Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
CAPÍTULO 22
La mansión Gillemot era, por lo general, un lugar apacible y tranquilo. El único movimiento que se registraba, era el de los empleados realizando sus labores cotidianas, de forma silenciosa; sin embargo, el lunes 11 de diciembre, la historia era muy diferente. Andamios, escaleras, y hombres con overoles y cascos, moviéndose de un lado a otro, siguiendo las órdenes de una mujer con voz de trueno, llenaban los espacios, tanto interiores como exteriores, de la gran edificación.
La decoración navideña estaba siendo colocada de forma tardía, porque tantas cosas habían pasado los días anteriores, que nadie recordaba la gran fecha que se acercaba; mas todo estaba tomando forma, y el espíritu de la Navidad, comenzaba a invadir los corazones de los residentes. Sakura se mantenía apartada de todo el revuelo, junto a los dos gatos.
Se encontraba en la zona de la piscina, que era la única que por el momento se libraba del caos decorativo. Naomi se hallaba acostada junto a sus pies, en la tumbona, mientras Ron retozaba en el suelo, a un lado de ellas. En sus muslos, reposaba la computadora portátil que Sasuke le había regalado varios meses atrás; y en una mesita, una bandeja con trocitos de gran variedad de quesos, frutas y jamón, que Katy preparó para ella.
Su barriga crecía al pasar las semanas, y así mismo su apetito, lo que le hacía pensar que el bulto de su abdomen, no solo se debía al bebé que esperaba. Agradecía que al menos su embarazo, no fuera como los de otras mujeres, en que los vómitos y mareos, dominaban la situación. Ella simplemente percibía algunos leves movimientos, que podían confundirse con el producto de su imaginación.
«―Eso no es malo, mi niña. Solo indica que harás un buen embarazo», le había dicho Katy para tranquilizarla a ella y a Sasuke, quien no deseaba verla enferma, aun así, se preocupaba por la falta de síntomas. Lo mismo le dijo la ginecóloga, confirmándole que todo se encontraba en perfectas condiciones, y que debía calmarse, porque no era la primera mujer embarazada del mundo, a lo que Sasuke le contestó que era su mujer, lo que la hacía única en el mundo.
La doctora miró a Sakura, hizo una mueca divertida con los labios, y volvió a explicar la misma información, ganándose una risita por parte de la chica. Acababa de hablar con Sussana, quien le contó que ya había iniciado una relación con Steve, el chico de último año, que se ofreció a ser su tutor. ―Ese Steve, ¿es el mismo que te ayudó con la información que te pedí?
―¡No! El de la información es el tutor general, el profesor. Está bien feo, déjame decirte. Steve, mi Steve, es mi tutor personal, en muchas cosas.
―Y ahí vamos de nuevo.
―¡Oh, Sakura! Si lo vieras ―continuó Sussana, ignorándola―. Besa delicioso, y cuando me abraza, es como si me trasportara a otra dimensión. El otro día, accidentalmente, claro está, lo vi en ropa interior, y ¡santos dioses de los hombres comestibles! ¡Qué cuerpo! Y ni te cuento del bulto, se me secó la boca de solo verlo.
―No quiero saber, en serio.
―Estoy segura de que el hombre es ateo.
―¿Por qué?
―¡Porque no está como Dios manda, sino como se le da la gana! Sakura no pudo evitar soltar una fuerte carcajada. Las ocurrencias de su amiga podían enloquecer a cualquiera, y ella, aunque nunca lo admitiría, disfrutaba de ellas. La conversación continuó por una hora más, en la que Sussana le relató cada pormenor, sobre su recién iniciada relación con Steve; a cambio, Sakura ―a grandes rasgos y sin los detalles escabrosos―, le contó que su relación con Sasuke se
encontraba mejor que nunca.
―En el correo que te acabo de enviar, está la información que logró recaudar ―dijo Sussana antes de despedirse―. No es mucho, porque aunque el nombre todavía se usa, para las indicaciones que me diste, los datos que hay no son precisos, así que no te ilusiones.
―No te preocupes ―respondió Sakura―. Estoy segura de que cualquier información me servirá, para saciar mi curiosidad. Se disponía a abrir el correo electrónico, cuando oyó unos ladridos que añoraba desde hacía varias semanas. Sam y Leo aparecieron, por la entrada al área de la piscina, corriendo de forma tan acelerada y juguetona, que por pocos centímetros no terminaron cayendo al agua. Detrás llegó Emma, agitada por la carrera, y riendo al verlos actuar tan locamente. Sin aviso, los juegos acabaron cuando los perros, divisaron a su gran temor, y la gran rata gris que lo acompañaba. Frenaron de inmediato, y comenzaron a aullar y gimotear, luego de esconderse tras las faldas de la rubia.
―Ron, Naomi. ¡No! ―gritó Sakura, apartando la computadora de sus piernas, al ver a los dos gatos ponerse en guardia, y lanzarse sobre los caninos―. ¡Ay, Dios! Lissa, corre… ¡Naomi, no! La paz que reinaba en el lugar, se esfumó por completo, en medio de los gemidos de dolor de los perros, que eran atacados por los gatos. Emma tomó a Ron y lo aferró a su pecho, para que no escapara; a diferencia de Lissa, que no deseaba tocar a la gata que tanto miedo le daba, por lo que esta seguía sobre Leo, mientras Sam se lamía las heridas apartado, en un rincón.
―¡Naomi, basta! ¡Suéltalo! ―ordenó Sakura, llegando por fin a donde ellos. Al levantar a la gata, se horrorizó al ver que una de sus uñas, se encontraba enterrada en la piel del perro, halándola, hasta que la dejó libre―. Lissa, llama a Becca.
Ella debe tener algo para curarlos. ¡Mira cómo los dejaron! La chica obedeció al instante, sin demorar mucho en su tarea, pues la orden de Sasuke era que la enfermera se mantuviera cerca, al igual que Lissa y Katy, quien ya se encontraba acariciando a los perros, que miraban con recelo a los gatos, mientras se lamían entre ellos y gimoteaban. Sakura se dirigió con Emma a una de las habitaciones del primer piso, y luego de acondicionarla para que los felinos estuvieran cómodos, los regañaron por la actitud malvada que tomaron.
―¡Y piensen en lo que hicieron! ―gritó Emma, antes de cerrar la puerta. Al regresar a la piscina, las dos mujeres se sentaron, cada una en una tumbona. Emma se dedicó a atender a Leo, con una gaza impregnada con un líquido, que Becca le había dado, al tiempo que Sakura hacía lo mismo con Sam.
―Me alegra que los trajeras, Emma. Los extrañaba mucho.
―Me lo imaginé ―comentó la rubia con una sonrisa―. Los encontré husmeando en una madriguera, y te los traje. Creo que estaban en la casa de la señora Peterson. Sakura asintió en respuesta, y continuó acariciando al perro, que ya casi se encontraba dormido entre sus piernas.
―¿Has hablado con Cassandra? ―preguntó Sakura, tomando de nuevo la computadora portátil, y acomodándola para no molestar a Sam. Emma asintió.
―Puede verte el miércoles antes de mediodía, lo haremos como la vez pasada. ¿Tu amiga te ha respondido?
―Precisamente me disponía a leer el correo. Me dijo que no era mucho, aunque estoy segura que de algo me servirá ―giró y miró a su amiga, sopesando si contarle o no sobre sus visiones. Decidiendo al final que podía confiar en ella
―. He tenido… sueños. No tanto sueños, sino escenas que me vienen a la mente. Y creo que ya sé cuál era mi nombre en el pasado. Emma asintió, y luego de un momento, suspiró.
―Es loco, cierto ―susurró Sakura, abriendo el correo electrónico. ―Es extraño, diría yo. Siempre he creído en la reencarnación, pero jamás imaginé que pudiera ser así. ―Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos
―. Nunca pensé en conocer a alguien que lo pudiera vivir, de la forma en como tú lo haces. Eres consciente de ello, e incluso, tu vida ahora está regida, o influenciada por esa otra vida. ―miró entonces a Sakura, y le sonrió de forma reconfortante
―. Es extraño, no loco.
―Gracias ―respondió Sakura, sinceramente. Leyó en voz alta primero el saludo de Sussana, y en seguida, el correo que había sido reenviado, directamente, de la cuenta del tutor de la chica.
Kopján es un nombre húngaro masculino, muy antiguo. Se remonta a los inicios de la cultura, cuando el príncipe Almos conducía a los Magyar, hacia lo que ahora es Hungría.
Existen algunos escritos antiguos, que lo nombran como hijo del jefe de una de las tribus, aunque en otros relatos el nombre varía a Korcán, a quien el príncipe Árpád, hijo de Almos, le otorgó el dominio de la antigua ciudad del Rey Atila, hasta los asentamientos de Százhalom y Diód. Dicho lugar recibió el nombre de su nuevo protector, y aún existe en la actualidad; sin embargo, hay leyendas que indican algo un poco diferente.
Existió un Kopján, que murió siendo muy joven en una batalla, y fue su hermano mayor, llamado Korcán, quien tomó el mando de la tribu. Sobre el joven guerrero no aparece mucha información, ya que fue su hermano quien gobernó, aunque existen reportes de que estuvo casado poco tiempo, con una mujer llamada Sarolta.
Esta pertenecía a la tribu de Töhötöm, otro de los jefes. Existen contradicciones en sobre si era la hija de Töhötöm, o no, ya que la hija de un nieto de él, se llamaba también Sarolta, y fue princesa consorte de Hungría, así que pudo ser nombrada así por su abuela, la esposa de Kopján. No obstante, puede ser solo coincidencia, que es lo más probable. Ya te explicaré el porqué. Hay una leyenda que dice que el joven Kopján, estaba enamorado de una niña de otra de las tribus, pero al ser ella tan joven, él se mantenía apartado para evitar la tentación de hacerle daño (y con daño me refiero a físicamente. Tú me entiendes, Sussana). El asunto se complicó, cuando una mujer apareció en su vida, y lo hizo olvidarse de lo que sentía por aquella niña. Su nombre era Sarolta.
Algunos dicen que ella lo hechizó, con artes conocidas por algunas de las ancianas (brujería como le decimos hoy día), porque aunque era el hijo menor, sabía que heredaría tierras, y ella deseaba ese poder, porque el hermano mayor ya se encontraba casado; otros dicen que la mujer fue muy astuta, y lo envolvió en una red de seducción, de la que él, como hombre al fin (así de mala fama tenemos), no pudo escapar; otros, que se valió de las dos, el asunto es que él terminó casándose con ella. Al día siguiente, partieron a la batalla, y días después él murió en ella.
Todo indica que ella no tuvo hijos de él, porque, aunque no lo creas, en esa época las mujeres tenían métodos para evitar el embarazo, y ella los conocía muy bien. Luego de eso, la madre de Kopján la culpó por la muerte de su hijo, y ganándose el repudio de todos, incluso de sus propios padres, al escuchar los relatos de los hombres sobre sus prácticas con ella, la mujer quedó sola, y sin que nadie le dirigiera siquiera una mirada de compasión.
Después de unos días desapareció, junto a una caravana de nómadas, que pasaba cerca de esas tierras. Se fue con ellos para huir de su mayor crimen: la niña, que tanto había amado Kopján, fue encontrada muerta, con un puñal atravesando su corazón. Es por esto que te digo, que no puede ser que esta Sarolta, sea un antepasado de la princesa Sarolta de Hungría. Si tuvo descendencia, esta jamás llegó a ser noble.
Esto es todo lo que pude averiguar. Está basado en relatos de escritores antiguos, e historias contadas de generación en generación. Los ancianos dicen que el alma de Kopján, nunca podrá descansar, hasta que no se reúna con la de la niña que amó, y cuando eso suceda, habrá mucho sufrimiento, porque tendrán muchas culpas que expiar. Avisa a todos tus compañeros que mañana, una vez que llegue, salimos de nuevo, por favor. PD: El nombre de la niña no lo pude encontrar.
Las dos mujeres quedaron en silencio. Emma sin saber qué decir, y Sakura con un gran cúmulo de emociones, abrumando su corazón y su alma. ―El nombre de la niña era Erzsébet ―dijo en un susurro, más para sí misma que para su acompañante. Emma frunció el ceño sin entender.
―¿Cómo lo sabes? ―Porque esa niña era yo ―respondió con un nudo en la garganta, y al instante, todo se volvió negro a su alrededor. El pesado sopor en el que se hallaba, empezó a disiparse, producto del bullicio que escuchaba a lo lejos. Una voz hablaba desesperadamente, solo que no podía entender lo que decía.
―¿Cómo me puede decir que es normal? ―decía la voz, que pronto reconoció como masculina
―. ¡No despierta!… Tenemos que llevarla a Londres. ¡Dacre!… Katy, busca a Dacre, hay que llevarla a Londres. ¡Dios! Sakura, mi amor… La voz de Sasuke sonaba angustiada, y ella deseaba acabar con ese sentimiento. Abrió los ojos al fin, y buscó con la mirada al hombre que tanto amaba. Primero, se fijó en su figura borrosa, y para cuando él giró la cabeza hacia ella, ya lo distinguía a la perfección.
―Sasuke―susurró, con una sonrisa en los labios.
―¡Sakura! ―exclamó Sasuke, sentándose junto a ella y rodeándola con los brazos, para estrecharla contra su pecho―. Gracias a Dios. Mujer, me has podido matar. ¿Te sientes bien? Creo que deberíamos ir a un hospital en Londres, para… Sakura lo silenció, colocándole los dedos en la boca, y acercó el rostro para besarlo dulcemente.
Acarició primero sus labios, embebiendo su aliento, y alentándola a recibir mucho más. El beso comenzó a tornarse intenso, cuando ella enterró los dedos en su cabello, al tiempo que él deslizaba las manos por el femenino contorno, hasta sus caderas. Su cabeza dio vueltas, producto del deseo que se formaba en su interior, y un gemido salió de sus labios, al sentir una mano de él sobre su trasero. Un carraspeo la hizo separarse bruscamente. Se sonrojó al percatarse de que la habitación, se encontraba llena de personas.
Sasuke se giró lentamente, y las miró a todas con el ceño fruncido. Las dos chicas del servicio y Lissa, se estremecieron ante dicha mirada, a diferencia de Emma, Becca, Katy y Nani, permanecieron imperturbables.
―Ya despertó. Fue todo lo que tuvo que decir, para que las tres jóvenes desaparecieran al instante, por la puerta que daba al vestíbulo, mientras que las demás se retiraron con más calma. Emma fue la única que le lanzó una mirada de odio, antes de salir. Cuando se giró de nuevo hacia Sakura, la encontró sonriéndole, a pesar de que en sus ojos atisbó, una nota de reprobación.
―No está bien que seas así con ellas. Las asustaste. Sasuke la besó de nuevo, y luego la miró a los ojos.
―Te quiero para mí solo, no es mi culpa que no lo entiendan a la primera. Sakura soltó una risita y negó con la cabeza. Su esposo no tenía remedio.
―Lamento haberte asustado. No fue nada, solo cuestiones del embarazo. Él levantó la mano, y le acarició la mejilla con devoción.
―Si algo llegara a sucederte, yo… ―Sacudió la cabeza, tratando de apartar el pensamiento―. Llegué, y uno de los empleados me dijo que te encontrabas en la piscina, al entrar, vi que conversabas con Emma, y de pronto tus ojos se cerraron, y tu cabeza cayó hacia atrás. Pensé que moriría.
Casi me vuelvo loco, y te traje aquí, a nuestra habitación, para que Becca te atendiera. Estaba a punto de llevarte a Londres, cuando despertaste. La chica se recostó de nuevo en la cama, y abrió los brazos para recibirlo. Él se acomodó de tal forma, que solo su cabeza quedó apoyada sobre el hombro. Temía presionar la barriga de su esposa.
―Estoy bien, en serio ―aseguró Sakura, porque lo conocía, y sabía que él aún temía por ella. Sasuke asintió, decidiendo creerle.
―Vi que Sam y Leo se encontraban contigo. ¿Qué sucedió con Ron y la ra… Naomi? Sakura rodó los ojos, y le haló un mechón de cabello.
―¡Lo siento! ―exclamó Sasuke por el dolor. ―Los dejamos en una de las habitaciones del primer piso. Ahorita voy a revisarlos. No quiero dejarlos tanto tiempo encerrados. No sé qué hacer con Sam y Leo.
―Déjalos que arreglen solos sus diferencias. Con suerte, los perros se comen a los gatos, y nos libramos del problema. Otro tirón de cabello, y otra queja con una disculpa.
El día de la entrevista con Cassandra llegó, y Sakura ya se encontraba de camino a la casa de Emma, acompañada de parte de La Comitiva Real, y de Eva. La mujer llegó a la mansión minutos antes de su salida, y no tuvo otra opción que explicarle todo el proceso que había tenido con Cassandra, los descubrimientos que había hecho, y su análisis sobre toda la situación.
―¿Otra vez con lo de esa mujer? No puedes decirme que crees en ese tipo de cosas. Reencarnaciones y vidas pasadas. ¡Eso es ridículo, Sakura! Definitivamente, el semen de Christopher es rancio; seguro te lo tragaste y te atrofió el cerebro.
―¡Eva! ―Sakura frunció el ceño, y rodó los ojos con gesto molesto―. No son locuras, ahora estoy de afán, y no puedo explicarte bien, porque voy a verme con esa señora. Ya te explicaré.
―Antes que todo, no es que no crea en que sea posible. Es como con los extraterrestres, yo creo que existen, pero si me dices que uno te folló anoche, no te voy a creer; a menos que contemos a tu esposo como uno, que de raro no tendría nada. Y segundo, no te voy a dejar ir sola. Sasuke sabe que estoy aquí, y si algo te pasa, mi hermoso cuerpo terminará flotando, boca abajo en el río, así que vamos. Quiero conocer a esa mujer, y escuchar lo que tiene que decir.
―Solo sé amable, por favor. ―Amable es mi segundo nombre, querida. Sakura suspiró resignada, y se embarcaron en los carritos, Sakura junto a Eva en uno, y las demás en otro. Manejados por dos chicos. En el corto trayecto, Eva no habló, por lo que Sakura se ensimismó en sus cavilaciones. Había leído el correo de Sussana varias veces, y pensado en cada palabra muchas más; sin embargo, una cosa la tenía con una sonrisa tonta en el rostro, la comprensión de un hecho que solo, por su propia inseguridad, no fue capaz de notar anteriormente: Kopján la amó y deseó en aquella vida, así como Sasuke lo hacía en la actualidad. Sonrió ampliamente.
Tener el privilegio de ser consciente de una vida anterior, y más aún, de que en ella se encontró el hombre que tanto amaba, lo consideraba como un milagro. Aunque si lo pensaba bien, ese amor no nació meses antes, sino cuando ella era una niña, en una tierra inhóspita, en una época antigua. Esa fue la primera vez que amó, y lo que ahora vivía, no era más que una segunda oportunidad que se le presentaba; una de amar y dejarse amar, por ese hombre que podía llamar suyo. Llegaron a la casa de Emma, y tal como la vez anterior, Lissa, Katy y Becca se quedaron en la sala de estar, mientras ellas pasaban a la habitación de la rubia.
―Noto una gran luminosidad en tu rostro ―dijo Cassandra, una vez la vio entrar―. Brillas, como si estuvieras cubierta de diminutos diamantes. Veo que todo va bien con tu hombre. «Mi hombre». La sonrisa de Sakura se ensanchó aún más, y los ojos le brillaron con un enorme goce.
―Él me ama y yo lo amo.
―Lo sé. Desde mucho antes de que tuvieran consciencia.
―Entonces usted es Cassandra ―intervino Eva, estudiando a la mujer con la mirada.
―Así es ―asintió Cassandra, sin que sus facciones se alteraran. La analizó por unos segundos, y sonrió de manera arrogante―. Y tú eres quien quiere al hermano de Emma debajo de ti. Eva arqueó una ceja, sorprendida por el poder de adivinación que tenía la mujer, pues sabía que ni Emma ni Sakura, le comentarían algo sobre ella. Sacudió entonces la cabeza, logrando que su cabellera se batiera en el aire, de forma coqueta, y habló por encima del hombro.
―No me importaría si fuera arriba ―concluyó, sentándose en la cama. Emma hizo una mueca de asco, Sakura rodó los ojos, y Cassandra rio, para enseguida, mirar a esta última.
―Cuéntame qué descubriste. Sakura se dispuso a narrar lo sucedido, cuando le reveló a Sasuke sobre la noche de bodas, y todos los acontecimientos que siguieron a esos días, así como el correo electrónico de Sussana, y las conclusiones a las que llegó, basándose en sus visiones.
―Como te lo he dicho, niña, yo no tengo todas las respuestas. A mi mente llega información sobre las personas que veo, y lo que está sucediendo con ellas. Lo que puedo hacer es ser tu guía, y por lo que percibo ahora mismo, tus aseveraciones son acertadas. Eso sí, hay algo que la alegría que te embarga, te hizo pasar por alto. Esa mujer, Sarolta, te odiaba tanto que llegó a asesinarte. »Niña, los dos sentimientos más grandes en el mundo, son, precisamente, los opuestos: el amor y el odio. Una persona que ama, puede llegar a los extremos, lo mismo que alguien que odia, y si el amor transciende fronteras de todo tipo, lo mismo puede hacer el odio.
―Está diciendo que esa mujer también pudo haber reencarnado, y su odio hacia Sakura, o Erzsébet, seguir intacto en esta vida. La mujer asintió con gesto grave, y Sakura frunció el ceño.
―No había pensado en eso ―murmuró más para sí misma.
―Tiene lógica ―comentó Emma.
―Pero ―continuó Sakura, hablando más alto―, ¿no se supone que esta era nuestra oportunidad de ser felices, de empezar de cero, de estar juntos por fin?
―Dudo mucho que una violación, sea empezar con pie derecho. Sakura fulminó a Emma con la mirada, quien se pasó los dedos por los labios, para indicar que su boca estaba sellada.
―Esto es ridículo ―dijo Eva, hablando por primera vez. Frunció los labios y resopló―, aunque lo que dicen tiene mucho sentido. Se llama libre albedrío. La anciana asintió, mientras las otras dos mujeres la miraron con confusión. Eva bufó antes de hablar.
―Se supone que todos tenemos un destino, eso dicen, y que el camino a ese destino es muy largo, y tiene varias rutas para tomar. El libre albedrío nos permite escoger, cuál de todos esos caminos tomar, para llegar al destino que desconocemos. Puede ser cierto que ustedes estén destinados en esta época, a enmendar los errores del pasado; pero piensa, Sakura; en aquella vida también estaban destinados, y qué sucedió, que el idiota ese, se fue tras el culo de otra mujer, y te dejó botada. De raro no tendría nada que ahora… esa mujer… Eva guardó silencio, al tiempo que su expresión se tornó sombría.
―Esa mujer, ¿qué, Eva? ―preguntó Sakura, con recelo y preocupación―. ¿Qué sabes tú? Eva negó con la cabeza, y esbozó una sonrisa tensa.
―No es nada, recordé algo, nada más.
―Eva… ―Ya te dije que no es nada. Lo que sí te puedo decir, es que Christopher es un imbécil, eso nadie lo pone en duda…
―Estoy de acuerdo. ―…y aunque pueda caer dos veces en el mismo error ―continuó, ignorando a Emma―, no lo hará de la misma forma, y mucho menos, ahora que ya te tiene. Sakura sacudió la cabeza, y se disponía a hablar, cuando Cassandra la interrumpió:
―Las acciones de tu marido en esta vida tienen una razón, basada en los errores del pasado ―explicó, dirigiéndose a Sakura―. Antes, él no te hizo suya porque eras una niña, y no estaba seguro de cuáles eran tus sentimientos; por eso, cuando te encontró de nuevo, no le importó nada, y se aseguró de que fueras suya. Te chantajeó, te obligó a casarte con él, y luego abusó de ti. Todo lo que no se atrevió a hacer en el pasado, lo hizo ahora, porque estaba decidido a poseerte, a no dejarte escapar nunca más.
Eso, niña, es un indicio claro de que si él cometió algún error en esta vida, como tropezar con la misma mujer… ―Cassandra lanzó una mirada significativa a Eva, y volvió sus ojos a Sakura―, ya quedó en su pasado, y te ve a ti como su futuro. No debes dudar de su amor, ni de que te vaya a faltar más adelante, él no caerá dos veces. Al menos, no de la misma forma. No te va a dejar.
―Perfecto.
―Emma se levantó de la cama y levantó las manos, para detener a las que tuvieran intención de hablar―. Sasuke no va a dejar a Sakura por otra mujer, eso lo tenemos claro. Pero ¿qué hay de la mujer? Ella igual puede aparecer y… qué sé yo… amargarles la vida.
―¿Tú qué opinas, Eva? ―preguntó Cassandra con voz grave―. Eres quien mejor lo conoce. La joven la miró a los ojos con expresión de duda, y un toque de temor. Luego apretó los dientes, y su expresión cambió a una de total seguridad.
―Sasuke ama a Sakura, y nada ni nadie hará que eso cambie. No va a permitir que alguien la aparte de su lado, así tenga que llegar a los extremos. Cassandra asintió, satisfecha con la respuesta.
―Me parece bien ―dijo―. Siempre tendrá tu apoyo para conseguir lo que desea, así ha sido siempre. Lo amas demasiado, ¿o me equivoco?
―No, no lo hace ―confirmó Eva, mirándola fijamente
―. Lo amo, y haría cualquier cosa por él. La anciana sonrió tiernamente, y se acomodó en su asiento al tiempo que suspiraba, complacida.
―¡Ah! No hay amor más hermoso, puro y eterno, que el que procede de una madre.
