Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 25 – Harry Potter.
–¡Yo maté a Sirius Black!
James miraba la escena horrorizado. Su mejor amigo caía al suelo dramáticamente, el hechizo le daba de lleno en el pecho. La culpable de tal acto, se regodeaba a su alrededor mientras se reía de forma estridente. Daba miedo.
–¡Yo maté a Sirius Black! –Repetía Bellatrix. –Esto te pasa por burlarte de mí. –Se acercó a donde el mago estaba tirado.
Sirius la miró con fastidio y se incorporó para quedarse sentado en suelo donde segundos antes había aterrizado debido al hechizo de ataque procedente de la varita de Bellatrix. Estaban en el cuartel de la Orden, la familia Weasley les había permitido utilizar su casa y en esos momentos practicaban en el jardín todo tipo de hechizos.
–No me burlaba. Solo te ponía a prueba. Los mortifagos no van a ser tan respetuosos…
Bellatrix negó con la cabeza y le ayudó a que se levantase. Pero este la rechazó. El hechizo le había dañado más su orgullo que la propia caída. Además, que el resto de los miembros de la Orden hubieran sido testigos de todo y que se unieran a las risas de Bellatrix, no ayudaba. James era el único que no le veía la gracia.
–Me llamaste prima. Habíamos acordado no referirnos nunca más de ese modo...
–¿Acaso no lo eres? –Finalmente Sirius se levantó del suelo y se sacudió la hierba de sus pantalones.
–Estás jugando con fuego Sirius Black, la próxima vez no será un expelliarmus… –Le amenazó y con rabia entró dentro de la casa.
Sirius se giró hacia James. No lo quería admitir pero se había dado un buen golpe en la espalda y ese pequeño movimiento le causaba un tremendo dolor. El resto de los miembros se habían dispersado y continuaron practicando.
–Te has pasado. –James se cruzó de brazos. Al principio se alarmó al ver la táctica de Bellatrix, aunque ya confiase en ella, no podía guardar cierto recelo. Pero Sirius se había comportado como un niño.
–¿Estas de su lado? Creía que éramos amigos… –Sirius esperaba le diese la razón.
James recogió la varita de su amigo y se la dio. Cuando Bellatrix lanzó el hechizo de desarme, esta salió volando y acabó junto a él. El no era nadie para meterse en problemas conyugales, es más siempre había deseado que ocurriera algo así y que ambos dejasen de ser pareja. Pero con el paso del tiempo se percató de que si su amigo no acababa con esa mujer no iba a ver otra que le aguantase.
–No estoy del lado de nadie. Pero… Tampoco quiero que os enfadéis. Además, admite que la llamaste así porque veías que estabas perdiendo el duelo.
Sirius iba a rechistar las palabras de su amigo, puede que este tuviera algo de razón, pero no le iba a dar el gusto. Sus palabras quedaron en el olvido cuando Bellatrix salió corriendo de la casa de los Weasley y fue directa hacia ellos.
–¡James! ¡Tienes que ir a San Mungo! ¡Lily esta de parto!
El 31 de Julio, Reino Unido estaba viviendo la mayor ola de calor que el país había vivido. Por eso cuando Lily comenzó a encontrarse mal, supuso que las culpables serian las altas temperaturas. Pero al cabo de varias horas, los dolores que estaba sufriendo eran indicadores de que su hijo estaba a punto de nacer.
Recordó que James estaba reunido con la Orden así que decidió ir ella sola hacia San Mungo. Conocía perfectamente a su marido y en cuanto le dijera que estaba de parto iba a sufrir un colapso. Así que una vez en el hospital y cuando un médico le había confirmado que en efecto, Harry nacería ese día, le avisó.
James acudió al hospital, llegó apenas sin aliento. Sus amigos le acompañaron. Quería que todos se sintieran involucrados y que Harry se sintiera querido por todos. Tan pronto como entraron, James se fue directamente con Lily, mientras que Sirius y Bellatrix aguardaban al nacimiento en la sala de espera.
–Bellita ya verás cuando estemos tú y yo en esta misma situación. –No se habían vuelto hablar desde el percance en su duelo. Pero Sirius quería enmendar sus errores. –Tendré que quitarte la varita para que no me lances ningún cruciatus. –Bromeó.
–Soy tu prima. Nunca tendremos un hijo. –Que el día hubiera cambiado de forma tan drástica no había hecho que se le olvidase lo que había ocurrido. –Además, no necesitaría mi varita para hacerte sufrir.
Sirius se acercó y se sentó junto a ella con dificultad. Su espalda continuaba doliéndole. Bellatrix se percató del gesto.
–¿Tan fuerte te he dado? –Pasó la mano por su espalda preocupada. Igual se había excedido en el hechizo.
–Sobreviviré. –Intentó sonreír, pero una punzada de dolor se lo impidió. Probablemente el karma le estaba castigando. –Yo… lo siento. No tenía que haberte llamado así. Me merezco todo el sufrimiento del mundo.
Bellatrix sonrió y continuó frotando su mano contra la espalda de Sirius.
–Puede que yo también me emocionara y no comprendiese que estábamos practicando. Ya sabes que se me nubla la mente en el duelo.
–A mi también, deben ser cosas de la genética. Como eres mi pri… –Sirius ahogó un grito cuando Bellatrix apretó justo en el sitio donde se había golpeado. –… Primer y único amor.
–Muy bien salvado. –Bellatrix puso los ojos en blanco. Ese hombre nunca cambiaría.
Remus llegó varias horas después con Peter. El licántropo estuvo buscando a su amigo por todos los sitios pensables hasta que finalmente le encontró en Hogsmeade. Peter había estado comportándose muy extraño en los últimos meses, todos creían que era porque se había visto forzado a entrar a formar parte de la Orden del Fénix y el pobre chico era poco diestro con la varita.
–¿Sabéis algo? –Remus se sentó al lado de Bellatrix.
–James se acercó hace unos minutos para decirnos que enseguida iban a pasar a Lily al paritorio, así que no tardará mucho en nacer.
–¿No estáis nerviosos? –Sirius se frotaba las manos de forma nerviosa. –La siguiente generación de los merodeadores está a punto de nacer. ¡Qué tiemble Hogwarts!
Unas horas más tarde Harry continuaba sin nacer. Remus se había quedado dormido, Peter ojeaba una de las revistas mientras que Sirius y Bellatrix tomaban unos cafés. Pero de pronto, un James Potter vestido con el típico batín verde de los quirófanos y con las gafas visiblemente empañadas por el calor, irrumpía en la sala de espera.
–¡Ya soy padre!
Sus amigos se levantaron rápidamente hacia él para felicitarle.
–¡Es igualito a mí! –Exclamaba emocionado.
James dirigió a sus amigos a la habitación para que pudieran conocer al nuevo miembro del grupo. Lily les regaló una enorme sonrisa cuando les vio a todos en la habitación, luego miró al pequeño bebe que dormía plácidamente entre sus brazos. Bellatrix fue la primera en acercarse a su amiga. Los hombres se quedaron más detraídos mientras las mujeres charlaban. Finalmente estos acabaron por conocer al bebe.
James fue hacia Lily una vez que los demás se apartaron y cogió a Harry entre sus brazos.
–Me alegra que todos hayáis estado aquí para el nacimiento de Harry. No quiero que solo os vea como los amigos de sus padres, sino como la familia que sois para nosotros. Por eso Lily y yo hemos decidido… –Se acercó a Sirius y posó al bebe entre sus brazos.
–Que Sirius sea el padrino de Harry…
Sirius que estaba mirando al bebe levantó su vista para mirar emocionado a su amigo.
–…Y que sea Bella la madrina. –Concluyó Lily.
Eso tomó por sorpresa a Bellatrix que no esperaba que la honrasen con tal título. Bellatrix se acercó a Sirius y cogió la manita de Harry.
–Solo si vosotros queréis, sino teníamos pensado que Peter fuera la madrina. –Bromeó James.
Sirius asintió ya que apenas podía hablar de lo emocionado que estaba.
–Por supuesto, nos encantaría ser los padrinos de Harry. –Respondió Bellatrix.
Harry fue depositado devuelta en los brazos de su madre y Sirius le dio un fuerte abrazo a su amigo.
Es que mucho Black, pero Sirius era todo un sensible.
A/N: ¡Harry ya esta aquí! Tenia muchas ganas de llegar a este punto de la historia. Espero que os este gustando como se esta desarrollando todo.
