CAPÍTULO 12 - LA RENUNCIA
Maxon
Trate de controlarme mientras me acercaba a la puerta de la que había sido la habitación de Kriss durante la selección, y seguía siéndolo ahora. Me había ocupado de hacerle saber que iría a verle antes de la cena para que estuviera allí, previendo otra escapada como la del funeral.
Toqué con suavidad y esperé con las manos tras la espalda. Una de sus doncellas, Jane, si no recordaba mal, me dejó pasar y se retiró para darnos algo de privacidad igual que Mary.
-¡Maxon! - exclamó ella, levantándose. Había un jarrón con flores sobre el escritorio, y de inmediato una idea me vino a la cabeza.
-Me alegra saber que estás bien - respondí con sinceridad mientras me acercaba.
-Lo siento mucho - dijo, bajando la cabeza y quedando a escasa distancia- América...bueno, no debió pasar.
-Sabemos cómo es ella - respondí, sonriendo a medias - pero ha mejorado mucho estos días. No tienes por qué disculparte.
-Ella terminó en el hospital para que tú no sufrieras daño - remarcó, como si yo no me sintiera ya lo suficientemente culpable - Yo...yo huí.
Oh.
-Tú hiciste lo que debías. Seguiste las órdenes. ¿Qué habría pasado si algo te sucedía justo después de pedírtelo?
-Nada. Yo no podía aceptar.
El pánico y el alivio me atravesaron a partes iguales.
-Tú mereces a alguien que te ame lo suficiente como para darlo todo por ti, por tu pueblo - Kriss se sentó en la cama, con los hombros caídos y la mirada en el suelo - E Iléa merece a alguien que tenga el coraje de defender lo que es justo y no lo que le han indicado.
-Kriss, yo...- ni siquiera sabía qué decir, así que me acerqué y tomé una de sus manos, intentando levantar un poco su ánimo para que no empezara a llorar.
-Está bien, Maxon - me sonrió tristemente - solo quiero irme a casa.
-Kriss...- protesté, sin saber muy bien por qué.
-Por favor - me pidió.
-Pediré que se revise el área - suspiré - No puedo dejarte ir sin saber si hay algún peligro para ti o tu familia.
Mi voz se había vuelto distante, y Kriss estrechó con cautela la mano que yo no había retirado de entre sus dedos.
Me abrazó con miedo, como si temiera mi reacción. Me despedí de ella y me dirigí con lentitud hacia mi oficina.
Tenía mucho que pensar.
