.

.

.

.

Capítulo 22: Antes de la tormenta

.

.

Erick estaba completamente anonadado leyendo la carta de su hermano.

-¿Cómo pasó? –preguntó Bertha mientras sobaba su vientre, la empatía que sentía con su cuñada la sentía muy arraigada debido a su embarazo; no podía imaginar el dolor de ella.

Hofferson arrugó el papel, pasándolo a su esposa.

-Un ataque de mercenarios. –explicó el rubio, conforme lo que había ocurrido. –Entraron a asaltar… mientras Valka y Gylda se dirigían a los refugios, las secuestraron para usarlas como rehenes. Hasta lo que sé… querían lastimar a Valka; Gylda se hizo pasar por ella y fue quien terminó golpeada, el bebé murió en su vientre.

-Pobre Gyl. –se lamentó Bertha, no imaginaba pasar por lo mismo.

Erick golpeó la pared de la cabaña en la que habían vivido desde los últimos meses.

-La armada de Berk debía resistir y responder. –explicó con mucha impotencia. –Debí estar allí para dirigirla.

La jefa de la isla resistió las ganas de reclamar, pero dejaría pasar esa oportunidad, era comprensible que su esposo se sintiera mal por la desgracia que había caído en la familia Hofferson.

-¿Gylda está bien? –preguntó Bertha.

Erick volvió a leer la carta.

-Tal vez físicamente, pero… dudo mucho que emocionalmente lo esté.

La pareja simplemente se quedaron viendo, agradeciendo la belleza de una vida que crecía en la jefa, buscando inevitablemente las palabras adecuadas para la enviar a su familia.

.

.

.

.

El mar a medio congelar no fue impedimento para que las fuertes fragatas berserkers se adentraran.

La jefa interina veía desde la proa del barco, Karena miraba fija el horizonte.

Su vida estaba a punto de cambiar, y lo había auto saboteado.

Estaba casada con Norberto, mataría a cualquiera que se atreviera a contradecirle.

-¿Estás bien? –preguntó Norberto, a sus espaldas, cumpliendo con su "deber" como guardia.

La castaña le sonrió, asintiéndole.

-¿Y tú?

Lindgreen se silenció.

-¿Estás enojado? –preguntó, temerosa.

Norberto le negó.

-Es sólo que algo me dice que después de este viaje nada volverá a ser igual. Perdimos nuestra oportunidad para escapar. –reprochó un poco.

-Tendremos más oportunidad. Pero entiende, es mi hermano, el jefe de Berserk. Si acaso el muere, yo soy quien debe tomar las decisiones; y una decisión trascendental ahora es ayudar a mi amiga, Astrid. Ella pudo acusarme cuando descubrió lo nuestro, no lo hizo. Se lo debo, se lo debo a mi pueblo. –trató de hacerle entender.

Esa voz y esa entrega que mostraba derritieron el corazón del rubio.

Le tomó las manos a pesar de que alguien podía verlos.

-Claro que entiendo, y por eso es que te amo tanto, Karena Deranged.

La castaña sonrió, enamorada y feliz, tal vez todo en su vida iba a empezar a caer en su lugar.

A unos pasos de ellos, escondido entre unas cajas de provisiones, unos ojos maliciosos fueron testigo de ese íntimo momento entre los jóvenes enamorados.

-Estás muerto, Lindgreen.

.

.

.

.

.

Aunque era casi mediodía y el sol estaba en su punto más alto, era inevitable que el frío de las nevadas pasadas interviniera en la salud de los vikingos, en especial de los chicos que recién salían de una hipotermia.

-¿Ahora qué? –preguntó Astrid, alzando su mirada y su cabeza desde el hombro de Hiccup.

El castaño suspiró.

-Pues no sé tú, pero estoy muy a gusto así. –murmuró, restregando su cabeza con la rubia.

La chica lo abrazó igual, recíprocamente.

-En serio nos hará daño.

El castaño entendió. Ella se preocupaba por él; él debía hacer lo mismo.

-Volvamos al pueblo. –mencionó el heredero, tomando la mano de la muchacha rubia.

Hofferson correspondió. –Sí.

Ambos se perdieron en los ojos del otro.

Las discusiones, miedos, malentendidos e incluso el dolor por creer que el otro había muerto ya no estaba.

Ahora sólo había ilusión, alegría, amor, mucho amor.

Astrid se dio la vuelta, pero antes de eso, recordó algo importante.

-Hace unos meses, después de que me enfermé del Azote de Odín…

Haddock recordó ese momento como el más angustiante de su vida.

-Sí.

-Heather me dijo que dejara de perder el tiempo, que dijera lo que sentía por ti. –confesó con un adorable rubor en sus mejillas.

Hiccup no entendía a dónde iba con eso.

-Aja…

-Y no quiero que pasé más tiempo antes de que te diga esto. Perdona por haber arrojado ese collar que me hiciste. En realidad estaba hermoso, perdona por decirte cojo y…

Hiccup la interrumpió. –Basta. Entiendo, y no tengo nada que disculparte, soy yo quien debe pedir perdón por no confiar lo suficiente en ti.

Ambos, llenos de amor, se miraron a los ojos. Redescubriendo el camino que sus vidas tomarían a partir de ese momento.

Todo sería diferente. Hiccup respiró profundamente.

-Mi lady, hay algo que tengo que decirte. –inició, separándose un poco de ella. –Tengo una pierna de metal.

-¿En serio? No me había dado cuenta, pensé que lo habías superado. –bromeó.

Tras unas ricitas empatizante, el castaño prosiguió.

-Sí, es en serio. –dijo entre risas. –Por eso es que, aunque no lo parezca, me cuesta hacer esto.

Frente a ella, Hiccup se postró en una rodilla.

-Astrid Hofferson, desde que nos besamos en la orilla yo… no he dejado de pensar en ti. En realidad nunca he dejado de pensar en ti Astrid, te quiero. Más de lo que me gustaría. Y además, sé que esto es recíproco. –Hiccup tomó las manos temblorosas de Astrid.

-¿Es lo que me dijiste en la cala, antes de que te rompiera el corazón? –lo descubrió.

-Era un discurso que preparé, claro que debo repetirlo en el mejor escenario. –susurró, divertido. -Sé que soy el hijo del jefe, a pesar de lo que yo quiera seré el jefe algún día y no será sencillo, necesito a una mujer que sea fuerte, amorosa y valiente para sobrellevar todas las pruebas que me ponga la vida y mi cargo por herencia.

Astrid tenía el corazón acelerado. –Sí que es un buen discurso. –le susurró, animándolo a continuar.

–Es que no hay otra mujer que sea mejor que tú. No imagino el resto de mi vida sin ti. No quiero una vida sin ti, así que… Astrid Hofferson, ¿me harías el honor de ser mi novia?

Por fin, la hermosa sonrisa de la rubia se amplió.

Todo cayó en su lugar.

Las palabras fueron repetidas por igual, pero ahora era diferente, todo era mejor.

Ahora era sincero y especial.

Hiccup notó el encanto de la muchacha.

-¿Por qué tardaste tanto? –lo golpeó ligeramente en su pecho; pero el golpe le causó un dolor extremo a Hiccup. –Lo siento. –se disculpó de inmediato.

El castaño se enderezó con ayuda de Astrid.

-Descuida.

-¿Quedará una cicatriz grande?

-Después de todo, sólo es divertido si te llevas cicatrices. –alardeó, repitiendo su filosofía de vida.

Ambos se rieron.

-¿Entonces?

Astrid le sonrió encantada, se acercó a él, lo rodeó con sus brazos por la espalda.

-Sí, Hiccup. Si quiero ser tu novia, y claro que seas mi novio. –jugueteó con su cabello, antes de besarse.

Por fin.

Después de tanta espera.

De tanta incertidumbre.

De sentirse indignos uno del otro.

Habían creado el momento perfecto.

Al cabo de unos pequeños segundos terminó esa caricia.

-Mi papá se pondrá contento. –musitó tenuemente frente a ella.

-Espera a que se lo diga a mi tía. –finalizó la rubia.

Justo antes de que se besaran de nuevo, una fría ventisca volvió a sacudirlos.

Se tomaron de las manos, entrelazándolas, sin embargo una fuerte alerta de aviso por medio del cuerno, rompiendo ese momento, regresándolos a la realidad, pero aunque el panorama fuera diferente, era una realidad mejor, una por la que habían esperado mucho.

Los dragones se colocaron frente a sus jinetes, gruñendo en protesta de lo que percibían.

Un visitante llegaba a Berk.

.

.

.

.

Las lloviznas eran algo de casi todos los días en Bog Burglar. Sin embargo la lluvia no era algo con lo que se podía calificar ese momento, era una tormenta; una gran y atroz tormenta que inmovilizó a todos los miembros de la isla.

Muchos ni siquiera estaban al tanto de lo que ocurría en la choza de la jefa, y no lo sabrían hasta que el torrencial pasara.

Lo que ocurría es que el tiempo de alumbramiento en Bertha se había cumplido, un par de horas atrás las primeras contracciones aparecieron y se incrementaron con el paso de las horas, haciendo juego con la extensa ráfaga de aire, rayos y truenos que acompañaban los más angustiantes momentos.

En la habitación auxiliaban con vehemencia la jefa Camicazi, su amiga Ivette, Gyselle (madre de Ivette), Gylda (quien estaba de visita en la isla para apartar su mente de los infortunios de la experiencia tan dolorosa que acaba de pasar) y la misma Mivenn.

Justamente en ese momento de máxima lluvia, los cuales fueron opacados por los truenos la mejor amiga de la heredera al trono burglar bajó por las escaleras para dar las noticias al angustiado padre.

-Es una niña.

El padre brincó de felicidad. Ya sabían que iba a ser una nena, pero corroborarlo sólo le dio más alegría, aunque no superó la dicha cuando la cargó por primera vez, ni la segunda, ni la tercera.

Era feliz, muy feliz, nadie le podría robar esa placidez que sentía.

Diez días después de la llegada de la heredera la fiesta de presentación en la isla se llevaría a cabo para celebrar una nueva era en Bog Burglar.

Gylda estaba allí con su cuñada, apoyándola, queriendo a esa pequeña que le robó el corazón desde que la vio nacer.

-¿Todo bien, Gylda? –preguntó Bertha mientras ella terminaba de trenzar su cabello, pues notaba que la hooligan mecía la cuna de la pequeña Cami con mucha dedicación.

-Sí, sí, todo está bien. –se disculpó. –Es sólo que… esta es la semana en la que se supone que yo me iba a aliviar. –confesó apenada. –Es inevitable que me sienta diferente por los planes que ya tenía hechos.

La burglar se sintió mal por ella.

-Entiendo.

-Es comprensible hasta cierto punto que piense en ella. –suspiró.

-¿Ella?

-Sí, iba a ser una niña. –confesó, con voz entrecortada.

-Lo lamento, sé que es difícil, debe ser muy difícil, más aún mientras estás con tu sobrina. –comentó la esposa de Erick, queriendo ayudar a su sobrina.

-No, no, para nada. –Gylda se limpió las lágrimas. –Por el contrario, me honra que tú y Erick nos hayan pedido ser los protectores de tu niña. Ten por seguro que durante el resto de mis días, ella será cuidada y amada por mí.

Bertha sabía que ella y Finn serían grandes protectores de su hija. –Lo sé.

-Honraré a tu hija, siempre. Seré su tía consentidora. –Gylda le guiñó el ojo.

La burglar se quedó pensando. Sí, Gylda honraría a su hija, pero, ella como jefa ¿qué haría por esa pequeña que no alcanzó a ver la luz del mundo?

-Gyld… si no es indiscreción, ¿cómo pensaban ponerle a tu bebé?

La rubia sonrió con nostalgia, se humedeció los labios y resopló. –Queríamos llamarla Astrid, como nuestra suegra, mi niña habría sido Astrid Hofferson.

.

.

.

.

Hiccup y Astrid, en compañía de los dragones llegaron al mirador de Berk, donde ya estaban los jinetes y el jefe de la isla.

-Pa, ¿qué sucede?

Stoick miró a su hijo, sí, quien tenía otra vibra después de despertar y más aún después de haberse encontrado con la rubia Hofferson.

-Hijo, me alegra tanto verte. –lo abrazó con desesperación, cargándolo.

-¡Me ahogas! –reclamó, logrando que el jefe lo dejara en paz en el suelo, nuevamente.

-Astrid, gracias por cuidar a mi hijo. –el jefe le guiñó el ojo.

-Fue un honor. –musitó la muchachita con pena y sinceridad. –Jefe, ¿qué sucede?

El pelirrojo les dio el catalejo.

-Una flota berserker, vienen por Dagur. –explicó Gobber, apareciendo en escena. –Le mandamos una carta avisando que él estaba vivo, que podían pasar por él y llevarse lejos de nosotros.

-Los vimos un par de leguas al oeste. –agregó Fishlegs.

-¿Dónde está Dagur? –preguntó Hiccup, furioso.

-Sigue inconsciente, a él le dio una hipotermia más fuerte. Está vigilado. –comentó Stoick. –Su flota no será fácil de tratar.

-Tal vez quieran un acuerdo. –opinó Snot, apareciendo con los gemelos.

-O tal vez vienen por mí. Sigo siendo la prometida de Dagur. –recordó Astrid, aturdida. –El que esté aquí significa traición para el consejo de Berserk.

Hiccup apretó los puños, molesto. –Romperemos ese compromiso. Tú eres una berkiana, eso no va a cambiar.

La rubia se sintió apoyada por todos.

-Les debo una disculpa, estaba drogada y me obligaban a hacer todo lo que hice y dije. –agachó la cabeza en clara señal de vergüenza.

-No te preocupes nena. Tu carta llegó, Hiccup explicó todo. –animó Stoick. –Siempre te hemos creído.

.

.

.

La heredera de Bog Burglar fue presentada a su isla y a las demás bajo la promesa de ser la futura jefa como: Camicazi Essen. (En el caso de los burglar, el apellido del padre no se tomaba en cuenta, pero a Erick no le importó), aunque sólo entre la familia y los más allegados se confesó que también llevaría el nombre de Astrid.

Fue nombrada así por las abuelas de la niña y para honrar a la pequeña prima que no alcanzó a nacer, gesto que conmovió a Finn y a Gylda por igual.

En medio de la ceremonia a la que fueron invitados los jefes de varias islas Gylda se sentó en una de las mesas contiguas, viendo cómo todos bailaban y brindaban en honor a la heredera.

-Oye, me puedes cuidar a Hiccup un momento. Debo ir al sanitario. –mencionó Valka, apurada.

-Claro que sí, con gusto. –sonrió Gylda, recibiendo al hijo del jefe de la isla berkiana, quien había nacido hace poco.

La jefa sonrió agradecida. Gylda meció un poco a Hiccup, quien miraba sus ojitos curiosos, no sólo a ella, sino a todo el derredor.

La esposa de Finn miró a su entorno. Sus amigos con familia, muchos bebés como camada.

-Tendrás una hija, de la manera en la que menos lo esperas. –musitó una mujer que se sentó a su lado.

-¿Disculpe? –Gylda volteó a verla, reconociéndola. –Usted es quien me dijo que estaba embarazada, hace meses.

La mujer asintió. –Veo que tendrás una vida difícil, llena de dificultades. –expresó con ternura.

Gyl se asustó por la premonición.

-Disculpe, lamento si te incomoda que te diga algunas cosas de tu futuro.

Hofferson negó. –Descuide, no me molesta saber sus visiones, pero creo que es mejor comprobar lo que pasará.

-Por supuesto. Mis visiones sólo son momentos. Alguna idea que a veces no interpreto bien, pero hasta el momento siempre acierto.

-No me dijo que mi bebé no iba nacer. –reprochó. –Habría agradecido estar lista para eso.

Mi vida, eso no lo vi. No veo todo, sólo algunas cosas. Pero lo que vi de una hija rubia es verdadero. Vi a un dragón celeste, a tu esposo y con tu hija… -cerró los ojos. –También tendrás un varón.

El corazón de la mujer retumbó fuertemente.

-¿En serio lo ve? –preguntó con la voz entrecortada.

Mivenn sonrió mientras cerraba los ojos. –Sí, serás mamá y en ambos casos será de la manera en la que menos esperas.

Esas palabras se grabaron en la mujer, era la confianza que necesitaba, su futuro llegaría cuando tuviera que llegar.

-¿Y qué ves en el futuro de mi sobrina? –preguntó curiosa, ya amaba a esa bebé aunque no compartiera sangre directa con ella

La seid se puso de pie. –Ahora lo sabrás.

Dios tres bastonazos cuando llegó su lugar, en medio del Gran Salón.

Los orgullos padres se acercaron a ella con la bebé en brazos.

El público enmudeció.

-Cada heredera burglar es especial. Recuerdo que cuando Bertha nació, predije belleza, amor y cambio para la isla. Y ahora es un honor tener a otra heredera en mis brazos, a la hija de Bertha Essen y Erick de Berk.

Todos en el recinto aplaudieron. Valka llegó y cargó a su bebé. –Gracias, Gyl.

Todos guardaron silencio para atestiguar el momento cumbre de la noche.

-Princesa Camicazi Essen. Hace unas noches llegó a mí una visión. Fue como todas, pero ésta es especial. Para tu vida veo belleza, fuerza, pérdidas y alegría, pero en especial veo amor. –expresó orgullosa de compartir la información.

Todos se alegraron por escuchar la prospera vida de la pequeña, en especial los padres de la bebé.

-Al igual que con tu madre, veo que el cambio de la isla comienza contigo. Tu pueblo te será leal y te defenderá siempre. –expresó con seguridad. –Y ahora, de una manera más clara, puedo notar que tu vida está ligada a la prosperidad, no sólo de tu isla, también a otras más. –comentó, mirando disimuladamente a los miembros invitados de Berk.

En eso llegaron otras imágenes alarmantes a la mente de la seid, pero esta vez no dijo nada, aun no tenía claro el significado.

-Por Camicazi Essen, la fuerza de Bog Burglar. –declaró Minvenn mientras alzaba a la pequeña, para que todos lo vieran.

Los líderes de cada clan caminaron hasta el frente de ella, sacaron sus espadas y las colocaron frente a ella, en el suelo, demostrando lealtad y respeto a la princesa, para después hacer una reverencia, postrándose en una rodilla.

Eret Eretson se levantó, hablando por primera vez. –Como el capitán de la guardia, pongo a tu disposición cada arma, escudo y flota burglar, princesa. Que al igual que tus antecedentes guiaron como valquirias a los marinos, tú guíes este pueblo hacia la prosperidad.

La pequeña Astrid sólo vio el filo resplandeciente de las espadas.

-¡Larga vida a la princesa! –exclamó Camicazi, la actual jefa de la isla como toda orgullosa abuela.

-¡Larga vida a la princesa!

-¡Larga vida a la princesa!

-¡Larga vida a la princesa!

Vociferaron todos los miembros del pueblo.

Bertha y Erick se tomaron de las manos, al parecer todo empezaba a encajar en su lugar, creyeron que serían felices…

Ilusos.

.

.

.

.

.

.

El barco atracó sin problemas en el muelle principal de Berk, a pesar de tener el hielo congelado lograron abrirse paso.

-Da la señal y disparamos. –compartió Snotlout, golpeando sus puños.

-Aun no. En el barco viene Karena Deranged, hermana de Dagur y Heather, según Astrid, es comprensiva, ella es quien viene a hacer el tratado para recuperar a Dagur. –mencionó Hiccup, quien ya había dado la información a su padre.

La rampa para descenso fue colocada exitosamente entre el muelle y el barco. De éste bajó un guardia, a quien Astrid reconoció como Norberto.

-Con ustedes, Karena Deranged, princesa de Berserk. –al mencionarla, la castaña descendió, acompañada de Sotma, quien estaba feliz por conocer otra tierra.

-Bienvenida, es un placer tenerla de nuevo en nuestra isla.

-Vengo a ver a mi hermano, y a llevarlo de nueva cuenta a la isla para que tenga su recuperación en casa. –fue breve.

-Sí, sería lo más sensato. –coincidió Stoick. –Hablemos con más calma y menos público en el Gran Salón, el frío aun se siente.

Karena asintió, guiñándole un ojo a Astrid cuando pasó a su lado.

Antes de subir por las escaleras al recinto, Stoick se acercó a su hijo. –Hiccup, si te digo a ti que vayas por los papeles del tratado, significa que tú y Astrid deben salir de Berk, querrá decir que el consejo de Berserk no aceptó el intercambio.

El castaño asintió, asustado, ¿en serio era tan difícil ese proceso?

-Sí papá, gracias. –aceptó las órdenes.

Por suerte, no iba a ser necesario, Karena ya tenía un plan en su mente.

.

.

.

.

.

.

.

Notas de la autora:

Gracias KatnissSakura por tu review y por tu apoyo.

Sigue el entretenimiento de cuarentena, por favor, quédate en casa.

Gracias por leer

**Amai do**

Publicado: 9 de abril de 2020