Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 23 – El inicio del fin.

Dos días después de aquella incomoda navidad, James y Remus hablaban en la recepción del ministerio. Remus estaba muy contento con su trabajo. Le gustaba el que tenía en Gringotts, pero este era mucho más relajado. Trabajar con los duendes del banco era una tarea muy ardua, eran demasiado exigente.

–¿Sigues sin noticias de ellos? –Preguntó Remus al ver como James se apoyaba sobre su mostrador.

–Desde navidad no he vuelto hablar con Sirius.

–¿No tenía que trabajar hoy? –Observó por el rabillo del ojo como varios papeles llegaban volando a su mesa. Sus tareas comenzaban amontonarse, pero por más indirectas que le enviaba a James, este no se daba cuenta.

James asintió.

–Tenemos la última reunión del año. Debería de estar aquí, y… ¿Bellatrix?

Remus se encogió de hombros. El departamento de Bellatrix estaba en el lado opuesto de la entrada al ministerio y muchas veces ni si siquiera la veía llegar.

–Creo que tenía toda la semana libre.

James se pasó la mano nervioso por la cara.

–Me parece tan raro de Sirius… Tú crees… ¿Tú crees que Bellatrix le ha hecho algo?

Remus le miró extrañado.

–¿Qué dices?

–El otro día cuando nos fuimos parecía que iban a tener una gran pelea, y ya sabes que Bellatrix es muy a fin a las maldiciones imperdonables…

–¿Vuelves con el tema? Si mal no recuerdo uno de los motivos por los que se enfadaron fue por tu culpa. –Remus no sabía porque continuaba con esa teoría tan disparatada. Si Bellatrix tuviera la intención de hacerle algo a su amigo, ya lo hubiera hecho hace tiempo.

James le miro haciéndose el dolido.

–No me mires así. Sabes que es verdad. No os caéis bien, pero deja de meterte tanto con ella. En una de estas Sirius se va a enfadar contigo.

James le miró pensativamente durante unos segundos y negó con la cabeza.

–¿Donde crees que lo habrá enterrado?

Remus resopló y volvió a su trabajo. James era imposible, no era capaz de entender que tenía que compartir la atención de Sirius con Bellatrix.

Al ver que James continuaba allí levantó la vista y fue ese instante cuando vio entrar al protagonista de su conversación.

–Ahí viene. –Le indicó. –No me parece que este muy muerto…

Sirius caminaba hacia ellos con una sonrisa de oreja a oreja.

–¡Mis queridos amigos! Sé que me queréis, pero no esperaba que estuvierais esperándome.

–James estaba preocupado por ti. –Remus sonrió pícaramente. Estaba cansado de las provocaciones de James.

–¿Preocupado? –Preguntó extrañado. –Solo me he retrasado cinco minutos.

–No es que te hayas retrasado. –Comenzó James. –Es que no sabíamos nada de ti desde navidad. No respondías a la chimenea, ni a las lechuzas… Hasta me acerqué a tu casa a llamar a tu puerta y nada. Porque Lily me lo impidió pero hubiera entrado… Ya pensaba que…

–Pensaba que Bella te había matado. –Remus terminó su frase.

Sirius rompió a reír.

–Que Bella me había matado… –Repitió mientras se reía. –Que bromas tienes James.

James, que no lo había dicho como ninguna broma, se ofendió.

–Encima que me preocupó por ti. Pensaba que tal como habíais quedado el otro día ibais a tener una gran pelea.

–Creeme que la hubo, y muy grande. –Dejo de reír y se puso muy serio. –Eso me recuerda que por favor dejes esta guerra con Bella, ya hable con ella y está dispuesta a que empecéis desde cero.

James dudó unos segundos, pero tras comprobar que Bellatrix no había matado a su amigo, decidió aceptar la paz.

–Entonces… ¿Por qué no he sabido nada de ti?

–Tras nuestra pelea, hemos estado reconciliándonos. Durante dos días… –Sonrió con picardía.

Cuando Alphard se fue a dar su paseó no volvió, les mandó una carta diciendo que como Dora se volvía a Hogwarts se quedaría unas semanas en casa de Andromeda. Aún debía de hablar con ese cobarde.

Al escuchar a su amigo, Remus se puso colorado y siguió con sus papeles, Sirius siempre estaba haciendo ese tipo de comentarios íntimos. James como de costumbre puso cara de asco. Pero en cuanto vio que Sirius le miraba con seriedad cambió el semblante.

–Venga vayamos a la reunión.


James y Sirius fueron al encuentro con Remus tras el fin de la reunion. Los tres tenían un descanso de unos minutos antes de volver a trabajar.

–No me lo puedo creer ¡hay pruebas más que suficientes! –Decía James indignado.

Sirius le pasaba el brazo por el hombro.

–Te entiendo. Eran más que evidentes… No sé cómo no han podido verlo.

–Te diré yo porque. Ellos también forman parte. –Decía por lo bajo mirando a su alrededor pasa asegurarse que nadie podía escucharle.

Remus se acercó a ellos.

–¿Qué tal la reunión?

James bufó y se fue a por algo de comer.

–Fatal. Nos ha denegado nuestra investigación sobre el asesinato de aquellos magos en East End.

Sirius se refería a un suceso ocurrido el verano pasado en el que un matrimonio de magos había aparecido asesinado en su casa. Al principio el ministerio lo había considerado obra de unos vándalos que habían entrado a robar, dado que estaba todo revuelto. Pero recientemente un testigo se había presentado en el ministerio asegurando que esa misma noche había visto algo extraño en el cielo sobre la casa de dichos magos, entre las nubes se difuminó una calavera con una serpiente. En una de las muchas detenciones de magos y brujas seguidores de Lord Voldemort, Sirius y James encontraron que todos tenían algo en común, un extraño tatuaje en su brazo con la misma descripción del testigo. Fue a partir de ahí cuando lograron relacionar dichas muertes con Voldemort. Pero el ministerio continuaba achacándolas a muertes accidentales o que estaban fuera de su jurisdicción mágica.

James volvió cargado de comida.

–Lo siento Remus. –Se disculpó por su comportamiento anterior –Pero es que no soporto ver cómo nos hacen de menos. Tendríamos que hacer algo…

Los tres se fijaron en su comida, era cierto que en las últimas semanas habían notado un cambio en el ministerio. No solo estaba rechazando muchas investigaciones sobre Voldemort sino que estaba comenzado a prohibirse que se hablará de él.


Unos meses más tarde, tras el rechazo de la investigación de James y Sirius, la situación en el ministerio no había mejorado en lo referente a ese aspecto. Voldemort había dejado de ser una prioridad. Misteriosamente todas las listas de magos y brujas sospechosos de ser seguidores habían sido eliminadas y la persecución a los nacidos de muggles se ignoraba. Pero la realidad era muy diferente, los asesinatos se habían incrementado incluso hasta la prensa muggle comenzaba a ser consciente de ellos.

A pesar de las malas noticias y de la negación del ministerio a la realidad, la primavera trajo buenas noticias para los Potter. Lily descubrió que en el mes de julio darían la bienvenida a un niño, Harry, ese había sido el nombre que habían elegido para su primogénito. No solo eso había traído la primavera, sino que para alivió de todos, la relación entre James y Bellatrix había mejorado a límites insospechados. Se habían dado cuenta que si separados eran capaces de lograr esas guerras dialécticas, juntos podían crear un Armagedón, así que habían decidido que Peter seria el objetivo de sus fechorías. El pobre ya les temía con solo verles.

Pero no solo eso, incluso Alphard había cambiado la opinión sobre su sobrina. Sirius le había amenazado, sino respetaba a Bellatrix tendría que buscarse otra casa donde vivir, y como su situación económica aún seguía igual, decidió darle una oportunidad y para su sorpresa ambos descubrieron que tenían muchas cosas en común.

Al mejorar la relación con James, Bellatrix pasaba más tiempo en casa de este y por eso se encontraba en su casa ayudando a Lily a ordenar las cosas del bebe. No era su tarde ideal, pero a Lily le hacía ilusión y desde que era una hormona con piernas prefería no llevarle la contraria. Si hasta la había amenazado con lanzarle un cruciatus si no iba a su casa. Bellatrix sonrió pensando en ello, su amistad con ellos podría haberla cambiado, pero ella también les había inyectado un poco de su personalidad.

–Parece mentira que una persona pueda coger en esto tan pequeño. –Lily le mostró un pelele blanco diminuto.

Bellatrix rió.

–Cuanto te des cuenta, eso ya no le servirá y estará pidiéndote dinero para salir de fiesta con sus amigos.

Ambas mujeres rieron y continuaron ordenado la ropa.

-¿Y vosotros qué? – Preguntó Lily.

Bellatrix la miró sin comprender.

–¿Cuándo habrá un pequeño o una pequeña Black corriendo por la casa? A Harry no le vendría nada mal un amiguito con quien jugar. –Dijo mientras se acariciaba su abultado vientre.

Bellatrix dejó de doblar la ropa y la miró de lado.

–¿Ha estado Sirius hablando contigo?

Tenía una ligera sospecha. Desde que Lily les había dado la noticia de que estaba embarazada, Sirius se había olvidado por completo de la idea de casarse y no dejaba de lanzarle indirectas de lo ideal que sería tener un hijo. Bueno, más que indirectas habían sido una declaración total de intenciones.

Lily negó pero… enseguida asintió.

–Me dijo que le hacía mucha ilusión y que tú no estabas muy convencida.

Bellatrix resopló.

–No es eso, pero creo que tomar la decisión de tener un hijo es algo que hay que meditar y Sirius simplemente lo ve como algo sin importancia. Como quien se compra un helado. Y hay que pensar sobre muchas cosas antes…

–Pero Bella, uno nunca sabe cuándo estará preparado. Si nosotros lo hubiéramos pensado durante mucho tiempo, Harry no estaría ahora mismo dándome patadas.

Bellatrix negó repetidas veces.

–Pero nosotros tenemos que pensarlo mucho más… Somos primos… Primos carnales, los padres de Sirius también y mis padres lo son en segundo grado… No dejo de pensar que podríamos tener un hijo con algún tipo de problema.

–Pero vosotros estáis bien. –Apostilló Lily.

–Pero… ¿Y si es algo recesivo? Igual a nosotros no nos ha afectado pero, ¿y si afecta nuestros hijos?

–¿Y Sirius que dice de eso?

–Que son tonterías y que no va a ocurrir nada.

Bellatrix se encogió de hombros. Lily iba rebatir el comentario de su amiga pero los gritos de James desde el piso de abajo se lo impidieron.

–¡Lily! ¡Lily!

Ambas mujeres acudieron veloces, asustadas por los gritos.

–Tenemos que deciros algo… ¿Aún no está Remus aquí? –Preguntó Sirius que venía igual de nervioso que su amigo.

Lily negó con la cabeza. Remus se había mudado con ellos hacia unas semanas. Le habían despedido del ministerio. La última luna llena le había dejado demasiado agotado y no pudo ir a trabajar durante una semana, al no poder justificar su falta sin descubrirse como licántropo le dijeron que no volviese por allí. Al no tener ingresos le habían echado de su apartamento y ahora se dedicaba todos los días a recorrer la ciudad buscando cualquier tipo de empleo.

–¿Qué ocurre? –Preguntó Bellatrix preocupada. Sirius solía alterarse por cualquier cosa, pero nunca le había visto de esa manera.

En ese momento llegaron Remus y Peter, al cual James había avisado para que acudiese a su casa.

–Será mejor que os sentéis. –Les propuso Sirius.

Eso sí que tomó a Bellatrix por sorpresa, la cosa era grave cuando Sirius se tomaba tantas precauciones.

–Me estáis empezando a asustar.

James dio varias vuelta por el salón y lanzó algunos hechizos para silenciarlo. Ningún oído ajeno debía de escuchar lo que estaban a punto de decir.

–Hemos descubierto algo. Algo que pone en peligro las bases de nuestro mundo… Voldemort ha entrado en el ministerio.

Todos le miraron sorprendidos.

–¿Cómo estáis tan seguros? –Lily se aventuró a preguntar.

–Realmente no tenemos pruebas solidas, pero sí que sabemos que han denegado todas las peticiones de investigación cuyo objetivo sea Voldemort. Además, también sabemos por el departamento de comunicación que les han obligado a emitir comunicados sin base diciendo que no hay ningún mago peligroso.

Esa situación a Bellatrix le resultó familiar.

–En mi departamento no se puede investigar nada relacionado con magos y brujas oscuros. Hay que remitirlo al departamento de aurores… o simplemente acaban desapareciendo de las mesas.

James asintió. Las palabras de Bellatrix les daba toda la razón.

–Parece que Voldemort ha cambiado de estrategia y pretende imponer sus ideas desde dentro. –Concluyó Sirius.

–¿Y por qué nos contáis esto? Tendríais que comunicárselo a alguien con un rango superior, no a nosotros. – Que iban hacer al respecto una embarazada, un desempleado, un tabernero y una inspectora…

James negó.

–Bella, pensaba que al ganar el premio de tu casa eras más inteligente.

Esta le miró con enfado.

–Lo que queremos deciros, es que si antes nos ignoraban con nuestras investigaciones, ahora mucho más… Hemos hablado con Dumbledore

–¿Con el profesor Dumbledore? –Preguntó extrañada Lily.

–Sí y nos ha contado que el también tiene sus sospechas y que lleva tiempo investigando los asesinatos. Por eso nos ha propuesto para formar parte de un grupo. –Sirius había sido el que había decidido avisar a Dumbledore cuando todos les ignoraban. Dumbledore había sido de gran ayuda cuando entró en Gryffindor y fue denostado por su familia.

–Un grupo con el que poder luchar contra Voldemort y toda esa panda de mortifagos. ¡La Orden del Fénix! –Exclamó James.

Lily y Remus se quedaron pensativos pero finalmente asintieron de acuerdo. Peter no dijo nada, como siempre, haría lo que sus amigos le dijesen.

–No entiendo… –A Bellatrix toda esa idea de formar parte de un escuadrón al margen de la ley no le parecía buena idea. –¿El director de un colegio quiere que formemos parte de un grupo para luchar contra un ser todopoderoso que tiene una enorme fila de secuaces? ¿Nosotros? ¿Un grupo de civiles? Perdonarme que sea la única que vea esa propuesta como una sentencia de muerte.

James se giró hacia ella.

–¡Dumbledore no es el simple director de un colegio! Es el mejor mago del siglo. Y si seremos civiles… Pero sabes, te he visto en duelo y eres mejor que muchos aurores que tenemos en nuestro departamento… Aunque si tienes dudas sobre donde residen tus lealtades… –James como siempre haciendo alusiones a que estaba conectada con las artes oscura.

Bellatrix soltó una carcajada irónica.

–Se perfectamente donde se encuentra mis lealtades. Pero simplemente veo que podemos acabar como ese grupo de magos y brujas que han matado recientemente.

–Bella tiene razón. –Esta vez fue Remus el que tuvo dudas. –Nosotros somos muy pocos. Es puede que sea cierto que tenemos cualidades, pero aun así estamos hablando de asesinos en serie.

–Dumbledore nos dijo que estaba reclutando a más personas. –James no entendía de la resistencia a unirse.

Remus y Bellatrix negaban con la cabeza, la idea era disparatada. Hasta Lily que siempre acababa compartiendo las mismas ideas que James, comenzó a torcer el gesto.

–Creo que podríamos ir a la reunión que va realizar con otros posibles miembros. –Propuso Sirius al ver la situación. –Y después que cada uno decida qué hacer.

Esa idea pareció convencer a todos. Antes de colocarse una diana sobre sus cabezas, tenían que saber en qué consistía esa tal Orden del Fénix.