Tanto tiempo sin leernos. Montones de trabajo (literalmente) y ahora el COVID 19 que tiene al mundo en completo miedo y caos es la cereza del pastel para que me haya retrasado tanto tiempo con este capítulo. Necesito olvidarme de mi realidad para sumergirme por un momento en el mundo de la fantasía que las historias me regalan.
Recapitulando el capítulo pasado; Terry y Candy se casaron por fin! Terry preparó una boda sorpresa con la familia de ambos, incluidos los miembros del hogar.
Espero les guste el cap y por favor cuídense mucho.
Capítulo 19. Carpe diem
Durante la semana que tuve de descanso, Candy y yo salimos lo estrictamente necesario de nuestra habitación.
Ella pidió un permiso especial para ausentarse de su trabajo.
Queríamos olvidarnos del mundo.
Y así lo hicimos.
Disfrutamos al máximo nuestros primeros días como marido y mujer, después de todo, nos habíamos ganado con creces este privilegio.
Cualquier motivo era pretexto perfecto para acariciarnos, besarnos, tocarnos, o simplemente deleitarnos con la visión de nuestros cuerpos desnudos, mientras los rayos solares o lunares _dependiendo la hora del día en la que nos encontremos_ rebotan sobre nuestra piel.
Sin culpa ni mucho menos remordimiento, consumamos una y otra vez este deseo ardiente que gobierna no sólo nuestros cuerpos, sino el alma y nuestro propio corazón.
Hacer el amor con mi esposa es un acto tan sublime, que tengo la certeza que no existe nadie en este mundo que adore tanto a una persona como yo a ella.
Después de nuestro pequeño altercado por culpa de los secretos que ocultamos mutuamente, no volvimos a tocar el tema de Loyd. Él es una sombra de nuestro pasado. No permitiremos que mancille nuestro ahora, ni mucho menos que afecte la felicidad que tanto trabajo nos ha costado cosechar.
Tan feliz soy a su lado, que no percibí el rápido paso del tiempo, hasta que llegó el día en que ambos nos vimos forzados a encarar nuevamente la realidad de nuestra vida cotidiana fuera de nuestra burbuja.
Una semana jamás había transcurrido tan rápido. ¡Tiene que ser una cruel broma!
Amo mi profesión, pero ahora debo afrontar el hecho de que a partir de este día, mi tiempo al lado de mi esposa se verá reducido drásticamente.
Que ironía de la vida.
Ahora que soy el actor que algún día soñé llegaría a ser, mi propia pasión se convierte en el principal motivo que me mantendrá alejado de mi hogar. De Candy.
"Por primera vez estoy considerando la idea de dejar la actuación para dedicarme de lleno a mi pasatiempo…" pensé en voz alta mientras terminaba de acomodar mi corbata frente al espejo.
Detrás de mí, distinguí la mirada desconcertada de mi esposa a través del espejo, la cual, sentada frente a su tocador, terminaba de arreglar su peinado en forma de moño mientras repasaba con sus manos su cabello.
"¿Por qué sopesar la idea de abandonar tu sueño ahora? Creía que disfrutabas lo que hacías" sin dejar su labor, continuó observándome bastante intranquila.
Creo que ha llegado el momento de confesarle mi pequeño secreto, pensé.
"Mi profesión me exige que esté mucho tiempo lejos de casa. Viajo constantemente alrededor de Estados Unidos. En años recientes, mis giras se han extendido hasta Europa. Puedo pasar meses fuera de Nueva York, y la verdad…" me encaminé hacia ella y sin apartar mi mirada de la suya, me incliné hacia Candy y besé su cuello mientras veía mi propio reflejo a través del espejo de su tocador "No quiero pasar tantos meses sin ti, no lo soportaría, además, quiero formar una familia contigo. Lo que menos deseo es convertirme en un padre y esposo ausente" hizo su cabeza a un lado para permitirme continuar con mi recorrido.
Su piel tiene la misma textura aterciopelada de un durazno, pensé sintiendo su suavidad bajo mis labios.
Acto seguido se puso en pie, rodeó mi espalda y me besó.
"Después de toda la actividad que hemos tenido, estoy segura que en menos tiempo del que tú crees añadiremos un nuevo miembro al árbol genealógico de nuestras familias" ilusionado con la idea de que Candy pudiese quedar encinta pronto, le di vueltas en el aire sin dejar de reír.
"¡Me convertirías en el hombre más feliz cuando eso suceda! Mi sueño más preciado siempre ha sido formar una familia contigo" el rostro de Candy se iluminó con amor y felicidad mientras me oía hablar con entusiasmo de mi anhelo más preciado.
En cuanto la coloqué en el suelo, posó sus manos sobre mis mejillas y me dedicó la más dulce de las sonrisas.
"Terry, se lo mucho que significa tu carrera para ti. No quiero que sacrifiques tu sueño por nosotros. No sería justo." pegué mi frente con la suya sin dejar de sonreír.
¿Acaso no sabe que estoy loco de amor por ella? ¿Es consciente que no existe nada que no sea capaz de hacer con tal de verla feliz y sonriente siempre?, me dije sin dejar de entrelazar mis dedos en su cabello delicadamente recogido.
"Si mi profesión en algún momento se convierte en un obstáculo en nuestra relación, renunciaré a ella sin dudar. Sé sin quien soy incapaz de continuar viviendo" musité.
Sin previo aviso, me atrajo bruscamente hacia ella y tomó posesión de mis labios.
Por supuesto, yo respondí su gesto con el mismo arrebato que ella.
Que sensación tan maravillosa es ser amado de esta manera tan intensa e incondicional.
"Me parece que si queremos añadir pronto un nuevo miembro a nuestras familias, necesitamos continuar practicando hasta conseguirlo" mi esposa se sonrojó ante mi indecorosa propuesta, sin embargo, no percibí ni un ápice de vergüenza, al contrario, su mirada desprendió tanta pasión y deseo al oírme hablar, que tuve que refrenar las ansias de hacerle el amor de nueva cuenta.
"¿Sólo hasta conseguirlo?" dijo desilusionada.
Separó ligeramente su rostro del mío y un hermoso puchero se dibujó en sus facciones.
Un beso sobre sus labios fue mi única respuesta.
Soy incapaz de vivir sin su amor. Sin sus caricias.
Sería como pedirme vivir sin mi corazón.
Minutos después, Candy se apartó de mí, y empezó a ponerse sus zapatos.
Terminar de ponerme el saco resultó una tarea inútil, así que preferí admirar la visión de mi esposa vestida con el blanco prístino de su uniforme de enfermera, al tiempo que admira su cuerpo curvilíneo desde todos los ángulos posibles.
¡No sé qué tanto se arregla! A diferencia de otras mujeres, Candy no necesita nada extra para resaltar su belleza, pensé sin dejar de admirar el espectáculo que ella me ofrecía.
"Aun no me has dicho cuál es el pasatiempo al que te referías" su voz trajo mi mente de nueva cuenta a la realidad.
"Es un secreto que he planeado confesarte, pero no se había presentado la oportunidad hasta ahora" tomé su mano entre la mía y la acerqué a mis labios sin dejar de observar sus mejillas sonrosadas, percatándome que sus ojos no se han despegado ni un momento de mi boca.
Pasó saliva pesadamente, llenó de aire sus pulmones y desvió su mirada hacia otro lado en un intento por recuperar su compostura.
Me gusta ver que no soy el único de los dos que muere de deseo cada que la veo.
Es agradable percatarme que yo ejerzo ese mismo influjo sobre ella.
"Me estás preocupando, ¿eres miembro de alguna mafia acaso?" sorprendido por sus palabras, abrí mi boca sin emitir ni un sólo sonido.
Al cabo de unos segundos, empecé a doblarme de la risa mientras me dejaba caer sobre la cama al tiempo que rodeaba mi torso adolorido con mis brazos.
"¡Por supuesto que no! ¡eres tan ocurrente, Candy!" limpié con el reverso de mi muñeca las lágrimas que salían de mis ojos. De reojo, vi que mi esposa estaba entre divertida y sonrojada por mi súbito ataque de risa que su espontáneo comentario me provocó "Lo que te voy a confesar no es nada malo, te lo aseguro" levanté mi mirada hacia ella decidido a revelar mi secreto sin más rodeos "desde hace unos años escribo libros bajo un nombre falso. Yo soy John Arden" silencio. Congoja.
Esta no es la reacción que esperaba realmente.
Mi repentino buen humor desapareció al ver como el color de sus mejillas se desvanecía en un instante.
Candy abrió y cerró su boca una y otra vez sin decir una sola palabra que aliviara mi creciente ansiedad que su mutismo me provocaba.
Comenzó a caminar en círculos, clavó su mirada sobre mí, y al tiempo que negaba con su cabeza, inició nuevamente su recorrido.
Incapaz de soportar su silencio un segundo más, la tomé del brazo y la acerqué bruscamente hacia mí.
"Di algo o me volverás loco" rodeé su cintura, recargué mi cabeza sobre su vientre e inconscientemente sonreí.
Me ilusiona tanto la idea que justo ahora ella pueda estar esperando un hijo nuestro, que me es inevitable dejar volar mi imaginación y soñar.
"Perdóname Terry, es sólo que… siempre me vi a mí misma como la protagonista de tus historias. Nunca estuve equivocada después de todo" no hizo el intento en ocultar la tristeza que hasta cierto punto mi revelación le causó.
La tumbé en la cama, acerqué mi rostro al suyo y como si no pudiese resistirse, colocó sus manos sobre mis mejillas mientras empezaba a acariciar la piel de mi cara.
Me sonreía con dulzura, pero algo más mancillaba su bella expresión; melancolía.
"Me prometí no volver a refugiarme en el alcohol o el cigarro sin importar el problema que tuviera, así que escribir se convirtió en la vía de escape de mi funesta realidad sin ti. Gracias a mis libros no enloquecí de dolor los 9 años que estuvimos separados. Esa es la patética verdad que esconde cada uno de mis escritos" susurré incapaz de verla a la cara.
Escondí mi rostro en el hueco que hay entre su cuello y su hombro, y llené mis sentidos del suave aroma que justo ahora despide su piel.
"No es patético…" me atreví a encararla al oírla hablar, pero la tristeza que vi dibujarse en su rostro me partió el alma.
De sus bellos ojos verdes, gruesas lágrimas escurrían una tras otra a lo largo de sus mejillas.
"No llores mi amor, te lo pido" supliqué desesperado. Intenté apartar con mis besos el desconsuelo que mi confesión le provocó "no te conté mi secreto para entristecerte. Perdóname, por favor" mascullé afligido.
"No puedo hacer nada por cambiar el pasado, pero si puedo hacer mucho por nuestro presente. Finalmente estamos juntos. Te amo, Terry"
Con un dejo de desesperación y erotismo, besó mis labios con frenesí.
Candy recogió los pedazos inservibles de mi alma. Me ayudó en el proceso a transformarme en este ser que ha renacido para amarla solamente a ella. Así será hasta que mi corazón pronuncie su nombre en su último latido.
Habríamos continuado con este intercambio de besos y caricias, de no ser porque Wilfred nos recordó desde el pasillo, que el desayuno estaba servido.
Con la sonrisa que tanto amo adornando su rostro, volvió a besarme en los labios y con ese semblante tranquilo bajamos al comedor.
No dejamos de mirarnos, de acariciar nuestras manos, o bien, de besarnos una y otra vez en cada oportunidad que se nos presentaba.
La amo tanto que no deseo dejar de sentir su piel sobre la mía.
"Amor, a partir de hoy llegaré tarde a casa. Durante un mes tendremos funciones todo el día. La buena noticia es que con esto, cerramos la temporada de la obra de La Tempestad" dije apreciando las calles concurridas de Nueva York a través de la ventana del auto que yace tras de mi esposa.
A lo lejos, percibí que nos acercábamos rápidamente al Hospital donde Candy labora.
Para tranquilidad mía, no vislumbré ningún reportero cerca de la entrada principal, aunque eso no significa nada realmente. Esto es tan sólo la calma que precede la tormenta.
Cuando los medios se enteren que nos casamos en secreto, comenzará el caos.
"No te preocupes, Terry. Quizás te visite de sorpresa uno de estos días"
Besé su mano y sonreí ante la mención de esa maravillosa idea.
En cuanto Candy se despidió de mí, salió del auto y me mandó un beso con su mano al tiempo que entraba al hospital.
Inmediatamente le indiqué a dos de mis 3 custodios que permanecieran con Candy.
Ellos estarán a su lado en todo momento.
El bienestar de mi esposa es mi prioridad número uno, por tal motivo, cada uno de ellos tienen indicaciones de no permitir que Loyd o algún desconocido se acerque bajo ningún precepto a Candy.
Confío ciegamente en ella. En él no.
"¿Al teatro, Sr. Grandchester?" asentí.
Mientras el auto se alejaba con rapidez del lugar, mantuve mi mirada fija sobre el hospital hasta que se convirtió en un punto en la distancia.
Separarme de Candy resultó más difícil de lo que anticipé.
Mi necesidad de ella es tan grande, que tuve que hacer acoplo de mis fuerzas para concentrarme en mi trabajo.
"Todo el día has estado distraído, Terry. Olvidaste algunas líneas, improvisaste escenas estudiadas, te movías torpemente en el escenario… ¿Sucede algo?" más serio de lo habitual, Robert entró a mi camerino mientras cerraba bruscamente la puerta tras de sí.
No se ve tan molesto, pero no lo culparía si me reprende.
Mi desempeño en las funciones que tuvimos el día de hoy, fue demasiado pobre y descuidada.
"…no tengo excusa. Seré más cuidadoso mañana. Te lo aseguro" con el ceño fruncido, asintió mientras se sentaba en uno de los sillones sin despegar su mirada inquisitiva de mí.
Clavó sus codos sobre sus rodillas, y sin dejar de analizarme, apoyó su mentón sobre sus manos.
"Te casaste…" sorprendido por sus palabras, giré mi rostro encendido hacia él.
¿Cómo lo supo? me pregunté al tiempo que me caía sobre la silla que estaba detrás de mí.
Al ver mi reacción _la cual fue la respuesta a sus palabras_ empezó a reír con fuerza.
"Sólo una persona es capaz de ponerte en ese estado de distracción y es Candy, además tu mirada emana tanta luz, que fue fácil atar cabos, mi amigo. Te conozco de hace años. He aprendido a leerte" dijo.
Después de la impresión del primer momento, sonreí.
"Fue una boda sorpresa. Ni ella lo sabía. Me pareció absurdo esperar para acallar las habladurías de la gente. Candy me da la fuerza para enfrentarme a lo que sea" un suspiro escapó de su boca y asintió sin dejar de sonreír feliz. Satisfecho.
"Me alegro por los dos. Merecen toda la felicidad que un ser humano es capaz de disfrutar" de pronto su mirada se oscureció al tiempo que clavaba sus ojos sobre la duela bajo sus pies "¿Margot? ¿no has sabido nada de ella?" me recargué contra el respaldo del sillón y negué con la cabeza.
"Desde que Susana se suicidó, desapareció de mi vida. No he sabido de ella desde entonces. La policía la ha buscado sin éxito" dije sin despegar mi mirada del techo abovedado de mi camerino.
"Ten cuidado, Terry. Margot no es una mujer que se caracterice por olvidar una ofensa. No quiero ser ave de mal agüero, pero de un modo u otro buscará vengar la muerte de su hija. Estoy seguro" asentí.
Tan feliz estoy dentro de mi burbuja, que me olvidé por completo de Susana y su madre.
¡Hasta cuando cerraré ese capítulo de mi vida!
"Disculpe la interrupción Sr. Grandchester. Lo busca el Sr. Andley" dijo un tramoyista desde el pasillo sin atreverse a abrir la puerta.
¿Albert sigue en Nueva York?
"Hazlo pasar, Nicholas" Robert dio la orden, abrió la puerta y el tramoyista desapareció "te dejo, Terry. Espero que mañana tu actuación sea tan sublime como siempre. Has acostumbrado al público a la excelencia. Dales lo que ellos esperan de ti" dicho eso desapareció por uno de los pasillos.
Pasé mis manos por mi cabello, recargué mi cabeza sobre el respaldo del sillón y pensé en lo último que Robert me dijo mientras recordaba las sensaciones que embargaron mi pecho mientras estaba sobre el escenario.
Amo a Candy con todo mi ser. Ella está en mis pensamientos desde que amanece hasta que anochece, pero, mi pasión por mi profesión es tan real como el amor que le profesaré a mi esposa hasta el último de mis días.
No me veo haciendo otra cosa, aunque sé que puedo llegar a ser un gran escritor.
Para mí, eso siempre será un pasatiempo.
No me llena.
No me apasiona.
Estar sobre un escenario o frente a una cámara personificando varias vidas, es una sensación que no cambiaría por nada, sin embargo, le prometí a Candy que renunciaría a todo esto si en algún momento mi pasión se convierte en un obstáculo.
Pase lo que pase me mantendré firme, aunque una parte de mí fenezca en el proceso.
"Parece que no fue un buen día, Terry" la voz de Albert me sacó de mis profundas cavilaciones.
Me puse de pie y estreché la mano de mi amigo mientras cerraba la puerta de mi camerino.
Por la expresión consternada de su rostro, supe que algo había pasado.
"Digamos que mi desempeño sobre el escenario dejó mucho que desear. Declaro a Candy y el amor que le profeso como los únicos responsables" reímos de buena gana mientras nos sentábamos en los sillones que fungen como recibidor.
"El amor es un misterio. Llega sin previo aviso y golpea tan fuerte nuestras vidas, que cimbra los cimientos que antes parecían indestructibles" no sé si sus palabras me las dice a mí, o es un monólogo que recita para sí mismo.
Él que siempre sabe que decir y como proceder ante cada situación que la vida le presenta, ahora lo veo perdido. Por primera vez parece que no sabe qué hacer.
"No sabía que seguías en Nueva York. Creí que partirías a Illinois al día siguiente de mi boda con la Srta. Pony y todos los miembros de la casa hogar para después dirigirte a Chicago" un intento de sonrisa se dibujó en su rostro, pero esta jamás iluminó su mirada.
Lentamente se puso de pie y se dirigió hacia una de las ventanas que tenía como vista el cielo nocturno que decora en estos momentos Nueva York.
"No pude irme… " preocupado por el semblante de mi amigo, me acerqué a él al tiempo que colocaba una mano sobre su hombro.
"¿Qué pasa, Albert?" en cuanto giró su rostro se alejó de mi y se sentó nuevamente en uno de los sillones escondiendo su rostro entre sus manos.
Sea lo que sea que le sucediera a mi amigo, lo estaba consumiendo lentamente por dentro.
El siempre ha estado para mi apoyándome incondicionalmente. Ahora es mi turno.
"¿Pasó algo con Loyd?" contrariado, Albert levantó su rostro al tiempo que recargaba su espalda contra el respaldo del sillón "Candy me contó que rompiste los lazos laborales que te unían a él"
"Lo que hizo Loyd no lo iba a pasar por alto. Al consejo le preocupó las consecuencias económicas que mi decisión acarrearía, pero no es algo que puse a consideración de nadie. Los bancos sobrevivirán sin él. No te preocupes. Lo que me tiene preocupado es algo más a nivel personal"
Tomé asiento frente a él y en silencio le pedí que continuara hablando.
"Muchos años estuve enamorado de una mujer cuyo amor jamás me sería correspondido. Lo supe desde que me di cuenta que la amaba, así que en silencio acepté mi destino y me hice a un lado"
No sabía que Albert sufrió de un amor no correspondido.
Mientras lo escucho hablar me doy cuenta de algo; he sido egoísta todo este tiempo. Hablando sólo de mí y de mis sufrimientos cuando él mismo ha atravesado momentos difíciles en su vida.
¿Qué clase de amigo soy si jamás me he preocupado por escuchar lo que aflige el alma de Albert?
"He sido muy mal amigo todo este tiempo, Albert. Perdóname. He estado tan ciego que creí que yo era el único que sufría" con la candidez que lo caracteriza, Albert negó con la cabeza y me dedicó una diminuta sonrisa.
"Siempre he sido muy hermético con mis problemas, Terry. Me cuesta mucho trabajo platicar de ellos con los demás. Además, no quería perder tu amistad si te contaba ese pasaje de mi vida" fruncí el ceño bastante confundido.
"Eso jamás sucederá ¿Por qué habrías de perderla, Albert?" la expresión que se dibujó en su rostro fue de absoluto escepticismo, sin embargo, asintió al tiempo que se tomaba unos minutos para continuar con su relato.
Meditabundo, Albert clavó sus codos sobre sus rodillas, y con la mirada perdida en algún lugar del pasado comenzó a hablar.
"Muchos años estuve enamorado de Candy" dijo llanamente y sin rodeos.
¿¡Qué dijo?! Tiene que ser una broma, pensé, pero no hice audibles mis pensamientos.
Preferí respirar profundamente y dejarlo hablar. Lo necesita.
"Ella jamás se dio cuenta de los sentimientos que le profesé. Todo dio inicio cuando perdí la memoria. Incluso cuando recuperé mis recuerdos esperé dejar de sentir este amor por ella, te lo juro, pero fue inútil. Mis sentimientos no cambiaron, sin embargo, yo sabía que jamás sería correspondido. Si por algún error le confesaba mi sentir, no sólo la pondría en un aprieto emocional, sino que además, corría el riesgo de perder su cariño y amistad. Así que preferí amarla en silencio. Cuidarla a distancia. Hacer lo que estuviera en mis manos para velar por su felicidad"
Silencio.
¿Qué decirle a mi mejor amigo en estos momentos?
No es agradable escuchar a alguien confesar que durante muchos años estuvo enamorado de mi esposa en silencio, pero esta persona es Albert. No es cualquiera.
De verdad quiero ayudarlo, pero por el momento no sé cómo, así que preferí callar y continuar escuchándolo.
"Creí que jamás podría amar a alguien como la amé a ella, pero cuando me encontré con Gia quedé impactado con su belleza. Por un momento creí que ella era la indicada. Que podría formar una relación con ella. Me permitió cortejarla, y aunque sentíamos una fuerte atracción, fuimos conscientes que lo nuestro jamás progresaría, pero cuando vi a Elina todo cambió" creo que he de haber emitido una exclamación de sorpresa, ya que inmediatamente Albert levantó su mirada hacia mí.
Se le veía apenado e incómodo por la confesión que acababa de revelarme.
"Perdóname Terry. Candy es tu esposa y Elina tu hermana… yo…" mortificado, escondió su rostro entre sus manos.
Me siento molesto, furioso, pero no con Albert, sino conmigo mismo.
Debí haberlo previsto… al menos, era mi deber como amigo haber sospechado que Albert estaba sufriendo en silencio.
Sin pensarlo, me acerqué a él y le di un par de palmadas sobre su espalda al tiempo que me sentaba a un lado suyo.
"Deja de torturarte por algo que ya está en el pasado, Albert. No te culpo por haberte enamorado de mi esposa. Candy es un ser maravilloso. Es capaz de iluminar el corazón de muchos, así que no te preocupes por eso" yo mismo me sorprendí al oír mis palabras.
Más fue mi sorpresa al percatarme que no mentía, al contrario, estaba respondiendo sinceridad con sinceridad. No sería correcto decirle una mentira disfrazada de verdad cuando él se arriesgó a expresar lo que durante tantos años debió haberlo consumido lentamente por dentro.
No puedo imaginar el tormento que vivió día tras día al ver a la persona que amaba con todo su corazón, enamorada de otro.
¿Qué es peor? ¿amar y no ser correspondido? o ¿amar y ser ignorado por completo?
"Terry…" repuso asombrado mientras levantaba su mirada hacia mí.
"Nada me haría más dichoso que verte feliz al lado de una mujer que ames, y que mejor que ella te corresponda" ambos nos pusimos de pie, coloqué una de mis manos sobre su hombro y le sonreí.
"Este año cumplo 34 años. Tu hermana tiene 21. No sé si a tu padre le gustará la idea que su hija este saliendo con un hombre casi 13 años mayor que ella" dijo preocupado.
"Albert, escúchame bien, deja de prestarle atención al mundo que te rodea y escucha a tu corazón. Te lo dice alguien que dejó escapar una vez al amor de su vida por hacerle caso a la razón. No cometas mis errores" dije "dime una cosa, ¿mi hermana corresponde tus sentimientos?" pregunté.
"Si. A pesar del corto tiempo que llevamos tratándonos, sabemos que deseamos estar juntos. Fue amor a primera vista" sonreí.
"Esa es la única respuesta que necesitas" lo abracé y con eso zanjamos el tema.
En cuanto llegué a casa, Candy bajó las escaleras corriendo y me recibió con un beso mientras saltaba hacia mí envolviendo mi cuello con sus brazos.
Durante la cena, le platiqué la conversación que tuve con Albert, omitiendo por supuesto la parte en donde me confesó el amor que le profesó a ella durante años.
Como era de esperarse, mi romántica esposa se emocionó ante la perspectiva de Albert y Elina juntos, alegando que ambos forman una hermosa pareja.
Pasada la media noche, Candy y yo entramos a nuestra habitación, nos pusimos la pijama y nos recostamos en la cama.
"¿Crees que tu papá se moleste? Albert es un hombre maravilloso. La edad es lo de menos si hay amor entre ambas partes, ¿no crees?" sonreí ante la vehemencia que Candy mostraba.
Sus manos no pararon de acariciar distraídamente mi pecho desnudo. Yo por mi lado disfrutaba recorriendo la piel de sus brazos con las yemas de mis dedos.
"Mi padre estará encantado con la noticia. Estoy seguro"
Los días posteriores mi suposición se tornó en una realidad; mi padre al enterarse del interés romántico que Albert le profesa a mi hermana, se puso feliz.
A palabras suyas dijo; Elina y Albert tienen suerte de haberse encontrado. Están hechos el uno para el otro. No existe satisfacción más grande para un padre que ver a su hija feliz al lado de un buen hombre como él.
Compartía su sentir. Nada me daba más gusto que verlos juntos y felices haciendo los preparativos de su próxima boda.
Albert siempre ha sido como mi hermano, y dentro de unos meses _agosto 30 para ser más exacto_ lo sería oficialmente.
Si por ellos fuese, se habrían casado ya mismo, pero debido a complicaciones laborales de Albert, tenían que esperar hasta agosto.
Eran menos de dos meses, pero para los enamorados representa una eternidad.
Si lo sabré yo.
No fue una sorpresa que los medios se enteraran de mi boda con Candy y que armaran un caos a nuestro alrededor. No nos dejaban solos ni a sol ni a sombra.
Deseaban les diera detalles del momento más íntimo y hermoso de mi vida, pero por más que nos siguieran, no conseguirían sacarme una sola palabra.
Candy en más de una ocasión me ha instado a que sacie algo de su curiosidad. Ella cree que teniendo buena relación con la prensa, ganaremos algo de tranquilidad cuando nos encontremos en público.
Yo tengo mis serias dudas al respecto.
Aunque entiendo la lógica de mi esposa, me resisto al hecho de vender aspectos de mi vida que deseo continúen siendo privados.
Para rematar mi mal humor, una fuente anónima filtró la noticia que Elina contraería próximas nupcias con Albert, y por supuesto, la euforia de los medios ante esa jugosa primicia no se hizo esperar.
"No te preocupes, Terry. Estoy bien. Papá y Albert han puesto seguridad a mi alrededor" veía tranquila a Elina. Feliz.
La deslumbrante sonrisa que se dibujó en su rostro el día que Albert pidió formalmente su mano días atrás, no se ha borrado desde entonces.
He de admitir que le sienta de maravilla sonreír tan a menudo.
Al ver que mi angustia no tenía fundamento, me dejé caer en un sillón a un lado suyo al tiempo que repasaba mi cabello con mis manos.
Candy se reirá de mi cuando le cuente que, una vez más, ella tuvo la razón, pensé.
Mi esposa me aseguró que, contrario a mi sentir, Elina se encontraría perfectamente a pesar del incesante acoso de la prensa.
Incrédulo, tuve que verlo con mis propios ojos.
"No quiero que te hagan pasar un mal rato. Los medios pueden usar tácticas nada éticas con tal de conseguir una nota" colocó su mano sobre la mía sin dejar de sonreír.
"Lo sé. Gracias por preocuparte por mí. Eres el mejor hermano del mundo, Terry" espetó.
"¿¡Verdad que si? ¡Es el mejor de todos!" Alisa entró corriendo a la sala y sonriente, se refugió en mis brazos.
"Eres una pulga entrometida. ¿No te ha dicho mi mamá que no es bueno escuchar las pláticas de los adultos?" comencé a despeinarla sin dejar de reírme de sus intentos por alcanzar mis manos "me parece que te has encogido. Te veo más pequeña que de costumbre" molesta por mi comentario, me hizo un puchero ocultándose en el regazo de mi esposa, que oportunamente para Alisa, iba entrando a la sala acompañada de mis padres.
"¡Candy, Terry me está molestando!" mi esposa me dirigió una mirada divertida y negó con la cabeza mientras le hacía mimos a mi hermana en las mejillas.
"Me declaro inocente" dije y todos comenzamos a reír.
Rápidamente los días se convirtieron en semanas.
La fecha de la boda de mi hermana estaba cada vez más cerca, y con ella, los medios sobreexcitados nos seguían a todos lados con tal de conseguir datos contundentes como el lugar donde se llevaría a cabo la ceremonia.
Para evitar que esa información se filtrara en los tabloides, los únicos que conocíamos ese dato éramos la familia más allegada a ambos.
Tanto Albert como Elina querían una ceremonia sencilla. Sin demasiados lujos ni llena de gente con la que a penas convivían. Los únicos invitados serían mis padres, Alisa, Candy, Archie, Annie y yo.
Estaba de más decir que su madre y el resto de sus hijos no serían requeridos. Elina había cortado toda relación con ellos desde que Milton decidió correrla de la casa.
Mi padre, Albert y yo apoyamos por completo su decisión.
La ceremonia se llevaría a cabo en la villa que los Andley tienen en Lakewood.
Albert quería compartir ese momento tan importante con sus seres queridos que prematuramente habían partido al más allá; Anthony, Stear y sobre todo, su hermana Rosemary.
Para la elección del ajuar y del extenso guardarropa que Elina llevaría a su larga luna de miel por Europa y Asia, participaron Candy, mi madre e incluso Alisa.
Esta última se encontraba tan emocionada con la próxima boda de Elina, que pedía dormir con ella a su lado para tener el pretexto de platicar, de jugar y de leer hasta el agotamiento.
Sabía que detrás de toda esa emoción sincera que Alisa reflejaba, se encontraba una profunda tristeza. No hace mucho se enteró que tenía una hermana y ahora debía contentarse con verla una vez al año, después de todo, pasado el 30 de agosto, Elina viviría con Albert en Chicago.
"¿¡De verdad saldremos sólo tú y yo?! ¿¡sin Candy?!" musitó Alisa emocionada ante la idea de salir a comer un helado exclusivamente los dos.
Como solíamos hacer cuando me encontraba casado con Susana.
"Por supuesto pulga. Iremos a comer un helado y después a la librería. Me contó un pajarito que el nuevo libro de Annie ya está a la venta" sin dejar de reír, Alisa comenzó a dar vueltas en el jardín.
"Mi cielo te vas a marear" mi madre se acercó a nosotros junto con mi padre, le puso el abrigo a mi hermana, nos dio un beso en la mejilla y nos pidió que nos divirtiéramos.
Después de la muerte de Susana, mi trabajo y mi boda con Candy, admito que he dejado muy abandonada a Alisa.
Lo que menos deseo es que ahora con la boda de Elina en puerta, se sienta relegada.
Jugamos, platicamos, reímos y comimos tanto helado, que creo Alisa ha comido la ración de azúcar de un mes, pero no me arrepiento de consentirla tanto. Ver esa sonrisa dibujarse en su rostro bien vale la pena la reprimenda que seguramente me dará mi madre cuando llegue a casa de mis padres.
Como era de esperarse, la prensa no dejó pasar este momento.
Nos fotografiaron tanto muy en contra de mi voluntad, que ya me imaginaba el tabloide de mañana, y Alisa sonriéndoles, saludándolos y posando de vez en vez para ellos, no ayudaba mucho a que se alejaran de nosotros, al contrario, los incitaba a permanecer cada vez más cerca, detalle que a mi me disgustaba pero que ella gozaba.
Alisa es una pequeña estrella que está destinada a brillar.
"Extrañaba pasar tiempo contigo, Terry" pasaban de las 8 de la noche. A pesar de la hora, Alisa se encontraba muy despierta, pero la seriedad de su voz me obligó a apartar momentáneamente mi vista del tráfico.
"Se que no he sido el mejor hermano estos últimos meses. Prometo que tendremos estas salidas más a menudo. Como antes" una risa alegre escapó de su boca mientras nos dirigíamos ella y yo a casa.
Preferí descansar hoy a Hans.
Quise que se quedara en casa con Candy por si ella necesitaba salir.
"Para mí siempre serás el mejor hermano del mundo. No vernos seguido no significa que me quieras menos, ¿o sí? Lo mismo pasará con Elina. Admito que preferiría que viviera en Nueva York para convivir más con ella, me siento triste porque se va, pero estoy segura que cuando la visite me sentiré muy feliz. Igual que me sucede contigo cuando te veo al lado de Candy"
El resto del trayecto permanecimos en silencio.
No sabía que decirle. Me sentía escaso de palabras.
En momentos como este, Alisa volvía a sorprenderme con su madurez poco propia de niñas de su edad.
"Gracias, Terry" dijo en cuanto detuve el auto. Giré mi rostro hacia ella y se aventó a mis brazos "te amo mucho" besé su cabeza, la envolví contra mi pecho y salí del auto aun con mi hermana en brazos.
"Y yo a ti" dije.
Mi madre vio a mi hermana tan feliz cuando nos vio entrar a casa, que por esta única ocasión me excusó del regaño por el exceso de azúcar que Alisa consumió con mi consentimiento.
Finalmente la temporada de La Tempestad terminó.
Gracias al rotundo éxito de la obra, se extendió un mes más.
No recuerdo haber sentido este nivel de felicidad por la culminación de una obra, al contrario. En el pasado, a estas alturas ya tendría en puerta 3 proyectos más con que entretenerme.
Lo que menos deseaba era estar en casa con Susana.
¡Bendita sea ahora mi realidad!, me dije mientras terminaba de abotonar mi chaleco.
Lo que más deseo en este momento es salir del teatro, llegar a casa con Candy y besarla.
Tras de mí, escuché la puerta de mi camerino abrirse lentamente mientras pasos acompasados se acercaban. Ese alguien comenzó a aplaudir.
Sonreí al imaginar que era Robert que venía a felicitarme por la culminación exitosa de otro proyecto, pero en cuanto reconocí al sujeto que se encontraba a escasos metros de mí, mi sonrisa se desvaneció.
"Loyd" espeté con rudeza.
Pronuncié su nombre como si este fuese la más baja de las ofensas.
"Bravo, Grandchester" habló sin dejar de aplaudir un sólo instante "has estado sublime"
"Dudo mucho que hayas venido aquí para felicitarme por la función de hoy" la fría sonrisa que tenía dibujada en su rostro desapareció en un instante.
"Eres un maldito, bastardo. ¡Con tus artimañas histriónicas, engatusaste a Candy y te casaste con ella!" gritó.
Una risa desafiante se dibujó en mi rostro al tiempo que daba dos pasos en su dirección.
Ahora que lo tengo frente a mí, la imagen que nunca vi de Candy llena de moretes a lo largo de sus brazos que este sujeto le propinó, ha despertado la furia que he reservado exclusivamente para él.
"¡ELLA ES MÍA!" tras de Loyd, apareció Robert bastante confundido "NI CASÁNDOTE CONTIGO EVITARÁS QUE ELLA REGRESE A MI, ¿¡ENTIENDES?!. ESA PUTA REGRESARÁ A MI AUNQUE TENGA QUE MATARLA EN EL PROCESO"
Sin pensarlo un segundo, estampé mi puño sobre su cara.
El golpe que recibió fue tan fuerte, que su espalda rebotó contra la pared antes que su cuerpo tocara el suelo.
Sin darle oportunidad a detener la sangre que manaba por las heridas que mi golpe le ocasionó, lo tomé fuertemente de su camisa y lo levanté al vilo.
Estoy tan furioso, que en este momento me siento con la fuerza suficiente para matarlo.
"¡Ese golpe fue por los moretones que le hiciste a Candy el día del estreno de la obra, desgraciado!" mascullé ronco por el enojo mientras volvía a golpearlo a puño cerrado en la mejilla.
Loyd cayó pesadamente al suelo.
Tenía toda la intención de acercarme a él y continuar golpeándolo, pero Robert envolviendo mi cuello con sus brazos me lo impidieron.
"¡Detente, Terry! No vale la pena" dijo.
"¡Levántate! Se hombre y acepta que ella no te ama" grité.
Esta vez los custodios de Loyd entraron y lo ayudaron a ponerse en pie mientras uno de ellos se ponía en posición de pelea.
"Esto no se quedará así. Te juro que te arrepentirás, Grandchester. Aunque sea lo último que haga, no permitiré que sean felices. Si yo soy infeliz, ella lo será junto conmigo" dicho esto salió de mi camerino custodiado por sus guaruras.
"¡Maldita sea!" en cuanto me zafé de los brazos de Robert, estampé mis puños contra la pared más cercana.
"Tranquilízate, Terry" repasé mis manos por mi cabello mientras caminaba alrededor de mi camerino como león enjaulado.
"¡Hasta cuando ese estúpido nos dejará en paz!" vociferé sin importarme ser escuchado en todo el teatro.
"No puedes llegar a tu casa en ese estado. Cálmate" reticente, asentí.
Respiré profundamente y miré por primera vez a Robert. Tenía una marca roja en su pómulo derecho que muy probablemente se convertiría en un moretón.
"Perdóname Robert. Te viste involucrado en esto sin querer" sonriente negó con la cabeza al tiempo que colocaba una mano sobre su mejilla lastimada.
"Esto no es nada, eres tu el que me preocupa. Jamás había visto a Loyd perder la cabeza como hoy. Por lo visto tienes alguien más de quien cuidarte. Ve a casa con tu mujer, Terry. No existe peor enemigo que un hombre con poder" asentí y salí disparado del teatro.
No necesité decirle nada a Hans, me conocía lo suficiente como para saber que si quería conservar su trabajo debía manejar rápidamente sin importar cuantas reglas de tránsito quebrantase.
En cuanto llegamos a nuestro destino, salí rápidamente del auto sin esperar a que Hans me abriera la puerta.
Atravesé el umbral de la casa, recorrí frenético con mi mirada el recibidor y vi a Candy sentada en un sillón leyendo uno de mis libros, la cual al verme, me dedicó la más hermosa de las sonrisas.
"Bienvenido a casa, mi amor" no había terminado de hablar cuando mis brazos rodearon con desesperación su espalda "¿sucedió algo?, Terry…" respiré profundamente aspirando a su vez su dulce aroma a rosas.
Me despegué ligeramente de ella, tomé sus mejillas entre mis manos y recorrí con mi mirada cada ángulo de su rostro.
Antes de responder a su pregunta, la besé en los labios.
Necesitaba hacerlo para sosegar la furia que mi encuentro con Loyd, provocó.
"Tuve un altercado con Loyd"
Esta vez le conté todo. No dejé ni un detalle fuera.
Prometí no volver a ocultarle nada por muy desagradable que fuese la verdad.
Al terminar de escuchar mi relato, revisó mis nudillos preocupada.
"Estoy bien, Candy" consternada, levantó la mirada hacia mí y negó con la cabeza.
"Es mi culpa. Si tan sólo hubiese sido honesta con Loyd desde el principio, si le hubiese confesado que no lo amaba como él creía, quizás no estaríamos teniendo esta dificultad ahora" molesto, tomé su rostro entre mis manos y la obligué a que me viera a la cara.
"No te culpes por la locura de ese sujeto, mi amor. Me alegro que pase ahora. No quiero ni imaginar lo que te habría hecho si le hubieses dicho la verdad antes que volviéramos a reencontrarnos. Afrontaremos esto juntos. No permitiré que nada te pase. Eres mi vida entera" sin alejar mis manos de su rostro, pegué mi frente contra la suya.
"Y yo te cuidaré a ti. Si algo te pasa, no podría vivir con ello. Te amo, Terry"
La tomé entre mis brazos y me dirigí a nuestra habitación con un objetivo en mente; hacer el amor con mi esposa.
Quería olvidar el mal momento con Loyd, así como el irracional odio que al parecer nos profesa a ambos.
Por ahora, deseo enfocar mi atención en mi presente.
En Candy. Y así lo hice hasta que el agotamiento me llevó a los placeres del sueño.
Cuando abrí los ojos, vi a Candy a un lado mío observarme fijamente.
"¿Te divierte el espectáculo?" estiré mis brazos a un costado mío, aprovechando en el proceso para acariciar los glúteos desnudos de mi mujer.
"Bastante. Me gusta verte dormir. A veces me atrapo preguntándome en que estarás soñando" rodé sobre mi mismo y me coloqué sobre ella sin borrar de mi rostro la sonrisa que sólo ella es capaz de provocar.
Acerqué mi rostro al suyo y acaricié la punta de su nariz con la mía.
"¿De verdad no lo sabes? Tu eres dueña de todo mi ser. En mi corazón, en mi alma y en mi mente, sólo habitas tú. Nadie más" me sonrió.
Besó mis mejillas, mis labios, y al tiempo que colocaba sus manos sobre mi nuca, me dijo que comparte mi sentir.
Al parecer somos esclavos y amos del corazón de la persona que amamos con todo nuestro ser.
"¿Albert ya está en Nueva York?" pregunté mientras terminaba de beber la infusión de mi desayuno.
"Llegó ayer por la tarde. Pasó a verme al hospital antes de ir con tu hermana. El pobre es un manojo de nervios. Lo veo tan feliz con la expectativa de su boda, Terry. Jamás lo he visto con este nivel de alegría. Me siento muy dichosa por él" asentí.
"Necesitamos empezar a preparar nuestro equipaje. Partimos a Chicago en las primeras horas de mañana" espeté emocionado.
Nada me hacía más feliz que compartir uno de los momentos más felices en la vida de mi hermana y mi mejor amigo.
Absolutamente nada mancillará la felicidad que los días venideros nos aguardan.
No lo permitiré.
Continuará...
Notas de la autora.
Espero que el capítulo haya sido de su agrado. Les mando besos y las insto a que sean cuidadosas con este virus nuevo. Espero no tardarme demasiado en actualizar. Agradezco a aquellas que por mensajes me han preguntado e inspirado a seguir adelante. Saludos!
