Hola a todas! Bueno... Cuarentena mediante... Escribí un epílogo para esta historia. Espero que les guste! Escribir esta historia a sido un trabajo importante y espero que lo hayan disfrutado! Sin mas dilaciones... aquí están.

Epilogo

Después de una persecución de más de dos cuadras, una cantidad infinita de papeleo y un aburrido viaje de vuelta, sin los inmaduros comentarios de su esposo acerca de hacer ejercicio sin estar desnudos, por fin llegaba a su casa.

Ni bien puso un pie en el interior sintió como el peso de ese día extra de trabajo desaparecía de sus hombros.

Amaba el ambiente que se creaba en su casa a esa hora de la tarde. La luz del sol teñía el cielo de tonos rosas y naranjas y los grandes ventanales del comedor convertían la propiedad en un espacio acogedor y soñado. Si bien había peleado bastante con Lucifer al momento de escogerla, la segunda visita que habían hecho a la propiedad con la puesta del sol había sido imposible de olvidar.

El que hubiesen hecho el amor en la alfombra blanca y mullida de la habitación central también había jugado su parte.

Dejó su cartera y las llaves en el mueble de madera pulida que se encontraba en la entrada y fue directo a la caja de seguridad que tenía en el estante superior del guardarropa, para guardar su arma. Cuando Trixie era una niña, ni a ella ni a Dan, les había alcanzado para comprar algo de tal seguridad, por lo que sus armas reglamentarias solían guardarlas en la parte superior del ropero de su pieza.

Cuando Lily nació, Lucifer y su periodo de "es demasiado pequeña y todo puede dañarla" había culminado en muchos artículos de seguridad para niños, incluyendo una caja de seguridad que impedía que cualquiera de las dos pudieran tocar el arma.

Trixie, aun debes en cuando, se burlaba de él llamándolo "El predictor de desgracias" por esa etapa en donde, hasta una hoja de papel, parecía demasiado peligrosa para estar cerca de la bebe.

Paseó lentamente por las diferentes habitaciones de la casa disfrutando la paz y el orden que se respiraba. Con las niñas al cuidado de Gabriel, sabía que volverían demasiado alegres como para que la paz durase.

Sonrío al recordar la primera vez que Trixie y Gabriel se vieron. Ella estaba embarazada de cinco meses y Lucifer solía pegarse a ella, maravillado al sentir los pequeños movimientos de su hija.

Le había sorprendido que el ángel se presentara en su casa con la misma alegría y energía de siempre, como si no hubiesen pasado casi 5 meses desde la última vez que lo habían visto.

Flash back

No había nada como recostarse en el sillón y dejar que Lucifer hiciera magia en sus pies con esas habilidosas manos que tenía. Ese día había sido particularmente agotador teniendo que interrogar a media escuela secundaría, todo para averiguar si sabían algo de una de las profesoras que había sido encontrada muerta en el estacionamiento de la institución.

Por suerte Trixie seguía en el cuarto de juegos, haciendo un dibujo para colgar en la habitación que sería suya y de su hermana. Eso significaba que podía descansar y dejar que su esposo la consintiera un poco.

Esposo.

Le gustaba llamarlo así.

Por un lado por que a él le brillaban los ojos cada vez que lo hacía, y por el otro porque alimentaba a esa pequeña parte suya que se vanagloriaba de saberlo suyo. Solamente suyo.

De la nada el murmullo de unas plumas se escucho a su costado. Ni siquiera se gasto en abrir los ojos, suponiendo que Lucifer había desplegado sus alas por algún motivo… Ocurría relativamente seguido desde que la presencia de la bebe se había vuelto mas visible.

Sonrió. Su necesidad de protegerlas en toda su blanca y suave gloría.

- Gabriel…- dijo Lucifer deteniendo los masajes sobre sus pies.

La voz contenida y el nombre del hermano menor de su marido la sacaron de su momento de relajación. La última vez que un ángel distinto a Amenadiel había pisado su casa, había sido para traer el alma de su hija.

Si vas a venir a la tierra,-dijo Lucifer, sonando un poco molesto. –Debes entender que, a las casas, se entra por las puertas... Primero se golpea y luego se espera a que los dueños abran… no se entra directamente.

Cuando abrió los ojos se encontró enfrente de ella al siempre enérgico Gabriel, dando saltitos de alegría y sin prestarle atención a su marido.

-AHHHHHHH!-gritó de pronto. -¡Esta creciendo muy rápido!- dijo arrodillándose y apoyando su mejilla sobre su redondeado vientre. –¡Hola pequeña! ¡Ohhh no sabes las ganas que tengo de conocerte!- agregó mientras acariciaba su panza con mimo. De repente estaba de nuevo parado y dando saltitos con sus alas poniendo en riesgo todos los objetos que los rodeaban. –Hermano, ¿verdad que yo puedo ser su ángel de la guardia? Le pregunte a papá pero él dice que tú eres quien decidirá eso. Por favor, por favor, por favor.- la cara de Lucifer demostraba que no iba a aguantar mucho más el desborde de energía de su hermano, así que buscó una manera de interrumpirlo.

-Hola Gabi.- le dijo con una sonrisa. –Hace mucho que no te veía.

El ángel se dio la vuelta y la miro sorprendido. -¿Hace mucho?- preguntó y cual niño pequeño empezó a contar con sus dedos. –Ohhhh- exclamó de repente. -Es que aún me cuesta calcular la diferencia de tiempo entre la tierra y la Ciudad de Plata.

El grito debió alertar de que algo pasaba por que su hija apareció corriendo desde el pasillo que llevaba a las habitaciones.

- ¿Paso algo?- preguntó preocupada Trixie.

- Todo esta bien monita.- le contestó con un suspiro girando su cabeza para verla. Su hija llevaba puesto lo que solo se podría describir como un traje de Ninja y sujetaba en su mano algo parecido a los cuchillos de Maze, aunque un poco más chicos. –Trixie ¿que es lo que tienes puesto y de donde sacaste esos cuchillos?

- Estaba entre…

- AHHHHHHHHHHHHHH- el grito de Gabriel casi le paro el corazón. –Eres tú, eres tú, eres tú- dijo mirando a su hija.

Antes de que nadie pudiese siquiera volver a respirar Trixie estaba en los brazos del ángel siendo sacudida por los saltos de alegría que daba.

Trixie, que se había sorprendido por el rápido movimiento del ángel, había dejado caer los cuchillos al suelo y se sujetaba con todas sus fuerzas a los hombros del ángel.

- Gabriel deja a la niña en el suelo ¡Ya!- dijo alterado Lucifer. –La vas a asustar.

El ángel paro en seco y, de nuevo sin medir su velocidad, dejo a Trixie en el suelo sin ninguna advertencia, lo que provoco que cayera sentada en el piso.

Lucifer se dirigió rápidamente al lado de su hija que miraba, aun con cara confundida, al ángel.

- ¿Estas bien Trixie? ¿Te lastimaste?- le preguntó preocupado.

Al principio la pequeña no dijo nada. Sus ojos parecían pegados a las alas de Gabriel, posiblemente intentando entender quien era el desconocido.

De la nada una sonrisa gigante apareció en su rostro y saltó del piso como si tuviese un resorte.

- Ahhhhhhhh ¿Puedes hacerlo de nuevo? ¿Puedes hacerme saltar más alto? Ohhhh ¿Podemos ir a volar? ¡Lucifer nunca quiere llevarme!- sus ojos aumentaban su brillo con cada nueva idea que se le ocurría. Había agarrado las manos de Gabriel y había empezado a dar saltos junto con él. –Será tan divertido. ¿Puedes llegar hasta el cielo? ¿Qué tan rápido puedes ir? ¿Sabes pelear como Ninja? ¿Quieres que te enseñe?

Como si no fuese suficiente ruido, ambos empezaron a gritar de alegría y a girar mientras daban saltitos. Lucifer se alejó unos pasos de ambos casi asustado por el desborde de alegría.

Allí había nacido una amistad un tanto difícil de controlar. Lo más complicado era saber quien tenía las peores ideas.

A diferencia de lo que había esperado, cuando Trixie creció y se convirtió en una jovencita de 17 años, su amistad con Gabriel se volvió aun más problemática, por que sus ideas siempre incluían cosas que, de una u otra manera, estaban prohibidas.

Por ahora la obligación de llevarse a su hermanita menor de 5 años venía siendo suficiente para pararlos. Nunca hacían cosas que pusieran a Lily en riesgo y eso la tranquilizaba. Pero hacía unos días Trixie le había pedido permiso para salir a bailar con Gabriel… Le había contestado que tenía que charlarlo con Lucifer y con Dan pero eso solo le había comprado algo de tiempo.

No quería ni imaginarse lo que esos dos podrían hacer si no estaba Lily para frenarlos.

Escucho como su teléfono sonaba y fue rápidamente a buscarlo.

Se sorprendió de ver la foto de su hija mayor.

- Hola Monita. ¿Como están tú y tu hermana?

- Hola Ma. Bien! Hoy nos divertimos mucho con Gab. ¿Ya estas en casa?

- Si... ¿Ya están volviendo?- le contestó pensando en que sería bueno que estuviesen ahí cuando Lucifer llegara.

- Mmm algo así. ¿Lucifer no llegó tampoco, no?- le consultó su hija.

- No, pero no creo que tarde mucho. Seguro que es hoy y, últimamente, ha estado llegando más temprano.- le picaba un poco la curiosidad. -¿Qué están haciendo con Gabriel?- Trixie no respondió nada por unos momentos y eso solo sirvió para preocuparla. –Trixie…

- No te enojes ma… no estamos haciendo nada malo, solo estamos planeando el intento 42 y Gab acepto prestar un poco de su ayuda haciendo cosas que yo no puedo…

Se apretó el puente de la nariz agotada.

Esto era culpa de Lucifer…

Nunca iban a detenerse y ahora sumaban a Gabriel… esto solo podía empeorar.

- Pásame a Gabriel hija.- dijo con resignación.

- No es nada malo Ma, de verdad…-

- Esta bien hija. Se que te cuidaras a vos y a Lily… igual quiero hablar con Gabriel…

- Okey… solo… no lo retes.- contestó.

Si hubiese sabido que Gabriel sería como tener un tercer hijo al que había que estar retando, hubiese pensado dos veces antes de permitir esa amistad.

Se escucho ruido de movimiento y luego la alegre vos de Gabriel saludando. –Gabriel…- se dio cuenta que su voz sonaba como un reto, así que bajo un poco el nivel. -¿recuerdas cuales son las reglas verdad? No hacer volar a Lily hasta que no tenga alas… No comer dulces después de las cinco de la tarde, y no cuenta si te las llevas a otro continente donde es más temprano... No llevarlas a otros continentes sin nuestro permiso...- enumeró las últimas que le había dado aun que temía estar olvidando alguna importante.

- Esta bien Chloe.- contestó alegremente Gabriel.

- Espera.- pensó que podía estar olvidando. –No puedes regalarle nada que no sea de la tierra. De hecho…- dijo reconsiderándolo. –Mejor que sea que no podes regalarles nada sin antes consultar con nosotros… que más… que más…- sabía que se le olvidaba algo importante. –Ah si, esta prohibido, absolutamente prohibido, llevar sus almas de paseo Gabriel. Recuerda lo que dijo tu hermano, si alguna vez vuelves a sacar el alma de cualquiera de las dos, por lo que sea, no volverás a quedarte solo con ellas.

-Sigo sin entender por que se enojaron tanto. Las chicas se divirtieron un montón y viajaron en mis manos así que nunca estuvieron en ningún tipo de riesgo.

- Gabriel… no tienes que entenderlo. Solo tienes que respetar las reglas.- Ya habían intentado hacerle ver que para ella y para Lucifer había sido terrible encontrar a sus hijas desmayadas en el sillón y el ángel no parecía ser capaz de pasar del razonamiento de "solo estábamos paseando".

Se escucho el grito de "no te preocupes mami" que solo podía ser de Lily y un chistido, seguramente de Trixie.

Resoplo. –No las traigas muy tarde y no dejes que hagan nada que ensucie todo el piso de nuevo o tendrás que ayudarlas a limpiarlo.

-No te preocupes por nada.- respondió con alegría Gabriel, como si no hubiese escuchado ninguno de los retos anteriores.

Seguramente no lo había hecho.

Se despidieron y colgó.

Miro su casa toda limpia y volvió a suspirar. Hacía dos semanas habían llenado una habitación de plumas con su intento 31. No quería ni imaginarse lo que planeaban para el 42.

Todo era culpa de Lucifer y su bravuconería de que él no se asustaba con nada.

Cuando estaba sirviéndose una copa de vino escucho el ruido de la puerta abrirse y la voz de un alegre Lucifer.

- Hola- gritó desde la puerta.

Aun la sorprendía la alegría que la invadía cada vez escuchaba a Lucifer llegar después de su semana en el infierno. Si a ella esos siete días se le hacían interminables, no quería imaginarse como era para él que pasaba casi cien días allí.

- Hola amor.- lo saludo acercándose a él. Había aprovechado para servir una segunda copa de vino que él agarro con gusto.

Se dieron un corto beso y luego tomo su mano para llevarlo al interior de la casa.

- ¿Dónde están el resto de mis chicas Detective?- preguntó con curiosidad.

Hacia tiempo que había descubierto que, para Lucifer, era casi una necesidad el ver a Trixie y a Lily apenas llegaba.

Una vez, cuando Lily tenía solo tres años, había insistido en irse a dormir a la casa de Amenadiel y Linda ya que tenían el plan de acampar con Charlie y Trixie en el patio de la casa. A ella le había parecido bien hasta que Lucifer había llegado. Si bien no dijo nada al principio, su comportamiento se había vuelto más y más sombrío hasta que, finalmente, termino reconociendo que no sentía que estaba realmente allí hasta que no podía tenerlas a las tres con él por un rato.

Ese día habían conducido hasta la casa de Amenadiel y habían cenado allí. Después de eso había empezado a organizar que sus pequeñas estuviesen ahí cuando él llegara, para devolverle a su marido el calor de hogar que le faltaba cuando estaba lejos.

Si bien se veía cansado y un poco ojeroso, no estaba tan desanimado como en otros viajes. En general, hasta que no se bañaba y cambiaba, no volvía a comportarse como el hombre tierno e inmaduro que tanto amaba. Como si deshacerse del hollín del infierno fuera suficiente para desprenderse también del lugar en sí.

Pensó en decirle que sus hijas estaban planeando un nuevo intento pero se contuvo. Con suerte las chicas lograban su cometido y todos los atentados contra el orden de su casa por fin se terminaban.

- Están con Gabriel. Me temo que en pocos momentos estarán por aquí con el subidón de energía que él siempre les deja.

- ¿Las dejaste a solas de nuevo con mi hermano?- preguntó un poco preocupado. – Trixie y el juntos son demasiado peligrosos y me temo Lily no va por mejor camino… ¿Sabes que están convenciéndolo de que se consiga una casa en la tierra? Lily por que quiere un perro y ni mi padre debe querer enterarse para que la quiera Trixie…

Se rió por lo bajo de la cara de horror de Lucifer. Cuando, un año atrás, Trixie había cometido el error de presentar un novio, entre Dan, Lucifer y extrañamente también Gabriel, habían espantado al pobre chico y prometido que la encerrarían en un convento hasta que cumpliese cuarenta.

Lucifer celoso de sus pequeñas niñas era un espectáculo digno de ver.

Se sentó en el sillón a su lado y dejo la copa sobre la mesita de cristal para poder tomar su mano.

- ¿Cómo están las cosas por el infierno?- le preguntó para cambiar un poco de tema. -¿Tuviste algún problema por haberte escapado para vernos el miércoles?

- No, que va…- dijo dejando también la copa y pasándose la mano por el pelo desordenándolo. – Maalick me ofreció que vaya 45 días, que vuelva uno aquí y luego 45 más, que es básicamente lo que vengo haciendo este ultimo año, pero solo que escapándome y esperando que no lo noten.- le sonrió con cariño. –Hay que ver que pasa si Muzania finalmente acepta la propuesta de Azrael.

- Oh, ¿eso significa que esta funcionando?

- Si. El sistema de pruebas que construyo Muzania es muy ingenioso y funciona de maravilla. Y aunque odie reconocerlo, Gadreel ha sido de mucha ayuda construyendo ese espacio parecido al Edén. Es un pomposo arrogante cuando se trata de sus creaciones, pero los humanos que salen de sus bucles realmente encuentran la paz en ese lugar. Maalick y Abyzou se instalaron allí y la demonia ayuda mucho también a que las almas se repongan lo suficiente para poder avanzar. Ya muchos humanos han logrado salir del infierno e ingresar en la Ciudad de Plata. Pero Ray-Ray no para de quejarse diciendo que ella no puede estar transportando esas almas y que debería ser la misma Muzania quien las lleve. Deberías verlas Detective. Nuestras hijas son más maduras que esas dos.

Nunca fallaba en calentarle el corazón cuando Lucifer se refería a Trixie como su hija. Sabía que la amaba como tal, pero era muy tierno escucharlo.

- Ya veremos si opinas lo mismo cuando vuelvan recargadas de su salida con Gabriel.- sonrió y se acurrucó a su lado. La mano libre de Lucifer comenzó a pasearse por su cuerpo creando sensaciones muy agradables.

Sin siquiera planearlo los labios de su marido se encuentran con los de ella y el universo a su alrededor explotó. No importaba que solo hubiesen pasado 3 días desde la última vez que habían estado juntos. Su cuerpo lo necesitaba como una dicta a su próxima dosis.

- No tenemos mucho tiempo Lucifer.- le dijo al oído cuando recuperó un poco de conciencia. –Las niñas estarán en casa en unos minutos. Así que tienes que hacerlo rápido o nos quedaremos a la mitad.

Los labios de Lucifer subieron por su cuello hasta llegar a su oreja. –No quiero hacerlo rápido Chloe. Tengo ganas de que grites mi nombre.- pudo ver la sonrisa creída que adornaba su cara cuando se alejo.

No pudo evitar ponerse colorada por el recuerdo de la última vez que habían estado juntos y habían terminado en la sala de evidencia teniendo que morder su hombro para evitar que los gritos de placer alertaran a todos los que estaban en la estación.

Menos mal que Lucifer había hecho remodelar su habitación con planchas de aislamiento para evitar que sus hijas quedaran traumadas de por vida.

El calor entre ellos había bajado. Seguían besándose y acariciándose pero esta vez de una manera mas tierna que apasionada. Necesitaban estar juntos… el sexo podría esperar pero no la necesidad de sentir la presencia del otro a su lado.

Suspiro. –Sabes que será difícil que esta noche podamos hacer algo. Lily siempre insiste en dormir con nosotros la noche que tú vuelves.- le dijo con resignación. Sus hijas eran el punto débil de Lucifer. Las dos lo tenían envuelto en sus pequeñas y delicadas manitas y podían conseguir de él casi cualquier cosa.

- Maldición. Empiezo a creer que quizá no sería tan mala idea regalarle ese perro. Podría mantenerla ocupada.

- Ni lo sueñes. Terminaría durmiendo también con nosotros…-

- Podría traer uno de los sabuesos infernales. Ellos me obedecen más que Lily.- dijo en chiste.

Antes de que pudiese contestarle la puerta se abrió dando paso a Trixie y Gabriel que hablaban muy entretenidos.

Cuando su hija mayor los vio a ambos sentados se tiro sobre ellos como si todavía fuese una pequeña, pero dejándolos sin aire. -¡Lucifer volviste!- dijo abrazándolo. –Te extrañamos un montón.

Lucifer se rió por el ataque y le devolvió el abrazo. –¿Soy yo o cada vez que vuelvo tienes un poco mas de fuerza?- dijo divertido. -¿Has estado entrenando con Maze verdad?

La joven se rió y alzo el brazo como presumiendo sus músculos. –Maze dice que podría reinar en el infierno en nada de tiempo.

Su esposo pasó la mano por el pelo de Trixie despeinándola. –Lamento decirte que tú no te acercaras ni a un kilómetro de ese lugar. Ahora bien… si te decides a intentar arrebatarle el poder a mi padre por la fuerza…

Trixie se acomodó el pelo y le saco la lengua divertida. –Nadie es tan tonto de enfrentarse a Dios.

- Lamento diferir.- le contestó Lucifer aun sonriendo. -Tres de las cuatro personas que están aquí le han plantado cara a Dios y una de ellas hasta le dio una bofetada…

Sonrió complacida. Aun si Dios no había resultado tan maldito como su marido siempre había creído, no se arrepentía de haberlo puesto en su sitio aquél día.

- ¿Dónde esta tu hermana Trixie?- preguntó de repente Lucifer mirando para todos lados.

- ¡Tenemos una súper noticia que darte!- dijo emocionada Trixie y miro a Gabriel como a la espera de que él lo contara.

- ¡A la pequeña saltamontes le salieron sus alas!- dijo con un chillido de alegría el ángel.

De repente el rostro de Lucifer se puso serio. – Gabriel, ¿Dónde esta Lily?- preguntó con enojo contenido.

- Tú dijiste que no podía llevarla a la Ciudad de Plata hasta que no le salieran sus alas. Como sus alas salieron, la lleve.- dijo aun con demasiada alegría el ángel. – No te preocupes Luci, dijo que regresaría en un rato. Yo volví por que habíamos dejado a la pobre Trix sola, esperándonos en la azotea del edificio de donde despegamos y quería traerla a casa.

La cara de Lucifer se puso blanca de repente. – ¿De… dejaste a mi pequeña de cinco años para que vuelva sola desde la Ciudad de Plata? ¿Y si se cae?- se levantó del sillón con apuro. -¿Estas loco Gabriel? ¡Ella aun no sabe volar bien! ¿Qué pasa si se le traban las alas en el descenso?

Lucifer parecía cada vez mas agitado. Desplegó sus alas y abrió la puerta con fuerza, listo para salir a buscar a su hija.

De la nada, un montón de lo que parecía papel picado, cayó sobre su pelo y sus alas y se escuchó un –¡SORPRESAAAAAAA!

Desde el lugar que aun ocupaba en el sillón pudo ver como la pequeña se dejaba caer desde una de las ramas bajas que había en el árbol de la entrada, a los sorprendidos brazos de su padre.

Lucifer parecía incapaz de decir nada. Solo miraba a su hija como si fuese un espejismo.

- ¿Qué…?

- ¡Te asustamos papá!- dijo riéndose Lily. –¡Ganamos! ¡Eso significa que nos vas a comprar helado por un mes! ¡SIIIII!- agregó abrazándose al cuello de su padre y dándole besitos en la mejilla. – ga-na-mos, ga-na-mos- empezó a cantar su pequeña.

La cara de Lucifer era digna de ser fotografiada. Miro a Trixie que estaba haciendo exactamente eso con el celular y se rió. Lucifer giró la cabeza con el seño fruncido.

- No me mires así.- dije antes de que abriera la boca. –Yo no tuve nada que ver. Además… te lo dije. Esto es tú culpa.

El gesto en la cara de Lucifer le decía que iba a pagar por esto. La próxima vez que estuviesen solos la iba a hacer rogar antes de dejarla acabar.

Sonrió para sus adentros. Esos juegos la desquiciaban y le encantaban. Todo al mismo tiempo.

- Hicieron trampa.- dijo de repente Lucifer. Claramente no era un buen perdedor. –Se supone que no pueden mentirme para asustarme. Ustedes mintieron así que yo gano.- concluyó con una sonrisa jactanciosa que se veía arruinada por la pequeña de cinco años que seguía cantando "ga-na-mos" en sus brazos.

-Nosotras no mentimos papi.- dijo Lily dándole otro beso en la mejilla.

-Es verdad.- completó Trixie parándose para ir a pararse al lado de Gabriel y darle un beso en la mejilla del ángel. –Yo solo dije que tenía una noticia que darte.- la sonrisa presuntuosa de su hija era un reflejo de la de Lucifer.

- Ustedes me dijeron que Lily tenía sus alas e iba a volver volando sola desde la Ciudad de Plata.

- Nah…- contestó Trixie. –Eso te lo dijo Gab. Y era un chiste no una mentira.- se acerco a Lucifer y le dio un beso en la mejilla a él. -Asiqueeeeee…. Ganamos.- agarro a la pequeña Lily de los brazos de su padre y empezó a saltar con ella al canto de "ga-na-mos".

Como Lucifer parecía incapaz de responder me pare para abrazarlo por detrás. –¿Tenemos otra regla mas para Gabi?- le dije en el oído mientras veía como el ángel se ponía a saltar también con las dos chicas.

- Como si le importaran.- dijo derrotado.

- Animo amor. Con suerte tanto salto las cansa lo suficiente para dormir en su cama toda la noche.-

Lucifer se giro para quedar enfrentados. –No se si tengo tanta suerte.- le contestó con una sonrisa.

En ese momento se escucho una "Awwwww" desde detrás de él y de repente sus dos hijas y Gabriel se habían unido al abrazo.

-Yo creo que si la tienes.

FIN