Jueves 02 de abril de 2020

Disclaimer: Este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con su historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudarán a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.


Capítulo VI

Tu fotografía

—Estás… —«Si le digo sexi o arrebatadora… no saldrá», pensó Nabiki, así que solo dijo—: Bien. Tienes que estar tranquila, hermanita.

La segunda hija de Soun no se dejaba llevar por sentimentalismos, pero podría hacer una excepción por esta vez para fortalecerla. Además necesitaba que su hermana menor se enfocara en lo importante. Por eso la tomó de los hombros y la miró con una expresión seria y profunda para decirle lo que por lo menos a ella la motivaba.

La pequeña Tendo sintió el aura decidida y el apoyo incondicional de su hermana, se formó un nudo en su garganta y sus ojitos se cristalizaron; pocas veces Nabiki era amable con ella.

—Akane, tú eres una luchadora nata, nunca te has rendido y esta no será la primera vez. Debes ser profesional. ¡Ahora ve ahí y conquístalos! Además si no lo haces… —Nabiki la soltó y agachó la cabeza ocultando sus ojos—. No nos pagarán ni un yen.

Akane estuvo a punto de caer. Por un momento había sentido una conexión especial de hermanas. No entendía por qué Nabiki a veces era tan incomprensible con ella, y que… le gustara tanto el dinero. «Así que se trataba de eso». Ahora entendía un poco más el entusiasmo de su hermana; definitivamente tenían una charla pendiente. Suspiró. Hubiese querido escuchar algo más como… que haga lo que haga no dejaba de ser Akane, que no importara cómo se viera, que no debería importarle las burlas de los demás. «Que si Ranma estalla en risas al verme no debería afectarme». Su traje de princesa no era el que ella había imaginado, se sentía realmente incómoda, como un choclo dentro de una vaina. Sin embargo, Nabiki tenía razón en algo. «Debo ser profesional, si ya empecé con esto no daré marcha atrás».

Un momento…

—¿Nos pagarán? —inquirió.

—¡Claro! Es normal que si trabajas en algo te paguen. Y por si no te has dado cuenta, hermanita, este es un trabajo. Muy bueno por cierto. Y no te preocupes por ser menor de edad, ya me encargué de eso —dijo resolutiva la joven de cabello castaño.

Akane la observó entornando los ojos.

—Nabiki, quiero que me expliques de una vez de qué se trata todo est…

—¿Se puede? —Atsushi interrumpió su conversación asomando su cabeza por la puerta. Apenas vio a Akane, un grito agudo estalló en la pequeña habitación—. ¡Aaaiiih! Pero si eres la visión más exquisita que he visto en mi vida. No sabes las maravillas que Ken y yo haremos contigo. Estás perfecta, linda.

Y así, no sin dudas, Akane salió tratando de esconderse detrás de Nabiki. El joven director las guio a un pequeño tocador que se encontraba cerca del vestidor y sentó a su Blanca Nieves frente a este. Parecía que la pequeña Tendo había perdido cierta movilidad.

—Atshi ¿Tú maquillas? —preguntó Nabiki al ver que él empezaba a coger algunos cosméticos.

—Mmm… No exactamente. Hago obras de arte, querida —contestó sonriendo con suficiencia mientras seleccionaba lo que necesitaría—. Aunque con tu hermana no tendré que esforzarme demasiado, solo resaltaré su bonito rostro.

Akane, con la mirada perdida en su reflejo, sentía que su estómago se encogía, que caminaba sin rumbo, insegura. Ella no tenía una formación de actriz, solo algunas experiencias, pero no era lo mismo; y ahora iba a representar a un personaje frente a personas que gustaban del arte dramático y que pagarían por verla. Sentía mucha presión por eso. Además, tampoco era modelo, y por más que trataba de idear algo en su cabeza para posar frente a una cámara, no se le ocurría nada. «Esto es una locura…»

Pero si lo analizaba ¿Acaso Akane Tendo no estaba acostumbrada a las locuras desde que Ranma Saotome llegó a su vida? Pestañó volviendo a la realidad; sus pensamientos la habían alejado del trabajo que Atshi hacía con ella. Vio su rostro en el espejo y se sorprendió por el cambio. «Me veo… ¿Bonita?»

La pequeña Tendo no usaba maquillaje porque no parecía necesario, ya que al hacer deporte se le correría, además ¿Para qué? Ella no tenía intenciones de arreglarse para nadie. Frunció el ceño.

Al terminar, Atsushi se sintió orgulloso, el rostro de Akane era el de una hermosa princesa de cuento.

—Vamos, linda. Tu momento ha llegado. —Le sonrió para relajarla y ella le regaló una sutil sonrisa. Atshi hizo que juntos fueran del brazo hasta el centro del estudio fotográfico.

Los cuatro jóvenes al percatarse de la presencia del director y su linda acompañante de ojos color miel, no pudieron hacer más que maravillarse al verla. Akane soltó a Atshi, tímida, entrelazando sus manos delante de ella y agachando un poco la cabeza. Nabiki apretó los labios para evitar reírse de la cara de los perplejos muchachos. «Debí traer mi cámara».

Era cierto que se distinguía el disfraz de Blanca Nieves en la novel actriz adolescente, pero no el clásico infantil. Este era corto y ajustado. El corsé azul se ceñía a su silueta dejando ver lo estrecho de su cintura y su busto realzado, la falda princesa corta amarilla con encaje rojo apenas le cubría la mitad de sus muslos torneados, y las medias pantis blancas con un delicado encaje del mismo color se extendían en sus largas piernas hasta un poco más arriba de las rodillas. También llevaba unos tacones altos de charol negro que estilizaban sus pies, y unos guantes rojos largos de poliéster a la altura del codo que refinaban su atuendo. Los lacitos rojos no faltaron: uno en las blondas de cada media, otro un poco más grande en medio del escote, y finalmente el que sujetaba su suave, brillante y corta melenita. Akane estaba simplemente cautivadora. Y para Ranma, Hiroaki, Ryoga y Shinnosuke, quienes no alejaban sus ojos de ella, seguramente: seductora.

Atsushi reconoció las miradas nada santas de los cuatro jóvenes, y podía jurar que hasta sentía el galopar de sus corazones. Se aclaró la garganta y le susurró a Akane en la oreja:

—Tranquila, mi bella Blanca Nieves, que no dejaré que esos lobos te coman.

La pequeña Tendo no entendió de inmediato qué quiso decir Atshi con ese comentario. Es más, ajena a lo que estaba causando y haciendo alarde de su ingenuidad, creyó que el director se estaba equivocando. «¿El lobo no pertenece a la Caperucita Roja?». Luego dirigió su mirada miel hacia la pequeña salita y enrojeció a más no poder al darse cuenta que sus amigos no dejaban de verla.

—Ejem, ejem. Akane, ve yendo al lado de la caja de cristal, yo iré a ver por qué tarda el fotógrafo —dijo Atshi para refrescar la situación. De pronto sintió como si la temperatura se hubiera elevado algunos grados.

—Sí —contestó la actriz adolescente y se apresuró en obedecer sin querer ver nada más que a la caja de cristal.

—¡Pero hasta qué hora vamos a esperar a Ken! —Se quejó el director.

—No es necesario que esperen más, ya llegué. ¡Hola a todos!

Un chico delgado, con zapatillas blancas, pantalones cortos, polo sin mangas y una pañoleta naranja cubriendo su cabeza ingresó al estudio. Ranma, Akane, Ryoga y Nabiki lo reconocieron.

Ken Camaleón, aquel muchacho ladrón y perverso, conocido por su habilidad en las artes marciales de copia y sus fechorías en Tokio; resultó ser el fotógrafo que estaban esperando.

El chico de la imitación perfecta, observó con cierta sorpresa a los jóvenes Saotome e Hibiki, quienes lo observaban con recelo desde sus posiciones en la sala, prefirió no darles más importancia. Siguió paseando su vista por el estudio hasta que vio a Akane. No pudo esconder su alegría, quiso acercársele, pero no quería problemas con Ranma, y si lo hacía tal vez los tendría. Lo notó aquella vez que se conocieron, y ahora también: el adolescente de la trenza azabache odiaba que se acercaran a su prometida; por lo que no se arriesgaría a ocasionar una pelea y fallarle a Atsushi, quien le estaba dando una oportunidad, a pesar de su pasado, para ser diferente. Solo se acercó lo necesario.

—Akane, sigues igual de linda que cuando te conocí.

—Tú, ¿tú eres el fotógrafo? —La pequeña Tendo no sabía cómo actuar, ¿Atshi e Hiroaki sabrían quién era Ken?

—Pues claro. Soy muy talentoso. —Le guiñó un ojo.

—¿Akane, lo conoces? —preguntó Atsushi.

—Claro que lo conocemos —respondió Ranma. ¿En qué momento se puso al lado su prometida? Tenía los brazos cruzados, en una postura relajada pero sin dejar de estar alerta.

—Creo que ya no me conocen —replicó Ken—, ahora soy un buen fotógrafo que decidió copiar con exactitud el mundo visible y sus habitantes, con el único fin de capturar con precisión la realidad en un tiempo que no volverá, pero que logré aprisionarlo. Además que me permite estar al lado de seres muy bellos. —Miró nuevamente a Akane, sonriéndole.

Akane le devolvió la sonrisa. Aquel chico parecía que realmente quería cambiar y ella no era nadie para juzgarlo.

—Bien, creo que la mayoría ya nos conocemos y no debemos perder más el tiempo. Nuestro joven fotógrafo, Ken Camaleón, iniciará con la sesión de fotos de la divina Blanca Nieves —expresó solemne Atsushi.

A pesar de que Ranma seguía al lado de Akane, Ken habló con ella.

—¿Estás nerviosa?

—Un poco.

—Relájate, solo escúchame y haz todo lo que te diga ¿Entendido?

—Sí.

—Ahora, te ayudaré a pararte encima de la caja.

—No es necesario, yo la ayudo —objetó el joven Saotome.

—Ranma, si no vas a dejarme hacer mi trabajo será mejor que te vayas.

—No me fío de un chico como tú, te conozco y no creo todo eso de tu cambio de vida.

—¡Ranma! —sermoneó la pequeña Tendo.

—Akane, ¿cómo puedes seguir de prometida con un chico como él? —dijo con sarcasmo Ken.

—Bueno… Yo… — Intentó responder ella.

—A ti que te importa, ¿tratas de parecer maduro frente a ella? ¡Qué ridículo! —Ranma empezaba a perder la paciencia con ese usurpador de técnicas marciales.

—La vida, Ranma Saotome, sin tus comodidades ni tu linda prometida me ha enseñado cosas que tú aún no valoras. Y lo único que quiero ahora es que me dejes fotografiar a Akane ¡En paz!

Nabiki se vio obligada a intervenir.

—Niños, niños. Todos no tenemos su tiempo para discutir. Sé que mi hermanita está muy sexi, pero querer demostrarle que ella les gusta haciéndose los machos alfa, no funciona con Akane.

Ranma no supo más qué decir, y a pesar de su vergüenza, tomó a Akane en sus brazos y la subió de un salto encima de la caja de cristal. Quería decirle muchas cosas para tranquilizarla, sentía su nerviosismo, pero todos los miraban, así que solo se le ocurrió:

—Escucha… Solo sonríe ¿De acuerdo?

—De acuerdo. Gracias, Ranma. —Para Akane aquellas palabras de su prometido fueron muy significativas. Lo miró con ternura.

Shinnosuke, Ryoga e Hiroaki veían atentos y frustrados cómo se desarrollaba aquella escena. Y por más que les pesara, sabían que ese chico presuntuoso e inmaduro, por el momento, era el único que podía acercarse de esa manera a Akane, porque: Ranma Saotome era el único prometido de Akane Tendo.

Ken Camaleón, se puso frente a su modelo e inició, haciendo que el artista marcial se alejara. Los flashes y sus indicaciones eran lo único que se escuchaban en el estudio.

Flash, flash.

—Mírame linda, sonríe. Perfecto, ¡eso es!

Flash, flash.

—Toma la manzana y muérdela. Bien, así.

Flash, flash.

—Gira. Ahora voltea solo tu cabeza para verme. Genial.

Flash, flash.

—Regálame tu ternura, Akane. ¡Muy bien!

Flash, flash.

—Échate y mira al frente.

Ranma regresó a la salita, enfadado. Se preguntaba de qué iría esa horrible obra, porque para niños no parecía. Ese Ken Camaleón la dirigía de modo que su obediente prometida posaba sensualmente «¡Acaso no te das cuenta del ridículo que estás haciendo!», le reprochó mentalmente. No, no era cierto. Akane se veía bien, bastante bien, demasiado bien. «¡Aaah!». Recordó cuando casi se casa con ella, también en esa ocasión la habían maquillado y se veía igual de bonita. Él prefería verla de manera natural, su prometida de por sí ya era bastante hermosa, y si la arreglaban de esa manera como ahora… Era endemoniadamente la mujer perfecta. Porque quien la conocía sabía que detrás de toda esa careta sensual, estaba Akane, su Akane, la noble, honorable y dulce chica de la sonrisa más preciosa y los ojos más sinceros e hipnotizantes que había conocido en su vida.

El joven Saotome se arrepentía de haberla acompañado ahí, lo mejor hubiera sido llevársela de toda esa locura cuando pudo. Y es que su prometida, estaba haciendo un buen trabajo al obedecer a Ken y de vez en cuando a Atsushi, y eso lo enloquecía. Veía como ella tomaba la manzana y la mordía sugerentemente cerrando los ojos; o se levantaba la falda con los dedos pulgar y medio, cubriéndose la boca abierta con la palma de su otra mano, como si fuera consciente de su travesura y estuviera avergonzada; luego le indicaron que se recueste boca abajo encima de la caja de cristal mirando a algún horizonte imaginario frente a ella, descansando su barbilla en sus manos entrelazadas y elevando sus piernas cruzadas, así se podía apreciar su hermoso perfil y la curva enloquecedora al final de su espalda. Su corazón no podía más, estaba seguro de que en cualquier momento sufriría un infarto. Pese a disfrutar lo que veía, se sentía rabioso por no ser el único. «Se suponía que solo yo podría verte de esta manera, Akane. Y tú… Y tú… ¡Te odio, boba! ¡Y los odio más a ellos!». Miró entornando los ojos a Hiroaki, Ryoga y Shinnosuke quienes la miraban sin siquiera pestañar.

Ranma temía que esto llegara a pasar. Que alguien animara a Akane a hacer lo que estaba haciendo ahora: mostrarse linda para otros. El hecho de que su prometida no se diera cuenta de lo que causaba entre los chicos lo hacía sentir tranquilo, era egoísta de su parte, pero ¡Qué más podía hacer! Era la única forma de mantenerla a salvo de los idiotas que la admiraban. Por lo menos hasta que se curara de su maldición y se sintiera más seguro de sí mismo para merecerla, «Akane no debería vivir al lado de un maldito de Jusenkyo. Por más que ella me acepte como soy… No es justo para ella». Tal vez por eso la insultaba, porque era una manera de no hacerle notar lo hermosa que era y correr el riesgo de perderla si es que ella decidía ponerse más bonita para otros o porque si su prometida elegía a alguien normal ella y los demás no notarían lo dolido que lo dejaría. «Akane». Suspiró.

Hiroaki se sentía muy confundido y culpable. Lo que sentía era inaceptable pero no podía evitarlo, Akane solo tenía 16 años y seguro que lo miraba como un viejo. Podría asegurar que esa bella adolescente ni se imaginaba lo que causaba en él: un adulto. Sentía dolor real al pensar que no podría llegar a ser más que un amigo o en el peor de los casos solo el productor de una obra en la que actuó. Nunca podría disfrutar de ella como un hombre lo hace con una mujer, porque ella se merecía vivir y descubrir esos placeres con alguien de su edad. Miró de soslayo a Ranma. «Niñato insensato con suerte».

Ryoga recordaba las veces que él, como P-chan, había quedado deslumbrado por la desnudez de ella. Pero ahora era especial y distinto, porque Akane con ese vestido sibarítico se movía y hacía gestos a adrede, no como las veces que simplemente se cambiaba de ropa, sino que ahora lo estaba provocando de verdad. Sus ojos, sus labios, el movimiento de todo su cuerpo le reclamaban: «soy tuya». De pronto sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiar la sangre de su nariz. Ella era demasiado para él. Al desconcentrarse de su arrobamiento, le dio cólera que ahora no sería el único que la viera de esa forma.

Shinnosuke cada vez estaba más convencido de que Akane era la mujer que quería a su lado para siempre. Se debatía si es que ella era más hermosa por dentro o por fuera. Recordó que su nombre y su presencia fueron difíciles de olvidar, incluso a veces seguía olvidando a su abuelo; pero con Akane era distinto, no quería olvidarla, temía hacerlo. Felizmente había encontrado la forma de asegurarse de recordarla sin lagunas ni espejismos. Sí definitivamente encontrarla en esa batalla contra el Yamata le había cambiado la vida, le había concedido la vida ¿Qué hubiese pasado si, como Akane le contó, habrían mantenido su amistad de niños? Trataría de asegurarse de los sentimientos de Akane hacia ese tal ¿Ranma?, y si descubría alguna oportunidad para él, la aprovecharía.

Ken, sentía que su cámara amaba a esa princesita, y aprovechó todo de ella, sabía lo que le gustaba a todos los jóvenes hormonales. Él ya tenía experiencia trabajando con modelos, de distintos caracteres: caprichosas, vanidosas, frívolas... Aunque también conoció de las dulces y de las a veces amables. Todas despampanantes. En cambio, Akane era la mezcla perfecta entre sensualidad, ternura e inocencia, y su cámara capturaba cada detalle, «Si la falda fuera más corta…». Se agachó un poco más, solo un poco. «Concéntrate Ken, concéntrate». Retomó su serio trabajo. Trabajo que adoraba y que le hacía sentirse orgulloso, porque a su corta edad de dieciséis y un mal encuentro con la yakuza que le permitió darse cuenta de querer transformar su vida, hicieron que descubriera su talento para la fotografía. Agradecía a Atshi, quien le dio la oportunidad de ser una mejor persona lejos de falsificar personalidades. Ahora él era fotógrafo y encontró otra utilidad a su cámara, ya no fotografiaba para copiar a otros, sino fotografiaba para hacer arte. «Estas primeras fotos para la promoción serán increíbles», pensó entusiasmado.

Nabiki observaba todo sin perder detalle, parada con las piernas y brazos cruzados, apoyada en un árbol de utilería, cuidando a su hermana menor. «No vaya a ser que quieran hacer algo inadecuado. Aunque ese chiquillo parece saber lo que hace. Me ha sorprendido». La adolescente castaña daba gracias a los dioses de que su hermanita fuera tan fotogénica y que, aunque la misma Akane desconocía, su imagen siempre dejaba un tinte provocador. Analizó a Ranma divertida. «Pobre cuñadito. Y esto solo es el inicio».


—Nos tomaremos un receso —anunció Hiroaki y las voces de alivio en el estudio no se hicieron esperar.

—¡Hola! —Una vocecilla aguda se escuchó en la puerta del estudio fotográfico.

Hiroaki había contratado los servicios del Nekohanten para el refrigerio y Shampoo junto a Mousse fueron llevando el pedido.

Al llegar, Shampoo estaba muy curiosa y feliz; hasta que vio a Akane diferente, siendo ayudada por Ranma a bajar de la caja de cristal. Él la tomaba de la cintura y ella se sostenía de sus hombros. La joven amazonas no lo soportó, dejó el pedido a un lado para poder matar a esa chiquilla.

El hábil Saotome sintió «Peligro» cerca y empujó a su prometida para recibir el ataque de alguien. Shampoo fue contra Akane, pero al ver a su airen no pudo resistirse a abrazarlo, cayendo los dos al suelo.

—¿Shampoo? Pero qué haces aquí. —Intentaba decir Ranma mientras la chica amazonas lo asfixiaba prendida de él.

—Yo venir por trabajo. Shampoo feliz de verte, Ranma.

Al instante Ranma se preocupó «Akane». Como pudo se sentó y vio lo que faltaba para derramar el vaso de sus ¿Celos?

Mousse tenía en brazos a Akane, después de que ella casi cae de la caja de cristal, y parecía no querer soltarla.

—¿E-e-estas bien, Aka-ne T-Tendo? —El muchacho chino, no podía articular palabra. Desde que conoció a la hija menor de Soun nunca la había visto así. No era tan ciego, y sí sabía que era bonita, pero verla de esa manera era nuevo y fascinante para él.

—Sí, gracias Mousse. —Akane le sonrió, y el pobre chico pensó que había muerto y estaba frente al ángel que lo guiaría al cielo.

«Suficiente», pensó Ranma. Se levantó sin mucho cuidado de dejar a Shampoo en el suelo; aunque ella también se había parado, furiosa.

—¡¿Qué crees que haces, Mousse?! —El artista marcial lo golpeó estampándolo contra una pared, claro, asegurándose de sujetar a su prometida, quizás con más fuerza de la necesaria.

—¡Suéltame! Me lastimas. —Se quejó Akane. Cuando se deshizo del agarre de Ranma buscó hacia dónde había caído Mousse. Solo llegó a ver como Shampoo se lo llevaba del cuello de su atuendo.

—¡Ser el pato ciego más estúpido! —gritó la amazona y desaparecieron tras la puerta.

—¡¿Por qué te dejas abrazar por ese idiota?! —Ahora los gritos eran de Ranma.

—¡¿Qué?! ¡Bruto! Él no me abrazó me sostuvo después de que ¡Tú me lanzaste!

—¡Yo no te lancé maldita sea, te estaba protegiendo!

—¿Protegiendo? A mí me pareció que me querías lejos para abrazar a tu querida Shampoo.

—¡Boba! ¡Si de ella te estaba protegiendo mientras tú aprovechabas para abrazar a ese pato ciego!

Se miraban furiosos, encarados.

Quienes ya estaban acostumbrados a sus peleas empezaron a acercarse a la comida, y quienes no lo estaban los veían entre asustados y asombrados. A Atsushi solo le quedó decir:

—¿Comemos?


Antes de que todos terminaran sus refrigerios, a Atshi se le ocurrió una idea. Se acercó al joven de Ryugenzawa.

—Escucha Shinno, quítate el abrigo —musitó.

—¿Qué?

—Tú solo obedéceme. Ah, y cepíllate los dientes, hay cepillos nuevos en la cajonera de baño. —Le guiño.

Shinnosuke no comprendió pero hizo caso, al salir del cuarto de baño dejó su abrigo en un perchero de metal que estaba cerca y se volvió a acercar a Atsushi, quién sin ningún reparo le abrió un poco la camisa y le remangó las mangas sin llegar a los codos, por último le arregló un poco el cabello.

—Listo. Cuando eres apuesto, lo eres, solo necesitabas algunos retoques —dijo el director mirando a Shinnosuke de arriba abajo.

En ese momento, Akane salía del baño de damas, también se había cepillado los dientes para estar más cómoda.

—¡Ven Linda! —La llamó Atshi, apresurándola. Cuando los tuvo al frente les dijo—: Quiero que les tomen una foto juntos encima de la caja.

La pequeña Tendo notó el nerviosismo de su amigo y le agarró el hombro sonriéndole para darle confianza.

Ranma quiso detener aquello, no le gustaba nada. De hecho a otros también les estaba disgustando.

El director empezó a sentir cierta incomodidad en el ambiente.

—Si alguien quiere estropear mi trabajo puede retírese —amenazó firme. Nadie se movió. El joven Saotome lo pensó dos veces, prefirió volver a sentarse.

Una vez que Shinnosuke y Akane estaban donde les pidió Atsushi, este se les acercó con una manzana en la mano y les dijo con mucha naturalidad:

—Shinno, toma a Akane de la cintura.

—P-p-pero… —El joven de Ryugenzawa enrojeció.

Akane lo entendía, ella también se sentía nerviosa, pero debían ser profesionales. Su amigo tenía que entender que para ella no sería incómoda esa experiencia.

—No te preocupes, no pasa nada. —Le animó.

—Akane… —susurró.

—¡Apúrate niño¡ —apremió Atshi.

—Sí, sí, claro. —Shinnosuke no estaba seguro de cómo tomarla, movía sus manos sin ningún sentido.

Akane lo ayudó, sonrojada, sin dejar de sonreír, de cierta forma aquella situación le resultaba divertida, eran los nervios. Al final su amigo encajó sus manos en su cintura y su frecuencia cardiaca aumentó.

—Bien. Ahora… Akane, coloca tus manos rodeando su cuello.

La jovencita de cabello corto sabía que todo era parte de la sesión de fotos para la promoción, no entorpecería nada. Obedeció.

Atsushi colocó el fruto entre sus cabezas.

—Quiero que sostengan esta manzana con sus frentes y se observen… muy enamorados.

Akane y Shinnosuke se miraron. Ella trataba de cumplir con lo indicado, sabía del esfuerzo de su amigo, quien la miraba con ¿Deseo? «Claro, se supone que estamos enamorados», reflexionó; tenía que poner de su parte, trató de devolverle el gesto. Él, estaba más que encantado por sentir la presencia de Akane tan cerca, era como sentir el paraíso: su olor, su calor, su fina cintura, su hermoso rostro. Sin querer, evocó aquella vez que la vio solo con una toalla en su cabaña. La tomó con más fuerza y la acercó más a él.

—¡Eso es! Ken apúrate, captura esta idílica imagen —clamó Atsushi.

Ken, no muy convencido empezó a tomar fotografías de varios ángulos.

Para Shinnosuke ya no existía nadie, solo ella, no podía respirar. «Cielos… No puedo más». No lo resistió. La manzana cayó y rodó.

De pronto Akane sintió los labios de su amigo en su mejilla y enrojeció.

Desde donde estaban los demás, ese movimiento pareció ser el de un beso en los labios. A Ranma ya no le importó nada, furioso fue a partirle la cara a ese idiota.

Shinnosuke no supo cómo del cielo había regresado nuevamente a la tierra de pecadores. Dejó de sentir la suavidad de Akane y salió por los aires sintiendo mucho dolor en la mandíbula.

Los gritos y el alboroto de los presentes se escucharon tratando de ayudar a Shinnosuke o de detener a Ranma, quien, entre las protestas, aferró a Akane y se la llevó dentro del vestuario.

Una vez allí la miró colérico, con sus manos en puños. Frunció sus labios y la tomó de los hombros. Quiso besarla, necesitaba borrar de ella cualquier sensación que ese maldito guardabosques le hubiera dejado. Akane lo detuvo como pudo con sus manos. ¿Qué le pasaba?

—¡No! ¡Así no!

Ranma se sintió rechazado. Le dolió como el infierno.

—Está bien, si a eso quieres jugar —rezongó cubriendo sus ojos con su flequillo. La soltó y salió de la angosta habitación.

Afuera, aún incrédulos de lo que acababa de pasar, todos vieron salir airado a Ranma por la puerta del estudio.

Continuará…


Notas de autora:

Holi ;D. No me cansaré de agradecer a quienes le sigues dando una oportunidad a mi modesto fanfiction. Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidió la lectura :(, trato de evitarlos, pero a veces se siguen escapando.

Coméntenme ¿Pudieron imaginarse cómo está vestida Akanita? Si buscan en la red "disfraz de Blanca Nieves adulta" pueden darse una idea, espero haber hecho un buen trabajo en la descripción del traje en ella y toda la sesión fotográfica. ¿Qué les pareció los pensamientos de los cuatro chicos? ¿Y la aparición de Mousse? Cada vez somos más ;).

Como ya se están dando cuenta habrá una especie de cameos. De hecho ya hubo uno de Gosunkugi en capítulos anteriores, ¿lo notaron? ¿O el pobre sigue como fantasma? :'(. Ahora le tocó a Ken Camaleón, he leído ya sobre Gosunkugi fotógrafo, así que decidí usar a Ken esta vez, pues en el capítulo que apareció usaba una cámara, además quise corregir un poco su personaje, ya saben… Lo describen como un malvado delincuente de Tokio, y me parece que es muy joven para ser reconocido de esa forma, así que ahí va mi intento.

¿Pensaron que habría beso, porque hice que Akanita y Shinno se cepillaran los dientes? Mmm… Aún es muy pronto n.n. Pobre Ranma :(, tiene que aprender a confiar en su prometida.

Ya saben, si no es mucha molestia escríbanme: críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran decirme para mejorar mis ideas y escritura súper novel.

Gracias extras y vibras positivas a: Tear Hidden, 1Andrea11 y Ranma84. Ustedes elevan mi Chi para escribir, y no dejar de hacerlo :D. No olviden revisar sus inboxs, por ahí trato de responderles siempre y seguir agradeciéndoles n.n.

Cuídense muchísimo todos, y por favor obedezcan las medidas de protección de sus países. Hasta pronto n.n.

StaAkaneFan.