CAPÍTULO 7

―Aún no puedo creer que esto esté sucediendo, Sakura. Sara Flint miraba los detalles de la limusina y a la misma Eva, de reojo. ―La vida puede cambiar en un segundo, de eso soy testigo ―contestó Beth en un susurro, imitando a su amiga para que Eva no la oyera.

―Somos ricos, no ogros, querida ―aseguró Eva, mirándose las uñas con indiferencia.

―Por lo que veo la súper audición es de familia ―comentó Sakura sarcásticamente. ―Es que en mi familia sí nos lavamos los oídos ―contestó Eva, remarcando las palabras «familia» y «oídos» en son de burla, por lo que las tres chicas rieron. Hacía unos minutos que Eva había pasado a recogerlas al apartamento de Sakura , en una limusina Porsche Cayenne, que era lo suficientemente larga como para aumentar la ansiedad de las dos.

Según la mujer informó, iban a recoger a Lara a su casa para ir a comprar los vestidos y almorzar, luego regresarían para arreglarse. La hora del encuentro la cambiaron cuando Eva le avisó a su prima lo que debían hacer, aunque todavía las dos chicas guardaban la esperanza de ahorrarse el ir de compras.

―Eva… ―Sé lo que vas a pedir y la respuesta es no. ―Eva ni siquiera la miraba directamente―. Si Sasuke se entera que les prestamos los vestidos, nos mata a Lara y a mí; y yo soy muy joven y hermosa como para morir.

―El señor Uchiha no se tiene que enterar. Eva alzó una ceja y la miró.

―¿Estás hablando de mi primo o de otro señor Uchiha? ―Sara tiene razón. ―Sakura ignoró la pregunta sarcástica de la mujer―. Él no conoce todos los vestidos que ustedes tienen. Los hombres casi no se fijan en eso. ―Si no quieres prestarnos los vestidos, lo entiendo ―comentó Sara, tímidamente―. Podrían ser unos que ya no uses o que pienses desechar.

―¡El problema no es prestarles los malditos vestidos, Sara! No tengo ningún inconveniente en que usen mi ropa, y estoy segura que Lara tampoco ―afirmó Eva algo exasperada, luego cerró los ojos y suspiró lentamente. «Ojalá Sasuke usara esa misma técnica para relajarse», pensó Sakura.

―Entiéndenos ―suplicó Sakura―, nosotras no estamos acostumbradas a este tipo de cosas. Es algo abrumador y sabes perfectamente que no está bien recibir esa clase de regalos en esta situación.

―Las comprendo perfectamente… Está bien, les prestaremos algo.

―Las dos chicas suspiraron aliviadas―. Pero lo más seguro es que a Lara no le guste la idea.

―Tú puedes convencerla ―dijo Sakura. ―De todos modos, Sakura… ―Eva se inclinó un poco hacia adelante para reafirmar lo que iba a decir―, es mejor que te acostumbres a todo esto, porque las personas que estamos cerca a Sasuke, lo vivimos constantemente. Sakura guardó silencio. No quería comenzar ese tipo de conversación estando Sara presente, porque, aunque ella sabía la mayor parte de todo, no conocía ciertos detalles, por lo que solo desvió la mirada y se mordió el labio.

Entendía lo que representaba ser familia o alguien cercano a un hombre como él; a lo que la chica no lograba encontrarle lógica, era a por qué tenía ella que pertenecer a ese círculo, cómo encajaba ella en todo eso. No era tonta, Sasuke quería algo con ella, llevarla a la cama y luego de unos días,
botarla, como seguro había hecho con muchas mujeres, así él dijera que nunca las había humillado.

Solo que ella no era así. Le molestaba que él lo pensara, que creyera que todas eran iguales, que se dejaba deslumbrar por una gran chequera y una cara bonita ―hermosa en realidad―, y que aun así no era suficiente para obviar el hecho de que la trataría como a una más. No quería exactamente que la sedujera de una manera más diplomática, ella no era de las chicas de rosas y chocolates; le gustaba comerlos, mas no recibirlos en cajas con formas de corazón, junto con un peluche que dijera «te amo».

Definitivamente eso no iba con ella, era más de la pasión y la apropiación. Su experiencia en cuestiones de amor era nula. Siempre soñó con ese hombre que llegara y le dijera que le pertenecía y apretándola fuertemente de la cintura, le robara un beso apasionado. «¡Maldición!» Sasuke era un hombre capaz de enloquecer a cualquier mujer ―no tenía la menor duda―, y era eso precisamente lo que quería evitar.

Ya se imaginaba cuántas mujeres habían caído en sus redes, y luego, lejos de él, lloraban su lejanía y anhelaban su compañía. Él era alguien de mundo, capaz de conseguir a quien deseara, y por eso estaba segura que con ella solo quería una aventura. No era que deseara tener alguna relación seria con él; había algo que no le inspiraba confianza, algo que le indicaba que corriera, que le temiera.

Además de la diferencia de edades que también la ponía en alerta, estaba segura de que, si su acercamiento no hubiese sido tan insinuante de la manera «playboy sin escrúpulos», recordándole al aprovechado del jefe grasiento de su madre, al menos podrían llevarse bien; eso sí, nunca tendría algo con él.

Podía parecerle guapo, lo que no implicaba que le gustara para una relación. Al poco rato llegaron a la casa de Lara, que vivía con sus padres. La Mansión, como les indicó Eva que le había colocado su diseñador, se veía cómoda, y al mismo tiempo, elegante y sofisticada. Enormes ventanales cubrían toda la fachada y por dentro era la muestra perfecta del buen gusto y la distinción.

―¡La casa de mis padres cabe en esta sala! ―exclamó la rubia en voz baja a Sakura. ―Y te aseguro que mi apartamento actual cabe en la cocina. Las dos chicas rieron, deteniéndose cuando vieron a Lara acercarse.

―¡Se puede saber cómo es eso de que ya no vamos a ir de compras! Lara tenía las manos puestas en sus caderas y una expresión que asustaría a cualquiera, mientras Eva se encontraba detrás de ella con una sonrisa burlona. Sakura suspiró, al parecer convencerla a ella sería más difícil que lo que fue con su prima.

―¡Lara!, a los invitados se saludan cuando llegan, no se regañan. La chica bufó y cruzó los brazos en su pecho. La mujer que había hablado con tono reprobatorio y el ceño fruncido, era del mismo alto que Lara, cabello negro y los ojos de un profundo color azul, cálidos y maternales, que combinaban perfectamente con su rostro amable y sincero. Por sus facciones no había ninguna duda de quién era.

―¿No me vas a presentar a tus amigas? ―continuó con una sonrisa en los labios. Lara también cambió por completo la expresión de su rostro, a una de total alegría. ―Mami, te presento a Sakura Haruno, la chica de la que te hablé; y ella es Sara Flint, la pasante de Sasuke. «La bipolaridad es otra condición que comparte esta familia», pensó Sakura, evitando demostrar sus conclusiones.

La mujer se acercó y abrazó afectuosamente a las dos chicas, quienes recibieron el gesto con un poco de incomodidad, aunque con sonrisas sinceras. ―Es un gusto conocerlas. Soy Sophia Uchiha, la madre de Sasuke. Díganme: ¿es un buen jefe? o, ¿son muchas las veces que han deseado cumplir el sueño de todo empleado? «No se imagina cuántas», pensó Sakura, riendo al mismo tiempo que Sara.

―Es soportable ―respondió. Era la manera más decente que tenía de ser sincera.

―¿Soportable? ―inquirió Eva con indignación―. Es el peor jefe que existe, tía. Es mandón, arrogante, exigente, un maldito imbécil come mierda…

―¡Eva! ¿Qué clase de palabras son esas? ―Sophia la reprendió y luego se giró de nuevo a las invitadas―. Lo siento, chicas. Los hombres de esta familia no son un muy buen ejemplo para estas dos.

―No se preocupe, señora Sophia ―dijo Sara con una sonrisa tímida.

―No, querida, nada de señora, no soy tan vieja como para que usen ese apelativo. Llámame Sophia ―indicó la mujer con una sonrisa. Si a Sakura le quedaba alguna duda de que esa familia, a pesar de su dinero, era amable y sencilla con las personas de menor nivel económico, dejó de existir en ese momento.

Por fin pasaron a la habitación de una refunfuñante Lara, cuya decoración se centraba en tonos morados y plateados. «Sussana amaría esta habitación.» Minutos después, terminaron de convencer a la chica de que no era necesaria la compra de vestidos, más aún cuando Sakura revisó el gran vestidor de Lara, en el que había ropa que todavía tenía la etiqueta puesta.

―¡Lara, esto parece una tienda! ―exclamó Sakura luego de que ella les abriera las puertas.

―¡Qué exagerada, Sakura! Esta es solo la ropa de uso diario, la de invierno y viajes está en otra habitación ―contestó la chica, agitando la mano para restarle importancia al comentario. Sakura y Sara se miraron. Encajar con esas personas no era algo fácil para dos chicas sencillas como ellas, por lo que Beth agradeció por estar segura de que nunca pertenecería a esa familia.

Luego de medirse varios vestidos, tanto de Eva como de Lara, Sakura terminó con un vestido color vino tinto, escote en forma de corazón, justo hasta la cintura y que abría un poco hacia las caderas, con varias capas en caída de tela de seda del mismo tono. A pesar de que pertenecía a Eva, que era más alta que ella, le quedaba bastante corto.

―Eva, ¿cómo puedes decir que esto es tuyo? ―preguntó Sakura, tratando de halarse un poco la falda―. Tú eres más alta que yo. ¿Estás segura que no es una blusa? Eva rodó los ojos.

―¡Cómo se te ocurre que va a ser una blusa! En realidad, el vestido no era para mí, lo compró Lara hace un par de meses, no le gustó como le quedó y yo quedé en probármelo, pero se me olvidó, y ya pasó el tiempo para devolverlo, así que no importa, porque a ti te queda perfecto.

―Es demasiado corto.

―¡Ay ya, Sakura! Te vuelves insoportable cuando te lo propones, te lo quedas y punto. ―Eva batió los brazos en señal de exasperación―. ¡Por Dios! ¿Cómo te aguantas a ti misma? Sara se acercó a Sakura disimuladamente. ―Es mejor que no digas nada más; al menos tú tienes buen cuerpo, yo soy un desastre.

―Tú, ya deja de quejarte ―intervino Lara―. Tienes un cuerpo excelente, lo que sucede es que lo escondes tras esa ropa horrorosa que usas. La chica tenía razón. Aunque Sara no tenía muchas curvas, pues más bien era de senos pequeños y caderas algo angostas, no era flaca del todo, lo que le daba una forma bonita y delicada; sobre todo que sus piernas eran bien torneadas, aunque algo blancas para el gusto de los demás.

Era del mismo alto de Sakura y Lara, por lo que terminó con unos de sus vestidos, aunque no tan corto como el de Sakura. Luego de que cada una tuviera su vestido escogido, pasaron a almorzar. Sophia había ordenado que les prepararan Roast Beef en salsa horseradish y ensalada de brócoli con zanahorias y patatas. Entre todas decidieron comer en la habitación de Lara. ―A mi padre lo conocerás después, Sakura, pues ya Sara lo conoce de la oficina ―comentó Lara―.

Tuvo que viajar esta mañana temprano a Plymouth para la revisión de un negocio, y no regresa hasta mañana. Mi mamá lo iba a acompañar, y cuando supo que ustedes venían, prefirió quedarse para conocerlas. ―¿Tu padre también trata los negocios de la empresa? ―preguntó Sakura.

―Nunca los ha dejado ―respondió Eva―. Cuando son negocios con algún viejo amigo, prefiere él hacerse cargo junto con mi padre. Están juntos allá. Al terminar, bajaron a llevar la vajilla y prosiguieron a escoger los zapatos. Sara quedó con unos de Lara, ya que sus pies eran una talla más pequeños que los de Sakura, que escogió unos plateados de Eva, a la que le quedaban pequeños. ―Los compré sin fijarme en el número ―explicó Eva―.

Me gustaron y los tomé. Lara quería que Sara usara unos tacones bastante altos, no obstante, luego de varios tropiezos y tambaleos por parte de la chica, desistió y le entregó unos un poco más bajos, sin dejar de ser considerados altos. Casi enseguida llegaron dos chicas que les arreglarían las uñas. Rieron y contaron chismes de personas que Sakura y Sara ni siquiera conocían. A las dos les parecía muy divertido cómo las demás contaban las vidas íntimas de otros, que, al parecer, las manicuristas sí identificaban, porque agregaban uno que otro dato a las historias que se relataban.

Cuando terminaron, las mismas chicas las ayudaron a cepillarse el cabello para que no se dañaran las uñas. Todas decidieron usar el cabello suelto, y Sara, aunque reacia al principio, la convencieron de que tenía un muy bonito cabello rubio. Más tarde, las manicuristas se fueron y empezó todo el proceso del maquillaje, afortunadamente a ninguna de las dos les obligaron a usar tonos muy fuertes; solo algo que acentuaba sus rasgos y las hacía lucir muy bien en realidad.

―¡Niñas, llegaron los chicos! ―gritó Sophia desde el pasillo. ―Yo no sé si pueda salir vestida así ante ellos ―comentó Sara, retorciéndose las manos nerviosamente. ―Y se puede saber por qué ―inquirió Lara, arqueando una ceja. ―Porque dos de ellos son mis jefes, otro es un compañero de trabajo, y el último… ―Se interrumpió para morderse el labio inferior, como otra señal de nerviosismo.

―¡El chico que te gusta! ―exclamó Lara.

―¡Baja la voz, por favor! ―Ahora es cuando más tienes que bajar, Sara ―intervino Eva, aplicándose perfume―. No eres una gran belleza, pero por cómo te vez ahora, estoy segura que lo dejarás boqueando como pez fuera del agua. Sara, que ya conocía la tan cruda sinceridad de Eva, se ruborizó, pues sabía perfectamente que ese era un cumplido.

Luego de un buen rato, en el que se aplicaban perfume, se miraban de nuevo en el espejo, jugaban con el cabello de la otra para darle mejor forma, conversaban de cualquier trivialidad y terminaban de convencer a Sara de que se quitara los anteojos, porque, según ella misma había afirmado, podía andar sin ellos sin caer o estrellarse contra algo, salieron a encontrarse con los chicos. Eva y Lara fueron las primeras en bajar.

Los hombres se encontraban sentados conversando; incluso Sasuke, al ya no tener dudas sobre los sentimientos entre Sakura, Naruto, participaba activamente, sin pasar del trato cordial con él, pues no terminaba de agradarle. Jerry, que se encontraba algo intimidado al principio por el contacto directo con los dos grandes jefes de UchihaWorld Company, no tardó en integrarse perfectamente al grupo cuando Kendal, dándole un fuerte golpe en la espalda, se había burlado porque tenía a su padre en la casa y en el trabajo, gritándole y dándole órdenes todo el día.

Cuando sintieron los tacones resonando por las escaleras, se levantaron y salieron al encuentro. Luego de saludar a todos, Lara se ubicó a un costado de la escalera y Eva hizo lo mismo del otro
lado.

―Chicos, mi querida prima y yo tenemos el honor y el placer de presentarles a… ―Lara se detuvo por un momento para darle suspenso a la situación. ―Pareciera que están presentando a unos fenómenos de circo ―comentó Sara a Sakura en un murmullo―. Solo espero que no me toque a mí primero.

―¡Sara Flint! ―¡Maldición! ―Al menos tu vestido no es una blusa larga ―indicó Sakura, al tiempo que le ponía una mano en la espalda para darle un empujoncito. Sara empezó a bajar las escaleras y Sakura pudo escuchar cómo se hacía el silencio total. Por la forma de la escalera, que se curvaba al final, estaba oculta de la vista de los demás, al igual que ellos de ella. Solo se escuchaban los pasos de Sara y la risita emocionada de Lara.

―¡Oh, mierda! ¿Dónde diablos estaba escondida esta belleza? La voz de Kendal retumbó por toda la casa. Sasuke, volviendo un poco a la adolescencia, levantó los brazos y comenzó a batirlos en el aire frenéticamente, al tiempo que gritaba con voz ronca como si estuviera celebrando un gol de su equipo favorito. Kendal empezó a imitarlo, mientras Naruto se carcajeaba, limitándose a aplaudir.

«Si eso hacen con ella, no quiero imaginar qué harán conmigo cuando vean este vestido tan corto», pensó Sakura mordiéndose el labio, nerviosa. El único que no pronunció palabra fue Jerry. Él solo miraba a la chica que parecía que fuera a arder en cualquier momento, debido al sonrojo. Su mirada recorrió todo el cuerpo de la rubia, y tuvo que tragar para que el líquido no saliera de su boca.

―¡Traga, Jerry, traga! ―gritó Kendal, riendo―. Tu boca produce dos litros de baba por segundo. Todos rieron, a excepción de los directos implicados que desviaron sus miradas, y el fuerte color rojo se instaló en sus rostros. Incluso Sakura rio, pues eso era precisamente lo que quería, que Jerry se fijara en Sara, y por el grito de Kendal, intuyó que así sucedió.

―Bueno, chicos, ¡silencio!, que todavía no hemos terminado ―anunció Lara, ubicándose en su lugar junto a la escalera―. Y por último, pero no menos importante… «Qué no me vaya a caer, Dios.»

―¡Sakura Haruno! La chica tomó aire e inició el descenso por las escaleras. Sus tacones resonaban más que los de Sara y el corazón le latía al compás de esos sonidos. No se atrevía a levantar la vista, pues no quería ver las expresiones de los demás. Al igual que cuando Sara bajó, no había ningún ruido, hasta que de nuevo Kendal rompió el silencio

. ―¡Yo me pido las piernas! ―gritó levantando un brazo, como un niño que pide la palabra en clase.

―¡No! ―El rugido enfurecido de Christopher acalló cualquier burla que se pudiera presentar―. ¡Maldita sea! Este vestido es demasiado corto.

―Estoy de acuerdo ―concordó Naruto de una forma más calmada. «Ya somos tres», pensó Sakura. Por primera vez agradecía los ataques de rabia de Sasuke, y estaba segura que él podría impedir que saliera vestida así. ―Por favor, no vengas con tus berrinches, Sasuke. Es solo un vestido ―dijo Eva.

―Para mí es perfecto ―declaró Kendal acercándose a Sakura. La tomó por la cintura con un brazo y la levantó para bajarla de los dos últimos peldaños. Antes de soltarla acercó su rostro al de ella―. Yo no tendría problema en custodiar esas hermosas piernas toda la noche.

―¡Suéltala! ―Sasuke empujó a Kendal, y arrancando a Sakura de sus brazos, la miró a los ojos―. Vas ahora mismo y te cambias. No voy a permitir que salgas vestida así. Sakura lo miró con el ceño fruncido; aunque estaba de acuerdo con él, no tenía por qué darle órdenes de esa manera. No estaban en la oficina, así que no tenía por qué obedecerle. Sabía perfectamente que, si lo hacía, sería su perdición, pues él lo tomaría como una muestra de sumisión, y ella nunca serviría para serlo en una relación, al menos no por voluntad propia.

―No tengo por qué hacer lo que me dices. ―Sakura habló apretando los dientes. Si tenía que salir mostrando las piernas para contradecirlo, lo haría sin ningún problema―. El vestido me gusta y voy a salir con él, quieras o no. ―Sakura, a mí tampoco me gusta. Ve a cambiarte ―ordenó Naruto.

―¡Suficiente! ―decreto Lara―. Naruto tú te callas. Sasuke, déjala en paz. No vamos a salir solas, iremos con ustedes, los guardaespaldas estarán ahí, nadie la tocará. ―Esto es tu culpa ―acusó Christopher a Eva, mirándola amenazadoramente. ―Tu mirada no me asusta, primito. ―Eva agarró la mano de Sakura y la haló hacia ella―. A mí me parece que se ve hermosa. ―Alzando la mano, la hizo girar sobre sí misma―. Vamos a causar furor, nena. Sasuke se acercó de nuevo a Sakura y la miró fijamente.

―No te despegues ni de Naruto ni de mí, y procura mantenerte alejada de problemas, porque no me va a importar reventar a quien se te acerque. Sakura no le contestó; no obstante, con la mirada y la sonrisa fingida, le dejó en claro que ella era libre de hacer lo que quisiera. Luego de despedirse de Sophia, quien no se enteró de la discusión por encontrarse conversando con su esposo por teléfono en su habitación, subieron a la misma limusina para dirigirse al pub escogido por Lara y Eva.

Sakura estaba sentada entre Naruto y Eva en uno de los laterales, y para su total incomodidad, Sasuke se sentó en frente, para poder observarla con libertad durante todo el recorrido. Miró a Naruto por un momento y lo vio hablando con Lara, o mejor dicho, ella le hablaba a él, mientras que él se limitaba a asentir y a suspirar de forma cansada. Jerry y Sara estaban sentados juntos conversando, aunque ella se notaba aún muy tímida con él.

Sakura ya estaba segura de que Naruto creía que entre ella y Sasuke existía alguna relación íntima. El solo hecho de no interferir o protestar cuando Sasuke la abrazó y le habló de esa manera tan posesiva, indicaba que los veía como pareja; de ahí su mirada preocupada y su constante vigilancia. La dejaba ser independiente, sin dejar de estar atento a la situación. Sin embargo, presentía que algo más había ahí.

Sakura estaba segura que Naruto no se quedaría quieto si creyera que era solo una aventura, algo había pasado entre esos dos, solo que no lograba saber qué era. Por un momento, notó cómo la mirada de Sasuke se desvió hacia sus piernas, y se pasó un dedo por los labios, lentamente, como saboreando algo. Sakura sintió rabia y molestia al mismo tiempo; no le gustaba que la mirara de esa forma, y aunque una leve sensación le indicó que a su cuerpo le agradaba, la ignoró y se quedó con los sentimientos que creyó correctos.

No sabiendo cómo tapar sus piernas, tomó el brazo de Naruto para colocarlo sobre ellas, y comenzó a jugar inocentemente con sus dedos. El rubio no se inmutó con el movimiento, pues no era extraño que Sakura hiciera algo así; quien sí reaccionó fue Sasuke, que al instante levantó la vista y la miró ceñudo. Ella desvió la mirada, y entabló conversación con Eva. Al rato dio gracias a Dios porque Sasuke no inició un problema.

Cuando llegaron al pub, una larga fila de personas esperaba una posibilidad para entrar al exclusivo lugar. La limusina se detuvo justo enfrente de la puerta, y luego de que los guardaespaldas que iban en otro auto, se posicionaran en sus lugares, abrieron la puerta del vehículo y uno a uno comenzaron a bajar.

―¡Oh, por Dios! Es Kendal Lancaster ―gritó una chica que se encontraba en la fila. Sakura giró para verlas y se dio cuenta de que, a muchas, lo que les sobraba en maquillaje, les faltaba en tela, y enseguida se arrepintió de ese pensamiento. «Solo me falta el exceso de maquillaje para ser igual a ellas», se quejó. Kendal rio y enseguida fue abrazado por Eva, quien les lanzó a las chicas una mirada demasiado atemorizante. Otra mujer del mismo grupo, una pelirroja con unas curvas claramente delineadas por un cirujano, fue la siguiente en hacerse notar.

―Sasuke Uchiha, nos vemos adentro. El implicado, que se había ubicado entre Sakura y la multitud, no giró su rostro para ver quién había gritado su nombre, solo se limitó a continuar caminando hasta que estuvieron dentro del establecimiento. El Drinks Factory ubicado en el distrito de Islington, al norte de Londres, era uno de los más famosos pubs del país.

Con un ambiente confortable y animado, era el lugar perfecto para pasar una buena noche. Al entrar, uno de los meseros los ubicó en una zona que se encontraba algo apartada de la pista de baile; quedaba un poco escondida, y para llegar a ella era necesario asomarse por una pared, en donde se ubicaron dos de los guardaespaldas. Sasuke se sentó junto a Sakura y le pasó un brazo por el espaldar del sillón, aunque no llegó a tocarla. Todos pidieron el clásico coctel Presidente, y comenzaron a conversar de cosas triviales mientras se adecuaban al ambiente.

―ESakura ―llamó Sasuke en un susurro―. Por favor, por mi salud mental, no bailes con alguien que no sea yo. Quizá Naruto, nadie más. Sakura se sorprendió un poco por el tono de su voz, que no era autoritario como otras veces, sino suplicante; más un ruego que una orden. ¿Qué decir ante algo así? Definitivamente era más fácil cuando él se ponía difícil, pues solo bastaba con retarlo, discutir y contradecirlo; en cambio, pensar en qué decirle a un hombre que pedía algo tan simple de semejante manera, no era tarea sencilla.

Recordó entonces el consejo que Sara le había dado. «―Piénsalo, Sakura. Es mejor que hables con él, así sea para saber a qué atenerte.» Tomando aire y dispuesta a ser amable con él, habló calmadamente. ―Jerry es un amigo, y ahora mismo solo tiene ojos para Sara. ―Sonrió al desviar la mirada hacia la pareja, y comprobar que Jerry tomaba la mano de la chica para acariciarla, y ella muy sonrojada, lo dejaba hacer―. Y ya sabes cómo es Kendal. No veo por qué no pueda bailar con ellos también.

―A Jerry no lo conozco lo suficiente como para tener confianza en él, y a Kendal le gusta sacarme de casillas. ―Kendal es muy divertido, me hace reír bastante ―comentó con una sonrisa. Sasuke le acarició con un dedo la mejilla, y la miró con una expresión de melancolía en el rostro. ―No imaginas cuánto deseo ver una sonrisa así en tu rostro cuando hablas de mí. Sakura desvió la mirada hacia su regazo.

No pudo evitar sentir algo pequeño en su corazón, que sin saber cómo nombrarlo, lo llamó pena. Era ridículo sentir pena por un hombre que lo tenía todo; aun así, eso fue lo que creyó sentir al ver en la mirada de él un sentimiento de tristeza, de dolor. Ella no podía corresponderle, fueran sinceras o no sus intenciones para con ella, no sentía nada por él que no fuera aprehensión, y en ciertos casos, desprecio.

―¡Ya está bueno de tanta charla! ―declaró Lara, poniéndose de pie. Tomó la mano de Daniel que estaba sentado a su lado y lo haló―. Vamos todos a bailar. Sakura no pudo evitar reír al ver a Daniel echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos por un momento. «Está pidiendo paciencia». Lo conocía lo suficiente como para estar segura de su pensamiento. Jerry también se levantó y arrastró a una reacia Sara a la pista.

―Bueno, preciosa. ―Kendal se acercó a Sakura―. Ya que no voy a bailar con mi hermana, tú eres la elegida para esta noche. Sakura, con una sonrisa divertida en el rostro, hizo el intento de levantarse, pero Sasuke se lo impidió sosteniéndola por la cintura. ―Baila con quien te dé la gana ―respondió Sasuke entre dientes―, mas no con ella.

―Vamos, Kendal, por aquí no nos quieren cerca ―dijo Eva con una sonrisa pícara, y se llevó a su hermano, quien bufó antes de seguirla. Cuando la pareja desapareció, la mano de Sasuke aflojó su agarre y Sakura se acomodó la falda, que se había subido un poco por el movimiento.

―¿Te das cuenta que no miento? Kendal adora hacerme enojar. Sasuke estaba molesto y eso a Sakura no le convenía. Sabía que cuando se encontraba así, era cuando más posesivo y autoritario se mostraba. Se levantó y lo tomó de la mano.

―Vamos, Sasuke, no te amargues. Hoy no es un día para estar discutiendo; para eso tenemos toda la semana. Sasuke se levantó riendo y se acercó a ella por la espalda.

―No sabía que te pagaba para pelear conmigo. Sakura se dio la vuelta y dio unos pasos de espalda. ―No tendría problema en hacerlo gratis. Los dos rieron y siguieron la ruta de los demás. Sonaba una canción que Beth no conocía, y aun así le gustó al instante, pues podían bailarla separados si la intención no era seducir, a pesar de que sonaba bastante sensual. Tratando de no acercarse mucho a Sasuke, comenzó a moverse al tiempo que él.

Casi al instante él la tomó por la cintura y la acercó un poco a su cuerpo. Sakura, para tener el respaldo de sus manos en caso de que Sasuke decidiera acercarse más, las apoyó sobre su pecho. En ese momento, una mano se interpuso entre los dos y ella fue apartada bruscamente. Aturdida por el movimiento repentino, levantó la vista para ver quién era la persona, y reconoció a la pelirroja siliconada de la fila.

―Te dije que nos veríamos aquí dentro. ―La mujer giró y miró a Sakura con desprecio―. Olvídate de la chiquilla y baila con una mujer de verdad. «¿Chiquilla? ¿Mujer de verdad?» Ni siquiera el mismo Sasuke la había hecho enojar tanto. No le importaba si él la conocía, o a cuál de las dos prefería, lo único que le pasó por la cabeza en ese momento, fue que no iba a permitir que una perra inflable le pisoteara su orgullo. Solo fueron segundos en los que ninguno de los dos tuvo tiempo de reaccionar.

Tomando el brazo de la mujer, Sakura la apartó también con brusquedad, agarró a Sasuke por la camisa y lo atrajo hacia ella para abrazarlo por el cuello. Haciendo uso de su parte más femenina, apretó su cuerpo contra el de él, y empezó a moverse sensualmente, sin apartar la mirada de la intrusa. No se dio cuenta cuando Sasuke le colocó las manos en las caderas y la estrechó aún más contra su cuerpo.

No se dio cuenta cuando él enterró el rostro en su cuello, y empezó a acariciarla con la punta de la nariz, aspirando su aroma. Su mente estaba concentrada en sonreír de manera triunfal a una muy cabreada mujer, pues él no la había rechazado, y eso demostraba a quién prefería. La pelirroja no aguantando más la humillación, dio media vuelta y salió de la pista, despotricando.

Sakura sonrió más ampliamente. Era la primera vez que lo intentaba, y aun así venció a una mujer más adulta y más experimentada que ella; y fue en ese momento, cuando sintió unos besos húmedos que le recorrían lentamente la clavícula y ascendían por su cuello. Cerró los ojos por la sensación que eso le provocaba. El maldito pajarillo había encontrado la manera de salir de la boca de la serpiente y se instaló de nuevo en su vientre. La sensación era maravillosa, y eso le disgustaba. No quería sentir otra cosa que no fuera repulsión, o al menos indiferencia. A cada beso, a cada roce de la lengua de Sasuke en su piel, el pajarillo batía las alas más y más fuerte, inquietándola.

―Sasuke… Por favor, detente ―rogó con la poca consciencia que le quedaba. Él ya estaba en su mejilla, y justo cuando llegó a la comisura de sus labios, habló pegado a su piel. ―No puedo, Sakura, no ahora. Y se apoderó por completo de sus labios.

Como la vez anterior, la cabeza de Sakura le gritaba una y otra vez que se apartara, que no lo dejara seguir; no obstante, existen momentos en los que el cuerpo y su necesidad prevalece, y ese era uno de ellos. Nunca antes había besado a alguien, ese era su primer beso, y aunque era con un hombre al que casi no soportaba, el fuego que estaba recorriendo su cuerpo le indicaba que esa unión de labios le fascinaba.

El pajarito del deseo ya no era un ave normal, sino que se había convertido en un ave de fuego que la quemaba por completo a cada aleteo. Sasuke la abrazó de forma posesiva, al tiempo que intentaba introducirle la lengua en la boca, consiguiéndolo por fin. Su lengua chocó con la de Sakura y comenzó una danza frenética que demostraba pasión y necesidad.

Sin darse cuenta, Sakura le acarició la nuca, lo que provocó que Sasuke soltara un gemido que resonó directamente en la garganta de ella, y se esparció por todo su cuerpo para terminar en su vientre, sirviendo de combustible a las llamas que allí ardían. Deseando más de esa sensación, le enterró los dedos en el cabello y haló suavemente.

Ahí estaba lo que deseaba, otro gemido de él que la terminó de aturdir, y al mismo tiempo la hizo entrar en razón sobre lo que estaba haciendo; no con rabia como la vez anterior, sino con confusión e incertidumbre. Bajó su cabeza para terminar el beso. Su respiración era agitada, al igual que la de él.

―Sakura… ―Déjame en paz ―susurró suplicante, al igual que él pronunció su nombre. Se apartó y caminó hacia un pequeño jardín interno, apoyó las manos en la baranda que impedía el acceso a la zona floral, y cerró los ojos. Todavía podía sentir la brisa suave que había dejado el aleteo del pájaro de fuego en su vientre.

Miedo era lo que sentía. Miedo a lo que estaba empezando a experimentar con los roces de ese hombre, miedo a la experiencia de él y la falta de ella. Sussana le diría mojigata, le gritaría y le exigiría que cerrara los ojos y abriera las piernas; en realidad ya se lo había dicho, porque, aunque eran amigas, no eran iguales.

Sussana no era una chica fácil, en realidad era más lo que hablaba que lo que hacía, sin embargo, ella si sería capaz de estar con Sasuke solo por tener el placer de una noche con un hombre así. Si Sasuke no tuviera tanto poder, si no fuera tan controlador, tan obsesivo, tan descarado y tuviera al menos la edad de Naruto, todo sería más fácil.

«¡Diablos! Si así fuera no sería Sasuke Uchiha, sino uno más del montón. Alguien a quien podría manejar a mi antojo.» Y estaban las sensaciones. Si tan solo él no hubiese rosado sus labios con su lengua, en ese instante le estaría ardiendo la mejilla como aquella vez. Por mucho que quiso no pudo reaccionar, incluso correspondió al beso y eso era lo que más la atormentaba. Por el momento era solo una reacción física, que cualquier mujer viva sentiría por un hombre tan atractivo, pero no quería que se convirtiera en algo más. Todavía le faltaba mucho por vivir, era demasiado joven para estar con problemas de amores no correspondidos e historias de telenovela barata. Lo más seguro era que él hiciera lo mismo con todas, y ella no tenía la experiencia suficiente para diferenciar entre una farsa y la realidad.

Suspiró y abrió los ojos, tenía que regresar. Naruto debía estarla buscando, a menos que Lara lo tuviera todavía amarrado a ella. Sonrió ante ese pensamiento y se dio la vuelta, sorprendiéndose con la escena que encontró. Sasuke tenía a un hombre de unos veinticinco años, agarrado fuertemente de la muñeca de su brazo izquierdo. El rostro de Sasuke era inexpresivo, lo que Sakura sabía que significaba furia contenida; mientras que la expresión del otro hombre era de puro dolor.

―No te atrevas a intentar tocarla de nuevo, o te arrancaré la mano y te la haré tragar entera.

―¡Lo siento, lo siento…! Pensé que estaba sola… Me duele, lo siento. El hombre de cabello negro, piel blanca, y algo atractivo, trataba de zafarse del agarre de Sasuke. Sakura enseguida intuyó que el hombre había intentado nalguearla o algo parecido, y Sasuke, que al parecer la había estado observando, lo impidió sin demora.

Aunque deseaba partirle la cara al maldito aprovechado, no quería un escándalo. Si los chicos se enteraban, entre los cuatro lo molerían a golpes y no tenía intención de pasar la noche en una estación de policía. ―Sasuke, suéltalo, por favor ―rogó Sakura, colocándole una mano sobre el brazo. Sasuke la miró, y luego de unos segundos, lo soltó bruscamente.

―Lárgate. ―Esa sola palabra bastó para que el chico asintiera frenéticamente, y se alejara masajeando su muñeca. Sasuke miró de nuevo a Sakura y le acarició la mejilla con un dedo―. ¿Estás bien? ―Sí, gracias. ―Sakura le sonrió en agradecimiento―. Es este vestido, lo sé, es demasiado corto.

―Es culpa de Eva. Le dije que no comprara nada atrevido. Sakura se mordió el labio, era hora de decirle la verdad. Después de todo ya qué importaba

. ―Es que… el vestido no lo compró Eva; bueno, sí, pero no para mí. Es de ella y me lo prestó. ―Sasuke arqueó una ceja y Sakura se apuró a explicar―. No es su culpa, te lo juro, yo me negué rotundamente a ir de compras y Sara me apoyó. No es culpa ni de ella ni de Lara.

―Me crees idiota, Sakura. ―Sasuke se acercó a ella con una sonrisa burlona―. El vestido que tienes puesto, al igual que los zapatos, fueron comprados por Eva ayer luego de salir de la oficina. Ella conoce tu talla, y yo tu terquedad. ―Su sonrisa se ensanchó al ver a Sasuke abrir los ojos y la boca, sorprendida―. Con Sara no pudimos hacer lo mismo; igual el vestido de Lara le quedó muy bien.

―Eres imposible. ―Siempre obtengo lo que quiero. ―Su rostro se tornó serio, y su mirada intensa mostró unos ojos de color negro―. Cueste lo que cueste. Sasuke bajó la cabeza por un momento. Era hora de que hablara con él, no podía seguir retrasando más el momento. Aspiró aire para llenarse de valor y confianza.

―Necesitamos hablar, es lo mejor para los dos. ―Si así lo crees, vamos entonces. Sasuke la tomó de la mano y la llevó a una pequeña salita escondida del movimiento del establecimiento. Tomó su celular y llamó a uno de los guardaespaldas para que se ubicara en la entrada y así no ser molestados. Sasuke se sentó en un sofá y Sasuke a su lado.

―Te escucho. ―En realidad eres tú quien me tiene que decir qué es lo que quieres de mí.
Sasuke no respondió, solo la miró por un largo rato, y luego se recostó en el espaldar del sofá y cerró los ojos. ―Sasuke, por favor, háblame. Dime cualquier cosa, lo que sea.

―Estaba dispuesta a ser paciente con tal de arreglar un poco la situación―. No quiero irme de aquí llevándome un mal recuerdo de ti. Él levantó la cabeza y la miró.

―¿A qué te refieres con irte de aquí? ―Eso mismo. Irme. ―Sasuke suspiró―. Sasuke yo tengo una vida en Estados Unidos. Allá está mi mamá, mi casa, mi mejor amiga, la universidad en la que quiero estudiar, todo.

―No, tú no puedes irte, tienes un problema legal, ¿recuerdas? No puedes salir del país.―El tono de él empezaba a tornarse desesperado. ―Precisamente, en un par de semanas voy a ir a inmigración y a la embajada, a hablar personalmente de ese asunto. Se me va a pasar la fecha para inscribirme en la universidad y necesito viajar lo antes posible.

―No…No, no puedes, no ―dijo él sujetándola por los brazos. ―Sasuke, tranquilízate, no es para tanto. Si quieres podemos seguir en contacto.

―¡No, así no! ―Acercó su rostro al de Sakura y unió sus frentes―. Sakura, yo puedo darte todo lo que desees, estudios, riquezas, el mundo a tus pies si así lo quieres.

―No lo necesito. ―Sakura se separó un poco y lo miró a los ojos―. Lo único que necesito es regresar y seguir con mi vida tranquila. No hay nada que me retenga aquí.

―Y , ¿cómo quedo yo?, ¿qué pasará conmigo? La mirada de él era angustiante, consiguiendo que a Sakura se le estrujara el corazón.

―Si no me dices qué quieres de verdad, qué es lo que sientes, lo que pasa por tu mente, nunca podré responder esas preguntas. Sasuke cambió la expresión de su rostro a una de total seriedad. ―No hay necesidad de que las respondas. Se levantó y caminó hacia la salida.

―¿Por qué? ¡Por favor, Sasuke, dime algo! ―rogó Sakura, tratando de hacer que la conversación no terminara como siempre―. Déjame ayudarte. ―Vamos, Sakura, nos deben estar buscando.

―Por favor… ―Para cuando quiso terminar la frase, él ya se encontraba del otro lado de la puerta. Suspiró resignada y lo siguió luego de unos segundos. ¿Qué sentido tenía seguir discutiendo por algo que nunca llegaría a su fin? Después de todo, en poco tiempo se iría, y todo sería como antes; o al menos esos eran sus planes.

Regresaron a la zona en la que se habían ubicado desde un comienzo, y se sentaron para calmarse un poco luego de lo sucedido. Más tarde, Sakura bailó con Naruto, y después de una pequeña discusión con Sasuke, logró hacerlo con Kendal. La noche pasó rápido entre risas, burlas y más baile, solo que ellos dos no volvieron juntos a la pista. Cerca de las dos de la mañana, Naruto y Jerry se levantaron para despedirse.

―Tenemos que terminar en el día un trabajo para la universidad y ya es demasiado tarde. ―Naruto miró a Sasuke―. ¿Quieres que te llevemos primero o te irás con ellos?

―No se preocupen, nosotros nos vamos también. Podemos dejarlos. ―Sasuke se levantó y llamó al mesero para pagar la cuenta.

―Permítanos dar nuestra parte, señor Uchiha ―pidió Jerry, sacando su billetera.

―Mi nombre es Sasuke, y no te preocupes, yo invito. Lo que sí te pido es que nada de lo que viste u oíste aquí salga de tu boca. ¿Puedo confiar en ti? ―preguntó, entregando una tarjeta y su identificación al mesero. ―

Claro, se… Sasuke, está de más decirlo.

―Muy bien. ―Se giró para tomar a Sakura de la mano, y cuando ella se levantó, él colocó una mano en su espalda―. Dacre, recibe los documentos y avisa que estamos saliendo. ―Enseguida, señor ―contestó uno de los guardaespaldas, antes de girarse y seguir al mesero. Todos se dirigieron a la salida, y Beh pudo ver a la pelirroja siliconada, bailando con el mismo sujeto que había intentado tocarla. «Tal para cual.»

Cuando ya estaban todos en la limusina, decidieron llevar primero a Sakura, que era quien más cerca quedaba. Sasuke se sentó junto a ella y Jerry quedó enfrente; y aunque en ningún momento el chico intentó mirarle las piernas, Sasuke se quitó su chaqueta y se las cubrió por completo. Saku no objetó, pues en realidad seguía sintiéndose incómoda con el vestido, sobre todo cuando se sentaba. Luego de un rato llegaron al edificio, y Naruto se bajó también para acompañarla hasta la puerta del apartamento.

―¿Te vas con Jerry? ―preguntó Sakura, quitándose los zapatos en la sala.

―Sí, el lunes si quieres pasamos a recogerte para irnos juntos a la oficina.

―No, yo puedo irme sola, no te preocupes. Nos vemos allá. ―Sakura se acercó y le dio un beso en la mejilla a modo de despedida. ―Está bien. Cierra bien la puerta. Si necesitas algo me llamas.

―Sí, papá, tranquilo. No me va a pasar nada en un solo día. ―Naruto rio y la besó en la frente.

―Te quiero ―declaró mientras salía al pasillo. ―Yo también te quiero. Cuando Naruto se fue ella cerró la puerta con llave, aunque no le colocó la cadena por si él necesitaba entrar y ella aún dormía. Llegó a su habitación, se desvistió, se bañó rápidamente y se puso una blusa gris de tirantes y un viejo pantaloncito negro, que había tenido que cortar luego de que Naomi lo usara de juguete por una tarde. Para no desecharlo debido a los agujeros, lo dejó tan corto que apenas le tapaba las nalgas. Se tiró en su cama, y casi enseguida, se quedó dormida.

Los pequeños arbustos podados de forma rectangular y extendidos de tal manera que formaban una especie de cercado, al mismo tiempo que creaban figuras y daban la impresión de un espacioso laberinto, rodeaban un hermoso jardín en el que rosas, jazmines, orquídeas, lirios, agapantos y demás especies de flores, brillaban hermosas bajo los intensos rayos de sol. Sakura Haruno caminaba por entre los espacios formados por los arbustos, y levantaba su rostro para recibir el calor del sol en plenitud. Llevaba un vestido blanco de seda, de delgados tirantes en los hombros, un poco ajustado en el torso y que abría bajo las caderas para caer libremente hasta sus pies descalzos.

N o sabía dónde se encontraba, ni cómo había llegado hasta allí, solo podía sentir una hermosa paz que la invadía y la reconfortaba. Caminó unos pasos más hasta el centro del jardín, y se topó con una figura negra sobre un enorme pedestal de piedra blanca. Era la estatua de un hombre con una gran capa con capucha negra, que lo cubría casi por completo, dejando al descubierto solo un rostro hermoso con los ojos cerrados y una expresión adusta.

Sakura lo contempló por un momento, sumergida en esas facciones que no parecían reales. De repente, la estatua abrió los ojos y la miró fijamente; eran de un color azul tan intenso, que parecían dos zafiros brillando en sus cuencas. Aturdida y a la vez hechizada por esa mirada, quedó inmóvil, contemplando cómo la figura, que antes era de piedra, se convertía en un hombre, que, sin dejar de mirarla, saltó del pedestal y se situó frente a ella.

―Eres mía ―le dijo con voz firme y potente…
Se despertó con el sol dándole en la cara. Se había olvidado de cerrar las cortinas antes de acostarse. «¡Ese sueño no me deja tranquila!» Había avanzado un poco la escena, tal como le dijo Olivia que sucedería, solo que a ella no le gustaba el rumbo que estaba tomando.

Miró el reloj de la mesa de noche y se dio cuenta que eran las diez treinta de la mañana. Hizo el intento de levantarse y se detuvo al sentir que algo la retenía por la cintura. Bajó la vista y vio el brazo de un hombre abrazándola desde atrás.

«Naruto». Pensó que seguramente se le había olvidado algo, y al ir a recogerlo, decidió dormir un rato con ella y se le había pasado el tiempo. «Qué raro. ¿Por qué no lo hizo en su cama?» Procurando no despertarlo, retiró el brazo del hombre con cuidado y se levantó lentamente de la cama. Cuando se giró para acomodarlo y arroparlo, los ojos casi se le salen de las cuencas.

―¡¿Pero qué mierda?!