Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 21 de este long fic. Quizás se estén preguntando, por qué no actualizo más seguido con esto de la cuarentena, pero la verdad es que eso es imposible. Trabajo de lunes a viernes desde mi casa, donde estoy conectada más de doce horas diarias, por ende, no tomo mi laptop para escribir durante las siguientes horas que estoy despierta, ya que necesito despejar mi mente antes de dormir. Ese es el motivo, porque sólo sigo escribiendo los fines de semana. Este capítulo lo terminé anoche, pero se me hizo tarde para subirlo, por eso lo estoy subiendo ahora. Ojalá les guste el capítulo.

.

Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

.

Capítulo dedicado a: Roronoa Saki y ANABELITA N. Gracias chicas por comentar en mi última actualización, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

Un saludo también para bebitapreciosa, que me dejó un review en mi último shot.

.

.

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

.


Lo que siempre nos unirá

.

Capítulo 21.- Fotografías (parte 1)

.

POV Temari.

Ya había pasado más de una semana de la conversación que había tenido con Shikamaru, respecto a algunos asuntos relacionados con Dai, y desde ese día tenía que reconocer que el trato entre nosotros cambió.

No pude continuar siendo amable, y a su vez, mantener la distancia. Es algo imposible de hacer cuando tratas con personas como él. La calidez y la afabilidad de su trato te envuelven y te hace sentir muy bien.

Para el tipo de relación que llevamos, quizás sea bueno que Shikamaru siguiese comportándose así. Podíamos conversar de cualquier cosa, sin caer en conflictos. Podíamos acordar lo que sea por el bienestar de Dai y su felicidad, sin embargo, algo en mi interior me decía que tanta cercanía y tanta cordialidad, podría terminar siendo un arma de doble filo para la vida que hoy llevaba.

¿Quería que sucediese eso?

No, por supuesto que no. Estaba felizmente casada con un hombre que siempre me ha demostrado lo mucho que quiere a mi hijo y lo mucho que ama.

La bocina del vehículo que estaba detrás de mí, me sacó de mi estado de ensoñación. El camión que estaba obstaculizando la calle, ya se había movido, por lo que aceleré rápidamente y salí del «cuello de botella» en donde me había metido. En menos de un minuto, tomé la avenida principal.

—¿Falta mucho? —inquirió, mi pequeño, en un tono aburrido idéntico al de su padre.

—No Dai, estamos sólo a diez minutos de llegar —le respondí sin despegar la vista del carril. Él iba sentado detrás, en su sillita de seguridad.

—Tengo Hambe —se quejó.

—Paciencia hijo, paciencia —espeté con serenidad, mientras seguí conduciendo—. Seguro tu abue Yoshi, ya tiene el almuerzo listo.

Había acordado con Yoshino, en el cumpleaños de Inojin, que la iría a visitar, pero la semana pasada no había podido ir. Acordamos nuevamente este lunes, ir a almorzar hoy, jueves, a su casa, y pasar toda la tarde junto a ella. Obviamente Shikaku-san estaría presente y supongo que Shikamaru también. Ella no me había dicho nada al respecto, pero siendo su día de visita, me imagino que él no desaprovecharía la ocasión para estar junto a su hijo.

Cuando ya estaba a pocas cuadras de la casa de los Nara, llamé por sistema de manos libres a la dueña de casa.

—¿Aló? —inquirió ésta, en un tono ameno.

—Buenas tardes, Yoshino-san, soy Temari —le dije con cierta diplomacia, pero no podía hacerlo de otra forma, ya que ella ya no era nada mío… aunque legalmente nunca lo fue, sin embargo, no podía negar que durante el tiempo que estuve con Shikamaru, siempre nos llevábamos muy bien —, ya estoy llegando a su casa. ¿Me puede abrir el portón?

—Hola Temari, de inmediato te abro —me respondió ésta, con cierto entusiasmo.

—Hola abue Yoshi —interrumpió, Dai, de lo más normal.

—Hola mi amor, ¿cómo estás? —le habló ésta, de forma dulce. Yo me limité a seguir conduciendo.

—Ben. Tengo mucho hambe, abue Yoshi —le dijo mi hijo, en tono lastimero.

—¡Dai! —exclamé entre molesta y sorprendida. Definitivamente Yoshino se había ganado toda la confianza de mi hijo. —Me imagino que debió haberlo conquistado por el estómago —pensé mientras comencé a disminuir la velocidad.

—Dame unos segundos, mi niño. Les voy a abrir el portón.

Apenas escuché que cortó la llamada, viré y me estacioné en frente del portón de los Nara. Éste lentamente se comenzó a abrir.

Aproveché el momento y volteé mi rostro hacia a Shikadai.

—¿Por qué le dijiste eso a tu abuela? —le pregunté a modo de regaño.

—Tío Kanky dice que no menta, si tengo hambe —respondió con seguridad. Fue como si estuviera escuchando a mi hermano mediano.

Solté un suspiro y volteé hacia adelante.

Kami, ¿por qué hiciste que mi hijo heredara «el gen del hambre» de ese idiota?— pensé para sí, mientras aceleraba el vehículo lo justo y necesario para ingresar al recinto.

Conduje con lentitud, hasta que aparqué en el estacionamiento de la casa. Apagué el motor y enseguida me bajé.

Me percaté que el carro de Shikamaru no estaba.

Giré y me dirigí hacia la puerta trasera de mi vehículo.

La abrí con prontitud y me acerqué a mi hijo.

—Shikadai, sólo te voy a pedir una cosa a la hora que nos sentemos a la mesa—espeté con seriedad, atrayendo de inmediato la mirada de Dai—. Almuerza sin apuro, hazlo de forma normal. No imites Kankuro, por favor.

Mi hijo asintió con cara de terror. Supongo que mis palabras le sonaron más a una advertencia que a una petición. Quizás que cosas se le estarían pasando por su cabeza.

Le desbroché su cinturón y él enseguida se bajó de su silla. Le di la mano para que saltara al piso y cerré la puerta. A paso regular nos fuimos caminando hacia el frontis de la casa.

Yoshino nos estaba esperando a cierta distancia.

—Mamá, ¿puedo ir donde la abue Yoshi? —inquirió, Dai, cuando ya estábamos a pocos metro de ésta.

Al instante, lo miré y sonreí.

—Dai, esa pregunta está demás. Ve con ella —acoté, soltándole la mano. Él, en un par de segundos, ya se encontraba a su lado.

Yoshino de inmediato se agachó para recibirlo y lo estrechó. Le besó la mejilla, para luego auparlo.

—¿Cómo estás, mi niño? —inquirió ésta, de forma dulce—. ¿Tienes hambre?

—Estoy ben —respondió, Dai, con una sonrisa —. Sí, ten…

No continuó. Se tapó la boca con ambas manos.

Su abuela lo miró extrañada. Shikadai le quitó la mirada

—No, no tengo.

Yoshino al darse cuenta que yo ya estaba a su lado, volteó su rostro por completo hacia mí.

—Hola hija, ¿cómo estás? —inquirió ésta, con afabilidad

—Estoy bien, Yoshino-san ¿y usted? —le respondí con la misma amabilidad con la que ella me habló.

—Estoy muy bien, gracias —acotó ésta, con una sonrisa—; feliz de que mi nieto haya venido a verme, ¿pero no sé qué le pasó ahora?

Sonreí para sí.

—Dai es un poco exagerado —espeté bajando el perfil a la situación. Yoshino frunció el ceño sin entender—. Le dije, antes que se bajara del carro, que se comportara bien en mesa.

—Pero él, las veces que ha venido, siempre se ha comportado muy bien —acotó ésta, en su defensa—. Es un niño muy educado a la hora de comer.

—Lo sé, Shikamaru, ya me lo había dicho —espeté con una semi sonrisa—. La diferencia de hoy es que viene un poco… hambriento, por eso le dije que tenía que comer con mesura.

Una vez que le expliqué, desvié la mirada hacia mi hijo.

—Dai, dile a tu abue Yoshi, si tienes hambre o no.

Éste miró a su abuela, pero sólo asintió.

Sonreí para sí.

Tenía la seguridad de que mi hijo no me haría pasar ninguna vergüenza.

—Entonces entremos a almorzar —señaló, Yoshino, con una sonrisa —, ya estamos todos, así que podemos empezar.

Ésta giró y yo enseguida la imité. Ambas comenzamos a avanzar hacia la casa, a paso regular.

—¿Shikamaru, no almorzará con nosotros? —inquirí con curiosidad, una vez que ingresamos a la sala.

Yoshino dejó a Dai en el piso y luego se enderezó. Giró su rostro hacia mí y me miró con detención.

—No, Shikamaru no almorzará acá —me respondió en su tono habitual—, pero vendrá después de almuerzo.

Me estaba confirmado en parte, lo que yo me había imaginado.

Obviamente no perdería un día de visita —pensé para sí, cuando me di cuenta que sus ojos marrones me observaban cómo esperando alguna reacción especial.

Me puse seria y aclaré mi voz.

—Yoshino-san, ¿me presta el baño? —inquirí de repente, con el fin de escapar de su vista.

—Sí, adelante —me respondió extrañada —. Está donde siempre ha estado.

Me agaché un poco y le tomé la mano a Dai

—Hijo, acompáñame, vamos a lavarnos las manos.

—¡Abue Shikaku! —mi pequeño exclamó, soltándome la mano.

—Hola Dai, ¿cómo estás? —lo saludó éste, de forma amena y se agachó para abrazarlo.

—Ben —respondió feliz.

—Qué bueno que viniste a vernos —espetó, Shikaku, aupándolo. A paso lento se acercó a mí.

—Hola Temari, ¿cómo estás? —me saludó en su típico tono cansino.

Le sonreí con sutileza.

—Estoy muy bien, Shikaku-san, ¿y usted?

—Yo también estoy bien —me respondió de forma parsimoniosa—, sólo algo cansando de tener que ir de lunes a viernes a la oficina.

—Es tu deber, Shikaku —intervino con autoridad, Yoshino, lo me causó cierta gracia, sin embargo, disimulé mi risa—, el patrimonio familiar siempre hay que cuidarlo.

El mayor desvió su apática mirada hacia su mujer.

—Pero puede seguir haciéndolo, Shikamaru —espetó en un tono relajado, y yo volteé disimuladamente para ver la reacción de Yoshino—. Yo ya estoy viejo para levantarme temprano todos los días.

Su mujer frunció el entrecejo enseguida.

—¿Temprano?, ¿a las siete con treinta de la mañana? —lo increpó con cara de pocos amigos.

El rostro apático de Shikaku no cambió.

—Para mí lo es, mujer —respondió con su voz cansina.

Me tapé la boca con la mano para disimular la risa.

—Nara Shikaku, eres el rey de los vagos —lo regañó, Yoshino, haciendo que mi hijo soltara una carcajada.

—Son muy pobematicos…. —acotó entre risas —, me diveten mucho.

Quedé de una pieza.

Shikadai se estaba riendo de Yoshino en su cara, y según lo que recordaba de Shikamaru, eso era algo fatal.

—Tranquila hija, no es la primera vez que él dice eso —espetó, Yoshino, sacándome de mi estado de estupor—. Lo mejor será que dejemos está conversación hasta aquí y vayamos a almorzar —ésta se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la cocina—. Vayan a lavarse las manos, mientras yo comienzo a servir.

.

.

.

Hacía muchos años que no almorzaba con el matrimonio Nara, y pese a eso, ellos me hicieron sentir como en casa. Tal vez las circunstancias no eran las mismas que hace casi cinco años atrás, sin embargo, igual había vuelto a su casa con un miembro de su familia: había ido a visitarlos de la mano de Shikadai.

Si me dijeran que definiera cómo fue el almuerzo junto a los Nara, diría que fue un almuerzo bastante especial. El ambiente fue muy tranquilo y muy ameno, sin embargo, cada vez que Yoshino quería averiguar más cosas de Dai, Shikaku la interrumpía y ésta se ponía a «pelear». Los cruces de palabras que tenían ese par, era bastantes divertidos y peculiares. Ahora entendía el por qué a mi hijo le gustaba venir para acá.

Lo pasaba muy bien a costillas de sus abuelos.

Una vez que terminamos de almorzar, Shikaku y Dai se fueron al jardín, mientras Yoshino y yo nos fuimos a la cocina a lavar la vajilla.

Allí pude contarle más detalladamente algunas anécdotas de Shikadai.

—Ahora entiendo el por qué no te explayabas tanto —me dijo, Yoshino, mientras me entregaba un puñado de cubiertos con el fin de que los secara.

—Quería evitar que se avergonzara y así lo dejaba almorzar tranquilo —señalé en mi tono habitual, para luego desviar la mirada y comenzar a secar los tenedores y los cuchillos que me había entregado.

—No era mi intención incomodarlo, pero se ve tan lindo cuando te quita la mirada y se soba la nuca —las palabras de Yoshino me hicieron sonreír —. Es idéntico a Shikamaru.

Solté un suspiro.

—Sí, se parecen mucho en varias cosas —acoté fijando nuevamente la mirada en mi interlocutora.

Ésta tomó un paño de cocina y secó las manos.

—Tienes razón, el fin de semana pasado, yo le tomé varias fotografías donde registré lo que tú dices —espetó con entusiasmo estirando su mano. Yo le entregué todos los cubiertos enseguida—. Deja guardar esto y vamos a la sala. Ahí te muestro las fotos que le tomé.

Sentada en el sillón de la sala, pude observar todas las imágenes que registró.

—Están muy bonitas —acoté revisando cada una de las fotografías. Había imágenes de Dai, con todos los integrantes de la familia. Sin querer ingresé en otra carpeta—. ¿Y estás? —pregunté por preguntar, ya que rápidamente me percaté que eran fotos del cumpleaños de Inojin.

La miré y ella me sonrió.

—Son fotografías que se tomaron en el cumpleaños de Inojin —señaló orgullosa—. Me las mandó Ino, este lunes que pasó.

Volví a fijar la mirada en la Tablet, en realidad eran muchas fotos. Si estás eran las fotografías que correspondían a nosotros, ni me quería imaginar cuantas fotografías habían tomado en total. Ahora entendía por qué Ino había contratado un fotógrafo para el evento.

—Son demasiadas —dije mientras las revisaba. Había muchas fotografías donde salía con Dai y Shikamaru. Tal parecía que nos habían hecho una sesión fotográfica completa.

—¿No las habías visto? —inquirió, Yoshino, con curiosidad.

—No, con suerte Ino me mandó unas diez —le respondí y desvié mi mirada hacia ella—, pero me alegra que se las haya enviado a usted, ya que sé que estarán bien guardadas.

Yoshino esbozó una sonrisa sincera.

—¿Si quieres te las puedo enviar enseguida? No hay problema —acotó con cierto entusiasmo.

—Por ahora no, Yoshino-san, quizás más adelante —le respondí. La verdad es que todas las fotografías eran muy lindas, pero guardarlas todas me complicaba. Quizás qué pensaría Itachi al ver esta carpeta fotográfica, la cual se titulaba familia Nara.

El ruido del motor de un carro, se coló por el gran ventanal que estaba abierto.

—¡Llegó Shikamaru! —exclamó, Yoshino, colocándose de pie. Miró su reloj de pulsera —Las tres de la tarde. Es muy puntual cuando algo le interesa.

Ella tenía razón, todas veces que había ido a visitar a Dai, había sido muy puntual.

—Espérame unos minutos Temari, voy a abrirle la puerta —espetó, Yoshino, dejándome a solas por un momento.

Seguí revisando las fotografías en la Tablet, lo que me hizo sentir cierta nostalgia. Hacía años que no veía fotos donde estaba junto a Shikamaru. Aquel día que me marché de Konoha, no se me pasó por la cabeza guardar algunas copias. Seguramente no hice en su momento, porque mi mente estaba preocupada de otras cosas.

Escuché que cerraron la puerta, y por inercia desvié la mirada hacia la entrada.

Shikamaru había ingresado junto a Yoshino y luego se dirigió hacia las escaleras. Supuse que iría a cambiar, ya que cargaba bolso y vestía de traje.

—Shikamaru, subió a cambiarse —señaló, Yoshino, acercándose a mí—, en unos minutos estará por acá. ¿Revisaste todas las fotos?

Enfoqué mis ojos en sus ojos oscuros.

—No, todavía no termino —le dije, y ésta enseguida me sonrió. Tomó nuevamente asiento a mi lado.

—Esa fotografía es muy linda —espetó, Yoshino, mirando la Tablet. Yo al instante dirigí la mirada hacia la pantalla.

Sonreí por inercia.

Era una fotografía donde Shikamaru y yo, llevábamos a Dai tomado de la mano.

—Sí, tiene razón —acoté con cierta emoción.

—¡Ahí estoy yo con papito y la mamá! —escuché la vocecita de Dai, que venía del lado de Yoshino.

Ésta lo tomó en brazos y lo acomodó entremedio de las dos.

—Sí, mi niño, es una fotografía donde salen ustedes tres —espetó, su abuela, con cariño—. ¿Está linda, cierto?

—Sí, está linda —respondió, Dai, con alegría.

—¿Quieres que te la imprima? —inquirió, Yoshino, con una sonrisa, y mi hijo la miró sin entender.

—Dai, lo que te está preguntando tu abuela, es que si quieres la imagen en una hoja —le expliqué, mientras sus ojitos me miraba con atención—. Como la fotografía que tienes junto a tus tíos Gaara y Kankuro, en tu habitación.

Sus ojitos brillaron emocionados.

—¡Como la de la pared! —exclamó con cierto entusiasmo.

—Sí, hijo, como la que está colgada en la pared, pero sin el marco ni el vidrio que la protege.

Terminé por aclararle, y él enseguida frunció el entrecejo.

—Pero yo la quero con maco y vidio —señaló en un tono de frustración, y yo me imaginé que estaba «ad portas» de un berrinche de proporción.

—Mi niño, yo tengo un par de marcos para fotografías —espetó, Yoshino, con dulzura, captando de inmediato la atención de Dai. Su intervención me hizo soltar un suspiro—. Los compré ayer, porque te los quería regalar con algunas fotografías. ¿Me ayudas a escoger las fotos?

—Quero esa —dijo, Dai, con seguridad.

Yoshino al instante se puso de pie.

—Entonces vamos a imprimirla —acotó ésta dulcemente, estirando su mano. Dai enseguida se bajó del sillón y se la tomó—. La tengo guardada en mi celular. Aprovecharé de mostrarte otras que también tengo guardadas. Seguro que te gustarán.

—Hola hijo, ¿cómo estás? —saludó, Shikamaru, a Dai, y éste de inmediato soltó la mano de Yoshino y lo fue abrazar.

Shikamaru se agachó y lo recibió. Lo estrechó con mucho afecto y luego le besó la carita.

El niño le sonrió.

—Ben, voy con abue Yoshi a ipimir una foto —acotó éste, haciendo que Shikamaru lo mirara con curiosidad.

—¿Cuál foto, hijo? —inquirió con suavidad.

Dai al instante apuntó la Tablet que tenía entre mis manos.

—Esa —acoté levantando la pantalla.

Shikamaru fijó sus ojos rasgados en la imagen.

—Está muy bonita —espetó con una semi sonrisa, luego volvió enfocar sus orbes en los ojos de Shikadai.

Mi niño achicó los ojos y asintió con una amplia sonrisa.

—Entonces anda con tu abue Yoshi a imprimirla —acotó, Shikamaru, con su voz cansina—. Mira que ella todavía te está esperando.

Dai alzó su rostro para mirar a su abuela.

—¿Vamos? —inquirió ésta.

—Sí —le contestó, cortando el abrazo de Shikamaru, para luego tomarle la mano a Yoshino.

Shikamaru se puso de pie, y siguió a Dai con la mirada por unos segundos.

Luego volteó su rostro hacia mí.

Nuestras miradas de inmediato se cruzaron.

Esbozó una semi sonrisa.

—Hola mujer, ¿cómo estás? —me saludó suavemente, de una forma muy familiar.

—Estoy bien, gracias, ¿y tú? —le contesté, sonriéndole al final.

Soltó un suspiro, para luego avanzar y dejarse caer al lado mío.

—Bien —respondió apoyando completamente la espalda en el respaldar. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos —, sólo algo cansado.

—Se nota —le dije con franqueza—. Deberías ir a dormir un rato y luego bajar. Pasaremos toda la tarde acá, si es eso lo que te inquieta.

—No, mujer, no es ese tipo de cansancio —señaló en un susurro.

Me quedé pensativa por unos segundos.

—Apuesto a que no le dijiste a Tayuya que vendrías para acá.

Shikamaru abrió los ojos enseguida.

—Pues… no —señaló enderezándose y volteando su cuerpo hacia mí— ¿cómo lo supiste?

—Al parecer soy adivina —le respondí con suficiencia, sin embargo, el siguió observándome sin entender—. Lo supuse cuando te vi llegar con un bolso. Si almorzaste en tu casa, debiste haberte cambiado allá. Me imagino que ese bolso lo tenía en tu carro desde la mañana.

Al instante, suspiró.

—La verdad, es que no quise decirle nada, porque no tenía ganas de escuchar ningún reclamo de su parte.

Sus palabras me sonaron sinceras.

—Tú sabes que lo que estás haciendo no está bien —espeté con sensatez.

Inhaló aire y luego exhaló.

—Lo sé, mujer, pero no vine a la casa de mis padres para que me recriminaran, sino que vine a verlos a ustedes.

La seguridad con la que me habló, me provocó cierta sensación en el pecho, aunque igual lo miré de forma confusa.

Shikamaru abrió los ojos desmesuradamente al darse cuenta de lo que había dicho.

—O sea a Dai —se corrigió al ver mi incomodidad.

Esbocé una sonrisa nerviosa, sin embargo, él sonrió y me miró con cariño.

—Lo siento, pero a ti no te puedo mentir —susurró con franqueza—, también vine a verte a ti. Lo hago siempre que voy a ver a Dai. Gracias por recibirme en tu casa, mujer.

Los latidos de mi corazón se aceleraron instantáneamente. Era increíble que, pese a los años que habían pasado, todavía tuviese ese poder de emocionarme a tal grado.

Temari, contrólate, eres una mujer casada —pensé para sí, mientras veía que él me seguía mirando con cara de idiota.

Tenía que recuperar el control de la situación.

Aclaré mi voz y cerré los ojos para darme un respiro. A los segundos, los volví a abrir y lo miré fijamente.

—Yo creo que estás equivocado, Shikamaru —espeté tratando de parecer fría—, cuando uno va a visitar a alguien, comparte y trata con esa persona. Eso es lo que tú haces con Dai, no conmigo. Yo sólo te saludo y me despido, porque soy una mujer educada. Simplemente me dirijo a ti con frases de buena crianza.

Shikamaru sonrió de forma ladina.

—Bueno, si tú crees que es así, no te discutiré, mujer —espetó con serenidad—. Se supone que vine a ver a Dai y no a ti —su sarcasmo de cierto modo me sorprendió—. Cambiando de tema, esa fotografía que mi madre iba a imprimir, ¿corresponde a fotos que envió Ino?

Cambié mi semblante enseguida.

—Sí, son las fotos de cumpleaños de Inojin —le respondí con el fin de olvidarme del tema anterior—. Ino se las envió a tu madre, este lunes, ¿acaso no te mandó una copia?

Lo miré con expectación.

—No, le dije a Ino que no me enviara nada —me respondió con seriedad—. Conociendo a Ino, me imagino que nos hizo una sesión de fotografías completa.

Por inercia, le sonreí.

—La conoces muy bien —acoté con cierto sarcasmo.

Shikamaru de inmediato sonrió de medio lado.

—Es mi amiga, mujer —espetó con orgullo—, la conozco desde que tengo consciencia. Sabes, mejor dejemos de hablar y muéstrame las famosas fotos.

Al instante, desvié la mirada hacia la pantalla y las comencé a repasar.

—Están muy lindas —comentó con un deje de alegría—. Si Tayuya las viera, seguro me mataría. Lo mejor será que estás fotografías las guarde mamá.

Dirigí mi mirada hacia él.

—Yo también creo que es lo mejor.

Apenas me escuchó, desvió su mirada a mi rostro.

—¿Acaso Ino tampoco te mandó una copia? —inquirió curioso.

—No, ni tampoco quiero que me las envié —le dije con seguridad—. El nombre de la carpeta dice «familia Nara», bueno eso es algo que puedo cambiar, pero después tendría que hacer un filtro de las más de trescientas fotos que hay en esa carpeta, ya que el cincuenta por ciento de las fotografías son de nosotros dos.

Shikamaru me miró con seriedad.

—Te entiendo, tú tampoco quieres tener problemas con Itachi.

Me humedecí los labios.

—Prefiero evitar los malos entendidos —acoté con sinceridad.

—¡Papá! —exclamó, Dai, a lo lejos, sin embargo, Shikamaru, no le respondió.

—Tranquila, mujer —espetó con suavidad, colocando su mano sobre mi antebrazo. De alguna manera me hizo sentir especial—, le diré a Ino y a mi madre que no anden mostrando ninguna fotografía.

—¡Papito!—volvió a llamar a Shikamaru, pero esta vez, en tono algo socarrón.

—Gracias —susurré mirando sus ojos cansinos.

—¿Poque estás dando un beso a mamá?

Aquella pregunta me desconcertó enseguida.

.

CONTINUARÁ…

.


Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Disculpen las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame un poquito de tiempo, por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Saludos. Besos y abrazos para todos.