—¡QUE ESTOY BIEN, YA DÉJAME EN PAZ! ¡MALDITA SEA!
Detrás de ella, Hiccup bufó igualmente furioso y apretó los puños tratando así de contener la ira y la necesidad de despotricar su sentir, lo cual evitó más que nada por sus hijos, sin embargo, sintió que estaba perdiendo el tiempo y que la probabilidad de congeniar con ella era nula. No le encontraba caso esforzarse en una causa perdida.
—Como quieras, pero más vale que vuelvas a la cocina porque tus hijos parecen asustados. —Le advirtió antes de marcharse.
Nuevamente sola, Astrid dejó escapar un suspiro frustrado. No entendía qué le pasaba, comenzaba a sentirse desesperada, a sentirse sola.
Estaba quebrándose como jamás en la vida le había sucedido, ya no se sentía más como aquella hechicera orgullosa que siempre alardeaba sobre sus logros, no, se estaba convirtiendo en algo más patético y débil. Y no entendía por qué.
Capítulo 21.
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El comienzo del fin.
Parte 2
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—Tranquila Astrid, sólo respira lenta y profundamente. —se dijo así misma para calmar la frustración que sentía por dentro.
Inhalando, exhalando y citando el mantra de su guía, se mantuvo en el exterior de la casa por varios minutos hasta que finalmente sintió paz a su alrededor y consigo misma. Tal había sido su meditación que le empezó a dar sueño, pero con todo el día esclarecido (a pesar de estar nublado) le indicó que no era el momento para una siesta, en especial si aún tenía que disculparse con sus dos pequeños por el espectáculo que había dado.
—Ya nos vamos Hofferson.
Se sobresaltó al escuchar la voz de su enemigo que, ya listo para ir a dejar a Zephyr e ir al trabajo, se puso una chaqueta al igual que su pequeña hija.
¿Había tardado tanto en meditar? Se cuestionó Astrid volviendo a refunfuñar para sus adentros, pues eso significó que se le había acabado el tiempo para compartir lo que fuera con Zephyr y Nuffink a la hora del almuerzo.
—Volvemos más tarde. —se despidió Hiccup frívolamente, pasando a un lado de ella para salir en dirección a la puerta de la cochera.
—Eh, sí…—balbuceó viendo cuan enojado estaba, de seguro por el desplante que le había hecho enfrente de los niños.
Pero siendo él, lo ignoró y mejor se enfocó en quien realmente le importaba y que, en ese momento, se ajustaba una bufanda roja alrededor del cuello.
—¿Estás bien Zephyr? ¿No tienes frío?
Colocándose a su altura, le ayudó a ponerse un gorro y a la vez se aseguró de que no hubiera una parte de ella expuesta al frío.
—Sí Astrid, aunque me siento como un globo. —se quejó esta inflando sus mejillas.
—Mejor un globo a un cubo de hielo… ¿No lo crees?
—¡Ja! Eso también me lo decía mi mamá. —rio la menor inocentemente. —¿Qué acaso todo los adultos lo dicen?
—Eh… supongo. — musitó Astrid sintiendo nuevamente una especie de depresión llegando a ella.
—Ya veo. En fin, ya me tengo que ir, Hiccup me espera.
—Sí, claro…—susurró. —Ve con tu pa… tu… Haddock. —se despidió confundida.
—¡Adiós, Astrid!
—Adiós. —se despidió esta casi sin ganas, viendo cuan alegre era su hija, así como lo atento que era Haddock con ella, y eso a pesar de que él no la consideraba su hija, mientras que ella…
—Astrid…
Se giró rápidamente, viendo que aun alguien seguía con ella.
—¡Nuffink!… ¿terminaste de desayunar? —preguntó con amabilidad.
El pequeño asintió lentamente.
—Me dijo Hiccup… que te dijera… que dejó comida para ti en la cocina. —avisó tímidamente.
—¿En serio? —se extrañó la mayor, aunque rápidamente se sacudió para no revolver más las cosas. —Quiero decir… Gracias, ya voy… ¿quieres acompañarme?
—¡Sí! Pero ¿puedo llevar a mi inferno? —preguntó emocionado.
—Ah sí, claro. —concedió Astrid con media sonrisa.
De inmediato que le dio permiso, Nuffink corrió escaleras arriba con gran entusiasmo, y en menos de un minuto volvió, haciendo un gran escándalo con una pequeña espada hecha de madera en su mano. Su nuevo juguete.
Astrid lo observó con una leve sonrisa y ceño fruncido, pues pronto Nuffink comenzó a jugar a que mataba a seres imaginarios. Aquel juguete, lo observó con recelo, y no le cabía duda de que era obra de su enemigo ya que, "coincidentemente", aquella pequeña espada había aparecido debajo del árbol navideño, justo en el día de Navidad.
Aun recordaba ese día, Nuffink se había levantado muy temprano para ver si el famoso "Santa Claus" le había traído regalos, algo que preocupó a Astrid ya que no creía que aquello fuera real en ese mundo y, más bien, eran los papás de los niños quienes realmente ponían los regalos debajo del árbol. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando debajo del árbol aparecieron "misteriosamente" 2 regalos, uno para Nuffink, otro para Zephyr, ambos envueltos en un papel extraño que al momento de que lo rompieron se desvaneció mágicamente frente a sus ojos.
Casi se creyó que aquel ser realmente existía y tenía poderes hasta que vio algo en particular; los regalos de Zephyr y Nuffink tenían algo distintivo, la imagen del dragón furia nocturna, la especie del guía de su enemigo.
Su pequeña hija había recibido una pequeña bolsita hecha de un material dudoso y esta tenía estampado al furia nocturna. A pesar de ser algo muy sencillo, su pequeña se emocionó y le gustó demasiado que casi la llevaba a todos lados, ahí era donde guardaba sus notitas mágicas, así como unos lápices. Mientras que Nuffink había recibido una "espada", la cual también a pesar de su sencillez lo hizo feliz, tan feliz que de inmediato la nombró Inferno y por supuesto en la parte inferior de aquel pedazo de madera había otro grabado del dragón.
Sin embargo; cuando preguntó a su enemigo si había tenido algo que ver con esos regalos, este sólo le respondió que no tenía idea de lo que hablaba y siguió durmiendo en el sillón de donde no se levantó a pesar del alboroto de los pequeños.
Pero la imagen del furia nocturna en los regalos hablaban por si mismos; Astrid no comprendía porque su enemigo actuaba de tal forma si no aceptaba a los niños por lo que eran: sus hijos. ¿Por qué se tomaba tantas molestias por unos niños que sólo le "agradaban"? ¿Acaso estaba fingiendo? ¿O estaba jugando alguna clase de juego?
—O a menos de que ya los esté aceptando y…—meditó en voz baja, analizando los detalles de lo ocurrido ese día y en sí, en todos los días posteriores a ese.
—¡Astrid! ¡Astrid!
Dando un par de parpadeos, la confundida Astrid despertó del letargo en el que se había envuelto y rápidamente enfocó su atención a su pequeño.
—¿Q-qué pasa? —sonrió fingidamente al ver lo distraída que se estaba haciendo.
—Nada. —se encogió Nuffink de hombros. —¿No me dijiste que ibas a comer?
—Ah, sí… vamos a la cocina.
Acompañado de su pequeño hijo, Astrid volvió al lugar donde minutos atrás había protagonizado toda una escena, el motivo: la comida de su enemigo, la cual despedía un olor que aún seguía impregnado en toda la cocina.
Inmediatamente al oler todo el concentrado de comida, hizo que el mareo volviera de nuevo.
—Nuffink…—musitó cubriendo su boca con la mano.
—¿Sí?
—¡vámonos de aquí! —exclamó alejándose rápidamente de la cocina, sintiendo como si algo se le quisiera regresar por la garganta, aunque lo único que salió fue un quejido.
—¡Astrid, Astrid! —gritó Nuffink siguiéndola.
La hechicera, a como pudo, corrió al baño tratando de devolver lo que fuera que la estaba acongojando, pero por más que intentó nada salió, salvo unos ruidos y dolorosos gorgoteos.
—Astrid… ¿te duele la pancita? —preguntó el preocupado Nuffink asomándose por la entrada.
—No, ya…ya se me pasó…—respondió esta cansada. —Debe ser lo que me comí ayer, me comí todo ese pan… creo que me hizo daño.
—¡Ah, es cierto! ¡desapareció toooodo! —canturreó el pequeño. —Ya ni alcancé a comer. —dijo con una mueca triste.
—Ay, lo siento… ¿te parece si luego te compro otro?
—¡Sí! ¿Lo prometes? —preguntó alzando su dedito meñique.
Conociendo aquel gesto, Astrid lo tomó con el suyo y estrecharon dedos para cerrar el pacto.
—Bien, jovencito… tú ve a jugar, yo… —suspiró. —Tengo que ver cómo arreglo lo de aquel invernadero.
—¡No! —exclamó inesperadamente el pequeño, haciendo una rabieta.
Astrid frunció el entrecejo con tremenda negativa.
—Si te duele tu pancita, debes recostarte un poquito, mi mami cuando me duele la pancita me dice que me recueste y que descanse.
—Nuffink, pero yo no soy…
—¡Anda, recuéstate!
Sin escucharla, Nuffink tomó la mano de su "falsa madre" y la estiró hasta el sillón donde Hiccup dormía. Astrid se dejó guiar con él para seguirle por un momento el juego, pero cuando su hijo le dijo que se acostara y cerrara los ojos, no pudo evitar sentirse confortable entre la suavidad que tenía ese sofá, que pronto le comenzó a dar sueño.
—Cierra tus ojos. —ordenó Nuffink atento a sus movimientos. —Yo estaré aquí y te voy a cuidar.
—5 minutos. ¿Está bien? —pidió adormilada.
—Ok. —acató Nuffink sutilmente
Astrid vio con una sonrisa a su pequeño, el cual la miraba de igual manera con una tierna sonrisa; sin embargo, aquella imagen poco a poco comenzó a desvanecerse frente a ella, para después sumirse en algo más oscuro.
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—Astrid… Astrid… Astrid despierta. —escuchó una sutil e infantil vocecita.
La que yacía dormida en el sofá sólo se removió un poco, sintiendo algo húmedo cerca de su boca que hizo que se sintiera incómoda pues era algo fresco y viscoso. Abriendo los ojos lentamente, llevó su mano a su boca y se dio cuenta de que aquella cosa pegajosa era nada más ni nada menos que su saliva.
Sobresaltada y a la vez asqueada se levantó de golpe y con rudeza se limpió todo el hilito que le había escurrido por la boca y que desbordó hasta la bracera del sillón, donde notablemente había un charquito.
—Ush… Nuffink… ¿cuánto tiempo me dormí? —preguntó confundida, tratando de recuperar el movimiento y el equilibrio de todo su cuerpo.
Sin embargo, la única persona que le podía responder eso, sólo se encogió de hombros, pues no tenía ni la más remota idea.
—Astrid… algo llegó.
Escuchar eso hizo que se le esfumara por completo el sueño. Miró a su hijo que, aun atento a ella, señaló algo por encima de ellos. Astrid levantó la mirada y vio una especie de flama color roja que flotaba.
—Una nota de Haddock. —reconoció de inmediato, pues desde el incidente en Navidad había tomado esa precaución al enviar sus mensajes.
Rápidamente se puso en pie y cuando quedó frente a la nota la flama se apagó y el papel cayó en su mano.
"Iré a la casa a la hora de la comida, tengo que hablar contigo."
Frunció el entrecejo confundida, desde que habían despertado del hechizo y que Zephyr comenzó a tomar clases de música, él no se paraba por la casa a esa hora.
—¿Hablar conmigo? ¿Qué querrá? —buscó con su mirada el reloj que estaba colgado en la pared para ver qué hora era y… —¡Es la 1:10 de la tarde! —gritó sobresaltada, pues pensó que sólo había dormido 5 minutos.
Apenas le preguntaría a Nuffink porque no la había despertado y cuánto llevaba la nota ahí flotando, cuando de repente se escuchó que la puerta de la entrada se abrió.
—Ah…a… Haddock. —musitó atontada al ver que era su enemigo y rápidamente se acercó al sillón para cubrir discretamente con una almohada lo que había manchado.
—Hofferson… —se acercó este cuidadosamente. —¿Leíste mi nota?
—Ah… sí, sí… recién la recibí. ¿Qué quieres? —preguntó cruzándose de brazos, tratando de mantener el porte de siempre.
—Me voy. —soltó Hiccup rápidamente.
—¿Qué? —musitó Astrid confundida.
—Sí, me voy… tengo que hacer un viaje de trabajo.
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Horas atrás.
—La "Expo autos 2020" en Nueva Berk ya es un hecho, y nuestro querido GJ se dio a la tarea para que nuestro equipo se una a la división de ese lugar para que apoyemos en la venta de más autos, cabe mencionar que…
—oye Fishlegs… ¿qué es eso de Nueva Berk? —preguntó Hiccup entre susurros, mientras su jefe seguía hablando y apuntando hacia la pantalla que proyectaba algunas gráficas.
—¡Ja! buen chiste amigo…—rio el regordete, tratando de enfocar su atención a su jefe.
—No, lo digo en serio. ¿Qué es o dónde queda?
—Ay no puedo creerlo. —resopló. —Hiccup, Nueva Berk es la isla que queda al oeste a unos cientos de kilómetros de aquí. ¿Ya lo recuerdas?
—No. ¿cómo le hacen para llegar ahí? —preguntó curioso.
—Dioses, pues obvio que ¡en avión! es un viaje de alrededor de 3 horas.
—Disculpen, Sr. Fishlegs, Sr. Haddock ¿algo que quieran compartir con el equipo? —interrumpió el serio Harald el cuchicheo.
—No señor, no señor, no señor. —respondió el intimidado Fishlegs encogiéndose en su asiento.
—¿Y usted Sr. Haddock?
Hiccup, lejos de mirar a su jefe, miró la pantalla donde se estaban proyectando las imágenes de lo que parecía ser una isla paradisiaca y lujosa y la cual, por lo que había comentado Fishlegs, estaba muy apartada del lugar donde vivía.
—¿Sr. Haddock?
—¿Tendríamos que quedarnos allá? —preguntó apuntando a la imágenes.
Snotlout soltó una risita por tan tonta pregunta, mientras que Fishlegs sintió un sudor en frío, pues a su amigo de repente se le escapaba preguntar una tontería que era muy obvia.
Mientras que Harald evitó el reírse de su subordinado.
—Por supuesto Sr. Haddock… ¿qué esperaba? Ir y venir como si fuera un trayecto de aquí a su casa, ¿qué no tiene noción de la distancia?
—No lo digo por eso. —respondió este desafiante. —Sólo quería saber ¿cuánto tiempo estaríamos ahí?
—Ya está todo planificado Sr. Haddock, tenemos que irnos hoy mismo, porque hay que llegar al hotel donde se hará la exposición y levantar todo el estand de la empresa, además que debemos incorporarnos con el resto del staff. La exposición será todo este fin de semana, y estaríamos volviendo el lunes por la mañana.
—¿Tanto tiempo? —pensó Hiccup preocupado, apretando los dientes discretamente.
—¿Tiene alguna objeción Sr. Haddock? ¿Algún impedimento? Porque le recuerdo que la empresa ha asumido todos los gastos y por ende espera que sus empleados le sean recíprocos, además que en su contrato viene estipulado que debe estar en completa disponibilidad para esta clase de exposiciones.
—Sí, pero…
—Ay ya Hiccup, es sólo un fin de semana que te separarás de tu amorcito y tus bendiciones. ¡Es una gran oportunidad, tonto! —regañó Snotlout al ver tanto titubeo.
Hiccup apretó los puños, ciertamente le incomodaba la idea de dejar a sus hijos, y sobre todo con Hofferson que últimamente estaba más rara de lo normal, además de que se estaba volviendo distraída, se enojaba por todo y no sabía cocinar. Por otra parte, estaba el invocador, si él se iba y ese sujeto aparecía, su enemiga, a como estaba, no iba a ser capaz de hacerle frente. Ella y los niños tendrían que quedarse estrictamente dentro de la casa hasta su llegada.
—El Sr. Jorgenson tiene razón Sr. Haddock. —opinó Harald. —Además que es mi deber recordarle que esta es su oportunidad, en esta exposición puede tener la oportunidad de completar su cuota, algo que veo improbable que pueda hacer en nuestra pequeña agencia si se queda, el tiempo se le está acabando.
Esa era la otra cosa, aquella exposición era su única oportunidad para conservar su empleo, la única fuente de ingresos con la que sus hijos contaba, el no ir, suponía un riesgo para su economía.
—¿Y bien Sr. Haddock? Decídase ahora, porque después la empresa no puede solicitar reembolsos.
—Vamos Hiccup, es sólo un fin de semana, tu familia estará bien. —animó Fishlegs. —Además que se ve que será divertido.
—Qué fácil para ellos. —pensó Hiccup preocupado, nadie de los que estaban en esa sala tenía hijos, ni una chica que los odiaba por esposa, ni menos a un loco suelto con poderes malignos.
—Vamos ¡tonto! ¡Ya habla! —se exasperó Snotlout con su silencio.
—Sr. Haddock, le reitero que, de no aceptar esta oportunidad, de una vez hágase a la idea de que perderá su trabajo a final de mes. —advirtió Harald con seriedad.
Tanto Fishlegs como Snotlout tragaron saliva por la amenaza, mientras que Hiccup, quien se sentía en una cuerda floja, finalmente cayó de esta con una decisión entre sus manos.
—Está bien… iré.
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—¿Cómo que te irás?
—Es necesario Hofferson. —la evadió Hiccup para dirigirse hacia donde tenía la ropa doblada en una de las esquinas. —Nuffink… ¿sabes si tu papá tiene una maleta?
—Sí… está allá arriba, en el cuarto de mis papis. —respondió el niño apuntando hacia el techo.
Hiccup le revolvió el cabello en forma de agradecimiento y rápidamente se fue escaleras arriba, siendo seguido por la confundida Astrid.
—¡Espera Haddock! no hemos terminado.
Pero Hiccup sólo la ignoró y entró a la habitación en busca de la maleta, una vez ahí, se dispuso a buscar primeramente en el ropero, sin embargo, apenas abriendo aquella puerta, esta le fue cerrada bruscamente en la cara.
—No hemos terminado de hablar. —amenazó Astrid yendo hacia la entrada para cerrar la puerta de la habitación.
Hiccup resopló.
—Como te decía Hofferson, es necesario que haga este viaje. ¡entiende! —exclamó tratando de no perder la paciencia con ella.
—¿O no será que ya te fastidiaste y has decidido abandonar a tus hijos? ¡O, perdón! ¿A esos niños que sólo te agradan?
—No digas estupideces. —le dio la espalda para seguir buscando en el ropero. —Precisamente hago esto por ellos, porque su "madre" no tiene con que mantenerlos.
—¡Escúchame imbécil! ¡A mi no me ofendes! —lo giró bruscamente Astrid para que lo encarara.
—¡Es la verdad! ¡Hofferson! Si no hago esto perderé el trabajo… y si lo pierdo dime ¡¿Cómo mantendremos a esos niños?! Porque hasta donde yo veo, tú no has aportado nada en lo económico. ¡Dejaste morir tu negocio!
—Pero lo levantaré de nuevo, ya lo verás.
—Sí, claro. —se burló. —Dime… ¿cómo? Porque hasta la fecha no te he visto más que quejarte de todo, te la pasas enojada…
—No es cierto. —replicó Astrid empezándose a sentir nuevamente como una inútil, y encima de eso también comenzó a sentir tristeza.
—Ah ¿no? Si no es así, dime… ¿qué has hecho el día de hoy? Porque por lo que vi, ni los platos del almuerzo lavaste.
—Yo…—tragó saliva.
—Tú…
Astrid resopló, y aunque había una parte de ella que quería mentir, la parte que la hacía sentirse como una completa inútil le incitó a decir la verdad, una verdad que le daba la razón a su enemigo con respecto a todo lo que le había dicho.
—Yo… me quedé dormida. —confesó finalmente. —Me dormí toda la mañana, y hace unos minutos que desperté
Hiccup quedó boquiabierto con la confesión, y una parte de él enfureció, ya que consideró que su enemiga estaba siendo una completa descuidada por el hecho de que no había cuidado de Nuffink, no atendía su negocio u otra cosa de la casa; sin embargo, su otra parte la observó por completo, y por más que trató ya no podía reconocer a esa odiosa chica, la que solía alardear de todo, la que siempre se peinaba de manera complicada y le gustaba lucir mini faldas, no, ahora lucía como una mujer cansada y acabada.
—¿Qué tanto me ves? —reclamó Astrid incómoda con su mirada.
Hiccup resopló.
—Creo que debes descansar. —aconsejó más tranquilo. —Tal vez si me voy estarás más tranquila.
—¡¿Qué?!¿Y me dejarás? ¿y a los niños?
Otro resoplido salió de Haddock.
—Ay Hofferson, por favor, ni que fueras mi esposa, y si lo que te preocupa es lo de la comida, no te apures, antes de irme, compraré comidas de esas que se hacen en microondas, al menos para que tú y ellos coman durante este fin de semana.
—Pero me dejarás con toda la carga… claro, que fácil para ti "No son tus hijos después de todo", te vas a quien sabe qué lugar a pasártela bien y yo aquí cuidando a los niños.
Hiccup apretó los dientes, ahora menos comprendía a su enemiga, quien se empezaba a comportar como una de esas esposas molestas y caprichosas.
—¡Hofferson, ya basta! —gritó. —¿Qué te pasa? ¡Tú no eres así! —la estrujó por los hombros.
Con el movimiento y tremendo regaño, Astrid parpadeó un par de veces y su expresión refunfuñona cambió inesperadamente a una entristecida. Al ver esa expresión, Hiccup rápidamente la soltó pensando que la había lastimado.
Sin embargo, en cuanto lo hizo, Astrid frunció el ceño, otra vez molesta, y le dio la espalda.
—Haz lo que quieras, hay una maleta en la parte de arriba. —señaló el ropero y salió de la habitación.
En todo ese momento, Hiccup no había sido capaz de respirar, pero cuando su enemiga cerró la puerta con un azotón recuperó nuevamente el aliento.
—Ay dioses, que miedo. —tragó saliva sintiendo el corazón alborotado.
Con todo lo que estaba pasando, se sintió inseguro de dejar a sus hijos con ella, porque a leguas se veía que estaba inestable, pero ¿qué podía hacer? No podía llevarse a todos al trabajo, además de que no tenía los medios.
Trató de pensar en un plan mientras bajaba la maleta del ropero, cuando de repente escuchó la puerta abrirse; casi sintió que el corazón se le paró al pensar que era su enloquecida enemiga, y con temor se giró; sin embargo, dio un respiro de alivio al ver que quien había entrado era Nuffink.
—Hijo… digo Nuffink, que susto. —dijo dando un resoplido.
El pequeño niño se acercó a él tímidamente y conforme lo hacía su boca se curvaba hacia abajo, parecía triste.
—Ay… ¿qué te pasa? —rápidamente se puso a su altura y extendió sus brazos hacia él.
El menor no perdió el tiempo y se lanzó a él, con sus brazos también extendidos para poder abrazarlo.
—¿Te vas a ir para siempre? —preguntó entristecido.
Hiccup lo alzó, y rodó sus ojos al deducir que su pequeño había escuchado la conversación que había tenido con su enemiga.
—Es sólo un viaje de trabajo, volveré el lunes. —le dijo para calmarlo.
Sin embargo, Nuffink se seguía viendo entristecido.
—¿Qué tienes? —preguntó paternalmente.
—Es que Astrid…—mencionó el niño preocupado.
—¿Qué? ¿Qué tiene? ¿Te hizo algo?
Nuffink negó rápidamente con la cabeza.
—Creo que tiene algo.
—¿A… a qué te refieres? —preguntó Hiccup comenzando a preocuparse.
—Es que nunca come lo que le dejas por la mañana, y cuando come algo, se come TODO, se comió todo el pan de ayer y le hizo daño.
Hiccup se sorprendió al escuchar que su enemiga no estaba comiendo bien, ya que cuando llegaba del trabajo y preparaba la cena ella siempre comía, sí, comía mucho, tal como Nuffink lo dijo, pero desconocía que no estuviera tomando las demás comidas.
¿Se estaría enfermando? Se cuestionó rápidamente cuando reconsideró que, apenas unas semanas atrás, a ella le habían robado parte de su egni. ¿Pero cuánto? Nunca se lo había preguntado, y ciertamente cuando un hechicero perdía demasiada energía podía presentar alteraciones tanto físicas como mentales, y eso era preocupante.
Pero qué podía hacer, dudaba que hubiera médicos brujos en ese mundo, y también dudaba de que le permitiera revisar su egni si muy apenas le permitía acercarse. Tenía que pensar en algo; sin embargo, también consideró que tal vez unos días de tranquilidad le harían bien, era lo único que podía hacer en ese momento por ella.
—Escucha Nuffink. —dijo bajándolo. —Tengo que hacer este viaje, y tu ma… quiero decir Hofferson, necesita descansar. Le diré a, ¡no sé!, a los gemelos Thorton que le echen un vistazo y que me contacten, al teléfono que supongo tendré allá, por si pasa algo, y yo volveré inmediatamente ¿sí?
Nuffink asintió sintiéndose confortable con el plan de su "falso padre" y le dio un último abrazo de despedida, y lo acompañó hasta que este encontró la maleta. Después los dos salieron de la habitación.
Yendo nuevamente al piso de abajo, Nuffink siguió jugando con su espada de madera, mientras que Hiccup acomodaba en la maleta los cambios de ropa que se llevaría, a la vez que su oído estaba pendiente de los ruidos de los platos que se escuchaban desde la cocina, donde por lógica, concluyó era donde se encontraba su enemiga, a la que tenía que confrontar otra vez, aunque no quisiera.
Terminando de hacer la maleta, respiró hondo, y se encaminó hacia ese lugar con lentos pasos.
—Ya me voy. —avisó con voz bajita, desde la entrada.
Con tan solo mencionar eso, todo ruido en la cocina se silenció.
Astrid, que le daba la espalda, dejó de restregar el plato que tenía en la mano; y bajó sutilmente su mirada. Se sentía tan tonta, tanto por su comportamiento anterior, como por los reclamos injustificados que le estaba haciendo, a sabiendas de que ahora era él el que estaba llevando las riendas de la situación, mientras que ella, no dejaba de catalogarse como una inútil.
—Tengo que presentarme en el trabajo, pero pediré permiso para poder ir a comprar la comida, antes de que nos vayamos al aeropuerto, como el vuelo sale a las 5 de la tarde te pido que pases por Zephyr a la 6 de la tarde.
—No es necesario. — interrumpió con un tono de voz más tranquilo. —Zephyr me acaba de enviar una nota diciendo que se acortó el ensayo de hoy, saldrá las 2:30. —se giró para mostrarle la notita que minutos atrás le había llegado.
Hiccup se acercó a ella para leer la nota, y en efecto correspondía a su hija.
"Astrid, ahora el ensayo terminará temprano, a las 2:30 de la tarde ¿crees que puedas venir por mí? Porque no creo que Hiccup pueda.
- Zephyr"
—Ya le respondí que sí. —dijo Astrid retirándole lentamente la nota de su vista.
—Mmm… ya veo, igual si quieres yo paso por ella, y de paso me despido.
—No, no es necesario. Yo voy. —dijo con tranquilidad. —Quiero caminar un poco, tomar aire y pensar un poco. Si quieres puedes dejarme un mensaje para ella.
Hiccup asintió sin saber qué decir, se sentía raro, ya que otra vez su enemiga se mostraba de manera extraña ante él. Estaba siendo ¿linda?
—Puedes irte tranquilamente, yo me haré cargo de todo en tu ausencia. —continuó esta, dándole la espalda.
Definitivamente eso era muy extraño y no se fiaba del todo de ella; no de una manera negativa, pero tampoco de una positiva.
—Hofferson… ¿qué te pasa? —preguntó para tratar de comprenderla, sin tener que mencionarle lo que Nuffink le había contado.
Astrid, aun de espaldas, sólo se encogió de hombros.
—No sé… tal vez tienes razón y necesito descansar de ti, y tú de mí. Tal vez eso me ayude a que pueda recordar algo…
—¿Recordar?
—Sí. —rio discretamente y se volvió nuevamente hacia él con una melancólica sonrisa. —Quiero creer que, si me quedo yo sola con "mis hijos", tal vez los recuerdos vuelvan, para que así pueda volver a ser la madre que esos niños extrañan. Además, que estoy empezando a sentir que olvidé algo realmente importante, pero no sé qué es, sólo tengo este sentimiento. —dijo llevándose una mano al pecho.
Hiccup bajó melancólicamente la cabeza al ver que su enemiga tenía la misma preocupación que él, y a pesar de todo lo pasado con ellos, la comprendió por completo.
—Entiendo, y… entonces… yo entonces… volveré en un rato con la comida; solamente me gustaría aconsejarte algo Hofferson, mientras no esté…
—Lo sé… ¿Qué no debemos salir de la barrera? ¿No es así? —terminó ella por él.
—Eh… sí, ya que…
—Lo sé Haddock, ya que aún hay un loco allá afuera, pero descuida, voy por Zephyr y me regreso rápidamente a la casa.
—Bien. —suspiró Hiccup sintiendo esa conversación algo inusual. —Entonces yo creo…
Se dio media vuelta para ya irse, cuando…
—¡Espera Haddock!
—Eh… ¿sí? —se volvió nuevamente hacia ella con un movimiento casi robótico.
—Yo… yo… quiero… quiero. —comenzó a titubear Astrid con dificultad.
Hiccup sintió que el corazón se le aceleró al presentir que su enemiga estaba aparentemente a punto de disculparse.
¿Había llegado el momento de cerrar un ciclo de odio? Comenzó a cuestionarse precipitadamente.
Sintió escalofríos de sólo pensarlo; sin embargo, cuando vio que a su enemiga se le dificultaba decir aquello tanto que la boca apenas y la podía abrir, concluyó tristemente que aún no era el momento, claramente ella se veía confundida, y por supuesto él también, pues tampoco tenía siquiera el valor para abrir la boca y ganarle esas palabras.
—¿Te parece si hablamos después? —la interrumpió lo más sutilmente que pudo.
Astrid dejó escapar el aire de su boca, como un suspiro de alivio.
—Am… ah… claro, mejor, después.
—Sí, después. —concordó él también nervioso y sin más, abandonó la cocina sintiéndose un completo idiota.
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—Hiccup Haddock, eres un idiota, si ella no puede tú cierra este maldito ciclo. —se reprochó entre dientes cuando subió a su auto, arrojando la maleta al asiento del copiloto —Sabes que lo quieres, estás fastidiado de todo esto, pero…
Ella es tu enemiga, no fraternices con ella.
¡Moléstala, muchacho!
¡Hazle la vida imposible!
¡Córtale el cabello con esto!
¡Un Haddock nunca se debe doblegar ante un Hofferson!
¡Recuerda, es tu deber ser siempre el mejor, mejor que un Hofferson, cueste lo que cueste!
Sacudió bruscamente su cabeza para quitarse aquellas frases que su abuelo solía decirle todo el tiempo, desde que era un niño; las frases que le repetía constantemente desde que su mirada se cruzó por primera vez con la de ella.
—él no está aquí Hiccup, ni papá, ni mamá… ya no tienes por qué seguir órdenes.
Decirlo era sencillo, pero hacerlo era diferente, y más difícil era cuando recordaba lo que ella le había hecho durante tantos años, y por supuesto, lo que él le había hecho.
—Tal vez si necesitamos estos días para pensarlo. —suspiró cansado, acercando su mano hacia el encendido del auto, cuando se dio cuenta que no tenía las llaves puestas. —¡Maldita sea! las dejé adentro.
Completamente molesto salió como un niño berrinchudo del auto y se adentró a la casa, sólo para tomar las llaves que colgaban de unos ganchillos aun lado de la puerta.
Sólo pretendía tomarlas y marcharse; sin embargo, cuando abrió la puerta y su mirada recorrió todo a su alrededor, notó que su enemiga estaba recostada en el sofá donde él dormía, con la mirada completamente perdida hacia un punto donde estaba la chimenea.
Viéndola desde esa distancia, Hiccup la notó realmente mal, tanto en el aspecto físico como emocional, se veía perdida; hasta que se percató de que la miraba y su vista cambió hacia él.
— ¿pasa algo? —preguntó reincorporándose rápidamente.
—Ah… yo, olvidé las llaves. —respondió mostrándoselas.
—Bueno… —se levantó Astrid del sofá. —Yo estaba limpiando, algo que ensucié por aquí. —dijo disimuladamente con un trapito en su mano.
—Está bien. —susurró Hiccup inseguro. —Hofferson… ¿si te sientes bien?
—Sí. —respondió esta con normalidad. —Sólo quise recostarme un poco, es un sofá… bastante cómodo. —dijo con una risita. —Luego ya me iba a alistar para ir por Zephyr.
—Sí, claro…entonces, nos vemos.
—Sí, que… tengas buen viaje. —se despidió Astrid como no queriendo.
Hiccup se despidió por última vez con su mano y cerró la puerta. Subiendo al auto, colocó rápidamente la llave en su sitio, pero no lo encendió, y no supo por qué, pero una especie de presentimiento, le empezó a decir que no debía irse de viaje y extrañamente también sintió que estaba olvidando algo importante.
—No me puedo ir. —susurró preocupado, no comprendiendo de donde venía aquel sentimiento de incertidumbre. —No la puedo dejar así. ¡No puedo! ¿O sí?
¿Quedarse o irse? Debía tomar una decisión. Miró hacia la casa y luego vio hacia el mismo interior del auto donde estaba la maleta tirada en la parte inferior del lado del copiloto.
Entonces, tomó su decisión.
Con su mente ya esclarecida con lo que debía hacer, encendió el auto y rápidamente lo puso en marcha para ir al trabajo, donde, aunque le costara el empleo, les diría que no iría a la exposición de autos.
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—Qué estúpida eres Astrid. ¿qué te está pasando? —se decía así misma mientras restregaba un trapo húmedo en donde le había escurrido la saliva. —¿Por qué haces estás cosas manualmente?
Se rindió al ver que había hecho un desastre con el tapizado y arrojó con desprecio el trapo por un lado. Y no perdiendo el tiempo, invocó aquella magia doméstica para que le hiciera el favor de quitar lo manchado en el sillón.
Su poder actuó de la forma esperada sobre el mueble, así como con otras cosas más que requerían limpieza alrededor. Sin embargo, tan pronto terminó, sintió nuevamente un mareo que tuvo que sentarse otra vez en el sillón.
—Ay, ¿por qué? ¿por qué? Si no utilicé tanta magia. —se reprochó con sus manos sobre todo su rostro, en un intento por detener el mareo que le estaba comenzando a revolver el estómago, y al mismo tiempo le llegó un cólico molesto.
Inhaló y exhaló profundamente para tratar de calmar el molesto cólico, pero para lo demás concluyó que necesitaba tomar aire fresco. Levantó su mirada para ver el reloj y vio que eran las 2 de la tarde, justo la hora oportuna para salir a recoger a su hija.
—¡Nuffink! —llamó con un grito al pequeño, mientras se reincorporaba lentamente del sofá.
—¿Sí? Astrid. —llegó rápidamente el niño, con su espada en mano y casco vikingo sobre su cabeza.
—Vamos por tu hermana a la escuela, abrígate por favor.
—¡Está bien! —acató este con gran entusiasmo y dejó sus juguetes en la mesita de la sala para luego dirigirse al perchero en donde colgaba sus abrigos y gorro.
Así como con Zephyr, Astrid se aseguró de que estuviera bien abrigado ya que el aire era realmente frio, para su suerte no había nevado y tampoco había llovido.
—¿Estás listo? —preguntó una vez que ella también se puso un abrigo mediano color negro, así como una bufanda color azul.
—Sí, pero no me puedo mover. —se quejó haciendo un puchero.
—Mejor inmovilizado a un cubo de hielo. —rio ella suponiendo que eso era otra cosa que les decía.
tomándolo de la mano, abrió la puerta para salir de la casa, sin embargo, al hacerlo, vio que alguien había ido a visitarla.
—¡Astrid! —era la gentil jardinera, que apenas estaba a punto de tocar cuando la puerta se abrió.
—Heather…—suspiró Astrid conmocionada, y más cuando su ayudante/amiga se aproximó para abrazarla.
—¿Cómo has estado en estos días amiga? Te extrañé. ¿Cómo va el invernadero?
Aun envuelta en su abrazo, Astrid tembló y enfureció de sólo recordar que no había podido hacer nada por su negocio.
Heather al no recibir una respuesta, se separó de ella para verla directamente a los ojos, y con lo que se encontró la asustó, pues su amiga de casi 10 años estaba enrojecida, parecía avergonzada y a la vez furiosa.
—Astrid…. ¿qué pasó?
—¡Se murió todo Heather! —contó esta dejando salir toda la frustración que tenía por dentro. —Lo dejé morir, soy una idiota.
—Astrid, no, calma… no pasa nada.
Con extrema paciencia, Heather la tomó de la mano y la hizo caminar unos cuantos pasos fuera de la casa para que se tranquilizara, mientras que Nuffink las siguió de cerca.
—A ver cuéntame. ¿qué pasó? Te veo muy mal, Astrid. —dijo Heather preocupada, pues no sólo notaba el mal estado emocional de su amiga, también la notaba débil y pálida.
Sin embargo, Astrid negó con su cabeza.
—No puedo ahora, tengo que ir por Zephyr… hoy saldrá temprano del ensayo.
—Pues entonces te acompaño, porque ni loca te dejo ir así. ¿Quieres que vayamos en mi auto?
—No, quisiera caminar, despejarme… me siento… me siento… ¡argggg!
—Ya, tranquila, tranquila. —le masajeó la espalda. —Está bien, caminemos.
Ya más calmada, Astrid exhaló y sólo llamó a Nuffink para que le tomara la mano.
Ambas mujeres y el niño salieron de la propiedad y se encaminaron en dirección a la escuela. Para no atosigarla, Heather ya no preguntó nada pues esperaba que Astrid por sí sola le contara lo que había pasado, pero en lugar de eso, esta sólo caminó y siguió exhalando e inhalando, como si estuviera meditando.
—Em… Astrid.
—¿Cómo está tu papá? —la interrumpió repentinamente.
—Bien, ya muy bien. Gracias a los dioses, se recuperó.
—¿Y Dagur volvió contigo o se quedó?
—No, él también volvió justamente hoy, pero en cuanto llegamos fue a reportarse a la estación junto con Mala.
—Mmm… ya veo. E hiciste algo allá en ¿Berserk? Así se llama ¿verdad?
—Eh… sí, así se llama.
Viendo que Astrid evadiría el principal tema de conversación, a Heather no le quedó de otra más que seguirle la corriente por lo que le contó con detalles todo lo que había hecho durante su estadía en Berserk, así como la manera en que cuidó a su padre junto con su hermano y cuñada. Luego le contó algunas cosillas sobre su actual pareja, tema de conversación que duró hasta que llegaron a la escuela y que Zephyr salió.
—Bien, ya tienes a tus hijos, ¿quieres volver a la casa?
—No quisiera, pero tenemos que. —sonrió Astrid sujetando a sus dos pequeños en cada mano.
—Podemos ir a una cafetería si quieres, y así puedes contarme lo que pasó con el invernadero.
Astrid resopló.
—¡Ay, sí! ¡Vamos a la cafetería a comprar pan! —exclamó Zephyr cuando escuchó la sugerencia de su "tía".
—¡Yo quiero pan! —se apuntó Nuffink rápidamente.
—Pero no podemos… —dijo Astrid, recordando lo que le había prometido a Hiccup.
—¡Vamos! No queda lejos, queda camino a la casa. —insistió Zephyr, estirando de su mano.
—¡Y yo quiero pan! —rogó igualmente Nuffink.
Astrid al verlo, recordó que se había comido el suyo y sintiéndose culpable con ello, aceptó ir rápidamente y llevarlo para comer en la casa.
Los niños se alegraron con su decisión y tomados de la mano se le adelantaron unos cuantos pasos, Astrid y Heather los siguieron de cerca.
—Ahora sí… ¿puedes decirme que pasó?
Astrid bajó la mirada avergonzada.
—Se murió todo lo del invernadero Heather, no fui capaz de cuidarlo, no supe cómo. —contó melancólicamente.
—¿No supiste cómo? —repitió esta. —Perdóname, pero sigo sin comprender, tú sabes perfectamente qué hacer en esta temporada.
—¡Pero es que ya no soy la misma de antes! —exclamó frustrada.
—No, veo que no… ya no eres como antes.
La rubia se sobresaltó.
—¿Qué?
—Perdón Astrid, pero es la verdad. Desde antes de que me fuera, comenzaste a actuar extraño, estabas distraída, enojada. Ya no sonreías como antes, y sinceramente, hasta parecía que tus hijos te fastidiaban.
Astrid quedó boquiabierta al ver lo buena observadora que era esa chica.
—Tienes problemas con Hiccup ¿Verdad? —preguntó yendo directamente al grano.
—¡¿qué?!
—Ay, Astrid. No creas que no me di cuenta de que Hiccup tiene toda la ropa en la sala, además ya ni siquiera usas tu argolla de matrimonio, y la última vez que lo vi a él, tampoco se la vi puesta.
—¿Argollas? ¿Qué argollas? —preguntó Astrid confundida.
—¿Cómo qué cuales argollas? Pues las que se ponen cuando uno se casa, ¿marido- mujer.? —respondió esta con obviedad.
Astrid negaba con la cabeza, entre más información le daba Heather más sentía como si nunca hubiera vivido esa vida, no recordaba absolutamente nada de eso.
—Astrid, ¿qué te pasa? —preguntó nuevamente para tratar de entenderla.
—¡Es que no lo comprenderías! —dijo esta, comenzando a sentirse repentinamente deprimida por los hechos.
—Claro que sí, ¡soy tu amiga! ¡He sido tu amiga por casi 10 años!
—¡Es que yo no recuerdo eso! —gritó Astrid haciendo que tanto la jardinera como los niños, que iban más adelantados detuvieran su paso.
—¿Cómo?
—Heather…—susurró Astrid, sintiendo un bochorno dentro de ella, y avergonzada se cubrió el rostro con las manos.
Deranged rápidamente trató de confortarla y para impedir que los niños se asustaran, les pidió que se mantuvieran quietecitos en donde se encontraban.
—Santo cielo, Astrid, me estás asustando. ¿Te duele algo? ¿Estás enferma?
—No me he sentido bien últimamente. —le confió esta completamente enrojecida.
—¿Por qué? ¿Qué te pasa?
—¡No puedo ni comer, todo me da asco… me siento irritable todo el tiempo, y luego entristecida o deprimida, todo es como una ruleta de emociones que ya me tiene ¡harta!, me siento cansada todo el tiempo, ¡sólo quisiera poder dormir como lo hacía antes!
Heather hizo una nota mental de todos esos "síntomas" y dio un grito ahogado.
—Astrid no será que…
—Pero creo que sólo necesito descansar. —continuó esta sin escuchar lo que le iba a decir. —Necesito recuperar todo el egni que perdí.
—¿El qué? — frunció la jardinera el entrecejo.
—Heather, ya no te lo puedo ocultar más. —dijo Astrid, quitando sus manos de su rostro. —Te voy a decir la verdad.
—¿Q- qué verdad? —preguntó comenzando a sentir nervios.
—Tengo poderes mágicos, soy una hechicera que viene de otro mundo.
¿una hechicera? Repitió mentalmente Deranged, mientras que los nervios y angustia que sintió se esfumaron como una suave brisa, para ser reemplazados por una sonrisita y risa incrédula.
—Astrid… Astrid…—mencionó divertida. —¿Te estás fumando algo?
—¿Fumar? ¡Te estoy diciendo la verdad! —gritó esta molesta.
—¿Acaso te volviste loca, Astrid? ¡Eso no existe! —la contradijo aun riéndose de ella.
Al ver que no le creía para nada, Astrid bufó, y optó por ignorarla y continuar caminando hacia donde sus hijos esperaban.
—Para que te decía, si no me ibas a creer.
Heather trató de ser paciente, y para no quedar en malos términos la siguió.
—Ay, Astrid. No te enojes.
—¡No me crees! Mejor vete, yo continuaré sola con mis hijos.
—De ninguna manera, ¿por qué sabes qué? ¡Te llevaré mejor con un doctor! Qué es lo que realmente necesitas.
—No me tomes por tonta. —musitó esta molesta.
—No te tomo por tonta, pero si distraída, porque ni siquiera te has dado cuenta.
—¿De qué hablas? —refunfuñó Astrid sin comprenderla.
—Pues de que probablemente…
—¡Oigan! —interrumpió Zephyr, desde la esquina en donde aguardaba con Nuffink. —¡Ya mero llegamos! —dijo apuntando hacia la izquierda.
Aun molesta, Astrid, ignoró a Heather y siguió caminando, esta última dando un resoplido igualmente la siguió, pues teniendo la sospecha que tenía, no se detendría hasta que su amiga y ella fueran a ver a un doctor.
—¿Dónde está? —preguntó Astrid cuando llegó con los niños.
Zephyr rápidamente respondió y apuntó hacia un local que estaba a media calle, y tomando la mano de su hermano, animó a todos para ir más rápido.
—¡Espera Zephyr! —trató de detenerla Astrid, cuando sintió un calambre nuevamente en su vientre que la hizo encorvarse por el dolor.
—Astrid, ¿estás bien? —se apresuró Heather a ayudarla.
—¿Sigues aquí? —respondió esta con agresividad y se reincorporó como pudo para seguir a los niños.
Heather rodó los ojos, pero aun así la siguió, dio un par de pasos, cuando de repente, por debajo de sus pies y por encima de ella, le pareció ver que todo color se envolvió en un extraño color amarillento. Aquel fenómeno fue tan extraño y repentino, que le causó miedo, pues en cuanto miró a su alrededor vio que todo parecía estar envuelto en una capa misteriosa, y siendo observadora, también vio que su amiga, los niños y ella, eran los únicos que se encontraban en esa solitaria calle. Todo ruido, se había esfumado.
—¿Q-qué es esto Astrid? —preguntó con temor a su amiga, que, en vez de parecer asustada o inmutada, estaba triturándose los dientes, estaba furiosa.
—¡No te apartes de mí! — le dijo, y con brusquedad la tomó del brazo para ir hacia donde los niños se habían detenido, igualmente asustados. —¡Niños! —les gritó para que reaccionaran y acudieran con ella.
Los pequeños, apenas reaccionando al grito de su falsa madre, se apresuraron a ir con ella, cuando de repente debajo de sus propias sombras, salió una silueta, que pronto se transformó en una garra que alcanzó a uno de ellos.
—¡NUFFINK! —chilló la horrorizada Zephyr con lágrimas en los ojos, al ver que la garra había tumbado a su hermano, y lo comenzó a arrastrar lejos de ella.
Al ver que se lo llevaría, la furiosa Astrid soltó a Heather a la altura en donde se encontraba Zephyr, y con fuerzas que no sabía de donde estaba sacando, invocó a Sky y se preparó para descargar todo su egni contra la criatura. Todo ante la atónita mirada de la jardinera.
—¡DEJA A MI NIÑO EN PAZ! —gritó con los ojos casi enrojecidos por la ira, lanzando un potente rayo de luz y electricidad que provino del cielo y cayó directamente hacia la criatura.
Esta no tardó en ser destruida, y pronto se desvaneció en la nada, dejando al niño completamente intacto. Nuffink, que sólo había alcanzado a cubrir sus ojos por el miedo, fue capaz de abrirlos cuando sintió unos cálidos brazos envolviéndolo.
—¡ME ASUSTÉ MUCHO! —chilló con tristeza recostándose en el hombro de la hechicera, y por el miedo que tenía tomó la bufanda azul que la cubría para ocultarse debajo de ella.
—Ya pasó, ya pasó…—lo arrulló Astrid para tratar de calmarlo, pero viendo todo a su alrededor se dio cuenta de que aún no terminaba.
—¡¿Qué rayos fue eso?! —escuchó de repente a Heather, quien llevando a Zephyr de la mano, la alcanzó a ella y al pequeño. —¡¿Es real esto?!
—Sí, me temo que sí. ¿Ya crees en mí? —cuestionó la hechicera, sintiéndose ya no tan enojada con su amiga.
A Heather sólo le quedó asentir como una tonta, y precisamente así se sentía por no haber confiado, aunque aun veía todo aquello muy extraño.
—¿Se encuentran bien?
—Casi… se… llevan… a…. Nuffink. —chilló Zephyr restregando su brazo contra sus ojos para limpiar las lágrimas.
—Ya, no pasó nada… aquí está, acércate.
La niña, aun llorosa, se acerco a ella y a su hermano para poder abrazarlos.
—Sin embargo, esto no ha terminado. —advirtió Astrid seriamente.
—Ay, ¿no me digas que otra cosa aparecerá? —preguntó Heather temerosa.
—Tal vez, esto que ven… este color. —señaló a su alrededor. —Es un delimitador de campo de batalla, todo lo que esté adentro se encuentra bajo un hechizo.
—¿Y dónde están las personas, Astrid?
—No lo sé, supongo que deben estar dormidas por el mismo efecto o paralizados.
—¿Y porqué nosotros no?
—No lo sé, Heather. Supongo que el que hace esto, quiere fastidiarme… fastidiarnos a todos.
"Tan lista como siempre, Astrid Hofferson"
Se escuchó de repente una risita malévola a su alrededor. La hechicera rápidamente se puso en alerta, y colocó a sus hijos por detrás de ella, mientras que Heather, siendo la segunda adulta, se limitó sólo a acercarlos a ella, al menos para tratar de mantenerlos calmados.
—¡¿Quién es?! —gritó Astrid, tratando de sentir alguna presencia o ver algo.
"Si quieres enfrentarme, encuéntrame. Mi amo, el gran invocador, te espera"
—¿El gran invocador? —repitió Astrid sintiendo un mal presentimiento, viendo como algo escabroso comenzaba a formarse en el hueco donde había impactado su rayo de luz.
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Mientras tanto a unos cuantos kilómetros de donde se encontraban, en los techos de unos edificios casi idénticos en altura, se encontraba un hechicero con su arma envuelta en llamas, mientras que, del otro lado, se encontraba un invocador encapuchado mostrando cínicamente y con una sonrisa malvada un tablero completamente renovado.
—¿Estás listo para entregarme tu arma? —preguntó burlonamente.
—¡Por supuesto que no! —gritó Hiccup, aun consternado por quien resultó ser su enemigo. —¡JAMÁS TE LA ENTREGARÉ…!
¡HARALD!
Continuará.
Sin comentarios, los leeré próximamente en la siguiente parte (que espero sea la última) de este nuevo conflicto.
Cuídense mucho en estos días de pandemia.
Agradecimientos.
MayluLiya: ya falta poco, sólo te puedo decir eso. XD. Saludos.
2Sonic1808: Pues ahora con todo expuesto en este capítulo ¿Qué crees? Creo que ya es un hecho ¿no? Y pues como puedes ver, no erraste del todo con el villano XD. Saludos.
Imlady Aira: XDD bueno, ya se confirmará en el próximo, eso creo, saludos.
Vivi: Me gustaría saber si sigues pensando lo mismo o no XD. Seguimos leyéndonos. Saludos.
Amai do: XDD, tú ya sabes, pero bueno, aquí ya está en sí parte de ese pedazo que me has ayudado a construir. Saludos.
K Fan Neurtex: primero que nada, bienvenida a este fic, espero seguirte leyendo por aquí y leer tus teorías (me encantan) en cuanto a tus dudas, lo de las sospechas, ya en el próximo capítulo (eso espero) se sabrá. Y con respecto a los niños, así es, les ocultaron lo de la magia y aun motivo oculto, aparte del de protegerlos.
A los seguidores, anónimos y favoritos, cuídense y nos seguimos leyendo.
Saludos.
24 de marzo de 2020
