@Mimmary
Bienvenidos al último cap de este fic. Hablará más o menos del día a día de Link y Zelda después de la boda.
Tres años después...
Hyrule se había transformado en el reino más próspero de la época. La era dorada estaba en marcha.
Pese a toda esta felicidad, hoy era un día muy triste. Impa había fallecido y hoy era su funeral. Zelda trataba de peinarse de la manera más adecuada posible. Para la ocasión, se puso un vestido negro muy sencillo y unas medias y zapatos del mismo color. Al terminar, se miró en su reflejo, alicaída.
Ella había programado una muy elegante celebración. Se honraría a la mujer más longeva que el reino tuvo todo este tiempo. Los recuerdos de la princesa con ella le provocaron ganas de llorar, y cerró los ojos para dejar que las lágrimas bajaran. No pasó mucho tiempo hasta que sintió cómo esos brazos que tanto conocía la rodearon, pegándola en su pecho.
-Es triste, pero es lo que hay. Nada ni nadie es para siempre -le susurró Link en su oído.
Justo en el momento en el que se separaron, escucharon un llanto. Ambos caminaron hasta la cuna del cuarto contiguo.
-¡Eh, Emma, tranquila! -la niña se relajó al sentir la presencia de sus padres. Ella había notado que algo en el ambiente estaba mal, y ahora se dejaba acunar por su padre. Y fue entonces cuando sintió otra presencia, que tiraba de la falda de su madre. La aludida se giró, sorprendida.
-¡Mamá! ¿Qué pada? -le preguntó Noah, que ya empezaba a hablar. La joven negó con la cabeza.
-Nada, cariño. Sólo que tu hermanita estaba llorando -respondió.
En estos tres años transcurridos, Zelda y Link trataron de ejercer de reyes y de padres lo mejor posible. Aún así, la felicidad nunca los abandonó: el pequeño príncipe crecía sano y fuerte cada día, y nunca dejaba de jugar, haciendo disfrutar a sus padres. Y la cosa no acababa ahí, pues hace un tiempo, Zelda volvió a quedar embarazada, dando a luz a una niña, a la que le pusieron Emma. Esa niña poseía los ojos de su madre y el cabello de su padre.
Link puso a su hija en la cuna, y llamó a Lienda, la cuidadora de los pequeños. Ambos parecían tener la relación que en su día tuvieron Zelda e Impa. Dicho esto, montaron en el carruaje en dirección a Kakariko.
El viaje se les había hecho algo largo. Tardaron bastante tiempo en llegar, y aunque ambos hicieron todo lo posible para no aburrirse, echaban de menos a sus hijos.
-Llegó la hora -dijo Zelda cuando sintió cómo el vehículo se paraba. Al abrir la puerta, las miradas se dirigieron a ellos, quienes bajaron discretamente y se dirigieron al altar ceremonial.
-Pueblo de Kakariko, hoy es un día triste: la mujer más longeva del reino, Impa, ha fallecido. Para empezar, dediquémosle unas palabras de agradecimiento.
Nadie se levantó ni habló. Eso fue necesario para que su amado tomara la palabra:
-Yo conocí a Impa hace cien años. Puede que no fuéramos tan cercanos como Zelda lo fue con ella, pero me pareció una gran persona y una excelente cuidadora. En la actualidad, me ayudó a buscar los recuerdos y a muchas otras cosas. Y le estoy enormemente agradecido -Link calló, y todos los presentes aplaudieron. Poco a poco, más gente empezó a hablar. Zelda, por su parte, hacía un increíble esfuerzo para no explotar en lágrimas. Cuando ya nadie quiso hablar, tomó la palabra.
-Creo que yo soy la persona que más cercana fue a Impa. Ella fue mi cuidadora cien años atrás. Pero para mí era como una madre. La quería un montón, y verla ahora, pálida, sin aliento... es algo que me rompe -en eso dirigió su mirada a la tumba -Gracias, Impa. Por todo. Te echaré de menos.
Se retiró del pequeño altar, dándole la espalda a la gente. Estaba luchando y siendo fuerte, pero le podía. Se le escaparon dos lágrimas. Entonces fue cuando sintió a Link abrazarla, y luego empezó a hablar:
-Ahora, es hora de enterrar a esta mujer que espero que se quede en los corazones de todos. Descansa en paz, Impa.
Los reyes ya llegaron al castillo, y allí se encontraron con todo el Consejo reunido. Los evaluó a todos: Sidon, coronado nuevo rey de la región de los zora; Yunobo, el goron más valiente de su región después de haberse atrevido a sostener semejante carga; Teba, el aspirante a gobernante de su región; Riju, excelente matriarca de las gerudo y con un bebé; y Pay de Kakariko, quien tenía un abultado vientre.
-Gracias por venir. Bienvenidos a la decimoséptima reunión del Consejo de Hyrule. Hoy debatiremos sobre el comercio con otras regiones.
Ya habían terminado de discutir del tema, y se iban a su habitación, cuando apareció Lienda, quien cargaba a Emma y a Noah en sus brazos. El niño extendió sus bracitos hacia su padre, sonriendo, y la niña estaba llorando.
-Lo siento Majestad, pero su bebé parece tener hambre -le dijo la joven. La reina asintió, dándole las gracias y cogiendo a su hija en sus brazos. La cuidadora dejó a Noah en el suelo, y este echó a correr hacia Link. Él lo cogió con una sonrisa.
-¡Papi! ¡Had vuelto! -le saludó. El aludido le dio un beso en la frente, apartando ligeramente sus mechones rubios, tan parecidos a los de su madre. El pequeño se abrazó a su cuello, y Link lo llevó al comedor, donde les esperaba un delicioso banquete. Lo sentó en su sillita, y justo en ese momento entró su esposa.
-Ya le di pecho a Emma -le informó, sentándose a su lado -que aproveche.
Una vez terminaron de comer, decidieron que era una buena idea ir al campo. Así podrían viajar un poco y también jugar con los niños. Dicho eso, se dirigieron a su habitación para buscar ropa más cómoda para correr.
-¡Zelda! ¿Y las plegarias? -le preguntó Link. La joven lo miró, y descubrió con terror que no estaban en su vitrina.
-Es imposible que alguien las haya robado. El cristal está cubierto con magia impenetrable. A no ser que... -se detuvo en seco. Link adivinó lo que pensaba.
-¿Que ya se hayan ido... definitivamente? -preguntó. Zelda asintió, y miró al techo de su habitación.
-Gracias por todo -se despidió. En el lugar de esas plegarias, mandó forjar unas estatuas en miniatura de los elegidos. Y con eso, corrieron al campo.
-¡Aaah! -chilló Noah nada más sentir la presencia de su madre detrás de él.
-¡Te pillé! -habló Zelda, triunfante, a la vez que lo levantaba y le daba un abrazo. El pequeño rió.
Con él en brazos, la joven se acercó a su esposo, quien le hacía carantoñas a Emma. Se desplomó junto a él, y le dio un pequeño beso en los labios.
-Tu turno -le dijo, sonriente. Pero fueron interrumpidos por un hombre que se acercaba a ellos. Llevaba una capucha que le tapaba los ojos, pero se podía adivinar una espesa barba. A Zelda le brillaron los ojos.
-Padre -dijo, con un hilo de voz. El antiguo rey sonrió.
-Vaya, parece que aún te acuerdas de mí. ¿Qué tal os va? -miró a los niños -¿Acaso estos preciosos niños son mis nietos?
-Estamos bien, Rhoam -intervino Link -y sí, estos niños son tus nietos.
Noah, atrevido, se acercó a su abuelo. Éste le sonrió, y le revolvió el pelo.
-¿Quién edes? -le preguntó.
-Yo soy tu abuelo, pequeño. Y también el de tu hermanita -pese que desconfiaba, se dejó coger por él. Con el otro brazo, cogió a la niña.
-Hola Emma. Soy tu abuelo -se presentó, haciéndole carantoñas. La aludida lo miró, como si lo estuviera examinando.
-¿Qué haces aquí? -le preguntó al fin Zelda. El semblante de Rhoam se endureció.
-Durante estos tres años os he estado viendo. Me alegro de que estéis felices, pero creo que es hora de que me vaya. Estoy muerto, y después de todo este tiempo sé que no os va a pasar nada. Sólo he venido a despedirme. Para siempre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha. Aunque ya haya llovido, los acontecimientos le seguían quemando el alma. Miró al antiguo Rey con lágrimas amenazando por salir.
-Bueno... gracias por todo, papá... Sabes que siempre te llevaré en mi corazón...
-Muchas gracias por todo, Rhoam. Hasta siempre -le dijo Link, rodeando a su esposa con sus brazos. El rey sonrió con tristeza, y luego empezó a desaparecer.
-Cuidar del reino por mí. Pero, sobre todo, sed felices. Zelda, hija mía, también te llevaré en mi alma. Adiós -esas fueron sus últimas palabras antes de desvanecerse definitivamente. Los reyes quedaron en silencio.
-Papi, ¿jugamod? -le preguntó el niño, que se empezaba a aburrir. El aludido asintió, empezando a correr detrás de su hijo.
Por su parte, Zelda acunaba a su hija. Sacó el tomo de Hyrule Historia y una pluma, que lo había traído para leer. Puso una mano sobre la de su hija y la condució al libro.
-Mira Emma, es un libro. En él las princesas de varias épocas escribían sobre sus vidas -los ojos de la criatura, verdes como los de ella, viajaron del libro a su madre.
-Eres muy curiosa. Sé que serás una gran futura reina. Sólo os pido, a tí y a Noah, que seáis felices y os caséis por amor. No será fácil; tu padre y yo lo pasamos mal, pero los resultados son estos: felizmente casados y con dos hermosas criaturas... -se calló al ver a su hija bostezar, y luego cerró los ojos. En ese momento, Link se sentó a su lado, y la recostó contra su pecho. Ella cerró los ojos, y empezó a recordar por todo lo que pasaron.
Al fin eran felices.
Cuando los abrió, miró el hermoso paisaje que su vista captó. Acercando la pluma al papel para empezar a escribir, pensó en un título. Siempre le escuchaba a Link decir que su aventura le demostró "el aliento de lo salvaje". Y, visto lo que pasaron, empezó a escribir:
El aliento del amor.
Capítulo 1: Hace cien años...
FIN.
¡Hola!
Buaaaaa, se acabóooo.
Dios, estoy llorando mientras escribo. Me ha gustado tanto escribir esta historia que pienso hacer otra diferente de este mismo juego (Breath of the Wild) cuando acabe la de Twilight Princess. Por cierto, ahora seguiré con ella, y la podéis encontrar en mi perfil.
Gracias a todos los que leyeron, comentaron, votaron y apoyaron esta historia. Os quiero mucho.
