Luz de luna II.

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El sonido de la puerta siendo destrozada término despertando a varios prisioneros que se quedaron aturdidos, incapaces de decir entre ellos si tenían alguna especie de extraño sueño colectivo, preguntándose entre sí estaban viendo bien; las miradas confusas que se daban entre ellos, confirmaban no estar delirando, soñando o bajo el efecto de un alucinógeno; todos veían lo mismo y seguían estando despiertos, bastante conscientes del entorno.

Los que seguían durmiendo se perdieron del acontecimiento más impactante desde el escape de Flynn Rider hace tiempo atrás; los demás prisioneros no hablaron mientras el niño se dirigía al exterior, su sorpresa simplemente no lo permitía, arrebatándoles cualquier pensamiento y palabra, dejándoles sin aliento para formular tan solo una palabra.

El motivo de su sorpresa no se debía a la liberación del niño considerado una amenaza o el estallido brutal de la pobre puerta, lo cual en si era realmente increíble, pero hubo algo que atrajo su atención al niño, algo más grande e incompresible.

Sus ojos se mantuvieron fijos en Varian mientras caminaba, en una forma de trance, el lugar donde sus pies tocaban y una vez habiéndose alejado, alguna afilada piedra aparecía, emitiendo un brillo azulado antes de desvanecerse para dejar detrás de sí un camino de rocas negras indestructibles; estaba siendo perseguido por Ruddiger, el leal mapache tratando de que Varian le pusiera atención, pero su consciencia está perdida, siendo imposible lograr algo.

Ambos se encaminaron en dirección al exterior, las rocas negras crecían a cada paso dado, pero como en todo escape de prisión, no lo dejaran irse en silencio; los guardias aparecieron, mostrándose confundidos porque de todos los posibles prisioneros, era el menos probable de escapar, se recompusieron para detener al niño, poniéndose en posición defensiva, sin darse cuenta del peligro en el aire, ni con quien se estaban tratando de enfrentar, ni lo que yacía detrás del joven.

"Hey niño, ¿A dónde crees que vas?", preguntó el capitán, acercándose lentamente.

Los prisioneros no comentaron nada, quedándose en silencio y reservando sus palabras para ellos, negándose a advertir lo recién acontecido, pues en el fondo una parte suicida deseaba ver que pasará, además, ninguno de los guardias creería en sus palabras, añadiendo el factor silencio colectivo ante los acontecimientos anteriores; el niño detuvo su progreso, volteó en su dirección, dando media vuelta sin abrir los ojos, solo escuchando y reconociendo la presencia de una amenaza a su camino al exterior, su rostro se arrugo en disgusto por ser interrumpido.

El capitán intento acercarse y agarrarlo para volverle a encerrar, Varian retrocedió un paso cuando el capitán dio uno; sintiéndose en peligro a la cercanía del hombre, en ese momento una filosa roca negra brotó del suelo, interponiéndose entre ambos, provocando a los guardias y el capitán replegarse completamente sorprendidos ante la aparición de esa roca, pues nunca habían llegado tan lejos y menos hasta el castillo; mientras tanto los prisioneros se acercaban más a las rejas, despertando a aquellos quienes estaban dormidos para presenciar tal suceso, todos se abarrotaban ellos queriendo ver mejor lo que sucede.

El capitán aturdido por lo sucedido, retrocedió, y levanto la cabeza, visualizo al niño, notando algo diferente e inusual en su joven prisionero; Varian aun con los ojos entrecerrados, dejaba ver un brillo aterrador, mirando con indiferencia hacia los otros presentes, apenas detectable pero aun visible, hubo una luz azul emanando de ellos, algo le dijo que lamentaría lo que hará luego.

"¿Qué rayos está pasando?", murmuro el capitán, aun manteniendo la visión sobre Varian.

El resto de los guardias trataron de acercarse, pero se quedaron sin oportunidad para moverse, el niño irascible ante su atrevimiento movió su mano libre, creando filosas rocas brillantes para impedir a los guardias hacer algún movimiento, provocando que soltaran sus respectivas armas; solo uno quedo exento de ese trato, ese que no intento detenerlo. Los prisioneros se cernían sobre los barrotes, asombrados por los acontecimientos, quedándose sin palabras al igual que los encargados de la seguridad, ninguno de ellos podía hablar ante la posibilidad existente de que alguien muriera.

Los guardias temían por su vida, mientras que los prisioneros también, seguro eran ladrones, pero la mayoría no llegaría a tal extremo, ningún ruido fue emitido mientras el niño juzgaba como actuar a continuación, ninguno intento moverse, congelados en sus respectivos sitios por el miedo en su cuerpo; el niño suspiro, dejando caer la mano, permitiendo a las rocas perder su brillo azulado y sin molestarse con la última persona que es capaz de detenerle siguió avanzando

El mapache colgaba de sus hombros, tratando de hacerle reaccionar, una tarea inútil, su consciencia no le pertenecía, actuando puramente en un instinto y por reflejo, pero no se apartó de su lado, temeroso de abandonarlo y que no pueda recuperarlo. Varian dio media vuelta, contemplando la puerta, la salida de su prisión, si es que podría considerarse como tal, una voz pidiendo que saliera sonaba en su cabeza e iba a seguirla, aunque su padre, en algún momento le advirtió no seguir voces con un eco fantasmal y de mágica naturaleza.

"Varian, detente", suplico una voz reconocida, sobresaliendo sobre la misteriosa voz.

Incluso cuando no estaba tan consciente, reconoció esa voz, era el guardia quien le dio la manta, su rostro regreso a mostrar inexpresividad, dándose media vuelta ver a esta persona; Pete sentía miedo, hay algo mal, los ojos del niño tenían un brillo inusual y su cabello comenzó a ondear en un aire inexistente, el guardia quiere detenerlo porque debía, era su deber como guardia, había muchas cosas que saldrán mal si atraviesa esa puerta, y no necesariamente debido a ser un escape, trato de seguirlo pero una nueva roca apareció interponiéndose entre ambos, siendo una clara advertencia de no seguirlo.

El guardia miro hacia atrás donde el resto de sus compañeros aturdidos estaban atrapados, sin heridas, quizá algo traumatizados, pero solo siendo detenidos, evitando así una persecución bastante dramática para ser contada, Pete regresó a ver a Varian, quien estaba en la salida del área, volteó a verle con sus brillantes y gélidos ojos azules, iluminados por la luz de la luna, con una ira visible en su cara antes de que las rocas negras cubriesen la salida, impidiendo su perseguimiento.

"Capitán…", su voz temblorosa habló, él como todos, o al menos la mayoría conoce bien las propiedades de esas rocas, no podría liberarlos si quisiera tratar ni hacerse camino a través de la salida. Iba a preguntar cómo debe actuar ahora, pero el mismo capitán lo interrumpió.

"Debes advertirle al rey y a la reina", gritó el capitán, incomodo por la filosa roca, está demasiado cerca de su nariz siendo una molestia.

Pete dejo a sus compañeros y corrió a dar el aviso del escape, con suerte hay otra salida disponible, incluso una ventana no suena mal, debía avisarles rápido antes que algo inevitable de resolver acontezca. Mientras tanto, Varian seguía avanzando, buscando el punto más alto del reino, requería estar lo más alto posible, esa voz se lo pedía, la razón es desconocida; sus pasos se hicieron lentos y su respiración entrecortada creando preocupación de la pequeña peluda criatura.

Algo le indicaba que estaría mejor cuando llegara al destino planteado, por ello siguió avanzado, lento, pero no se detuvo.

Ruddiger conoce bien la situación de Varian, sin comer, sin descansar, eso llegará eventualmente a afectarlo y lamentaba mucho no haber sido más insistente, aunque otra parte le agradece pues al menos así, no puede dañarse a sí mismo o a alguien; la última puerta fue abierta, dejando a ambos tomar una mirada al mundo exterior.

La brisa fría los golpeó cuando salieron, el área circundante estaba desolada por completo, el niño alzó la vista al cielo, donde la luna y sus brillantes estrellas brindaban su luz; de una manera instintiva Varian pensó en la torre donde Rapunzel esta, era un buen lugar, el único lugar con la suficiente altura, tal y como la constante voz molesta le insistía, siendo apaciguada ante la resolución de la petición y problema.

Aun con su rostro vacío de emociones parecía aliviado, no debe cuestionarse como tan siquiera eso tiene lógica, porque el pequeño mapache lo sentía, pues era de esa manera. Varian comenzó a encaminarse hacia allá y su peludo amigo se aferraba a él, incluso si no reaccionaba a su presencia se quedará cerca, era útil por inútil que parece ser.

El niño siguió avanzando, dejando atrás a los guardias y los otros prisioneros.

Detrás de sí mismo un camino de piedras negras e indestructibles seguía creciendo conforme avanzaba hasta al castillo.