Los personajes de Candy Candy no me pertenecen son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi.

Todo Por Ti

By Rossy Castaneda

Capítulo Cuatro

Candy abrió los ojos después de días de convalecencia. La cabeza le daba vueltas y no recordaba con claridad que le había sucedido. Miró todo a su alrededor en busca de algo que pudiera reconocer, pero todo dentro de aquella habitación le parecía extraño.

Tres toques a la puerta, hicieron que girara el rostro en dirección a esta. Sus verdes ojos estuvieron a punto de salir de sus cuencas cuando vio a Eleonor Baker.

-Veo que finalmente has despertado. No sabes el susto que me diste cuando te desmayaste en mis brazos.

Mientras Eleonor acercaba una silla y la acomodaba cerca de la cama, los recuerdos comenzaron a llegar a la confundida memoria de Candy. Susana intentando quitarse la vida en la azotea del hospital San José, Terry llegando y levantándola en brazos, ella prometiéndole a Susana alejarse para siempre de Terry, Terry rodeándole la cintura en el umbral de la puerta de salida del hospital pidiéndole que le prometiera que sería feliz. ¿Pero como iba a hacerlo sin él?, ella caminando bajo la fuerte nieve hasta el,hotel Royal, ella preparando su equipaje, ella pagando la cuenta y subiendo a un coche de alquiler hasta la estación de tren, ella de rodillas llorando por lo cruel del destino y por último, la señora Baker consolándola y diciéndole que luchara por el amor de Terry.

-¿Como te sientes? —Preguntó Eleonor acomodando con delicadeza algunos rizos rebeldes detrás de su oreja.

-Terry -dijo Candy con la voz agitada como única respuesta.

-Descuida, él está bien -respondió la actriz. Y era cierto, el joven castaño estaba bien, pero recluido para sorpresa de la actriz en un monasterio para seminaristas y se negaba a hablar con nadie -¡Por Dios! se le había metido la loca idea de entregar su vida al servicio a Dios sin saber siquiera lo que sucedía en el exterior.

Aquella era la enésima vez que el Duque intentaba hablar con Terry, pero el joven se negaba a recibirlo. Ni todas sus influencias, ni el peso de su título consiguieron que le dejaran pasar mas allá de lo que era permitido.

-Peter te pedí que lo llevaras a un lugar seguro -espetó el Duque -pero no me refería a un lugar como este, sino a la villa de Rhode Island.

-Y así lo hice su excelencia -se defendió el hombre -pero el marqués se las arregló para escaparse de la vigilancia del resto de los empleados y aprovechó cuando fui por usted al puerto de New York.

El Duque pasó sus dedos por sus cabellos con frustración. Había olvidado que su primogénito y único hijo era un rebelde empedernido cuando se lo proponía, había esperado al menos que hubiese pasado esa etapa de su vida, pero los hechos le mostraban cuan equivocado estaba. ¿Como le haría para traspasar las murallas de aquel lugar y hablar con el cabezota de su hijo sin que lo acusaran de invasion a la propiedad privada? Lo que menos necesitaba en esos momentos era un escándalo de aquella magnitud. Por su edad, era mas que evidente que no lo recibirán como seminarista, así que esa posibilidad estaba descartada. Echó un vistazo a Peter y se dio cuenta que tampoco lo recibirían, la edad del hombre rondaba ya en los cuarenta y su cara mostraba todo menos vocación al sacerdocio. En medio del lio en el que estaba, el duque se permitió esbozar una media sonrisa al imaginar a aquel grandulón con rostro impenetrable vistiendo una sotana -sacudió su cabeza para alejar sus pensamientos, algo que no solía hacer desde su juventud -¡Demonios! -pensó -aquel no era el momento de dejar salir a la luz al joven rebelde que fue en el pasado, sino el momento de buscar la manera de ingresar a aquel lugar que se estaba convirtiendo en una amenaza para que su estirpe se multiplicara por unas cuantas generaciones más.

-¿Como le vamos hacer para hablar con Terrence?

-Su excelencia, y si de pronto le pedimos ayuda a uno de los amigos de la señorita Ardley? -tocó su mentón.

Aquella idea no le pareció tan descabellada al Duque, pues la llegada a New York de los amigos de la muchacha podría serle de beneficio, aunque había notado que uno de ellos se mostraba receloso hacia su hijo y pues el otro, le había hecho una revelación a puerta cerrada, se trataba del patriarca de la familia Ardley, bastante joven, pero una persona lo suficientemente madura y preparada para llevar las riendas de aquella familia.

-El chico de porte elegante podría ser -propuso Peter refiriéndose a Archie.

El Duque se permitió lanzar un bufido algo impropio en él

-Bromeas, es que acaso no has visto como aprieta los labios y los puños cuando escucha el nombre de Terrence, -¡Por Dios! Lo culpa de la condición actual de la señorita Ardley.

Peter asintió.

-¿Que me dice del otro joven rubio? -preguntó.

-No, eso sería demasiado para él, tiene suficientes responsabilidades como para encima pedirle algo así. -dijo el Duque al recordar que el joven patriarca junto a su administrador estaban haciendo hasta lo imposible por evitar que uno de los miembros de su familia abordara un barco que lo llevaría como voluntario al frente de guerra. Algo con lo que él con sus influencias ayudó a dar con su paradero.

Ambos se quedaron en silencio analizando cada una de las opciones que el otro aportaba. Contratar a alguien para que se hiciera cargo del asunto estaba en definitiva descartado, ya que esa posibilidad implicaría ponerlo al tanto de la situación, algo que el Duque no haría. Mandar a traer a Mark desde Escocia en tiempo de guerra seria una misión no imposible pero si un proceso lento si él no estaba en Londres para agilizar todo y el factor tiempo estaba contra de ellos.

-Su excelencia -Peter llamó su atención -y si le ponemos al tanto a la señorita Ardley sobre los planes del marqués Terrence de consagrar su vida al servicio de Dios -el hombre alzó la mirada al cielo -Que Dios lo perdonara por evitar que un joven ofreciera su servicio, pero la verdad era que el joven marqués no tenía vocación para tales menesteres. ¡Por todos los cielos! Hasta Bartimeo siendo ciego se daría cuenta de eso. Aquello era una total locura.

El Duque esbozó una sonrisa al comprender hacia donde se dirigía Peter. Si la joven había sido capaz de subir a un carruaje que se conducía a alta velocidad para hablar con él la tarde que salió furioso del San Pablo dispuesto a mover cielo, mar y tierra para llevar a Terrence de regreso a Londres, podría fácilmente vestirse de chico y traspasar aquellas murallas.

Con aquello en mente, ambos hombres se dirigieron a la casa de Eleonor Baker.

Candy se encontraba aturdida, con todo cuanto Eleonor le contó de los sucedido las últimas dos semanas.

Por una parte estaba feliz de saber que sus amigos se encontraban en New York y estaban al pendiente de ella. Pero por otra parte, le preocupaba el hecho que la señora Baker se había limitado a decirle que Terry estaba bien, le era extraño que el joven no se hubiese aparecido en todo el día para verla. ¿Que le ocultaban? -se preguntó.

Unos toques a la puerta, la sacaron de sus cavilaciones. Tras dar el pase a quien estaba al otro lado de la puerta, una sonrosa afloró en sus labios al ver a sus amigos ingresando a la habitación. Era agradable saber que contaba con ellos en esos momentos.

-Candy -Annie junto a Patty corrieron para abrazarla -que bueno que finalmente has despertado -dijo Annie con voz llorosa -en cuanto la señorita Pony nos puso al tanto de tu condición, tomamos el primer tren hacía aquí para estar cerca de ti.

Candy intentó ponerse de pie, pero se mareó.

-No debes esforzarte Candy -Patty le acomodó las almohadas para que se recostara.

-Necesito escribirle a la señorita Pony y decirle que estoy bien -insistió en removerse, pero fracasó en su intento.

-No debes preocuparte por eso Candy, ya lo hemos hecho -respondió Archie desde atrás de las chicas.

-¿Y Stair? -preguntó la rubia al no ver al chico de lentes dentro de la habitación.

Patty comenzó a sollozar

-¿Que le ha pasado a Stair, por que no está con ustedes?

-Mi hermano partió al frente el dos días después que tu te marchaste -le informó Archie cabizbajo .

-¿¡Queeeeee!? -gritó la rubia con ojos muy abiertos.

-Pero el señor Albert y George están tratando de evitar que suba al barco que lo llevará al frente -informó Annie

-¿¡Albert!? -dijo Candy con sorpresa -¿Como puede él evitarlo?.

-Es una historia muy larga -anunció Archie en un suspiro -pero es mejor que él te lo aclare.

-No estes triste Patty, veras que todo estará bien -La chica Pecosa reanimó a su amiga mientras limpiaba sus lágrimas.

Patty asintió.

-Y se puede saber donde está ese malcriado aristócrata?

-Archie -Annie le llamó la atención -te recuerdo que estamos en casa de la madre de Terry.

Archie tomó una bocanada de aire..

-Es lo único bueno en todo este asunto -respondió luego de emitir un suspiro, finalmente había hecho realidad conocer a su actriz favorita quien para su desgracia resultó ser la madre de su enemigo de colegio una ironía del caprichoso destino.

Mientras los cuatro chicos se ponían al corriente, en otra parte de la ciudad, Albert y George llegaban a uno de los tantos cuarteles militares de la ciudad, en donde se encontraban muchos jóvenes voluntarios en espera de su turno para abordar el siguiente barco que los llevaría al frente.

-Buenas tardes, busco al Mayor Newman.

-Lo lamento, pero el mayor Newman no recibe visitas.

-¿Podría por favor decirle que William Albert Ardley ha llegado?

-Lo siento, el mayor Newman está muy ocupado y no podría atenderlo -respondió el hombre tras alzar el rostro. ¿Que se creían que por tener un apellido encumbrado podían llegar y dar órdenes? -pensó

La paciencia de Albert estaba llegando a su límite. Tomó una bocanada de aire e hizo un último intento.

-¿Puede anunciarle que vengo de parte del Duque de Grantchester?

-Ya le he dicho que el Mayor Newman está ocupado y no puede atenderlo, así sea el mismísimo Rey de Inglaterra quien lo busca.

Al ver a Albert llevarse ambas manos a su rostro con evidente exasperación, George intervino como nunca antes lo había hecho.

-Escúcheme bien pedazo de idiota, no sé cual es su problema, y cual es la razón por la cual se niega a ayudarnos, pero no hemos venido a este maldito lugar para ver su rostro sino para evitar que un miembro de la familia se suba a un maldito transatlántico con rumbo a su muerte ¿lo comprende? -espetó furioso.

-¡George! -Musitó Albert con sorpresa ante la reacción del siempre calmado George.

-Es mejor que modere su vocabulario señor, le recuerdo que está en un cuartel del ejército de los Estados Unidos y no en una de las sucursales de los Bancos Ardley.

-Escúcheme bien soquete, sé perfectamente en donde me encuentro -Respondió George con una octava mas alta de lo normal.

-Si lo sabe -respondió el hombre -debe saber que puedo arrestarlo por faltarle el respeto a la autoridad, así que lo mejor es que se marchen ahora mismo o procederé -amenazó

-Me importa una mierda lo que quiera hacer, pero no nos moveremos de este lugar sin antes hablar con el mayor Newman y llevarnos de este lugar al chico por el que venimos.

Ante la acalorada discusión en el área, un hombre alto, robusto y uniformado salió a ver que sucedía. Tan pronto lo vio, el joven soldado se puso en pie e hizo el saludo militar.

-¿Que es todo éste escándalo?

-Señor, le he pedido a estos dos caballeros que desalojen el area y se niegan a hacerlo.

-Y yo le he dicho que no nos moveremos de aquí mientras no hablemos con el mayor Newman -espetó George con seriedad.

-¿Y ustedes son? -preguntó el hombre mirando a uno y luego al otro.

-El señor es William Albert Ardley -George presentó al joven patriarca -y yo soy su administrador -el hombre achicó los ojos -Lord Richard, Duque de Grantchester nos ha enviado para hablar con el Mayor Newman y no nos moveremos de aquí hasta hablar con él y este joven soldado se ha negado a anunciarle al mayor que estamos aquí.

Escuchar aquel último nombre hizo que el hombre alzara las cejas con sorpresa. Cuando su amigo Richard le había dicho que el señor Willian Ardley iría a verlo, se imaginó a un hombre entrado en años y no a un jovencito que podría ser su hijo.

-Yo soy el Mayor Newman -respondió el hombre lanzándole una fulminante mirada al joven soldado que estaba mas pálido que la cera -hablaré con usted luego.

-Señor -respondió el joven bajando la mirada.

-Lamento lo sucedido allá afuera -se disculpó el hombre cuando finalmente estuvieron en la privacidad de su oficina. Richard me puso al tanto de la razón de su visita -se dirigió a Albert -Señor Ardley, su sobrino se encuentra en este centro de reclutamiento y puede llevarlo con usted ahora mismo.

Albert respiró tranquilo

-Muchas gracias, siempre estaré en deuda con usted.

-No es a mi a quien deben agradecer sino a Richard, deben saber que no acostumbro a hacer este tipo de cosas, pero el que ustedes sean parte de la familia de Richard lo cambia todo -aclaró -le debo mucho a Richard y no puedo negarle nada.

-Lo tendremos en cuenta -Albert extendió su mano la cual fue recibida por el mayor Newman -Cualquier cosa que podamos hacer por usted o su familia no dude en hacérnosla saber.

-¿Te has vuelto loco? -Eleonor no daba crédito a la propuesta del Duque.

-No es tan descabellado -se defendió -estoy seguro que la señorita Ardley es capaz de hacer eso y más por Terrence. Si lo sabré yo -el duque suspiró.

-Lo sé -respondió Eleonor -¿pero como se te ocurre que le pediremos algo así a Candy para sacar a Terry de aquel lugar y evitar que cometa una locura?

-¿Que cosa no pueden pedirme? ¿Y de donde debo sacar a Terry? ¿De que locura hablan?-preguntó Candy a mitad de las escaleras, con voz aterrada ante los miles de escenarios que llegaron a su mente.

Continuará

-Ya saben... nunca aceptaré la,muerte de Stair, esa fue una de las muertes mas injustas e innecesarias que jamás podré superar.

-Jajaja siempre imaginé ver a un George fuera de su zona confort jajaja.

-Y por último, describir al Duque comportándose como cualquier persona lo haría, es un pequeño capricho mío jajajaja siempre lo imaginé rebelde al igual que Terry de lo contrario Eleonor no se habría enamorado de él, por que ¿quien en su sano juicio se enamoraría de un ogro por muy guapo que sea?... ¡Por Dios! Admiraríamos su belleza pero de lejos por miedo a que nos muerda, jajajaja.

Yo Me Quedo En Casa ;)