Capítulo 19. Cambio de planes.

El siguiente día de mercado, el padre Benítez se encontró con Victoria en la plaza y decidió hablar con ella.

"Victoria, estoy preocupado. Me gustaría hablar contigo."

"¿Puedo ayudarle padre?"

"Se trata de el Zorro. Verás, sé que vosotros dos rompisteis por un buen motivo, pero la última vez que lo vi me di cuenta de que tú eras la luz de su vida. Estaba tan diferente, tan triste. Creo que hasta ahora no había pensado que debajo de esa máscara hay un hombre de carne y hueso, y no sabemos nada de él. Quizá no tenga a nadie a quien recurrir si necesita ayuda. Quería preguntarte si hay alguna manera de hablar con él."

"Padre, no creo que sea solo por mí. Usted sabe que intentó rescatar a esa familia durante la crecida. No poder salvarlos a todos le rompió el corazón."

"Sí, la madre de la niña nos dijo que de no ser por él, ella y su bebé también habrían muerto. Pero. ¿Cómo sabes que es eso lo que le entristece, Victoria? ¿Aún te encuentras con él?"

Victoria evitó su mirada, no supo qué contestar. "Aún somos amigos, padre. Me preocupo por él."

"¿Solo amigos, o sigues amándolo? Ella evitó dar una respuesta y eso alarmó al sacerdote. "Procuro no dar crédito a los rumores, pero se dice de ti que no has renunciado a él, incluso que..."

La expresión de Victoria era de inquietud. El sacerdote se dio cuenta de que le estaba ocultando algo. Se volvió hacia ella escandalizado.

"Acompáñame ahora mismo a un lugar más discreto." dijo con voz severa.

Dentro de la iglesia se aseguró de que no hubiera nadie más antes de continuar.

"Victoria, esto es muy serio. No puedes casarte con Diego si aún amas a el Zorro y te citas con él en secreto." con sequedad exigió. "Júrame que no sois amantes."

Victoria no era capaz de mentir a un sacerdote, así que se sintió aliviada al responderle. "Puedo jurarle que jamás me he entregado a él."

El habitualmente afable padre Benítez la miró con desconfianza. "¿Y puedes darme tu palabra de que nunca lo harás?"

Ella no tenía respuesta para esa pregunta.

"Entonces no descartas ser infiel a tu esposo con él. Jamás habría pensado algo así de ti. Suerte que tus padres no viven para verlo." ella se encogió al oír aquello, angustiada. "Estoy seguro de que Diego no lo sabe. Pobre hombre, esto le destrozará. Él confía ciegamente en ti. Tengo que cancelar la boda."

"Padre, por favor, no lo haga." dijo ella con un hilo de voz.

"¡Por supuesto que la cancelaré! No consentiré que ocultes tu relación con el Zorro casándote con otro hombre."

"No es eso padre, quiero casarme con Diego. Lo amo más de lo que usted cree."

"¡No puedes tenerlos a los dos!" Exclamó indignado.

Ella se detuvo un momento para pensar, pero no tenía otra opción. Se sentía atrapada, y miró alrededor, comprobando que estaban solos. Aún así susurraba. "Lo que ocurre es que ellos… ¡Son el mismo hombre!"

"¿Cómo dices?"

"Diego es el Zorro, él es quien se oculta tras la máscara." Victoria lloraba. "Piense en sus ojos, en su voz, le juro que es él."

"No trates de convencerme de algo así. De sobra sabes que eso no es posible."

Ella estaba desesperada, pero recordó algo que Diego le había dicho. "Espere aquí un momento, por favor."

Salió de la iglesia a toda prisa y cruzó la plaza hasta la taberna. Se dirigió a la casa de doña Carmen, pero no le hizo falta llegar hasta allí porque la encontró a medio camino.

"Carmen, necesito tu ayuda inmediatamente."

"Claro. ¿Qué es lo que ha pasado?"

"El padre Benítez quiere cancelar la boda porque no puedo prometerle que jamás seré la amante de el Zorro."

"¿Y qué quieres que haga yo?"

"Tienes que decírselo, sé que a ti te creerá. Diego me lo dijo."

"¿Estás segura de esto?"

"Completamente, no veo otra opción."

"Ay, deberías haberle jurado que nunca serías infiel a Diego, o que nunca romperías tus votos. No estarías mintiendo."

"Tienes razón, no se me ocurrió en ese momento."

"Pues vas a tener que espabilar. Deberías aprender de tu futuro marido, él lo hace continuamente."

Ambas se dirigieron a la iglesia, donde el padre Benítez las recibió asombrado. Victoria cerró la puerta tras ellas e hizo gestos a doña Carmen para que hablara.

Doña Carmen miró al sacerdote fijamente. "Padre Benítez, le aseguro que el Zorro es en realidad Diego de la Vega."

Él la miró fijamente durante casi un minuto, luego miró a Victoria, y otra vez a doña Carmen. "¡Virgen santísima!" Exclamó por fin, dejándose caer sobre un banco.

Victoria se acercó a él "No deberíamos habérselo dicho. Nadie más puede saberlo, su vida depende de ello."

Ahora él también susurraba, contagiado por la inquietud de Victoria. "El secreto de confesión es sagrado, jamás revelaré lo que me habéis dicho. Pero no es posible. Todos vieron que cuando rompiste con el Zorro, Diego estaba presente."

"Fue un engaño. Él las llama conspiraciones y enredos. Su padre, Felipe y yo le ayudamos. Hubo humo, un muñeco con su rostro hecho en cera, otro muñeco vestido de el Zorro sobre Tornado…"

El padre estaba intentando entender todo aquello.

Victoria no podía parar de hablar. "Cuando volvió a su refugio después de tratar de salvar a esa gente estaba herido, empapado y helado. Tuve que ayudarlo a quitarse la ropa y a vendar sus heridas, luego subí a la cocina a por algo caliente…"

"No entiendo. ¿Subiste a la cocina?"

"La cueva de el Zorro está bajo la hacienda de la Vega. El caso es que al volver estaba llorando. Tan destrozado por la pena que no supe qué hacer. Lo abracé y aunque ese día no llegó a pasar nada más, la siguiente vez que nos quedamos a solas dijo que solo cuando estaba conmigo podía dejar de pensar en las víctimas, pero que aún no estábamos casados y debíamos esperar, y yo intenté seducirlo, pero él insistió en esperar."

"Cálmate, por favor. Después de lo que he pensado de ti no me parece tan grave que quisieras seducir a tu prometido. Entiéndeme, debéis esperar a la boda, pero en estas circunstancias tampoco es para tanto. ¿Cuánto tiempo hace que queréis casaros?"

"Supe que eran la misma persona hace unas semanas, pero ya me lo había pedido como el Zorro cuando me lastimé el tobillo, antes de las fiestas de la Candelaria."

"De eso hace seis meses ya. Es demasiado tiempo, hija."

Victoria se iba calmando, ya no lloraba. "No he vuelto a intentarlo. Procuramos estar siempre acompañados por su padre o doña Carmen." dijo con timidez.

"Esto está bien. Te absolveré de ese pecado, pero es importante que hable con Diego. Supongo que no se cayó del caballo, sino que se hizo daño al ayudar a esas personas." Victoria asintió. "Y estoy seguro de que no es la primera vez que ocurre. Ese muchacho se exige demasiado. Al final conseguirá que lo maten."

"Tiene que ayudarlo, padre. Está sufriendo. Intentó salvar a aquel hombre y a su hija, casi pierde la vida y aún así se culpa por no conseguirlo."

"Tengo que hablar con él enseguida. Será mejor que vayamos a la hacienda. Doña Carmen, me gustaría que nos acompañara" Victoria no entendía el motivo, pero no se atrevió a discutir.

Victoria condujo la carreta hasta la casa de los de la Vega. Don Alejandro salió a recibirlos. Felipe les saludó con un gesto.

"Buenas tardes, padre. ¿Podemos ayudarle en algo?" dijo don Alejandro respetuosamente.

"Quería hablar con Diego."

"Ha salido a caballo. Creo que volverá en un rato." dijo don Alejandro.

"¿En el caballo negro quizá?" preguntó el padre Benítez. Don Alejandro y Felipe lo miraron asustados, y Victoria confesó: "Le he contado acerca de el Zorro."

El sacerdote se dio cuenta de que ella se sentía culpable por haber hablado. "Créanme que no fue fácil que lo hiciera. Yo la acusé de ser infiel a Diego con el Zorro y fui muy duro con ella. Cuando amenacé con cancelar la boda me lo contó. Es extraño cómo los rumores a veces contienen algo de verdad." reflexionó el padre Benítez.

"Podemos esperar a Diego en la cueva." dijo don Alejandro, y abriendo el panel guió al sacerdote por la puerta de la chimenea.

El sacerdote se dirigió a Felipe. "Será mejor que esperes aquí."

Mientras bajaba los escalones miraba a su alrededor. "Es asombroso. Ahora empiezo a creerlo realmente."

Don Alejandro sonrió, orgulloso. "A mí también me costó aceptarlo." afirmó.

El sacerdote se dirigió a Victoria. "Perdona mis palabras, no podía imaginar la verdad y pensé lo peor. Me alegro mucho por vosotros. Temía que renunciar a tu amor por el Zorro te resultara imposible, pero ahora sé que eres fiel a tu corazón. Aunque asumes una gran carga cada vez que él sale a defender a los inocentes, y soportando todos esos rumores."

"Todo eso no importa si puedo estar a su lado, padre." dijo ella serena.

"Además me tranquiliza saber que el Zorro tiene quien se preocupe por él."

Al poco rato Diego entró en la cueva montando a Tornado. Al verlos a todos se sorprendió mucho, especialmente por la presencia del sacerdote. Victoria se adelantó para hablarle.

"Diego, lo siento, tuve que contárselo."

El padre Benítez se dirigió a él. "Guardaré tu identidad como secreto de confesión, pero además creo que debemos hablar."

Diego bajó del caballo y besó la mano de Victoria. "Bienvenido, padre. Me alegro de que sepa la verdad, aunque guardar secretos a veces sea difícil."

"Guardar secretos forma parte de mi vocación, como ayudar a los demás parece que forma parte de la tuya. Diego: tu padre, Victoria y estoy seguro de que también Felipe están muy preocupados por ti."

"Estoy bien, padre." afirmó él, pero no parecía muy seguro.

"Diego, hijo, sin duda eres un gran hombre. Probablemente el mejor que he conocido, pero solo eres un hombre y debes medir tus fuerzas. Tienes una familia en qué pensar. Todos sabemos que hiciste lo que pudiste por aquellas personas. Ahora descansan en paz."

Mientras Victoria a su lado, le cogió de la mano.

El sacerdote continuó. "Sé que es difícil perder a alguien, pero piensa en las vidas que salvaste, en las personas a las que has ayudado y en todos los motivos que tienes para seguir adelante. En momentos así es cuando un hombre demuestra su verdadera fuerza."

Tras una pausa añadió.

"Está claro que necesitas a Victoria cerca de ti, y puedo ayudaros en eso, aunque debo decir que tu comportamiento con ella no ha sido ejemplar. Esperaba más de un caballero. Como el Zorro la has expuesto a rumores y maledicencias. La has respetado, y eso te honra, pero andar por ahí por las noches entrando en el dormitorio de una señorita no está bien." dijo con seriedad.

Diego parecía algo avergonzado. "Tiene razón, padre. Cometí errores, pero creo que casándome con ella empezaré a enmendarlos."

"Bueno, estoy de acuerdo, pero dadas las circunstancias lo mejor será que os caséis inmediatamente."

Ellos se miraron sorprendidos. "¿Es eso posible?" dijo Victoria con asombro.

"Claro, sois solteros, se han leído las amonestaciones y hay dos testigos." respondió el sacerdote.

"Pero. ¿Cómo explicaremos una boda tan repentina sin levantar más rumores?" dijo Diego.

"Ya que parecéis tan aficionados a los secretos lo que propongo es casaros hoy sin que nadie más lo sepa, y que Victoria vuelva a la taberna. Deberéis ser muy cuidadosos con vuestra conducta. Podréis veros en esta casa, donde se supone que estaréis bajo la supervisión de don Alejandro y doña Carmen. Nada de excursiones nocturnas." Dijo mirando a Diego. Diego y Victoria miraron al suelo un poco avergonzados por la reprimenda. "Diré que voy a adelantar vuestra boda a dentro de dos semanas porque quiero ir a visitar la misión de San Diego, así que renovaréis vuestros votos en la iglesia, solo los presentes sabremos que en realidad ya estaréis casados. ¿Estáis dispuestos?"

Diego, sonriendo por primera vez desde hacía días dijo: "Es lo que más deseo en el mundo." Se volvió a mirarla. "Victoria, esta no es la boda que soñaste, pero ¿Te casarías conmigo ahora?"

"Tú estás a mi lado, eso es lo importante." respondió ella sin dudar.

El sacerdote parecía satisfecho, y relajándose un poco dijo: "Bien, pero Diego, no te puedes casar con esa máscara."

"Lo olvidé, padre, ya estoy tan acostumbrado..."

Victoria se acercó a él y se la quitó.

Diego se dio cuenta de algo. "¿Dónde está Felipe?. No puede perderse esto."

Don Alejandro subió a buscarlo y Felipe entró muy sorprendido.

De nuevo el sacerdote habló. "Ahora unid vuestras manos."

Tras la breve ceremonia, mientras Diego y Victoria aún se miraban a los ojos, don Alejandro ofreció su brazo a doña Carmen, y miró al padre Benítez. "Padre, tengo una botella de vino con la que podemos celebrar esta ocasión. Felipe, ¿Vamos?"

Los dejaron solos y ellos se besaron.

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Felipe salió de la sala para hacer unos recados. Don Alejandro y doña Carmen conversaban con el sacerdote.

"Me alegro mucho de que haya venido, padre. Ha tenido usted una magnífica idea."

"Ya. Era lo mejor. No tenía sentido hacerles esperar otras cinco semanas, podrían haber caído en la tentación. Aunque se supone que ustedes los tendrían que haber vigilado. Es obligación de los padres y amigos hacerlo."

"Bueno, padre, entenderá que Diego no es fácil de vigilar. Es el Zorro y no lo supe hasta que me lo dijo hace pocas semanas. Además llevaban años viéndose a solas sin que pasara nada. Le aseguro que estaban haciendo un gran esfuerzo."

Doña Carmen intervino. "Le advertí que no debíamos dejarlos solos."

"Eso es cierto." confirmó él.

"Casi comenten un desliz, pero en parte la culpa ha sido mía. Cuando los jóvenes me piden fecha para la boda procuro no retrasarlo mucho, porque suelen ser imprudentes. En su caso pensé que Victoria necesitaría algo de tiempo para pensar si realmente quería casarse y que así Diego tendría oportunidad de seguir ganándose su afecto. Si llego a saber quién es él en realidad, los habría casado enseguida. Si tuviera que enfadarme con todos los jóvenes que se precipitan como me he enfadado con Victoria…"

"Él me dijo que la habría subido a su caballo, se la habría llevado a la iglesia más cercana y se habría casado con ella inmediatamente, pero que eso habría sido propio de el Zorro, no de Diego."

"Lo atrapó su propia mentira." dijo el padre Benítez con tristeza. "Así que Diego y usted estaban tan seguros acerca de Victoria." se echó a reír. "Y el alcalde, esperando que se presentara el Zorro en la taberna mientras él estaba todo el tiempo entrando y saliendo justo delante de sus narices."