Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


No sabía si decírselo a la familia. Claramente, Isabella no tenía conocimiento de su estado, no podía llegar y soltarles la bomba a todos, incluyendo a la Princesa y su marido, ¿y si se estaba equivocando? Fácilmente, la palidez de Isabella y todo eso era producto del estrés. Ni ella podría con la presión de planear una boda Swan en tres meses.

Como sea, esa mañana después de desayunar, pero antes de arreglarse para la fiesta, Alice tomó un auto y salió a la farmacia. Ni siquiera sabía por qué lo hacía, solo estaba consciente que no podía dejar que la Princesa siguiera volviéndose loca si venía un bebé en camino. Compró las mejores pruebas que le recomendaron en la farmacia y volvió a la casa con ellas, casi escondiéndolas de todos mientras corría a la habitación de Isabella y Edward. Sin anunciarse, entró, encontrándolos listos para comenzar a arreglarse.

—Lo siento, no podía esperar a que alguien me anunciara —se disculpó, ante las miradas furiosas de ambos.

—¿Qué quieres? —le preguntó Isabella. Sin decir una palabra, Alice le mostró una de las pruebas, logrando que la Princesa casi sacara los ojos de la impresión—. ¿Me estás queriendo decir que crees estar embarazada?

—No son para mí.

—Santo Dios. Son —repitió Edward.

—¿Entonces? Si esta es tu manera de insinuar que las prisas de Ilaria y Raoul…

—¡Por Dios, Isabella, son para ti! —la interrumpió. La mucama de la Princesa, que salía del vestidor con los atuendos de ambos, tiró los ganchos al suelo por la sorpresa. Edward dejó de respirar, de pie frente a la ventana, mientras Isabella se dejaba caer en el taburete frente a su tocador—. Ayer que dijiste que te sentías mal, y, bueno, te veías mal, pensé que, tal vez…

—Ilse, levanta eso y vete.

Sin decir una sola palabra, la mucama hizo caso a Isabella, dejando la habitación en silencio.

—¿No debiste decirle que…?

—¿Crees que estoy embarazada?

—Sí —respondió—. Solo tienes que hacer la prueba, para salir de dudas. Si no lo estás, entonces tienes que calmarte o de verdad estos tres meses te van a hacer pedazos. Si estás, bueno, debes calmarte.

Edward se acercó a Alice. Le quitó la bolsa de la farmacia y sacó las tres cajas.

—Las pruebas caseras no son certeras, recuerda —le dijo él a su esposa.

—Acertaron con ella hace cuatro años —respondió Bella. Alice se mordió el labio, asintiéndole a Edward. Él suspiró—. Bien. Hagámoslo —dijo. Le quitó las pruebas a Edward y se encerró en el baño.

—No veo a Vanessa por aquí —musitó Alice, intentando distraer a Edward de la caminata en círculos que estaba dando por la habitación.

—Eugenia la está bañando —respondió el, seco. No, no había manera de distraerlo. Incluso ella estaba nerviosa. Si era positivo, entonces tendría la noticia del año, pero si era negativo no se la acabaría en acusaciones que ella lo planeó todo para romperle el corazón a Isabella y… No, gracias.

Ojalá fuera positivo.

Después de los tres minutos de rigor, Isabella salió en blanco, con las pruebas en las manos. Parecía casi un fantasma.

—¿Y? —le preguntó Alice.

—Es negativo —murmuró Edward. Isabella los miró, sacudiendo la cabeza.

—Estoy embarazada —dijo, señalando hacia su vientre. Lanzó unas risitas, al tiempo que Edward se iba sobre ella y la envolvía en un fuerte abrazo. Alice suspiró con alivio. Bueno, al menos no le echarían la culpa por jugar con sus sentimientos, con eso que todo lo hacía mal...—. Okey, aún quiero que vayamos al médico.

—Por supuesto. Saldremos de aquí mañana temprano, no voy a dejar que te atienda alguien más que Tia —le dijo Edward. Isabella se rio.

—Está bien, papá sobreprotector. Pero, no quiero que nadie lo sepa aún.

—¿Qué? —inquirió Alice, sorprendida. Isabella suspiró—. Mira lo estresada que estás, si no se enteran, van a seguir…

—Estoy así porque yo no me he puesto límites. Mi mamá, Ilaria y Kebi lo están haciendo perfecto sin mí, fueron ellas quienes consiguieron la iglesia y el salón, yo me hice cargo del banquete y de la fiesta, obvio, pero tengo que bajar el ritmo. No quiero que nadie se entere, porque es el momento de mi hermana y no voy a robárselo.

Edward le dio un beso en la sien, mostrándose de acuerdo con ella. Alice asintió.

—Bueno, yo me voy. Felicidades.

Ambos asintieron.

—Gracias, Alice —le dijo Isabella—. Hoy tal vez me hubiera emborrachado de no ser por ti, así que te la debo.

—No me debes nada. Solo… no podía dejar que siguieras así, el bebé no tiene la culpa.

Salió de la habitación, dejándolos tener su pequeña celebración. Bueno, eso había sido fácil, lo difícil sería guardar el secreto hasta después de la boda. Sacó su celular, en un impulso para decírselo a Liam, pero dudó en cuanto comenzó a escribir el mensaje. ¿Podría hacerlo? Confiaba en él, siempre le contaba todo lo que pasaba en la familia, pero el embarazo de la Princesa era una noticia que involucraba a dos familias, no era un chisme más de los Swan.

Isabella está embarazada. –A

Él no sería capaz de contar nada.

Tenía clara una cosa: la familia no debía saberlo hasta que Edward e Isabella lo anunciaran, o estaría en graves problemas.

Jasper no hizo preguntas cuando ella entró a la habitación, lo que fue de gran ayuda porque se sentía muy capaz de soltar la noticia si alguien le preguntaba. En realidad, fue un poco ignorada por él, lo que, en realidad, ya no le importaba. Había aprendido casi a los golpes que, en su situación, era mejor que no le prestaran mucha atención.

—¿Dónde estabas? —le preguntó él. Sorprendida, intentó encontrar una excusa creíble que no levantara dudas ni sospechas.

—Fui a tomar aire. Sabes lo mucho que me altera estar aquí y con la fiesta de compromiso… —respondió. Jasper asintió. Bien, se creyó eso.

Se quitó la ropa normal, quedándose en una bata larga de seda para arreglarse. Tomó su alaciadora para convertir su cabello en una hermosa y sedosa cascada, con ojos ahumados y labios rosados. Acompañó su ajustadísimo vestido rosa con stilletos negros, un collar y un juego de brazaletes de diamantes. Se sentía soñada.

Salieron justo a tiempo para el comienzo del protocolo de esta clase de fiestas. Se encontraron con Edward e Isabella en el pasillo, la Princesa con un vestido morado a la rodilla, stilletos negros, largos aretes de diamantes y una media coleta de rizos adornada con una delicada tiara de cristales.

Jasper casi se derritió al ver a su hermanita. Lucía diferente, casi tierna, adorable. Esa era la magia del embarazo en ella, solo un ciego podría perderse ese brillo. ¿Cómo podía evitar que la gente lo supiera? De solo verla, lo adivinarían. Era una ilusa.

Mientras bajaban, Alice recibió, por fin, la respuesta de Liam. No podía responder hasta que estuvieran en el jardín, mientras los Swan saludaban a sus amistades. Pero su celular no dejaba de sonar, aun cuando Ilaria y Raoul hacían su gran entrada. Jasper le dirigió una mirada severa, al tiempo que Isabella le daba un codazo en las costillas. En cuanto los novios estuvieron en el vestíbulo, Alice se alejó para responder. Era una llamada. ¿Qué no le había dicho que hoy era la fiesta?

Por fin —masculló Liam. Alice resopló.

—Te dije que hoy no.

Entonces, no envíes esos mensajes. ¿Qué significa?

—¿Tú qué crees? Se supone que no debía contarle a nadie, así que, por favor, no digas nada.

Estás muy tranquila para el notición que es. ¿Por qué no te estás quejando de un complot, como siempre?

Alice rodó los ojos. ¿Se suponía que eso era una broma?

—Porque no debo hacer escándalos. En cuanto ellos se lo digan a la familia, te prometo que seré la misma de siempre.

Liam se rio al otro lado de la línea.

¿Cuándo regresas?

—No lo sé —respondió ella, torciendo el gesto—. Mañana nos vamos a Nueva York. Ilaria va a comprar su vestido, las chicas los suyos, nosotras… Es una boda con una planificación de tres meses.

Tal vez debería pasarme unos días. Nueva York en otoño es precioso.

Alice tuvo que contenerse para no gritarle. Tenía que estar loco para sugerir algo así.

—¿Bromeas? Si lo haces…

Relájate, Alice. Yo tampoco quiero que Isabella me haga trizas. Diviértete hoy y en Nueva York, nos veremos cuando vuelvas.

Ella suspiró de alivio, terminando la llamada. Al volver al vestíbulo para unirse a la familia otra vez, se topó de frente con Isabella. Brincó por la impresión, dejando caer su celular al suelo.

—Debía ser urgente para que molestaran tanto —musitó la Princesa.

—Sí, era de la universidad. Una tarea que hay que entregar en estos días, pero les recordé que yo dejé mi parte hecha.

Isabella asintió, alejándose. Liam seguía metiéndola en problemas.

Tomó del brazo a Jasper cuando regresó con él. Le sonrió para hacerlo olvidar la pequeña interrupción, él, en respuesta, le dio un apretón en la mano. Alice alzó ambas cejas, sorprendida. Eso era nuevo. Por lo regular, él no hacía ningún gesto, solo asentía, con su cara de póker, pero… fue bueno. Nuevo, pero bueno.

Isabella lo había hecho otra vez. En dos malditos días. Tomó lo mejor del tema neoyorquino, transformando el jardín de su residencia familiar en un exclusivo restaurante con una estructura metálica negra que medio cubrió con chiffon. De la estructura colgó arañas doradas con cristales y foquillos simulando la forma de una flama de vela. No había pasto, pues fue reemplazado por un suelo temporal de madera, así las mesas y las sillas no se tambalearían. Las mesas se habían mantenido simples, con manteles negros mate y caminos color borgoña, sobre los que había pequeños arreglos de rosas, dalias y demás flores borgoña. Los platos base eran simples diseños en negro, con la servilleta y el menú encima, la platería y la cristalería se mantenían en ese estilo sencillo.

Tal vez en ese momento del día aún no parecía completamente un restaurante de Nueva York, pero sabía que cuando anocheciera, no habría nada del jardín que ver y el ambiente sería como si estuvieran en Manhattan.

La Princesa era una maldita genio, y la odiaba por eso.

Incluso la comida eran esos bocaditos sofisticados de una fiesta de sociedad del Upper East Side, decorados exquisitamente, como si fueran hechos por un artista de la talla de da Vinci o Dalí.

Durante el postre —un delicioso cheesecake con fresas cubiertas de chocolate encima—, Charlie hizo el acostumbrado brindis, presentando a Ilaria y Raoul y agradeciendo a Isabella la planificación de la fiesta.

La fiesta, entonces, se desarrolló con la máxima calma. Tal y como había dicho Isabella, los meseros entraban y salían con bebidas, pues todas las botellas estaban en el interior de la casa. Nada de bar abierto, pero más oportunidad de accidentes. Con eso no había contado la Princesa.

Los niños no habían bajado, por lo que Jasper y Cynthia subían en todo momento a asegurarse de que estuvieran bien con la niñera, al igual que Edward e Isabella. Los habían dejado a los tres en una habitación con sus juguetes y las cunas portátiles para cuando fuera hora de tomar la siesta. Ellos tenían su propia fiesta allá arriba, seguramente se la estaban pasando en grande.

En algún momento, ya en la noche, los hermanos se reunieron en una mini reunión secreta. Alice estaba acercándose, cuando fue interceptada por Natasha, a quien no había visto hasta ese momento. Alice retrocedió unos pasos, sorprendida por la impertinencia de la rubia.

—Hola, Alice —la saludó ella, con un amistoso beso en la mejilla—. Que gusto me da verte. ¿Desde cuándo no nos saludábamos? ¿El debut de Cynthia?

—Sí, creo que sí —respondió Alice.

—Solo quería decirte que te ves fantástica —le dijo—. Ese vestido parece que está pintado en ti.

—Gracias, Natasha. Tú también te ves… bien —musitó, dándole un vistazo al vestido lencero azul pálido que llevaba. Parecía lista para ir a la cama, no para una fiesta.

—Que amable de tu parte, Alice. Gracias. Escucha, también vine porque he estado escuchando cosas. Yo sé que tú no tuviste las mismas oportunidades que Isabella, Ilaria y hasta de Cynthia, por eso aún no sabes exactamente cómo vestir para esta clase de eventos, pero hay personas que no saben eso y han estado hablando, ya sabes…

Alice levantó una ceja, mirando incrédula a Natasha. ¿De verdad era eso? ¿La estaba molestando con cosas sin importancia? Rodó los ojos.

—¿Y tú crees que eso me interesa? Yo estoy casada con Jasper, te lo recuerdo.

—Por supuesto. Alice, yo estoy de tu lado, por eso no me gusta ver como la gente se está burlando de ti —soltó. Fue en ese momento cuando se dio cuenta, al fin, de las miraditas y las risitas que estaba levantando con ese revelador vestido que nada tenía que ver con el de Isabella, el asimétrico de Ilaria y el de hombros caídos de Cynthia. ¿Qué se creían estas personas? Ella era mejor que ellos, simple y sencillo.

Alice se rio, amarga.

—Me da igual —le dijo—. Me da igual, porque yo sé que ellos me tienen envidia. Soy hermosa, sexy y estoy casada con Jasper, lo que me hace mejor, incluso que las gemelas. Soy todo lo que quisieran ser, hasta tú. No me dijiste eso como amiga, ¿verdad? Lo que quieres es que me sienta mal y me vaya para que tú puedas resaltar. Lo siento, Natasha, pero no será así. Yo con este vestido puedo tener a quien quiera, de hecho, lo hice, y con un vestido más… simple. Tú, aun con eso, no podrías…

Pero, Natasha se había quedado en su penúltima frase. La miró sorprendida, repasando en su mente lo que había escuchado.

—¿Tienes un amante? —le preguntó en un murmullo. Alice entendió ahí lo que había dicho, pero ya era tarde. Natasha ya se dirigía hacia la reunión fraternal. Alice la siguió a las prisas, empujándola en el último momento y haciéndola caer contra un mesero que cayó con ella, derramándole las bebidas que llevaba en la charola.

—Oh, por Dios. Natasha —exclamaron las gemelas, acercándose. Edward y Raoul la ayudaron a levantarse.

—¿Estás bien? —le preguntó Ilaria, al tiempo que Jasper colocaba su chaqueta sobre los hombros de su amiga. Su vestido, al mojarse, se había hecho transparente.

—Estoy bien —respondió ella, sonriéndoles a los hermanos.

—Natasha, lo siento mucho, no te vi —se disculpó Alice. Natasha solo la miró, sin decir una sola palabra. Alice le sonrió, con malicia.

—No importa, Alice. Yo soy algo torpe, seguro solo me enredé con mis propios pies.

—Vamos a limpiarte y a que te cambies —le dijo la hermana de Raoul, cubriéndola con otra chaqueta. Natasha asintió, dejándose llevar por Isabella y Bethany. Cynthia y Seth se encargaron de llevar a un par de mucamas para limpiar los rastros de bebida y vidrios.

—Aquí no ha pasado nada, amigos —vociferó Jasper—, por favor, continuemos celebrando por mi hermana Ilaria y mi futuro cuñado. Un brindis por ellos —propuso, alzando su copa. Ilaria y Raoul les sonrieron a todos en agradecimiento. Jasper miró a Alice, serio.

—Así que es torpe —musitó Alice.

—Sí, un poco —respondió él—. Lástima que su vestido se arruinó. Era muy lindo —dijo, girándose para alejarse de ella. Alice suspiró, furiosa, pero estaba tranquila. Evitó que Natasha le dijera su secreto a Jasper y casi arruinara la fiesta de Ilaria y Raoul. Eso ya lo consideraba un triunfo.

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Edward e Isabella le dijeron a la familia que tenían algunas cosas de trabajo en Los Ángeles, pero que los verían horas después en Nueva York. Ilaria le hizo prometer a su hermana que llegaría a tiempo para su cita en la boutique…

¿De verdad seguían sin sospechar? Eran más tontos de lo que Alice creía.

El jet salió de Seattle a las doce del día, hora de Washington, y estaba aterrizando a las nueve de la noche, hora de Nueva York. A su parecer, habían pasado todo el maldito día en el aire, pero eso era lo que pasaba con los cambios de hora.

Los autos los esperaban en la pista de aterrizaje, como siempre.

—¿Alguien ya habló con los muchachos? —preguntó Charlie cuando llegaron al departamento de Isabella en la Quinta Avenida.

—Edward me envió un mensaje avisándome que ya estaban abordando el avión, hace una hora. Van a estar aquí temprano —respondió Jasper.

—Está bien. Será mejor que nos aseguremos de tenerles el desayuno listo para cuando lleguen. Chicos, comiencen a instalarse, vamos a estar aquí por un tiempo.

—¿Ese es Central Park? —preguntó Cynthia, asomándose por la larguísima ventana.

—Sí —le dijo Jasper, acercándose a ella—. Prácticamente, puedes saltar de aquí y caer en uno de los árboles —bromeó.

—Eso no es cierto —intervino Renée—. Nunca lo hagas, ¿de acuerdo?

Cynthia rio.

—No te preocupes. No soy tan hábil.

Charlie ordenó a un restaurante cercano una cena sencilla para todos, mientras el resto se instalaba en las habitaciones disponibles. Era un penthouse, no una casa común. Cynthia, Jacqueline y Alice, y Jasper, Seth y Tyler tuvieron que compartir habitación. No fue un esfuerzo. Todas las habitaciones tenían el tamaño de un departamento pequeño.

Tras la cena, batallaron un poco para dormir, sobre todo con Tyler y Jacqueline. Era un ambiente nuevo, había mucho que ver, mucho que disfrutar. Si no tuvieran el tiempo en contra, sin duda todos habrían salido a pasear por la ciudad que nunca duerme.

Pero el cambio de horario hizo que Alice terminara levantándose temprano.

Para su sorpresa, se encontró con una lámpara que medio iluminaba la sala. Edward e Isabella ya habían llegado. Ambos estaban en pijama, recostados en uno de los sillones. Edward era el único despierto, leyendo a la suave luz de la lámpara, con los lentes puestos e Isabella acomodada sobre él.

—Buenos días —murmuró Alice. Edward la miró, percatándose de su presencia en ese momento. Él asintió.

—Buenos días.

—¿A qué hora llegaron?

—A las cuatro.

—¿Cómo están ella y el bebé?

Edward le sonrió.

—Están bien. Ambos están bien. Perfectos, en realidad. Tiene seis semanas, casi siete, en correcto crecimiento. Gracias por preguntar —le dijo. Alice asintió.

Se quedaron en silencio. Edward siguió leyendo, mientras ella jugaba con su celular y se preparaba un cereal. Su reloj biológico no entendía que estaban en la hora de Nueva York.

Poco a poco, la familia fue bajando, hasta que terminaron despertando a Isabella. Ella se levantó, arreglándose la bata de seda, saludó a todos y se fue a ver a Vanessa.

—¿Mala noche? —bromeó Jasper al ver el aspecto de Edward.

—La peor desde que Vanessa comenzó a dormir toda la noche —respondió él—. Dormimos algo en el avión, pero hubo un poco de turbulencia, lo que alteró a Bella. Ya aquí Vanessa se puso difícil… Cuando tú bajaste, ella acababa de quedarse dormida —dijo, dirigiéndose a Alice.

—Deberíamos cambiar la cita en la boutique. Nosotros también la pasamos mal… —musitó Renée, mirando a una adormilada Ilaria.

—En lo absoluto —masculló Isabella, saliendo por el pasillo—. Fue difícil conseguir ese espacio, no podemos cambiarlo. Aquí tenemos mucho café, té negro y bebidas energizantes. A poner buena cara, familia, esos vestidos no se van a comprar solos. Vamos, arriba, que los Parker nos invitaron a desayunar.

—Ya solo te faltan los pompones, hermanita —rio Jasper.

—Los quemé —respondió ella, haciéndolos reír a todos. Nunca los dejaría olvidar que fue porrista en la preparatoria, aunque ella quisiera olvidarlo.

Los niños estuvieron difíciles, otra vez, pero no podían dejarlos con las niñeras. Tal vez cuando fueran a la boutique…

Arreglados para el desayuno con los Parker y la cita en la boutique, tomaron los autos que los llevarían a Lexington Avenue, donde los Parker vivían.

—¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? —preguntó Alice, fascinada por el paisaje que se movía a su paso.

—Nosotros tal vez regresemos después de comprar los vestidos y los trajes. Hay cosas que hacer en casa, clases, por ejemplo. Escuché que mamá, Ilaria y Bella pasarán los tres meses aquí.

Eso no parecía justo en lo absoluto. ¿Por qué no se quedaban todos en Nueva York hasta la boda? Era una ciudad hermosa, el lugar donde una reina como ella merecía vivir, rodeada de personas de buen nivel, no como en Los Feliz…

Liam lo entendería.

Por supuesto, los Parker vivían en uno de los penthouse del edificio, no esperaban menos de ellos.

Los recibieron alegremente y con un gran desayuno al puro estilo Nueva York.

Se habló de la boda y de nada más. Supieron que ese día ellos también saldrían de compras para encontrar el traje de Raoul, después los hombres y las mujeres se separarían para buscar los trajes y los vestidos del cortejo y del resto de ambas familias.

Ilaria seguiría con el ejemplo de Isabella al distinguir a las mujeres de su familia directa y la de Raoul con el color secundario de la boda, o sea, Renée, Margot, Alice y Cynthia vestirían de dorado toda la noche, Isabella y Bethany lo harían después de la cena. A este paso, eso se convertiría en una tradición, justo como el velo de la Princesa.

Después del desayuno, los Swan volvieron al departamento por el velo y a dejar a los niños con las niñeras. La boutique a la que iban no era un lugar para ellos.

Llegaron justo a tiempo para la cita. Los ubicaron en una de las salas de exhibición, rodeados de todos esos hermosos vestidos. Ninguno pudo mantenerse quieto. Recorrieron los estantes como niños en una dulcería, diciéndole a Ilaria "mira" cada vez que veían un vestido que les gustaba. Cuando la asesora se presentó con ellos y le preguntó a Ilaria qué era lo que quería ella dio rápidas especificaciones: sofisticado, elegante, con mangas y que combinara a la perfección con el velo de su hermana. Antes de llevársela al probador hizo la pregunta obligatoria a la familia: ¿Cómo les gustaría verla? Charlie, Bella, Cynthia, Seth y Alice estuvieron de acuerdo en que debía probarse un vestido de princesa. Renée, Jasper y Edward eran del equipo sirena.

—No a ninguna de las dos sugerencias. Esas siluetas las llevaron mi hermana y mi cuñada en sus bodas —soltó Ilaria, haciéndolos reír.

—Y nos veíamos espectaculares, muchas gracias —respondió Alice.

—Bien. La siguiente vez que la vean, estará vestida de novia —rio la asesora, llevándose a Ilaria.

El primer vestido con el que salió era tan sencillo que hasta Cynthia se sintió decepcionada. Tenía mangas francesas, con tul y bordados del hombro al codo, y nada más.

El siguiente tenía las costuras por todo el vestido, como parte del diseño. La larguísima cola se desmontaba.

—¿Sabes una cosa? Esto me molesta —soltó Isabella, quitando la cola del vestido—, siento que alguien puede ponérsela de velo o que en plena caminata al altar se caerá —dijo, mostrando lo que quería decir. Terminó arrojándola lejos—. Olvídalo. Vuelve al probador.

—¡Te dije que ella iba a ser la más difícil! —exclamó Ilaria a la asesora.

El tercero seguía siendo sencillo, pero no sofisticado ni elegante. Tenía mangas casquillo y ya. ¡Vamos! La mujer se casaría en Nueva York, no en un bosque.

Para el cuarto, ya estaban a punto de pararse a los estantes.

—Estoy perdida —confesó Ilaria.

—Necesitas concentrarte —le dijo Alice—. No tienes mis cinco meses, ni los ocho de la Princesa, son dos meses y ya van cuatro vestidos que te pruebas que parecen disfraces. Deja de jugar a las muñecas y elige ya tu vestido de novia.

La familia la miró, sorprendidos. No por la manera en la que le habló a Ilaria, sino porque dijo lo que todos estaban pensando.

—La única solución que tienes, Ilaria, es aplazar la boda un año, pero eres una Swan y no lo vas a hacer, obviamente. Así que en este momento vas a volver al probador y te tomarás en serio este proceso, ¿de acuerdo?

Ilaria asintió. Al volver con el quinto vestido, se notaba la diferencia. Les cumplió el caprichito a Renée, Jasper y Edward con un vestido de sirena hecho completamente de encaje, con un gran escote en V y una capa que cubría su espalda y sus hombros. Era un vestido hermoso, pero el escote era demasiado para ella y para su familia.

—No es un vestido puramente blanco, como los anteriores —les dijo la asesora— y el escote…

—Sí, es problemático —dijo Charlie—. ¿Hay tiempo para encargarlo…? Podrías extender la capa hasta el pecho…

—No, me temo que no hay tiempo —respondió la asesora.

—Es precioso este vestido, pero no —dijo Ilaria—. Me incomoda el escote en la iglesia y en las fotos, y la boda será en diciembre con la nieve y el frío… Preferiría algo con las mangas más largas y que me proteja del frío.

—Vamos por otro.

Alice ya estaba harta. ¿Cuánto tiempo más les tomaría encontrar el vestido perfecto para Ilaria? Al menos Isabella fue rápida y no hubo necesidad de moverse a una tienda…

Ilaria regresó con un enorme vestido de princesa con escote de corazón y encaje antiguo. La enviaron a los probadores en cuestión de minutos, aun con la promesa de conseguir un torero que le cubriera los hombros y los brazos.

Se levantaron y caminaron a los estantes. La pobre necesitaba mucha ayuda. Con las siluetas sirena y princesa completamente descartadas, siguieron la línea de diseños ajustados. Sí, no tenía por qué lucir como Isabella o como Alice.

—Jasper, ven aquí un segundo —lo llamó Edward. El hermano mayor se apresuró. Edward le mostraba un vestido de encaje y tul en la cola. Las mangas y el escote lucían apropiados e ideales para la personalidad serena de Ilaria.

Jasper asintió. Sentía en el corazón lo mismo que sintió cuando Bella les mostró el dibujo de su vestido. Tal vez era extraño para un hermano, pero no le avergonzaba. Podía ver a su hermanita caminando al altar en ese vestido.

—Es este —declaró—. Sí, lo es.

Edward lo tomó y, sin decirle a nadie, ambos fueron al probador. Afortunadamente, se encontraron con la asesora antes de llegar. No la dejaron volver al almacén, prometiéndole que ese era el vestido.

Cuando Ilaria volvió a salir, su familia se quedó sin palabras, incluso Alice no supo qué decir, pero su mente era una locura. Desde que Ilaria llegó a la familia, le pareció un estorbo, una adición innecesaria, otro obstáculo para conseguir lo que quería en la familia, y eso no había cambiado, pero ahora la veía como una chica más, emocionada por su boda como ella lo estuvo alguna vez, entusiasmada por un nuevo comienzo.

Mientras veía a la familia reaccionar con lágrimas en los ojos y gritos de "ese es, ese es", se sentía afortunada de estar presenciando eso, que sus problemas con la Princesa y con Jasper no hubieran sido mayores que ese momento. Se sintió parte de la familia otra vez.

Edward había dicho días atrás que los Swan lo único que pedían a cambio era lealtad y compromiso, dos cosas que Alice nunca les dio realmente, y ahora veía las consecuencias. Arruinó sus posibilidades de un buen matrimonio con Jasper, de una amistad épica con las gemelas, Edward y Raoul, de ser una buena madre para Tyler, una buena hermana para Cynthia…

¿Debería seguir intentándolo o rendirse?

Tal vez su respuesta estaba en que en ese momento tan especial no se sentía arrepentida de lo que estaba haciendo con Liam.

Él la había convencido de que se lo merecían. Ellos la obligaron. Tal vez no estaba tan equivocado.


Hola, ¿como están? ¿Les gusto este nuevo capítulo? Se siguen guardando secretos en esta familia, parece que no entienden; ahora hasta Natasha sabe algo que no puede decir... Por otro lado, tuvimos un pequeño vistazo de lo que solía ser la amistad de la Princesa y Alice antes de todo el drama, esa fue mi parte favorita del capítulo, ¿y la suya?

Gracias a saraipineda44, Tecupi, Yoliki y Pili por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos leemos en los reviews y en el siguiente ;)

Annie. xx