Anna conducía sin prisa alguna por las calles de aquella ciudad, tratando de no distraerse con la imagen de su ahora novia haciendo intentos de aprender a manejar su teléfono celular. Casi frustrándose al no lograr comprender como Anna podía hacerlo ver tan sencillo, sintiéndose más torpe de lo que podía ser al solo saber como hacer una llamada y ya. Pero claro, Elsa nunca estaba a gusto de usarlo y siempre dejaba que Anna lo hiciera, viéndola teclear cosas de forma rápida, entrando y buscando en aquel Google lo que necesitaran para su búsqueda.
– ¿Tienes alguna idea de que haremos en caso de que no logremos descifrar el pergamino? Porque estuve pensando que…
– Tranquila cariño, tengo todo bajo control. – interrumpió Anna con una sonrisa. – Además se que vamos a lograrlo o dejo de llamarme Anna Summers.
Eso basto para hacer que Elsa riera de forma suave, cubriendo sus labios con su mano causando una cálida sensación en el pecho de la historiadora.
Volviendo a centrar toda su atención en conducir directo al valle donde comenzarían su exhaustiva investigación con respecto al paradero de Grand Pabbie aun sabiendo que podrían perder tiempo allí al saber que ninguno de los trolls fue capaz de descifrarlo, pero ninguno de ellos se había graduado de la universidad como Anna y poseían los mismos conocimientos que ella. Seria pan comido.
Y pensar positivo era una de las tantas cualidades de Anna que le gustaban a Elsa, no solo porque la pelirroja parecía siempre tener una respuesta para todo, sino que la personalidad de Anna era algo tan atrapante y encantador que no había costado mucho el caer rendida ante ella. Más aun, el cuerpo que poseía la historiadora era envidiable para muchos y amado solo por Elsa, sintiéndose superior al saber que había marcado gran parte del mismo mientras desayunaban, las marcas en el cuello de Anna delataban que tenia a alguien. Ella había recorrido aquel majestuoso cuerpo con sus frías manos la noche anterior y deseaba tanto poder volver a hacerlo, quería sentirla a plenitud aun entendiendo que no podía desviarse del problema central.
Con el pasar de los minutos y con un cómodo silencio invadiendo a ambas chicas, la entrada al vale se presentó. Anna detuvo su camioneta para poder bajar tan pronto como fue posible, rodeando el vehículo y abriendo la puerta de la albina, quien mostró una sonrisa mientras bajaba del mismo, dando un rápido beso en la pecosa mejilla de Anna.
Avanzaron unos pocos pasos antes de que la misma reina se detuviera abruptamente, escuchando nuevamente aquel llamado. Frunció el ceño mientras dirigía su mirada a cada punto de aquel lugar silvestre, tratando de encontrar el punto exacto de donde provenía. Sintiendo llamada a seguir y encontrar a la o el causante de ese sonido. Lo tomó como una sirena, tan dulce y atrapante, que la hizo avanzar al lado contrario.
– ¿Elsa? ¿Qué estas…? ¡Elsa el valle es hacia el otro lado! – Exclamó Anna al verla voltear.
– Shh… ¿Acaso no escuchas?
La historiadora frunció el ceño ante su pregunta, decidiendo hacer caso y prestar atención. Lo único que lograba escuchar era el sonido de los diferentes animales y de la misma naturaleza de aquel lugar. Extrañada por el repentino comportamiento de su novia, Anna decidió seguirle la corriente sin exagerar, centrándose en averiguar que era lo que Elsa estaba escuchando y ella no, queriendo imaginárselo para poder ayudarla.
– ¿Qué estas escuchando?
Vio como la albina abría y cerraba sus manos, dejando que sus brazos se balancearan mientras giraba sobre su propio peso para ver a la pelirroja con un semblante preocupado. Alzo sus hombros, intentando encontrar las palabras adecuadas para poder explicarse, más nada llegaba, su mente estaba bloqueada.
– Uh… No lo sé, suena como… Una voz, es… Siento que me esta llamando por alguna razón y… Debo encontrarla. – Elsa suspiró, pasando sus manos por su rostro en una clara señal de frustración ante la situación. – ¿Acaso no la escuchas?
– No, solo escuchó a la naturaleza. – Confesó Anna haciendo una mueca. – Dime como suena…
– Uh… Creo que es… Ah-ah, ah-ah
Dirigió su vista a Anna, la cual, por su expresión facial, supo entender que no estaba entendiendo absolutamente nada y solo pudo frustrar más a la reina. Elsa soltó un gruñido de molestia, deshaciendo su trenza para poder sujetar su albino cabello en una alta coleta, quitando algunos mechones de su flequillo, sus manos se posaron en su cintura y un suspiro escapo de sus labios.
Anna quiso hablar, pero ver como la expresión en Elsa cambio tan drásticamente, decidió callar. La albina estaba volviendo a escuchar el llamado, girando en dirección a la entrada del bosque. Casi en un acto impulsivo, la albina comenzó a correr en dicha dirección, causando una gran sorpresa en Anna, la cual no tardó ni un solo segundo en perseguirla, gritando su nombre para que se detuviera. Nada sucedió.
Llamarlo desino o casualidad, Elsa se detuvo una vez que un arroyo estuvo frente a ella y Anna lo agradeció demasiado, colocando sus manos sobre sus piernas para poder recuperar el aire perdido por la corrida que debió hacer para alcanzar a su novia. Elsa respiraba agitadamente por su boca, observando con curiosidad la corriente, viendo el agua cristalina de aquel pequeño arroyo.
– Por favor, dime que no piensas cruzarlo porque realmente… ¿Elsa?
– La voz… ya no… Ya no está, ¿Crees que quería que viniéramos aquí? ¿Y si era una especie de señal? Tal vez… ¡Ahí esta otra vez!
Elsa dio unos pasos hacia atrás, observando y pensando como cruzar sin mojarse demasiado. Cuando una idea llegó a su mente, puso manos a la obra, retirándose las botas como el suéter que llevaba puesto, subió hasta un poco más arriba de sus pantorrillas el pantalón antes de avanzar.
Y Anna gritó su nombre, intentando detenerla por segunda vez en ese día. Al ver que no tendría su atención, decidió imitar su acción y cruzar la poca agua que separaba dos pedazos de tierra. Entre quejas, la historiadora cruzó para encontrar a su novia absorbida por la extraña y misteriosa voz.
– Elsa, en serio, no creo que esto sea bueno… ¿Y si es algo malo lo que nos espera allí? ¿Acaso no pensaste en esa posibilidad? ¿Qué tal si lo que este esperándonos sea lo mismo que te dejó así?
Y eso dejó pensando a la reina, por pocos segundos debió aceptar las palabras por Anna, razonar que lo que estaba haciendo no era propio de ella, ser impulsiva y no pensar antes de actuar… ¿Qué estaba ocurriéndole?
Relamió sus labios, frunció su ceño y miro el suelo unos segundos, sintiendo la tierra mojada debajo de sus pies descalzos. Quizás Anna estaba en lo correcto, quizás algo malo la estaba llamando y, por cosas del destino, Elsa estaba respondiendo al llamado de manera inconsciente.
– ¿Qué tal si no es así? ¿Qué tal si… si lo que me esté esperando tenga respuestas de lo que me paso… de como podemos avanzar? – Murmuró Elsa relamiendo sus labios, tomó aire y se acercó a la pelirroja con una ligera sonrisa. – Prometiste que pasará lo que pasará, estarías conmigo… ¿Vas a romper esa promesa?
En respuesta, Anna la beso. Un suave y lento beso, que demostraba todo el amor y adoración que podía y sentía por aquella albina. Elsa, tímidamente, pasó su lengua por el labio inferior de su pareja, pidiéndole permiso para poder entrar. Siendo bienvenida por Anna, su lengua invadió la cavidad bucal de la historiadora, acariciando suavemente su paladar y tomando un gemido de ella.
Algo las detuvo, esa voz que Anna comenzó a escuchar sin razón alguna. Se separó de la albina, observando tan concentrada el lugar que las rodeaba, como esa extraña voz era escuchada, ahora, por ella. Frunció el ceño mientras sujetaba la cintura de Elsa, quien la observó con cierta preocupación.
–¿Anna?... Anna, ¿Qué pasa?
– Estoy… Creo que estoy escuchando la voz…
Los ojos azul zafiro de Elsa se abrieron a la par, sorprendiéndose por aquel inquietante cambio, ¿Cómo era posible? Se separó un poco para ver como Anna volvía a colocarse sus zapatos y acomodar el jersey bordo que últimamente se encontraba usando. Mordió el interior de su mejilla mientras intentaba descifrar de donde venía, porque estaba segura de que estaban más cerca que antes.
– Estoy volviéndome loca. – Suspiró Anna sujetando su cabeza.
Elsa simplemente pudo cruzarse de brazos y alzaba una ceja ante las palabras que la pelirroja había dicho, la cual se dio cuenta de aquello y permitió que un rojo pintará sus pecosas mejillas.
– Uh… N-no quería decir… Ya sabes que… Uh… ¿Quieres seguir o quedarnos aquí y tratar de descifrar el pergamino? – Sugirió buscando en su bolso el objeto nombrado, acabando por descolgar el bolso de su hombro para buscar más a fondo. – … o seguimos la voz porque acabo de darme cuenta de que olvidé el pergamino en la camioneta.
Con eso, la risa de Elsa no tardó en escucharse causando que la pelirroja se sintiera más torpe de lo que ya podía ser. Mordió su labio, colocando un mechón detrás de su oreja mientras intentaba desviar un poco el rostro y evitar que su novia viera su enrojecido rostro.
– Eres adorable, ¿Lo sabías?
– Si, pero… Creo que deberíamos buscar el camino hacia el valle y hablar con esos trolls, tengo fe que podrán decirnos algo con respecto a esa misteriosa voz que esc… digo que escuchamos.
