¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! No saben lo feliz que soy en estos momentos. No puedo de la emoción de saber que sí que les gusta la historia. No sabía que necesitaba tanto sus reviews para sentirme motiva con esta historia hasta ahora, y ustedes no saben lo que han hecho conmigo. No sabía como retribuirles su cariño y apoyo, así que decidí actualizar muy muy rápido.

Sé que la cuarentena y la situación general del mundo es complicada. No puedo aportar mucho, pero sí puedo hacerles pasar un rato más llevadero con mis historia. Así que mientras ustedes estén aquí, comenten y lean, yo seguiré publicando muy pronto hasta que regrese al trabajo.

Al mismo tiempo, y es algo que nunca hago. Aunque respondo todos los reviews con cuenta, no suelo hacerlo con los anónimos porque no sé dónde ni cómo. Así que siguiendo el ejemplo de otro autores, al final de cada capítulo estaré respondiéndolos por aquí mismo.

Este capítulo es muy especial y espero que lo disfruten.

A leer:


Capítulo 20.

—Fue una buena película —anunció James cuando salieron de la sala de cine.

Lily se sentía somnolienta. Sin querer se había quedado dormida unos minutos recargada en el pecho de James.

Pegó un gran bostezo y cuando se giró, descubrió al chico mirándola con diversión.

—¿Te gusta la ciencia ficción? —preguntó Lily tratando de parecer interesada en el tema.

—¿Bromeas? Soy un gran aficionado de Star Wars.

—¿Primera, segunda o tercer trilogía?

No sabía de qué rayos estaba hablando, pero juraba que había escuchado una conversación entre Gabe y uno de sus compañeros de clase, hablando sobre el tema.

—Primera pero segunda. Cronológicamente es la primera, pero salió después. Soy millennial. No hay más.

Lily rio un poco, divertida por la actitud tan relajada que estaba teniendo James. Todavía llevaba el bote de palomitas en la mano, aunque estas tenían menos de la mitad. Se llevó un puñado a la boca y Lily no podía dejar de verlo. Las sensaciones la consumían de pies a cabeza.

—¿Qué te apetece hacer ahora? ¿Tienes hambre?

—Un poco. Ese sanduche no aguanta mucho tiempo en el estómago.

El atardecer no debería estar muy lejos. Después de salir de la brigada solo había dedicado tiempo a prepararse para la cita, y nunca se acordó del consumo necesario de alimentos. Ahora después de tantas horas volvía a sentir algo en el estómago, que antes lo había atribuido a las sensaciones que provocaba James en ella.

—También tengo hambre. Deberíamos comer mejor —Se quejó llevando una mano a la barriga— Podría preparar algo para los dos. ¿Se te antoja?

Lily casi sintió que unas cuerdas invisibles jalaban sus mejillas formando una sonrisa. Aquello sonaba mucho mejor que cualquier cena en un lugar elegante.

—Me encantaría.

Despreocupadamente el chico pasó el brazo por los hombros de Lily, mientras caminaban lado a lado. El centro comercial era grande, por lo que antes de llegar al estacionamiento James había terminado con las palomitas de maíz, tirando el bote a un contenedor de basura.

—¿Cómo supiste dónde vivo, por cierto? —preguntó James mientras conducía hacia su departamento.

El sol como había predicho Lily ya se estaba ocultando, y aunque la idea la emocionaba, sí le entristecía un poco saber que le quedaban pocas horas en compañía de James.

—Alguien me lo dijo.

El chico se llevó una mano a la barbilla pensativo, sin apartar los ojos del camino.

—Supongo que fue Benjamin.

No sabía cómo había acertado, pero no podía negarlo. Si lo hacía sería una mentira.

—¿Cómo…?

—Es la única persona que he visto cerca de ti que sabe dónde vivo. No se me ocurre alguien más a quién pudiste haberle sacado la información.

Lily asintió con la cabeza. Suponía que era demasiado obvio. Aunque había batallado lo suyo para que le dijera, y ahora se daba cuenta, Benji no parecía tener agrado a la pelirroja. ¿Sería por celos? Gabe era su mejor amigo, pero no podía haber una relación tan estrecha que como ellos como pareja.

—Ya no importa, ¿cierto? Ahora me traes aquí por voluntad propia —dijo Lily con una pequeña sonrisa.

—¿Qué remedio? —replicó el chico también sonriendo juguetonamente.

No parecía enfadado en lo absoluto. De hecho, Lily no lo había visto tan relajado desde la primera vez que tuvieron una cita, aunque no se atrevía a nombrarlo de esa manera ya que fue en contra de su voluntad. Podía recordar que después de eso las cosas se habían estropeado un poco entre ellos. Ella era la responsable, tenía conocimiento al respecto, y desde entonces no había hecho otra cosa que tratar de solucionar las cosas.

Al llegar a su edificio, dejaron la todoterreno en la cochera que James alquilaba y se trasladaron al último piso del mismo. Lily se sorprendió al darse cuenta que estaba más limpio que esa mañana, volteó a ver a James con sospecha que parecía distraído mirando el juego de llaves.

—¿Limpiaste porque querías invitarme a venir? —preguntó sin aguantar la risa.

James se encogió de hombros con despreocupación.

—Quería invitarte a venir desde el principio, pero no podía negarte una ida al cine. Tenía bastante tiempo sin ir, pero prefiero las cosas a puertas cerradas.

Aquello le pareció una insinuación directa pero no dijo nada, y James no agregó nada más. Dejó las llaves sobre la mesita en la recepción y se dirigió a la cocina. Lily lo siguió, sentándose en uno de los bancos frente a la encimera. No le preocupaba haberse arreglado tanto para estar únicamente en el departamento de James. Él se portaba bastante diferente cuando estaban solos; el descaro salía sin control en cada momento.

—¿Qué preparará el chef? —preguntó girando en el banco.

James estaba inclinado en la nevera sacando un par de cosas.

—Tal vez pasta. ¿Te gustaría preparar una ensalada?

La verdad no, pero no podía negarse a hacer lo más sencillo en esa situación. Dio un brinco saliendo del banco, y se dirigió a elegir las verduras. Notó cómo James le lanzaba miradas mientras se encontraba inclinada en la nevera. Ese día se había asegurado de usar sus mejores bragas. No podía permitir que él tuviera una pésima impresión de su ropa interior.

—¿Te diviertes? —dijo todavía inclinada en la parte de abajo.

Escuchó la risa de James a unos metros. No respondió y a continuación las puertas se abrían y cerraban de la cocina. Cuando por fin salió con las manos llenas, James ya tenía el agua hirviendo para la pasta, y preparaba la salsa.

Lily se dirigió a lavar las verduras, y mientras resolvía como debían picarse escuchó la voz del chico a sus espaldas.

—A pesar de que te has interesado por mi vida personal. Tú todavía no me has contado casi nada de la tuya.

La observación la descolocó. Era cierto. Había estado tan concentrada en descubrir todo acerca de la personalidad e historia de James, que se había olvidado que ella había prometido hacer lo mismo.

Carraspeó un poco antes de hablar.

—Mi cumpleaños es el 31 de Enero.

Escuchó la risa del chico detrás de ella, y le sorprendió cuando le depositó un beso en el cuello.

—Cuidado con eso —advirtió—, fierecilla, podrías ocasionar una masacre.

Lily dejó el cuchillo sobre la encimera y se recargó en la misma, frente a James, mientras él utilizaba una cuchara de madera para girar la salsa preparada sobre la estufa.

—Realmente no hay mucho que contar. Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. No la conocí, en realidad, y tengo pocos recuerdos de ella. Mi padre tiene una compañía de seguros y suele estar viajando la mayor parte del tiempo. Son pocas las semanas al año que se encuentra en la ciudad. El resto del tiempo nos manda dinero, regalos de cumpleaños, textos y llamadas de vez en cuando. De alguna manera siempre está informado de lo que pasa en el campus y nos reprende cuando tenemos malas calificaciones.

Ante esto James alzó una ceja, antes de dedicarle su atención.

—¿Entonces se enterará de la fotogafía que está circulando de nosotros?

Lily se alzó de hombros. No se había puesto a pensar en aquello.

—La verdad no sé. Él dice que no tenemos permiso para tener novio, pero nosotros no lo somos, ¿cierto? —preguntó lo último con decepción.

James no pareció notarlo porque asintió vigorosamente con la cabeza.

—Cierto.

—No te preocupes. Si se queja seguramente se le pasará cuando se entere que eres el hijo del rector.

Ante esto James sonrió marcando el hoyuelo. Lily dudaba mucho de aquello, pero al menos había una pequeña esperanza de alivio, si sabía que además había sido invitada a cenar a su casa.

—James… —lo llamó, el chico levantó la cabeza y apagó la estufa, dirigiendo toda su atención a ella. Lily se sintió nerviosa. Él lo notó, por lo que se acercó lentamente y acarició sus brazos.

—Dime qué es lo que te preocupa.

—¿Habrá problema si rechazo la invitación de tu padre? Me parecería un poco hipócrita aceptar sabiendo que realmente tú y yo no tenemos nada formal. Tal vez… es demasiado pronto para conocer a nuestros padres.

El chico negó con la cabeza.

—No te preocupes. Se lo haré saber. Debo aclararle las circunstancias de lo nuestro antes de que se haga ideas de cualquier tipo.

Apoyó la cabeza en el pecho de James, situación que el aprovechó para acariciar sus hombros dándole tranquilidad. El aroma de la salsa los envolvía y el sonido del agua hirviendo les hizo recordar que estaban preparando sus alimentos.

Lily regresó donde había dejado las verduras y comenzó a picar las lechuga a intuición.

—¿Y cuál es la historia de tus padres biológicos? Dijiste que me contarías cuando estuviéramos solos.

Lo escuchó suspirar a sus espaldas. Fue envuelta en la narración mientras picaba cada una de las verduras y las depositaba en un tazón.

—Yo vivía con mi padre. Era un hombre mayor que se había enamorado de una jovencita. Mi madre era muy joven cuando me tuvo y no tenían suficiente dinero para pagar un hospital. Le quité la vida al traerme al mundo —murmuró con voz suave. Lily sentía cierta nostalgia en el ambiente, y aunque no veía la expresión del chico, podía notar que era un tema que todavía dolía. Ese era el motivo por el que no quiso explicarse en público. Contrario a las circunstancias de su adopción que no parecía afectarle en absoluto—. Fui criado por mi padre. Podría decirse que tuve una vida normal durante ese tiempo hasta que cumplí los siete años le diagnosticaron cáncer. Fue una lucha constante por cuatro largos años hasta que perdió la vida. A partir de entonces fueron idas y venidas de casa hogar y familias temporales. No es lindo, estás expuesto a violencia doméstica y adultos que solo cuidan de ti por el subsidio que les da el gobierno. Estuve así por tres años hasta que me encontré con los señores Walsh. Yo ya era lo suficiente mayor para que me adoptaran, así que solo estaba en casas temporales hasta que cumpliera los dieciocho años. Lo demás es historia. Se encariñaron conmigo y yo con ellos. Al final, decidieron adoptarme legalmente aunque yo estaba por cumplir los quince años. Se convirtieron en mis tutores y es por eso que conservo mi apellido de nacimiento. Es algo que agradezco. Yo quise mucho a mi padre y hubiera sido doloroso renunciar a una de las pocas cosas que me legó.

Lily se llevó una de las manos a la mejilla. Una lágrima se había deslizado en ella, y se sentía avergonzada. La historia era conmovedora, pero no quería que James la malinterpretara y pensara que ella sentía lástima. Él era orgulloso, no lo soportaría.

Pasó uno de sus dedos por el ojo para ahuyentar las lágrimas que seguían allí. Casi al instante se dio cuenta que había sido una mala idea. Un picor insoportable le atacó el cristalino y soltó el cuchillo sobre la encimera. El sonido debió llamar la atención de James que se acercó rápidamente.

—¿Qué pasa?

—Me tallé el ojo.

—Estás cortando cebolla, chica canela —dijo aguantando la risa. No podía verlo pero estaba segura que esbozaba una sonrisa burlesca.

El picor aumentaba cada vez más que volvía a tocarse los ojos.

—¡Ayúdame! —Casi gritó.

Tenía ahora los dos ojos completamente cerrados y con un picor insoportable. James la tomó de las manos y la guio hacia otro lugar en la cocina. Escuchó que abría el grifo y llevaba sus manos bajo el chorro.

—Lávate.

Lily se inclinó hacia el lavatrastos y comenzó a echar agua en su rostro producto de la desesperación. James seguía detrás de ella, sujetando su cabello para que no se fuera hasta su rostro. Poco a poco el picor comenzó a disminuir, y se permitió erguir.

—¿Estás mejor? —preguntó el chico sin poder evitar la risa.

Abrió los ojos con esfuerzo y pudo notar la sombra del rostro de James que estaba muy cerca. El chico sujetó su rostro para evaluar el daño. Cuando pudo abrirlos por completo se pudo percatar de la imagen de él más cerca de lo normal, casi como si la estuviera besando. Pero no lo hacía, sino que observaba los dos ojos verdes que ahora lucían rojos y llorosos.

—Creo que terminaré la cena yo mismo. Eres un peligro en la cocina. No puedes preparar ni una ensalada —le dijo con esa sonrisa suya.

Lily sintió el corazón palpitar con fuerza cuando el aliento cálido golpeó sus labios. No lo pensó. Anuló el espacio entre ellos dándole un beso que no duró demasiado, ya que el agua hervida había comenzado a derramarse.

—Relájate. Ya termino —sugirió James girándose hacia la estufa.

No tenía ninguna razón para negarse, así que se dirigió hacia el baño para evaluar el daño. Casi gritó de frustración. El rostro que con esmero había maquillado se había arruinado por el agua. El rímel estaba corrido y el maquillaje de rostro prácticamente había desaparecido. Frustrada no tuvo opción más que limpiar todo el desastre y regresar a la cocina cuando James servía los platos.

Comieron en la encimera, mirándose el uno al otro sin emitir palabra. Cada vez que sorbía la pasta podía notar como James sonreía ligeramente. La mirada oceánica era muy intensa, más de lo que la había sido en los últimos días. Le recordaba a los primeros días que había notado su presencia, cuando la acosaba en el campus y le pedía una y otra vez salir con él. Ahora no era intimidante, pero sí que le provocaba un giro inesperado en los intestinos.

—Tengo que irme en unos minutos pero volveré. ¿Te gustaría esperar hasta mi regreso?

Lily casi sonrió por la propuesta, pero debía recordarse al acuerdo mental que había llegado esa tarde: demostrarle que sabía lo que hacía, sin que se sintiera acusado.

—¿Iras al bar? —preguntó con seriedad girando el tenedor en la pasta.

La expresión de James fue de sorpresa. Los ojos se abrieron ligeramente y las cejas se separaron. Estaba incrédulo. No podía creer lo que escuchó. Pero Lily permaneció en silencio, no cedería en ese momento. Lo miró esperando una respuesta.

James carraspeó antes de responder:

—Sí.

—¿Terminarás tus negocios antes de medianoche?

Ante esto James ya no expresó sorpresa, sino tensó la mandíbula dándole una apariencia mucho más definida. Lily se sorprendió lo atractivo que parecía con esa expresión.

—Haré lo posible por regresar antes de medianoche.

—Muy bien. Te esperaré entonces. Le avisaré a Petunia.

James asintió con la cabeza y siguieron comiendo en silencio. Al terminar el chico se puso de pie y se despidió con un beso.

Lily se quedó sola en un lugar que desconocía. Sin saber qué hacer con tantas horas por delante, decidió fregar los trastes sucios y después llamarle a Petunia para informarle que era probable no volver a casa esa noche. Su hermana puso el grito en el cielo, sin poder creer que Lily era la que lo estaba haciendo. Tenía que admitir que a veces era bastante mojigata, pero en esta ocasión no tenía nada que ver con ello. Quería estar más tiempo con James, verlo regresar de sus negocios ilegales y de ser posible tener una conversación al respecto. Petunia le dijo más de una vez que usaran condón, para lo cual Lily solo se reía.

El resto del tiempo se le pasó lento. Vio algunos programas en el televisor que resultaban muy aburridos. Su aspecto tan prolijo lo había perdido al estar durante horas acostada en el sillón. El cabello estaba alborotado y la ropa arrugada. La preciosa falda de tablones había perdido su perfecta forma y ahora parecía más abierta de lo normal.

Estaba casi dormida cuando escuchó llegar a James. No se levantó del sillón, sino permaneció acostada con el mando en la mano haciendo zapping. Fijó la vista en el reloj en la esquina de la pantalla, percatándose que eran cerca de las dos de la mañana. Se había tardado más de lo que había dicho. No estaba molesta. James dijo que trataría, pero no se comprometió a hacerlo.

—¿Cómo te fue? —preguntó.

James sonrió encontrándola en la misma posición que las últimas horas. Incluso se había quitado los zapatos, y sus pies descalzos colgaban del reposabrazos.

—Muy bien, de hecho. Los sábados siempre son buenos.

—¿Mejor que ayer?

El chico hizo una mueca y se acercó hasta donde estaba acostada.

—Haces muchas preguntas. Parece un interrogatorio todo el tiempo. En lugar de llamarte pelirroja debería decirte FBI. Eso te queda mejor.

Lily no pudo evitar reír por la ocurrencia y mordió su labio inferior observándolo. Ese día no había regresado drogado, ni siquiera tenía olor a alcohol. Quiso pensar que eso era porque sabía que ella lo estaba esperando.

—Gracias por esperarme. Aunque sé que es muy tarde y tu hermana debe estar preocupada.

—No lo está. Le avisé que no volvería a casa a dormir.

La expresión en el rostro de James fue de sorpresa, pero eso no evitó que se recompusiera pronto y esbozara una sonrisa.

—¿Te quedarás a dormir conmigo de nuevo?

—Solo si tú quieres —murmuró.

James llevó una mano a su barbilla divertido.

—Claro que quiero.

Lily agitó las pestañas y se sentó para dejarle espacio a James, que se dejó caer en el sillón agotado. Ni corta ni perezosa se lanzó contra él apoyando la cabeza en su estómago mirándolo. Los ojos azules de James estaban clavados en la pantalla mientras que distraídamente cepillaba el cabello pelirrojo. Lily no podía dejar de verlo, su interior se agitaba muy fuerte, la boca se le secaba y mordió su labio con nerviosismo. El chico le gustaba más de lo que se atrevía a aceptar.

—¿Te gustaría hacer algo? —preguntó tímidamente.

Era el primer chico que le gustaba. Había hecho muchas cosas con otras personas con las que no tenía ningún interés, y ahí estaba James. Mirando la pantalla, cepillando su cabello y bastante lejos de proponerle cualquier cosa. Con ningún hombre le había pasado algo parecido, en la mayoría de ellos podía ver la intención desde el principio. Como sonreían, mordían sus labios, sacaban sus lenguas rosadas y rozaban sus dedos por ciertas superficies. James no había hecho nada de eso. Sus caricias parecían caricias, y sus besos solo besos. A pesar de su descaro parecía entender muy bien la posición en la que se encontraban.

Apartó sus ojos un segundo de la pantalla y distraídamente acarició su mejilla.

—¿Cómo qué?

—No sé. ¿No tienes sueño?

Asintió con la cabeza aunque su rostro parecía muy alerta.

—Un poco, pero estoy acostumbrado. No suelo dormir demasiado.

Lily comprendió. Debía estar acostumbrado a estar despierto en ese horario a pesar de que todo el día se la pasaba dormitando en todos lados.

—¿Cuántas horas sueles dormir?

Su cabeza brincó de arriba abajo producto de la risa de James. Este tenía una sonrisa amplia y ahora sí que le dedicaba toda su atención.

—Unas tres o cuatro horas, FBI. Aunque repongo en clase.

—¿Tus negocios siempre son por la noche? —preguntó con cierto temor.

Para su sorpresa James no cambió de expresión y siguió acariciando su mejilla.

—Sí.

—¿Y hace cuánto tiempo que duermes tres o cuatro horas?

No sabía si estaba tentando a su suerte, pero no podía desaprovechar la oportunidad. James estaba de buen humor y había respondido todo lo que preguntó antes. Ni siquiera había negado sus negocios ilícitos, no podía no intentarlo.

—Cuatro años. Te lo dije, estoy acostumbrado.

—Ya veo —murmuró. Aunque estaba respondiendo no estaba siendo completamente abierto. Estaba segura que pasaría un tiempo para que le contara la historia completa, había algo que no podía saber qué era. Sin embargo, eran las dos de la madrugada y ella tenía sueño, pero no quería dormir. Quería estar con él—. ¿Y tú… cuándo fue la última vez que tuviste sexo con alguien?

El rostro se desencajó. La pregunta definitivamente le había sorprendido, hasta ella misma estaba un poco sacada de zona.

—No me esperaba eso —río un poco. Parecían nervios.

Lily esperó paciente, esta vez deslizando sus dedos por el brazo más cercano que acariciaba su mejilla.

—No… sé.

No parecía del todo seguro de su respuesta. De repente miraba hacia una de las ventanas y sus ojos azules se habían oscurecido.

—¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que diste una mamada?

Sintió las mejillas enrojecerse. Se levantó de la posición en la que estaba, y escondió el rostro detrás del cabello. La risa de James la hizo avergonzarse más.

—¿Lo ves que es una pregunta demasiado personal?

—¡No lo es! —replicó Lily, frunciendo el ceño y clavándose en los ojos azules—. Me tomas con la guardia baja es todo. De alguna manera pasamos el tiempo juntos, no sé qué tendría de malo que me dijeras la verdad.

La conversación pareció interesarle porque subió los pies sobre el sillón, y mirando a Lily con una sonrisa dijo:

—De acuerdo. Hazme una pregunta personal y yo también la haré.

—¡Pero debes decir la verdad!

—¡Tú también!

Lily asintió con la cabeza, pero de repente se le ocurrió:

—¿Y si no quieres responder? ¿Qué harás?

James esbozó una sonrisa de autosuficiencia y elevó la barbilla.

—¿Qué es lo que quieres? Tú pon las condiciones.

—Tendrás un castigo. Deberás hacer lo que yo diga.

—De acuerdo —Asintió con la cabeza—, pero si tú no respondes deberás quitarte una prenda cada vez.

Sintió las mejillas enrojecerse una vez más, pero no estaba dispuesta a ceder. No habría nada que James pudiera preguntar que ella no pudiera responder. No tenía nada que esconder, así que se sintió segura de asentir con la cabeza.

—Muy bien —dijo James alegre, meciéndose en su lugar—. Dispara.

—Responde lo que te pregunté. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?

—Hace dos semanas.

Dejó abrir ligeramente la boca. ¿James había tenido sexo con alguien después de que se habían conocido? Sabía que no tenía ningún motivo para estar celosa. Ellos no eran nada. Ni siquiera se hablaban en ese entonces. Pero no podía evitarlo, definitivamente algo se había sacudido dentro de ella. Debía confiar, ese mismo día habían acordado no estar con otras personas, pero solo hasta ese día.

James pareció darse cuenta de los pensamientos que pasaban por su mente, pero no hizo ningún comentario. Lily asumió que él sabía que ella llegaría a la misma conclusión por sí misma.

—¿Cuándo fue la última vez que diste una mamada?

—Tres meses. Tuve una cita y las cosas pasaron antes de que me diera cuenta.

—¿Ese ha sido tu último encuentro sexual desde entonces? —preguntó James con genuina curiosidad.

—Alto —dijo elevando su palma—. Es mi turno. Una y una.

El chico sonrió un poco y elevó los hombros con despreocupación.

—¿Esa última vez hubo sentimientos involucrados? —preguntó Lily. No podía evitar hacer esa pregunta.

—No.

La respuesta fue corta y clara, sin un atisbo de duda. Ni siquiera había apartado la mirada, y su expresión corporal era completamente abierta. Eso le hizo sentir un enorme alivio. No debió haber hecho la anterior pregunta en primer lugar.

—¿Por qué no has tenido sexo hasta ahora? Las chicas suelen perderlo un poco antes.

Ante esto Lily se encogió de hombros.

—Sinceramente no sé. No me estoy guardando a nadie, simplemente quiero hacerlo con alguien que me guste y con quien me sienta cómoda.

James asintió con comprensión.

Hasta hace unos minutos, Lily tenía mil preguntas en la cabeza, sobre su pasado, su familia, su oficio, incluso sus amigos, pero ahora la ronda de preguntas y respuestas se había vuelto la oportunidad de indagar por la vida sexual de cada uno. Lily no tenía una, prácticamente, pero James sí y ahora estaba más interesada en el cotilleo que en asuntos serios.

—¿Puedes contarme como fue tu primera vez? —preguntó.

James sonrió y negó con la cabeza. La pelirroja dio un brinco y soltó un "ajá" muy elocuente.

—¡Castigo! —festejó dando una serie de brinquitos sobre su lugar.

—A ver. Alto. Me preguntaste si podía contarte. Te dije que no. Respondí tu pregunta. No puedes castigarme por no responder lo que tú quieres.

La boca de la pelirroja se abrió sorprendida, dándose cuenta de su error. Era cierto. Había formulado la petición de manera incorrecta. Ahora había desperdiciado una pregunta y no sabía qué hacer.

—Mi turno. Tienes que describirme con pelos y señas cómo te masturbas.

Lily seguía con la boca abierta. No había sido capaz de cerrarla y menos con esa pregunta. James la estaba poniendo en un aprieto y el maldito lo estaba disfrutando. La sonrisa amplia le decía que tenía bien pensadas cuáles serían sus siguientes preguntas.

—¿Por qué pides eso? —preguntó Lily con urgencia— ¿Sabes lo que me estás avergonzando?

James alzó la barbilla con arrogancia y se inclinó un poco hacia ella.

—Te dije que pusieras condiciones. No dijiste nada, así que soy libre de moverme en este juego por donde se me dé la gana.

Aquello no podía ser cierto. ¿Realmente tenía que responder? ¿Y si no lo hacía? Tendría que deshacerse de una prenda. ¿Sería eso menos bochornoso?

—Se te acabó el tiempo, pelirroja, responde o quítate la blusa.

—¡No puede ser cierto! —exclamó mientras tomaba los bordes de la blusa amarilla y la alzaba hasta sacarla por su cabeza.

Agradecía que había elegido su ropa interior con cuidado esa vez. No lo había planeado, pero probablemente su inconsciente le había tomado una mala pasada y la preparaba para esto.

La mirada de James se había quedado anclada en sus pechos cubiertos por un sostén rosado con detalles en negro. No era el mejor, pero sin duda hacía lucir sus tetas espectaculares. Con las mejillas sonrojadas, cepilló su cabello hacia el frente, de modo que podía tener algo con qué medianamente cubrirse.

—Ya puedes estar contento —le dijo con resentimiento.

James amplió una sonrisa con hoyuelos y reacomodó sus piernas sobre el sillón. Seguía con los zapatos puestos y ni siquiera parecía molestarle un poco.

—Lo estoy. Gracias.

Se aclaró la garganta y comenzó a pensar en qué podría ser bueno para ponerlo en una situación similar. No podía estar en desventaja. Y de repente llegó, como si antes no hubiera estado frente a sus narices.

—Cuéntame cómo fue tu primera vez.

James puso los ojos en blanco aunque su sonrisa no desapareció ni un segundo.

—¿Cuál es mi castigo?

La pelirroja estiró una pierna hasta su regazo. Ellos estaban probablemente a un metro de distancia, a cada extremo del sillón mirándose de frente.

—Quiero un masaje de pies.

James ni siquiera fingió dudar. Tomó el pie entre sus manos y comenzó a hacer movimientos circulares con sus pulgares. Lily sintió la piel de su pierna ponerse de gallina, definitivamente eso no se lo esperaba. Él sabía cómo dar un masaje de pies.

—Dame el otro —pidió dando palmaditas sobre la fábrica del sillón.

Lily con los ojos medio cerrados por la sensación, estiró la otra pierna colocándola en una posición acostada, con la cabeza apoyada en el reposa brazos. James estaba concentrado en lo que hacía y se permitió subir el masaje hasta las pantorrillas.

¿Por qué de repente hacía tanto calor? El verano estaba cerca, pero no era el clima adecuado para que comenzara a sentir unas perlitas de sudor en la frente.

—Fin. Si sigo te quedarás dormida antes de que terminemos —dijo James volviendo a su posición original.

Bufó un poco mientras se lograba sentar. Permaneció con las piernas estiradas, pero estas ya no tocaban a James, y él parecía nuevamente muy interesado en los movimientos de su cabello.

—Es tu turno —murmuró oprimiendo un bostezo que logró cristalizarle los ojos.

—Si tú y yo tuviéramos sexo, ¿en qué posición te gustaría que lo intentáramos por primera vez?

—Oh por… —alcanzó a decir antes de taparse la boca con las manos—. James, estás yendo muy lejos.

El chico estalló en carcajadas.

—Es una pregunta hipotética, Lily, ¿qué daño hay en que pienses un poco y respondas?

—¿Estás intentando avergonzarme, cierto?

—¡Pues claro! ¿Cuál es el punto del juego entonces?

Lo observó. Se veía demasiado contento ahí sentado, con una gran sonrisa y pose relajada en el respaldo. Confiado. Pensó en trepar sobre él, abrir sus pantalones y apartar sus bragas de un movimiento. Sí. Definitivamente así le gustaría la primera vez, aunque ella no tendría ni idea de qué hacer y seguramente el que está arriba lleva el mando. ¿Por qué demonios él hacía ese tipo de preguntas? Era demasiado vergonzoso.

La mirada azul le decía que sabía que pensaba en el catálogo de posiciones, lo que la hizo sonrojarse más, si es que era posible.

—¿Sostén o falda?

La sonrisa de James no podía ser más grande, pero lo era, sin embargo. Mordió su labio inferior para disimularlo, pero era imposible.

—Falda.

Lily subió sobre sus rodillas y bajó la cremallera que yacía en el lado izquierdo. La falda inmediatamente se fue hasta la superficie donde estaba hincada y tuvo que salir del sillón para sacarla por completo. James permanecía allí, siendo todo ojos y sonrisas. Ni siquiera sabía por qué sentía tanta vergüenza, él ya la había visto sin falda una vez. Aunque claro, no había sido nada como eso, y por supuesto, no estaba siendo objeto de sus miradas donde podía ver claramente que había elegido ropa interior en conjunto.

—Lindo —dijo James por lo bajo.

Cepilló su cabello aún más hacia el frente, aunque este no podía cubrir sus bragas, apenas si llegaba a la altura de su ombligo.

—Tal vez podríamos terminar con este juego ya —sugirió Lily—. Una pregunta más.

—Bien.

Ni siquiera lo pensó mucho.

—¿Qué es lo que piensas de mí?

Aquello lo tomó con la guardia baja. La sonrisa se extinguió y la mirada se clavó en sus ojos por primera vez después de un rato.

—¿De ti? ¿Podrías ser más específica?

Lily se alzó de hombros.

—Solo quiero saber qué piensas de mí. Como amiga, como compañera, como mujer, como… Simplemente tu opinión.

James se tomó un par de minutos para pensar, con los brazos cruzados y la frente arrugada. Lo que ponía a Lily más impaciente, ¿por qué él tendría que pensarlo demasiado? ¿No podía simplemente responder lo primero que viniera a su mente?

—Lily Evans creo que eres una persona muy insegura si vas por la vida haciendo esa clase de preguntas. Sabes lo que pienso sobre ti. Eres preciosa, mimada y terca. Me gustas aunque a veces siento que eres una chica a la que se le debe estar cuidando constantemente. Eso no es algo que disfrute especialmente, a veces resultas demasiado infantil.

Se quedó perpleja, no se esperaba eso.

—¿A qué te refieres con infantil?

—Infantil. Como una niña. Una de las primeras veces que te vi sacaste un cigarrillo para fumar, cuando es obvio que no es un hábito aunque te quieras hacer creer que sí. Fumas para hacerte la interesante, para sentirte poderosa —dijo con el ceño fruncido—. Vamos, hay mil cosas. Tienes diecinueve años y aún eres virgen. ¿Quién es virgen a esa edad? Te avergüenzas por las cosas más absurdas, como preguntas simples acerca de posiciones sexuales o masturbación. Vives en casa de tu padre y dependes tanto de tu hermana que a veces siento que debería sacudirte y recordarte que ella no es tu madre.

Lily recibió cada una de las palabras, parecía que James se había guardado eso por un tiempo. Le dolió un poco. No un poco, bastante. Era cierto. Todo lo que él decía no era más que la verdad, y era desgarrador darse cuenta que aquello no era normal. No podía expresarlo con palabras, pero constantemente se sentía desprotegida, como si una parte de ella le hiciera falta y no podía armar sus piezas en uno.

James era brillante. Persuasivo. Observador. ¿Cómo había podido darse cuenta de todo aquello con el tiempo que tenían conociéndose? Se sentía juzgada pero renovada. Alguien le había abierto los ojos, y darse cuenta que había estado equivocada por mucho tiempo. Ella no era independiente. No. No lo era como se había hecho creer. Había crecido sin padres, sí, pero nunca tomó fuerzas de sí misma. Siempre recaía todo en su hermana o en la ausencia de su padre.

Entonces lo entendió. James era adoptado. Había vivido cuatro años de infancia con un padre enfermo de cáncer. Desde los once años hasta los catorce no había tenido un hogar, había pasado por quién sabe cuántas familias antes de encontrarse a los Walsh. Él había sobrevivido por sí mismo. Él no había tenido ayuda de nadie, y sin embargo estaba allí; con suerte, unos buenos padres adoptivos que seguramente no aprobaban los pasos de su hijo.

Por eso James había caído en ese lugar, por eso él vendía drogas. Había tratado de sobrevivir y salir de su mierda, a su manera.

La realización la golpeó duro. Sintió los ojos llenarse de lágrimas, pero no se permitiría llorar. James tenía razón. Era como una niña pequeña. Terca, mimada, malcriada y llorona.

Parpadeó varias veces para no dejar salir la humedad de sus ojos. Esperó que James no se diera cuenta, y no lo hizo, porque miraba hacia el otro lado de la habitación absorto en sus pensamientos. Tal vez se arrepentía de sus palabras, pero conociéndolo, no escucharía algo sobre eso.

—Es tu turno de preguntar —dijo con apenas un hilo de voz.

El chico regresó su atención a ella y analizó su rostro, tratando de descifrar qué pasaba por su mente. No pasó demasiado. Él cuadró la mandíbula y suspiró con resignación.

—¿Cuál es tu color favorito?

Lily alzó una ceja. Perpleja.

—Esa no es una pregunta de verdad.

—Sí que lo es.

—Dijimos preguntas personales. Eso es lo menos personal del mundo —se quejó negando con la cabeza.

James cerró los ojos y tamborileó uno de sus dedos en la mejilla, pensando en sus opciones. Lily podía jurar que ya tenía las preguntas planeadas, pero al parecer, había desechado algunas de ellas.

—Dime qué es lo que te gusta de mí.

Lily casi se echó a reír. Era una pregunta simple, pero personal. Aunque comprobaba que su nivel de arrogancia no tenía límites.

—¿Físicamente o lo demás?

—Todo. ¿Qué clase de pregunta es esa? —dijo con una sonrisa burlesca ya recompuesto.

Se sintió más relajada, por fin algo que podía responder sin sentirse abochornada o demasiado expuesta.

—Físicamente lo que más me gusta son tus ojos. Son profundos como el océano y tienden a cambiar de tonalidad dependiendo tus emociones. Tal vez yo no tenga sinestesia, pero sí que puedo interpretarte muy bien solamente con una mirada.

La sonrisa del chico ya no era burlesca, poco a poco se fue transformando en algo parecido a la ternura, lo que ocasionó que sus mejillas se fueran tintando de rojo.

—Me gusta también que eres más inteligente que el promedio común. Tus respuestas son hábiles, eres rápido de mente y pareces entender muy bien las situaciones sin necesidad de un análisis profundo. También disfruto tu sinceridad, hablas sin filtros tal cual son las cosas, de manera cruda. Pero así son, y aunque duele un poco era lo justo y necesario.

Le sorprendió notar como James le golpeó la rodilla con un dedo para indicarle que las apartara, de esa manera se podía acercar a ella. Tomó el rostro entre sus manos y planto un suave beso sobre sus labios.

—Me faltó decir algo más sobre lo que pensaba de ti. Pienso que eres adorable. Tu inocencia me cautiva. Me encanta ver estas mejillas sonrojadas y cómo muerdes tus labios con nerviosismo.

—¡No soy tan inocente! —replicó Lily ante la risa de James. Estaba dispuesta a cerrarle la boca—. Me puse este conjunto de ropa interior, ¿no? ¿Eso no te dice algo?

Las risas se terminaron. Ahora era turno de James de tener su rostro arder. Lily sonrió suavemente, y se inclinó para nuevamente hacer contacto con sus labios. James seguía quieto, incluso sus manos había regresado a los costados de su cuerpo inerte. La pelirroja se apoyó en sus rodillas para alcanzar el cuello de James, y apoyarse con mayor facilidad sobre él, así como lo había imaginado un rato antes.

—Lily —murmuró él entre besos—. ¿Estás segura de esto? No quiero que…

La pelirroja se separó un centímetro, mirándolo a los ojos y apoyándola las manos sobre los hombros.

—Tranquilo. No estoy lista para tener… bueno. Ya sabes. Todo. Solo quiero divertirme un poco con el chico que me gusta —dijo sintiendo las mejillas calentarse, no sabía cómo se estaba animando a decir eso—. Segunda base y eso es todo.

James sonrió un poco, esta vez no era con burla sino comprensión.

—Tienes que darme más información, no sé qué tanta experiencia tienes y no quiero pasarme de la raya.

Meneó un poco la cabeza, muerta de vergüenza. Tenía que ser más clara y lo sabía.

—Ok. Manual dos veces, oral una vez.

El chico bajó la mirada hacia los pechos que estaban tan cerca en esa posición.

—¿Tú o él?

—Ambos —apenas susurró sintiendo como James bajaba la cabeza hasta su clavícula depositando un beso húmedo.

La reacción fue inmediata. La piel se erizó de los pies a la cabeza, sentía los cabellos de su nuca haberse puesto en punta y no pudo evitar que un sonido saliera de su boca.

James ya no parecía dudar tanto. Al parecer la información que le había dado era suficiente para trabajar con ello. Las manos ya no estaban inertes, ahora se habían aferrado a su espalda clavando los dedos sobre su piel cálida. Uno de sus dedos se deslizó por debajo del broche del sujetador, mientras su lengua hacia círculos en la piel sensible de su cuello.

Un espasmo la hizo sacudirse en un escalofrío. ¿Realmente estaba pasando? ¿James la estaba sujetando como había imaginado? Una de sus manos traviesas pasó desde su espalda hasta el costado, apoyándose en el material del sostén. Ahí se detuvo, como si fuera pidiendo permiso. Los besos seguían ascendiendo hasta que llegaron a la barbilla de Lily, y James depositó un último beso antes de decir:

—¿Puedo?

Lily asintió con la cabeza. No podía creer que James se estuviera portando tan caballeroso. Él no podía ser así. Se lo imaginaba todo calor, pasión y adrenalina. Algo no estaba bien allí.

—Espera —alcanzó a decir cuando los dedos del chico habían alcanzado la piel que sobresalía de su sujetador.

James rápidamente se alejó, como si hubiera recibido un electrochoque.

—¿Podrías dejar de tratarme como una muñeca de porcelana? No me voy a romper, ¿de acuerdo?. Sé que soy muy inocente para ti, pero no te cortes. Quiero saber cómo eres en esto.

Sorprendido era poco. James parecía confundido e incrédulo. Frunció el ceño y mantuvo su vista quieta en los ojos verdes.

—Lo siento. Nunca he estado con alguien virgen.

—Solo hazlo como lo harías si yo no lo fuera.

James asintió con la cabeza y con un golpecito en las rodillas le indicó que saliera de él.

—Bueno, para empezar me gusta estar arriba.

Una vez estando de pie, la tomó de la cintura y la hizo caer de espaldas sobre el sillón. James se colocó entre medio de sus piernas, y entonces Lily entendió por qué le gustaba estar arriba. Apoyó la pelvis contra ella haciéndola notar la media erección que ya se había formado, y antes de que emitiera una palabra hubo unos movimientos sutiles de cadera que la sorprendieron. Clavó los ojos en James que casi estaba sonriendo.

—Bésame —demandó él.

Lily obedeció, enredando una de sus piernas en la de James. A partir de ahí, todo fue besos, lengua y manos. La temperatura iba subiendo poco a poco, y las manos de James seguían dibujando el contorno de su sujetador sobre la piel de gallina. Quería hacerla desfallecer, prácticamente rogar. El movimiento que ejercía sobre sus caderas era sutil, repitiéndolo cada tanto, pero era suficiente para saber que también estaba más que contento. Se quiso hacer la desentendida por un rato, sobre todo porque la mano de James ya había viajado a su espalda haciendo un clic en el sostén.

Lo apartó con delicadeza, apreciando cada centímetro que quedaba al descubierto. Lily podía sentir como sus pezones se endurecían por la anticipación, y soltó una exclamación cuando los labios de James se fueron directo a ese lugar. Enredó los dedos en el pelo negro tirando un poco y ocasionando el gemido más masculino y gutural que alguna vez había escuchado.

—¿Te gusta que tiren de tu cabello? —preguntó Lily, notando como de fuerte se había vuelto su respiración, le costaba mantener el aliento.

—Sí.

—Con mayor razón… no quiero volver a ver a alguna chica tocándolo.

No sabía por qué había dicho aquello, pero como siempre, le costaba mantener la boca cerrada. Pensó que James se molestaría pero solo soltó una risita contra su cuello, plantando diversos besos. Sintió como el tacto esta vez iba bajando hacia sus caderas, enganchándose de las braguitas negras. No las retiró pero si bajó lo suficiente para acelerar su corazón y deslizar la mano hasta los muslos.

Sin previo aviso se dejó caer de costado en el sillón, apoyando su cabeza en el triángulo que había formado su brazo. La otra mano libre la utilizó para acariciar el estómago de Lily con movimientos circulares, y jugar con la decoración en hilo rosa que hacia contraste en las bragas. Cada vez que la mano se acercaba a esa zona, los músculos traicioneros de su vientre se contraían haciéndola vibrar un poco. James sonreía cada vez, para después alejarse, volver a tomar de su boca y acariciar los pezones erguidos.

—Tienes unas tetas fantásticas —le dijo tomando una de ellas entre sus dedos.

Lily no quería ser presuntuosa, pero se sentía bastante orgullosa de ese aspecto. Sus pechos eran redondos y firmes, no demasiado grandes, lo que le permitía andar sin sujetador de vez en cuando.

Se giró sobre sí misma, quedando frente a James que parecía un poco sorprendido. Estiró su brazo de manera inconsciente, ocasionando que Lily lo utilizara de almohada, así como él mismo. Esta nueva posición a Lily le permitió encontrar el camino hasta el estómago masculino, y elevar la playera lo suficiente para mostrar el moretón que todavía no desaparecía.

—Señor Potter, no lo he escuchado quejarse de dolor en el cuerpo —dijo con tono juguetón. James tenía los ojos cerrados, disfrutando las sensaciones en su vientre.

—¿Qué dolor? ¿Qué cuerpo? ¿Qué señor Potter?

Lily rio, ocasionando una sonrisa de labios cerrados en el chico. Llevó sus manos hasta el botón de los pantalones de James y le complació ver que podía abrirlo sin ninguna dificultad. Nuevamente se encontró con el vello de esa mañana, y subió la mirada hasta el chico que la miraba con diversión.

—¿No usas calzoncillos?

James hizo un movimiento que pareció encogimiento de hombros, pero por la posición resultaba complicado.

—A veces.

—Creo que los has usado antes, es solo que… por la mañana no los tenías y ahora tampoco.

—No he hecho la lavandería.

Aquello podía explicarlo. Hasta donde recordaba, James había estado ausente por varios días.

Decidió no darle más importancia, aquello era tan trivial en esos momentos. Además, debía agradecerlo ya que le permitía el acceso rápido. Cuando abrió la cremallera, la erección de James casi se empujó hacia afuera, fue necesaria la mano del susodicho para acomodarla correctamente y permitirle a Lily apreciar toda su longitud.

Se mordió los labios. Era probablemente el más grande de los tres penes que había visto en su vida. Se erguía con orgullo y la cabeza rosada gritaba por atención. Con la mano un poco temblorosa lo acarició desde la base hasta la punta. Escuchó a James suspirar y cuando miró su rostro, se dio cuenta que había cerrado los ojos y disfrutaba de la sensación.

—Debes decirme si lo estoy haciendo bien. No quiero ser un desastre —dijo Lily tragando duro.

James asintió con la cabeza mientras se acostaba sobre su espalda, lanzando a Lily a la orilla del sillón y haciéndola sujetarse de él con más fuerza. Poco a poco los movimientos de su mano se hacían menos torpes, bajaba y subía con aparente facilidad sintiendo como los músculos de James se endurecían cada vez más. Él era un cuento de hadas. Gemía cada vez que tenía la oportunidad, y le decía lo fantástico que se sentía.

Las venas de su cuello cada vez se marcaban más y la tensión del cuerpo masculino iba aumentando poco a poco. James todavía tenía los ojos cerrados y echaba la cabeza hacia atrás tanto como podía. La liberación tardó un rato en llegar, pero cuando lo hizo fue con un gemido ronco, dientes apretados y sudor brotando por los poros de su piel. El líquido caliente se deslizó por las manos de Lily, y se sintió victoriosa de haber ocasionado un orgasmo en el chico que tanto le gustaba.

La respiración de James era fuerte. Pesada. El pecho subía y bajaba sin control.

—Dime si te gustó —cuestionó Lily con una risita.

James abrió los ojos y Lily juró que era la primera vez que se veían tan claros.

—Lo que se ve no se pregunta, chica canela.

Mordió su labio inferior para ocultar una sonrisa. James se sentó en el extremo del sillón y sacó su playera por la cabeza para comenzar a limpiar el desastre. Lily dejó que limpiara su mano mientras se volvía a acostar sobre su espalda.

—Estoy cansada —dijo.

—¿Quieres que te regrese el favor? Mis dedos no son solo hábiles para hacer música —dijo en tono pervertido.

Lily sonrió imaginando que así era, pero después de todo lo que había pasado se sentía agotada.

—Gracias, pero de verdad creo que deberíamos dormir.

—De acuerdo.

Ambos se pusieron de pie y caminaron hasta el entrepiso. James se terminó de quitar el pantalón, mostrándose completamente desnudo por primera vez, Lily se sintió avergonzada pero le gustaba lo que veía, así que no puso mayor objeción. Sobre todo porque el chico se colocó unos pantalones de basquetbol nuevamente sin calzoncillos. También le prestó una playera amplia que le sirvió como bata, llegando justo debajo de su trasero.

Cuando ambos se acostaron bajo las mantas, Lily pensó que no podría dormir de la emoción, pero ocurrió todo lo contrario, cayendo inmediatamente los dos en un profundo sueño.


Respuesta a reviews:

SerenaMileto: Muchas gracias por tus ánimos. Sé que eres una lectora de hace tiempo, siempre andas por aquí dándome ánimos y recordándome que me sigues leyendo. Me encanta que te guste la historia y gracias por la confianza. Espero no decepcionarte. Besos, S.

Sol: ¡Hola, bonita! Gracias por dejarme un comentario y por seguir mis historias. Gracias por los ánimos, por leerme, por estar aquí y tomarte un tiempo para escribirme. Por ahora no la abandonaré, aunque admito que es una idea que muy seguido ronda por mi cabeza. Quería hacerselos saber, quería sentirme segura de abandonarla por los motivos que yo pensaba (que era que a nadie le gusta ni la leían), ahora sé que estaba equivocada. Besos, S.

Brenda: ¡Bienvenida de regreso! Me sorprendió mucho tu comentario porque llegó justo cuando me encontraba subiendo este capítulo. Gracias por leer y por comentar. Me encanta que la historia te esté gustando hasta ahora y que hayas pasado una amena tarde. Los bad boy a mí me puedeeeen, me encantan y creo que nunca escribí a un James con esa faceta, así que me decidí a hacerlo esta vez y satisfacerme a mí misma. Es genial que haya otras personas que lo disfruten tanto como yo. Te agradezco también que me hayas señalado los errores que encontraste por mi historia. Como escritor a veces es complicado notar todas las faltas de ortografía, y lamentablemente no tengo un editor o un beta para esta historia. Yo soy mi escritora, editora, correctora y todo xD así que aunque hago mi esfuerzo, sé que aún hay un largo camino por recorrer. Intento poco a poco ir mejorando, así que si tú tienes identificados algunos errores en concreto, me encantaría me los hicieras saber, de esta manera podría corregir lo que ya está arriba. Nos leeremos pronto. Besos, S.