HISTORIA DE UN ENCUENTRO
Ante aquel planteamiento que ya daba por hecho sentía una incomodidad que era casi dolorosa. Cierto que su plan había sido que se despidieran en Nagano y la carta que había recibido fue la excusa perfecta para marcharse del templo, pero durante ese viaje y después de haber visto a su hermana y hablar con su cuñado tomó una decisión que le costó bastantes noches de insomnio; varias dudas y cuestionamientos convivian con él incapaz de dar una respuesta.
El esposo de su hermana era un funcionario laborando en Tokyo al servicio de Toshimichi Okubo; estaba al tanto del oficio de su cuñado durante el bakumatsu y sabía del fin de los shinsengumi, conocía como ahora Saito vagaba a lo largo de Japón ayudando a la restauración del país por eso logró que lord Okubo se entrevistara con él, le ofreció seguir ayudando en la protección de la población pero esta vez de manera oficial bajo las nuevas leyes que se estaban creando.
Después de un duro debate interno y de pensar en sus pros y contras decidió aceptar, aquella oferta era una buena oportunidad para seguir promoviendo los valores del shinsengumi. Tenía plena libertad para asentarse donde quisiera siempre y cuando entregara sus informes de manera constante en tiempo y forma, aunque como último comentario Okubo le había hecho la insinuación de asentarse en Tokyo donde podría formar una familia; consejo que desechó sin siquiera dar opción de considerar.
Pero había pasado un año desde aquella propuesta y aunque disfrutaba su trabajo sentía que existía un vacío que no era capaz de llenar, pensó que tal vez estaba tan acostumbrado a andar por los caminos acompañado de alguien que ahora que los hacía en solitario se sentían diferentes, afectando de alguna manera su interior. Había logrado importantes avances y sus superiores lo tenían en buena estima, la paga era buena y no carecía de cosas materiales aún así ese hueco sin fin en su estómago continuaba haciéndose cada vez más grande y pesado, había en todo aquello un escozor que quemada su interior y que solo se calmaba cuando recordaba los breves momentos que había compartido con Tokio.
La quietud del lugar llamó su atención trayéndolo de regreso al comedor del templo que estaba vacío desde hace quien sabe cuanto tiempo. Se levantó y decidió que bajaría al pueblo a beber alcohol.
-"Ella no volverá hasta pasado mañana"- Escuchó la voz del anciano.
Así que no se había ido a ningún lado al menos no de forma definitiva, quiso preguntar dónde estaba pero el hombre había desaparecido; cambiando de parecer se fue a recluir a su habitación.
Cuando Tokio regresó el domingo por la tarde lo hizo como todas las semanas cargada con algún vivere para compartir, unas veces llegaba cargada de frutas o vegetales, otras había conseguido alguna carne y en ocasiones llegaba cargando rollos de tela que más tarde confeccionaban ropa para quién lo necesitara, ahora llegaba cargando una sandía.
Sentía su cuerpo sudoroso bajo el kimono, el calor del verano pegaba con aplomo sobre la tierra así que un baño con agua fresca le vendría bien antes de comenzar a trabajar en sus clases para la semana.
Cuando salió de su habitación vestía una fresca yukata, llevaba su material para trabajar y se fue a sentar bajo la marquesina que daba frente a su habitación. Nadie la molestaría durante las siguientes dos horas cuando las personas comenzarán a llegar para tomar la cena.
Unos pasos se acercaron a ella por detrás así que por inercia se puso de pie girando hacía la persona que llegaba, hizo una breve reverencia y descubrió mirando sus pies que la persona frente a ella no la conocía.
Saito pensó que en el pasado Tokio luciria exactamente como se veía ahora; vistiendo una fresca yukata, con el largo cabello azabache sobre su espalda, sus maneras suaves y refinadas al saludar, la nívea piel que su atuendo dejaba entrever, un rostro que había recobrado la vitalidad, rebosando unas sonrosadas mejillas bajo la piel de porcelana, era una imagen casi perfecta de no ser por la sorpresa reflejada en sus grandes ojos. Frente a ella se encontraba él, después de largos meses de espera estaba uno frente al otro.
El hombre vio como los labios de la joven mujer formaban una "O" sin emitir ningún sonido, sus largas pestañas revoloteaban sin que sus ojos dieran crédito a lo que veían, su mirada pasó de ella a lo que había en la duela, un rápido vistazo le bastó para saber en qué trabajaba antes de que la interrumpiera.
-"A pasado un tiempo"- Rompió el silencio atrayendo la atención de la mujer.
- "No tanto"- Dijo, desde luego que había pasado mucho tiempo, dos años le parecieron una eternidad pero no quería mostrarse desesperada en especial porque el hombre lucía completamente diferente, lo que más llamaba su atención no era el cambio de ropa sino su mirada y semblante; antes cuando recién lo conoció vio unos rasgos gruesos marcados por una impaciencia y enojo contenido, como si su vida estuviera en una constante carrera por alcanzar un objetivo al tiempo que se alejaba de una incertidumbre que amenazaba con absorberlo, ahora sus gestos se notaban más calmados, su cuerpo ya no andaba con prisas, sus hombros se veían calmados pero al mismo tiempo la determinación de siempre seguía ahí, pensó que tal vez había encontrado su propio rumbo y quería conocer más de las cosas que había hecho todo ese tiempo andando solo.
-"Parece que te ha ido bien"- Le dijo esperando que él quisiera hablar.
-"Podría decir que la carta que recibí no solo era una invitación sino además me mostraba un futuro el cual yo no quería ver"- Pasó junto a ella para irse a sentar al sitio que ella había estado ocupando.
Tokio hizo lo mismo y fue a sentarse a su lado. Le ofreció una rebanada de la sandía que estaba sobre un plato antes de continuar.
-"Eso es bueno, entonces vas a contarme que has hecho desde que te fuiste de aquí hace dos años"-
Saito se dio cuenta que no era capaz de negarse a su petición después del tono amable con que lo recibía, como si el paso de las estaciones no hubieran interferido entre ellos.
-"Mi hermana"- Dijo, buscando la manera de resumir lo que hizo en ese tiempo. -"La carta era de ella, no solemos frecuentarnos por motivos personales pero parecía que tenía algo importante que decirme así que fui hasta Tokyo donde me encontré con ella, su esposo me llevó frente a Toshimichi Okubo donde me ofreció unirme a una nueva organización para mantener el orden público…"-
-"¡Oh por Dios!, estás diciendo que te entrevistaste con Okubo-san y desde luego que aceptaste su oferta de inmediato"- Lo interrumpió emocionada al imaginar en los beneficios que le trairían al hombre trabajar con una persona como Okubo.
-"¿Por qué aceptaría trabajar para él sin conocerlo?"-
Su pregunta la tomó por sorpresa y por eso su respuesta fue dicha en apenas un susurro pero con firmeza.
-"Porque está trabajando en beneficio de todos nosotros, busca consolidar y unificar a todo Japón. Está haciendo el trabajo que quedó pendiente después del bakumatsu"-
Saito se dio cuenta que Tokio se mantenía al tanto de las noticias y conocía los acontecimientos del país.
-" Le dije que tenía que pensarlo antes de darle una respuesta, así que use ese tiempo en conocer por mi mismo en qué trabaja él y su gente. Al final me presente frente a él y acepte su oferta, aunque antes tuve que negociar unas cuentas cosas"-
Por alguna razón su comentario la hizo reír era algo tan típico de él, mediar las cosas en beneficio de todos. Tokio supo que su decisión no había sido fácil, imaginar las cosas a las que tuvo que renunciar para adaptarse a esa nueva profesión pudo haber sido duro para él, pero antes de que pudiera preguntar se le adelantó.
-"Pensé que dado que ambos compartimos objetivos en común sería bueno aceptar su ofrecimiento aunque antes dialogamos en beneficio propio, conseguí entre otras cosas un permiso para seguir portando una espada japonesa, me dieron libre acción para ejercer mi trabajo, puedo seguir moviéndome libremente por el país a cambio de enviar los reportes a tiempo. Mi filosofía y la del antiguo shinsengumi seguirá vigente, es una nueva institución pero sus ideales son los mismos por lo tanto termine por aceptar"-
Tokio lo escuchó compartiendo muchas de sus ideas. Ahora que sabía que había hecho todo ese tiempo sintió mayor empatía por él.
-"Veo que tu también has estado trabajando en algo"- Habló fijándose en los apuntes de la mujer que seguían expuesto junto a ella.
Tokio notó la mirada de Saito sobre sus notas, experimentando un leve sentimiento de culpa sin justificar.
-"He trabajado muy duro"- Dijo, resumiendo un poco de su día a día. -"Algunos días ayudó recolectando vegetales o encurtiendo carnes, colaboró en las cocinas pero lo que realmente me llena es enseñar a las personas a leer y escribir; la guerra no solo dejó desamparada a muchas personas en cuanto a comida, vestido y vivienda sino además los alejó del saber. Es importante que en esta nueva era la gente conozca qué pasa con el país y para eso deben aprender a leer, las noticias llegan en forma de diarios por eso todo aquel que quiera aprender puede acercarse a mi"-
Guest1 Thank you for leave a comment in every chapter.
-Sherrice Adjani-
