Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 24 – La Orden del Fénix.

Dumbledore les citó en una taberna poco transitada en Hogsmeade, la de su hermano Aberforth. Una reunión de aquel calibre podía llamar la atención así que les dijo que si alguien les paraba de camino, comentaran que iban a un encuentro de antiguos alumnos. ¿Es que ese hombre pensaba que un mortífago se iba tragar eso? La mayoría, por no decir todos los que habían sido detenidos hasta ahora, eran slytherins, algunos muy conocidos por Bellatrix, así que estaba muy de que si les decía esa tontería sospecharían que pasaría de todo menos un simple encuentro entre antiguos estudiantes.

Las ansias de James hicieron que llegaran con el suficiente tiempo como para poder charlar con el resto. Aunque lo que se dice hablar, ella no tenia con quien hacerlo. Todos los que estaban allí eran mayormente gryffindors, algún que otro ravenclaw y un par de hufflepuffs. Ella era la única slytherin, por lo que como de costumbre era la oveja negra del lugar. Para su alivio Dumbledore fue bastante puntual.

–Bienvenidos… Me emociona ver que, aunque finalmente no forméis parte de lo que os voy a proponer, hayáis acudido.

El anciano se quitó sus pequeñas gafas y las posó sobre la mesa.

–Seré breve. No quiero quitaros vuestro valioso tiempo. Si estáis aquí es porque muchos de vosotros tenéis un presentimiento o una convicción de lo que se acerca, y ante la impasibilidad de los que nos deben de proteger he creído conveniente que seamos nosotros los que paremos el trágico destino que se augura para nuestro mundo.

Un murmullo se escuchó por la sala pero nadie se atrevió a interrumpir. Obvio que todos sospechaban lo mismo, había que ser muy ciego para no ver como los asesinatos se habían multiplicado.

–Se que tenéis dudas, también se que no será fácil y que correremos peligro. Pero no solo debemos salvar nuestro futuro sino también el futuro de las próximas generaciones.

Frank Longbottom levantó el brazo para preguntar, este y su esposa Alice, estaban esperando su primer hijo y al igual que James y Lily, para el mes de julio. Bellatrix nunca había cruzado más de un par de palabras con el matrimonio Longbottom, pero parecían buenas personas.

–¿En qué consiste exactamente lo que nos propone profesor?

Dumbledore se frotó las manos.

–En crear un grupo que acabe con Voldemort.

Bellatrix puso los ojos en blanco. Si antes creía que la idea era un autentico disparate ahora que lo escuchaba directamente de la boca de ese hombre lo creía más. Parecía que muchos compartían su idea ya que el murmullo que se formó tras las palabras del profesor inundo la sala.

–Esto es un suicidio. –Le susurró a Sirius.

Este no quiso contestarla, en los últimos días Bellatrix había estado día y noche diciéndole lo mala idea que era unirse a la Orden. Hasta ahora la había ignorado pero al escuchar las palabras de su antiguo director, ciertas dudas comenzaron a inundar su mente.

Marlene Mckinnon, fue la siguiente en intervenir. Sirius la observó con detenimiento, hacía muchos años que no la veía. Le alegraba verla tan bien, por lo poco que sabía de ella era que se había casado, esperaba que fuese feliz. Habían salido brevemente, tan breve como dos semanas, enseguida se dieron cuenta que lo suyo no tenia futuro. Además, al poco tiempo ocurrió toda su historia con Bellatrix y eso no hizo más que confirmarle que una relación con Marlene no hubiera perdurado.

Iba atender a las palabras de la mujer cuando sintió una punzada de dolor en su costado derecho. Bellatrix le clavaba la varita debajo de sus costillas.

–Podrías cortarte un poco por lo menos ¿no? –Le susurró clavándole más la varita.

Sirius apretó los labios para aguantar el dolor y a la vez para no reírse. Bellatrix estaba celosa. Estiro la mano para agarrar la suya y apartar la varita. Tomo aire aliviado al dejar de sentir presión. Cuando le quitó la varita tomó su mano y se la llevo a la boca para depositar un beso. Volvió a fijar su atención en la conversación.

–Estoy de acuerdo en que esta locura de la sangre debe de acabar, pero ¿qué seguridad tenemos en no morir todos en el intento?

–No puedo responder a tal pregunta Marlene. El riesgo será alto, pero si salimos victoriosos muchas vidas serán salvadas. Los estragos de Voldemort no solo se están produciendo a través de las muertes que se están cometiendo. Voldemort ha entrado en el ministerio.

Todos los presentes ahogaron un grito. Un Voldemort dentro del ministerio significaba que la balanza del bien y del mal estaba cambiando hacia la oscuridad.

–Nosotros hemos sido testigo de eso. –Dijo James refiriéndose a él y a Sirius. –Han desechado todas las investigaciones que puedan estar relacionadas con Voldemort y sus seguidores. El ministerio miente sobre lo que ocurre.

La de James era una afirmación bastante fuerte. Bellatrix había presenciado en su departamento lo que decía, pero no creía adecuado extrapolar esas situaciones a todo el ministerio.

–No os pediré un sí o un no ahora mismo. –Dumbledore intentó calmar los ánimos tras las palabras de James. –Es obvio que todos necesitáis pensar lo que supone entrar a formar parte de la Orden del Fénix. También quiero decir que el que decida no hacerlo tendrá mi más profunda admiración. Es difícil decir que sí, pero mucho más es tener el valor para decir que no.


Sirius y Bellatrix se mantuvieron callados durante todo el trayecto a casa. Aquella era la primera vez en su relación que se encontraban en una situación en la que sospechaban no estar de acuerdo. Era cierto que se peleaban, no se iban a engañar, su relación había empezado a partir de un desacuerdo, pero la decisión que tenían que tomar no era sobre si compraban leche de una marca o de otra. Esa decisión cambiaria su vida por completo.

Cuando llegaron la casa estaba a oscuras, Alphard, que habia vuelto a vivir con ellos, debía estar durmiendo. En el silencio de aquel lugar aun era más sofocante la idea de tomar la decisión. La casa estaba lúgubre y por un momento a ambos les recordó a la que fue su casa durante muchos años atrás.

–¿Qué crees que deberíamos hacer? –Finalmente Bellatrix rompió el silencio.

–Unirnos… ¿no? –Sirius necesitaba su aceptación. Si la situación fuera otra hubiera aceptado en la misma taberna, pero esa decisión no solo le incumbía a él.

Bellatrix arrugó la frente.

–Incrementaría el odio que ya nos tienen todos los sangre limpias… Seriamos un objetivo directo.

Sirius no lo iba a negar. Ahora que no solo debía preocuparse por él, ese era su mayor miedo. Si algo le ocurría a Bellatrix… Era consciente que ella era mucho más diestra con la varita, pero el miedo siempre estaría ahí. Además, el unirse reabriría heridas cerradas y nuevos enfrentamientos. Pero sentía que estaba en deuda con la sociedad, la clase de familia de la que provenían era una de las principales causantes de ese enorgullecimiento de la sangre. Era su obligación acabar con ello.

–Las cosas se pondrán muy difíciles, pero se lo debemos…

Bellatrix le miró sin comprender.

–Se lo debemos a la sociedad Bella, provenimos de una familia que ha sido de las principales en promover la ideología que Voldemort reivindica.

–Entiendo y comprendo lo que dices, pero… Tengo miedo. –Dijo dándose por rendida, de nada servía aparentar valentía.

Sirius opto por abrazarla.

–¿Desde cuándo tú tienes miedo? –Bromeó intentando quitarle hierro al asunto.

Bellatrix escondió su cara en el cuello de él.

–Desde que un psicópata mata a todo el que se le ponga por delante y nosotros vamos a interponernos en su camino.


La siguiente reunión de la Orden se produjo unas semanas después. La localización esta vez había sido en el Londres muggle, en una tienda de libros cuyos dueños eran magos. Esta vez Dumbledore les dijo que si alguien les preguntaba a donde iban, dijeran que eran un grupo de turistas conociendo la ciudad. Ese hombre cada día perdía más la cabeza, pero sin duda lo peor era que debía ser contagioso porque Sirius se había pasado varios días practicando acentos. ¿Cómo has podido caer tan bajo Bella? Desde luego, Sirius no era famoso por su inteligencia, pero debía de haberle subestimado.

–¿Qué tal chicos? –Preguntó Sirius al llegar a la parte de atrás de la librería y encontrarse allí con una gran parte de los miembros.

–¡Molto bene! –James se acercó a ellos haciendo aspavientos con las manos.

Cada día entendía más el porqué Sirius y James eran amigos, y con situaciones como esa comprendía que lo que los unía era esa estupidez galopante. ¿Acaso solo ella estaba preocupada de Voldemort?

Dumbledore les miró con satisfacción cuando todos entraron en la tienda. Debió temer que nadie fuera aparecer allí y formar parte de ese grupo anarquista. La reunión dio comienzo y para su descanso, comprobó que no todos tenían la inteligencia emocional de una pelota. Muchos realmente tenían intenciones y buenos planes para erradicar al mago tenebroso, o al menos para impedir su continuo ascenso.

Fue mayor su sorpresa cuando descubrió que hasta podía hablar con sus nuevos compañeros. A pesar de que por regla general los gryffindors no veían más allá de los colores de su casa, parecía que la edad había cambiado a muchos de ellos. Alice Longbottom resultó ser una buena consejera y la mitad de los planes salieron de su cabeza, y aunque en un principio lo negó, tuvo que admitir que había hecho buenas migas con Marlene Mckinnon. Esta como que no quiere la cosa, le agradeció que con su aparición en la vida del animago, este dejo de molestarla y pudo así empezar a salir con el chico que realmente le gustaba, su ahora marido. Esa información se la guardaría en la manga para reírse de Sirius cuando alardease de sus conquistas.

Tras que el viejo director les pidiera calma, al ver que muchos de ellos estaban emocionados con acabar con Voldemort, les instó a ser precavidos. Debían comenzar por el lado opuesto que Voldemort, ganándose a la población. Debían hacerles ver los ataques que se estaban cometiendo y que la sociedad rechazase la persecución de los nacidos de muggles. Pero tampoco todo iba a ser trabajo de campo, algunos miembros más experimentados serian los encargados de adentrarse en las filas de Voldemort a la vez que otros tratarían de evitar sus crímenes.

La Orden del Fénix había nacido.


Al ser un miembro activo de un grupo que pretendía acabar con Voldemort y todos sus seguidores, Bellatrix creyó que era conveniente romper lazos con su hermana pequeña otra vez. Aunque no estaba confirmado, Lucius Malfoy estaba bajo sospecha de ser un mortífago, por lo que sería mejor marcar distancias. Eso hizo que Andromeda volviera a ella, aun tenían muchas cosas que arreglar, se habían dicho cosas bastante fuertes, pero sinceramente estaba demasiado preocupada con el tema de la Orden y del ministerio para atender problemas familiares.

Los primeros meses tras la formación de la Orden fueron muy satisfactorios. Tal como habían dicho Sirius y James las prueban estaba ahí, pero el ministerio las ignoraba de forma premeditaba. Por lo que con un par investigaciones consiguieron dar con aliados del mago oscuro, los cuales sucumbieron sin mucho trabajo a sus presiones y acabaron confirmando algunos planes de Voldemort. Eso permitió que evitasen más de un ataque.

Ella por ahora se tenía que conformar con la parte informativa de la Orden. Continuaba con su fama de la malvada prefecta de slytherin, así que no formaba parte de ningún batallón de ataque. Los que si lo habían hecho eran Sirius y James, los cuales se tuvieron que enfrentar contra algunos mortifagos.

En San Mungo acabaron los dos. Cuando un grupo de mortifagos fue interceptado por sorpresa, aprovecharon el desconcierto y comenzaron a lanzar varios hechizos de ataque. La cosa iba bastante bien, pero cuando creían que estaban a punto de ganar, otro grupo de mortifagos llegó para ayudar a sus compañeros. Eso les tomo desprevenidos y tuvieron que retirarse de la pelea, pero antes fueron golpeados por varios hechizos cortantes.

Por suerte todo había sido superficial aunque lo peor no había sido eso. Sus acciones habían sido vistas por el Ministerio como una forma de deslealtad y habían sido suspendidos de empleo y sueldo.

Pero si creyeron que ese pequeño encuentro con los mortifagos había sido el mayor problema con el que se habían enfrentado, a tan solo unos días para que Lily se pusiera de parto. Los mortifagos dieron con un miembro de la Orden y acabaron con él y con toda su familia. Marlene Mackinnon era asesinada junto a su marido y sus padres. Eso hizo que las ganas de luchar contra Voldemort minorasen, el miedo les inundo. Los miembros habían comenzado a sospechar de un traidor en el grupo ya que Marlene se había mudado unos días antes de su asesinato y solo había dado su dirección a la Orden por si necesitaban localizarla.

Dumbledore decidió que era mejor que descansaran por el momento. Necesitaban procesar lo que había ocurrido. Todos se habían vistos reflejados en lo que le había pasado a Marlene y temían correr el mismo destino.

Parecía que estaban perdiendo la batalla contra Voldemort cuando esta ni siquiera había empezado.


A/N: Parece que las cosas comienzan a complicarse, la Orden se desmorona y aún no han conseguido nada, además las sospechas de traidores son un tema popular entre los miembros.

Por cierto si tenéis ganas de continuar leyendo más de Sirius/Bellatrix, recientemente he subido otro fic; "Matrimonio de (in)Conveniencia". Es la antítesis de este, es una parodia sobre qué hubiera pasado si Sirius se viera obligado a casarse con Bellatrix de acuerdo a las tradiciones de la familia Black.