Cambio de escena:

Cambio de narrador: /

Flashback

Pensamiento: "..."

Sueño: [...]


Los días habían vuelto a pasar desde la reconciliación de la dulce pareja, en aquel tiempo, no se habían separado en ningún momento, disfrutaban cada minuto que habían estado separados, disfrutando de la compañía, disfrutando de aquellos instantes que parecían ser efímeros, pues para ellos pasaban demasiado rápido.

Ahora mismo, se encontraban paseando por las calles semivacías de París, donde solamente salían parejas que deseaban pasar sus ratos libres juntos. Estaba atardeciendo, y la imagen que se producía era simplemente hermosa.
La de cabello azabache, se novio al brazo de su pareja -disfrazada de "Adrien"-, que le sacaba un poco más de una cabeza. Lo miraba con una suave sonrisa en sus tiernos y rosados labios. Estaba feliz, muy feliz. Podía estar con él, haciendo cualquier estupidez que se les ocurriese.

Pero… estaba realmente preocupada, sabía que él estaba totalmente recuperado, pero, en las noches, cuando se abrazaba a su fuerte cuerpo y lo acariciaba, podía notar las marcas de este -que le parecían ciertamente atractivas-, aunque, le hacia preguntarse en cuantas batallas había llegado a meterse para tenerlas.

A parte de esas cicatrices que tendrían mil y una historias, seguía preguntándose demasiadas cosas. Sobre todo, el hecho de que algunos demonios hubiesen comenzado a acecharla y perseguirla.

Aquellas semanas, con el rubio a su lado, no hubo gran problema, sabía que estaba protegida -por él y sus extraños amigos-, pero sentía todo excesivamente extraño -mucho más de lo que daba de si la situación-.
Siempre intentó preguntarle Chat noir, pero él parecía evadir el tema, de esa característica y eficaz manera que poseía. Siempre cortándola, y no dejándole ni siquiera acabar sus preguntas.

Sabía que lo hacía para protegerle, pero le molestaba de todas formas, le estaba ocultando información, que le incumbía en todos los aspectos.

El susurro de los animales, de la ciudad y sus habitantes, le hizo quedarse más y más absorta, cada vez con una expresión más preocupada.
Pero gracias al apretón del demonio, se exaltó en su lugar y giró su rostro para ver al hombre, que le miraba con curiosidad, y un deje tristón.

― ¿Qué es lo que ocurre purrincess? ―le preguntó deteniéndose, y poniéndose justo frente a ella, tomando con delicadeza el rostro de la más bajita entre sus manos.

La chica parpadeó, y solo pudo soltar una pequeña carcajada, todo al imaginar como se vería de tierno el rubio, con sus orejitas agachadas cual cachorrito.
Tras unos instantes negó. Tratando de calmar a aquel diablillo, tomó sus manos entre las suyas propias y las acarició con cuidado.

―No, no pasa nada, solo que me he metido mucho en mis pensamientos, ahora venga, tenemos que ir a ver a Nathaniel y Chloé, recuerda que quedamos para tomar algo con ellos esta noche.

― ¿Esa no fue la pareja que estaba peleada, y la rubia que te pegó por creer que intentabas robarle a su novio? ―preguntó el chico -aunque más bien afirmó- y la pobre azabache con un asentimiento de cabeza y una mueca asintió―. Bien, pero si trata de hacerte algo, haré alguna de mis maldades~.

La menor solo pudo negar y reír suavemente ante las declaraciones que su pareja había hecho, pues no dudaba que, si pasaba algo, él realmente haría algunas de sus "diabluras".

Ambos volvieron a mirarse, con las sonrisas plasmadas en sus labios, él abrió sus brazos y Marinette, con una encantadora carcajada, fue a corresponder aquel gesto, ocultando su rostro en el fuerte pecho de Chat noir.

Él apretó con un poco más de fuerza a la fémina, quien estaba realmente cómoda entre esos musculosos brazos.

―Al final vas a acabar aplastándome, gatito ―sonrió suavemente ella, con sus ojos cerrados.

―No te preocupes por eso, sabes que no lo haré ―rio por aquello, y después solo se separó con calma de la chica, quien tuvo que alzar su rostro para poder verle, sintiendo como comenzaba a producirle tortícolis.

―Eres enor- ―comenzó a decir, pero su oración fue cortada cuando escuchó una dulce y encantadora voz que reconoció al instante. Fue a darse la vuelta, con curiosidad, queriendo verificar si era quien ella pensaba que era. Pero, antes de poder hacer nada, sintió como se lanzaban sobre su cuerpo, casi haciéndola perder el equilibrio―. ¡Wow! ―jadeó sorprendida sosteniendo el pequeño cuerpo y, entonces, observó una dorada mata de pelo y unos grandes ojos azules que le miraban con emoción―. ¿Rose?

― ¡Cuánto tiempo ha pasado Marinette! ―soltó emocionada la más baja.

Y era verdad, desde que las dos se habían graduado del instituto, tras continuar con sus vidas, ninguna se había vuelto a ver.
En cambio, podía notar los cambios que aquella tierna chica con rostro de Piolín había tenido después de no verse en mínimo dos años. Sobre todo, fue aquel anillo, pequeño y plateado, con una joya de diamante rosado en su dedo anular.

― ¡Sí! ―sonrió ella correspondiendo al abrazo que la más baja le quería dar―. Pero oye, ¿acaso ya estás prometida? ―la rubia negó―. ¿Y ese anillo?

― ¡Oh! ―asintió todavía más emocionada, separándose de la azabache― Me lo ha regalado mi pareja por nuestro segundo aniversario ―dijo con aquella cantarina voz que tenía.

―Un momento, ¿pareja? ¿Terminaste con el príncipe? ―preguntó sorprendida la fémina y la chica rio negando con la cabeza.

―No, el príncipe fue agua pasada. Ahora mismo, estoy con la mejor persona de todo este mundo ―sonrió y cuando iba a seguir, le interrumpieron―. ¿Hm?

― ¡Rose! ―grito una alta y atlética chica, de cabello oscuro y puntas violetas que llegó corriendo, con un sonrojo en sus mejillas por el esfuerzo― ¡¿Q-qué haces yéndote de la nada tú sola?! ―le gritó la pobre adolescente preocupada―. ¡Me has pegado un susto de muerte! ¡No me…! ¿M-Marinette?

― ¿Juleka? ¿Tú también has vuelto? ¿Y con Rose? ―preguntó ella con cierta curiosidad mientras veía a su pareja sonreír ladinamente con un suave sonrojo, y al ver a las dos tomándose de las manos y pegándose la una a la otra, se puso las suyas en su boca. Sin poder evitarlo sus piernas comenzaron a dar pequeños saltitos de emoción―. ¿Me lo estáis diciendo en serio? ―preguntó mirándolas completamente extasiada y las dos chicas, con una suave sonrisa, asintieron.

La modista en aquel instante no pudo contenerse más, su cuerpo actuó por si solo, yendo directo a rodear los cuerpos de sus antiguas compañeras y estrecharlos al estar tan feliz por ellas.
Sabía muy bien como todos lo que latía entre ellas cada vez que se miraban, pero el que lo confirmasen ahora, simplemente le hacía sentir muy bien por ellas.

Por otro lado, cierto rubio, miró con una dulce sonrisa a su pareja, que comenzaba a charlar sin preocupación alguna con aquellas niñas -a su vista- que habían salido a la luz como pareja.
Le encantaba ver como ella parecía brillar con fuerza solamente con su sonrisa.

Pero, al mismo tiempo, le preocupaba, mucho más al recordar aquellas palabras que cierto dios de las mentiras le había dicho.

Tú humana es mucho más interesante de lo que parece a simple vista, si fuera tú, la estaría protegiendo cada microsegundo. Pueden robártela cuando menos te lo esperas.

Eso le hizo poner una mueca al hombre, sabía que ese hombre de burlona y misteriosa sonrisa tenía razón, podía notarlo en la mirada de su princesa cada que la veía; irradiaba una luz que jamás había visto.
Muchas veces se atrapó a si mismo observándola, pues día a día, la veía más apetecible, y no en el buen sentido. Aunque no le preocupaba, porque sabía que su sistema y cerebro le impedirían hacerle nada a la menor.

―" Sería incapaz de hacerle daño" ―pensó recordando las veces que había querido devorar el alma de su amada y que le había sido completamente imposible.

Cuando se despistó, sintió como le volvían a abrazar. Al bajar su mirada, encontró esos ojos que guardaban el cielo en ellos, sacándole una extensa sonrisa, mientras correspondía al abrazo que ella le había dado.

― ¿Has terminado de hablar de una vez cotorra? Que vamos a llegar tarde~ ―le dijo con una sonrisa, besando la naricita de la menor, quien se sonrojó suavemente.

―No soy una cotorra, hacía mucho tiempo que no las veía, ¡tenía que ponerme un poco al día! ―bufó mientras le daba golpecitos en el pecho al chico, quien no pudo evitar soltar una ronca carcajada ante la infantil actuación de la chica.

Tras aquello, los dos rieron suavemente, en su propio mundo, viéndose realmente adorables a los ojos de los extraños que pasaban y los veían tan felices.
Lo único que no sabían, era que alguien más les observaba, y no precisamente era una cara de felicidad.

Al final, después de un rato en el que se perdieron en su pequeña burbuja. Al darse cuenta de la hora, comenzaron a correr, riendo a carcajadas mientras el aire se les iba de sus pulmones.

Cuando habían "huido", muchos parecían mirarle como si fuesen bichos raros -sobre todo por el hecho de que estaban riendo y 'atropellando' a algunas personas por el camino-.
Aunque no podía importarles menos, estaban realmente felices. Llegaban tarde, pero estaban contentos.


― ¿Dónde están estos idiotas? ¡¿Cómo se atreven a hacernos esperar?! ―preguntó cierta rubia frunciendo su ceño mientras miraba su teléfono, observando como los amigos de su pareja, tardaban ya cinco minutos.

―Vamos, vamos Chloé, seguro que no tardarán en venir ―sonrió el pelirrojo acariciando el brazo de la fémina, quien le miró con firmeza y, tras una tierna mirada de parte de su novio, solamente pudo inflar sus mejillas "mosqueada" y asentir.

―Está bien, ¡pero si se tardan más me cabrearé de verdad!

―Lo sé cariño, lo sé ―rio suavemente el chico quien se acercó más a la mujer, quien desvió su mirada como si no se diese cuenta de que él se acercaba―. Si quieres me alejo, pero primero dame un beso ―sonrió dulcemente el dibujante, haciendo sonreír y sonrojar a Chloé.

―Bueno… si lo dices así, no voy a poder negarme ―dijo ella asintiendo suavemente y girándose a ver a su pareja, quien sonrió de aquella manera que tanto le gustaba a la rubia.

Comenzaron a acercarse, lentamente, con sus ojos cerrados. Hasta que algo brillante los interrumpió, y con cara de pez, se giraron a ver. Allí estaba Marinette, con teléfono en mano y una encantadora sonrisa que hizo sonrojar a los jóvenes enamorados.

― ¡Dios! ¡Os veis increíbles! ¿A qué sí? ―le preguntó al de cabellos dorados, quien asintió al ver la imagen.

―Sois un par de tortolos ―se burló el más alto mirando con calma a la rubia, que parecía querer arrancarle la cabeza, aunque el dibujante le detuvo.

―B-Bueno, sentaos y pongámonos a hablar, hay muchas cosas que contar.

Tras conseguir relajar a la fiera de la reina, las dos parejas se miraron entre sí, los primeros en romper el hielo, por su puesto, habían sido la azabache y el pelirrojo, que tenían muchas cosas que contarse.
Por en medio se metían muchas veces sus respectivos amantes, que no querían estar a un lado de la conversación. Y tanto la modista como el pintor querían que ellos se sintiesen integrados, así que no les costó en lo más mínimo cambiar de tema, teniendo en cuenta que a Chloé y Marinette las unía la moda. Y que 'Adrien', era bueno sacándole una sonrisa a cualquiera.

Así consiguieron pasar un buen y entretenido rato, entre charlas triviales y algunas más importantes, se les hizo tarde, observaron a los camareros, que los veían con cierto rencor, diciéndoles con la mirada «idos de una vez», ante aquello, el rubio fue a pagar para que no hubiese problema, -no aceptando ninguna réplica-, la rubia fue al aseo, y así, Marinette y Nathaniel se quedaron solos.

Ella sonrió en su dirección, pero cuando fue a hablar su amigo le cortó―. Marinette, deberías tener cuidado de ahora en adelante ―la azabache arqueó una de sus cejas, no comprendiendo demasiado bien a que se refería su amigo―. Hablo de Félix… ―susurró y ella frunció su ceño.

― ¿Qué ocurre con Félix? ―le preguntó ella y desvió su mirada, desde aquella rara conversación que habían tenido sobre Chat noir no habían vuelto a hablar, y ella tampoco lo había vuelto a ver.

―He escuchado que cada vez se comporta de manera más fría con la gente y que… bueno, que te espía ―dijo y allí la fémina se tensó―. Sé que fue él quien cortó contigo, pero… ―dijo y negó con la cabeza―. Solo ten cuidado, ¿está bien?

―Está bien, solo dime, ¿quién te ha dicho que me espía?

― ¿Tú quién crees? ―le preguntó con una carcajada.

La chica se quedó pensativa, y después alzó de nuevo su mirada.

― ¿Y si no es cierto? "Quizás debería hablar con él, después de todo… sabe cosas que yo no. Y que Chat tampoco quiere contarme" ―pensó ella mirando de reojo al rubio.

―No sé si sea cierto o no, simplemente te pido que andes con ojos en la nuca ―asintió suavemente el pelirrojo con una sonrisa―. Por cierto, este chico es mucho mejor para ti.

Marinette en ese momento se sonrojó suavemente y asintió mirando a su novio―. Sí que lo es.

Lo que no sabían esos viejos amigos, era que cierto demonio de ojos verdes había estado escuchando atentamente la conversación desde su posición.
Y eso podría o no traer algunos problemas consigo.


Un rato después vino la rubia, los dos se levantaron y pronto, la azabache sintió como le abrazaban con fuerza por la espalda y besaban su mejilla, haciéndole reír.

Los cuatro se despidieron a la salida del café, el diablillo y la modista abrazados el uno al otro. Y la rubia y el pintor cogidos de la mano, en una tranquila conversación.
Los ojos tóxicos del demonio se conectaron con los de su princesa, ella solo le sonrió ante aquello, consiguiendo otra sonrisa del mayor.
Se giraron con calma, comenzando a caminar hacia la casa de la chica en un confortable silencio que les hizo suspirar pegados el uno al otro.

Las dudas se presentaban en su cabeza, pero se disipaban enseguida que se robaban la mirada o compartían un dulce beso.
Ambos querían olvidarse un poco de lo que habían oído, sobre todo cierto chico de cabellos dorados. Pues aquello le había enfadado, si no poco, bastante.

Aquella noche, por fin, después de todo el tiempo que llevaban juntos.

La haría suya.

Y sabía que no tenía que preocuparse por nada, el contrato aún seguía vigente, pero hasta que ella no le pidiese nada, no tendría porque cumplirlo. Ya encontraría algún vacío legal para poder estar con ella. Si no por la eternidad, al menos por el resto de la vida de la chica.
Quizás así, sería suficiente. O eso quería pensar.

Nada más llegar, la chica sonrió a su madre quien fue a abrazarla con una sonrisa. Después miró al rubio, quien cambió de forma y abrió sus brazos, haciendo reír a la mayor -y, aunque no terminaba de acostumbrarse a aquellos cambios-, fue a abrazar al chico quien sonrió casi levantándola.

―Voy arriba a ducharme, cuando termine te aviso Chat ―dijo sonriendo suavemente para quedarse pensativa―. "Debería quedar pronto con Alya y contarle todo lo que ha estado pasando" ―sonrió ella entrando a su habitación.

En ese instante la de ojos grises sonrió mirando por donde se había ido su pequeña, tras ello, se giró a ver al chico, pero este le hizo un gesto con las manos que la dejó quieta en su lugar.

En unos minutos, subiré a ver a su hija, en el momento en que entre, usted irá directa a la cama y quedará sumida en un profundo sueño del que no despertará hasta mañana a las nueve de la mañana, ¿entendido? ―la mujer asintió suavemente, completamente hipnotizada―. Perfecto~.

Tras aquel pequeño conjuro, él alzó su mirada y alzó suavemente sus orejas, escuchando como la chica seguía metida en la ducha. Ante aquello asintió, miró a la mujer en su lugar y besó la sien de la misma haciéndole un gesto para que se dirigiese a su propia habitación.

El rubio asintió por aquello, y tras ver a la mujer marchar, comenzó a subir las escaleras, con un peligroso brillo en sus ojos depredadores.

La adolescente, tras una rápida ducha, cerró la regadera para no gastar más agua de manera innecesaria, tomó la toalla que había dejado sobre la mampara y, tras secarse con cuidado, se enrolló en esta con una sonrisa.
Con calma fue a ponerse la crema hidratante para que su piel no se quedase dura y agrietada. Y tras aplicar la loción, asintió.

Se dirigió hacia la puerta y cuando abrió, se topó con un fuerte pecho que había reconocido al instante. La chica alzó su mirada, el sonrojo en sus mejillas destacó más al momento de ver aquellos brillantes ojos mirarle tan fijamente.
En ese instante, los brazos del demonio la rodearon, pegándola a ese fornido cuerpo que consiguió que el carmesí se expandiese por su rostro.
En otras circunstancias ella le habría apartado, pero al ver esa intensa mirada, tan fija en ella y ese agarre, que, aunque fuerte, era dulce y acogedor. No opuso ningún tipo de resistencia.

El chico, ante aquello la levanto, dejando que ella rodease su cintura con sus largas piernas, y con sus brazos el cuello.
Ambos se miraron, fijamente durante unos segundos, segundos en los que la cercanía aumentaba, hasta que sus labios se fusionaron en un pasional beso que les arrancó un jadeo de sus pulmones.
Él aprovechó ese momento, adentrando su escurridiza lengua en la cavidad ajena, escudriñando cada pequeño recoveco que encontraba hasta dar con la inquilina del lugar, que, con más timidez, le siguió la corriente.

Aquello no era una lucha por la dominancia de ese beso, no, simplemente se dejaban llevar por el otro.

Con su magia, comenzó a levitar, yendo en dirección a la cama de la joven. Que apretaba con un poco de fuerza sus hombros, pero no impedía nada de aquello.
Ambos lo habían pensado durante algún, tiempo, pero ninguno había querido dar el paso. Hasta ese día.

Las manos de ambos, con nerviosismo comenzaban a quitarse la ropa, necesitados por sentir la piel del otro, un sentimiento ardiente comenzaba a consumirlos, el calor, se comenzaba a agolpar en sus pelvis.
El aroma de la chica, al dejarla desnuda, se hizo más fuerte, atontando al demonio quien se quedó mirándola con un tenue sonrojo en sus mejillas, mientras ella desviaba la mirada avergonzada. Hacía tiempo que nadie la había visto desnuda.

―No tengo palabras para describirte my princess ―dijo él con una dulce sonrisa en su dirección mientras que se deshacía de sus pantalones y la menor se tensaba al ver lo que había estado ocultando la ropa del chico, haciéndola tragar espeso. Y, arrancándole un gemido, la traviesa cola del demonio acarició los pliegues de la feminidad de Marinette―. Pero sin duda, me estás volviendo loco~.

Ella se sonrojó a rabiar por las palabras de su pareja, pero a penas y pudo decir algo cuando él se lanzó sobre su persona, posicionándose entre sus piernas y dejando que el glande de su miembro, rozase la rosada intimidad, dejando escapar gemidos y gruñidos de ambos.
Aunque algo mosqueó un poco a Chat, que vio que ella estaba poniendo una mano en sus labios para no hacer ruido.

―" Adorable" ―pensó por acto reflejo, y su cola, comenzó a jugar con el clítoris de la chica, quien puso sus pies en punta ante el ataque a aquel punto tan vulnerable―. No te preocupes, puedes gritar todo lo que quieras, no nos va a oír nadie.

La sonrisa confiada, le hizo entender que ya había hecho alguna de sus maldades. Por ello, su intimidad se había humedecido más, consiguiendo que el gesto de los labios del hombre se extendiese.
Ella gimió, cuando sintió como su novio tenía intenciones de adentrarse en su interior, pero todo lo contrario, solo pareció jugar con ella.

En ese momento el sonrojo opacó toda la cara de la fémina, quien solo pudo atrapar sus caderas para que se pegase más a ella, mientras sus gemidos resonaban en los finos oídos de aquel ser que la miraba con una pasión y una lujuria que la estremecían.
Sus intimidades se rozaron de nuevo, provocando que ambos se arqueasen, que sus cuerpos les pidiesen estar más juntos el uno del otro.

Ambos se miraron, fijamente, sus labios se buscaron y de nuevo se devoraron, queriendo más el uno del otro, ella gemía ahogadamente, no quería dejar escapar su voz, que sonaba de manera angelical para su demonio, por eso, el adentró su cola en el interior de la chica, haciendo que un agudo chillido escapase y ella le mirase con las lágrimas en sus ojos y su respiración entrecortada.
Ante aquella imagen él no dudo demasiado. Deseaba jugar, deseaba hacerla sentir bien, quería que supiera cuando le encantaba tenerla entre sus brazos en su forma más primitiva.
Marinette podía notarlo, la sonrisa en sus labios, la mirada fija en su persona, ese tacto tan dulce y cariñoso que él tenía con su cuerpo.
Esos brillantes ojos en los que se perdía y todas sus dudas se disipaban.

―Chat… hnngh ―gimió quedamente mientras le abrazaba a su cuerpo―. Por favor, hazlo ya. Quiero sentirte gatito ―susurró y pronto, sintió el cuerpo ajeno calentarse a rabiar, en ese instante, un gutural gruñido escapó de su pareja.

Había pulsado un interruptor muy peligroso.

Pues cuando él le miró, ella se sintió atrapada por esos grandes y afilados ojos. El aire se le cortó, los dos volvieron a arquearse, las lagrimas se agolparon en los ojos de la chica, quien sentía como le costaba tragar su saliva.
Él comenzó a llenarla de besos, a llenarla de caricias, dejado que se acostumbrase al tamaño, y él por igual, pues la sentía estrecha, pero perfecta para él.

Las estocadas comenzaron, primero lentas, para después comenzar a moverse a más velocidad, los dos se perdieron en la piel del otro, dejándose llevar por ese encanto que les obligaba a seguir y marcar cada centímetro de piel, con besos, mordidas, arañazos.

Allí comenzó la verdadera batalla, pues ambos buscaban hacerse sentir bien con cualquier pequeño gesto. Ella sentía su interior ser llenado por completo por el miembro de su pareja, que parecía conocer todos y cada uno de sus puntos débiles, haciendo que su mente se pusiera en blanco más de una vez.
Y él sentía su cuerpo perder fuerzas de vez en vez y queriendo llenar cada centímetro de la intimidad de la chica con su semen, sintiendo la gloria cada vez que entraba rápido, pero mucho mejor cuando lo hacía despacio, notando como ella envolvía su pene con las paredes de su interior.

Una sensación única, pues se sentían en el cielo, al mismo tiempo que las abrasadoras llamas del infierno quemaba su interior, dejando que la lujuria y la pasión se desbordasen.
Las voces de ellos, tras un rato dejaron de intentar callarlas, las sábanas quedaron impregnadas con aquel olor que salía de todo su amor.

Siguieron durante horas, dejando que algunos vecinos se preguntasen como era medianamente posible. Mientras ellos seguían encerrados en aquella burbuja que no les dejaban pensar en nada más que en el placer de ambos, disfrutando de cada escaso segundo que pasaba mientras las caderas de ambos no se detenían. Esa sensación, los hacía sentir más vivos de lo que nunca habían estado.

Pero todo llega a su final, y todo acabó, cuando ambos desfallecieron en la cama, abrazados el uno al otro, con sus cuerpos entumecidos, pegados al otro y con una sonrisa en sus labios. Sintiéndose bien, sintiéndose cómodos, sintiéndose felices.

Sin saber que la felicidad, no era algo duradera, y dos pares de ojos que les habían observado, querían acabar inmediatamente con ella.


N/A: Y aquí, una vez más, trato de traeros un contenido de calidad, espero que el pequeño lemon haya satisfecho vuestras expectativas, no quería enrollarme demasiado con él, pues se podía hacer más largo, pero siento que queda bien de esta forma.
De todas formas, ahora con todo el problema que surge, espero que os guste muchísimo, y que le déis bastante amor.
Pronto vendrá el siguiente capítulo, pues ahora consigo sacar más tiempo del que antes tenía, y viene con el pensamiento de alguien que responderá quizás o no, algunas dudas que tengáis sobre todo lo que está pasando.

También deciros que me encanta que aún haya gente que comenta y que le gusta lo que hago, también que hagáis vuestras teorías sobre lo que ocurre, etc.
Sin duda, es lo que me anima a querer actualizar siempre. Y siento que sea tan lenta. Son meses duros, pero jamás dejaré esta historia, pues aún queda mucho camino por delante.

Próximo capítulo: Pensamientos de un niño rico