BELLOS DURMIENTES

GRIMMAULD PLACE

Theo se despertó de súbito, incorporándose violentamente de la cama; lo que le provocó un mareo terrible y lo obligó a volver a recostarte, ayudado de unas delicadas manos.

—Por fin despiertas —le sonrió Luna, acomodando su almohada.

—¿Cuánto?

—Solo un día —Theo abrió fuertemente los ojos, había ya perdido un día inconsciente. Intentó levantarse nuevamente, pero fue detenido por la rubia.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —le regañó—. Estas todavía muy débil.

—No lo comprendes Luna —le dijo desesperado—, no queda mucho tiempo.

—Lo sé Theodore —él la miró extrañado y asustado por la posibilidad que ella hubiera escuchado al Señor Oscuro—. No es lo que piensas, solo intuyo lo que te pasó.

—Entonces comprendes que soy peligroso si me quedo.

—No te hagas la víctima y querer cargar con el peso de todo, ese papel me pertenece y no pienso compartirlo —dijo Harry interrumpiéndolos con una sonrisa.

—Potter tu…

—Lo sé, Luna me contó todo —el castaño volteó a ver a la chica sorprendido.

—Si lo sabes todo. ¿Por qué no me estas lanzando alguna maldición o corriéndome de aquí? —preguntó escéptico el slytherin.

—Luna me dijo que no serías capaz de traicionarnos, que confía en ti —le dio como respuesta.

—En eso se equivoca ella —respondió Nott—. No sería capaz de traicionarla a ella; ustedes me valen mierda, para ser sincero —en respuesta Harry solo sonrió.

—No me equivoco Theo; porque traicionarlos a ellos, es traicionarme a mí.

—¿Por qué nunca puedo con tu lógica? —se quejó el castaño, mientras suavemente tomaba asiento en la cama.

—Bienvenido al club —respondió el pelinegro amistosamente con una sonrisa cómplice; para luego ponerse serio—. Necesitamos saber, que te dijo Voldemort exactamente.

Theo respiró hondamente, tratando de mitigar el temblor de su cuerpo al escuchar ese nombre. Repasó cada palabra dada por ese monstruo y recordó de pronto algo importante; inmediatamente se abrió la camisa y se la quitó. Frente a todos, la marca tenebrosa de su antebrazo izquierdo había cambiado; y ahora la serpiente que salía del cráneo, se dirigía hacia su corazón.

—¿Qué carajo es eso? —preguntó un asombrado Harry.

—Mi sentencia, sino cumplo con lo encomendado —respondió lúgubremente el castaño.

—Tenemos que hacer algo Harry, no podemos dejar que Theo muera —se quebró Luna, de tan solo pensar perderlo.

—No lo dejaremos Luna —trató de consolar a su amiga; luego se volteó al castaño—. Empecemos con saber qué te pidió exactamente.

ISLA DE LEMNOS

Hermione trataba de hacer reaccionar a Draco, pero no lograba nada. El rubio se encontraba en un estado de estupor causado por algún tipo de magia; de eso la Gryfindor estaba segura.

—Draco, por favor —intentó una vez más—. Debemos irnos ya.

—¿Por qué tanta prisa mi reina? —escuchó la voz de Leto a sus espaldas.

—Nos debemos ir —fue interrumpida por una carcajada de la mujer mayor, una que distaba de la dulce sonrisa que tenía hace unos momentos.

—No Hermione, esperamos por mucho tiempo tu llegada —le indicó Leto—. Circe nos lo debe, tú nos lo debes.

—¿Deber? ¿De qué estás hablando? —Preguntó impotente la ex castaña—. Yo no les debo nada a ustedes.

—Oh por supuesto que sí —la contradijo—. Circe nos quitó la maldición de Afrodita y nos regaló el don de la magia; pero nos dejó otra maldición peor.

—¿Otra maldición?

—Sí, nos dejó estériles; por todo este tiempo hemos esperado su regreso para conseguir lo que anhelamos por tanto —de pronto Hermione, se dio cuenta que se encontraba rodeada por las demás mujeres de la isla—; tener hijos.

—¡Yo no soy Circe! —Exclamó con el miedo corriendo por sus venas—. No sé cómo demonios devolverles la fertilidad.

—Tu no, pero nosotras si —sonrió Leto con suficiencia—; y nos trajiste a dos apetecibles hombres para conseguirlo —esto asustó más a la chica, que se daba cuenta de la magnitud del peligro, que se encontraban.

—Ni piensen en acercarse —amenazó la ahora pelinegra, con la rabia y el miedo corriendo por su sistema; provocando que un campo de fuerza hecho de rayos morados, rodeen a los tres—. Se los advierto, no lo repetiré de nuevo.

—¿Te piensas enfrentar a todas nosotras? —se burló la mujer mayor.

—Soy la reencarnación de Circe ¿No lo aseguras? —Esta vez, su voz no titubeó y sonó muy segura; lo que hizo dudar un poco a las otras—. Las destruiré y dejaré su linda isla en cenizas, si es necesario —amenazó con los dientes apretados.

—Sí, eres su reencarnación; pero no eres ella —le respondió y se dirigió luego a las otras mujeres de la isla—. Atrápenlos y los necesito vivos.

Dicho eso, empezó una lluvia de hechizos dirigidos a Hermione; quien ya se encontraba preparada mentalmente para resistir infinidad de ataques; pero jamás de la fuerza con la que eran lanzados por todas esas mujeres. Luego se percató que ellas tampoco usaban varita y comprendió que el poder que tenían, era superior a la de los magos actuales.

Había logrado dejar fuera de combate a un tercio de las brujas que le atacaban, pero eran demasiadas y sabía que no resistiría lo suficiente. Hermione trató de mantener el campo de fuerza que los protegía, pero se sentía cada vez más exhausta. Un ataque especialmente fuerte la hizo retroceder, pero reuniendo fuerza lo devolvió; haciendo que la bruja quede inconsciente.

—¡Maldita perra! —gritó la compañera de esta y se le echó encima, justo cuando su escudo estaba menguando.

—¡Galena no! —gritó Leto, viendo la intención de esta; pero era demasiado tarde, la mujer ya estaba casi encima de la Gryfindor.

Hermione se encontraba tan exhausta que solo cerró los ojos, a la espera del ataque; pero nunca llegó. Al abrir los ojos, vio a Draco levantando del cuello a la mujer que intentó atacarla. Jamás lo había visto de esa manera, parado frente a ella, imponente y furioso.

—Tu ni nadie la tocará —siseó amenazadoramente el rubio, con los dientes apretados—. Atrévanse a avanzar y las asesinaré a todas, perras desquiciadas.

—¿Qué esperan? ¡Maten al maldito! —ordenó Leto y Draco se posicionó frente a una sorprendida Hermione.

Entonces, todo empezó de nuevo y los hechizos volvieron a llover por todas partes. Draco y Hermione, se pusieron espalda con espalda; mientras trataban de cubrir a un Blase que poco a poco recuperaba la razón.

—¿Qué mierda es todo esto? —Preguntaba un todavía atontado moreno, viendo cómo eran atacados por unas enloquecidas mujeres.

—¿Blase, estás bien? —preguntó la ex castaña, quien recibió un asentimiento del chico.

—Si estás bien, ¡ayúdanos! —le gritó Draco, mientras dejaba inconscientes a otras dos mujeres más.

Los tres empezaron a combatir, mientras intentaban acercarse al portal, que los llevaría a su realidad. De pronto una furiosa Leto, descubriendo su intención, lanzó una daga a Hermione; pero fue interceptada por Draco, quién terminó siendo herido.

—¡Draco! —gritó Blase al ver a su amigo desplomarse ante sus ojos. La ahora pelinegra se le congeló el corazón y la respiración, al ver al chico caer sangrando. Furiosa y asustada, volteó hacia la causante y toda la tierra empezó a temblar.

—¿Cómo te atreves? —preguntó con un tono de ultratumba, que hizo temblar a todos los presentes; incluida Leto. Los ojos de Hermione se volvieron completamente blancos y se elevó en el aire—. Ya estoy harta que todos quieran decidir mi destino y dañen a los que quiero —dijo levantando los brazos hacia el cielo, que empezaba a cubrirse de nubes negras; mientras resonaban fuertes truenos sobre ellas—. Ahora… Morirán —esto último lo soltó con un tono dulce y al mismo tiempo, escalofriante; mientras enormes rayos caían sobre cada mujer de la isla, pulverizándola al instante.

—Hermione —se escuchó el susurro de Draco y la chica descendió al instante, corriendo hacia el rubio.

—¿Granger? —Preguntó un sorprendido Zabini—. Sabía que había algo raro en ti. ¿Pero cómo?

—Ahora no Blase —lo paró la ex castaña—, Draco está herido y debemos llevarlo a la tienda —el moreno asintió y levitó, junto a la chica, a un herido rubio.

Al llegar a la tienda, depositaron al slytherin sobre su cama y Hermione, corrió en búsqueda de sus pociones, que se encontraban en su bolsito. Luego de una media hora, la ahora pelinegra había logrado parar la hemorragia y vendar al rubio.

—Por ahora esperaré, pero Draco y tú me deben muchas explicaciones —indicó Blase con el rostro completamente serio; para luego salir de la tienda.

GRIMMAULD PLACE

—Como ves Potter, estoy jodido por todas partes —dijo Theo al finalizar de contarle todo al niño que vivió—. Por eso les digo que lo mejor será que yo me aleje, es peligroso mantenerme aquí.

—De ninguna manera Theodore, vamos a encontrar solución —la rubia trató de persuadirlo, aguantando las lágrimas—. Todo va a estar bien.

—Luna… —suspiró, mientras tomaba entre sus dedos un mechón dorado—. No lo estará, tú sabes bien el peligro que corren todos, que corres tú y no pienso repetir la historia.

—No.

—Debe de haber otra manera, aparte de hacerse el trágico Nott —le cortó Harry—. Ya te lo advertí, ese es mi papel —dijo el pelinegro con una sonrisa torcida, mientras Nott suspiraba derrotado.

—Está bien —al fin aceptó—, cinco días y si no conseguimos nada, me voy.

—Hecho —aceptó el Gryfindor—. Primero debemos idear un plan si no conseguimos parar la maldición —empezó a pensar el pelinegro, de pronto volteó a verlo con una sonrisa—. Ya sé quién nos ayudará, necesitamos a Hermione.

—¡No! —casi gritaron al unísono Theo y Luna.

—¿Por qué no? —Preguntó extrañado por la reacción de esos dos. Ambos quedaron mirándose, tratando de idear una excusa.

—No crees que Hermione ha pasado por mucho y deberíamos dejarla al margen —indicó Luna, rogando convencer a su amigo—. Ella todavía se siente culpable por lo de Ron y no deberíamos acrecentar la carga que ya lleva sobre los hombros.

—No lo sé, ella es la persona indicada para ayudarnos —dudó Potter—, pero creo que más importante es su bienestar. Tienes razón Luna, no hay que ser egoístas, ella ya a tenido suficiente.

—Perfecto Harry, creo que deberíamos empezar buscando toda la información sobre maldiciones con características como la de Theo —indicó la rubia—. Eso haría Hermy.

—Sí, estas en lo cierto; eso haría ella —estuvo de acuerdo el pelinegro—. ¿Qué opinas Nott?

—Yo confío en Luna —respondió el castaño apretando suavemente la mano de la chica.

ISLA DE LEMNOS

Sentía su cuerpo tan adolorido, sobretodo el costado derecho de su abdomen. Intentó moverse; pero un dolor punzante donde lo habían apuñalado, hizo que se quede inmóvil. Trató de llevar su mano para apretar la zona adolorida, pero se dio cuenta que algo la tenía prisionera.

No se había atrevido a abrir los ojos aún, debido a que un dolor de cabeza lo atormentaba; pero al sentir el suave tacto en su mano, abrió de súbito los ojos y vio una delicada mano que tomaba la suya y de pronto su corazón empezó a martillar su pecho.

—Estuvo despierta toda la noche —escuchó la voz de su amigo—. Te curó y veló tus sueños. ¿No es irónico? —preguntó suspicaz—. Y tú que la aborrecías.

—Blase.

—No digas nada —le cortó el moreno—, ya lo sé todo. Ella me lo contó.

—No lo sabía hasta llegar a esta isla.

—No importa —dijo Zabini—. Pero sabes el peligro que corre con nosotros ¿No? —el rubio volteó a ver a la chica dormir y se sintió abrumado.

—Lo sé —soltó en un suspiro de agotamiento.

—Entonces ¿Por qué carajo pones en peligro a la chica que quieres? —esto sorprendió al rubio, nunca pensó que Blase se llegara a preocupar por Hermione.

—No lo entiendes.

—Graciosamente sí lo hago hermano —le respondió cabizbajo—. También me contó de su origen y la linda gemela que tiene ahora.

—Créeme que he intentado protegerla, pero esa maldita la secuestro y la obligó a cambiar de lugar —dijo Draco con la sangre hirviendo en sus venas.

—Ya veo, pero no deseo que ella quede dañada.

—Te agrada —no fue una pregunta, sino una afirmación.

—Mucho; y más te vale no hacerle daño —fue todo lo que dijo el moreno, para luego salir de la carpa.

—Jamás —dijo el rubio en un susurro, mientras observaba a la ahora pelinegra, que empezaba a despertar.

Hermione se había despertado desde hace un buen rato, pero cuando escuchó a los chicos hablar; no se atrevió a interrumpirlos. Pero escuchar a Draco decir que jamás le haría daño, hizo que su respiración de acelere y no pudo disimular más.

—Hola, Bella Durmiente —la saludó el slytherin con una sonrisa torcida.

—Ese es un cuento muggle —sonrió la chica—. Me sorprende que lo conozcas.

—En realidad es del mundo mágico, pero supongo que se filtró al muggle luego —respondió Draco, tomando un mechón rizado de su cabello, para colocarlo detrás de su oreja—. Deberías recostarte un rato, esa posición se veía muy incómoda.

—Sí un poco —respondió la Gryfindor, mientras se estiraba adolorida—. Pero necesitas que te cuide, todavía no se cura por completo la herida.

—¡Bah! Exagerada —le restó importancia—. No me voy a morir solo porque tu descanses —se acercó un poco al rostro de la chica, con una sonrisa pícara—. Además, puedo sobrevivir sin tu presencia, al menos un par de horas.

—Eso lo dudo — se burló la chica.

—Y a mí me dicen poco humilde —rodó los ojos.

—Está bien, descansaré un momento —aceptó la ex castaña—. Muévete, hazme espacio —ante la solicitud, el rubio solo alzó una ceja interrogante.

—No me emociones huroncito, mi cama está hecha un lío y no tengo energías para arreglarla —mentira la cama de Hermione, siempre permanecía pulcra.

Draco la quedó viendo por un momento, sopesando las palabras de la chica; para que luego de un rato se moviera a un lado, dejándole espacio a Hermione para echarse. La ahora pelinegra, no perdió más tiempo y se acomodó a un lado del rubio; quien aprovechó en pasar un brazo por la cintura de la chica.

—Draco tu herida.

—Shh, déjame dormir —la calló, mientras acercaba su rostro al cabello de Hermione, aspirando su aroma. Luego de unos instantes, ambos quedaron profundamente dormidos.

A los minutos, Blase entró a la carpa con unas frutas que había recogido de unos árboles cercanos. Ahí mismo observo a la pareja y sonrió—. El amor —dijo de forma teatral, para luego caminar a la cocina a dejar la comida; pero una voz muy conocida por él, lo hizo detenerse.

—¡Draco! —llamaba la voz, mientras el moreno buscaba de dónde provenía. Luego de unos instantes, sacó un espejo de la maleta del rubio y se sorprendió por quien estaba al otro lado.

—¿Theo?

—¿Blase?

Hola a todos, vuelvo con un nuevo capítulo de esta historia. Sinceramente, me gustó mucho escribirlo al ver cómo va evolucionando la relación entre Hermione y Draco, así como la de Theo y Luna.

Por otro lado, espero de corazón que todos se encuentren bien; así como sus seres queridos. Les mando las mejores buenas vibras y muchas bendiciones a sus hogares, para que tengan la fuerza necesaria y seguir afrontando esta situación.

Creo que no está demás pedir QUÉDATE EN CASA, es primordial si queremos vencer a esta pandemia.

Agradezco a todos a quienes me acompañan capítulo a capítulo y decirles que los quiero!

Nota: Ningún personaje del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo este extraordinario mundo le pertenece a la grandiosa J.K. ROWLING.