XVIII

Cuando al fin sus pies tocaron el suelo, Draco sintió que volvió a respirar luego de haber pasado veinte años sin aire. La bruja frente a él estaba tan pálida como él mismo debía estarlo y no la rechazó cuando ella lo envolvió en un abrazo casi doloroso, devolvió el gesto y cerró los ojos para disfrutar del contacto y sentir cómo la adrenalina recorría su cuerpo aún.

El sonido de las olas chocando contra las piedras al final del acantilado donde resultó que estaban parados era lo único que interrumpía la quietud del lugar.

Pero entonces ocurrió, pasos a su costado y la molesta sensación de estar siendo observado. Antes de que decidiera soltarse del abrazo de Granger, oyó un carraspeo. Se soltaron tan rápido ambos y apuntaron con sus varitas al intruso que debían haber figurado en un libro de records.

"Mis niños, los estaba esperando. Imagino que han pasado por un momento peculiar. ¿Alguno quiere un caramelo de limón?".

El corazón de Draco se paralizó. Sintió cómo su sangre abandonaba su cerebro y sus pulmones pedían por oxígeno porque había dejado de respirar. Frente a él, los mismos ojos azules que lo habían mirado afablemente seis meses atrás le devolvían la vista ahora con la mano extendida ofreciendo dos caramelos.

"Sé que todo es un poco confuso" Dijo Dumbledore con una pequeña sonrisa culpable. "Prometo explicarles una vez que estemos seguros. ¿Quisieran acompañarme?".

Al parecer, Granger también se había quedado de piedra porque no decía ni una palabra, él no quería apartar los ojos de la figura imposible frente a él por lo que no podía ver qué expresión tenía ella. Pero la estupefacción de la chica no duró mucho tiempo.

"Él mató a Harry" Susurró.

Los ojos del anciano se abrieron de par en par y miró a la morena en silencio durante unos segundos, procesando la información.

"Podemos hablar adentro" Insistió. "Señor Malfoy, señorita Granger, si son tan amables de acompañarme".

No esperó que lo siguieran, se giró y se puso en marcha hacia la pradera que se extendía delante de él. Draco tenía los pies clavados al suelo, no podía dar un solo paso por más que su cerebro le ordenaba a sus piernas que se movieran. La mano suave y pequeña de la chica entrelazándose con la suya hicieron que finalmente apartara la vista de la espalda del hombre y le pusiera atención a ella.

"Vamos" Le susurró.

Él quería negarse, quería soltarse de ella, quería gritar, quería respuestas, quería... Quería desaparecer. Sus pies, traidoramente aliados a Granger, se movieron al mismo ritmo que ella. Su mente estaba repleta de preguntas. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

El anciano que ya estaba bastante alejado de ellos, los esperó pacientemente hasta que llegaran a él. Una vez que estuvieron a una distancia prudencial realizó una floritura con la varita que Draco reconoció como un hechizo de silencio.

"La guarida de Albus Dumbledore está en Cabo Beachy frente al Faro de la Esperanza".

El chico frunció el ceño. ¿Qué rayos? Repitió mentalmente lo que el mago acababa de decir. Su jadeo siguió al de Granger cuando de repente en el espacio vacío frente a ellos comenzó a emerger una pequeña casa de campo en forma de hongo, con las paredes llenas de humedad y una malgastada puerta de madera que al parecer alguna vez había sido de color amarillo y ahora estaba completamente manchada con algo similar al musgo.

Dumbledore abrió la puerta y los invitó a pasar con un gesto de la mano. "Entren rápido, por favor".

La primera en cruzar el umbral fue Granger, que al tenerlo sujeto de la mano lo obligó a él a hacer lo mismo. La puerta se cerró detrás suyo cuando el anciano entró. Adentro, parecía que un huracán había pasado por allí dejando todo desordenado. Sobre lo que parecía una alfombra felpuda de color rosa chirriante, había un sofá de color verde raído con almohadones naranjas y un sillón individual de color rojo. En frente una mesita de vidrio llena de pergaminos, libros, tazas sucias y cucharillas, también un frasco de cristal repleto de caramelos. Las paredes estaban llenas de libros de todos los tamaños y colores. Había un enorme retrato al óleo de una niña rubia que contemplaba la habitación con expresión dulce y ausente, era lo que más llamaba la atención y lo único que parecía cuidado en toda la sala.

Dumbledore movió la varita para que los papeles y libros que estaban sobre el sofá volaran hasta una mesa al costado de la sala que estaba tan desordenada y llena de cosas como toda la habitación. El anciano tomó asiento y los invitó a ellos a hacer lo mismo.

"¿Un caramelo de limón?" Volvió a ofrecer con el frasco extendido. Draco no contestó, la chica aceptó uno posiblemente por educación. "Sé que tienen muchas preguntas y prometo contestar a todas. Veo señorita Granger que ya sabe de su orig..."

"Harry está muerto". Lo cortó ella.

Draco pudo sentir con más fuerza la incomodidad en el aire. El anciano carraspeó. "Es una noticia muy desafortunada".

Lo comentó como si hablara del clima y Draco abrió enormemente los ojos. Se suponía que Harry Potter era el salvador del mundo mágico, el niño que vivió, el que debía derrotar al Señor Tenebroso, su padre había repetido tantas veces la profecía que él se la sabía de memoria. Que el único que podía derrotar al Lord estuviera muerto era una tragedia tremenda, significaba el fin de la guerra y la victoria de la oscuridad. De repente no podía respirar.

"¿Perdón?" Murmuró Granger con la voz más aguda. "¿La muerte de Harry le parece una... Noticia desafortunada?".

El anciano sonrió un poco y abrió la boca para contestar. Pero entonces la puerta de la entrada se abrió con un estruendo y ambos chicos saltaron en su lugar. La alta figura de Snape se adentró en la sala con grandes zancadas y su túnica negra ondeando tras él.

"Potter está muerto" Bramó.

La sonrisa del ex director se ensanchó más. "Creo que llegas un poco tarde Severus".

El profesor miró al sofá y se encontró con los dos chicos sentados incómodamente. No les prestó atención y volvió su mirada al anciano.

"El Señor Tenebroso está delirante de felicidad, ha perdido el juicio. Quiere ofrecer una fiesta para la crema y nata de la sociedad. Convocará a todos sus mortífagos esta noche para celebrarlo en la mansión Malfoy".

El anciano lo miró largamente. "Es lo que cualquiera con una buena noticia querría hacer".

"¿¡Una buena noticia?!" Gritó Snape. "¡Potter está MUERTO!".

La afirmación tan cruda en los labios de su padrino hizo que un latigazo de ansiedad cruzara su pecho y las náuseas se formaron en su garganta. A su lado Granger jadeó ante las palabras del hombre y se removió en el sofá.

"¿Quién se ha ocupado del cuerpo?" Preguntó Dumbledore tranquilamente.

Snape se pasó las manos por el pelo. "Tal vez los aurores, tal vez Minerva. No pude quedarme a tomar el té al lado del maldito cadáver".

"Era algo que debía ocurrir tarde o temprano. ¿Un poco de té?" Dijo el anciano conjurando una tetera y cuatro tazas.

"¿Qué?" Murmuró Granger parpadeando como un búho.

"¿A qué se refiere?" Preguntó el profesor a su vez.

Dumbledore suspiró. "La noche en que Lord Voldemort intentó matar a Harry, cuando Lily, actuando como un escudo humano, dió su vida por él, la maldición asesina rebotó contra el Señor Tenebroso y un fragmento del alma de éste se separó del resto y se adhirió a la única alma viva que quedaba en aquella casa en ruinas. Es decir, que una parte de Lord Voldemort vivía dentro de Harry, y eso es lo que le confería el don de hablar con las serpientes y una conexión con la mente del Señor Oscuro, circunstancia que él nunca ha entendido. Y mientras ese fragmento de alma, que Tom no echa de menos, permaneciera adherido a Harry y protegido por él, el Señor Tenebroso no podía morir".

El silencio que hizo la habitación era asfixiante, el aire podía cortarse con un cuchillo e incluso el sonido del reloj en una de las paredes parecía ser demasiado estruendoso para ese momento.

"¿Lo protegimos todos estos años para que muriera?". Preguntó Snape con el rostro deformado en una mueca de incredulidad.

"Para que Lord Voldemort lo matara".

La marca de Draco estaba lanzando descargas de magia a sus venas cada vez que el anciano repetía el nombre del Lord. Vió que Granger también se apretaba suavemente el brazo izquierdo contra la ropa y supo que ella también lo estaba sintiendo. Buscó disimuladamente su mano a su lado y cuando ella se percató, enredó uno de sus dedos con el de él. Sabía que los mortífagos no podrían acudir porque estaban en un lugar bajo el encantamiento fidelio, pero aún así era bastante incómodo.

"Ha criado al chico como quien cría un cerdo para llevarlo al matadero". Reclamó Snape.

El anciano suspiró. "La guerra tiene bajas, algunas completamente injustas y otras necesarias".

Granger se encorvó en su asiento. "¿Está diciendo que Harry debía morir? ¿Pero qué hay de la profecía? Decía que solo él podía terminar con el Señor Tenebroso".

Ambos hombres la miraron, el anciano con una expresión culpable y el profesor con los ojos entrecerrados.

"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca" Recitó Dumbledore. "Uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida".

"¡Exactamente!" Exclamó ella. El profesor gruñó en acuerdo con la chica.

"Voldemort creó horrocruxes para hacerse inmortal, dividió su alma y colocó los fragmentos en seis objetos diferentes, pero no contó con que cuando asesinó a Lily Potter, uno de los horrocruxes sería Harry. De hecho, posiblemente aún no lo sepa".

"¿Pero eso qué significa?" Preguntó nuevamente la chica con la voz quebrada. "El horrocrux más importante se destruyó, pero aún quedan más por ahí escondidos. El Señor Tenebroso sigue siendo inmortal".

"Es verdad señorita Granger, quedan aún algunos que destruir. Lastimosamente no ha sido respetado el orden, el último en caer debía haber sido Harry. Ahora, por el momento, el diario de Tom, el anillo de los Gaunt y Harry Potter han sido destruidos. Aún falta destruir el guardapelo de Slytherin, a Nagini la serpiente de Voldemort y hallar los demás objetos que aún no sabemos qué son. Recién en ese momento podremos cantar una victoria completa, ahora solo es parcial".

Era escalofriante la manera en la que el anciano hablaba de la muerte de Potter como si fuera solo una jugada más en el tablero de ajedrez, solo un alfil comiendo a un caballo en una jugada necesaria para llegar al jaque. Era increíble para Draco, como se parecía al Lord Tenebroso sentado en su trono en la sala principal de Malfoy Manor ordenando asesinatos y jugadas contra Dumbledore, quien ahora se sentaba tranquilamente con las piernas cruzadas y las manos juntas vistiendo una túnica aguamarina con pequeños peces plateados.

"¿Cómo piensa encontrar los demás objetos?" Preguntó Snape condescendiente.

La sonrisa que iluminó el rostro del anciano hizo que un sudor frío le bajara por la espalda, Granger debió haber sentido lo mismo porque le apretó el dedo que tenía atrapado con el de ella.

"Ahí es donde, dadas las circunstancias de los recientes acontecimientos, necesitaré la ayuda de la señorita Granger y el señor Malfoy".

"NO" Rugió Snape. "¡No hará eso, Dumbledore!".

"Severus" Dijo el anciano en tono de súplica.

"¡No!" Volvió a decir el hombre. "¡La ha protegido todo este tiempo, ha prometido... Usted ha prometido que ella estaría a salvo, se lo ha prometido a Bella! ¡Me lo prometió a mí!".

Granger tenía toda su mano sosteniendo la de él y había activado la afinidad que compartían, por lo que Draco podía sentir toda la ansiedad y la tensión de ella corriendo por sus venas.

"A veces en la guerra uno debe hacer sacrificios para..."

"¡Bella no lo permitirá!" Exclamó Snape dando tumbos alrededor de Dumbledore.

"¿Crees que ella preferiría tener a su hija apartada de sí nuevamente? ¿Esta vez con Voldemort sabiendo de su existencia? ¿Siendo perseguida siempre por él y sus mortífagos? ¿Y tú Severus? ¿A ti te gust..."

"¡Basta!" Gritó el profesor.

El carraspeo de Granger hizo que todos los ojos se posaran en ella. "¿No creen que quien debería decidir sobre mí misma soy yo?".

Draco escuchó como Snape murmuraba "Niña tonta" por lo bajo. A Dumbledore en cambio le brillaban tanto los ojos que bien podrían usarse como adornos de Navidad.

"¡Ese es el espíritu de Gryffindor!" Exclamó el anciano.

Draco entrecerró los ojos. ¿Aún ahora seguirian mintiéndole a Granger?

"No soy una gryffindor" Murmuró la chica. "Soy de Slytherin, como mi madre".

Los ojos de Snape se abrieron en sorpresa y Draco podía apostar que una de sus comisuras se había levantado en una pequeña sonrisa.

"Bueno, sí" Dijo el anciano. "Era necesario ocultar su identidad, señorita Granger".

"Y tenerme cerca de Harry" Dijo ella. "¿Qué mejor jugada que la hija del Señor Oscuro siendo mejor amiga del salvador?" Los labios del ex director se curvaron en una mueca extraña y sus ojos se volvieron serios. "Para usted todo es un juego de ajedrez, donde las vidas humanas son piezas a sacrificar para alcanzar la victoria".

Draco asintió en su lugar. Ella había pensado lo mismo que él acerca de la forma de actuar de Dumbledore.

"¿Me lo pensaba contar alguna vez?" Siguió ella reclamando. "En su testamento dijo que nos heredaba su casa a Harry y a mí. ¿Qué esperaba, señor? Que una vez que Harry muriera luego de destruir todos los horrocruxes yo descubriera sabe Dios cómo que el guardián del Fidelio era el profesor Snape y viniera a tomar el té con usted para que me diga la verdad sobre mis orígenes? ¿Cuál era el plan?".

Los dedos de ella lanzaban chispas azules y al estar tomados de las manos y compartir afinidad, las chispas también salían de los dedos de Draco. Él vió que ni Dumbledore ni Snape perdieron detalle de lo que pasaba. Quiso apartar su mano de la de ella ante el escrutinio pero ella lo tenía tan fuertemente agarrado que sería imposible apartarse sin estironear la mano.

Los ojos del anciano se apagaron como si tuviera una gran carga sobre sus hombros. "Yo confiaba en que usted, señorita Granger, fuera la cabeza pensante del trío. Sabía que podía proteger a Harry de sí mismo, de su temperamento, de la intrusión de Voldemort en su mente. Suponía que siendo de las mejores brujas de su generación podría crear un ardid para hacerse con todos los horrocruxes y destruirlos. Su mente es herencia de dos de las mejores mentes pensantes que han pasado por Hogwarts, usted siempre fue en todos estos años quien salvó a Harry de sí mismo y de las circunstancias cada vez y yo confiaba en que volvería a ser así esta vez".

La chica tenía el ceño tan fruncido que probablemente le estuviera causando dolor. "¿Dos de las mejores mentes? ¿Quién es mi padre? ¿Es el señor Tenebroso?".

Snape se removió en su asiento y Dumbledore titubeó un poco antes de responder. "Creo que eso es algo que debería preguntarle a su madre. Yo no podría darle esa información sin..."

La chica bufó. "¿Ahora será cuidadoso y respetará a los demás?". El anciano no contestó, solamente bajó la vista a su regazo y se veía como un niño al que acababan de reprender.

Granger finalmente soltó su mano y Draco se sintió un poco más aliviado al no sentir la ira de ella recorriendole las venas. La bruja extendió el brazo izquierdo y se levantó la manga de la túnica dejando al descubierto la marca tenebrosa que le había salido, ya sin vendajes que la cubrieran.

"¿Qué cree que sea esto, director?" Reclamó. "¿Esto también estaba en sus planes?".

Los ojos azules de Dumbledore se abrieron impresionados mientras que los de Snape se entrecerraron con la vista fija en la marca. El anciano se acercó a la morena y le tomó la muñeca. Pasó sus dedos alrededor y encima de la cicatriz que finalmente había quedado de un color negro con la piel enrojecida en toda la zona.

"Asombroso" Murmuró. "Será de mucha ayuda".

Draco hizo una mueca de desagrado.

"¿Soy hija de él?" Preguntó de nuevo la chica pero su tono enérgico de hace unos segundos había cambiado completamente a uno suave y lastimero.

"Me temo señorita Granger que por más que insista no podré develarle esa información, tendrá que hablar con su madre para saber la verdad".

La bruja suspiró y recostó la espalda contra el sofá.

Se hizo un silencio que solo era roto por el sonido a lo lejos de las olas chocando contra las rocas abajo en el acantilado y el segundero del reloj siguiendo su curso ignorando a la habitación.

Finalmente, juntando valor en el silencio, Draco se animó a hacer la pregunta que le carcomía por dentro desde que había visto a Dumbledore cuando llegó.

"¿Cómo es posible que siga vivo? Yo lo vi morir".

El director lo miró como si acabara de descubrir que él también estaba allí.

"Querido Draco" Comenzó. "Lo que viste fue al profesor Snape quien tiene una excelente puntería lanzandome la maldición asesina a mí que estaba con los brazos abiertos en una perspectiva ideal".

"¿Quiere decir que eso significa que la maldición nunca lo tocó?"

"¡Exactamente muchacho! La maldición solo pasó bajo mi brazo y me lancé al vacío para dar la impresión de que había sido golpeado por ella". Rió un poco como si acabara de contar algo absurdamente divertido.

"¿Cómo puede seguir vivo aún así? Se lanzó al vacío, como siete pisos..."

"Bueno, puedo decir que tengo mis cualidades especiales". Dijo el anciano sin explicar nada más.

"Pero mi tía Bellatrix...".

"Quemó un cuerpo y llevó una prueba" Dijo extendiendo la mano ennegracida donde la cicatriz de haber llevado un anillo en el dedo anular era bastante obvia.

"Pero ella..." Insistió Draco.

"¿Ella traicionó sus principios? ¿Traicionó a Voldemort? ¿Realmente crees eso muchacho? No todos son lo que dicen que son y no todas las lealtades están donde uno jura que están".

Aquella era mucha información que procesar. Una cosa era Granger diciéndole que había leído en el diario de su tía que tenía ideas sobre desertar y otra cosa era saber por boca del mismísimo Albus Dumbledore que Bellatrix era realmente una traidora. ¿Pero realmente era una? ¿Cuáles eran sus principios? ¿Cuáles eran los de él mismo?

"¿Por qué se escondió todo este tiempo? ¿Con qué finalidad?" Preguntó la chica.

Dumbledore volvió a suspirar. "Hacer creer al enemigo que está ganando hace que se relaje, que cometa errores, lo vuelve débil y es más fácil atacarlo cuando ha bajado la guardia".

Draco bufó. La vida no podía ser manejada por hilos desde la altura como si uno solo fuera un titiritero que manipulaba cada movimiento y cada acción.

"¿Qué plan tiene ahora?" Preguntó la chica. "¿Y qué le hace creer que esta vez sí funcionará?".

El anciano volvió a sonreír y Draco perdió la cuenta de cuántas veces le habían cambiado las expresiones desde que lo vieron.

"Severus no dejará que fracasen, Bellatrix tampoco".

Snape gruñó. "Bella ni siquiera permitirá que su majestuoso plan se lleve a cabo".

Como si hubiera sido llamada, la puerta sonó con tres golpes rápidos y se abrió de par en par casi con la misma fuerza con la que Snape la había abierto al llegar. Los tacones retumbaron contra el suelo de madera y de repente Bellatrix miraba la pequeña reunión con los ojos oscuros abiertos en pánico.

¿Su tía Bellatrix también era guardiana del fidelio de Dumbledore?

Cruzó la pequeña sala como un bólido y estrechó entre sus brazos a Granger quien se había quedado petrificada ante la muestra de afecto. Snape, quien estaba justo en frente y dentro del campo visual de la chica, entrecerró los ojos y los orificios de su nariz aletearon en un claro gesto que gritaba «devuélvele el maldito abrazo». Gracias a Merlín la chica pareció entender lo que el profesor quería decir y cerró los brazos alrededor de su madre quien la estrechó con más fuerza.

Apenas Bellatrix soltó a Granger, giró para darle un fuerte abrazo a Draco quien palmeó torpemente la espalda de su tía.

"Pensé que no habría salida" Murmuró la mujer una vez que se apartó.

Granger carraspeó suavemente. "Lamentamos no haber desaparecido a tiempo, íbamos a hacerlo pero..."

"Está bien" Contestó Bella. "Tampoco tuvieron mucho tiempo. Todo ocurrió muy rápido".

La morena asintió y no dijo nada más.

"El Lord ha ido a Albania" Informó la mujer mirando a Dumbledore por primera vez. "Pero antes ha ordenado a unos veinte mortífagos que barran con toda Gran Bretaña para encontrar a Hermione y Draco". Tomó la mano de la chica entre las suyas y el rubio vió como ella correspondía con un apretón.

"¿Sabes para qué fue a Albania?". Preguntó Dumbledore.

"Dijo que buscaría unos objetos importantes para que los guardara en mi cámara de Gringotts".

El anciano asintió. "Está siendo precavido, probablemente sintió alguna pérdida cuando mató a Harry. Apenas tengas esos objetos, tráemelos antes de guardarlos en Gringotts, probablemente sea lo que estamos buscando".

La bruja asintió ante el pedido y Draco se sorprendió ante esta personalidad de su tía que mostraba tan tranquilamente frente a Dumbledore y Snape. Generalmente la mujer era temperamental, actuaba como una loca, pegaba grititos agudos de vez en cuándo y todo lo que se decía le parecía un chiste. Pero ahora se mostraba tan serena y ubicada, como cuando la veía hablar con su madre en su habitación, era como si fuera otra persona, como si hubiera colgado el traje de histérica en el clóset antes de entrar a la sala.

"Aprovechando esta reunión familiar" Sonrió el anciano. Snape a su lado gruñó y la espalda de Bellatrix se enderezó ante la mención. "Hay algunas cosas que deberíamos discutir".

Ante el silencio que siguió a la declaración del mago, emprendió su propuesta como quien informaba que se había comprado una prenda de ropa nueva.

"Severus me ha puesto al día acerca de los planes de Voldemort" Se giró hacia ambos chicos en el sofá. "Hace 18 años Tom obligó a Bellatrix a darle un hijo para poder criarlo y usar el cuerpo del niño para él. Como es sabido, la creación de un horrocrux parte el alma para que pueda ser resucitada, pero la creación de varios horrocruxes confiere la inmortalidad y conlleva no solo la disminución de la humanidad sino que la desfiguración física. Él tenía planes de utilizar el cuerpo del niño cuando tuviera capacidad mágica así él sería un nuevo hombre, proveniente de una de las mejores familias sangrepura de Inglaterra".

Draco se removió en su asiento, eso era asqueroso. ¿Usaría a su propio hijo para perpetuarse? Todo el asunto le daba náuseas.

Bellatrix tomó la palabra para continuar con el relato, tenía las manos juntas sobre su regazo y los ojos fijos en sus dedos entrelazados, el rubio no recordaba haber visto a su tía tan sumisa antes.

"Cuando él dijo que quería un hijo yo me sentí tan afortunada de que mi Señor me hubiera elegido a mí entre todas las mujeres para ser quien le diera un heredero. Por supuesto no sabía cuáles serían sus planes, hasta que los descubrí unos meses después cuando Severus..."

La voz se le quebró y Dumbledore sonrió un poco. "Severus fue quien advirtió a Bellatrix sobre las intenciones de Lord Voldemort, él tampoco estaba de acuerdo con algunas decisiones de Tom referente a otras personas que apreciaba. Así que Bellatrix no tuvo otra opción que poner a salvo a su hija, me entregó a la niña y yo busqué en hospitales muggles a alguna familia que acabara de perder a un bebé, así fue como encontré a los Granger. Bellatrix fue muy categórica en que debía mantenerla a salvo, así que eso hice, la mantuve a salvo incluso de ella misma. Borré todo rastro que pudiera unirla a sus padres biológicos para que Voldemort no la encontrara, eso incluyó hacer que se pareciera a sus padres adoptivos".

La chica escuchaba atentamente cada palabra que salía de boca del anciano. Bellatrix seguía mirando sus manos, Draco pensaba que posiblemente se sintiera culpable, mientras que Snape estaba tan tenso en su lugar que parecía una vara a punto de quebrarse.

El rubio vió como Granger deslizó una de sus manos al regazo de Bellatrix y estrechó la mano de la bruja. Los ojos de la mujer se abrieron sorprendidos y se aguaron ante el gesto. Draco suspiró, incluso Snape suspiró. Aquella era una buena señal.

"Ahora bien" Dijo Dumbledore sonriendo ante el intercambio de afecto. "Voldemort se ha enterado de la existencia de Hermione, cree que Bellatrix no sabía de su muerte y que fue Draco quien descubrió la verdad por casualidad. Ha visto disponible nuevamente su plan de poseer un cuerpo".

"¿Qué?" Preguntaron Draco y la chica a la vez.

"Cuando Bellatrix estaba embarazada, Lord Voldemort la obligó a firmar un contrato de sangre, donde comprometía a su hijo varón -quien próximamente sería él mismo- con la futura hija de los Malfoy".

"¿Qué rayos?" Preguntó Draco.

"Oh Merlín" Susurró Granger mirándolo directamente a él a los ojos. ¿Qué? ¿Ahora resultaba que él tenía una hermana?

"El contrato sigue vigente" Explicó Dumbledore. "Ya que no se especifica el género de los hijos de cada familia. Así que por un contrato de sangre ambos están comprometidos".

¿Qué mierda acababa de decir?

Draco sintió cómo bajaba su nivel de azúcar en sangre y empezó a sentirse mareado, se sentía sofocado y las náuseas habían aumentado. ¿Granger era su prima y a la vez su... Prometida? Eso no podía estar bien, sabía que era normal que en familias sangrepura se comprometieran entre primos. Lucius le había hablado varias veces de Astoria, la menor de los Greengrass, que era su prima en cuarto grado, e incluso él había pensado en Pansy Parkinson que estaba emparentada con los Black por parte de su madre. ¿Pero una prima en primer grado? ¿Eso siquiera era legal?

"Fueron comprometidos para que Tom tuviera descendencia y perpetuara su legado. Pero dadas las circunstancias, ahora él quiere que su compromiso se haga efectivo para que procreen un niño que él pueda usar como su plan primerizo, que crezca lo suficiente para ocupar su cuerpo".

Draco abrió mucho los ojos. ¡Un hijo suyo! ¡Utilizado por el Señor Tenebroso! ¡El Lord como su hijo! Estaba seguro que estaba poniéndose más y más verde con los segundos que pasaban.

"Claro que eso no sucederá" Los tranquilizó Bellatrix. Snape carraspeó y la bruja lo miró. "¿Qué? ¿Qué sucede?".

"Mi querida Bella" Murmuró Dumbledore. "Creo que deberías pensar mejor antes de decidir por tu hija, además ya ha crecido y es mayor y es ella quien debería decidir por su destino".

Granger saltó en su asiento. "¿Qué le hace pensar que por algún motivo yo querría darle a mi hipotético hijo a ese psicópata?".

"Estamos en guerra, señorita Granger" Dumbledore clavó sus ojos azules en los de ella. "Uno elige qué hacer, si luchar o escapar, no hay muchas más opciones. ¿Prefiere vivir escapando siempre de Voldemort, sin poder salir, sin poder vivir? ¿O prefiere ser una pieza activa para derrotarlo?"

"¿Cómo podría derrotarlo una niña?" Cuestionó Bellatrix poniéndose de pie. Draco volvía a ver a su tía histérica en su forma de moverse y reclamar. "Son dos niños que pretende poner en la boca del lobo".

Dumbledore procedió a explicarle a Bellatrix que la guerra no era un cuento de hadas y en realidad nunca estaría a salvo si se mantenía escondida y nunca llegaría lo suficientemente lejos para escapar realmente del Señor Oscuro.

Mientras los tres adultos discutían, Granger lo miró directamente a los ojos de nuevo. Draco se sintió intimidado ante los ojos negros brillantes que parecían calar su alma pero no bajó la mirada, se la sostuvo con la misma intensidad. Entonces ella estiró el brazo y entrelazó sus dedos, un gesto que se había hecho cotidiano. La afinidad entre ellos floreció y la magia fluyó libremente, compartiendo sensaciones y sentimientos. Podía sentir que ella estaba angustiada, temerosa y triste. Él trató de infundirle un poco de calma y seguridad, intentó controlar su mente para hacerla sentir mejor, por más que él no supiera de dónde sacar esos sentimientos.

Entonces sucedió. La voz de Granger resonando en su mente sin que ella moviera los labios. La escuchó tan fuerte y claro como si le hubiera hablado en el oído. «¿Qué piensas tú?». Draco jadeó ante la intrusión en su mente. ¿Cómo había hecho eso? ¿Él podía hacerlo también? ¿Estaba ella leyendo sus pensamientos?

Pero ella no reaccionó ante la catarata de preguntas que se le agolpaban en la mente, por lo que llegó a la conclusión de que ella había una dado una orden directa a su cerebro para transmitir el mensaje por medio de la afinidad.

«¿Granger?»

La chica jadeó y se removió en su asiento, él supo que había funcionado. Los adultos pusieron su atención en ella quien se sonrojó ante el escrutinio.

"¿Qué es lo que tiene en mente?" Preguntó la chica a Dumbledore.

El anciano carraspeó. "Seguirle el juego a Voldemort, darle la hija que quiere, casada con el muchacho que eligió para procrear a su nuevo cuerpo. Estar tan cerca de él, lo suficiente para conocer sus debilidades, asi poder encontrar los horrocruxes y destruirlos, y finalmente acabar con él".

"¡Es una locura!" Exclamó Bellatrix. "¡No es necesario exponerlos de esa manera! El señor Oscuro confía en Snape, confía en mí, podemos descubrir por nosotros mismos dónde..."

"¿Realmente crees que aún confía en ti, Bella?" Preguntó el mago. "Le has ocultado información sobre tu hija durante unos días, él lo tomará como traición por más que no te lo haya dicho. Tampoco confía en Severus, sospecha hace tiempo que es mi espía y no es algo que vaya a superar de la noche a la mañana. Jamás hablará con ustedes".

"Dumbledore" Empezó Snape. "Es de sus planes más descabellados y ridículos. Quiere poner en la boca del lobo a dos críos que apenas pueden cerrar su mente".

"Yo soy experto en oclumancia" Saltó a aclarar el rubio. "Granger puede aprender, es muy capaz".

La chica asintió enérgicamente y Draco se dió cuenta que aquello parecía como si estuviera dando su consentimiento ante el plan del viejo chiflado. Maldita sea. Él no estaba de acuerdo con esa estupidez. ¿Casarse con Granger y darle un hijo al Señor Oscuro? Era una locura, por más que tuviera un doble fondo para derrotarlo. Nada le garantizaba que fuera a funcionar.

"Por supuesto que la señorita Granger es capaz" Declaró Dumbledore. "Bellatrix puede enseñarle, ¿No querida?" No le dió tiempo a contestar y siguió hablando. "Además, eso te aseguraría la compañía de tu hija, Bella. Ella estaría siempre bajo tus alas y sé que te encargarás de que nada malo le pase. Si estuviera lejos en cambio, no podrías verla seguido y se perderían la oportunidad de formar un vínculo".

La bruja no contestó pero Malfoy pudo ver a Granger poner esa cara que ponía en Aritmancia cuando trataba de resolver un problema y que él conocía tan bien.

"Y tú, Draco" Continuó el anciano. "Al casarte con la flamante hija de Voldemort te ganarás un lugar especial con él, podrás volver a poner en alto el apellido de tu familia entre los mortífagos y tus padres dejarán de sufrir sus intimidaciones. Podrías incluso sacar a tu madre de la mansión y ponerla en un lugar seguro donde él ni nadie más puedan encontrarla".

El rubio frunció el ceño. Sacar a su madre de la mansión sonaba tentador. Él haría cualquier cosa por su madre, cualquier cosa por su seguridad. Todo lo que quería era mantenerla alejada de aquellos imbéciles, de toda esa basura que acababa con ella cada vez más.

Granger lo miró con sus grandes ojos oscuros llenos de decisión, él supo que ella había aceptado porque la duda ya no rondaba sus facciones. ¿Qué haría él? ¿Diría que sí? ¿Se negaría? ¿Sacrificaría su futuro por el bienestar de su madre?

"Creo que podría funcionar" Murmuró ella.

Ahí tenía la respuesta que necesitaba. "Estoy de acuerdo con Granger".

La flamante sonrisa de Dumbledore podía alumbrar toda una habitación en penumbras, mientras que los rostros lúgubres de Snape y Bellatrix podían ser lienzos en un panteón.

"Tenemos una semana" Dijo el anciano. "Bella, querida, deberás hacerte de tiempo para darle lecciones de oclumancia a Hermione. En una semana los mortífagos darán con ellos y los llevarán ante Lord Voldemort, donde ambos le jurarán lealtad y tomarán sus votos de compromiso como es voluntad de él".

Draco sintió que su estómago se revolvía. Se obligó a pensar en la libertad de su madre. Además, no estaría casado con Millicent Bulstrode, sería Hermione Granger, la chica que lo traía de cabeza y de la que estaba enamorándose sin poder evitarlo por más que fuera su prima. Ahora sería su esposa y aunque eso era saltarse cien casilleros de una vez, tampoco era una idea tan mala.

Hablaron unos minutos más sobre los detalles del plan. Dumbledore parecía haberlo pensado desde que se había enterado de que el señor Tenebroso supo de la existencia de su hija, o incluso mucho antes. Draco recordó las palabras de McGonagall diciendo que había sido «Albus» a quien se le había ocurrido acercarlos a él y a Granger. El viejo era un zorro manipulador y ellos parecían estar cayendo directamente en lo que él había orquestado.

Snape y Bellatrix finalmente colaboraron con algunos comentarios para terminar discutiendo fervientemente sobre el mejor plan de acción. Cuando tuvieron que marcharse porque se habían quedado por demasiado tiempo y llamarían la atención en la mansión, Draco se despidió de su padrino quien le dió un pequeño pero sentido abrazo, y de su tía quien volvió a estrecharlo entre sus brazos.

"Volveré mañana" Les dijo a él y a Granger. "Traeré noticias de tu madre, Draco. También empezaremos las clases de oclumancia contigo cariño, y creo que nos debemos una gran charla".

La morena asintió ante las palabras de su madre y volvió a abrazarla una vez más antes de que se marchara. Cuando por fin ambos se fueron, solo quedó el director quien los miraba curiosamente desde su asiento.

"Es increíble que compartan esa cantidad de afinidad" Murmuró el hombre. "No se había visto magia tan fuerte desde hace un par de siglos".

Ninguno de los dos supo qué contestar a eso.

"La marca tenebrosa que llevas en el brazo parece un eco de la de Draco" Le dijo a la chica. "Les sugiero que practiquen más en controlar su afinidad, será de gran ayuda en la misión que emprenderán".

Ambos chicos asintieron. El anciano se puso de pie y se estiró, sus huesos tronaron y caminó lentamente hasta la ventana.

"Su habitación está al final de ese pasillo. Yo dormiré en Hogwarts esta noche. Todavía tengo que hablar con Minerva y enterarme de las últimas novedades. Pueden pedir comida a Dobby, el elfo doméstico de Hogwarts. También tendrán que compartir la cama ya que es una casa bastante pequeña y no hay cuarto de huéspedes. Pero supongo que no será problema, podrían ir practicando para después de la boda".

Les sonrió con los ojos brillando de diversión antes de mover su varita y ser envuelto por una nube de humo verde lima en la cual parecía haberse esfumado, pero en su lugar un fénix emergió y salió volando por la ventana.

"Oh Merlín" Murmuró Granger. "Nunca fue Fawkes, siempre fue el profesor Dumbledore".

Draco recordó al fénix del despacho de McGonagall. Con Dumbledore nunca nada era una casualidad.

Pidieron comida a Dobby, y también sus baúles de Hogwarts con ropa y el neceser para asearse. Cenaron en silencio, con pequeños comentarios acerca del desorden y la terrible combinación de colores de la casa donde parecía haberse estrellado un arcoiris.

Ella le ofreció a él usar el baño antes así que cuando terminó y fue a la habitación ordenó un poco con su varita ya que ésta estaba casi tan desordenada como la sala. La cama no era muy grande pero podrían caber perfectamente dos personas dentro. La idea de dormir con Granger hizo que lo más primitivo de él saliera a flote pero se obligó a no pensar mucho en eso. No sabía qué lado elegiria la chica para acostarse o si ni siquiera pensaba compartir la cama, así que se sentó en la orilla a esperarla a que saliera del baño.

Cuando finalmente la puerta se abrió, la chica entró con uno de aquellos endemoniados conjuntos cortos que solía usar, que no dejaban nada a la imaginación, podía verle una gran cantidad de piel y todas sus formas se distinguían perfectamente bajo la poca tela que la cubría.

El rubio carraspeó para encontrar su voz mientras la bruja se acercaba lentamente sin dejar de mirarlo. ¿Ella estaba moviendo las caderas sugerentemente o era su imaginación?

"No sabía si querrías compartir la cama. Puedo dormir en el sofá si..."

Pero ella no le dió tiempo a terminar. De repente estaba sobre él, con las piernas abiertas sobre su regazo y sus manos en sus hombros, su boca cubriendo la suya y su peso empujándolo contra la cama.

Él respondió al beso que parecía ser furioso y necesitado, intentó dominar la situación para que fuera más tranquilo y suave, pero las manos de ella recorriendo su pecho le impedían pensar correctamente, todo era solamente sensaciones e instinto.

Cuando su espalda chocó contra el colchón y la chica se removió sobre él a la vez que mordía su labio con un poco de presión, Draco ya sabía que estaba perdido, estaba completamente a merced de Hermione Granger.