CAPÍTULO 23: LÁGRIMAS
El viaje en avión de regreso a Berlín desde Dresde se hizo muy largo para Kara. Tenía que hacer grandes esfuerzos para no torcer el gesto cada vez que veía al capitán Edge tocar o besar a Lena. Habría preferido usar sus poderes para volar y no contemplar semejantes escenas, pero no quería dejar sola a su novia con aquel maníaco.
—Estaba preocupado por ti, preciosa —dijo el capitán tomándole las manos.
—Tranquilo, Morgan, Overgirl ha estado pendiente de mí en todo momento —señaló Lena dedicándole una intensa mirada a Kara.
«Lena… no me hagas recordar ahora la noche que hemos pasado», rogaba internamente Kara mientras su corazón se aceleraba. Por suerte, ella era la única de los presentes con súper oído.
—Gracias por cuidar de mi prometida, comandante.
—Ha sido un placer —replicó Kara buscando los ojos verdes de Lena con complicidad.
Aquel ingenuo no podía imaginarse hasta qué punto había sido un placer compartir la noche con Lena Luthor. Era un secreto que sólo conocían ellas dos.
Lena sintió alivio cuando Edge la liberó de sus brazos y la dejó entrar en la mansión Luthor. No es que fuera el mejor hogar del mundo, pero al menos allí estaba a salvo de sus incesantes avances.
—Qué hombre más intenso —se quejó Lena.
—No lo soporto… —confesó Kara, que caminaba a su lado.
—Lo sé, mi amor, no sufro sólo por mí cuando estoy con él —La joven Luthor le rozó una mano con dulzura—. Pero tenemos que aguantar.
Kara asintió con tristeza, sabía que no tenían más remedio, había demasiado en juego.
—¿Qué tal la excursión a Dresde, hermanita? —preguntó Lex desde las escaleras.
—Muy bien, gracias —replicó Lena sin mirarlo.
—Ya me he enterado de que te fuiste de paseo y te sorprendió una buena tormenta —dijo su hermano mientras se acercaba a ellas—, suerte que la comandante Danvers estaba contigo —pronunció en un tono que inquietó a Lena—, os habéis hecho inseparables.
—Lógico, es mi guardaespaldas —se defendió la joven Luthor intentando no mostrar preocupación.
—¿Y las clases de baile también están incluidas en sus obligaciones, comandante? —preguntó a Kara de pronto. Estaba visto que aquella mañana, los hombres del régimen se habían empeñado en provocarla.
—Se lo sugerí yo, me aburría, ¿o te molesta que me lleve bien con mi guardaespaldas? —intervino Lena de inmediato—, sí, te molesta que dos mujeres se lleven bien y no necesiten de un hombre para divertirse un rato —acusó.
—Por mí podéis dar clases de baile o de lo que te apetezca, hermana, siempre habrá cosas inalcanzables para vosotras —concluyó Lex y se dirigió a la puerta de la casa para abandonarla.
Overgirl cerraba con fuerza el puño. Sintió la suave mano de Lena sobre la suya y se relajó un poco.
—Me encantaría romperle la cara, te lo prometo —aseguró Kara con la mirada chispeante.
—A mí me encanta verte tan indignada ante su machismo, cariño, pero dejémoslo estar por ahora… llegará el día en que los partidarios de este sistema horrendo paguen por ello —susurró mirando hacia la puerta.
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—Señorita Luthor, la señorita White la espera en el salón —anunció Eve. Lena y Kara se miraron desconcertadas, ¿qué hacía Sam allí?
Cuando ambas entraron en la habitación, la comandante cerró la puerta, no era conveniente que los padres de Lena escuchasen la conversación.
—Sam, ¿qué haces aquí? —preguntó Lena sorprendida.
—Hola Lena… hola a las dos —saludó la castaña con gesto amable—, he venido a disculparme por mi comportamiento de ayer en la cabaña.
—Sam… gracias, no hacía falta que… —dijo la joven Luthor.
—Yo lo necesitaba, Lena, fui desagradable, me cegaron los celos, espero que podáis perdonarme… —declaró bajando la mirada.
—¿Perdonarte el qué, Sam? —intervino Kara con una sonrisa sincera.
—Kara… te eché mucho de menos, fuiste mi único apoyo aquellos años infernales, si no hubiera sido por ti… —Un nudo en la garganta le impedía hablar con claridad, y sus ojos oscuros se estaban empañando.
La rubia no pudo quedarse quieta, avanzó rápidamente hasta Sam y la abrazó con fuerza.
—Yo también te he echado mucho de menos, mi querida amiga —susurró Kara, feliz por recuperar a Sam.
Al cabo de unos instantes, la castaña carraspeó, tratando de recuperar la compostura y se separó de la comandante. Entonces miró a Lena y Kara comprendió que necesitaba hablar con ella a solas, así que abandonó la habitación.
—¿Y si mi madre pregunta por qué has venido?
—Dile que tu amiga Sara White estaba muy preocupada por ti porque sabía que te cogió una fuerte tormenta en tu viaje a Dresde.
—Bien pensado, Sara —bromeó Lena.
—Ya sabes que siempre estoy preparada —replicó guiñándole un ojo.
—Muchas gracias, Sam —exclamaba Lena entusiasmada mientras le cogía las manos—, Kara se quedó hecha polvo con lo que le dijiste ayer, temía que nunca volveríais a ser amigas.
—Han pasado muchas cosas, pero no he olvidado quién fue para mí Kara Danvers en el pasado —dijo Sam.
—Es cierto, han pasado muchas cosas —admitió Lena bajando la mirada. Dudó, pero quería ser del todo sincera con ella—. Kara y yo estamos juntas a todos los niveles —añadió con un ligero rubor en las mejillas.
Sam le soltó las manos lentamente. Un repentino dolor se apoderó de su pecho. Buscó en sus ojos verdes la confirmación de sus palabras, y para su desgracia, la encontró. La mirada de Lena brillaba como nunca antes. Toda ella estaba radiante de felicidad, y nunca la había visto así en los ocho años que Kara estuvo desaparecida, era absurdo negarlo. A pesar de su visita indiscreta, había pasado. Kara y Lena se habían acostado en la cabaña, y su relación se había consolidado.
Lena seguía hablando, trataba de explicarle de la manera más inofensiva posible cómo se sentía y cuál era ahora la situación entre ellas. Pero Sam no la escuchaba, intentaba comprender cómo había pasado. Cómo un amor infantil había podido evolucionar tanto en tan poco tiempo, hasta dejarla a ella reducida a un recuerdo del pasado. Lena ya no necesitaba sus besos ni sus caricias, porque ahora tenía los de Kara. ¿Así eran las cosas?, ¿Kara era el verdadero amor de Lena?, ¿estaban destinadas a estar juntas para siempre? Siempre, qué palabra más fuerte y más engañosa. Pensaba que Lena siempre la querría de esa manera, y no fue así. El dolor en su pecho se acentuó y no pudo disimular una mueca de disgusto.
—¿Estás bien, Sam? —Lena le tocaba los brazos y la miraba con preocupación.
—Sí, estoy bien, es sólo que… todavía siento algo muy fuerte por ti —confesó sin tapujos—, y me resulta un poco complicado escucharte decir esas cosas…
—Oh, lo siento —La joven Luthor apartó sus manos de inmediato—, no quería hacerte daño, pero me puse a hablar y hablar y me dejé llevar, perdóname, Sam, por favor.
—De acuerdo, te perdono, pero con una condición —propuso la castaña.
—¿Cuál?
—Bésame por última vez, Lena —rogó.
—¿Cómo? —exclamó Lena desconcertada.
—Un beso de despedida, para cerrar nuestra historia, porque hemos tenido una historia, ¿verdad?
—Sí… —aceptó la joven Luthor.
—Vivimos en un mundo incierto, Lena, no sabemos qué pasará mañana, nos jugamos la vida cada día como infiltradas entre los nazis, y lo más bonito que he tenido ha sido lo nuestro…
—Sam…
—Necesito cerrarlo con algo hermoso que me haga sonreír cada vez que lo recuerde, y aprender a seguir adelante sin ti, por favor… —insistió la castaña, y Lena asintió con la cabeza.
Era agradable besar a Sam, siempre lo había sido, pero ahora sentía que rozando sus labios faltaba algo. Algo que sólo encontraba en los labios de Kara. El cálido sentimiento de pertenencia, de hogar, de destino.
—Lena, tu madre… —La voz de Kara desde el hueco de la puerta del salón las sobresaltó. Ambas se volvieron hacia ella rápidamente.
—¡Kara! —Lena supo que la rubia las había visto besarse.
—Tu madre te está buscando —anunció en un tono apagado, y les dio la espalda para abandonar la habitación.
La joven Luthor miró alternativamente a Sam y la puerta ya cerrada.
—Lo siento, no quería que lo viera, era algo entre nosotras dos —se disculpó Sam.
—Lo sé, no tienes la culpa.
—Anda, ve a buscarla y explícaselo, no dejes que se atormente sin motivo.
—Gracias…
Lena salió corriendo en busca de la comandante, y Sam, ya a solas, curvó los labios en una sonrisa maliciosa.
«Qué bien lo has hecho, esperando al instante en que iba a entrar.»
—Ventajas de tener poderes —musitó Sam.
«Esa rubia no debería subestimarte», la alentó la voz en su cabeza.
—No he podido evitarlo, la rabia se ha apoderado de mí, los celos… los recuerdos de todo lo que no podré volver a vivir con Lena… quería vengarme —susurró abatida.
«Esto no ha acabado, recuperarás a Lena, porque es tuya, tú fuiste su primera amante», insistía la voz.
—Sí, fui la primera, pero no seré la última…
—Perdón, señorita White, ¿se marcha ya? —preguntó Eve asomada a la puerta.
—Sí, Eve… —dijo Sam y caminó hasta salir de la mansión Luthor—, ya hice suficiente —musitó con cierto arrepentimiento.
—¡Kara, espera! —exclamó Lena logrando que la comandante detuviera sus pasos en el jardín.
—¿Ya has hablado con tu madre? —dijo dolida.
—Me importa un bledo mi madre ahora mismo, necesito que me escuches… —aseguró.
—No es momento ni lugar para hablar de esto, Lena, recuerda dónde estamos —señaló Kara con seriedad.
—Vamos al borde del jardín, allí no podrán escucharnos —propuso Lena. La rubia accedió a seguirla.
—Hace tiempo me dijiste que ya no había nada entre vosotras.
—Y así es.
—¿Entonces por qué os estabais besando? —preguntó la comandante con una punzada de celos.
—Sólo ha sido un beso de despedida, Kara, un gesto de cariño por mi parte, nada más.
Kara fruncía el ceño y sus labios torcidos mostraban tristeza. Lena no soportaba verla así.
—Sé que tu vida en manos de los nazis ha sido muy dura, pero la nuestra tampoco ha sido fácil, siempre con el miedo de ser descubiertos y condenados a muerte, con el dolor de haberte perdido a ti, el desconsuelo de no encontrar la manera de cambiar este mundo horrible… cada día nuevo que vivíamos era como un regalo, no contábamos con un futuro, lo que no hacíamos en el presente, podía ser que no pudiéramos hacerlo jamás…
—Cuéntamelo todo, Lena —pidió Kara.
—¿Qué?
—Cuéntame tu historia con Sam, cuéntame todo lo que vivisteis, todo lo que habéis compartido entre vosotras y con los demás, con Alex, con Eve, con Winn… quiero saberlo todo… quiero saber todo de la mujer que amo.
Lena sonrió conmovida y besó los labios de Kara con suavidad, después se sentaron en la hierba y se sumieron en una larga y enriquecedora conversación.
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—Sam, ¿dónde estabas? —exclamó Alex al verla caminar por el pasillo del DEO.
—Sólo salí a tomar el aire.
—Maggie te estaba buscando, no podéis llegar tarde al "Cadmus".
—Tranquila, estaré lista a tiempo.
—Vale, pero por favor, no salgas del DEO sin motivo justificado, es peligroso, podrían verte —advirtió Alex
—Muy bien.
—Voy a llamar a Lena, tengo buenas noticias —aseguró con una gran sonrisa.
—Me alegro…
Sam no quiso preguntarle, seguro que se trataba de algo relacionado con Kara. Retomó sus pasos y se refugió en su habitación.
—No puedo desearle daño, Kara es mi amiga, mi querida amiga, me salvó de la locura en aquel espantoso campo de reclutamiento —decía en voz baja.
«¡Pero también es la persona que te ha robado a Lena!», irrumpió la voz en su cabeza.
—Lena nunca fue del todo mía, siempre lo supe, aunque intentase engañarme… —Sam seguía razonando.
«Tonterías, Lena sólo está confundida por la novedad, cuando se le pase, comprenderá que tú eres su gran amor, la primera y la más importante en su vida.»
—No fui la primera, Lena ya amaba a Kara desde antes de reclutarnos, desde que éramos niñas… por eso nunca se entregó por completo a mí… —admitió afligida.
«Las niñas no saben lo que es amar, pero las mujeres sí… Tú lo sabes, Sam, y se lo enseñaste a Lena, ella aprendió contigo, tienes que recuperarla, te pertenece…», insistió la voz.
—Déjame ya, no hay esperanzas para lo que siento… —musitaba apretando los dientes.
«¡No seas cobarde!, ¿a qué tienes miedo?, Lena es tuya, ¡recupérala!»
—¡Basta!, ¡cállate! —gritó Sam apretándose las sienes—, Maggie no puede verme así.
Respiró hondo lentamente varias veces tratando de calmarse. La voz se había callado, pero sentía mucha agitación en su interior.
Se dirigió a una de las salas de entrenamiento. Necesitaba desfogarse antes de ir a trabajar al "Cadmus" o se le iría la mano y mataría a demasiados de aquellos indeseables. Entró en la sala más pequeña con la esperanza de estar sola, pero alguien se empeñaba en que no fuera así.
—¿Siobhan? —preguntó Sam al verla dándole la espalda junto a un saco de boxeo—. Parece que estamos condenadas a hacernos compañía —quiso bromear.
La mujer hizo caso omiso de sus palabras y volvió a golpear con furia el saco. Sam se acercó a ella preocupada. Siobhan golpeaba cada vez con más intensidad.
—¡Ey, cuidado, te vas a hacer daño! —exclamó Sam al ver que ni siquiera llevaba guantes. Cogió sus manos y observó con disgusto que tenía los nudillos ensangrentados—, ¿pero qué estás haciendo? —le recriminó.
—Es una lata no tener tu fuerza —dijo con una sonrisa triste.
Sam logró que Siobhan accediera a sentarse con ella en un banco, le curó las heridas y le vendó las manos. Era evidente que no estaba bien. Y aunque tampoco lo estaba ella, no podía ignorar a su reciente amiga.
—Anoche me acosté con Winn por primera vez desde que me salvasteis, pero no fue bien, y Winn…
—¿Winn te ha hecho algo? —interrogó Sam desconcertada.
—¡No, por Dios! —exclamó Siobhan enseguida—, Winn es dulce y paciente, hace lo que puede —hablaba con ternura de su novio. Sam se sintió aliviada, eso sí encajaba con el hombre que ella conocía desde hacía años—, pero no puede ayudarme, nadie puede… —aseguró con la mirada perdida— Creo que nunca podré volver a disfrutar del sexo, después de todo lo que me hicieron.
—Yo… lo siento mucho, lo que te pasó debió ser… lo siento… —Sam no sabía qué decir, Siobhan se dio cuenta y la miró.
—Gracias, Sam, no te preocupes… da igual lo que digas, las palabras no me ayudan, no me consuelan… ojalá fuera así de fácil —Siobhan volvió a mirar la pared del fondo de la sala—, ¿cómo se puede dejar atrás un dolor tan grande?
—¿Cómo se puede dejar atrás un amor tan profundo? —replicó Sam de pronto, haciendo que Siobhan se volviera hacia ella de nuevo.
—¿Ya me he ganado el derecho a que me cuentes lo que te trae a esta sala a romper cosas? —cuestionó Siobhan.
Sam suspiró, no imaginaba que acabaría contándole sus penas a alguien que conocía de hacía tan poco. Pero con Siobhan era todo tan fácil, a veces no necesitaba ni terminar las frases, porque con sólo ver su cara, entendía lo que le quería decir. La puso al corriente de toda su historia con Lena, y de cómo habían cambiado las cosas desde que Kara regresó a Berlín como Overgirl.
—Al menos tú tienes a Winn contigo, el hombre al que quieres —admitió Sam derrotada.
—Sí, y cada día le hago daño porque no puedo quererlo del todo.
—Vaya, lo siento, no había pensado en eso… —La respuesta de Siobhan la hizo sentirse idiota.
—Esos bastardos nos jodieron la vida, ¿eh? —afirmó Siobhan. Sam le dio la razón—, tengo tanto odio dentro de mí, que a veces pienso que nunca podré volver a sentirme inocente ni capaz de amar con todo mi corazón. Por más que lo he intentado, yo ya no soy la mujer que Winn conocía, y nunca lo seré.
Siobhan sonreía con tal tristeza que Sam sintió el impulso de abrazarla por el hombro, y así lo hizo.
—Es verdad, todos hemos cambiado, nada será como antes —aseguró recordando los tiempos de infancia y adolescencia feliz junto a Lena y Kara.
—Soporté un infierno con la esperanza de volver a ver a Winn, de volver a estar juntos, eso me daba fuerzas para soportar cada humillación, cada golpe… pero ahora que al fin estoy con él, no soy capaz de ser feliz, me siento perdida, como si ya no tuviera una razón para vivir… ¿crees que estoy loca? —preguntó mientras unas lágrimas silenciosas se deslizaban por sus mejillas.
—No, no estás loca… —Sam le secó la mejilla con el pulgar—, yo también me siento perdida, a veces enrabiada y a veces hundida en la desesperación, sin motivos para seguir adelante, porque he perdido a Lena.
Siobhan no dijo nada y se abrazó a su cuello. Sam no tardó en devolverle el abrazo, apretándola contra su cuerpo. No era el consuelo que pensaban encontrar en aquella sala cuando entraron, pero había resultado mucho más agradable. De pronto sonó el teléfono móvil de la castaña y ambas se separaron.
—Es Maggie… —dijo Sam con una leve sonrisa.
—Cógelo, te estará buscando.
Después de colgar la llamada, Sam se despidió de Siobhan.
—Bueno, tengo que irme, y más te vale no golpear ese saco en mi ausencia —amenazó Sam sonriendo.
—¿Vas a enseñarme a hacerlo bien? —desafió Siobhan devolviéndole la sonrisa.
—Podría hacerlo…
—Eso me encantaría… gracias por todo, Sam —afirmó Siobhan con el gesto calmado—, me ha sentado muy bien este ratito contigo.
—A mí también —replicó Sam.
«Supongo que, sólo una persona que está igual de rota que tú puede comprenderte», pensó Siobhan mientras contemplaba a Sam alejarse de ella.
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Sam se reunió con Maggie, les esperaba una noche más en el "Cadmus". Maggie la notó extraña y le preguntó, la castaña le contó que había ido a la mansión Luthor para disculparse con Lena y Kara por interrumpirlas en Dresde.
—¿Qué has hecho qué?, ¿y ayer fuiste a Dresde?, ¡Sam! —exclamó molesta—, me prometiste que no saldrías del DEO sin al menos decírmelo a mí.
—Lo sé, Maggie, y lo siento, pero me daba vergüenza contarte algo así —confesó Sam bajando la mirada—, no estoy bien…
—¡Claro que no estás bien, ignoras a tu mejor amiga! —chilló Maggie de broma, aprovechando que estaban solas en el coche que las llevaba a Berlín. Sam se rio.
—Gracias por hacerme reír, lo necesitaba —Sam se recostó contra el asiento con una sonrisa—, estoy pensando en dejar el "Cadmus".
—¿Por qué? —Maggie cambió el gesto, pero siguió mirando la carretera mientras conducía.
—Creo que podría ser de más utilidad infiltrándome en el campo de concentración de Berlín, podría salvar muchas más vidas.
—Desde luego, y podrías ser descubierta en un abrir y cerrar de ojos, neutralizada y retenida de nuevo por esos animales, ¿eso es lo que quieres?
—Quiero alejarme todo lo posible de Lena y Kara, eso quiero…porque cuando las veo, me cuesta contenerme, siento mucha rabia y tengo miedo de hacer algo irreparable…
—Sam… no sabía que te sentías así, lo siento —Maggie rebajó el tono de su voz.
—A ratos consigo centrarme en el cariño que siempre le tuve a Kara, y la miro con los mismos ojos que entonces, pero cuando no lo consigo… sólo veo en ella a la persona que apareció de la nada para robarme a Lena y me invade la ira y… —Sam se giró hacia Maggie—, sé que no debí ir a Dresde ni a la mansión Luthor, pero es como si algo se hubiera adueñado de mí y me convenciera para hacer esas cosas. Es como una voz en mi cabeza…
Maggie recordó lo que Alex le había contado. Sam había sufrido ataques de ira y descontrol en el pasado, cuando la rescataron de las garras de los nazis, y con el tiempo eso se había calmado, pero quizá perder a Lena estaba desencadenando de nuevo aquellos episodios. No podía dejarla sola, ahora menos que nunca. Detuvo el vehículo y se volvió hacia ella en el asiento.
—Escúchame, Sam, vas a superar esto, pero no te aísles, no estás sola, me tienes a mí, lo sabes, ¿verdad? —Maggie la miraba con seriedad mientras sostenía su mano entre las suyas—, y también puedes contar con Alex, con Winn y con Siobhan, que parece que te cae bien. —Sam devolvió la mirada al parabrisas.
—Sí, me cae bien, me comprende… —Su mente la llevó hasta la pequeña sala de entrenamiento donde había compartido con Siobhan una dura conversación y un abrazo sincero, pero enseguida parpadeó y regresó junto a su mejor amiga—, gracias, Maggie, tu apoyo es muy importante para mí.
—Nunca te va a faltar —Le dedicó una sonrisa—, y ahora vamos, que esos cabrones esperan ansiosos a sus camareras favoritas. —Sam puso cara de asco.
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Lena se sentía feliz e inquieta al mismo tiempo por las noticias que Alex le acababa de dar por teléfono, necesitaba hablar con Kara, a la que no encontró en la casa, así que salió a buscarla al jardín. Después de varios minutos, se dirigió a la caseta donde vivía James, y la vio con Streaky en sus brazos, lo acariciaba con ternura. La joven Luthor cerró la puerta tras ella y caminó hasta la comandante.
—Así que estabas aquí… con este pequeñuelo —dijo Lena mientras acariciaba la cabecita del animal, que reaccionó maullando.
—Sí, James salió a recoger a tu padre de una reunión en el centro de Berlín, quería aprovechar para estar un rato a solas —contestó Kara sin mirarla.
—Alex me ha llamado, ha conseguido una copia de los planos de los implantes —dijo Lena.
—Lo sé, escuché la conversación, estaba en el pasillo —contestó la comandante dejando a Streaky sobre una silla.
Lena llevó su mano hasta la barbilla de Kara y la hizo mirarla. Sus hermosos ojos azules estaban teñidos de preocupación.
—Escuchaste también que hay cierto riesgo, ¿verdad? —preguntó Lena sabiendo la respuesta.
—Sí. —El rostro de Kara mostraba tristeza.
—¿Tienes miedo de morir?, no lo permitiré, no pienso perderte otra vez, Kara.
—Sé que estaré en buenas manos, confío en Alex y confío en ti, mi amor —Kara enmarcó el rostro de Lena con sus manos y besó sus labios. Después la soltó y se miró la mano—, lo que temo es perder todo este poder y no ser capaz de protegerte como lo hago ahora.
—No pienses en eso, es sólo una posibilidad —señaló Lena mientras se abrazaba a su cuerpo.
—¿Pero de qué os serviría sin el poder de Overgirl? —exclamó la rubia.
—Kara… —Ahora fue Lena la que acunó el rostro de su novia entre las manos—, no nos empeñamos en recuperarte por el poder de Overgirl, sino porque eres la hermana de Alex, la amiga de Sam, mi mejor amiga, mi amor, mi ilusión de futuro… mi Kara —musitó con una ligera sonrisa y sus ojos verdes brillando de emoción.
—Lena… —La comandante no pudo contener las lágrimas.
—Y me da igual que pierdas tus poderes, mientras sigas a mi lado y no dejes de quererme… mientras no me olvides… —Lena también lloraba.
—Nunca dejaré de quererte, nunca te olvidaré… nunca, Lena… —prometía Kara mientras depositaba delicados besos sobre sus ojos cerrados y sus mejillas. Después la estrechó entre sus fuertes brazos.
—Todo saldrá bien, cariño, tiene que salir bien —susurró Lena en su oído.
Tras unos minutos de arrumacos y promesas de amor, la conversación se volvió más práctica.
—Alex sabe mucho de medicina, pero para la parte técnica cuenta conmigo —explicaba Lena—, lo malo es que yo tampoco termino de entender algunas cosas de los planos que me ha enviado, parece una tecnología demasiado avanzada, quizá del lugar de origen de Overman.
—Puede que Imra pueda ayudarnos con eso, ella viene del futuro, ¿no? —sugirió Kara.
—Buena idea, pero si no basta con sus conocimientos… tendré que ir a Lord Technologies personalmente para buscar información, Alex no puede hacer más, podrían descubrirla y detenerla.
—Lo entiendo, pero… ¿qué excusa pondrás para ponerte a investigar sobre la tecnología de sus experimentos?
—Quizá algún reportaje para CatCo, sé que Cat nos echará una mano como tapadera.
—¿Y si no te dejan profundizar lo suficiente en los laboratorios? —planteó Kara.
—Utilizaré a mi prometido.
—¿Cómo? —La comandante se inquietó.
—Le pediré que me dé acceso a todo lo que necesite para hacer un gran artículo del que luego pueda presumir, seguro que le encanta tener una novia que es algo más que un florero, como le sucede a Maxwell Lord.
—¿Crees que el capitán Edge aceptará sin más esa petición?
—No, no lo creo… quizá tenga que ofrecerle algo a cambio —admitió Lena.
—¿Algo?, ¿algo como qué, Lena? —preguntó Kara angustiada.
—Lo único que tengo y que él anhela… —dijo la joven Luthor con resignación.
—No, Lena, eso sí que no… —rogó Kara.
Streaky empezó a maullar, había notado la cercanía de James, que ya había aparcado el coche en el garaje.
—Debemos volver a la casa, mi padre ya ha vuelto.
Kara no quería dejar así la conversación, pero James irrumpió en la caseta y tuvo que contenerse.
—Buenas noches, señorita Luthor —saludó inclinando la cabeza—, Overgirl…
—Buenas noches, James, ¿mi padre está de buen humor?
—No sabría decirle, apenas ha hablado durante el trayecto de regreso.
—Pues ahora lo descubriremos, que tengas buena noche, James, hasta mañana —se despidió con una sonrisa amable.
—Hasta mañana, señorita Luthor.
Kara caminaba unos pasos detrás de la joven Luthor, en dirección hacia la mansión. «Eres increíble, Lena, a pesar de tus circunstancias, de lo que has llegado a insinuar que harías con el capitán para lograr liberarnos a Sam y a mí, has dejado todo a un lado y te has dirigido a James con respeto y afecto, sonriendo como si todo estuviera bien… no puedo admirarte más, ni sentirme más afortunada porque me has elegido a mí como tu compañera… Pero no permitiré que te sacrifiques de ese modo por mí ni por la Resistencia.»
CONTINUARÁ…
