Casa de Edward — Forks — Domingo 4 de Octubre de 2009 — 02:25 PM
Bella llevaba casi dos semanas en reposo y se estaba volviendo prácticamente loca. Sus únicos paseos eran hasta el baño y después de vuelta a la cama. Por suerte, había convencido a Edward de que en lugar de en la cama la dejase estar en el sofá, al menos durante el día de hoy.
A lo largo de los días de la semana entre Alice, Rosalie y Esme se turnaron para no dejarla sola en ningún momento mientras Edward estaba en el trabajo. Él había dicho que podía pedir sus vacaciones anticipadas para poder ayudar a Bella en lo que necesitase, pero Esme, siempre con la experiencia por delante, le aconsejó que esperase a que naciesen los niños para eso, ya que Bella necesitaría más ayuda después que en ese momento.
Ese domingo todos tenían planes de parejas, así que Edward y Bella tenían el día para ellos solos. Algo que Bella quería aprovechar al máximo, ya que no había podido disfrutar de la compañía de Edward en todo este tiempo porque siempre había alguien con ellos que no los dejaba a solos ni un minuto.
Estaban en el sofá viendo una película, Bella estaba tumbada con los pies recargados sobre el regazo de Edward, y este acariciaba sus piernas con gesto ausente mientras fingía ver la película, pero su mente estaba en otra parte.
No podía dejar de sentirse tranquilo por lo que había sucedido unos días atrás en el juzgado. El juez les había concedido la orden de alejamiento en contra de Jessica, no podría acercarse a menos de cien metros de Bella ni de la casa que compartía con Edward. No era mucho, pero al menos le aseguraba parcialmente que no intentaría nada para atormentarla nunca más. Además, Jasper como buen abogado, alegó que quedaba muy poco tiempo para que las bebés naciesen y que la orden también estuviese vigente para ellas, ya que sufrían tanto peligro como Bella, algo a lo que el juez accedió casi sin pensarlo.
Edward se sentía tranquilo en parte, sabía que Jessica estaba asustada, además de la orden de alejamiento le habían acusado de amenazas y tenía que hacer trabajos sociales para pagar una pequeña multa. No era mucho, pero al menos la justicia estaba haciendo su trabajo. Eso no podía asegurarle que no volviese a intentar nada, pero al menos podría actuar legalmente solo con que ella se acercase un paso de más de lo permitido por la ley.
— ¿Edward me escuchas? —lo llamó Bella por quinta vez sin obtener respuesta.
Edward parpadeó confundido unas cuantas veces y después centró su atención en Bella.
— ¿Qué me decías? —preguntó en un murmullo.
— Que si me ayudas a llegar al baño —dijo ella sonrojándose.
— ¿Otra vez? —preguntó él fingiendo sorpresa.
Bella hizo un mohín e infló los mofletes como una niña pequeña.
— No tengo la culpa de que estas pequeñas diablillos decidan bailar sobre mi vejiga —gruñó molesta.
Edward río bajito y la ayudó a ponerse en pie, después la cogió en brazos para llevarla a uno de los baños del segundo piso.
— ¿Por qué me traes a este? ¿Les pasa algo a os baños del piso inferior?—preguntó ella confundida.
— Tú haz lo que tengas que hacer que después ya habrá tiempo de explicaciones —le dijo él haciendo varios movimientos con las manos instando a Bella a que apurase y acabase cuanto antes
Bella negó con su cabeza dramáticamente e hizo "lo que tenía que hacer" salió del baño con una sonrisa y sobándose el vientre después de una fuerte patada que le sorprendió.
— ¿Qué pasa? —preguntó Edward acercándose a ella.
— Están despiertas y se están moviendo mucho… —contestó sonriendo.
Edward colocó sus manos al lado de la de Bella y las bebés lo patearon con fuerza.
— ¡Eh! ¿Qué les has dado de comer? Si que tienen energía... si no fuese técnicamente imposible juraría que te has tragado a Alice —dijo sonriendo.
— Los genes Swan… se están llevando toda la energía que me roban —dijo Bella respondiendo a su sonrisa.
Edward volvió a tomarla en brazos y en lugar de ir hacia las escaleras para volver al piso inferior, tomó la dirección contraria hasta pararse frente a la puerta que estaba justo enfrente de donde ellos dormían.
— ¿Qué hacemos aquí? —preguntó Bella sorprendida una vez que Edward la dejó sobre sus pies.
— Es una sorpresa —susurró Edward mientras sus ojos brillaban de anticipación— cierra los ojos.
— No voy a cerrar los ojos hasta que me digas que es… sabes que no me gustan las sorpresas —se quejó ella.
— Pues yo no te voy a decir nada hasta que cierres los ojos…
— No —dijo Bella infantilmente.
— Como quieras —Edward se encogió de hombros y tapó los ojos de Bella con una de sus manos.
— ¡Eso es trampa! —se quejó ella riéndose.
Edward no le hizo caso y su otra mano se colocó en una de sus caderas, Bella oyó como la puerta se abría.
— Avanza dos pasos —susurró Edward en su oído.
— Me voy a caer —dijo ella con voz temblorosa.
Edward rodó los ojos.
— Te estoy sujetando, confía en mí que no dejaré que te pase nada —aseguró hablando en un susurro.
Bella obedeció a regañadientes y caminó esos dos pasos que Edward le decía. Edward entonces descubrió sus ojos y Bella jadeó de la impresión. Estaba en la que sería la habitación de sus hijas.
Las paredes estaban pintadas de color rosa claro con una línea ondeante que cruzaba la habitación de lado a lado un par de tonos más oscura, sobre esa línea había diferentes animalias pintados con expresiones alegres y colores muy vivos.
Los muebles eran de tonos madera y blanco suavizando el ambiente y dándole ese toque de calidez que necesitaba. Había dos cunitas cada una con su mosquitera también en tono rosado y con los ositos de peluche que Rose le había llevado al hospital como regalo.
En un lateral había una mecedora con una de las mantitas que ella guardaba en casa de Charlie y que había sido de su abuela Marie.
* (No suelo hacer esto, pero hay fotos en mi perfil)
A Bella se le hizo un nudo en la garganta y sintió como lágrimas de felicidad recorrían sus mejillas muriendo en su barbilla. Miró a Edward con la boca abierta sin saber muy bien que decir. Edward sonrió y la abrazó por su espalda.
— Todos han puesto su granito de arena —susurró en su oído— yo pinté las paredes de rosado, Esme eligió los muebles que luego montaron Emmett y Carlisle. Alice y Jasper dibujaron todos esos bichitos y Rosalie te colocó la ropita y los regalos de tu cumpleaños en los lugares que creyó oportunos. Hasta Charlie quiso aportar algo y trajo esa mantita que te tejió tu abuela cuando tú eras bebé.
— Estoy sin palabras —dijo Bella con voz rota a causa de su llanto.
— ¿Pero te gusta? —preguntó Edward algo intimidado por su respuesta.
— No…
Edward se tensó
— Es perfecta… —susurró ella— gustarme es poco… me encanta… ¡la amo! —gritó Bella efusivamente.
Edward sonrió como un niño y abrazó a Bella con más fuerza, intentando demostrarle en ese gesto lo feliz que se sentía en ese momento. Sin más la sujetó de la mano y la empujó para que se sentase en la mecedora. Él se sentó en el suelo frente a ella y apoyó la barbilla en sus rodillas mientras la miraba a los ojos.
— Ahora estas pequeñas —dijo Edward acariciando el vientre de Bella— ya tienen un lugar donde dormir y mil cosas que ponerse, ¿tienen también un nombre? —preguntó sin despegar sus ojos de los de ella.
Bella suspiró y cerró los ojos frustrada.
— No consigo decidirme —gimió— es tan… ¡arg! Muchos me gustan pero no termino de decidir cuáles serán los adecuados.
— Puedo ayudarte si quieres —susurró Edward.
— De acuerdo —dijo Bella— tengo una lista, te doy una mitad y yo me quedo con la otra mitad, cada uno elegirá un nombre y cuando nazcan se lo diremos al otro… ¿te parece?
— Me encanta la idea —sonrió Edward— ¿Cuáles son los míos? —preguntó.
— Elisabeth, Madison, Alexandra y Mia,
— ¿Y los tuyos? Es para tener una idea —preguntó de nuevo Edward.
— Erika, Emma, Alexa y Marie
— ¿Marie? —preguntó Edward sorprendido.
— Es mi segundo nombre y no lo utilizo, así que…
Edward se encogió de hombros y puso un gesto pensativo…
— Yo ya he elegido el mío —dijo con una sonrisa.
— ¿Tan rápido? —preguntó Bella sorprendida.
Edward solo asintió y sonrió más ampliamente. Bella torció el gesto y se mordió el labio inferior, mientras decidía. Finalmente ese juego con Edward podía ayudarle a tomar una decisión de una vez por todas, recordó la carita de sus bebés en la ecografía en 4D que se había hecho unas semas atrás y entonces un nombre le vino a la mente.
— Yo también lo he decidido —sonrió ampliamente.
— ¿Me dices cual es? —preguntó Edward haciendo un puchero.
Bella negó con la cabeza.
— Te dije que cuando naciesen nos lo diríamos, así que te aguantas.
— Como quieras —masculló fastidiado.
