Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

"..." significa que hay escenas superpuestas, es decir, que pasan al mismo tiempo en distintos lugares.


Bara los recibió con una ligera brisa que parecía transportar el aroma de las flores que rodeaban el pequeño pueblo. Habían llegado de manera simultánea, desde la noche anterior habían arribado el pueblo con sigilo; Sunagakure fue el último, Kankuro estaba en la cabecera del escuadrón, Yukata y Matsuri cubrían la espalda de Gaara mientras que Nanami corría a su lado como perro con un jutsu de transformación.

Cuando llegaron Karin Uzumaki se hallaba preparando un campamento que funcionaría como la sala médica, Sasuke la vigilaba de cerca, sus facciones delataban su claro fastidio, seguramente no deseaba estar allí. Shikamaru planeaba una estrategia en compañía de algunos shinobis, un mapa se extendía a lo largo de la mesa, algunos puntos se encontraban señalados, unos ninjas de Iwagakure repartían micrófonos con la intención de que se mantuvieran en contacto en todo momento.

Una hora y media fue necesaria para que terminaran de alistarse. Genma y Tenten se quedarían junto al Uchiha para proteger el campamento, el resto del equipo de Konoha se adentró en el bosque con los demás.

Rokku no podía ver nada, le habían vendado los ojos y lo habían trasladado como si fuera un saco de papas; estaba ansioso de reencontrarse con su madre, podría decirle al fin todo lo que había descubierto, bueno, eran tan solo vanalidades, pero ella estaría orgullosa de él. Necesitaba que lo estuviera.

Sintió finalmente, como era dejado solo entre los frondosos árboles, a pesar de ello seguía percibiendo la presencia del resto a su alrededor. Observandolo desde lejos.

—Pronto verás a tu familia de nuevo —reconoció esa voz como la del Hokage, no estaba muy lejos de él.

—No necesito tener una conversación sin sentido.

—No es lo que pretendía, Rokku.

Se sumergieron en un silencio incómodo. El viento movía la copa de los árboles, la ventisca suave se sincronizaba con el apacible cantar de los pajaros.

Desde la profundidad del bosque, la figura de Izumi se alzó con elegancia, el mentón alto y la postura recta, traía un kimono verde con detalles en blanco, parecía camuflarse graciosamente con el paisaje.

—Hokage, es un placer conocerlo en persona —dió una reverencia exagerada con una sonrisa divertida en el rostro—. Cómo ha cumplido con su parte, yo dejaré de asaltar a sus amados pueblerinos —se incorporó con pereza, se colocó una mano en la cintura para mirar a su primogénito—. Hijo, ven.

Naruto observó a Rokku acercarse torpemente hacía la mujer, con pasos cortos y zigzagueantes.

Desde detrás de un gran sauce, Kakashi tuvo un mal presentimiento.

[...]

Los equipos de Kiri e Iwa se vieron sorprendidos en su propia emboscada. Los esbirros de Izumi estaban esperandolos dentro del templo, aunque a penas los igualaban en número, pudieron desarmarlos rápidamente, dos de los shinobis enviados por Chojuro fueron lesionados de gravedad y se desangraban en el suelo, la situación no era favorable para los invasores.

—Kirigakure no Jutsu —un hombre de aspecto mayor creó una neblina espesa que comenzó a expandirse en el reducido espacio.

—Vamos, hay que huir y avisar al resto —murmuró uno de los de Iwa, temblando.

—¡No podemos dejarlos! —dijo otro, refiriéndose a los heridos.

—Terminaremos como ellos, si no lo hacemos idiota —lo sujetó bruscamente del traje, gruñendo como bestia.

—Quién diría que hay tanta escoria en Iwa, cobardes—musitó una voz ronca detrás de ellos—. Ya recuerdo porque me marché de allí.

—¡¿Cómo?!

—No se preocupen —interrumpió una voz femenina—, pronto estarán con sus amigos.

[Hurricane]

El silencio no era exactamente un buen presagio dentro de su hogar, la risa de Boruto no delataba su ubicación dentro de la casa y eso comenzaba a inquietarla.

—¿Boruto? —comenzó buscando en la sala, en el comedor y en el patio, no halló nada—. Boruto, no es gracioso —el vientre comenzaba a dolerle, era como si su propio cuerpo estuviera advirtiendole sobre la situación.

[...]

Cuándo encontró a Omoi en su despacho con el rostro inclinado sobre su escritorio, notó que algo no andaba bien. Todos sus sentidos se pusieron alerta, apretó los puños dispuesto darle una tunda a cualquiera que se le acercara.

—¿Omoi? —se acercó con cautela, la piel se le había erizado.

[...]

—¡¿Mei-sama?! —el corazón le latía desenfrenado, hace media hora estaba golpeando la puerta de la habitación. La mujer no contestaba desde el otro lado y comenzaba a preocuparse. Se apartó de la puerta exhausto—. Romperé la puerta, Mei-sama.

[...]

—No era necesario que vinieras hasta aquí —la azabache levantó la cabeza, observando el otro lado de la habitación—, cumplí con lo prometido.

—Verás —la voz de la mujer tenía una entonación casi irónica, hablaba con burla hacia ella—. El problema está en que no me importa, Kurotsuchi —la Tsuchikage entonces comprendió, que aquellas promesas habían sido vacías. No planeaba dejarlos en paz, aunque entregaran a su hijo, aunque hubiera traicionado a la alianza con la esperanza de que su gente estuviera a salvo—. La gente como tú bueno, es basura y a mi personalmente me molesta su edor —sujetó con firmeza el abanico detrás de su espalda—. Nadie te extrañará, cariño.

[...]

—Mamá —una sonrisa se extendió en su rostro, estiró las manos amarradas hacia ella con la intención de tocar su rostro. Estaba con ella, después de semanas, volvía a escuchar su voz.

De haber visto la expresión en el rostro de la mujer habría notado que no se encontraba feliz de verlo, por lo contrario, sus ojos tenían un brillo de tristeza, impropios de la matriarca del clan.

—Rokku —su voz sonó muy diferente de cómo la recordaba, más juvenil. En ese instante, los shinobis se dieron cuenta que las cosas no cuadraban en lo absoluto. El pelirrojo detuvo su andar de golpe.

—¿Jimora?

—Lo siento, señor —dichas esas palabras, desenfundó su katana e hizo un corte horizontal sobre su garganta; su cuerpo cayó inerte sobre el pasto y su cabeza rodó hasta sus pies. El jutsu se deshizo tras esto, una mujer joven de cabellos verdosos se presentó ante los ojos atónitos de los ninjas, las lágrimas caían sin control por sus mejillas—. Q-que no quedé ni uno vivo, excep-excepto los Kages—titubeó. Fueron rodeados de repente, las cosas habían salido peor de lo que esperaban.

[Hurricane]

Siempre había pensando que la muerte era dolorosa, que la mejor forma de morir sería durmiendo en su cama tras años como regente. Sin embargo aquella situación no se asemejaba ni un poco a lo que había pensado. Izumi, la verdadera, la observaba con regocijo sentada sobre el escritorio. Su ropa tenía algunas manchas de sangre pertenecientes a ella.

—¿Cómo se siente morir sabiendo que tu gente te odiará por ser solo una larva? Porque eso les diré, que los traicionaste, que preferías morir a dar la cara por ellos —quiso gritar, pero el sonido quedó atorado en su garganta—. Tú no debías morir primero, ¿sabes? Tenía que ser Gaara, pero el muy maldito iría con sus estúpidos shinobis, los demás eran muy difíciles para ir sólo de frente; pero tú, oh, tú venderías tu alma solo para asegurar tu trasero —sintió frío, casi tanto como el peso de esas palabras estrujando su corazón—. Habría sido estúpido de mi parte no aprovecharlo —sus latidos fueron cesando lentamente, y sobre aquél suelo escarlata, Izumi observó el cuerpo con una sonrisa en el rostro.

[...]

Lo único que se podía escuchar era su llanto casi ahogado, sostenía contra si el cuerpo helado de la mujer a quién sin nunca decirlo, había amado como madre. Su rostro lucía tranquilo, sus ojos cerrados le daban un aspecto casi vivo, como si solo estuviera durmiendo.

Le dolió que no fuera así, a lo largo de su abdomen se extendía una profunda herida, la sangre teñia sus sabanas blancas y su vestido azulado.

—Mei-sama —balbuceó, acariciando su cabello; cómo si eso pudiera despertarla—. Prometo que la persona que hizo esto lo pagara.

Besó su frente y depósito su cuerpo lentamente sobre la mullida cama.Se puso de pie y camino hacía la salida, dos hombres lo esperaban dispuestos a recibir órdenes.

—Llevensela.

[...]

Decir que sentía tristeza sería poco, pero a pesar de ello no derramó lágrima alguna; una parte de él lo había presentido en cuanto entró.

Estaban muertos, pensó, realmente lo estaban.

—Lo sien- —un quejido sonó desde el suelo, sus ojos viajaron hasta Samui, su rostro magullado parecía dolerle dada su expresión. Se llevó una mano a la cabeza, intentó sentarse pero su cuerpo adolorido se lo impidió.

Reaccionó luego de unos segundos en shock y se colocó de cuclillas junto a ella para ayudarla a incorporarse con cuidado.

—¿Dónde está Omoi? —preguntó cuándo ya se encontraba lucida.

Negó con la cabeza, eso basto para que entendiera.

—No pude hacer nada.

—No es tu culpa Samui —la abrazo, algo dentro de si había revivido al ver que no estaba del todo en lo cierto— ¿Recuerdas quiénes fueron?

—No quiénes, quién.

[...]

El pánico invadió su sistema en cuanto vio a un hombre sentado a los pies de la cama de su pequeño, lo miraba dormir, cómo si el estar en esa habitación fuera normal. Supo enseguida que lo había dormido puesto que minutos atrás el pequeño había estado corriendo alegremente por los pasillos de la casa.

En ese momento corría hacia la torre, siendo perseguida por dos hombres ya que había noqueado al invasor, el rubio descansaba sobre su espalda, había despertado pero se hallaba completamente perdido. Los alcanzarían pensó, tenía que retenerlos.

Lo depositó en el suelo frente a la casa de Sakura, acarició su rostro con ternura.

—Cariño, ve con la tía. Dile que hay unos hombres malos atacando la aldea —besó su frente y saltó sobre los tejados, el bebé se alborotaba dentro de su vientre crecido, pero debía hacer algo. Activó su byakugan y una vez que los localizó a unos metros frente a ella, se lanzó con fiereza contra sus enemigos.

[Hurricane]

—¡Chidori Eiso!

—Bashōsen: Hi no Maki.

—Kumoryū: Omotegiri.

Las afueras de Bara eran un campo de batalla, a duras penas habían podido alejarse del bosque para rescatar a los heridos y que los atendieran. No era un gran número de contrincantes pero estaban bien entrenados y eso sin duda les estaba dificultando las cosas. Shikamaru estaba tendido sobre una camilla improvisada, la Uzumaki sentía que su vida se le escapaba entre los dedos de las manos, realmente se estaba esforzando pero él no daba señales de querer despertar.

Apretó los labios.

—Vamos, despierta, por Tenten —lo había notado en sus chakras, en la vez que lo vió fuera del hospital y de camino a la aldea. Quizá ellos no lo notaran, pero estaban echos uno para el otro, y tal vez siempre fue así, tal vez desde el principio, mucho antes de que alguien más lo hiciera.

—¡Sasuke! ¡Detrás de ti! —la castaña lanzó una kunai explosiva en dirección al Uchiha, este se inclinó al tiempo en que el arma se incrustaba en el brazo de uno de los enemigos, lo golpeó en el mentón enviandolo unos metros más allá provocando que la pequeña explosión dañara a un par de adversarios. Miró durante unos segundos a la castaña y asintió en su dirección, quién diría que él le agradecería a alguien.

Kankuro luchaba juntó al kazekage, haciendo uso de la marioneta de Sasori con maestranza. Poco a poco comenzaron a retroceder aunque comenzaban a ganarles en número dadas las bajas, la alianza no planeaba dar el brazo a torcer. Luego de unos instantes, una herida Jimora dió la señal de retirada.

Tenten corrió hacía el campamento sin molestarse en guardar su armamento en los pergaminos, intentó localizar al Nara entre la reducida muchedumbre. Karin se acercó a ella con una expresión de cansancio en el rostro.

—¿Dónde está Shikamaru?

Su silencio sólo hizo que su corazón doliera como nunca lo había hecho.