La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 6: Los que esperan a que vuelvas, los que no vuelven, los que mueren, los que salen con vida (Segunda Parte)

- ¿Como está tan segura? Los registros...

- Yo elaboré esos registros y contabilice los muertos antes de que los limpiadores llegaran- mantuve mi declaración con firmeza- como dije anteriormente, yo le prendí fuego a todo.

-¿ Porqué? - los jueces parecían confundidos, pues era conocido luego de la publicación de muchos expedientes confidenciales de la marina, que los limpiadores eran los encargados de tratar con las masacres de ese tipo sin dejar rastro.

- La forma en que los limpiadores se deshacen de los cuerpos de esa gente es...- mi garganta se secó con viejos recuerdos, muchos marines que conocían los procedimientos miraron en otra dirección, con pena- nadie merece eso. Ni en vida, ni en muerte.

Incluso si algunos lograban sobrevivir a un exterminio, eran asesinados por ellos.

- Entonces, ¿Dejó vivir a alguien esa noche?- la excitación que levanto la confesión aún se mantenía en el aire, manos escribiendo con rapidez, cámaras y luces enfocando en mi dirección, gente murmurando.

- Si.


Ler cerró los ojos un momento mientras se frotaba las cienes tratando de disipar el molesto dolor de cabeza que le estaba provocando la situación.

- Bien, es oficial. Son un asco- dijo finalmente después de meditar un poco. Echó un vistazo al grupo de hombres tirados en el suelo, jadeantes y cansados, antes de caminar hacia ellos y ponerse en cuclillas para estar a su altura. Hizo un ademán despreocupado atrayendo la atención de los mismos, que siguieron el gesto elegante pero despectivo formado por sus manos, que luego llevo a su mentón, pensativa- pero creo que puedo trabajar con eso.

Sonriendo pensativa y en la misma posición infantil, le tendió la mano a uno de los hombres y le puso de pie de un tirón cuando ella ejecutaba la misma acción. Viéndose las manos, las notó llenas de tierra y sudor, por lo que disimuladamente las escondió detrás de su espalda, con cuidado de no ensuciar su capa blanca.

- Lo lamentamos, señorita, pero es lo más que pudimos lograr. - el chico serio que había levantado se inclinó cortésmente ante ella, disculpándose .

- No te preocupes, incluso los Almirantes, el ejemplo a seguir de chicos como ustedes al unirse a la marina, pasan por situaciones como estas- informó ella tratando de tranquilizarlo. No es que fuese una chica blanda, de hecho era considerada como la instructora más difícil en infantería, pues era la encargada de seleccionar potenciales oficiales de la marina. Aún así, reconocía la humildad y sinceridad del chico, valores que siempre le habían llamado la atención en postulantes al puesto.

Justicia.

No existía justicia si no iba de la mano con otros valores escenciales para ella, pero descartables para el gobierno. Suspiró. La habían sacado de un mar de asesinos por esas creencias, y aún así, venía aquí y las mantenía con más firmeza que antes.

No le extrañaría perder en unos pocos meses la cabeza. Tampoco es que le preocupara mucho si realmente iba a pasar. Sus superiores solían decir que apenas era una niña, pero ya se había amargado la vida, pues no habían conocido a nadie con una indiferencia tan grande hacia una posible muerte como ella. Parecía que le daba igual, y estaba conforme con eso.


- ¿Porqué?, Era consiente de que no podría abandonar el Cipher Pol de fallar en su misión, ¿Porqué tomar ese riesgo?- su insistencia demostró que no podian creer que en el corazón de alguien con una historia como yo, existiese algo como la piedad.

Luffy dijo antes de dejarme aquí que mi corazón era bravo como el mar, y transparente.

- No lo sé.- respondí sinceramente- cuando matas a alguien, una parte de ti muere con esa persona. Supongo que incluso bajo presión, yo había llegado a mi límite aquella noche.


Los demás jóvenes comenzaron a levantarse mientras se apretaban el estómago o se inclinaban sobre sus rodillas tratando de recomponerse totalmente, o simplemente volver a respirar con normalidad. Ella se acomodó los lentes y alzó las cejas, preguntándose qué tan mal debió haberse visto en su primer día, pues no tenía ni la mitad de la condición física que tenían ellos, y que en aquel momento apenas era una niña. Y si. En aquellas épocas aún quería vivir y se aferró a eso como propósito para ignorar que sus limitantes físicas eran más grandes que las exigencias al llegar a ese lugar.

- Tal vez les falta motivación- reflexionó aún con su vista clavada en ellos detrás de la protección oscura en sus ojos.- supongo que a mí también me hizo falta en su momento- siguió murmurando mientras se cruzaba de brazos y miraba al cielo, considerando que clase de cosas eran importantes para esos chicos que los obligaron a sacar fuerzas inexistentes.

La Ler interna, la pequeña escondida dentro de su corazón le susurró que en su primer día deseó tener la fuerza para terminarlo, con la fe de que un día volvería al lugar donde alguien la estaba esperando.

Con el tiempo eso había dejado de ser suficiente, pero fue efectivo para no dejarla morir en sus inicios. Incluso si volvía a su hogar, ella ya no era la misma persona que los chicos estaban esperando.

Y aún así la esperaron.


El leve ruido, capaz de confundirse con el aire u otra manifestación de la naturaleza llegó con claridad hasta los oídos de Ler, que se volteó con brusquedad hacia el suelo.

El humo del lugar empezaba a nublarle la vista, más no a afectar sus sentidos debido a la máscara que le cubría gran parte del rostro y le brindaba oxígeno limpio. Estaba harta y sucia, con ganas inmensas de arrancarse la protección y desvanecerse como idiota en aquel incendio, y de arrepentirse, correr a cualquier parte para encontrar el mismo destino.

Tal vez incluso podía convencer a los limpiadores de acabar con el desastre en que se había convertido.

La espalda le pesaba, las manos le sudaban y toda ella estaba temblando. Alerta a todo lo que sucedía a su alredor, parecía haberse desconectado de si misma y haber encontrado refugio y consuelo en el infierno que había creado.

No quiero hacerles daño, dijo antes de romperles el cuello. De atravesarlos con el cuchillo. De cortar su garganta con el cristal. De prenderle fuego a sus casas. De dejar su humanidad de lado mientras seguía órdenes.

Quería volver a casa, pero, ¿Cual era el costo?

Seguir los ruidos como ese.

El último que había escuchado luego de dos horas de absoluto silencio, cuando los gritos se habían dejado de escuchar dentro de las viviendas selladas por ella misma.

No.

No hubo mayor sonido que el de su corazón quebrándose y unas cuantas lágrimas cayendo al suelo. ¿Era exagerado decir que si, que ella las escuchó?

Y aún así, podía percibir movimiento, podía escuchar un leve llanto y una respiración agitada, arrastrándose metros delante de ella. Miró fijamente el lugar antes de comenzar a caminar silenciosamente, siguiendo el paso del "objetivo no determinado".

Se preguntó si tal vez los limpiadores estaban allí. Negó con la cabeza instantáneamente.

Los limpiadores no lloraban. Ni siquiera tenían sentimientos.

Ellos no huían, disfrutaban un rato del desastre antes de limpiar.

Ellos no se aferraban a una esperanza de vidas, acaban con vidas.

Ellos estaban muy ocupados con el otro lado de la Isla, y podía sentir en el ambiente el olor a carne quemada, ácido y otra químicos nocivos desde hacía tiempo atras que le indicaba lo ocupados que estaban.


Ignorando la palidez en el rostro de "sus hombres" que a penas eran unos jóvenes , aunque mayores que ella, dirigió nuevamente su atención hacia ellos y habló con voz decidida: - A sus posiciones, otra vez.

El quejido colectivo no se hizo esperar, provocando en ella una expresión molesta que pudieron notar a través de su ceño fruncido y los labios rosas apretados. La chica era un demonio con un rostro divino. - Por cada queja, incrementare el tiempo que deberán seguir corriendo.

Nadie dijo nada, solo la miraron indignados, cansados, como perros callejeros y hambrientos debajo de la lluvia, buscando un pedazo de pan.


Estrellando su puño en el suelo, este se rompió con mayor facilidad de la que debería, fracturandose en cientos de pedazos, dejando a su vista un pequeño espacio no más alto de un metro, y a ún cuerpo largo, joven y lleno de sangre escondido en el.

Cuando el polvo y la madera se disipó, ella pudo ver unos ojos.

Shanks le había descrito años atras la mirada con la que había sido rescatada después de su intento de secuestro, y sin pensar mucho en que se trataba de un objetivo más, solo consideró que quizá, esa era la mirada a la que el se refería.

Recordando aquel momento, parpadeó con rapidez un instante mientras veía el cuerpo de muchacho encogerse y poner sobre si sus manos, como tratando de protegerse de lo inevitable. Como si aún creyese que había una oportunidad, cuando claramente nadie más , de los miles quienes se habían encontrado con su destino - la marine- habían tenido.


- ¿Porqué?- presionaron aún más , mientras yo recordaba, con la mente ajena a lo que cuestionaban en realidad.

- Mi misión era acabar con todo- repetí, ida- ya no había nada más que destruir. Aquel chico no era nada, lo dejé allí porque sabía que moriría sin nunca poner un pie fuera de la isla. Los limpiadores, la naturaleza, el destino...Ya tenía suficiente sangre en mis manos, no necesitaba mancharlas con más.

- ¿Entonces decidió dejarlo vivir?- la molestia se hizo presente en la interrogante. Yo negué con suavidad.

- Solo decidí que no sería yo quien acabara con el.

-¿Sabe si esa persona sobrevivió cuando usted abandonó la Isla?- la esperanza de un nuevo testigo, alguien que vio de primera mano algunas de las atrocidades que cometí, les devolvió el aliento

- Las posibilidades de que sobreviviera solo y en ese estado eran prácticamente nulas. No había mucho riesgo de una fuga o que alguien se enterara que en realidad, no concluí con mi misión.

A medidas no era mi expresión favorita.

-Entonces no lo mató, pero lo dejó morir.- concluyeron ellos con rudeza.

Sonríe levemente y miré hacia la puerta.


Cuando se posicionaron nuevamente para salir, ella se colocó al final de uno de los extremos, en una posición similar a ellos.

Todos voltearon a verla, pero solo el chico rubio de aspecto bonito que había logrado ser castigado 15 veces desde que pasaron a estar bajo su tutela, hace no más de tres días, habló: - ¿Señorita?- Ella ni siquiera lo miró, pero ladeó levemente su cabeza indicándole que le escuchaba- ¿Qué hace?

- Creo que están un poco decepcionados por tener a una chica, pequeña y menor que ustedes como superior, y consideran que no poseo las habilidades suficientes para exigirles hacer algo que yo no puedo.- encongiendose de hombros, se quitó las gafas dejando su rostro completamente descubierto y sus ojos, disponibles a todos que no la dejaban de mirar- Si. Los escuché hablar de eso en el comedor la noche anterior- aún desconcertados, perdidos en la atracción que les causaba la mirada confiada de ella, no se preocuparon mucho por aquello- pero si estoy aquí es por algo, ¿No? También quise rendirme como ustedes, pero resulta que lo superé, y ahora haré que se rindan o me demuestren que un día podrán estar en mi puesto.

Saliendo del estupor momentáneo que les había causado la apariencia de la joven, la mayoría de los chicos en el pelotón se sintieron avergonzados por haber sido escuchados por su instructora refiriéndose a ella de forma tan despectiva, pero era difícil creer que alguien, con una apariencia como la de ella, fuese a instruir a jóvenes promesas como ellos.

El joven rubio no dudaba ni un poco de sus habilidades.

- Así que les propongo algo- dijo finalmente al notar el silencio de los chicos, algo que esperaba desde que empezó a hablar- la medida no será el tiempo, no van a correr a contra reloj, si no contra mi. El que deje de correr antes de que yo lo haga se irá a casa y nunca podrá volver a optar a ser oficial en la marina, a lo mucho, permanecerán como soldados en la infantería si me encuentro de buen humor.

Preguntarse si tenía la facultad o no para ejecutar dicha acción estaba de más. La mirada altanera, la confianza y el aire de superioridad que provenía de ella no dejaba lugar a dudas de que hablaba en serio, y que más de alguno acabaría estropeando su carrera aquella noche, o día, pues la chica parecía decida a deshacer sus piernas en la tierra.

Ler no era mala, no odiaba a los jóvenes por pensar eso de ella, pues, era lo más lógico, y estaba hasta acostumbrada a escuchar comentarios de ese tipo desde que ingreso en la marina y comenzó a escalar puestos, pero era la única forma en la que podría deshacerse de los débiles a tiempo.

Cuando volvió aquella fatidica noche del North Blue y se puso nuevamente la capa blanca sobre sus hombros se juro que evitaría a toda costa que cualquier otro joven cayera en manos de su sanguinario ex-escuadron. No perdería a ninguno de ellos como se perdió asimisma, por lo que solo estarian con ella aquellos cuya voluntad fuese lo suficientemente fuerte para hacerle frente.


- ¿Aún no? - Ler se mantuvo trotando ligeramente de frente a ellos, sin siquiera mirar la dirección que estaba tomando a sus espaldas, permaneciendo casi con la misma apariencia que la noche anterior cuando habían comenzado a correr.

4 hombres aún permanecían corriendo, aún intentaban alcanzarla pese a que ella les llevaba una docena de vueltas, manteniéndose adelante para burlarse de ellos, sorprendiendolos por detras para motivarlos a seguir corriendo.

La joven Capitán -en ese momento- era admirable y parecía decidida a hacer añicos los huesos de las piernas del mayor número de aspirantes posibles, todo con una sonrisa en sus labios y una mirada confiada en sus bonitos ojos.

Cuando otro hombre cayó y el sol del medio día empezó a quemarles la piel, ella se detuvo repentinamente, obligándoles a detenerse también, aunque parecía que ya no corrían, si no que más bien arrastraban los pies en la tierra. -Creo que son suficientes. - dijo volteando levemente, su cabeza inclinada sobre su hombro y una sonrisa discreta que les estremeció un instante antes de desplomarse en el suelo por el cansancio y hambre.

Cuando ellos pensaron que la Oficial los dejaría allí tirados, ardiendo bajo el sol y con la boca seca, ella se sentó en una roca grande, bajo un árbol que le daba sombra y parecía disipar el calor. Cerró los ojos y se cruzó de brazos en silencio un rato, y tras no percibir movimiento alguno, más que los pechos agitados de sus hombres que se contraían una y otra vez, suspiró. Abrió un ojo, divertida y les llamó : - No es que alguien fuese a atropellarlos, pero esta área está rodeada de árboles, con una laguna limpia a solo unos cuantos pasos, ¿Acaso no pueden sentirlo o simplemente están lo suficientemente cansados para que les dé igual?

Ella se había detenido años atrás en el mismo lugar, colapsando en el suelo, estrellándose vergonzosamente contra la tierra, pero sonriendo porque podía sentirlo. Agua. Paz.

Saltó del cielo un día buscando alcanzar por completo la sensación que las aguas le provocaban, por lo que poco le había importado arrastrarse hasta ella una vez más, sacando fuerzas de donde ya no existían.

Rompiéndose los huesos que ya estaban hechos polvo horas atrás, pero no se detuvo.

Era un paralelismo bastante irónico, pensó. Quizá sí había tenido sus razones para tomar ciertas decisiones, además de indiferencia o lástima.

Miró a los hombres con melancolía, ninguno daba más , ni siquiera después de haber logrado resistir hasta ese punto, de saber que podían encontrar alivio si aguantaban un poco más.

Sonrió, preguntándose qué le habría pasado si se hubiese rendido en ese punto también.

"Habrías muerto bajo el sol, de sed e inanición.

Habrías muerto porque nadie te habría encontrado a tiempo.

No habrías sorprendido a tu superior. No habrías regresado a la base.

No habrías levantado murmullos ni consideraciones.

No habrías provocado llamados de atención.

Habrías evitado tu destino.

Si hubieses muerto ese día.

Pero no."

Entonces, cuando estuvo a punto de darles la espalda y desaparecer del lugar, el joven rubio con la peor condición física del grupo, por quién aposto que no duraría más de una hora, se movió.

Lo vió arrastrarse hasta sus pies y detenerle, aferrándose a los mismos con sus débiles manos. Ella pudo haberse soltado con facilidad, pero en cambio, se volteó y se inclinó levemente hacia el. Lo miró más alegre que sorprendida, más aliviada que temerosa, cosa que no admitiría jamás.

- Así que...Lo lograste- susurró mientras le daba la mano y sonreía.


- Luego me convertí en instructora. Me encargue de soldados que aplicaban para ser oficiales. Quienes aguantaban el entrenamiento de un mes, lograban convertirse en uno y adquirir buenos puestos.

- Sin embargo, en seis meses solo graduó a 16 personas, cuando los pelotones de entrenamiento estaban conformados por al menos 50 personas. 16 de 300...¿Acabó realmente con la carrera de todos esos hombres ?

- Si no aguantaban aquel mes, tampoco lo harían entregando su vida a la marina. Conocí a muchos que enloqurcieron, por eso necesitabamos verdaderos marines, personas con un concepto de justicia que no fuese absoluta. Aquellos con una voluntad propia, y créame, 16 fueron muchos en realidad.

-¿Su definición de justicia?

- No sé si era la correcta, pero estaba segura que la que proclamaba el gobierno, no lo era. Y yo me habría vuelto loca de no haber encontrado a otras personas que creyeran lo mismo.

Y no me habría perdonado.


Ler reaccionó cuando el olor de los químicos que utilizaban los limpiadores para deshacerse de los cuerpos se incrementó. Miró por sobre su hombro para notar que el humo en el cielo, más allá de las ventanas de aquel castillo, comenzaba a dejar de ser negro y se convertía a una tonalidad amarilla en el este y roja en el oeste, combinándose con burbujas producto de la combinación de gases que usaban para la descomposición e incineración de los cuerpos, así como para acabar con cualquiera que siguiera respirando en el área. Solo si alguien lo hacía.

El quejido bajo sus pies le llamó nuevamente la atención. El chico seguía intentando arrastrarse aún estando expuesto a ella. Lo estaba dando todo por seguir con vida.

Los ojos le ardieron, no supo si por el humo o el dolor. Sin embargo, ignoró aquella sensación.


-¿ Tenía usted la autoridad para cumplir con dicha promesa y acabar con la carrera de los jóvenes?

- Los instructores teníamos autoridad absoluta sobre nuestros reclutas- afirmé- por ello se cometieron muchas violaciones personales y colectivas hacia los mismos sin obtener ningún castigo por abuso de autoridad.

- ¿Sus entrenamientos y las misiones que les asignaría posteriormente no son consideradas como tal?

Incliné mi cabeza hacia un lado, Cayu seguía sonriendo, sé que Seo y Jin habrían hecho lo mismo.

- Había una opción implícita en aquel reto que evitaba considerar a dicha tutela como un "abuso". Renunciar. Nunca obligué a nadie a quedarse o hacer algo que no quisieran. Mis órdenes siempre fueron refutables- expliqué confundiendolos.

- ¿A qué se refiere?

- Los chicos aceptaban correr conmigo siempre, seguros de poderle ganar a una niña, empeñados en demostrar que eran mejores mientras se deshacían sus sueños en la carrera, cuando claramente existía otra opción . Renunciar. Podrían haber renunciado y optado por volver a intentarlo con un instructor diferente. E incluso después, podrían haber optado a dejar de estar bajo mi cargo, sin embargo los 16 chicos que gradué decidieron seguir conmigo cuando deje la instrucción y ellos se convirtieron en oficiales. Siempre existía una oportunidad, pero no todos estaban dispuestos a tomarla.


Ler mantuvo su vista clavada en el chico con sorpresa al notar que claramente estaba decidido a vivir. La ignoraba cubriéndose como podía, mientras claramente intentaba escapar frente a sus narices.

Una carcajada amarga salió de su garganta mientras negaba con la cabeza.

-Y una mierda- dijo.

Cerró los ojos suspirando fuertemente cuando el objetivo de había arrastrado un poco lejos de ella, colocó sus manos sobre sus rodillas antes de colocarlas tras sus orejas y arrancarse la mascarilla de un tirón. Inmediatamente, el humo invadió sus fosas nasales y pulmones e ignorando aquella sensación de malestar repentina, camino nuevamente un poco hasta alcanzar al chico que lloraba esta vez con fuerza mientras aún se movía con empeño.

Apretó los labios, miró por última vez su mascarilla y se la lanzó con fuerza, confundiendolo. Se quitó los guantes y la chaqueta, y otras partes del uniforme que la protegían, e imitó la acción. El abrió sus ojos a tal grado que ella pensó que podía atravesarla con ellos, pero no dijo nada más antes de despedirse con un gesto y dejarlo continuar.

- Si sales con vida de esto, puedes ir a buscarme. Te estaré esperando, Príncipe.


El recluta le apretó el tobillo y le sonrió también, o algo parecido a una mueca optimista.

- Felicidades, Príncipe. Me encontraste.

A Ler le prohibieron volver a su hogar después de destruir el de alguien más.

Supuso que era lo justo.

Ella le había quitado su hogar al joven. Y a cambio, nunca pudo volver al suyo...No hasta el fin de la guerra.


La suavidad de la risa de Ler contrastó con la carcajada de Luffy. Ambos estaban con las piernas recogidas topandoles el pecho, luchando por llegar un poco más allá.

-Parece que estamos demasiado viejos para esto- murmuró ella mientras lo veía de forma risueña, como cuando eran niños.

- Imagínate si estuviésemos los cuatro aquí otra vez...- dijo él, mirandola directamente con melancolía. A ambos les tembló la sonrisa, pero ninguno se echó a llorar esta vez. - Menos mal Sabo se quedó abajo- agregó para posteriormente volver a reír.

Habían crecido lo suficiente para que apesar de no superar la muerte de Ace, hablar como si nada, soportarlo.

Ella ojeo nuevamente el pequeño cuarto en la casa del árbol, notando las fotografías pegadas en el techo, los posters y otros detalles que nunca le habían parecido interesantes hasta entonces. - Eran unos malditos desordenados.

- Desde que te fuiste no nos importó la limpieza, Ler. No era divertido, así que esperábamos a que volvieras para que nos obligaras a hacerlo shishishishi- Luffy era un adulto. Un Pirata reconocido y buscado, el más grande y salvaje de todos, y aún así, seguía poseyendo esa inocencia y carisma de niño. Aunque con la madurez suficiente para no hacer hincapié en lo evidente.

Ella nunca volvió.

Aún incómoda, a pesar de que habían pasado años desde aquello, fingió seguir recorriendo con la vista el lugar. Frunció el ceño al ver un puño de pañuelos tirados en el suelo, junto a una de sus fotografías. Alzó las cejas indignada. - Agh, que asco.

- Es que se nos acabó el papel- se excusó Luffy encogiéndose de hombros. Ler lo miró extrañada- no sabíamos que usar.

-¿También tu? Dios, que asco...- ella comenzó a mover la cabeza sin poder creerselo aún, a lo que el hombre se explicó.

- ¿De qué hablas? ¡Tardamos casi un año buscando la canción! Teníamos que anotar mucho, era lo único que quedaba.

-¿Canción?- Ler se detuvo, extrañada.- ¿De qué hablas, Lu?

- La canción que Ace te prometió- dijo como si nada, estirando con su habilidad la mano para alcanzar los pañuelos, papeles y otras cosas tiradas en el suelo, además de la fotografía, que le tendió con alegría indicandole que debía darle vuelta.- el dijo que quería tenerla antes de que regresaras.

En letras negras, con una caligrafía que ella conocía a la perfección por años y años de correspondencia, estaba el título de una canción.

El corazón, a Ler, se le estrujó.

- Y lo logró...- susurró ella con la voz rota. Luffy la miró comprensivo y de alguna forma inhumana, se movió hasta rodearla con los brazos.

A ambos les seguía doliendo el cuerpo por las heridas de la reciente guerra.

Y de los años.

Pero ninguno se quejó. Y en silencio reflexionaron que sin bien Ace había muerto, sus sueños y sus promesas no.

El sonrió. - Todos estamos muy felices de que volvieras, Ler, y que Sabo lo hiciera también. Fue una larga espera.

Y aunque a Ace le molestaría saber que vas a irte otra vez, solo diría, "eres una tonta" si supiera de los juicios, pero estaría más que feliz de saber que al fin sabes que canción es.

Tal vez, en otra vida, la encontrarían a tiempo.

- Oye, Ler...- la atmósfera de tranquilidad se rompió con el sonido de la voz masculina, colmada de curiosidad.

- ¿Qué?- preguntó ella aún llena de paz, con la cabeza recostada en el pecho de su hermano.

- ¿Qué pensabas que eran esos pañuelos?

Ler abrió repentinamente los ojos y se sonrojó. - Oh, cállate, Lu.

- ¡Luffy! ¡Ler! ¡Bajen ya a comer!- Cuando la voz de Sabo los distrajo, el hombre se levantó como un resorte, golpeando a la chica en el acto, haciéndola refunfuñar.

Antes de salir completamente del lugar, se volteó y la miró aún tirada con molestia en el suelo : -¿Ya estabas enamorada de él?

- ¿De qué hablas? - la furia se disipó con la vergüenza.

- Ace, ¿ya estabas enamorada de él y por eso insististe tanto con la canción?

Sabo parpadeó perplejo mientras trataba de salir del hoyo que el impacto de la caída de Luffy sobre el había provocado cuando había sido lanzado por los aires. - Estabas molestando a Ler con Ace otra vez, ¿Cierto?

El rey pirata rió, enterrado entre la tierra.

Ler se rió también, mirándolo desde lo alto del árbol.