Bienvenidos camaradas leales, xenos y amantes del Empíreo les traigo un nuevo capítulo, me tardé pero por no tener tiempo, no más excusas de mi parte, sigan por favor:

ZERO

-Su fracaso es inadmisible- profiere una figura andrógina vestida con una negra y afilada armadura -¿Dónde está?

-Muerta o capturada- responde Gaurel que se mantenía con la frente en el suelo completamente sumiso.

La figura se levanta de su trono y con calma se aproxima al Hemónculo -Debería matarte.

-No lo hará.

Gaurel se levanta y con una cimitarra lo ataca, el Arconte ríe ante el patético intento, con un par de movimientos lo desarma.

-Jajajaja- hunde sus garras en el costado del Hemónculo arrancando un grito desgarrador -Tuviste el valor. Al menos no morirás hoy, hemónculo.

Deja caer al Hemónculo, se aparta, camina lento y amenazante hasta llegar a Artriov -Querido, mira lo que te hicieron- ríe al tocarle las mejillas, le muerde el labio abriendo una herida de la cual la sangre brotó hasta su boca -Jejeje- le acarició el rostro, entonces le quebró el cuello, aspiró el alma que se iba a la tortura eterna de "La gran Serpiente" y se estremeció ante su sabor.

-Muy bien, Gaurel, dile a Sefiht que está a cargo de los Íncubos ahora- deja caer el cuerpo -Alimenten a las bestias con este desperdicio.

Guerreros de la Kabala arrastran el cuerpo fuera de la habitación, la sangre tiñó el piso de un rojo oscuro.

-Mi señor, ¿Qué haremos ahora?- jadea el Hemónculo mientras se cubre sus heridas.

-No podemos hacer nada, sólo esperar, si Festhet es tan lista como ella cree que es, sabrá darnos su posición y esperemos que ese Mon'Keigh no haya sido descubierto todavía- su monólogo era frío y distante como si hablara solo para él -O podemos hacer que alguien más los encuentre por nosotros.

-¿Cómo señor?

-Solo tenemos que esparcir el rumor de que los Salamandras están apunto de hallar a Vulkan, jejeje y verás como todos sus enemigos se lanzarán a la cacería como bestias hambrientas.

El Arconte con un movimiento de su mano ordena al Hemónculo que se retire.

-Antes de irme quisiera preguntar por los lagartos.

-¿Qué hay con ellos?

-Han fracasado en su función, yo puedo volverlos útiles- menciona con una sonrisa siniestra.

El Arconte sonríe complacido -Has lo que debas, te lo dejo en tus manos.


-¿Soy yo o la comida empezó a tener un sabor extraño desde que las hermanas del silencio están abordo de la nave?- inquiere Ariadne sin animarse a probar bocado.

Annelies sin dejar de probar el alimento musita -No importa como la sientas, debes tragarla si quieres tener las fuerzas para pelear.

-Si no le molesta Palatina, quisiera ayunar hoy.

Anne tomó el plato y lo colocó junto al suyo, era una sopa de unos granos circulares de color anaranjado y carne de algún artrópodo -Más para mí.

-¿Puedo retirarme?

-Ve a la capilla, dos horas de oración. El alimento no se desprecia.

Ariadne suspiró -Sí señora- se puso de pie y tras una reverencia se retiró.

Su'ane mira irse a la rubia -Está muy rara.

-No es la única- menciona Hoshi mirando hacia un par de mesas al fondo donde Grail comía en la misma mesa que una hermana del silencio.

Era una escena peculiar ya que nadie se sentía cómodo cerca de una Paria, cumplían un rol importante cazando brujas, psíquicos rebeldes y recolectando el tributo diario de almas para el Emperador, pero su sola presencia era antinatural para otras formas de vida, especialmente para los psíquicos, las hermanas del silencio no poseían una presencia física en la disformidad como todos los demás, esta característica las hacia nulidades psíquicas y les daba su peligrosidad, esto es heredable, se lo llama gen "Paria", no muchas nulidades psíquicas llegan a la madurez pues sus pares los desprecian, inclusive sus padres suelen abandonarlos a su suerte, son rescatados por la Inquisición y puestos al servicio del Imperio.

-"¿Cómo te llamas?"- Grail trataba de iniciar una conversación con la guerrera, como era predecible sentía cierto nivel de incomodidad pero su nivel de interés era más alto.

Grail era una mujer robusta de rostro ancho, su corte era al ras, su rostro tenía una cicatriz a lo largo de su frente y una quemadura en su sien izquierda, ella provenía de un mundo feudal donde no podía expresar su sexualidad con libertad, una vez salió del lugar sintió una liberación que decidió aprovechar mientras servía al Dios Emperador.

La joven guerrera no contestó, simplemente se limitó a observarla y probar bocado, su rostro no tenía cicatrices, solo unas pecas en sus mejillas, su cabello era rojo y todo lo que poseía era un puñado en la corona amarrado con unos anillos gruesos para que se elevara, estaba sin su casco y gorjal, se los había retirado para poder comer de mejor manera.

-"Vamos, no muerdo"- insiste con el lenguaje de señas -"Mi nombre es Grail."

Hoshi llegó por detrás -Ese no es el sistema de señas que usan las hermanas del silencio- se retira sin decir más.

-Podrías habérmelo dicho antes- profiere Grail avergonzada volteando hacia Naoko.

-Era divertido verte intentarlo- menciona Hoshi con una sonrisa.

-Jijiji- una risilla se escuchó.

Grail regresa la mirada y vio el rostro sonriente de la guerrera -No has hecho el voto de silencio, ¿verdad?

-Todavía no- responde con una sonrisa que apenas podía contener.

-Eres algo risueña- comenta Grail.

Aquello devolvió a la mujer a su apariencia estoica -No había reído en mi vida, resulta algo extraño.

-Me alegra haberte hecho sonreír aunque haya sido a causa de mis tonterías.

-No te rindes- menciona al probar bocado -Por cierto, para que no sufras más humillaciones, estoy concentrada en mi labor y no me atraen las mujeres- dejó su cuchara, su rostro se tornó severo -Y yo no le atraigo a nadie.

Grail sintió una gran malestar pero contuvo la sensación para expresar amablemente -Entiendo, me gusta conocer gente, si quieres podemos ser amigas.

-¿Amigas?- murmulló como el solo concepto de la palabra le fuera desconocido -Me gustaría.

Grail sonríe -Bien. ¿Por qué comes sola?

-Ellas están en algún tipo de reunión que no puedo presenciar todavía.

-Sé como se siente.

La mujer de armadura dorada profiere con premura -Perdón. No me presente, Meryl Gozias.

-Grail Highland, encantada.


En la "Sophos Rex" las reparaciones continuaban incluso en la disformidad, varias cámaras de la nave se perdieron para siempre, todas las fisuras estaban selladas pero faltaba recuperar todos los sistemas vitales y operativos de las recámaras que se pudieron salvar, tecnosacerdotes y visioingenieros se encargaban de ello con electrosacerdotes como guardias contra las apariciones de la disformidad.

Cheng caminaba a paso acelerado, los servos de sus piernas la movían a la velocidad de un vehículo, llevaba la placa de datos con el avance en las reparaciones y los requerimientos extras de las mismas. Sus extremidades eran mecánicas y su columna reforzada con metal que llevaba los circuitos necesarios para una veloz conexión entre su cerebro y los servos, además de soportar el peso extra de sus partes mecánicas; ojos y nariz se reemplazaron con mecanismos mejorados que suplieron las funciones de estos, su cabeza era calva y tenía varios cables conectados directamente al cerebro donde poseía un disco duro el cual usaba para acudir por información puramente relacionada a sus labores, su número de mecadendritos aumentó a seis después del enfrentamiento con Jiro, los nuevos tentáculos tenían la única función de ser artilugios ofensivos, un lanzallamas de bajo poder y una con punta de lanza electrificada, su cuerpo era de acero, no era débil, no podía permitirse otra situación como la acontecida.

Gael solitario en su forja privada trabajaba en la elaboración de una nueva arma para ofrecerla al Señor de los Salamandras, era el primer paso para expiar sus faltas, las revelaciones lo dejaron inseguro de su capacidad de mando, su aprendiz fue asesinado, lo cual ahora sabía fue un trágico error, el traidor podía seguir en su nave pero prefirió dejarlo en manos del Semántico que enviaron los Salamandras, era su propósito despejar su mente, usaba la fabricación del artilugio como una forma de introspección, meditar en sus fallas, hallar la voluntad del Omnissiah y adentrarse en sus caminos, había demasiada carne en él.

Cheng irrumpe en el santuario de Gael, era una amplia estancia con más apariencia de estudio que de forja, las paredes adornadas con madera negra, y altos relieves en barroco, varias librerías con pergaminos minuciosamente ordenados, colosales archiveros metálicos que se elevaban toda la extensión de la habitación unos cinco metros donde innumerables placas de datos tendrían que estar guardadas, discos duros y procesadores emitían constantemente su música, un escritorio elegante sobre el que descansaba un solitario libro y tras él, colocado en la pared un cuadro de cuerpo entero recubierto por cristal, en la pintura se apreciaba una pareja en ropas victorianas, se veían jóvenes, con porte aristocrático, la mujer de una piel oscura y el hombre de piel morena con un espeso bigote y con ellos un niño de apenas ocho años sonriendo. Al final de la estancia, a doscientos metros del estudio se veía el fuego y hollín, varios servidores perpetuamente activos limpiaban el carbón que se pegara a los muebles y procesadores, una figura metálica movía incansablemente sus brazos y mecadenditros mientras se oía el golpe de un martillo neumático, acompañado por tres servidores que de momento permanecían estáticos y sobre ellos adueñándose del espacio visual el símbolo del Mechanicus.

El martilleo se detuvo, Gael bajó sus herramientas y al voltearse mostró un rostro mecánico lleno de hollín -Dime- exige con premura.

-Señor, como fue calculado no hay suficiente plastiacero para cubrir la última cámara, lo recubriremos con ferrocemento. El navegante ve próxima nuestra salida del Inmaterium. Siete horas, quince minutos y 48 segundos aproximadamente.

-Deja la placa sobre el escritorio, la analizaré después- expresa con estoicismo, regresa a su labor maquinalmente, las chispas volvieron a saltar, las perforadoras sonaron al mismo tiempo que la soldadora eléctrica.

-¿Señor?- llama Cheng, Gael no respondió -¿Maestro?- insiste sin conseguir nada, un intento desesperado más -Gael.

Paró en seco su trabajo produciendo un chirrido terrible, sus partes mecánicas sonaron debajo de su capucha -¿Qué?

-Me preocupas- dijo con suavidad -¿Qué te pasa?

-Dudo, Jia.

-¿Sobre qué?- pregunta dándole su espacio.

-Deseo reemplazar el resto de mi masa encefálica con circuitos...- calla repentinamente.

-¿Pero?

-Al hacerlo sere más eficiente, práctico, más rápido en reacción y pensamiento, pero esa eficiencia se traduciría en dar paso al daño colateral y el término "pérdidas aceptables"- responde contrariado -¿Qué pérdida puede ser aceptable cuando hablamos de la población civil?

-Yo...- quiso responder con lógica pero el problema que Gael le presentaba no se respondía con ella.

-No soy de Marte, Jia, no puedo poner a la lógica sobre la moral, no nací para ser un tecnosacerdote, más aprendí las verdades y ventajas de la máquina. Es él único camino digno de seguirse, pero ¿debo sacrificar lo que queda de mi humanidad y ser uno con la máquina?

Cheng agacha la mirada, era difícil aclarar esta situación pues sus sentimientos se involucraron y estos eran complicados de descifrar para su fría lógica -No creo ser capaz de darte la respuestas que buscas, mi estimado.

-No- responde recomponiendo su postura -Ya lo hiciste- se acerca a la marciana, la toma de las manos y suavemente choca sus frentes -Te lo agradezco.


-Se están replegando- informa un guerrero de gran tamaño, su armadura era negra y amarilla, con parafernalia puntiaguda, su casco adornado con cuernos y en ellos un par de cráneos humanos.

A la distancia una batalla se desarrollaba, grandes muros fueron derribados, los guerreros de hierro ingresaban a raudales dentro de la ciudad minera, se empieza una masacre contra los defensores que son descuartizados y vapuleados.

-Debemos conquistar la ciudad rápido, ya estoy harto de su táctica de tierra arrasada- expresa un guerrero más grande con el rostro deforme y grotesco, sus manos eran garras aterradoras que le impedían cerrar los puños, no podía usar armas pero los poderes ruinosos se lo compensaron con la habilidad de manipular la disformidad.

Mientras observaban una luz empezó a brillar en medio de la ciudad, después una explosión inmensa se hizo presente, el calor y el fuego desintegraron a los sirvientes del caos y la ciudad, la explosión se convirtió en un inmenso hongo oscuro.

-¡GRRRRRRRR!- grita el comandante llenó de rabia, todas esas almas para ser sacrificadas se le fueron negadas, otra vez -¡Malditos! ¡Marl, ¿repararon la tuneladora?!

-No mi señor- responde igual de rabioso.

-Recuperen a los que se puedan, marcharemos de inmediato, no les daré tiempo para que planten otras de esas ojivas nucleares- gruñe escupiendo una baba negra y repulsiva.


La realidad se quiebra, una grieta interdimensional masiva expulsa energía disforme y gigantescas naves góticas. Toda la flota aparece a dos unidades astronómicas de la estrella binaria en la que los planetas tenían su órbita elíptica, la más grande, una azul masiva y la más pequeña un sol amarillo de tres cuartos del tamaño de la azul. Los escáneres raudos empezaron su labor, no tardaron en hallar algo de interés, una flota del caos de tres naves góticas con fuselaje palpitante, Guerreros de Hierro, la paz nunca fue una opción en la galaxia pero ahora más que nunca las fuerzas leales prepararon a sus guerreros para una sórdida y brutal batalla, el caos un enemigo primordial de la humanidad, una legión traidora, que antaño atacó a los Salamandras en Istvaan V cuando declaraban ser hermanos, aquella masacre dejó a los Nacidos del fuego al borde de la extinción, si había un momento cuando los Hijos de Vulkan debían mostrar toda la fuerza heredada de su primarca y su famosa ira enfocada era esta, ya Diez mil años de aquella traición pero ésta era fresca en la memoria colectiva del Capítulo. Los tanques, hermanos venerables y exterminadores fueron preparados y la opción atómica fue dispuesta para un exterminatus del planeta sobre el cual patrullaban una vez se acabaran los negocios que les atañían.

Tu'shan con su armadura escamosa ya se hallaba en el hangar, toda la primera compañía se hallaba arrodillada, incluyendo He'stan, esperando las palabras del señor del señor del capítulo.

-Hermano Capellán Elysius- llama, Elysius se incorpora -Empieza por favor.

-¡Allá están las llamas de la batalla hermanos! ¡La marca de la traición! ¡El Emperador está de nuestro lado! ¡Por la gracia de Vulkan y el Emperador! ¡Aplastadlos contra el yunque!

El eco del metal golpeandose era ensordecedor y la ira en los ojos rojos de los nacidos del fuego era espeluznante.

Tu'shan levanta su mano callando los eufóricos sonidos -¡Recuerden Istvaan V! ¡EL FUEGO DE VULKAN LATE EN MI PECHO!

-¡CON EL GOLPEARÉ A LOS ENEMIGOS DEL EMPERADOR!- la atronadora respuesta hizo temblar los vitrales circundantes y el suelo del hangar.

He'stan se pone de pie para proclamar -¡HACIA LOS FUEGOS DE LA BATALLA!

-¡SOBRE EL YUNQUE DE LA GUERRA!

-¡POR VULKAN Y EL EMPERADOR!- clama Tu'shan señalando las cañoneras.

Los soldados se colocaron sus cascos, con presteza subieron a los stormbird y thunderhawk para invadir la superficie del planeta mientras las naves se encargarían de abatir a la flota traidora.


Las sororitas en la "Rabia Cerúlea" permanecían con sus rodillas dobladas y con el rosarius en sus manos entonaban suaves letanías al Dios Emperador, frente a ellas una hermana dialogante entonaba un cántico votivo mientras la Canonesa colocaba sellos de pureza a las sobrevivientes de la escuadra de Annelies, dicho sello proclama: "Guide gladius meus Imperatoris, eam ad mortem humanitatis inimicos sub eius nomine. Non enim erit ultra misericordiae verecundiora patris discoperuerunt in populo. Hoc solum toto corde vivit facere testamentum." La canonesa coloca el sello con cera roja y lo marca con la flor de lis en la hombrera derecha de las siete hermanas, al terminar estas se arrodillan a excepción de Annelies.

-Te has ganado la simpatía del Inquisidor- profiere la canonesa mientras prepara un segundo sello únicamente para ella -Tendrás un gran futuro.

Annelies no comprendía con claridad esas palabras, su corazón latió con prisa haciendo estrecha la bóveda que lo contenía, era posible que significaran lo que deseaba.

Un nuevo sello se le coloca en el pecho derecho: "Et pura anima nobilis est, et idcirco erigitur. Spes tecum. Gerit cum morte, et gladius gloriae tuae actus. Et fecit Deus Imperatore passa esset iustum iudicium tuum da gloriam nomini tuo."

-No nos decepcionarás- dice la canonesa.

Annelies se arrodilló como el resto sin entender si lo que le dijo fue una pregunta o una afirmación. La voz de la hermana dialogante sube de tono, ahora se escuchaba por encima de los motores rugientes de las cañoneras.

-El Dios Emperador de la Humanidad bendice a sus férreas hijas, luchen en contra del caos, los xenos y mutantes, no les tengan piedad- su voz era melodiosa pero firme y clerical, con el Lectitio Divinitatus en mano recita uno de sus pasajes -"Ama al Emperador, pues él es la salvación de la Humanidad. Obedece sus palabras porque él te conducirá a la luz del futuro. Haz caso de su sabiduría, pues él te protegerá del mal. Susurra sus plegarias con devoción, pues ellas salvarán tu alma. Honra a sus siervos, pues ellos hablan con su voz. Tiembla ante su majestad, pues todos caminamos bajo su sombra inmortal."

-¡PURGAD A LOS HEREJES EN NOMBRE DEL EMPERADOR!- clama la Canonesa.

-¡POR EL EMPERADOR!- el clamor apaciguó los motores de las naves.


El herrero de guerra Fero Falkos y sus huestes preparaban el asedio a la última ciudad de Zero, atrincherados en dos kilómetros de macizas murallas de veinte metros, su retaguardia estaba cubierta por una montaña rocosa cuya cumbre fue aplanada para servir como plataformas de naves de carga, ahora la antaño gran ciudad minera la ocupa para sus naves de guerra.

Fero mandó a cavar trincheras a todo lo largo de la muralla alejados del escudo de vacío, sus grandes ingenios demoníacos habían sido obliterados con la política de tierra quemada que usaban los habitantes de Zero, lo único que le quedaba era un taladro de termita que requería reparaciones y faltaban varios días para que estuviera operativo, una ves terminaran las trincheras montarían una muralla, de esta manera evitarían que pudieran salir a buscar alimentos, cortarían el agua y dejarían que agonizaran. Sus zapadores entonces se encargarían de hacer volar las murallas si no se reparaba a tiempo la tuneladora, dispuso puestos de bolter pesado usados por cultistas y guerreros de hierro, plataformas de fuego antiaéreo y artillería ligera que era incapaz de atravesar los escudos de vacío. Mientras distraía a los defensores pensaba infiltrar unos cultistas, cosa que sería fácil ya que debido a las incontables bombas atómicas detonadas el planeta se volvió hostil, los pobladores ahora debían salir al exterior con trajes antiradiación, a pesar de toda la devastación no se produjo un invierno nuclear, el sol iluminaba con más potencia que antes creando enormes desiertos yermos constantemente en expansión.

-Señor- llama Marl.

-¿Qué ocurre ahora?- inquiere con un gruñido.

-Una flota Imperial apareció, siete naves y veintitrés fragatas, mi señor.

Fero aprieta sus pútridas fauces -Que resistan, si conseguimos las almas de la ciudad tendremos ayuda de los Dioses, y acabaremos con esos infelices.

-Señor- dice con lentitud -Hay Salamandras con ellos.

El Herrero de Guerra mira al legionario -¿Eso te preocupa?

-Pueden evacuar a la población antes de que podamos entrar- responde.

-Entonces aceleramos nuestros esfuerzos. Quiero la tuneladora lo más pronto posible, llévate los que hagan falta.

-En seguida.

-No.

Marl permanece estático esperando las órdenes.

-Reubica la artillería, esperaremos a los refuerzos.


-Tenemos la posición de una conglomeración de herejes a las afueras de una ciudad forja- menciona el piloto del thunderhawk -Se nos ha ordenado despejar el terreno.

-Entendido- expresa Elysius que junto con He'stan comandaban dos escuadras de guerreros veteranos de la primera compañía, sus armaduras eran artesanales, ninguno tenía una armadura similar a la de sus hermanos y sus yelmos al estilo caballeresco procedían de los mismísimos supervivientes de Istvaan V, mantenidos y pulidos con devoción por casi diez mil años y ese día volverían a mancharse con la sangre de sus enemigos.

Las naves en cuestión de minutos dejan el vacío del espacio y se adentran en la atmosfera ardiente del planeta, sortean el abrumador fuego aéreo, los impactos resuenan en sus fuselajes, el atronador ruido de la guerra inunda los corazones de los astartes y sororitas.

-Recuerden hermanos, el objetivo son los cañones antiaéreos- dice Elysius empuñando su croxius -Abriremos paso para un descenso seguro de nuestros hermanos y hermanas. Qué los herejes sientan la furia del Capítulo.

Una stormbird cae en picada con una escuadra de hermanas de batalla, otra cañonera que cargaba marines de la tercera compañía se enciende en llamas en el cielo.

Un misil disparado desde una cañonera destruye una torre antiaérea dando paso al descenso de la primera oleada.

-Listos para el descenso- informa el piloto.

Elysius siente el nerviosismo antes de la batalla, emoción que nunca desaparecía a pesar de los siglos y cientos de batallas vividas. Sienten a la nave posarse y sus corazones se aceleran mientras la rampa desciende, el fuego enemigo cae sobre ellos sin que pudieran descender. Elysius empuña su rosarius, lo levanta en alto creando una barrera protectora del ancho suficiente para cubrir la salida.

Una vez la rampa bajó Elysius lideró la carga al grito de -¡POR EL EMPERADOR!

-¡AAAAAHHH!

Movidos por la ira de una traición fratricida acontecida hace milenios atravesaron la lluvia de bolter, Elysius rogaba por que el escudo resistiera hasta llegar al primer nido de ametralladora. Una granada cayó sobre los enemigos, los cultistas quedaron desmembrados y sus vísceras regadas por el campo. Las escuadras al completo entraron a las trincheras, el fuego de los lanzallamas de He'stan y Elysius despejaron los pasadizos, el camino hacia el próximo objetivo era claro, una plataforma antiaérea resguardada por legionarios de los Guerreros de Hierro.

-¡Presionen!- clama He'stan al embestir a un legionario con su lanza encendida, el arma cortó la ceramita y adamantio como mantequilla.

Tomaron el emplazamiento en un instante, los preparativos para el asedio que se habían logrado realizar no estaban pensados para enfrentar fuerzas externas.

-A por el siguiente- ordena el Capellán.

Se pusieron en marcha cuando una luz azul incandescente golpea a un miembro de la escuadra, el abdomen desapareció en lo que duró el destello, un casco con una cabeza dentro cayó junto a un brazo y las piernas avanzaron unos pasos debido a los servos antes de que estos se apagaran y la parte inferior de la armadura también se desplomara.

-¡A cubierto!- ordena He'stan.

Dos cañones de plasma bien posicionados sobre un terraplén fortificado lanzaban su letal ataque; la siguiente torre antiaérea se hallaba al otro lado del montículo que tenía una pendiente de 45 grados y con varios legionarios cuidando la base haciendo imposible rodearla.

-He'stan al habla, necesito un bombardeo en el subsector A3- habla mediante enlace vox.

-Negativo, todavía hay demasiado fuego enemigo- le responden

-Envíen una escuadra de asalto a que tome la posición- ordena.

-Entendido- se corta la transmisión.


Anne a bordo de su cañonera lideraba tres escuadrones de hermanas de batalla, la ayudaban dos hermanas superioras.

-Preparen sus corazones hermanas pues los entregarán en nombre del Emperador- recita Anne -Karo, flanco derecho, Demay el izquierdo, yo tomaré la fortificación.

En lo alto se abren las compuertas, una fuerte ráfaga de viento golpea las servoarmaduras, Anne sentía temor en lo momentos previos a la batalla, era humana después de todo, solo la devoción hacia el Emperador la hacía superar tal limitación, los Astartes por su lado carecían de miedo gracias a todos los tratamientos psicoquimicos y eso les permitía lanzarse a la guerra con más frialdad.

-Estamos a treinta segundos del descenso- indica Hoshi.

Anne asiente -Revisen sus bolters.

Una serie de chasquidos se oyeron sobre el ruido de los motores y las explosiones.

-¡Lleven muerte a los traidores!- grita Anne siendo la primera en lanzarse.

Las pesadas servoarmaduras aceleran la caída poniéndolas al alcance de las armas enemigas, una hermana fue derribada por fuego de bolter, sus retrorreactores se activaron frenando la caída, efectuaron maniobras evasivas sin perder ninguna otra hermana.

Cuando la escuadra de Anne estuvo sobre la fortificación tomó la bomba de fusión de su cinto electromagnético, Hoshi y Ariadne la imitaron, las prepararon y arrojaron. La explosión derritió el ferrocemento y acero de la construcción, los legionarios del interior que habían sobrevivido respondieron con ráfagas bolter.

Las serafines con un bolter en cada mano dejaron caer una lluvia destructiva sobre sus enemigos, dos hermanas más cayeron en el cruce de fuego antes de que aterrizaran dentro de los restos. Annelies y Ariadne que eran las únicas que tenían pistola de plasma neutralizaron los cañones mientras sus hermanas se encargaban de los legionarios aturdidos.

Uno de los guerreros de hierro no pudo ser liquidado con los disparos, su cuerpo tomó una forma abotargada, sus músculos se inflaron abriendo grandes grietas en la armadura de donde carne roja y palpitante salió a relucir, desprendió un olor a azufre y cuernos salieron de su casco, con espada sierra en mano atacó.

Las balas no produjeron reacción alguna, la bestia embistió a la primera sororita atravesándola con sus cuernos.

-¡Aaaah!- el grito fue espeluznante, la sangre descendió por los cuernos hasta manchar el casco de legionario mutado por el caos.

-¡Sangre para el Dios de la Sangre! ¡Cráneos para el trono de cráneos!- clama con rabia mientras su casco se partía y mostraba un rostro animalesco, la criatura ya no mostraba rasgos humanos siendo nada más que una parodia de un Astartes.

-¡AAAGGHH!- la sororita fue desgarrada sobre los cuernos del demonio y este aún bajo los disparos bolter se tomó su tiempo para masticar la tripa que llegó a sus fauces.

Hoshi guardó una pistola y desenfundó su espada de energía, sin temor se abalanzó con sus reactores sobre la criatura.

-¡POR EL EMPERADOR!

La velocidad de su ataque fue sorprendente, la bestia perdió un brazo de un tajo y un cuerno con el disparo del bolter.

-¡Granada!- exclama Grail al lanzar el objeto.

La bestia cayó con las piernas destrozadas, se arrastró con su único brazo de forma horrible, convulsionando, babeando y sus gemidos infrahumanos causaban escalofríos.

Hoshi saltó sobre la criatura empalandola por la espalda con su espada, con una férrea voluntad y la fuerza de su brazo mecánico sostuvo al monstruo lo suficiente para que Anne apuntara con su pistola plasma y el cráneo desapareciera dejando una masa pegajosa y maloliente.

-Grail, incinera esta inmundicia- profiere Annelies con la respiración agitada.

Hoshi extrae la espada y se aparta. Grail con su lanzallamas de mano con promethium bendecido arroja llamas sobre los restos.

Annelies se aproxima al borde del terraplén, a la distancia observó la torre antiaérea ardiendo y a los Salamandras avanzando por el campo de batalla, las llamas de sus armas brillaban por todos lados, siempre era un espectáculo presenciar a los Astartes en acción, sin embargo también veía cuerpos esmeralda regados en el campo de batalla; un apotecario se inclina sobre un hermano caído y con sus instrumentos extrae la semilla genética, aquel acto le daba un futuro al Capítulo y esperanzas en el corazón de Anne, siempre que esa preciada semilla se cosechara estos guerreros seguirían presentes en la galaxia defendiendo a la Humanidad.


Los defensores de la ciudad forja no tardaron en escuchar todo el alboroto, asomaron sus cabezas por sobre las defensas para presenciar anonadados el desembarco.

-Señor- profiere un joven ancho de baja estatura y una espesa barba negra.

-Dime muchacho- expresa un hombre más alto y ancho de barba blanca que miraba extasiado desde la trinchera en las afueras del muro.

-¿Qué es esto?- indaga confundido.

El hombre mayor soltó una lágrima solitaria al ver los seres que descendían de las cañoneras -Son Marines Espaciales.

-Eso significa...- empezó a decir sonriendo de alivio.

-Sí- le interrumpe con su voz temblando -El Emperador... escuchó nuestras peglarias- solloza ante la majestuosidad de los campeones de la Humanidad.

Se limpia sus lágrimas y se coloca su yelmo -¡Muy bien cabrones, levanten sus traseros!- clama con fervor al saltar al campo de batalla con su servoarmadura y martillo a dos manos.

Desde toda la extensión de las trincheras emergieron centenares de figuras rechonchas y blindadas.

-¡EL DÍA HA LLEGADO! ¡POR EL EMPERADOR!


Las figuras robustas atacaron el flanco delantero del enemigo que se había concentrado en abatir a los Salamandras, la resistencia fue mínima.

Tu'shan llega al campo de batalla montado sobre un tanque Predator, dos más tras él y dos Land Raiders que cargaban a los Exterminadores y tras ellos dos hermanos venerables, los Dreadnought avanzaban con cuatros escuadras de de la primera compañía, el estandarte de los Salamandras ondeaba con el viento radioactivo, el poder de fuego fue abrumador para las reducidas fuerzas herejes que todavía resistían.

La totalidad de las tres compañías descendieron y despejaron las trincheras enemigas, los guerreros de hierro habían retirado pero el señor del capítulo y sus capitanes estaban seguros de que era un movimiento estratégico, ellos volverían.

Las fuerzas de los Salamandras, Sororitas y Hermanas del silencio se hallan en el campo de batalla mientras las armas pesadas terminaban de desperdigar a los cultistas y marines traidores.

Dalia con su escuadra de Hermanas Celeste se encuentra con Tu'shan detrás del Predator, también se les acercó una escuadra de hermanas del silencio.

-Señor, están huyendo, deberíamos seguirlos y acabarlos- opina Dalia.

-No, sus zapadores debieron cubrir su retirada con minas y trampas aún peores- menciona Tu'shan con su mirada hacia el cielo.

Las naves llegan y dejan caer una andanada de bombas sobre las tropas enemigas.

-El señor de los Dracos de Fuego tiene razón- profiere Meryl que como no tomaba los votos de silencio todavía cumplía la función de traducir a su superiora.

-Disculpa, sus nombres, no recuerdo haberlos oído- dice Tu'shan.

-Mi señora, Leonora Vardelos y mi persona Meryl Gozias- responde con soltura.

El enorme salamandra asiente -Las artimañas de los guerreros de hierro no es el único motivo- su mirada se desvía hacia el campo de batalla que dejaron atrás.

Figuras fornidas se habían juntado con las tropas que quedaban en retaguardia y comenzaron a interactuar, estos habitantes de Zero eran cortos de estatura, incluso más que un humano normal.

Elysius y su escuadra se acercaban, guiaban a una comitiva de estos guerreros, sus servoarmaduras eran artesanales y tan hermosamente diseñadas como una armadura de Salamandra, Elysius permitió que los defensores de Zero se acercaran solos al Señor del Capítulo.

Los guerreros se arrodillan -Gran señor, esperamos tu regreso por milenios.

Esto llenó de confusión al señor de los Salamandras -Levántate, no soy quien piensas.

-Aún si no lo seas, nos has salvado- profiere ya de pie.

-¿Quiénes son?- pregunta sabiendo la respuesta.

-Squats mi señor.

Gracias por su tiempo. ¡El Emperador Protege!