Mientras que Hiccup, respiró profundo y raramente se sintió aliviado de que ella no hubiera indagado más; sin embargo, aquella canción que había escuchado iba a ser muy difícil quitar de su mente, así como aquellas imágenes.

Tratando de no pensar en ello, miró a su alrededor algo que pudiera distraerlo, fue entonces que vio en donde estaba el buzón. Y recordando ahora al demonio, se acercó para ver porque su afán por llevárselo.

La respuesta no tardó en encontrarla, y se estremeció al descubrirla, pues en la quebrada base, vio que este sólo tenía una apariencia de madera, sin embargo, en su interior, había una estructura más consistente que la otra materia. Y en esta había grabados, unos conjuros de protección, entonces dio un grito ahogado, pues la base del buzón era el pilar principal de la barrera mágica, por ende, como había sido derrumbada las sombras tenebrosas tuvieron libre acceso.

Se asustó, y de inmediato miró a su alrededor, pues alguien en definitiva que los conocía o estaba cerca de ellos sabía que eso estaba ahí.

La pregunta era ¿quién?

¿Quién era su enemigo?

Capítulo 20.

.

El comienzo del fin.

Parte 1

.

.

Jueves 17 de enero 2019.

La llegada del año nuevo había traído dicha, esperanza y nuevas metas por cumplir para los ciudadanos de Berk que, como cada año, se disponían a hacer mayores esfuerzos para alcanzar ciertas metas. Lo cierto era que con el pasar de los días, dicha alegría y entusiasmo quedaba en el pasado ya que lo que seguía inmediatamente era la rendición de cuentas que se debían de hacer después de ser víctimas del consumismo.

La cuesta de enero, como decían en los periódicos y noticiarios habían afectado a muchas familias, pues no sólo se estaban pagando los gastos de las fiestas pasadas, sino que también debían cumplir con sus obligaciones como ciudadanos: pagar impuestos, servicios, seguros entre otras cosas; lo que significaba que afectaba a ciertas empresas que dependían de las ventas.

Tal era el caso de Hiccup Haddock, padre recientemente convertido que, a pesar de no haber sido víctima de dicho consumismo, sus decisiones del pasado lo habían puesto sobre una cuerda muy pero muy floja.

.

.

24 de diciembre 2018.

Sr. Haddock, gracias por invitarnos a pasar. —dijo el viejo GJ tomando asiento en el sillón junto con sus dos vasallos acompañantes.

Sí, claro… ¿quieren sentarse? —musitó el dueño de la casa muy apenas, pues sus superiores ni siquiera esperaron a que él los invitara a acomodarse.

Que bonita casa tiene. —continuó el gerente viendo todo a su alrededor con interés.

Gracias, hago lo que puedo.

Tratando de seguirle la corriente, Hiccup fingió acomodar los libros que sus hijos habían dejado sobre la mesita, así como los platos y los vasos donde habían comido sus galletas y leche.

Y huele muy bien… —dijo Snotlout olfateando. —¿Astrid está cocinando algo?

Eh… sí, claro… ¿Quieren tomar algo?

No, gracias. —contestaron los 3 invitados

Bien, dejaré esto allá, vuelvo en un momento.

Con una mueca de fastidio, se retiró para dejar los platos y vasos sucios en la cocina, tiempo que aprovechó para tratar de poner otra cara que no fuera una de desagrado. Una vez que se sintió listo, volvió a la sala con una sonrisita de lo más hipócrita y tomó asiento en el sillón individual.

Y bien… ¿a qué debo su visita?

Pues a la de siempre Sr. Haddock, es tradición de la gerencia visitar a nuestros empleados de más confianza para desearles felices fiestas.

¿En serio?… ¿eso es todo? —musitó Hiccup con una mueca de indiferencia.

Bueno, no es todo. —tomó la palabra Harald. —Pero antes… Sr. Haddock, ¿tiene problemas con su esposa? —preguntó mirando hacia donde tenía acumulada toda la ropa.

Al notar aquel gesto, Hiccup carraspeó para que todos volvieran su atención hacia él y no a los supuestos problemas maritales que suponía ya se estaban imaginando.

No. Todo está bien con ella.

Ah… y entonces…

Sr. Forkbeard, con todo respeto, pero eso no le incumbe.

Con tal respuesta Snotlout puso una mueca de espanto, Johann se enserió mientras que Harald, se abstuvo de hacer más comentarios y dejó de observar lo que no le correspondía.

Mil disculpas Sr. Haddock, mejor vayamos al punto.

Sí, gracias. Pienso lo mismo, y si se puede que sea breve ya que tengo que…

Lo sabemos. Tiene que ir por su linda esposa e hijos. —interrumpió su jefe.

Hiccup asintió en silencio, sin embargo, no le agradaba para nada que ese hombre no respetara a su falsa esposa, en el sentido de que no le gustaría que un hombre se le insinuara así a su mujer.

Bien, entonces vayamos al grano Sr. Haddock. Su productividad en los últimos dos meses ha bajado demasiado. Además, tomando en cuenta de que ha faltado.

Que yo recuerde, nada más fue un día.

Un día, y retrasos. ¿No recuerda que una vez se fue y ya no volvió?

Yo… tenía una razón.

Pues nada razonable para poder justificarse, no enfermó, sus hijos no lo hicieron o su esposa. —recalcó Johann.

Bien, está bien. Cometí un error. ¿Qué quieren de mí?

Sr. Haddock.

Se levantó Harald de su asiento y como un fiscal en un tribunal comenzó a caminar a lo largo de la sala, para intimidar al acusado.

Me es muy desagradable decirle esto, pero si no cumple con la meta que se espera de usted para el siguiente mes, me temo que prescindiremos de sus servicios.

Hiccup tragó saliva; sin embargo, se mantuvo quieto.

¿Cuál es la meta?

Como se trata de una evaluación total, la meta que debe cumplir para el fin del mes de enero son un total de 10 autos vendidos.

¿Diez? —pensó burlonamente para sus adentros; sin embargo, vio que Snotlout puso una cara de espanto que lo abstuvo de decir alguna tontería.

¿Qué le parece Sr. Haddock? Es lo mínimo que podemos pedirle, después de sus bajas ventas. ¿Cree que pueda cumplirla? —lo desafió Harald con una sonrisita que se le hizo de lo más hipócrita, pues parecía disfrutarlo.

Ok. —respondió no muy convencido, y más porque Snotlout muy discretamente parecía decirle que no lo aceptara.

¡Bien! Entonces es un trato.

Pero las negociaciones siguieron y Harald extendió su mano para cerrar el pacto. Hiccup sintió que había caído en una especie de trampa; sin embargo, como no había vuelta atrás, no le quedó de otra y estrechó la mano de su jefe.

.

.

.

Tiempo actual.

Tarde se dio cuenta de que realmente había cometido un error.

Vender un auto no era tan sencillo como lo había imaginado, de eso se dio cuenta cuando recientemente empezó el año y la gente apenas y se paraba para ver la mercancía. Luego, le asignaron a Snotlout para que lo estuviera supervisando y este mismo le confió en secreto que ningún vendedor podía llegar a dicha meta y menos en la cuesta de enero. Eso le preocupó, ya que su trabajo y la economía de su familia pendía de un hilo.

Habían pasado 17 días y con suerte apenas y había logrado vender 2 autos, pero necesitaba más o sino no sabría qué pasaría, por eso, hasta en la hora de la comida se quedaba para así no perder algún posible cliente potencial.

Aunado a ese problema, a su enemiga tampoco le estaba yendo nada bien. Hiccup dio un suspiro y recordó el inicio de los problemas para ella.

Para empezar, Heather no había podido acudir a trabajar después de la fiesta de Navidad, el motivo, su padre había enfermado gravemente y lo estaba cuidando, eso se lo había dicho Dagur antes de irse también para acompañar a su familia, así que de su fastidioso vecino no tenía noticias hasta el momento.

Luego, llegaron las heladas y su desmemoriada enemiga no tuvo la capacidad para cuidar los sembradíos lo que resultó que todo lo que estaba cultivado muriera y a la vez le generó una gran pérdida. A partir de ese momento la notó más estresada y gruñona, sólo con él, porque a los niños los seguía tratando con amabilidad y amor.

Eso le bastaba, con que no se desquitara con ellos todo estaba excelente, pero la situación con su enemiga cada día se ponía peor. Tal eran los desplantes de ella, que optó por ya no dirigirle la palabra, pues con cualquier cosa que decía, ella se alteraba. Además, que él, siendo también rencoroso, no olvidaba como le había insinuado que sus hijos no eran de él, además de las cosas que le decía para lastimarlo.

Pero ya no podían seguir así, pensó nostálgicamente, recargando su cabeza en el volante. Si ambos querían lo mejor para sus hijos debían trabajar definitivamente en equipo, no sólo para lidiar con las cosas de la vida cotidiana, si no también con la parte mágica.

El invocador.

Gruñó y apretó el volante del auto al recordarlo. No lo había visto tal cual, pero su enemiga sí, y le dio coraje, pues ese sujeto no sólo invocaba a los seres oscuros para molestarlos, también se había atrevido a meterse en sus territorios y a fracturar la barrera mágica.

Aquella barrera, le costó bastante tiempo y magia volver a repararla y reforzarla; sin embargo, con el pasar de los días, había logrado restablecerla. Ahora estaba seguro de que nada ni nadie podría traspasarla, y todo parecía indicar que así era ya que el enemigo no había atacado de nuevo y su pequeño hijo ya podía dormir tranquilamente como un bebé.

Su pequeño Nuffink y su querida Zephyr. Sonrió de sólo recordarlos, ahora en lo único que podía pensar era en vivir para ellos para hacerlos felices. Sin embargo, tal como su enemiga, aún no se había atrevido a decirles la verdad, por el hecho de que no los recordaba para nada. Eso lo ponía un tanto nostálgico, y lo hacía cuestionarse como padre, pero mantenerlos a salvo y felices era por el momento su prioridad y esperaba que con el tiempo esa misma convivencia hiciera que los recuerdos volvieran.

—Hola Hiccup… llegaste temprano.

El aludido se asustó, y se reincorporó de su asiento. Su ser volvió a la realidad, una en donde se encontraba estacionado frente a la escuela de su hija, y su instructor de música lo acababa de atrapar totalmente distraído.

—Hola Alberick… buenas tardes. ¿Ya terminaron?

—En unos cinco minutos, el grupo está ensayando unas cosillas, ¿quieres pasar y verla?

—Seguro. —aceptó con una leve sonrisa.

Después de los sucesos de Navidad, su enemiga había motivado a su hija para que continuara aprendiendo música, pero limitándola con la parte del canto, ya que eso se lo debía enseñar ella para que no llamara a seres indeseados. Zephyr aceptó el trato sin hacer tantas preguntas, y continuó en el coro, pero siendo parte de los que tocaban instrumentos musicales.

Por parte de Hiccup, le alegró que continuara con aquella actividad, además que el tener a su hija entretenida lo ayudaba a que se pudiera quedar más tiempo en el trabajo y así a no perder clientes, claro esta que, cuando era el momento de irse, su prioridad era pasar rápidamente por ella para que nadie se le acercara, en especial ese niño raro, hijo de la gemela, y el mismísimo hijo del instructor de música que, aunque le cayera bien y se estuviera convirtiendo en una clase de amigo, no le agradaba para nada que su chiquillo se pusiera tan raro enfrente de su hija.

—Mírala, ahí está…—señaló Alberick viendo a través del cristal de la puerta.

Hiccup observó con una leve sonrisa como su hija atendía a todas las instrucciones de la maestra, siendo cuidadosa con sus movimientos, pero a la vez muy ágil. Se parecía tanto a él, pero sus movimientos le recordaban demasiado a su enemiga, no por nada era la hija de ambos, recordaba eso con frecuencia.

Finalmente, la clase terminó, Mako ordenó a todos los niños guardar sus cosas, en ese momento Zephyr notó que su "falso padre" la observaba y dio uno saltitos para saludarlo. Del otro lado, Hiccup le devolvió el saludo con una sonrisa y la esperó pacientemente.

.

.

.

—Ahora llegaste más temprano. —apreció Zephyr abrochando su cinturón.

—Sí, es que… me dieron la salida más temprano. —contó Hiccup, recordando que Snotlout lo había mandado a casa minutos antes de la salida, después de un día de cero ventas.

—Oh… ya veo. ¡¿Me viste tocar?!

—Sí, cada día mejoras más. —respondió Hiccup tratando de hacer que sus problemas no se vieran reflejados en su rostro o voz.

Sin embargo, para la pequeña no pasaba por desapercibido esa falta de ánimo en su falso padre, quien, aunque la trataba con mucha amabilidad le podía detectar que no era muy feliz del todo.

—¿Por qué estás triste? —preguntó nostálgicamente.

—¡¿Qué?! ¿Yo?... No…—balbuceó este sin comprender la repentina pregunta.

—¿Qué tal si vamos por un helado? —ofreció repentinamente con una sonrisa.

Hiccup se sobresaltó con tal petición.

—¿Qué? De qué… ¡espera! ¿Un helado? ¡¿Con este frio?! ¡Claro que no! —descartó este de inmediatamente por temor a que ella se enfermara.

—Oh… bueno, entonces… ¡ah, ya sé! ¿Podemos ir a esa cafetería?

—¿Cafetería?

—Ay es cierto, te cuento… mi papá y yo a veces nos dábamos una escapadita a una cafetería que vende un pan delicioso. ¿Te gustaría ir?

—¿Es en serio eso? —preguntó tratando de buscar ese tipo de recuerdo en lo más profundo de su mente; pero no había más que un vacío.

—Sí, anda ¡vamos! ¿Sí? —rogó infantilmente.

"Cómo decirle que no" pensó Hiccup rodando los ojos con una leve sonrisa y encendiendo el auto.

—Está bien, ¿por dónde me voy?

Guiado por las instrucciones de la niña, Hiccup condujo unas cuantas cuadras atrás de la escuela, hasta que ambos llegaron a una pequeña cafetería que sólo contaba con unas cuantas mesas en su interior, y otras más en el exterior. Debido a la temperatura del clima, la concurrencia del local era poca, por lo que ambos dispusieron de una mesa cerca de la ventana.

Bajo las recomendaciones de Zephyr, Hiccup terminó pidiendo un café para él y leche para ella, así como un par de panqués que tenían un relleno sabor chocolate.

—Ay, hace mucho que no venía aquí. —comentó la relajada Zephyr dando sorbos pequeños a su leche.

—¿Venías con mucha frecuencia a este lugar con tu papá?

—No con mucha frecuencia, pero sí cuando hacía mucho frio, y después llevábamos pan a la casa para mamá y Nuffink. ¿Crees que podamos llevarles unos panqués a Astrid y a mi hermanito?

—Sí…. claro. No hay problema. —aceptó Hiccup sonriendo levemente al recordar a su refunfuñona enemiga, la madre de sus hijos.

—¿Hiccup?

—Eh… ¿sí, Zephyr? —respondió este un poco distraído.

—¿Por qué estás triste?

—¿Qué?... Zephyr… ¿de dónde sacas…

—¿Es por tus guías? —interrumpió la niña entristecida.

—Ah… ¡no! Yo…

Sin saber cómo responder, Hiccup bajó la cabeza avergonzado. Desde que sus guías se habían marchado ya no había vuelto a saber de ellos. En muchas ocasiones quiso enviarles unas notas mágicas, para decirle las nuevas, decirles que ya había aceptado ser el padre de los niños y que también se estaba haciendo responsable. Sin embargo, cuando lo intentaba, la mano le temblaba pues no se sentía digno de escribir aquello después de lo que les había hecho, pensando que de seguro tanto Toothless como Alúmini estaban mejor sin él.

—No, no es por mis guías. —respondió con una nostálgica sonrisa.

—Entonces… ¿es por Astrid?

—¿Eh?... no, ella… ¿por qué lo dices? —preguntó confundido.

La pequeña apretó sus labios como si hubiera cometido una indiscreción.

—Zephyr… —regañó Hiccup. —¿Qué ocultas?

En respuesta Zephyr le dio un sorbo a la leche para tratar de fingir que no había dicho nada.

—Zephyr… te estoy hablando.

Ese "te estoy hablando" le sonó tan a su padre que la pequeña dejó la leche a un lado, para luego encogerse en su asiento.

—Por favor. —pidió el adulto tratando de no sonar tan exigente.

—Ay, está bien… pero no le digas que te dije. ¿De acuerdo?

—Sí, está bien. ¿Qué pasa?

—Pasa que… Astrid… ella…

Hiccup comenzó a desesperarse con tanta pausa que con su cabeza incitó a su hija a que continuara.

—Ella… ella… te quiere pedir perdón. —soltó Zephyr nerviosamente.

¿Pedir perdón? Eso si que no se lo esperaba. ¿Su enemiga quería pedirle perdón? No lo creía, y tal era su incredulidad que le pidió a Zephyr que le explicara bien como estaba todo ese asunto.

A la rendida niña no le quedó de otra y dando un largo suspiro le contó lo que su falsa madre le había dicho unos días atrás.

.

.

Hofferson, la barrera mágica ya funciona bien. ¡confía! Ya no tienes porque estarte desvelando ni hacer vigilancia.

Sí, claro. Como si le pudiera creer a un tipo como tú, yo haré lo que quiera, ¡YA DÉJATE DE METER EN MIS ASUNTOS! —gritó estresada.

Como respuesta Hiccup se desesperó; sin embargo, ya no le contestó y optó por irse a comprar unos víveres que necesitaban. Mientras que la estresada Astrid, sólo se quedó bufando en su sitio; ignorante de que había un tercero observando desde el pie de las escaleras.

Habiendo observado todo, Zephyr temía molestar a su amiga y protectora así que se abstuvo de hablarle por algunos segundos, pero, como tenía que pedirle algo que necesitaba para la escuela, no le quedó de otra más que abrir la boca.

Eh… Astrid.

En ese momento, la aludida dejó de bufar y cambiando completamente su semblante acudió con ella.

Zephyr… ¿qué pasa? Ya deberías estar acostada.

Ay Astrid, es que se me olvido decirte que en la escuela me pidieron llevar algo de comida enlatada o pastas para una donación que van a hacer a los niños huérfanos. —contó temerosa. —¿Crees que haya algo para dar?

Astrid se sacudió.

Ah, claro… no hay problema. Si quieres, acompáñame a la cocina, a ver qué encontramos.

La pequeña suspiró aliviada de que su amiga no se molestara con ella, y contenta, la siguió a la cocina, ahí, atentamente observó cómo Astrid sacaba algunas cuantas cosas para darle a escoger lo que se quisiera llevar, pero lejos de prestarle atención a los víveres, se encontraba pensativa acerca de la discusión que acababa de presenciar.

Mira, si quieres puedes llevarte esto. —le ofreció Astrid unas cuantas pastas.

Sí. —respondió Zephyr viéndola atentamente.

¿Qué? ¿Qué pasa?

Astrid… ¿Por qué estás tan enojada con Hiccup?

¿Qué? —respondió esta con el entrecejo fruncido. —Yo no…

Te vi pelear con él. —soltó rápidamente y sin temor.

Ay, Zephyr. —rodó Astrid los ojos y se rascó la sien. —Es…complicado.

¿Por qué? Cuéntame…

No jovencita, es hora de que te vayas a la cama.

Tomándola de la mano y con la otra las pastas, Astrid guio de vuelta a Zephyr a la habitación. En esta, Nuffink ya se encontraba durmiendo tranquilamente.

Astrid ayudó a Zephyr a cubrirse con las colchas y, de paso, guardó las pastas en la mochila de su pequeña; para después, finalmente sentarse en el borde de la cama totalmente pensativa. La niña en todo momento observó a su falsa madre, y le parecía que lucía tan cansada y triste, como si estuviera llevando una gran carga sobre sus hombros.

Astrid… ¿te encuentras bien? —preguntó preocupada.

La adulta reaccionó y se volvió a ella para sonreírle.

Sí.

¿Por qué no descansas? Hiccup dijo que esos monstruos ya no nos podían hacer daño.

Escuchar aquel nombre hizo a la rubia nuevamente desviar su mirada hacia un punto perdido en el piso.

Astrid… ya no te enojes con Hiccup. —aconsejó la pequeña.

No estoy enojada con él. —respondió esta casi con la voz quebrada.

Entonces…

No sé qué me pasa. —le confió a la pequeña. —Siento mis emociones fuera de control y… ¡sé! que he sido demasiado grosera con él. —admitió enojada.

¿Y por qué no te disculpas?

Astrid soltó una risita.

No es tan sencillo.

¿Por qué? Yo creo que, si te disculpas, y el también, creo que ya van a poder estar bien. ¡pueden ser amigos!

¿Eso crees? —preguntó Astrid sonriendo ante tanta inocencia.

¿Tú no quieres ser su amiga?

La pregunta la sobresaltó.

Eh… pues yo…

Él es muy bueno, creo que mejor amigo no te podrías conseguir.

Astrid volvió a reír.

¿Quieres qué él y yo seamos amigos?

Zephyr asintió.

Yo creo que… lo que sea que haya pasado entre ustedes antes de llegar aquí, ya no debe importar, sólo les debe importar el presente.

¡wow! Esas son unas palabras muy sabias para una niña. ¿Dónde lo aprendiste? —preguntó la mayor haciéndole unas cosquillitas por encima de las cobijas

Lo escuché en una película. —confesó Zephyr con una risita.

Astrid también rio.

Entiendo, pero igual tienes la razón, o más bien la película. —dijo jugando.

Entonces…

Dando un suspiro, Astrid se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.

Creo… creo que lo intentaré.

.

.

—Luego me deseó buenas noches y salió de la habitación. —terminó Zephyr de relatar.

Hiccup estaba sorprendido, tanto por la sabiduría que despedía su hija, así como por lo que su enemiga pretendía. Nunca creyó que, Astrid Hofferson, aquella mujer que lo había molestado toda su vida, que le había cortado la pierna y muchas cosas más ahora pretendiera disculparse con él.

Y pensó, ¿qué pasaría si eso sucediera? ¿Él también la perdonaría?, ¿estaba listo para hacerlo?, sintió una incomodidad en su pecho de sólo imaginarlo, así como unas ansias que se comenzaban a reflejar con el tamboreo de sus dedos.

¿Estaba listo él para perdonar a Astrid Hofferson? ¿Ser amigos? ¿Olvidar lo que su familia le había inculcado por años? Pensando en estos reflexionó, ¿qué le diría su padre Stoick? ¿Su abuelo Eero? E incluso su madre que, después de la exhibición, tampoco podía ver a su enemiga. ¿Qué le dirían todos si llegara a perdonar y también se disculpara con Astrid Hofferson?

—Hiccup… si Astrid se llegara a disculpar ¿tú la perdonarías?

Justo en lo que pensaba. Hiccup se tensó con aquella pregunta y más por no saber qué responderle a su hija, porque ni él mismo conocía la respuesta.

—Zephyr es que… Hofferson y yo…

—¿Por qué la llamas siempre por su apellido? —interrumpió Zephyr. —¿Igual Astrid? Nunca te habla por tu nombre.

—Es que… ¡eso es lo complicado! —trató de explicar Hiccup, aunque tampoco le parecía buena idea decirle cosas de adultos a una pequeña.

—¿Por qué?

¿Por qué tuviste que sacar lo curioso de mí? —balbuceó para sus adentros.

—¿Qué dices?

—Zephyr, e… escucha… —titubeó. —Las cosas entre Hofferson y yo… para que entiendas, van más allá de nosotros, ¡son nuestras familias!, las cuales, por años, ¡muchos años! pues… no son amigos. —trató de explicar con sencillez. —Por eso, nosotros somos como somos, por eso NO somos amigos, por eso no la llamo por su nombre, por eso… es…complicado. —terminó cabizbajo.

Mientras tanto, la niña sentada frente a él, lo reflexionó.

—¿Tu papá te dijo que te debías pelear con ella? —preguntó para terminar de comprender.

—Mi abuelo en realidad. —respondió casi sin pensarlo, aunque fue demasiado tarde, su niña lo había escuchado.

Zephyr movió su cabeza levemente y se quedó pensativa, tal cual como una persona adulta que analizaba todos los datos que le habían proporcionado.

—Creo que debemos irnos. —dijo Hiccup para tratar de terminar con ese asunto; sin embargo…

—Oye Hiccup… ¿por qué no la llamas por su nombre?

—¿Qué? —preguntó confundido.

Zephyr sonrió.

—Si la llamas por su nombre, creo que resultará más agradable que escuchar su apellido, también creo que deberías disculparla y también disculparte. Tu papá ni tu abuelo están aquí en este mundo, así que no te regañarían, no se darían cuenta de que son amigos.

Hiccup quedó boquiabierto con semejante propuesta, que en unas cosas pareció tierno e infantil, pero que extrañamente en una parte tenía algo que era cierto:

Su familia ya no estaba ahí, ni la de su enemiga.

Ya nadie los controlaba.

.

.

.

Viernes 18 de enero 2019

Ya no aguantaba el cansancio.

Días después de que las sombras tenebrosas habían absorbido parte de su egni se hicieron presentes las secuelas. Cansancio y dolor de cuerpo eran sus principales problemas. Sin embargo, lo supo ocultar bien ante sus hijos y su mismísimo enemigo para que no se dieran cuenta de su fatiga. Tenía que hacerlo, pues ahora con la responsabilidad que tenía como madre no le importaba nada más que sus hijos, a quienes estaba dispuesta a proteger a costa de su propia vida.

Sin embargo, con el pasar de los días, cayó en cuenta de que se había extralimitado. Estaba demasiado agotada, su piel estaba tan empalidecida que, para ocultarlo, se ponía un maquillaje que le diera un tono más natural.

Dada las circunstancias, se propuso a descansar como su cuerpo se lo pedía, pero su mente, la mantenía despierta gran parte de la noche y era durante el día cuando quería estar dormida, aunque, claro estaba que no podía darse ese lujo ya que había un niño de 4 años que dependía de ella, así como también tenía que ver la manera de echar andar su pequeño negocio.

Pero ya no sabía si podría soportarlo. Cada día se sentía peor, y este no sería la excepción.

—Astrid… Astrid.

Sintió un suave empujón en su brazo, fue entonces que de un sobresalto despertó de su somnolencia y reparó que se había quedado dormida recargada en la tina, mientras su hijo se bañaba.

Se reprochó con golpes mentales tal descuido, pues su mente la hizo imaginar situaciones donde Nuffink se caía y se pegaba en la bañera o que se ahogaba y ella dormidota.

Estúpida, estúpida. —se decía una y otra vez sintiéndose una terrible madre.

—Astrid… ¿qué tienes?

Luego, volvió nuevamente a la realidad, aquella donde su pequeño estaba bien y preocupándose por ella.

—No pasó nada. —dijo en un suspiro. —¿Ya quieres salir?

Nuffink asintió, y levantó sus brazos para hacer alzado. Astrid lo levantó con cuidado de la tina, pero apenas poniéndolo a salvo sobre un tapete en el piso, sintió un horrible calambre en su vientre que la hizo emitir un quejido.

—Astrid… ¿qué pasa? —preguntó el pequeño preocupado, al ver como su falsa madre, trataba de aguantarse aparentemente un dolor en el "estómago"

—No pasa nada. —se recuperó esta rápidamente y se encargó de envolverlo en una toalla. —Fue un cólico, nada más.

—¿Un qué?

—Nada. —comenzó Astrid a secarlo. —Démonos prisa que hace frio, adelántate a tu cuarto, yo mientras tiro el agua.

El niño con pequeños pasitos se retiró del cuarto de baño, una vez sola, Astrid dio un largo suspiro y sobó su vientre, pues además de estar lidiando con todos los problemas que tenía, también tenía que lidiar con sus cosas femeninas, el molesto periodo que pronto le llegaría.

.

.

.

Minutos después, madre e hijo bajaron a la cocina, y tal como en los días anteriores, quien se encargaba de cocinar era Hiccup.

Nuffink no tardó en reunirse con su hermana, la cual alegremente esperaba a que su falso padre le sirviera el desayuno. Con ambos niños ya en la mesa, Hiccup se preparó para servir el desayuno; sin embargo, tan pronto se giró para atenderlos, con lo primero que se encontró fueron con los penetrantes ojos azules de su enemiga.

Verla tan directamente a los ojos, lo hizo recordar lo que Zephyr le había platicado, así como el consejo que le había dado. ¿Podía dejar el pasado atrás y perdonar? ¿Debía tomar él la iniciativa o dejar que ella lo hiciera? Ciertamente temía recibir burlas y humillaciones si es que se decidía a tomar la iniciativa, ya que no estaba dispuesto a tolerar más ofensas como esas. Sin embargo, algo en él si quería cambiar, y pensó que tal vez debía dar un pequeño paso primero, y eso, era volverle a hablar.

—¿Quieres desayunar? —se atrevió a preguntarle.

Astrid se sobresaltó ya que, desde la última discusión que habían tenido, él le había dejado de hablar, no le dirigía la palabra para nada, sólo se limitaba a cocinar, tanto el desayuno, el doble almuerzo de Zephyr, hasta dejar comida extra para Nuffink y ella para que comieran por la tarde, para finalmente en la noche, llegar y hacer la cena.

A veces le parecía que él hacía más cosas, lo que incrementó su sentimiento de ser una madre inútil para sus hijos, y aumentó la molestia contra su enemigo, pero ¿por qué? ¿Eran celos acaso? ¿Acaso veía todo aquello como una competencia? Una en donde definitivamente estaba perdiendo, como siempre ella perdía. Se estaba enfureciendo; sin embargo, luego vio a sus pequeños, en especial a su niña, aquella a la cual le dijo que intentaría olvidar el pasado, pero ¿podría?

—¿Hofferson?

Entonces, despertó, se había quedado ensimismada otra vez, y para colmo frente a su enemigo.

—¿Quieres… desayunar? —repitió él con cierto titubeo, con la cacerola en mano y dentro de esta la comida ya lista.

Fue entonces que Astrid vio la comida, y aunque se veía muy bien, el sólo aroma provocó en ella otra sensación: un horrible asco que inmediatamente se convirtió en un mareo.

Rápidamente llevó su mano a su boca, al sentir como su estómago se revolvía con semejante olor y amenazaba con devolver seguramente todo aquel pan que se había atascado a escondidas la noche anterior.

—Oye… ¿qué tienes? —acudió Hiccup con ella dejando la comida de lado, pues su enemiga se había puesto casi blanca en tan sólo unos pocos segundos.

—¡No tengo hambre! —gritó esta antes de que se le acercara, aun con su mano cubriendo su boca.

No pudiendo quitarse esa sensación, abandonó rápidamente la cocina, sentía que necesitaba respirar aire fresco para poder quitarse ese horrible olor que sentía tenía encima.

Fuera de la casa, al primer instante en que su cuerpo sintió el golpe helado del viento, fue que recuperó la tranquilidad y el mareo se le pasó. Sin embargo, se seguía sintiendo fatal y con muy poca energía.

—¿Te encuentras bien?

Esa voz. Se irritó sin motivo con sólo escucharla, y no entendía por qué, si el tono de su enemigo parecía más bien preocupado. Sí, seguro preocupado de no perder a su aliada, recordó rencorosamente.

—¿Hofferson?

"Como fastidia" —pensó para sus adentros. Le dio la sensación de que lo tenía demasiado cerca y no quería que se le acercara más, así que respondió:

—¡Estoy bien! —gritó despectivamente.

—Pero…

—¡QUE ESTOY BIEN, YA DÉJAME EN PAZ! ¡MALDITA SEA!

Detrás de ella, Hiccup bufó igualmente furioso y apretó los puños tratando así de contener la ira y la necesidad de despotricar su sentir, lo cual evitó más que nada por sus hijos, sin embargo, sintió que estaba perdiendo el tiempo y que la probabilidad de congeniar con ella era nula. No le encontraba caso esforzarse en una causa perdida.

—Como quieras, pero más vale que vuelvas a la cocina porque tus hijos parecen asustados. —Le advirtió antes de marcharse.

Nuevamente sola, Astrid dejó escapar un suspiro frustrado. No entendía qué le pasaba, comenzaba a sentirse desesperada, a sentirse sola.

Estaba quebrándose como jamás en la vida le había sucedido, ya no se sentía más como aquella hechicera orgullosa que siempre alardeaba sobre sus logros, no, se estaba convirtiendo en algo más patético y débil. Y no entendía por qué.

Continuará.

Hasta aquí le dejo para no dejarlos sin nada, ya que la próxima semana no sé si podré actualizar.

Espero que les haya gustado y me abstendré de hacer más comentarios jiji.

Agradecimientos a:

Harmony Abadejo: me alegra que te haya gustado y contestando una de tus preguntas si lo guías volverán, y probablemente la identidad del invocador sea expuesta en el próximo capítulo, así que atenta. Nos seguimos leyendo. Saludos.

2Sonic1808: Lo de la salvación de Astrid, tengo algo ya planeado para ella, si no cambió de opinión ya tengo su destino escrito (o pensando) Nos seguimos leyendo. Saludos.

Maylu Liya: no comas ansias, lo que te spoilee ya está cerca XD, atenta. Saludos.

Vivi: pues van a mejor, pero bajo una circunstancia en particular, bueno depende la perspectiva de cada uno.

HeiMao3: es bueno leerte de nuevo por este lugar, en efecto la bruja está inspirada en Morgana, pero en un ya anciana, más vale que si apuntes algunos detalles porque hay cosas escondidas entre líneas XD, Espero sigamos en contacto. Cuídate mucho. Saludos.

16 de marzo de 2020