LA DISTANCIA NO ESTABA AYUDANDO. De hecho, lo estaba empeorando todo. No había dejado de pensar en él. Una parte de mí, la parte estúpida que estaba afectada con su sinceridad, estaba más presente que nunca en la sensación muy cálida en mi pecho. La otra estaba debatiéndose entre visitarlo en su casa y dar rienda suelta a las ardientes fantasías que ha protagonizado los últimos días. Como dije, la distancia no está ayudando. Me sentía ansiosa cada vez que pensaba en qué estaba haciendo y luego, una nueva ola de autocuestionamientos me azotaba. No necesitaba que nadie cuestionara mi cordura ahora mismo pero Rosalie no era consciente de ello.

—No me gusta a donde está yendo todo esto. — señala la rubia con disgusto.

Me hice la desentendida. Miré fijamente hacia el cielo despejado de Forks, preguntándome una vez más donde estará y qué está haciendo Jack Lancaster. Mi prima continuó, igual de disgustada:

—No has cazado ni hablado con nadie en cuatro días. Has estado en medio de la nada, viendo pasar las horas y créeme, no te estoy juzgando por querer alejarte de la situación.

—Suena como si me estuvieras juzgando, Rose. —señale con voz sorna.

—No lo estoy haciendo. No intencionalmente.—suspira exasperada—Necesitas hablar con alguien y yo soy la persona más objetiva que encontrarás en miles de kilómetros así que habla.

Hice una mueca.

— ¿Sobre qué?

—Tu atracción hacia Jack Lancaster podría ser un buen inicio.

La mención del hombre trajo consigo el insidioso recuerdo de sus labios cálidos sobre los míos.

—Lo único que me atrae es su sangre. —murmuré entre dientes.

—Ya basta. Negar que te gusta no te ayudará a superar esta situación, Tanya. Te lo digo como tu amiga.

Sé que tiene razón, pero ¿qué más podía hacer? Quiero decir, si salía de la negación, estaría aceptando que deseo a ese hombre. Engancharme en un romance vampiro-humano no era una opción para mí.

— ¿Por qué no lo sacas de tu sistema?

Fruncí el ceño sin entender.

— ¿A qué te refieres?

—Tienes una fijación con él.

Abrí la boca para negarlo.

—No estoy diciendo que sea tu compañero, Tanya—dijo Rosalie, soltando otro suspiro exasperado—.Ya tienes suficiente de eso con Alice y Edward murmurando en los rincones. Sólo ofrezco un punto de vista distinto.

Entrecerré los ojos.

—No logro ver la diferencia ahora mismo.

—No estás enamorada, pero te gusta. De otra forma, no le hubieras permitido besarte—levantó las manos para detener mi réplica.—Como dije no estoy aquí para juzgar sino para darte otro punto de vista.

La miré fijamente, esperando su revelación.

—Soy consciente de que su apariencia física es… —busca una palabra—sugerente.

—Esa no es una forma objetiva describirlo—.murmuré entre dientes.

Rose ignora el comentario.

— ¿Has considerado que podrías sacarlo de tu cabeza si… saciaras al menos una de tus necesidades?

Me detuve un momento, intentando descifrar a que se refería. Una enorme equis color rojo apareció en mi mente seguidamente.

— ¿Su sangre o su cuerpo? ¿Desangrarlo o acostarme con él? —.la incredulidad resuena en mi voz—. ¿Eso es lo que estás proponiendo?

—No suena tan disparatado como crees. —asegura la rubia, procediendo a explicar: —Em me confesó una vez algo que percibió en Edward durante uno de sus viajes de caza. Dijo que el deseo de Edward por la sangre de Bella parecía igualar su deseo por ella. Un 50 / 50.

"¿Qué?"

—Edward no sabía qué deseaba más y eso, siendo Edward, lo atormentaba. —hizo una pausa, asegurando de tener mi atención—.En mi opinión, considerando la época de la que proviene y sus interacciones platónicas con mujeres durante su vida humana, mi hermano relacionó el deseo físico con amor de forma casi automática.

Podía ver a lo que quería llegar. Yo tenía siglos de experiencia con hombres humanos. Puedo evitar involucrarme emocionalmente con Jack si llevaba esto a mi terreno. Si no es que termino matándolo a la mitad del acto primero.

— ¿Piensas que puedo atenuar mi fijación por su sangre, si me distraigo con el sexo?

—Se idealiza lo que no se puede obtener.

Negué con la cabeza.

—No puedo imaginarme en una situación así con Jack.

En realidad sí podía, con lujo de detalles, pero llevar aquello a la práctica era una terrible idea. El problema con la lujuria y la sed es la línea borrosa que las divide. El mito de los súcubos no nació de las coincidencias; fue prueba y error. Desarrollamos ciertos "protocolos" que seguir para evitar altercados con nuestros amantes.

Omitir dichas medidas fue lo que provocó el incidente con mi último amante y me trajo a este pueblo infernal. No haberme alimentado apropiadamente debilitó las restricciones del monstruo sediento en mí. Perder la noción de mis actos por un breve instante bastó para casi matarlo. Permitirme estar en una situación similar con Jack era todavía más descabellado, considerando mi poderosa fijación por su sangre.

—Diría que su gemelo sería un buen sustituto, pero su gusto en mujeres deja mucho que desear.

Suspiré.

Aunque Zachary Lancaster no estuviera involucrado con Leah, la beta de Jacob, no me gustaba de esa forma. Era extraño considerando que son idénticos. No había interactuado lo suficiente con Zachary como para definir su personalidad pero su presencia distaba mucho de la de Jack. Zack se sentía como el océano; engañosamente sereno e incierto. Jack es más como el desierto; candente y difícil de ignorar.

—Supongo que con Jack será más efectivo pero podrías buscar a alguien con quién…

—No quiero—.rechacé la idea de inmediato. La rubia arquea una ceja, obligándome a aclarar: —No tengo cabeza para eso, Rose. No ahora mismo.

Suspira en respuesta, mirando al cielo con cierto tedio.

—De acuerdo. No quería recurrir a esto pero al parecer es necesario.—respira profundamente, cargándose de determinación: — ¿Has hablado con Edward sobre esta situación?

"¿Es un chiste?"

Mi entrometido primo había intentado acercarse un par de veces en las últimas 47 horas pero rápidamente lo mandaba por donde vino.

— ¡Es un masoquista que aprovecha cualquier oportunidad para fastidiarme! ¡Claro que no he hablado con él! —me quejé irritada—. Puedo imaginar que nunca pasaba largos periodos de tiempo lejos de Bella cuando era humana.

—Supones bien, pero no lo llamaría masoquista—replica, ganándose mí mirada incrédula. Procedió a explicarse con rapidez: —. Su cercanía con Bella facilitaba hasta cierto punto el manejo de la sed. Después de un rato, Edward se inmunizaba a su olor y su dolor decrecía exponencialmente. Podía apreciar su esencia, sin sentir la abrumadora necesidad de matarla.

"¿Qué?"

—Cuando se distanciaba de ella por largos periodos de tiempo, Edward andaba como un fantasma ansioso a pesar de que debía empezar otra vez, casi desde cero, cada vez que se encontraban—.Sonrió un poco, al parecer recordó algo divertido—.Era morbosamente divertido.

Eso explicaba porque cada vez que olía a Jack en los alrededores, mi autocontrol disminuía radicalmente. Era más difícil controlarse cuando no he estado en contacto con su esencia por días y de repente, debo lidiar con ella. Eso le daba sentido al hecho de que cuando visité su casa, casi no sentía mi garganta en llamas. Me había acostumbrado a la sensación por las horas que pasé ahí.

—Entonces, Edward tiene razón. Estar lejos de Jack lo empeora.

—No iría tan lejos como para darle la razón a Edward pero es un pueblo pequeño y el hombre en cuestión es muy insistente, Tanya—indica, jugando con las puntas de su cabello—.Además, sospecho que mientras menos contacto tengas con Jack, más enfocados en él estarán tus pensamientos.

Ese es un buen punto. No he dejado de pensar en Jack desde que salió de mí vista hasta más de cuatro días, lo cual es enfermizo y obsesivo.

Rosalie continúa, eligiendo sus palabras con cuidado:

—Edward intentó distanciarse de Bella un par de veces sin satisfacer alguna de sus fijaciones y… bueno, ya sabes cómo terminó todo.

Mi primo se obsesionó todavía más con Bella. Terminaron locamente enamorados y se convirtieron en padres de una mitad humana/mitad vampiro. Rose tiene razón. Dormir con Jack Lancaster no parece tan descabellado ahora.

—Necesito pensarlo.

—Bueno, si fuera tú, lo pensaría rápido—.la miré con las cejas arqueadas. Su respuesta vino rauda y sin contemplaciones: —Habrá una fiesta en casa esta noche y él estará ahí.

— ¿Por qué? ¿Qué se celebra?

Rosalie hace una mueca de fastidio. El cumpleaños de Nessie no se celebra hasta dentro de un mes, a menos que… los gemelos Lancaster cumplen años esta semana.

"Tiene que ser una broma."

— ¡No puede ser! ¿Quién tuvo la brillante idea?

Suspira llena de tedio. Eso fue todo lo que necesité. Sólo había una creatura en este mundo capaz de desquiciarme casi al nivel de Jack Lancaster: Alice Cullen.

— ¡Voy a matarla!

—No sé cómo lo hizo—añade Rose con resignación—. Salió la mañana siguiente a tu destierro voluntario y cuando volvió a casa dijo que auspiciaríamos la fiesta de cumpleaños de los gemelos Lancaster.

— ¿Y ustedes simplemente lo aceptaron?— me estaba preparando para blasfemar contra todos los traidores.

—Tanya, ese hombre tiene como partidarios a la mayoría de nuestra familia—. Rose masajeó su bello entrecejo, posiblemente pensando en el traidor de su compañero— ¡Te exiliaste por días y me dejaste sola contra el mundo! ¿Qué querías que hiciera?

—De acuerdo. De acuerdo. —concedí aunque la idea de verlo reavivó la ansiedad dentro de mí, intento ocultarlo con una sonrisa—.Será sólo su familia y la nuestra, entonces no hay problema, ¿cierto?

"Todo está bajo control."

Rosalie no me devolvió la sonrisa.

—No contaría con eso.


Un león de montaña y cuatro venados después, estaba tan llena que resultaba incómodo. Cuando regresé a la casa de los Cullen, supe a qué se refería la rubia. Habían humanos yendo y viniendo por el primer piso de la casa, siguiendo las instrucciones de Esme, quien a su vez, sospechaba que seguía las ordenes de Alice. La pequeña traidora no estaba a la vista pero los preparativos eran monumentales. Tenía el presentimiento que muchas personas y licántropos estarían deambulando por esta casa en un par de horas. A pesar de mi malestar, me sorprende que mi prima haya hecho tanto en tan poco tiempo.

La sala se había transformado en un salón enorme. Los muebles de la sala habían desaparecido. En cada rincón, sobre cada mesa había unos jarrones de cristal llenos de rosas, y unas plantas llenas de flores colgaban de los candelabros encendidos, haciendo un juego de luces y sombras que se repartía por todo el techo. En el extremo más alejado de la sala, estaba la pequeña orquesta afinando sus instrumentos. Detrás de la orquesta, estaba un pastel gigante, acercándose a ellos como si fuera a comerlos.

Bonito toque.

El rastro de una esencia familiar me abofetea con intensidad en cuanto empiezo a subir las escaleras. Mis piernas se mueven antes de razonarlo, llevándome a la habitación de mi prima menos favorita ahora mismo. Encontré a Alice de pie junto a la cama, con una sonrisa insultantemente feliz en su rostro.

—Hey, Tanya. Tiempo sin verte.

Ignoré su cutre intento de conversación. Mis ojos escanearon la habitación, buscando al hombre en cuestión. El chorro de agua cerrándose y el palpitar del corazón más allá de la puerta del baño, delataron su ubicación. Saber que Jack Lancaster podría estar desnudo a una puerta de mi alcance no me está ayudando a concentrarme.

— ¿Qué hace aquí? —susurré rápidamente, intentado evitar que Jack nos escuche.

—Ayer le pedí que viniera—.responde con naturalidad, alisando su vestido muy de los años 20—.Su traje necesitaba uno de otro ajuste antes de la fiesta.

—Eso no explica porque está en tu habitación—.murmuré atropelladamente.

Me mira con ojos muy abiertos.

— ¿Preferirías que estuviera en la tuya?

"Hija de…"

Entrecerré los ojos, sintiendo muchas ganas de gritar.

—Alice...

—Tanya, cálmate y escucha. Esto no terminará bien si no mantienes la calma—.susurra rápidamente.

Parpadeo, sin entender.

—Tienes que escucharlo. En serio—.enfatiza con severidad, sin darme la oportunidad de indagar—.Si dejas de lado la actitud defensiva hacia él, puede que obtengas las respuestas que buscas.

Abrí la boca, dispuesta a replicar, cuando la puerta a mis espaldas se abre lentamente. Ansiosa, lancé una mirada por encima de mi hombro. Ahí estaba Jack Lancaster, tan alto y atractivo como la última vez que lo vi, pero esta vez vestía un traje formal.

"Por todos los infiernos…"

Está vestido con un fino traje gris, camisa blanca y corbata negra. La formalidad del traje va de maravilla con la barbilla recién afeitada, rebelde cabello castaño y brillantes ojos verdes que me observan con sagacidad. El veneno inunda mi boca, pero se siente tan seca como un maldito desierto. Es realmente impresionante. Mis manos cosquillean, repentinamente ansiosas por alcanzarlo.

—Hey, Tanya—saluda con una sonrisa tensa—. Empezaba a creer que me evitarías hasta el fin de los tiempos.

Me toma un momento recomponer mi compostura y tragar el veneno. Necesité de otro para encontrar mi voz pero Alice aplaudió dos veces, llamando la atención de ambos bruscamente.

—Bien, chicos. Me retiro—anuncia mi prima, con una sonrisa enorme—.Los detalles no se corrigen solos.

—Alice…—llamé con voz anormalmente aguda, lanzándole una mirada alarmada.

Esperaba que ella reconsiderara dejarme asolas con el oficial.

—Oh, por cierto, Tanya…—por un momento pensé que pediría mi ayuda o algo, cualquier cosa que me sacara de ahí—.Dejé tu vestido sobre tu cama. No tienes que agradecerme.

Una vez dicho esto, salió de la habitación. La habitación era probablemente la más grande de la casa, Alice había lavado el cerebro de Carlisle y Esme para conseguirla, pero se sentía como una caja de zapatos con la presencia de este hombre.

Me vuelvo muy lentamente para poder enfrentarme a él. Jack no parece sorprendido por el acto de desaparición de mi prima pero la pasividad en su rostro me inquieta. Hay tensión en su cara, y reserva en sus ojos. No parece el tipo risueño que logra sacarme de mis casillas.

"Es su cumpleaños. Debería estar feliz, ¿no?", la preocupación me golpea. "¿Le había sucedido algo en mi ausencia?"

— ¿Está todo bien? —pregunto ante su silencio.

— ¿Podríamos ir al balcón y hablar ahí?—propone de repente, pasando su mano por su barbilla lisa—.No tomaré mucho de tu tiempo.

Podía percibir algo fuera de lugar en él. Curiosa y sabiendo que era una terrible idea quedarse ahí con él a solas, con una cama cercana y cuatro paredes ocultándonos del mundo, asentí y lo guíe hasta el balcón. Necesitaba tomar un poco de aire fresco de todas formas.

Una vez ahí, observé con recelo la distancia entre Jack y yo. Había poco más de un metro entre ambos. Era más de lo usual.

— ¿Y bien? ¿Sobre qué quieres hablar?

—Me preguntaba si vas a huir de Forks cada vez que nos besemos.

Crucé mis brazos, intentando lucir tranquila a pesar de su válida observación.

—Primero, no huí del pueblo. Tenía asuntos que atender personalmente—respondí con frialdad. "Además, el bosque es parte de Forks técnicamente"—. Segundo, no te des tanta importancia. No eres el centro del universo, Jack Lancaster.

—Gracias por notarlo—.murmura entre dientes.

—Y tercero, ese beso fue una debilidad del momento. —aseveré con determinación—.No volverá a ocurrir.

Coloca la mano teatralmente sobre su pecho.

— Oh, ¿eso significa que soy tu debilidad?

Ruedo los ojos, pero una sonrisa tira de mis labios. Realmente era difícil enojarse con su bufonesco coqueteo.

—Debes buscar ayuda profesional para ese oído selectivo, Jack.

— ¿Es mi oído selectivo la razón por la que te rehúsas a darme una oportunidad real?

—Es una de muchas—acepté.

—Bien. Quiero escucharlas.

"De acuerdo."

Me preparé para enumerar:

—No sé nada sobre ti, desconozco que sabes de mi familia, eres incapaz de mantenerte fuera de esta casa y entender un "NO" como respuesta.

Arquea una ceja.

— ¿Eso es todo?

— ¿Te parece poco?

Respira profundo antes de volver a hablar:

—Bueno, tienes razón en que he sido muy insistente—.concede, ganándose mi mirada desconfiada—.Por eso, he decidido no presionarte con esta cosa entre nosotros de nuevo.

De acuerdo. Esto no es lo que me esperaba.

—En realidad, quiero hablar contigo sobre la posibilidad de apaciguar tus preocupaciones y algunas de las mías. —contuve el aliento en anticipación, mientras lo veía esforzarse por decir las siguientes palabras: —No hay una base de confianza entre nosotros, pero no es impedimento para alcanzar un punto de conciliación y empezar a desarrollarla.

Arqueé una ceja ante la elección de palabras.

"—Tienes que escucharlo. En serio."

La morbosa curiosidad ataca de nuevo.

— ¿Qué tienes en mente exactamente?

—Propongo un pacto basado en reciprocidad— Hace una pausa y fija su mirada verde en mí, inquieta—. Te diré lo que quieras saber, con detalles incluidos, pero a cambio debes responder mis preguntas también.

El hecho de que mi bienestar y el de mi familia estuvieran en las manos de este hombre, quien al parecer espera establecer una conexión conmigo a través de secretos, era desconcertante. Aun así me encontré considerando su oferta. Un intercambio de información es la forma más rápida y viable en que puedo informarme sobre Jack y sus misteriosas habilidades sin recurrir a terceros o fuentes no confiables. Parece dispuesto a compartir información, pero deben existir límites para lo que vaya a compartir.

— ¿Serás completamente sincero?

—Seré tan sincero como tú lo seas.

No podía corresponder su sinceridad aunque quisiera. Tendría que mentir si indagaba algo relacionado con mi condición o mi mundo. Me disgustaba la idea de mentirle pero no podía jugar con las reglas. No podía arriesgarme a poner a todos en peligro por mi curiosidad. Si yo tengo restricciones, él también las tendrá.

— ¿Responderás a todas mis preguntas? —.insistí, incapaz de descartar la idea por completo—. ¿No intentarás desviar mi atención o evadir la conversación como en ocasiones anteriores?

Hace una mueca, delatando su incomodidad.

—Pienso que sería justo establecer qué temas son intocables antes de iniciar el intercambio de información—replica, la tensión acumulándose en sus hombros. —De esa forma, no tendremos que hablar de algo que no estamos listos para compartir.

La sospecha me arrolló. Él estaba proponiendo una salida en caso de que la conversación sea pesada o demasiado peligrosa. Es casi demasiado conveniente para mí. No pensaba quejarme por supuesto, pero tampoco podía ignorar que Jack se beneficiaba de esta cláusula de escape también.

"¿Había algo que él quería proteger de lo que yo no era consciente o estaba protegiéndose la espalda?"

—Depende de cuántos temas sean intocables para ti, Jack.

—Uno. —revela, haciendo una mueca de desagrado—.Sólo uno.

Estuve a punto de preguntar de cual se trataba pero su cuerpo exuda tensión y la forma en que su mirada se endurece en anticipación, me hace reconsiderarlo. Sea lo que sea es un tema delicado para él. Un punto blando en su cínica y confiada coraza.

"—Si dejas de lado la actitud defensiva hacia él, puede que obtengas las respuestas que buscas."

—Entiendo.

La tensión en sus hombros parece liberarse un poco, su mirada se ablanda.

— ¿Qué hay de ti? —.pregunta de vuelta, curioso—. ¿Cuántos temas son intocables para ti?

"—Seré tan sincero como tú lo seas."

No podía ser completamente sincera pero tampoco tendría que mentir. Había un área gris en que podía moverme cortesía de Jack Lancaster. Por ahora.

—Más de uno. —confesé.

Eso no pareció desanimarlo. Al contrario, lo hizo sonreír. La sombra en sus ojos desaparece y la tensión parece abandonar su cuerpo. La calidez en su expresión aliviana el peso en mi pecho del que no había sido consciente hasta ahora.

—No esperaba menos de ti, Pastelito

El indignante sobrenombre vuelve a surgir.

—No me llames así.

— ¿Por qué no? —replica, mostrando sus dientes blancos. — Ningún otro apelativo le hace justicia a tu olor.

El comentario me toma por sorpresa. El oficial respira profundamente antes de añadir:

—Todos ustedes huelen distinto pero comparten cierta dulzura en su esencia, ¿sabes? —.suspira complacido, inclinándose un poco hacia mí—.Tu olor a nieve, flores y fresas es particularmente… ¿cómo decirlo? Embriagador.

Una confirmación más de que Jack podía distinguirnos de los humanos. Busqué instintivamente una evasiva. No podía simplemente afirmar aquello. Repasé, en menos de un segundo, en todas las marcas de perfume caros que había visto últimamente anunciar por televisión. Elegí una.

—Se llama "Absolutely Irresistible", de Givenchy. Lo venden en todas las perfumerías de renombre—. Menuda idiotez acababa de soltar.

"¿Quería despistarlo pareciendo frívola?"

Apareció entonces una pregunta mucho más perturbadora: "¿Por qué me importa lo que este hombre piense de mí?"

Su semblante es serio, más serio de lo que había logrado atestiguar con anterioridad. Me encuentro con sus ojos verdes, tan de cerca que alcanzo a ver destellos dorados en su interior. Hay una energía en su mirada, un poder magnetizador que hace apretar a los músculos de mi estómago.

—No es un perfume. Esta es tu esencia—.recalca, deteniéndose en cada palabra—. Esta eres tú.

Me estremecí, sintiéndome repentinamente expuesta. Mi esencia era suficiente como para hacerme deseable incluso para el atrofiado olfato humano. Ellos únicamente captaban el olor a fresas brotando de mi cabello. Ahí estaba muy concentrado.

"—Esta eres tú."

Con esas simples palabras, sentí la calidez deslizarse perezosamente por mi cuerpo y aumentar gradualmente. Jamás en mi larga existencia me había sentido tan fascinada por un individuo.

"¿Es siquiera humano? ¿Se trata de una anomalía de la naturaleza? Quizá es el eslabón perdido en la cadena evolutiva, ¿una especie de súper humano?"

— ¿Qué eres, Jack? —la pregunta del millón.

Se aleja un paso y con un encogimiento de hombros, revela:

—Soy policía.

Fruncí el ceño.

—Dijiste que serías sincero.

—Aún no has dicho que aceptas el trato—.remarca divertido, cruzando los brazos.

Reciprocidad. No acostumbraba a recurrir a ella fuera de mis vínculos familiares. El principio de reciprocidad es un tipo de dependencia en donde las acciones tienen más peso que cualquier otra cosa. Una cadena de acción y reacción. Si es sincero, espera que yo lo sea. Si me atrapa mintiendo, mentirá o me evadirá. Era simple de entender. Su sinceridad y disposición de compartir información termina cuando yo exija más de lo que estoy dispuesta a ceder o viceversa.

—Consideré tu propuesta.

—Excelente. La oferta expira a media noche.

Arqueé una ceja.

—Se supone que no habrían presiones de tu parte.

Su sonrisa se tensa en los costados. Casi lucía como si estuviera saboreando algo muy desagradable. Parece molesto.

—La propuesta ha estado en pie desde hace cuatro días, pero no estuviste aquí para recibirla antes, ¿cierto?

Lo miro fijamente, intentando descifrar de donde viene su molestia, pero pequeños y rápidos pasos resuenan en las cercanías.

—Jacky, Alice te llama—aparece Annie por la entrada, pasando de largo de su tío y lanzándose hacia mí.— ¡Tanya!

Jack intercepta a su sobrina en el aire, poniéndola sobre su hombro con destreza. El movimiento fue fluido y rápido, casi demasiado rápido. La interrupción no detuvo el entusiasmo de la niña al verme.

— ¡Hola, Tanya! —saluda, sacudiendo sus manos y piernas.

Sonreí un poco. La alegría de la niña aliviaba la tensión entre su tío y yo.

— ¿Cómo estás, pequeña?

—Muy feliz—.responde con una enorme sonrisa, una tenue luz dorada ilumina su cara—.Jacky prometió que bailaremos toda la noche en la fiesta. ¿Bailarás con nosotros?

—No bailaremos toda la noche. A las 8 te acostaré, pequeña ogra—.corrige el oficial, haciéndole cosquillas a la niña. Añade sin mirarme:—.Si estás interesada en el trato, búscame más tarde, Tanya.

Dicho eso, se retiró con su sobrina agitándose enérgicamente en sus brazos.

"¿Qué acaba de suceder?"


La noche cayó y la bendita fiesta comenzó. No había visto tanto vampiro y licántropo junto desde la confrontación con los Volturi, pero lo sorprendente era la cantidad de humanos. No ha habido tanta gente en esta propiedad desde la boda de Edward y Bella. La mitad del pueblo estaba aquí; sin embargo, la atención no estaba en nosotros. Ni si quiera ahora que Nessie había sido introducida oficialmente a la sociedad como una adición del clan era el centro de atención.

Los gemelos Lancaster son un espectáculo bizarro. Con el cabello corto de Zachary y la barbilla afeitada de Jack las disimilitudes físicas entre ambos ahora no existen. Se ven idénticos. Incluso visten el mismo conjunto gris, lo cual sospechaba había sido planeado por mi entrometida prima pero ahí no terminaba. No había tenido la oportunidad de verlos interactuar por mucho tiempo por lo cual ignoraba que ambos actuaban como si fueran una extensión del otro. Sus movimientos estaban sincronizados y ni si quiera parecen ser conscientes de ello. Cuando Jack se mueve, su hermano se mueve en respuesta y viceversa. Los cambios de peso, las inclinaciones de cabeza e los intercambios de miradas perfectamente coordinados. Dicen las mismas oraciones al mismo tiempo, se tocan de forma distraída. Ni si quiera parecen conscientes de ello. Casi parecen una extensión del otro.

"Casi."

En varios momentos durante la noche, Zachary se excusa con los invitados para salir a tomar aire junto a la beta de Jacob o bailar con su hija. Cada vez que Zack se alejaba de Jack, resultaba evidente quien era el centro de la atención. A diferencia de su hermano, el oficial se queda en el ojo del huracán en todo momento, sereno y siempre con una copa de champán en su mano. Las cabezas se giran por donde pasa y los ojos lo siguen. Me alivia e incomodaba en igual medida no ser la única incapaz de quitarle los ojos de encima pero más que todo, estaba inquieta con su repentina indiferencia hacia mí.

El fogoso recuerdo del beso y la forma entregada con que lo correspondí se arrastra en mi mente como una insidiosa serpiente cada vez que lo miro. Casi logra distraerme del hecho de que el oficial no me ha dirigido la palabra. Claro a menos que la frase "Lindo vestido" cuando me acerqué –Nessie me llevo a rastras- para desearle un feliz cumpleaños cuente como interacción. El vestido que había elegido Alice era rojo vino y diseñado para una diva aristócrata. De hombros y brazos descubiertos, caía por el pecho e iba doblado hasta las caderas. Delineaba cada uno de mis atributos elegantemente y con mi cabello en un sencillo y sofisticado moño, mi cuello lucía largo. Lucía asombrosa y sexy; los cumplidos y miradas de propios y extraños lo evidenciaban pero para él mi vestido es lindo. No ha tenido ningún reparo en elogiar la belleza de cuanta mujer se le ha acercado, pero mi vestido es lindo.

"Vaya, que… amable."

Este hombre es exasperante.

Ahora mismo se encontraba sentado en una mesa, enfrascado en una conversación con Emmett, Bella, Seth y una irritante humana de melena castaña pero el grupo continuaba creciendo. Las personas revolotean a su alrededor, deseando interactuar con él, hombres y mujeres por igual y de alguna forma, terminaban encajando en la conversación del momento. Nadie parece sentirse excluido o amenazado a su alrededor, a pesar de estar tan cerca de seres sobrenaturales.

"¿Era la personalidad de Jack lo que mantenía la atención de las personas sobre cada uno de sus movimientos o palabras?"

De acuerdo a lo que había visto las últimas horas, Zachary es amistoso en sus interacciones pero también muy formal. Siempre educado pero distante e incómodo. Jack era mucho más relajado, tenía esa calidez contagiosa, esa apertura que hace sentir a gusto a las personas a su alrededor. Vampiros, licántropos y humanos... Nadie parece ser inmune a él.

"Ciertamente, la chica a su lado no está intentando resistirse.", pensé con amargura.

La chica a la que Jack llama Kayla, no se había despegado de él desde que arribó con los lobos. Si su obvia preferencia por la compañía de Jack no fuera suficiente, las constantes muestras de su escote -demasiado para mi gusto- o tocamientos a su brazo evidenciaban su afinidad. Lo que ella parecía ser incapaz de percibir era la tendencia del oficial a responder esos gestos con miradas distantes y sonrisas diplomáticas.

—Está acostumbrado a ser percibido—.confirma Edward demasiado cerca de mí.

Incliné mi cabeza a la derecha y luego para atrás, hacia mi primo.

"¿Lo hace apropósito?", pregunté mentalmente. "¿Es consciente de su efecto en los demás?"

La idea de que tuviera un don latente aun siendo mortal me desagradaba profundamente, en especial, porque me recordaba de alguna forma a Heidy. Aquella era una vampiresa con un talento de atracción particularmente insidioso. Volví a mirar hacia el hombre en cuestión, buscando similitudes con la pescadora de los Volturi.

—Es innato. Lo hace inconscientemente pero—comenta Edward, puedo sentir su mirada sobre mi cara—tampoco es como si tuviera razones para rechazar el interés de otras mujeres, ¿cierto?

Lo fulminé con la mirada por su innecesaria observación. El lector de mentes se ríe mientras desvía la mirada. Mientras tanto noto que la muchacha se inclina una vez más hacia el oficial, esta vez con ojos brillantes y decididos. Veo venir una propuesta escandalosa de su parte. Mis dientes se aprietan al ver su mano alisando la corbata negra con evidente coquetería.

—Jac…

—Necesito estirar las piernas—interrumpe el oficial, incorporándose de pronto. — ¿Hablamos luego?

La chica y yo parpadeamos, sorprendidas.

—Claro. —responde la chica, intentando disfrazar su decepción con una sonrisa. Casi sentí pena por ella.

El oficial se mueve hacia las escaleras compartiendo sonrisas rápidas y ensayadas con quienes lo miran a su paso. Su cabeza gira en mi dirección. Su mirada me atrapa infraganti y como en las otras ocasiones en que sucedió aquello, su sonrisa se tensa y desvía la mirada. Sube las escaleras con soltura y elegancia bajo mi mirada frustrada.

— ¿Qué es lo que le sucede?

—Si de verdad quieres saberlo, ve y pregúntaselo tú misma. —replica Edward, alejándose con una sonrisa sabionda en los labios.


Cinco minutos después de una intensa discusión conmigo misma, me encontré subiendo las escaleras. Seguí su rastro hacia la biblioteca personal de Carlisle. La puerta estaba desbloqueada por lo que ingresé sin miramientos. Me encantaba estar rodeada de libros antiguos, a pesar del olor a papel viejo, a polvo y moho. Aquellas colecciones de conocimientos, algunas muy antiguas, siempre me recordaban épocas pretéritas y lugares que ya había visto, desencadenando una oleada de nostalgia. Estas emociones me hacían sentir vieja y joven al mismo tiempo.

Jack estaba sentado sobre el escritorio, sus largas piernas cruzadas la una sobre la otra. El hombre levanta fugazmente la mirada del libro en sus manos, y regresa a su tarea. Luego, vuelve a mirarme, parpadeando con incredulidad como si no pudiera creer que yo estaba ahí. A decir verdad, yo tampoco podía creerlo. No podía sacudirme el pensamiento de que estar a solas con él era una navaja de doble filo.

—Es raro que el homenajeado se escape de su propia fiesta. —rompí el silencio, caminando hacia él.

—No estoy escapando. No en el sentido estricto de la palabra—contradice, encogiéndose ligeramente por mi proximidad—. ¿Por qué estás aquí?

Considerando lo sociable que se había estado mostrando hace apenas unos minutos con los invitados, me sorprende su defensiva actitud. Repasé mentalmente la incomodidad de su hermano al lidiar con grupos grandes de personas. Ahora mismo debía estar resintiendo la ausencia de Jack.

—Tu hermano requiere asistencia.

—Zachary hubiera venido personalmente a arrastrarme de vuelta—responde de inmediato con hombros tensos—. ¿Viniste por el trato?

Me recosté al escritorio junto a él, analizándolo de cerca. Cada segundo que pasaba se notaba más tenso, el aire entre nosotros comenzaba a espesarse. Me ahorré una mentira.

—Si acepto tu oferta, ¿qué tanto le dirás a tu novia?

Entrecerrando los ojos, coloca el libro con delicadeza sobre el escritorio. Aguanté la respiración al notar que libro que estaba leyendo era el de enfermedades que yo solía utilizar para distraerme de su existencia.

—Puedes estar tranquila—responde con diversión—. Lo que hablemos se quedará entre nosotros.

No lo negó ni señalo su interés en mí. Una oleada de calor desconocida me recorrió, causándome mareos y náuseas. Era completamente opuesta a la calidez que usualmente me hacía sentir. Mi respiración se descompensó, y por un momento me sentí traicionada. No tenía sentido. Intenté tragar y calmar las náuseas respirando lentamente. La quemazón en mi garganta no ayudaba.

— ¿Qué clase de hombre confiesa estar enamorado y unos días después es receptivo a avances y coqueteos insulsos de otras mujeres? —Ni si quiera medí mis próximas palabras: —En mi opinión, sólo un hombre carente de integridad caería tan bajo.

Cuando se enderezó, el humor había desaparecido. La sonrisa tensa e irritada de la tarde volvió. Más intensa. Esta vez su mirada se ennegreció, recordándome la mirada hostil que había visto en su hermano días antes.

—La última vez que lo confirmé, estaba soltero, Tanya. —el tono delataba su rabia apenas contenida—. No tengo razones para negarme a Kayla o cualquier otra mujer que muestre interés en mí.

Me encaminé hacia la puerta, dando la conversación por concluida. Estaba segura que terminaría estrangulándolo si no salía de aquí ahora mismo. Tiré de la manija, intentando no arrancarla de un cuajo. Lo sentí aproximarse por detrás rápidamente. Demasiado rápido. La puerta entreabierta se cierra de golpe cuando pone las palmas en la madera a ambos lados de mi espalda, enjaulándome.

—Joder, Tanya—hay mucha exasperación en la forma en que dice mi nombre—. He estado diciéndome a mí mismo que tienes tus razones para comportarte de esta forma conmigo, que puedo ser paciente, pero luego te besé...

—Evidenciando que la paciencia no es una de tus virtudes—.concluí por él, sin encararlo—.Ahora, aléjate de mí.

No quería verlo. La idea de este hombre involucrándose con otra mujer era insoportable. Mirarlo y saber que no podía tenerlo era mucho peor. No tenía derecho a sentirme así pero no podía evitarlo. Había sentido esta horrible sensación en demasiadas ocasiones como para no reconocerla. Eran celos, celos que hacían ver insignificantes a lo que anteriormente hacía llamar celos.

—Me correspondiste—.gruñe contra la parte trasera de mi oído, haciéndome estremecer.—Cuando te besé, me correspondiste.

Jack se acercó tanto que me sentí encerrada allí dentro con él. Todo lo que quedaba fuera de aquella burbuja dejó de existir, mientras que en su interior mi cuerpo entero quería apretarse contra el suyo. Deseaba sentirlo... El río de ponzoña en mi boca fue difícil de tragar. El que produjera en mí un efecto tan profundo y visceral estando yo tan irritada hacía que la cabeza me diera vueltas.

"¿Cómo podía estar excitada estando tan enojada?"

—Me importa una mierda si besarme fue un error o un momento de debilidad para ti. Para mí no lo fue—su voz se tambalea en la última palabra, quizá producto de la rabia o la indignación—.Te revelé aspectos de los que no habló abiertamente con nadie, me expuse, me besaste y luego, te marchaste sin decir nada. ¡Me diste esperanza sólo para arrebatármela!

Mi corazón se siente pesado y se estruja dolorosamente ante la severa acusación. No había pensado en ese escenario antes. Había estado tan centrada en mí y en el cúmulo de emociones que este hombre despertaba que no había considerado que esta situación también era nueva para él. Al corresponderlo había hecho manejable el rechazo al que lo había sometido y el secretismo entre nosotros. Sospechaba que Jack sabía más de nosotros que nosotros de él por lo que no había considerado que Jack estuviera inseguro de mi confiabilidad tanto como yo de la suya.

Me giré entre sus brazos, casi con miedo de mirar su rostro. Se veía tan enojado, tan impíamente guapo... me encontré deseando suavizar las duras líneas de su cara con mi mano.

"Lo deseo", admito para mí misma, derrotada. No se trataba únicamente de atracción hacia su sangre. Este hombre era un imán para mí. Todas mis miradas, todos mis pensamientos, toda mi atención ha girado entorno a él esta noche.

"— ¿Has considerado que podrías sacarlo de tu cabeza si… saciaras al menos una de tus fijaciones?"

No había un peor momento que este para recordar la loca idea de Rosalie.

—Deberías alejarte de mí, Jack—advertí, sintiendo el autocontrol escapando entre mis dedos como gotas de lluvia.

El hombre se encorva sobre mí, con su cabello peinado hacia atrás, rasgos afinados y el antebrazo apoyado en la puerta para acercarse aún más.

—Yo estaba haciendo un excelente trabajo manteniendo mi distancia hasta que viniste a esta habitación y empezaste a cuestionarme cuando eres tu quien juega con mis sentimientos—.contemplo a la ira flamear en sus ojos oscuros—. Dime que es lo que quieres de mí, al menos ten el valor de decirlo.

Todo lo sucedido este día fue cocinando mi reacción hasta alcanzar este punto de ebullición. No me detuve a pensar. Estaba cansada de pensar. Estaba cansada de resistir. ¡Maldita sea! El aire incendiaba mis vías respiratorias con cada respiro pero mi cuerpo tiembla ansioso por tenerlo tan cerca... Estaba tan cansada de este debate. Estaba harta de sentirme insatisfecha y dividida. Era hora de elegir.

—Necesito sacarte de mi sistema—confesé, tomando el camino propuesto por Rose. Si había algo tan intenso y tan frenético como la sed de un vampiro por su cantante, eso era la lujuria. Es un 50/50 y requeriría de toda mi experiencia y autocontrol para no arruinarlo—. Eso es lo que quiero. Será una cosa de una vez entre nosotros y eso será todo.

"Intimar con él una vez tiene que ser suficiente.", me dije a mí misma.

Me mira fijamente mientras procesa la información. Los segundos son dolorosamente largos mientras lo veo enderezarse, apartándose de la puerta. Pensaba que se marcharía. Pensaba que su ego no le permitiría quedarse. Pensaba que era demasiado orgulloso como anteponer mis deseos a los suyos. Entonces, su mano se acerca la manilla detrás de mí y el clic del seguro de la puerta resuena en mis oídos. La verdad es que me habría sorprendido menos que hubiera saltado por la ventana. Jack me mira desde arriba, con los ojos hambrientos y el rostro tenso. Estoy segura que mi expresión es un reflejo de la suya.

No dijimos palabra alguna; nuestras bocas adquirieron otra función. Una más placentera.

No razoné lo que significaba aquello, no podía pensar con claridad cuando él me tocaba. La forma apasionada en que me besa me derrite los huesos. Su boca descarada sobre la mía, un brazo envuelto alrededor de mi cintura, una mano enterrada en mi cabello y su cuerpo fundido contra el mío. Su calor se transfiere a mi cuerpo a través de la ropa, su pasión inflama la mía. Fue como si una cerilla encendida cayera sobre gasolina.

—No voy a facilitártelo—susurra, moviendo los labios contra los míos. Un estremecimiento me recorre la columna—Haré todo en mi poder para que una vez no sea suficiente.

—Estoy segura de eso.

Él lo hará más complicado de lo necesario.

Sus labios se curvaron un poco cuando jalé de su corbata para besarlo de nuevo con brusquedad. Se apartó de la puerta dando un empujón. Rodeándome la nuca con una mano y la curva de mis nalgas con la otra, me levantó en el aire. Es fuerte. Más rápido y más fuerte que un humano promedio. Mis piernas envuelven su cintura por instinto, pero modulo mi fuerza.

Todo mi cuerpo estaba en contacto con el suyo, dolorosamente consciente de cada ardiente centímetro de su ser. Puedo sentir su erección presionando en sus pantalones. Cada roce contra mí es una deliciosa tortura. Se me había puesto la piel muy sensible, y los pechos blandos y pesados. Fui vagamente consciente de que nos movíamos, y de repente estoy sentada sobre el escritorio de Carlisle. Mis manos están sobre Jack. Su chaqueta cae sobre el suelo rápidamente, y mis uñas recorren sus hombros y espalda por encima de su molesta camisa. Esa era la única manera en la que puedo estar segura de no lastimarlo ahora mismo. Mis piernas cerradas en su cadera, negándose a dejarlo ir.

"Necesitaba relajarme o esto terminaría...", soy incapaz de terminar el pensamiento cuando sus manos suben por mis muslos.

Sus dedos juegan con mis bragas ya húmedas, tirando de los costados con delicadeza, tocando sin tocarme realmente. Aun me queda algo de cordura, por lo que alejo mis manos de él, apoyándolas sobre la madera del escritorio, y abro un poco las piernas, en una invitación ansiosa. Casi esperaba que Jack me follara rápido y sin contemplaciones, deseaba que fuera así. No sabía que tanto podría mantener mi sed bajo control. Entonces, me roza el clítoris con mi propia lencería, haciéndome chillar. Mis dedos se hundieron un poco en la madera por el repentino coletazo de placer. No tengo cerebro para pensar en las decenas de oídos sobrenaturales que pudieron haber escuchado aquello en el piso de abajo.

—Hueles delicioso, Pastelito—susurra contra mi mejilla, su aliento cálido y húmedo contra mi piel helada—. ¿Me dejarás saborearte?

Cerré los ojos, tragando la ponzoña en mi boca e intentando recobrar algo de autocontrol mientras desliza las bragas por mis muslos con sus dedos ágiles, rozándome ocasionalmente. Lo único en lo que podía pensar era su boca entre mis piernas. Me sentí humedecer un poco más. Luego, hurgó en mi vestido hasta la cintura. Hice la nota mental de agradecerle a Alice su elección de vestido, esta prenda era bastante accesible. La electricidad relampaguea por todo mi cuerpo cuando Jack Lancaster me lamió, abriéndose paso con la lengua entre mis pliegues para acariciar mi palpitante clítoris.

Ahogué un gemido en mi garganta en carne viva y mis piernas perdieron fuerza de repente, pero Jack anticipó aquello. El oficial me atrajo hacia su cabeza con una mano en mi cintura mientras con la otra levantaba mi pierna izquierda sobre su hombro, abriéndome ante su ardiente boca. Su barbilla rozaba ocasionalmente el interior de mis muslos, la vaga aspereza envía estremecimientos por todo mi cuerpo. Rodee la cabeza de un lado a otro mientras me mantenía erguida y sujetada al mueble para no tocarlo. El calor se extendió por mi cuerpo desde el punto donde su lengua me estaba volviendo loca. Él sabía bien lo que estaba haciendo; sabía cómo complacer a una mujer. La manera en que me tenía clavada contra su boca era devastadora.

—Jack…Ah… tie…Ah…

Me perdí en él. Había cierta veneración en la golosa forma en que disfrutaba de mí, la sensación de que adoraba mi cuerpo, de que darme placer era tan esencial para él como la sangre de sus venas. Sus manos se agarraban a mi trasero desnudo, amasándolo, impulsándome hacia su lengua mientras él la empujaba dentro de mí. Mis pechos se tensaron dentro de mi cada vez más apretado sujetador sin tirantes y mi cuerpo se estremecía, a punto de llegar a un orgasmo desesperadamente necesitado. Todo mi cuerpo se puso ferozmente tenso y, después, tras una suave succión de sus labios sobre mi clítoris, se liberó con un ardiente estallido de placer.

El orgasmo salió de mí con una ola abrasadora. Apreté los dientes para ahogar cualquier sonido que amenazara con salir, mientras me esforzaba por contener el movimiento de mis caderas contra su boca. Jack permanece entre mis piernas, alternando entre lamer mi carne estremecida y besar el interior de mis muslos, hasta que pasó el último temblor. No puedo sentir al monstruo de la sed fastidiándome. Quizá mi garganta se había carbonizado finalmente o tal vez la maestría oral de Jack Lancaster lo silenció para siempre. De cualquier forma, no esperé a que vuelva.

Sus labios entreabiertos e hinchados son una invitación que no puedo rechazar. Lamo sus labios y los residuos de mi propia excitación en su barbilla. Se estremece por el contacto con mi lengua mientras libera su erección a través de la bragueta. No tardé mucho en sentirlo duro, grueso y caliente contra mi parte más suave. La sensación deliciosa y estremecedora de la cabeza acampanada de su miembro deslizándose por mi vagina, lubricándose con mis jugos, se roba el aliento. La fricción directa reanima el fuego rápidamente y se propaga por mi cuerpo, concentrándose en la parte baja de mi estómago y entre mis piernas otra vez.

Mis manos se cierran en puños sobre su camisa, sintiéndome impaciente y frenética. El deseo por poseer a un hombre y ser poseída nunca había sido tan intenso, tan abrumador. Deseaba ser follada, de la forma en que él prefiriera, pero ahora mismo.

Entonces, justo cuando se presiona contra mi entrada, el sonido de la manilla de la puerta atrapa mi atención. El oficial y yo nos congelamos, compartiendo una mirada llena de sorpresa y algo de espanto. Hay un corazón al otro lado de la puerta, un corazón que había estado demasiado distraída para notar. Uno que no late ni remotamente tan rápido como el de Jack ahora mismo. La manecilla de la puerta se traba nuevamente. Entonces, una voz ronca y masculina resuena en mis tímpanos por encima de la música:

—John, sal ahora mismo de ahí o yo mismo te sacaré.

Jack tenía razón. Su hermano vendría en persona a arrastrarlo de vuelta a la fiesta.


Lo sé, lo sé pero todo capítulo tiene que terminar. ¡Hola amigos lectores! Muchas gracias por apoyar la historia y comentar. Ustedes me empujan a continuar. Debo informarles que conseguí empleo, por lo que mi tiempo se va a ver limitado; sin embargo, la historia continuará. Se los aseguro. Haré lo mejor que pueda para organizarme efectivamente y adelantar los próximos capítulos.

PD: No olviden comentar.

Nos vemos el próximo mes XOXOXO