo.

—¿Goten?

Iba a levantarme de la cama, pero él aparece en la entrada del baño. Trae mi antifaz y un par de sus corbatas en la mano. Sonrío y bajo la cabeza brevemente. Ahora entiendo a donde se dirige la situación. ¿Quiere jugar?

Una sonrisa de medio lado se dibuja en su cara. Se muerde el labio inferior antes de pasear la punta de su lengua por él. Claramente es una provocación. Sensual y natural, definitivamente propio de Goten. Juguemos entonces. Será divertido.

Acorta la distancia entre nosotros, me encuentro sentada en el filo de la cama. Se cola entre mis piernas. Su desnudes a viva imagen. Me acaricia el cuello, pasando sus dedos entre mis cabellos. Extiendo mi cuello, le miro a los ojos. Ahora cargados de entusiasmo, es un acuerdo silencioso que empieza a cargar el ambiente de una espesa y tensa energía sexual que amenaza por salirse de control. Mis manos ascienden desde sus muslos para posarse en sus perfectos abdominales. Su caliente piel se eriza a mi tacto. Sucumbe ante mí cuando mis labios empiezan a recorrer los mismos, dejo un reguero de besos a mi paso. Se muerde los labios pero puedo escuchar los gemidos de su garganta.

Suficiente gratificación para mí.

Son Goten, no necesitamos protección, solo un poco de atención y solo basta que toques mi piel como lo haces para hacerme arder de pasión.

Mi mano atrevida se posa en el sitio en dónde una cola de saiyajin debería aflorar, el tiembla, se acerca lo máximo que le es posible a mí, casi invadiendo mi espacio personal. En determinado momento su mano levanta mi barbilla, me obliga a verle. Se agacha, me besa. Su fogosidad y atrevimiento me obliga a posar mi mano sobre su miembro. Excelente estrategia la mía, de no haberlo hecho, posiblemente habría terminado por arrancarme el aliento.

—Oh. Bra.

Sus ojos negros me miran fijamente. Sabe lo que planeo. Sonríe de medio lado y asiente ¿Acaso necesito permiso para follar a mi esposo? No lo creo. Él se acerca. Afianzo mi agarre. Gimo por la ansiedad. No puedo quitar mis ojos de la erección de mi esposo en frente de mí. ¿Yo he sido capaz de causar eso en él? Me regodeo, por supuesto que puedo ser tan sensual como lo es él conmigo.

Apenas puedo manejar mi propia voluntad, mi otra mano se pasea por su bolsa escrotal y luego a su miembro. Su erección me estremece, me hace temblar de necesidad, de ansiedad, de todo lo que me puede provocar ser tomada por él. Mi humedad se manifiesta en mi entrepierna, solo sentir lo rígido que su sexo se ha puesto por mí, ya es una invitación tentadora para una felación de recompensa.

Me arrodillo frente a él. No hay porqué sentir vergüenza, tomo el miembro de mi amado con malicia.

—Bra...

—Solo disfrútalo y da las gracias después.

Mi acompañante sonríe. Me introduzco su sexo en la boca y empiezo, él se estremece. Abro los ojos y comienzo a lamer, pausadamente, desde la punta de aquella fuente de placer. El tejido cavernoso, la sensación de humedad me excita al instante. Empiezo de manera pausada, sé que él gime desesperado por la delicadeza y hasta ternura de mis actos. Sin embargo, sé que lo disfruta. Mis manos acompañan mis movimientos bucales, presionan su sexo, acaricio sus glúteos. Junto las piernas, no resta nada para empezar a masturbarme.

Entrego lo mejor de mí. Lamo con fuerza, con pertenencia. Este hombre es mío, y su placer es mí responsabilidad.

Oh, sí. Di mi nombre, Goten. Trataré de llevarte a la cima. Solo dame motivación.

Sisea mi nombre, no resiste las ganas, termina exclamando un sonido gutural. Sin el menor pudor, de todas maneras no debe haber, acerca su sexo a mi rostro, cuanto le es posible. Acepto el desafío, claramente es una invitación a que siga degustando.

Oh, querido mío.

Deslizo mi lengua por toda la extensión de su sexo, doy unas lamidas y consigo endurecerlo aún más de lo que ya estaba inicialmente. Cierro los ojos brevemente. Los abro y me siento húmeda de tan solo ver a Goten sumido en su propio placer. Su cadera da embestidas a mi boca, como buena contrincante en las artes amatorias, me introduzco y saco su miembro de mi boca innumerables veces ¿Por qué habría de contarlas de todas maneras? Lo que sí sé es que si mi vida dependiera de esto, saldría viva y hasta con condecoración.

Goten sabe de mi tenacidad, por eso coloca su mano detrás de mí cabeza, hunde mi cara entre sus piernas.

Respira, Bra.

Aquella acción, feroz y dominante al principio, logra cederle el control de la situación. Toma la posta de mis movimientos, gime un poco más, y en cada gruñido y gemido que salen de su garganta solo con un claro indicativo de lo jodidamente bien que lo estoy haciendo. Junto mis piernas para lograr contener así a mí anatomía deseosa y palpitante de él, no funciona. Mi humedad empieza a salir, recorre mis muslos internos. La receptividad se manifiesta deseosa por ser calmada. Goten, no duda en penetrar profundamente mi garganta.

Respira, Bra. Controla las arcadas.

Me agarra de los cabellos, se introduce en mi boca, con más fuerza, con más posesión. De ser otro el momento, me habría reído por su actitud de dominante. Lo siento tensarse, empuja una vez más, me jala con rudeza de los cabellos y su tan esperado orgasmo llega. Da un último gruñido de placer. No dudo en tragar su esencia.

Le veo. Él abre los ojos, nuestras miradas se cruzan, así como su mano no tarda en posarse en mi mentón. Me ayuda a ponerme de pie, enseguida sus labios se unen a los míos. Introduce su lengua en mi cavidad. Decido corresponder su fogoso beso. Sus manos me toman de los glúteos, entiendo la referencia. Enrosco mis piernas en sus caderas. Él gime por el contacto de nuestros sexos. Casi parece leerme la mente cuando me coloca en la cama, me pide que dé la vuelta. Apoyo la barbilla sobre mis antebrazos cruzados.

—¿Qué harás, Goten?

Más que en búsqueda de una respuesta, esa frase denota picardía y ansiedad.

—Solo aguarda.

—Es frustrante esperar.

—Hm. Entonces no lo hagas—dice en un tono sensual—. ¿No dijiste que te lo agradeciera?

—Sí.

—Bueno...—dice tomándome de los tobillos y arrastrándome por las sábanas—. En momentos como estos... no pienso con claridad.

—Excitante frase ¿entonces qué harás?

—Digamos que...—lo siento atarme.

Retorno a mirar, mis piernas forman ahora mismo un interesante ángulo.

—¿Qué?—inquiero con la ceja levantada.

—Me la voy a follar—se encoge de hombros y yo hundo la cara en el colchón cuando lo siento posarse sobre mí espalda.

POV DE TRUNKS.

—...Sí—asiente Pan caminando por la habitación de lado a lado—. No. No. No te preocupes. Trata de calmarte y... dime ¿En dónde estás?

Según sé, Mía está al habla. Suspiro. Doy otra vuelta en la cama y mis ojos enfocan el reloj. Las dos de la mañana.

Me restriego la cara. Fastidiado, miro al techo nuevamente. Agudizo mi oído, y Pan sigue al teléfono. ¡Maldita sea! ¡¿Quién demonios llama a las dos de la mañana?! ¿Acaso no saben que las personas decentes están durmiendo a esta hora o, al menos, en mi caso personal, estarían aprovechando el tiempo para follar?

Parece ser que hoy tampoco habrá sexo. ¡Ugh! Tengo toda la intención de gritar de fastidio. En verdad lo necesito y para cómo van las cosas, probablemente Pan estará muy cansada después de eso y no creo que esté de humor para...

—No te preocupes. Tranquilízate, voy enseguida.

¿Qué? Coloco mi brazo doblado debajo de mi cabeza y dirijo mi mirada hacia Pan.

—Ah. Mia. Dame un segundo—Dice entendiendo mi pregunta nunca mencionada. Cuelga la llamada. Se acerca a mí, en un ondulante movimiento de caderas enmarcadas en esas pantaletas blanquecinas que me distraen brevemente—. Trunks. Tengo que salir—dice.

—¿A esta hora?

—Escucha—Dice—. La hermana de Mia ha tenido un accidente, ella está en el hospital, y Mia no puede entrar porque tiene a cargo a la bebé de su hermana. No tiene con quién dejarla y... yo me he ofrecido.

—Pan.

—Lo sé—dice—. No te tomé en cuenta al decidir, pero... Trunks...— Se muerde los labios ¿Cree que me negaría ante una situación así?—No tardaré nada. Iré por la niña y regreso.

—Voy contigo.

—Dios Santo. Pan—Mia le abraza apenas le vio llegar.

Ella llora en sus brazos, esconde su rostro en el cuello de mi esposa y descarga su estrés y preocupación. Guardo silencio, al igual que todos en la sala de emergencia. Mia continúa llorando desconsoladamente.

Algo incómodo por la escena, puesto que no soy cercano a ella, desvío la atención al transportador para bebé, colocado sobre uno de los sillones. Me acerco hacia el compartimiento en color gris, levanto el cobertor y una pequeña bebé duerme tranquila, ajena a toda esta situación.

—Mia. Tranquila, por favor—intenta Pan—. Todo saldrá bien.

Me siento al costado del compartimiento, cubro a la nena con aquella manta rosa colocada sobre sus piernas hasta su pecho y aguardo en mi lugar en silencio. El cabello negro de la pequeña, sujetado con una liga morada con una especia de calcomanía de oso, me hacen sonreír. No es el lugar, ni el momento, pero me es inevitable.

Me parece haber visto eso en algún otro lugar. Siento dejavú.

—...No es nada—escucho decir a Pan.

Aparto la vista de la nena y la enfoco en ellas, sentadas no muy lejos de mí. Pan acaricia la cabellera roja de Mia, sin detenerse, levanta la vista hacia mí, me da una leve sonrisa tranquilizadora. Extraño. Tiene los ojos brillosos por las lágrimas y aun así se permite sonreír de esa manera.

—Pan. Debo ingresar.

Poco después, veíamos a Mia cruzar la entrada. Se empezaba a alejar por el pasillo largo que conducía hacia el interior de las instalaciones. Retornó a vernos a mitad de su recorrido. Pan vocalizó e hizo el ademán de suerte, Mia sonrío agradecida e ingresó en el ascensor. Aferré mi agarre a la asidera del compartimiento, y coloqué mi mano en su hombro.

—Pan. Debemos irnos.

Salimos del hospital con la niña en nuestras manos y nos encaminamos al auto. Apenas llegué, caí en cuenta de algo.

—Pan. Tendrás que sentarte detrás.

Me dirige una mirada interrogativa.

—No tenemos un sillón de seguridad—explico—. Y...

Bajé vista hacia la niña que estaba llevando. Ni siquiera sabía el nombre de la pequeña. Pan parece comprenderlo.

—Ava—menciona Pan quitándome el compartimiento de las manos—. Tienes razón. Vamos.

Conducía por carretera. Según el GPS dice que falta media hora para arribar y yo nuevamente cambiaba de estación de radio. Si no fuera por el sonido del motor y de la radio, esto no dejaría de asemejarse a una zona de silencio. Miro a través del espejo retrovisor a Pan, cabecea constantemente. Lucha por vencerle al cansancio y al sueño. Me causa gracia su comportamiento pero no puedo culparla. Hace apenas unas horas que había terminado de trabajar y ahora esto.

Acelero un poco más la velocidad. Por fin llegamos a casa. Salí de mi asiento para sacar a Pan. Somnolienta, me mira. Le ayudo con la nena que descansa sobre su cama en su regazo e ingresamos a casa.

—Iré por agua caliente. Puedes adelantarte con Ava.

Obedecí. Llegué a la habitación y deposité a Ava sobre la cama. La niña continuaba profundamente dormida. Ni siquiera se inmutaba que ahora mismo estaba en una casa desconocida por completo para ella.

Me desvestí para colocarme nuevamente el pijama mientras la niña empezaba a moverse en el colchón. Está despertando. La moví un poco en un intento de acunarla, no pareció funcionar. La tomé entre mis brazos e inevitablemente la pequeña soltó a llanto.

—Sh—sisee muchas veces. Caminé por la habitación con ella en brazos pero su llanto solo se incrementó—. Sh. Ya, Ava. Silencio, nena. No llores, no llores.

—¿Papá?

Retorné a verle, parado en la puerta, Aren se restregaba los ojos con ambas manos. Se rascó el cabello despeinado y me miró sorprendido.

—¿Papá?

Corre hacia mí, sobrevuela sobre mi cabeza y lanza preguntas, tantas a la vez que no sé qué es peor. Si la niña que no deja de llorar o Aren y su interrogatorio. Menos mal, Pan llega. Toma a la niña de mis brazos y la lleva hacia la cama para sacarle el pantaloncillo y dejarla descubierta mientras corre hacia su armario.

Aren, curioso por naturaleza, se le acerca a la niña.

—¿Por qué llora, papá?

Seguramente por hambre, y al parecer traía los orines encima.

Escucho una tela rasgarse a mis espaldas, retorno a ver y Pan trae un buso entre sus manos, mismo que ha acabado por reducir a retazos de tela. Se acerca a la niña y logra hacerle un pañal.

—Listo—dice sonriente—. Ya, mi niña. Tu biberón ya está listo.

—A dormir, Aren.

—Papá—se queja, al parecer la presencia de Ava le ha emocionado tanto que no quiere dejar la habitación. Por el contrario de él, Ava ya duerme profundamente en los brazos de Pan.

Ella se acerca, deposita a la niña en la mitad del colchón, sobre una elevación hecha de mantas, con una funda de plástico como primer escalón y como protector de nuestro colchón.

—Que difícil—Se queja—. He perdido el tino para esto.

Sonrío por esa afirmación lanzada con todo el tono de broma.

—Aren. Ve a dormir, hijo—ordeno—. Mañana...

Vi el reloj, faltaba media hora para las 5 AM.

—Ve a dormir, Aren.

—Ah—él bajó la vista hacia sus pies descalzos jugueteando entre ellos en el suelo—. Papá...

—Agradece que la cama es lo suficientemente grande, Briefs—bromea Pan, ya media dormida—. Si no hubiese sido así, habrías tenido que dormir en el piso.

—Continúa burlándote y soy capaz de despertar a Ava.

—Un as muy sucio bajo la manga—dice riéndose levemente—. Descansa, Trunks.

No tardó nada en quedarse dormida.

Me levanté al baño, oriné, me lavé las manos y regresé a mi habitación. Deteniéndome a pocos pasos del pie de la cama. La visión de: "familia perfecta" de aquellas que salen en las propagandas televisivas se manifestó ante mí. Mi esposa, una bebé a su lado, y mi hijo compartían la misma cama. Solo faltaba yo allí, con emoción me adentré en las sábanas, acerqué a mi hijo hacia mí, su olor a bebé me invade las fosas nasales. Su calorcito me envuelve enseguida. Abro los ojos, Pan y la bebé lucen profundas y en absoluta calma. Con esa visión, cierro los ojos.

"Muchas, muchas gracias por estar aquí, Pan"

Respiro profundamente, el olor de dos bebés me invade nuevamente, pero también se le une el de Pan. Olor a flores de cerezo, otorgado por su breve compañía en mi tina hace unas horas.

"No tenía a quién más acudir. Gracias"

Dios. No cabe duda que mi esposa tiene un noble corazón.

POV DE BRA.

—Buenos días, Bra—escucho eso muy lejano. Me muevo incómoda en mi lugar. No tardo nada en sentir el calor del sol en mis muslos y en mi espalda baja—. Arriba, nena. Ya es hora de despertar.

Me quejo y me muevo incómoda en la cama. Ni siquiera el cabello cubriéndome por completo la cara me es fastidioso.

—Nena.

Estoy al tanto de mi desnudes sin embargo me siento cansada.

—Despierta, Bra. No creo correcto terminarme este desayuno solo.

Abro un ojo, y le veo sonreírme detrás de una mesa con comida. Me incorporo en la cama. De seguro soy un desastre porque escucho a Goten reírse. Bostezo y me estiro.

—¿Qué hora es?

—Lo suficientemente tarde—dice feliz—. Son las 10h00 AM.

Por un demonio. Enseguida salto de la cama.

—Jay está con Ross—informa—. No te preocupes.

Eso me alivia. Vuelvo a bostezar. Goten, enfundado ya en su traje se acerca.

—Bonitos senos—me envuelve en sus brazos y no he sido capaz de ver de dónde ha sacado una toalla—. Lástima que no pueda quedarme.

—Podría darte un permiso especial—paso mis brazos por su cadera—. ¿Qué dices?

—Tentador, pero... es una junta de emergencia. Lo siento.

Me doy por vencida, me hago un nudo con la toalla. No sin antes recibir un caliente beso.

—Vaya, abogado. Le estarán esperando.

Dejó la habitación, me vestí rápidamente, y me encaminé a ver a Jay. Ingresé en la habitación y Ross me recibió con mi pequeño niño, alegre de verme.

—¿Extrañaste a mami, Jay?—besé su pancita y eso le hizo reír satisfecho—. Por supuesto que sí.

—Ah. Sra. Bra—dice Ross—. Ya le he dado de comer y también he mudado su pañal.

—Sí ¿Algo más?—inquiero sin dejar de juguetear con mi bebé.

—Ah... Sra. Bra—ella pausa.

—Dime.

—Su padre llamó esta mañana. No dejó mensaje, dijo que llamaría en la tarde.

POV DE PAN.

—Muchas gracias.

El hombre me entrega una copia del formato de entrega recibida y se marcha en compañía de sus compañeros. Cierro la puerta y me encamino hacia la sala, en donde las cajas se exhiben.

Las letras de: My Little Baby-Company están selladas en cada una de las cajas. Mi celular empieza a vibrar en mi bolsillo trasero.

—Son—contesto.

—¿Ya llegó el pedido?

—Sí. No creí que lo harías, Trunks.

—Te lo comenté en la mañana—Dice—. No me malinterpretes, adoré que durmiéramos todos juntos estos días pero Ava necesita su cuna y yo necesito ya mi cama.

—De acuerdo—jugueteo con él—. Entonces la armaré lo más pronto posible.

Cargué con ellas e ingresé en mi habitación. Menos mal, Aren me ayudaba a distraer a Ava. Lo cual me dio el tiempo suficiente para terminar con mi trabajo.

Aren está encantado con la niña. Hacía malabares para hacerla reír. Me hacía gracia verle así, tan feliz. Hermanita, le dice. Se ha encariñado mucho en esta semana.

"Si tienes hambre dile a mami"

Viene a casa tan temprano como le es posible, y ha evitado ir a entrenar con mi papá. Se despide siempre de ella con esa misma frase, como si Ava le entendiese esa recomendación.

Finalmente terminé de instalar todo y con Ava en brazos, bajé a la cocina. Mia llama, informa que su hermana pronto mejorará. Solo una semana más pasará en el hospital. Aunque me alegra su evolución, no puedo dejar de sentir pena por Aren. Extrañará a Ava. Ahora mismo ese par juega en la sala. Sonrío. Tener dos niños en la casa no estaba en planes y ahora mismo causan un bullicio que me hace sonreír.

—¡Ah! ¡Papá! ¡Bienvenido!

Levanto mi vista de la tabla de picar, y veo a Trunks arribar a la sala. Me da un guiño y se encamina a tomar a Ava en sus brazos, en compañía de Aren, todos juntos se encaminan hacia mí.

—Solo resta la sopa de miso. Tendrán que esperar—informo.

Jugamos un rato mientras se terminaba de preparar, y en ello sonó el teléfono. Dejé a Ava en los brazos de Briefs y me encaminé a contestar el teléfono.

—Casa de la familia Briefs.

—Hola, Pan.

Aquella voz me dejó estática en mi lugar. Contuve la respiración.

—¿Está Trunks?

—Sí—asentí enérgicamente—. Sí, él está.

—Dale el teléfono.

Tragué grueso y giré entorno a Trunks. No le dije nada y le entregué el teléfono, me miró expectante.

No esperó mi respuesta y se dispuso a contestar.

—Habla Trunks Briefs ¿Quién es?

Ava chilló por una monería de Aren, me apresuré a apartarla de Trunks.

—¿Hola?—frunció el cejo—. Hable ¿Quién es y qué es lo que quiere?

—Es Vegeta—apenas murmuré. Sentí sus ojos clavarse en mí. No me atreví a apartar mi vista del cabello en punta de Ava.

Estaba acostada en la cama. Trunks aún no subía de su cuarto de estudio. Me moví incómoda en mi sitio nuevamente. De alguna manera, no importa cuán cansada esté. Lo cierto es que no puedo dormir. El fastidio de las sábanas me hace rabiar. El calor, luego el frío, posteriormente el dolor de cuello, la pesadez en la espalda baja, el amortiguamiento en las muslos y de nuevo a empezar. Llevaba horas así, y sabía el motivo. Y, esa misma cuestión me mantiene en incertidumbre.

"Papá. Sí. Espera un momento. Pan. Empiecen a comer sin mí"

¿Qué clase de conversación mantuvieron? Trunks tardó mucho en su estudio, cenó y nuevamente se encerró allí. ¡Agh! Dios. Necesito saber, pero de nuevo surge el temor de tener una pelea con él ahora. Siendo las tres de la mañana, no logro estar tranquila.

¿Qué se dijeron? ¿De qué trató esa conversación?

Hundo la cara en la almohada.

Esta situación es exasperante en verdad. De pronto escucho la puerta de la habitación ceder. Briefs está ingresando. Decido quedarme en mi lugar, inmóvil. Contradictorio para todas las preguntas que quiero hacerle. Le escucho caminar por la habitación, de seguro está yendo hacia el armario para mudarse de ropa. Poco después, siento las mantas se haladas. Se acostará a mi lado.

Esa es una buena señal. Creo.

¿Debería decir algo?

Se debe considerar varias cosas, entre ellas que el tema no es nada fácil, y menos la hora indicada. Estará cansado e irritado con esa llamada. Maldita sea. Vegeta se presenta siempre como una sombra, como un fantasma que se hace notar.

Pestañeo un par de veces. Quiero verle, percatarme si Trunks está enfadado pero, podría agravar la situación.

Los minutos pasan, no me atrevo a hacer otra cosa que no sea fingir estar dormida. Le he escuchado suspirar contadas veces, así que infiero que está cabreado y más despierto que de costumbre.

De pronto, aquel silencio se ve interrumpido por el sollozo de Ava. Por favor, no. Pido en mi mente. Si llora más, en contra de mi voluntad, tendré que levantarme para verle.

Por favor que Ava se duerma.

Mis pedidos no son escuchados porque el llanto de Ava por fin se manifiesta. Resignada, me iba a incorporar cuando sentí a Briefs levantarse. Me quedé quieta en mi sitio. Aguardando a por lo que haría.

—Sh. Ava. Sh. Tranquila, nena.

Logra calmarla. No me muevo de mi sitio.

El tiempo transcurre. Ava no volvió a llorar, pero tampoco Briefs volvió a acostarse junto a mí. Ya no resistí más y retorné a verle. Le encontré sentado en el sillón, apenas sí podía ver su cabello, el respaldo del sillón le cubría por completo.

Enseguida me encamino hacia ellos, respiré profundamente para darle cara a Briefs. Me esperaba de todo, menos enternecerme con su imagen.

Allí, hundido en el sofá, aún con Ava entre sus brazos. Briefs estaba sentado con los párpados cerrados, un codo apoyado en el brazo del sillón, y su pierna cruzada sobre la otra de manera masculina.

No creo haberlo visto nunca así. Parecía tan tranquilo, ni siquiera su cejo fruncido se marcaba sobre su frente. Ava disfruta del regazo de Trunks. Lamentablemente, para ella, tendría que acostarla nuevamente en su cuna. Me inclino hacia ellos, pero el suave respirar de Briefs me tocó la mejilla en cuanto me agaché. Levanté la vista hacia sus labios y no puede evitar colocar mis labios en los suyos. Un beso robado, pero inocente, casto y hasta podría decirse que nunca antes lo había hecho con tanta paciencia y lentitud. Un beso... puro. El más puro que jamás le he dado.

Me separé de sus labios e intenté quitarle a Ava, enseguida se despertó, me miró un tanto desubicado. Y él mismo colocó a Ava en su cuna. Pasó de mí, estirándose con rumbo a la cama.

Demonios. Parece ser que sí está lo bastante molesto. Le pongo los ojos en blanco. Estas mismas contradicciones de Briefs son las que a veces me molestan tanto. Si está lo suficientemente irritado y molesto, actúa de dos formas nada cambiantes pero sí alternadas. Estalla en ira y vocifera lo primero que se le venga a la mente o se guarda todo y... se comporta como ahora lo hace.

Lo veo deslizarse en las mantas, me da la espalda. Verifico que haya cubierto a Ava muy bien con la manta y solo entonces me encamino a mi lugar en la cama. Me adentro en ella, también le doy la espalda.

Dios. Podemos ser tan orgullosos a veces. Es algo en lo que juntos estamos trabajando.

Me acomodo en la fastidiosa almohada que no me está ofreciendo merecido descanso, me cubro con la manta hasta los hombros y aguardo a que el cansancio me haga dormir.

No está funcionando. Suspiro irritada. En momentos como estos, me dan ganas de tomar la almohada y golpearla como si de una bolsa de gimn...

—¡Ah!

Trunks me toma de la cintura y me arrastra hacia sí en un solo movimiento.

—Sh. No hagas ruido.

Susurra en mi oído cuando me tiene acorralada. Enrosca brazos y piernas en las mías, inmovilizándome. Enseguida, sus manos ascienden a mis senos, se colocan allí, firmes, fuertes, pero estáticas. Suspiro por la sensación. Su cálido aliento cerca de mi cuello siempre logra estremecerme. Sus piernas logran separar las mías, al menos lo suficiente como para sentir su entrepierna en la línea natural de mi trasero. Gimo. Mi piel se eriza en cuanto él toma la areola y empieza a pellizcar la punta de mis erectos pezones. Me tiene a su merced ahora. Acaricia la zona, estiro mi cuello. Deseo que continúe con sus atrevidas caricias pero se detiene en seco. Aleja sus manos de mi cuerpo y afloja su agarre. ¿Qué ha pasado? Suspiro. Me ha dejado excitada y deseosa de más pero él da decido parar. Desconozco los motivos pero no tentaré a la suerte. Intento retornar a verle, pero nuevamente me inmoviliza.

—Lo siento—le escucho disculparse ¿Por qué lo hace? No hay motivos, yo le he deseado—. Pero no puedo hacerlo.

Abro los ojos asombrada. Nunca Trunks había dicho algo por el estilo. Debe estar molesto en verdad. No le dice al sexo que no. No cuando llevamos algo más de tres semanas sin hacerlo, en especial porque todo parece conspirar en cada uno de nuestros encuentros para hacerlos fallidos y nunca concretar nada.

—Trunks...

—Te lastimaré si lo hacemos ahora.

Se acurruca en mi cuello, me abraza y me da las buenas noches.

POV DE MILK.

—Come, amor . Ava. Por favor. Solo una cuchara más, cielo.

—Perdiste—le digo uniéndome a la mesa con unos cuantos pastelillos. Pan trata nuevamente pero solo recibe un par de salpicaduras de puré en la cara.

—No—se dice a sí misma—. Creo que ya te entendí, Ava.

—Dos a uno.

—¿Qué quieres decir con eso, abuela?

—La nena sabe que ya tiene poder sobre ti—sonrío al ver la cara que mi nieta pone cara de interrogatorio—. Perdiste autoridad, Pan.

Ella se ríe, toma a la nena de su asiento y se encamina hacia la entrada trasera de la cocina.

—¿Hasta cuándo la tendrás contigo?

—Se la llevan mañana—menciona apenas.

Asiento.

Bebo una taza de té, humeante y aromático. Levanto la vista y Pan se halla muy entretenida con esa niña. Si no supiera la verdad, diría que esa niña es su hija. Nadie lo dudaría, misma cabellera color negro, y ojos del mismo color. La eleva por los aires, la pequeña criatura ríe divertida y Pan no es ajena a esa felicidad.

¡Ah! Ahora que veo mis manos, arrugadas por la edad, de piel sin vida, y de surcos marcados en ellas, no dejo de pensar que no paso de ser solo una anciana ahora. El ver a Pan, tan joven, en edad para disfrutar su juventud, feliz por una niña que no es de su pertenencia, necesariamente me obliga a pensar.

Has dejado de ser una jovencita, Milk.

No cabe recalcarlo, eso lo sé con certeza. Mi propia familia y mi descendencia me lo recuerdan todos los días. En especial en mi último cumpleaños número 76. Si cierro los ojos me parece estarlos viendo, a todos y a cada uno de ellos. Goten y su esposa, Gohan y Videl. Pan y su familia. Todos aquí, reunidos en mi sala. En esta casa que a pesar de haber crecido en tamaño, gracias mis queridos, Gohan y Goten, no deja de tener esa misma esencia.

Recuerdo cuando era una pequeña construcción. Una pequeña casita; tres habitaciones, la cocina, la sala y nada más en su interior, pero mucho que ofrecer fuera. Un vasto prado plano, el bosque aún presente junto en frente de la ventana de mi cocina y cómo olvidar el característico río lateral. El sonido natural de la corriente que se produce al romper contra las blanquecinas rocas, algunas cubiertas con musgo verde, siempre hicieron una compañía tranquilizadora, especialmente en las noches que, el silencio interno, suele ser acogedor.

Nunca necesité de algún somnífero como muchos ahora. Debería agradecer a mi modo de vivir.

—¡Eh! Tranquila, Ava. No querrás devorar tu propio dedo, amor.

Pan se ríe, y eso me contagia también. Sin pretenderlo, me ha sacado de mi ensimismamiento. Bajo la vista hacia mi taza de té. Cierro los ojos, disfruto del aroma y la sensación cálida que imprime en mi boca.

"¿Vivías aquí, Goku?"

"Sí. Con mi abuelito"

Recuerdos de años lejanos.

—¿Y abuelito Goku a dónde fue esta vez?

Niego. Aunque lo supiera, dudo mucho que Pan pudiese ir.

—Seguramente debe estar con Kaiosama.

—No lo sé—me encojo de hombros—. Sabes cómo es tu abuelo.

—Lo sé, abuelita.

El viento fuerte del exterior agita con fuerza las copas de los árboles. La ráfaga del viento levanta polvo y Pan se ve obligada a cerrar la puerta.

—Me temo que no podremos salir, Ava. No quiero que enfermes.

—Sí, será mejor así, podría coger un resfriado, y entonces tendrías que vértelas con su mamá.

—Y con Mia—añade—, y por supuesto que no quiero que esta princesa enferme ¿No es verdad, Ava?—inquiere jugueteando—. ¿Verdad que eres una princesa?

—No querrá alejarse de ti si la sigues tratando así, Pan.

—Muy tarde—dice—. Ya me he encariñado con ella, abuelita.

—No eres la única, Aren no para de hablar de ella. Cada vez que me llama es para decir que Ava ha hecho eso, y esto, y aquello.

—Es verdad—suspira—. Eso me preocupa bastante. Aren se ha tomado su papel de hermano mayor muy enserio.

—Se quedará triste—afirmo.

—Sí, abuelita. Pero, nada puedo hacer, desde el principio le dejé muy en claro la situación. Esta princesa solo sería nuestra por unos cuantos días.

—Es un niño, Pan—contrarresto—. Aren está más interesado en jugar y cuidar de ella como su hermano que pensar realmente en que se marchará.

—Sí. No quiero que Aren entristezca por esto, pero de seguro así será.

Silenciosamente le doy la razón. Me muerdo la lengua, pero al final termino preguntando:

—¿Y por qué no tienes otro hijo?

—No es el momento, Abuela.

—¿No?—inquiero—. Eres estable, y no dudo que tu útero pueda soportar hasta gemelos si te lo planteas.

—Abuela—regaña—. No digas esas cosas.

—¿Por qué no?—replico—. Eres adulta. No tengo porqué ser cohibida contigo y siempre te he dicho las cosas como son.

Raro en mí, con lo tradicionalista que soy.

—Sí. Lo sé, pero no me apetece embarazarme ahora, abuela. Es... no estoy preparada.

No entiendo su temor. Pero en fin, cada quien decide sobre el momento de tener o no a sus hijos.

—¿Y qué piensa Trunks al respecto?

—Está de acuerdo.

POV DE TRUNKS.

—Se los agradezco mucho—reverencia la mujer morena de pálida piel. Se nota que aún está algo débil por la postoperatorio y luego los días en recuperación.

—No se preocupe, por favor, siéntense—ofrezco a ambas. Mia también ha ingresado—. Pan no tardará en bajar.

—Gracias, Sr. Briefs. Es usted muy amable. Lamento causarle tantas molestias.

—Ninguna—niego—. Los amigos de Pan siempre serán bien recibidos.

Excepto Ann, esa bruja cabello rubio platino siempre tendrá mi desaprobación y mi cero tolerancia.

—Por cierto—inquiero—. ¿Cómo ha estado? Lo lamento, pero ni siquiera sé su nombre.

—Natsu—menciona.

—Encantado—extiendo la mano—. Aunque las condiciones para conocernos no haya sido una de las mejores.

—Por supuesto que no—asiente ella con una pálida sonrisa de labios resecos y sin color—. Por eso les agradezco, a usted y a su esposa el haber cuidado de mi hija.

—En nuestra posición, usted habría hecho lo mismo, Sra. Natsu. Lo importante es que pudimos ayudarle, y dígame ¿Se encuentra mejor de salud?

—Sí—asiente—. Tengo que cuidarme aún, pero déjame asegurarle que estoy muy bien.

—Me alegra mucho. Espero su pronta recuperación, Mitsu.

Ella asiente, aún está débil y su ki así lo muestran. Ni siquiera puedo imaginar cuán doloroso tendría que haber sido su cuadro. Pan me comentó algo acerca de un ovario que estalló. Realmente no quise seguir escuchando más del tema, se me erizaba la piel al pensar en eso. De todas las cosas que podía haber imaginado, esa ni siquiera entraba en la lista.

Como lo anuncié, Pan no tarda en bajar con la niña a cuestas. No falta mi hijo a sus espaldas, sirviéndole de porta equipaje.

—Buenas tardes—saludan mi esposa y mi hijo al unísono. La madre de Ava, ansiosa, se levanta de su asiento. Pan le extiende a su hija y la mujer la recibe en brazos.

Pan se sienta a mi lado, coloca su mano sobre mi muslo. Inocente o quizá no el gesto, me provoca despedir a las mujeres con cierto tipo de urgencia.

—Siempre les estaré agradecida, Sres. Briefs—reverencia la mujer. Intercambia un par de palabras con Pan. Mientras tanto, yo me encamino hacia mi hijo, Aren me da la espalda. Coloco una mano en su hombro y eso le hace retornar a verme, está triste, dejar ir a su hermana de dos semanas no le ha sentado bien.

Mia y su hermana se encamina al auto, se adentran y no tardan nada en tomar carretera. Escucho a Aren suspirar. Pan viene hacia nosotros, se cruza de brazos en el camino y se detiene ante Aren. Se arrodilla para quedar a su altura y entonces nuestro hijo empieza a llorar.

—Lo siento, Aren—trata de consolar—. Pero Ava tiene su propia familia.

—Mamá...

—No te preocupes, Aren—dice en un tono más entusiasta—. Le he pedido que me deje su dirección para poder visitarla ¿Te gustaría ir la próxima semana?

—De acuerdo—le escucho decir—. Muchas gracias. Sí, el servicio es excelente. Por supuesto. Sí, lo contrataré nuevamente. Adiós.

Se encamina hacia mí, vuelvo la vista al computador.

—Ya entregaron los muebles de Ava en su departamento—informa—. Ya los dejaron instalando.

—Bien—contesto, recojo algunas hojas de mi escritorio e intento pasar de ella.

—¿Hasta cuándo continuarás molesto?

—No estoy molesto.

—Sch—Sisea—. Solo dame una fecha y me mantendré alejada de ti hasta entonces.

Enfada, y a paso apresurado intenta salir de mi oficina. Soy más rápido, cierro la puerta con seguro.

—No estoy de humor para jugar, Trunks.

—¿Quién dice que estoy jugando?

—Ya deja de ser tan inmaduro.

—No—le digo—. Antes quiero aclararte que no estoy molesto contigo. Para nada.

—¿Entonces por qué te comportas de esta manera tan fría y distante, eh? Trato de hablar contigo, pero no dejas esta actitud. Déjame salir o no me importará destrozar la pared—amenaza—. Ahora.

Me hago a un lado. Le cedo el paso y ella sale dando un portazo. Mi reloj suena. Mi junta de las dos me espera. Tomo mi maletín y vuelo a la empresa. Ya hablaré en la noche con Pan.

Lejos de lo que Pan imagina, mi enfado nada tiene que ver con ella.

"¿Para qué llamas, papá?"

Me sacó de quicio. Será mejor que no piense en ello ahora, no quiero llegar con un humor de los mil demonios.