Capítulo 11
Yoh cayó derrotado sobre su cama. Sentía que su cuerpo se fusionaba con dicho mueble, mientras soltaba un largo suspiro y hundía su cara en la almohada.
Estos últimos días habían sido una gran carga emocional para él. Yoh había logrado mantenerse alejado del drama con éxito gran parte de su vida, por lo cual sus mayores preocupaciones no solían ser más graves que asuntos banales del instituto. Nunca había pasado por una montaña rusa de emociones como ahora.
Giró su cabeza para mirar hacia el techo y se forzó a mantener la mente en blanco. Necesitaba un descanso del mundo. Cerró sus ojos y deseó con ganas que todo fuera un sueño. Deseó despertar y volver a ser un adolescente común y corriente, sin inquietud alguna. Viviendo siempre en el presente, sin ningún interés sobre lo que le deparaba el futuro. Sintió de a poco una sensación de paz rodeándolo. Se concentró en su respiración profunda y en los sonidos que escuchaba a la distancia, fuera de su habitación. Permaneció en ese estado por un par de minutos, hasta que abrió los ojos y observó el techo de su habitación. Por un breve instante pensó que lo había logrado; acababa de despertar de un sueño y todo había vuelto a la normalidad.
-Tu habitación apesta a miseria. -comentó Hao, entrando como siempre sin aviso al cuarto de su hermano menor. -Esto parece una cueva. -dijo, mientras pateaba con asco ropa tirada en el suelo, y se acercaba a la ventana para abrir las cortinas.
La luz del sol inundó inmediatamente la habitación, haciendo que Yoh cubriera sus ojos con ambos brazos.
Hao lo ignoró y comenzó a abrir la ventana para que circulara aire. -Mucho mejor.
-No tengo energías para ti en este momento -dijo Yoh, recostándose sobre su abdomen hundiendo la cara nuevamente en su almohada.
-¿Cuándo has tenido energía para algo? -cuestionó su hermano mayor, recostándose sobre la pared. -Si vas a seguir adelante con todo tendrás que arreglar esto -dijo, señalando con el dedo índice el desastre en la habitación. -Y eso -agregó, señalándolo a él.
-"¿Si vas a seguir adelante con todo?" -preguntó el menor, apenas audible en las profundidades de cojín. -¿Acaso tengo opción?
Hao analizó las palabras de su gemelo y se encogió de hombros. -Siempre tenemos opciones. Pero supongo que eres demasiado bueno como para pensar en alterativas.
-¿Alternativas? -preguntó Yoh, alzándose de su escondite- ¿Qué alternativa tengo? ¿Fingir que Anna no está embarazada? ¿Dejarla para que se las arregle sola?
-Eso es lo que muchos hacen. -comentó el mayor, con una sonrisa irónica. -Quien sabe, tal vez es lo que yo hubiese hecho.
-No es verdad. -contestó Yoh, sonriendo.
Como un espejo, Hao imitó el gesto de su hermano. De un salto, Yoh se levantó de su cama y comenzó a recoger lentamente la ropa que se encontraba decorando el suelo de su habitación.
-¿Sabes? Admito que estoy abrumado, como nunca en mi vida -comentó Yoh, sin detenerse en su labor. Hao alzó una ceja, y se mantuvo en silencio -Pero me tranquiliza que estés conmigo en esto. Por alguna extraña razón, siento que me entiendes.
Hao sintió una puntada en el pecho que desapareció inmediatamente. Claro que entendía a su hermano. Había pasado por lo mismo. Hao pensó en que algún día tendría que contarle a Yoh sobre su experiencia, pero sintió que ese no era el momento para hacerlo. Disimuló sus cavilaciones y esbozó una sonrisa con sorna.
-Por supuesto que te entiendo; somos gemelos, sería un fraude si no lo hiciera. -respondió, mientras abandonaba la habitación de su hermano.
Yoh contempló a Hao abandonar el lugar, sosteniendo la ropa que había recogido recientemente. Sabía a la perfección que su hermano ocultaba algo. Hace varios días tenía ese presentimiento, pero hoy su sonrisa forzada lo delataba. A Yoh le inquietaba, pero conocía bien a Hao, y sabía que la verdad tendría que surgir por su propia decisión.
Siguió ordenando el lugar, convirtiendo su habitación en un lugar habitable. Suspiró agotado, era la primera vez que se esmeraba tanto por limpiar el lugar. Se dirigió al baño para lavar sus manos, y al llegar alzó su mirada hacia el espejo que se encontraba frente al lavabo. Miró fijamente a sus propios ojos, y sólo vio el reflejo de un chico cansado y asustado. No veía a un padre; veía a un niño. Se sentía muy pequeño; la gran responsabilidad que le acontecía era demasiado para él. Pero ya se había comprometido a hacer su mayor esfuerzo. Había hecho la promesa de que todo saldría bien. Había negado cualquier alternativa existente por amor, y sabría que eso era suficiente. Una vez lavadas sus manos, mojó su cara con abundante agua. No había vuelta atrás, ya no había espacio para dudas.
Anna llevaba varios minutos en la misma posición. Estaba en la sala de estar de su departamento, en la pequeña mesa que utilizaba como comedor. Desde un principio supo que intentar de distraerse con las tareas pendientes que tenía y en las materias que aún no estudiaba sería inútil. Deseaba con pasión lograr enfocarse en cualquier cosa que no fuera su embarazo. Pero siempre terminaba de la misma forma. Absorta en sus pensamientos, apoyando su mentón en su mano. Los libros y cuadernos que se encontraban sobre la mesa estaban ahí casi como decoración, al igual que su té, que ya había perdido todo calor.
Estaba inmóvil, sentada con la misma postura hacia demasiado tiempo. El bebé. Yoh. Sus padres. Casi aborta. Su futuro. El bebé. Yoh.
Su teléfono se encontraba en silencio, para ignorar cualquier notificación de su madre. Anna sabía que su decisión significaba darle la espalda a su familia, pero ¿realmente quería ser parte de ella? Había crecido prácticamente sola. No recordaba ningún acto de cariño verdadero hacia ella. Sólo los cheques y las transferencias bancarias que recibía de parte de sus progenitores. Pero, sin sus padres, su vida cambiaría más aún de lo que había anticipado. Porque si bien el amor nunca fue característica principal de su relación, el único sustento monetario que obtenía actualmente era de ellos. Anna nunca había tenido la necesidad de trabajar. Si sus padres habían hecho algo bien, fue asegurarse de que nada material le faltase. Sin embargo, sin ellos todo lo que tenía ahora se desvanecería en un futuro próximo. Necesitaba encontrar un trabajo inmediatamente, pero ¿dónde aceptaría a una adolescente embarazada? Y ahora tendría que esforzarse el triple en sus estudios si quería lograr entrar a la universidad con alguna beca.
Soltó un largo suspiro. Por primera vez en varios minutos, se movió, dejando su espalda caer en el respaldo de su silla. El simple movimiento hizo que su espalda sonara, como si fuera una ancianita. Anna bajó la mirada, observando su aún plano abdomen. Llevó una mano hasta él, posicionándola por debajo de su ombligo. En unos meses más se abultaría. Tendría que comprar ropa nueva.
-¿Le seguiré gustando gorda? -se preguntó a sí misma, pensando inmediatamente en su novio. Sabía que era inteligente y no se atrevería a decir algo negativo del cuerpo de la muchacha. Él respetaba su propia vida.
Anna sacudió la cabeza. ¿Qué estupideces estaba pensando? Ya había perdido mucho tiempo sumida en sus reflexiones. No servía de nada lamentarse y preocuparse si no tomaba cartas en el asunto. Se levantó de golpe decidida. Estudiaría y luego buscaría algún trabajo de medio tiempo. Después se contactaría por última vez con su madre para darle las fabulosas noticias y la bloquearía de todas partes. No tenía energías para el drama de esa mujer.
Tomó un sorbo de su té y se arrepintió inmediatamente. Estaba asqueroso.
El primer paso sería preparar más té.
Los días pasaban, e Yoh aún no se acostumbraba a las miradas. Al llegar al instituto, jóvenes de distintas edades lo observaban y susurraban cosas entre sus compañeros, sin intentar de disimular. Porque no sólo era el futuro padre adolescente; aún circulaba la duda de la relación entre su novia y su hermano gemelo. Oía risitas, conversaciones con tonos alegres, otros serios. Sentía las miradas llenas de curiosidad, otras de lástima. Él y Anna siempre habían sido de bajo perfil, pero ahora estaban envueltos en el escándalo más jugoso del momento.
-Tranquilo, ya pasarás de moda -dijo Hao, sacudiendo el cabello de su hermano. -Bueno, hasta que nazca el bebé. Eso te pondrá de vuelta en la mira.
-No sé como lo soportas. -contestó el menor, intentando con fuerzas de no mirar de vuelta a un grupo de chicas que lo observaba de forma obvia.
-Costumbre. -le respondió, guiñándole un ojo a las muchachas en cuestión. Sonrió al escuchar las risas emocionadas de las chicas, mientras su hermano ponía los ojos en blanco.
-¿Les gustarías tanto si supieran que eres la vieja de los gatos? -preguntó Yoh, guardando algunas de sus pertenencias en los casilleros en el pasillo principal del lugar.
-No exageres, sólo tengo tres. -contestó Hao, cruzando los brazos -Bueno, ahora solo uno. Opacho y Luchist no han vuelto hace cuatro días.
-Tal vez Opacho vuelva embarazada y tendrás ocho gatitos más.
-Uf, no gracias. No estoy listo para ser padre aún, ¿eh? -respondió el mayor, dándole un codazo a Yoh mientras sonreía divertido.
-Eres el peor -dijo Yoh, empujando a su gemelo en el hombro. -Oye, ¿me prestas tu calculadora? Tengo cálculo y no la traje.
-Te la prestaría, pero me acabas de insultar. -contestó, dándole la espalda mientras se dirigía a su salón.
-Nada que no te merezcas, hermano. -respondió Yoh divertido, observando a su hermano lanzarle la calculadora con fuerzas. -¡Gracias!
Su hermano alzó un pulgar hacia arriba y entró a su sala de clases. Yoh observó el reloj que se encontraba en la pared del pasillo. Aún faltaban algunos minutos para que iniciara la primera clase de la mañana, así que aprovecharía de visitar a Anna a su salón. Estos últimos días se veían con menor frecuencia. La rubia insistía en que no tenía suficiente tiempo durante las tardes, explicando que debía estudiar para los exámenes que se acercaban. Además, sus conversaciones en la noche habían disminuido, ya que ella apagaba su teléfono para dormir más temprano que de costumbre.
El Asakura se asomó por la puerta del salón, recibiendo para variar la mirada curiosa de los compañeros de su novia.
-¡Hola, Yoh! -saludó alegre Jeanne, levantándose de su puesto. Caminó apresurada hasta el muchacho, con una alegría que alarmaba a Yoh. No entendía por qué lucía tan emocionada por verlo. -¿Cómo has estado?
-Supongo que bien -dijo él sonriendo de manera incómoda, rascándose la cabeza -¿Y tú? ¿Cómo estás?
-Honestamente he estado mejor -contestó ella, levantando los hombros. -Mira, tu sabes que estoy muy arrepentida por lo que pasó el otro día, ¿verdad? -preguntó, llevando su mano al brazo del muchacho, mirándolo ahora con ojos suplicantes, sin dejar de sonreír.
-Por supuesto -dijo Yoh, recordando las cartas de perdón, los regalos, los mensajes de texto y los innumerables gestos que Jeanne había hecho tratando de enmendar las cosas -Créeme, no hay rencores.
-Por lo menos de tu parte -respondió Jeanne, ahora tomando entre sus manos las de Yoh -Pero Anna sigue muy molesta, y de verdad necesito que me perdone.
-No puedes culparla -dijo Yoh, tratando de sonreír con amabilidad al mismo tiempo que trataba de soltarse del agarre de la muchacha.
-¿Podrías convencerla, por favor? -pidió la de ojos rojos, sujetando con más fuerza las manos del muchacho- Quiero intentar de estar en paz con ella. Ren no volverá conmigo si no he arreglado mis errores, ¿sabes? Y lo extraño mucho.
Yoh sintió una gotita de sudor formándose en su frente. Sabía que los intentos desesperados de Jeanne en buscar el perdón de la pareja eran en gran parte para recuperar a su ex. Ren le había dicho que después de lo sucedido no podía estar con ella; gracias a los rumores que Jeanne se encargó de esparcir Yoh y Anna eran el tema de las conversaciones de la mayoría de sus compañeros. Si bien la situación incomodaba mucho a Yoh, no era alguien rencoroso. Pero Anna era otra historia, y no podía juzgarla. Merecía estar molesta, y él no trataría de influir en sus sentimientos.
-Lo siento, Jeanne. -respondió él, por fin librándose del agarre de la muchacha. -Sé que eres una buena persona, y lamento que estés en esta posición.
-Gracias, Yoh -dijo ella, soltando un breve suspiro -Yo lamento en la posición en la que estás por mi culpa. Es decir, tarde o temprano todos iban a saber lo de Anna, pero ahora dicen que eres un pobre diablo, que Anna te es infiel y que tu hermano es un pervertido. -agregó, mordiéndose el labio -Bueno, esa última parte no es tan falsa después de todo…
-Buenos días. -saludó Anna, casi entre dientes. Caminó entre Yoh y Jeanne, casi empujando a esta última, aumentando la distancia entre ambos. Inmediatamente sujetó el brazo de su novio posesivamente, mirando con seriedad a Jeanne. -¿Y tú?
-¡Buenos días, Anna! -saludó de vuelta Jeanne, con una sonrisa poco convincente -Que linda estás hoy, tu cabello se ve espectacular.
-Gracias. -contestó la rubia, mirando fijamente a sus ojos rubí- Te robaré a mi novio por unos minutos, permiso.
Antes de oír alguna respuesta, Anna arrastró del brazo a Yoh, quién se encogió de hombros ante la mirada confundida de Jeanne. Salieron del aula y caminaron hasta una sala vacía.
-Jeanne tenía razón -dijo Yoh. La rubia lo miró con molestia, con ambos brazos cruzados y una ceja alzada- Estás espectacular. -explicó, acercándola con un brazo para darle un beso en los labios.
Anna maldijo mentalmente la rapidez con la que la tensión en su cuerpo desapareció, derritiéndose casi al instante ante el contacto de su novio.
-¿Qué hacías en mi salón de clases hablando con ella? -preguntó tratando de sonar molesta, sin romper el abrazo de Yoh.
-Fui a buscarte y ya sabes…-dijo él, sonriendo ampliamente- Lo de todos los días.
-Implorar perdón. -supuso la rubia. Miró a su novio y pasó una mano por su cabello, peinando la maraña que su hermano le había dejado minutos antes. -La próxima vez que Hao te desordene el pelo se lo tienes que hacer de vuelta.
-Ya sabes lo mucho que cuida su cabello, se volvería loco si se lo toco -rio Yoh, mientras Anna continuaba peinándolo -¿Cómo has estado?
-No tan bien -admitió ella, concentrada en su labor- Las náuseas al despertar no mejoran.
-No me gusta que estés pasando por eso sola -contestó él, tomando entre sus manos las de su novia. -Debería estar contigo.
-Yoh, no es como que nos vayamos a vivir juntos al tronar los dedos. Es decir, yo creo que tendremos que hablar de eso más adelante, pero ahora no es algo urgente.
-¿Y cuándo quieres hablar de eso? Sólo nos vemos en el instituto.
-Estoy muy ocupada durante las tardes. Tengo mucho que hacer.
-Lo sé, pero te dije que estaríamos juntos en esto y siento que no soy un gran apoyo.
-No digas eso.
Anna observó por unos minutos al muchacho. Hace unos segundos lucía radiante por él único hecho de haberla visto. Ahora lucía triste, y le rompía el corazón ver esos ojos de cachorrito. "Estúpida embarazada hormonal" pensó.
-Dime en qué puedo ayudarte. -dijo Yoh, escondiendo un mechón rubio detrás de la oreja de su novia.
-El sábado tengo una cita con un médico, puedes acompañarme. -respondió ella, alegrándose al ver el rostro del muchacho iluminándose.
-¿Vamos a poder ver la cara del bebé? ¿Vamos a saber si es niño o niña?
-Es muy pronto para eso, Yoh. -dijo Anna, sonriendo ante su entusiasmo. -De hecho, creo que será una cita muy aburrida para ti.
-Mientras esté contigo -respondió él, dándole feliz un beso en la mejilla.
-Estás tan cursi estos días. -contestó ella, sintiendo que el calor subía a su rostro.
-Supongo que es porque te extraño -confesó Yoh, sentándose sobre la mesa desocupada del profesor.
-Nos vemos todos los días- respondió Anna, tomando un lugar al lado de su novio.
-Sí, pero sólo unos minutos -contestó él, haciendo un puchero con el labio -Siento que necesitamos tiempo a solas, tranquilos; sin preocupaciones ni dramas.
-El sábado después de nuestra cita con el médico podemos darnos ese tiempo. -dijo ella, poniendo una mano sobre la rodilla del muchacho.
-No sé si pueda esperar tanto -su voz se tornó un poco más grave, y mientras hablaba se acercaba lentamente a los labios de la rubia. Anna entendía a la perfección qué estaba pasando. Sabía que debería estar en su salón de clases, que probablemente el profesor ya había llegado a la sala. Pero si había algo a lo que no podía negarse, era a su lujurioso novio. Yoh solía tener una actitud algo infantil, tierno, casi inocente. Por eso, cuando se despertaba su lado más oscuro, era algo realmente fascinante para ella. Cerró los ojos cuando sintió los labios sedientos de su novio en los propios. Llevaban varios días sin ningún contacto íntimo, ni siquiera un beso en la boca. La urgencia en el acto era notable. Una de las manos de Anna aprisionaba el cabello del muchacho, sosteniéndolo por la nuca. Yoh sujetó a la rubia y la posicionó sobre sus piernas sin dificultad. Ese simple gesto elevó la temperatura en un instante. Al encontrarse sentada sobre él, Anna sintió al instante la entrepierna del muchacho abultándose bajo su propia ropa interior. Continuaron besándose con la respiración agitada. El Asakura posó una mano sobre el trasero de la rubia, por debajo de la falda de su uniforme escolar. Anna utilizó su mano libre para explorar la piel de su novio por debajo de su camisa. Estaba caliente. Extrañaba tanto recostarse sobre su pecho desnudo.
"Ay, no" pensó ella, mientras los labios de Yoh recorrían la piel de su cuello, subiendo lentamente hasta el lóbulo de su oreja. Sintió su piel erizarse. No se suponía que empezaría así el día. En realidad, no estaba demasiado arrepentida. Debía admitirlo, no sabía si era por el embarazo, pero su cuerpo parecía más sensible al tacto de su novio. Cerró los ojos mientras los besos volvían a su cuello. Disfrutó la sensación y, sin pensarlo demasiado, utilizó la mano que exploraba el torso del muchacho para buscar otros lugares de su cuerpo. Escabulló entre la corta distancia que había entre ellos su mano al interior del pantalón de Yoh. Lo sintió quejarse; sabía que estaba aguantando emitir cualquier ruido muy fuerte que los delatara.
-¿Es este el tiempo de calidad que buscabas? -preguntó ella, susurrándole al oído.
-Mejor -contestó él, apenas.
Anna sonrió. -Te doy cinco minutos más antes de entrar a clases.
-Que aguafiestas. -contestó él.
Ella detuvo su labor unos momentos y se bajó de la mesa en donde se encontraban. Tiró del cuello de la camisa de Yoh y lo atrajo a ella de forma demandante, obligándolo a bajar de la mesa también. -Cinco minutos. -insistió.
Yoh la miró un poco confundido, pero entendió todo cuando ella lo atrajo hasta una pared y le dio la espalda. Diablos, sí.
La observó mirarlo por sobre su hombro, y llevó ambas manos por debajo de su falda para quitarse la ropa interior. Inclinó levemente su espalda y le dedicó una visual seductora. -Te estoy esperando.
No tardó en abrir el cierre de su pantalón y bajar su propia ropa. Minimizó la distancia entre su cuerpo y el de Anna, ambos contra la pared. Antes, decidió buscar con su mano el punto de entrada, asegurándose de que las condiciones fueran óptimas. Se agachó un poco y primero posó una mano por debajo de su falda, tocando el interior de sus muslos. La rubia suspiró al sentir la mano de Yoh subir por su pierna, lenta y tortuosamente. Sintió sus piernas temblar cuando llegó por fin a su entrepierna. Apoyó la frente contra la pared y mordió su labio. Su novio acariciaba lentamente su piel. Se sentía caliente y húmeda. Introdujo un dedo con cuidado, masajeando un lugar que conocía a la perfección. A Anna comenzó a hacérsele difícil estar de pie. Estaba débil, deshecha ante el tacto del Asakura. -Cuatro minutos -susurró.
Yoh retiró su mano y la utilizó para ayudarse a entrar en esa zona exclusiva para él. Como siempre, se introdujo lentamente. Sintió a Anna soltar un gemido y maldecir. Sonrió; lo estaba haciendo bien. No tenían mucho tiempo, así que necesitaría ayuda extra para satisfacer a ambos. Con una mano comenzó a estimular a Anna por debajo de su falda, y con la otra la sujetaba por debajo de su brassiere, sosteniendo uno de sus senos. Ella por su parte seguía el ritmo de cada embestida meciendo su cadera, casi de forma instintiva. De pronto nada importaba, sólo ellos y el placer. El mundo había desaparecido por completo. La rubia no lograba ahogar sus gemidos; todo su cuerpo temblaba. Por eso había elegido esa posición; era cien por ciento efectiva para ambos. Con un brazo alcanzó el cabello de Yoh, cuya cara reposaba contra su cuello. Lo escuchaba respirar pesadamente, enviando escalofríos con cada exhalación que llegaba a sus oídos. Su ritmo era cada vez más rápido. Al cabo de pocos minutos, sintió que ya iba a llegar al punto máximo de placer. Llamó en un suspiró el nombre de su novio, y él entendió de inmediato. Una última embestida. Ambos gimieron al unísono, Yoh ahogando su voz contra la piel de la rubia, mientras que Anna tapaba su boca contra el brazo que usaba para apoyarse en la pared. Sin cambiar de posición, Yoh se alejó un poco y se rompió el contacto entre ambos cuerpos. Arreglaron su ropa rápidamente, aun mirando hacia la pared. El Asakura abrazó por detrás a Anna, y agotado, apoyó su cabeza sobre el hombro de la rubia. Ella lo miró y le dio un beso en la mejilla. -De nuevo en esta sala… -murmuró.
-Deberían ponerle nuestro nombre -contestó Yoh divertido.
Anna giró y le dio un beso en los labios. -Ya tenemos que ir a clases.
-No es divertido ir a clases después de tener sexo. -se quejó Yoh, recostándose sobre la pared.
-Nunca es divertido ir a clases -replicó Anna, arreglando el cuello de la camisa de su novio. Él sonrió, aún con las mejillas algo rosadas.
-Espero que este tipo de reunión se repita en un futuro próximo, Kyoyama -dijo él, extendiéndole una mano como si fueran a hacer un trato.
Ella puso los ojos en blanco y golpeó suavemente la mano que su novio había extendido. Yoh fingió estar ofendido, bruzándose de brazos con falsa seriedad. Ella le dio un pequeño beso en los labios. -Nos vemos, Yoh.
Él le dirigió una sonrisa, rendido. Sabía que tenía que salir de esa burbuja. Había clases, responsabilidades, cosas que hacer, lugares a los que ir. Tenía que despertar.
-Sal tu primero, yo esperaré un poco aquí -dijo él, y ante la mirada confundida de su novia, explicó -Será muy obvio que estábamos haciendo si nos ven salir juntos de aquí en horario de clases.
-Bien pensado -contestó Anna, algo sorprendida -A veces tienes buenas ideas.
-Ja, ja. -Yoh sonrió mientras observaba a su novia dejando la sala. Dios, cómo adoraba a esa chica. En definitiva, hoy sería un gran día.
Llevaban caminando un par de minutos hacia su hogar. Hao observaba en silencio a su hermano por el rabillo del ojo. Caminaba con la espalda erguida, la mirada hacia el frente y paso decidido, casi victorioso. Habían intercambiado muy pocas palabras en el camino; Yoh parecía muy concentrado en sus propios pensamientos.
-¿Tuviste un buen día? -preguntó el mayor, despertando a su gemelo de su ensoñación.
-¿Por qué lo preguntas? -cuestionó Yoh, con una tranquila y amplia sonrisa en su rostro.
-Has caminado con esa cara alegre todo el camino. -respondió Hao, con cara de asco.
-Soy una persona feliz, agradecido de la vida -se encogió de hombros, aún con esa expresión y actitud que descolocaban a su gemelo.
Hao lo observó y entrecerró los ojos con sospecha. Sí, Yoh solía ser alguien feliz y "agradecido por la vida", pero la última semana parecía derrotado, soltando suspiros melancólicamente. El mayor de los Asakura quería creer que su gemelo había hecho catarsis por fin y durante el día la madurez le había pegado como un rayo, cambiando súbitamente su actitud. Sabía que era imposible.
-¡Ya llegamos! -saludó Yoh, seguido por su hermano al entrar al lugar. Ambos se quitaban los zapatos en la entrada, cuando una voz que no escuchaban desde hace algún tiempo les respondió.
-Bien, ¿cuál de ustedes metió la pata?
Ambos se detuvieron en el acto y vieron a su abuelo, un anciano de baja estatura, cabello blanco, y cara de pocos amigos, con ambos brazos cruzados.
-Su favorito. -dijo Hao sonriendo, terminando de ponerse unas pantuflas. Señaló insistentemente a Yoh, quien había quedado inmóvil como una estatua ante la presencia de su abuelo.
-A…abuelito –
-¡NADA DE ABUELITO! -gritó el anciano, acercándose amenazadoramente al menor de los nietos -Tu único trabajo era mantener tus pantalones puestos hasta después de la universidad, y mira dónde te metiste.
Le dio un tirón de orejas, haciendo que Yoh doblara su espalda y se agachara hasta la altura de su abuelo. Mientras se quejaba, Hao observaba divertido -Así que la abuela le dio las espléndidas noticias.
-Siempre creí que tú nos traerías esta gracia -contó Yohmei, sin quitarle las manos de encimas a Yoh -Al menos tú eres más inteligente y sí sabes ponerte un condón.
-¡Ayyy! ¡Abuelito, me duele! -se quejó Yoh, que ya casi terminaba de perder la oreja.
Hao rodó los ojos y lo miró curioso. -Supongo que hoy no vino desde Izumo sólo para tomar el té.
-No, vengo a conversar con tus padres de serios asuntos. -contestó el anciano, ignorando a su nieto menor y sus súplicas- Y vine a ver a éste para hablar con él también.
-Me entristece no estar en sus planes hoy -dijo el Asakura, con falsa pena- Pero me alegra verlo aquí y saber que está un poco mejor de salud.
-Gracias, chico -respondió Yohmei, soltando al fin a Yoh. -Espero volver con más tiempo para que vayamos a tomarnos un café.
-Lo mismo digo. -Hao tomó su bolso del colegio y se encaminó hacia las escaleras -Bueno, lo dejo con mi hermanito.
Rápidamente, Yohmei volvió su mirada molesta hacia Yoh, quien estaba sentado en el suelo sobándose la oreja lastimada.
-Tú, camina. -ordenó, haciendo una señal con la mano para que lo siguiera.
Yoh maldijo mentalmente. Al parecer, su suerte había cambiado.
¡Hola! Espero que estén todos muy bien No puedo creer que escribiré esto, pero estoy actualizando esta historia en medio de una pandemia. La cuarentena total que instauraron en mi ciudad me ha dado mucho tiempo libre y la inspiración llegó al fin. Espero que estén todos en su casa, a salvo. Lo bueno es que este sitio es una perfecta distracción de todo lo que pasa afuera. ¡Un abrazo gigante a todos!
