A penas abrió la puerta tropezó en la entrada y cayó de bruces al suelo. Un grito ahogado se le escapo cuando intentó ponerse de pie pero fue en vano. La carrera anterior le había dejado agotado.
Sabía que a esa hora no había nadie en casa. Por lo que se permitió llorar sobre el suelo un momento, antes de sentir como una presencia se sentaba a un lado de él. Al levantar la vista makachin le meneaba lentamente la cola.
—Hey, ¿qué tal?
Makachin emitió un sonido de tristeza antes de lamerle la cara a Yurio. Este que había parado de llorar, comenzó a hacerlo de nuevo al tiempo que abrazaba al perro, el animal solo se quedo quieto.
—¿Por qué no puede quedarse a mi lado? ¿Por qué debo ser tan egoísta? —sollozo apretando al animal que no se había movido ni un centímetro—, ¿por qué mierda duele tanto amarlo? Lo odio, en serio lo odio.
La puerta se abrió y Yurio al volver la vista se encontró con Otabek y Víctor, cuyos rostros se sorprendieron mucho al verlo tirado en el piso abrazando al perro.
—¿Yura? ¿Qué ocurrió? —Otabek se arrodillo pero apenas lo hizo un fuerte sollozo se escapó de Yurio. Víctor al verlo tan derrotado no pudo mantenerse estoico y se abalanzó sobre él abrazándolo.
—Déjalo salir... estamos aquí —dijo acariciando la cabeza de Yurio que se aferraba al cuerpo de él. Otabek por su parte solo acariciaba lentamente la espalda de este—, estamos aquí.
—¿En serio, Yuuri? Tengo que decirlo, tu si que sabes cómo joder las buenas cosas —dijo Pichit visiblemente molesto mientras le pasaba la toalla a Yuuri, que estaba empapado y temblando en la entrada del departamento—, te irás mañana y aún así no llegaste al grano, ¿qué te pasa?
—¿Es todo lo que dirás? No quiero sermones, Pichit. Estoy bastante harto de toda esta situación, mejor así —dijo serio mientras se quitaba la ropa.
Pichit abrió la boca pero la volvió a cerrar. Sabía que tenía razón, lo que estaba haciendo estaba mal, muy mal, visto desde cualquier punto, estúpidamente el lo había apoyado. Era un adulto metiéndose con un menor de edad. Prácticamente era pedofilia.
Sin embargo, también sabía que Yuuri, jamás hubiera llevado más lejos que unos cuantos besos aquella extraña relación, porque ante todo, lo que más le importaba era el futuro de Yurio. Y ahí estaba su amigo, renunciando a una escuela que amaba y en donde conoció a sus primero amigos reales, solo para evitar que Yurio sufra un futuro incierto.
Si eso no era amor real, no sabía que era.
—Yuuri, perdón —se disculpó después de un momento—, no elegí bien las palabras, pero, ¿qué pasará cuando Yura se entere que te fuiste en unos días cuando regrese a la escuela?
—Probablemente alguno de sus amigos se lo diga antes —dijo sin más terminando de entrar al lugar. Pichit solo asintió con la cabeza.
Sabía que justamente en ese momento, Yuuri lo único que necesitaba era dormir y un buen rato.
—¿Estas seguro de esto, Yuuri?
Yuuri se detuvo en el medio de la sala y volteó a ver a los ojos por primera vez a Yurio.
—¡Mierda, no! ¡Por supuesto que no! —gruñó y Pichit miró como el semblante serio que había tratado de mantener desde que llegó se rompía poco a poco—, no quiero irme, no quiero alejarlo, no quiero perderlo, pero la idea de que algo le pueda pasar por culpa mía...
—No sería...
—¡Yo se! —gritó apretando los puños—, es un niño. —continuó después de un momento—. No sabe nada de nada, en cambio yo... ¡soy un asco! —sollozó llevándose ambas manos a la cara.
Pichit suspiró y se acercó hasta él abrazándolo. Yuuri al sentirlo, correspondió al abrazo.
—Aún con tu edad, eres un niño también, Yuuri. —dijo apretándolo—, yo sé que tú jamás le harías daño, aún cuando los demás vieran un sí, yo seguiría viendo lo mucho que te importa él y su integridad.
Yuuri no dijo nada y solo siguió llorando, en ese momento, estaba demasiado cansado para decir nada, inclusive un gracias. Por su parte Pichit, solo podía pensar en lo mucho que sufrirán ambos a futuro. Sabía de primera mano que olvidar a tu primer amor, era de las cosas más difíciles de la vida, una sensación de vacío constante a falta de la persona con la que compartiste tanto, y ese tipo de cosas, era algo que sabía que Yuuri y Yura tendrían por la que pasar.
Lo apretó más al estar consciente de eso.
Aún podía recordar cuando su primer pareja se marchó. Había sido una relación con muchos altibajos, muchas peleas, muchas discusiones por cuestiones tontas; pero también había habido momentos demasiado inolvidables, demasiados detalles, muchas promesas y hermosas palabras. Y eso era parte de amar. Así como el crecer y olvidar, aunque a veces, el recuerdo no se extinga del todo.
—Estoy aquí, Yuuri.
