El japonés estuvo toda la semana nervioso pensando en que podrían hablar en la salida que tendrían, que harían ese día o si se llevarían bien al estar los dos solos y sin el platinado. Esperaba que todo saliera normal.
Los días se le pasaban más que rápido y Víctor al parecer notaba su nerviosismo porque se burlaba de él a cada oportunidad, eso lo hacia reír a veces y lograba calmarlo en ocasiones, así que en cierto modo lo agradecía. Ni siquiera entendía el porqué estaba tan nervioso, había salido con compañeros de trabajo antes, así que esto debería ser parecido, simplemente debía buscar algún tema de conversación y enfocarse en eso. por alguna razón tenía miedo de caerle mal al rubio una vez que se conocieran mejor, porque era inevitable que después de estar casi un día completo solos, no lograran aprender algo sobre la vida del otro como para hacerse una idea más clara de con quién trataban a diario.
Esa semana al entrar en la casa del platinado, solo se dedicaba a cocinar y se iba, no esperaba al rubio llegar ni nada, aunque Víctor se lo pidió varias veces. Yuuri sabía que si lo veía sus nervios aumentarían y él era un adulto así que debía comportarse como era debido. Por su lado el rubio estaba ansioso, por alguna razón quería que el día llegara pronto para poder salir. Ni él entendía el porqué, pero ya se estaba acostumbrando a la sensación, aunque eso lo hacía andar un poquito más irritable de lo normal.
El día llegó y Víctor se fue donde Chris, el platinado estaba emocionado y le pidió a Yuuri que tomara muchas fotos, porque quería saber todo lo que harían. Además él también tenía planes, había convencido a Chris para ir a la cafetería donde trabajaba Otabek, quería verlo y esperaba ese día le tocara turno, la última vez que fue ahí, el moreno no se encontraba trabajando ya que era su día libre.
Llegaron con Chris al café y no lo vio por ningún lado, al parecer el chico no tenía trabajo ese día. El rubio se estaba dando cuenta de que su mejor amigo por algo frecuentaba ese lugar y suponía que era por el apuesto universitario, aunque no le decía nada ya que prefería que Vitya le dijera las cosas por él mismo, él lo apoyaría hasta en salir desnudo a la calle si se lo pidiera, así que por eso lo acompañaba cuando le pedía ir a aquel café.
Los ojos azules denotaban tristeza, aunque la sonrisa en su rostro se hacía notar para las demás personas del lugar, Chris sabía bien que aquello era falso, pero lo dejaba ser— ¿Puedo sentarme? —Víctor se estremeció de pies a cabeza al escuchar esa voz muy cerca de su oído.
—Adelante —respondió el rubio con una sonrisa mientras miraba como su amigo no era capaz ni siquiera de voltear para encarar la situación.
Víctor estaba nervioso, una cosa era que Otabek los atendiera y otra muy distinta era que se sentara con ellos en la misma mesa e incluso pidiera algo para él— lo siento por interrumpirlos, pero está lleno y odio la gente extraña —dijo con normalidad mientras Víctor se sonrojaba por completo al darse cuenta de que no lo tomaba como un "extraño", eso significaba que como mínimo eran conocidos ¿No?
Los ojos verdes observaban divertidos la escena frente a él, siempre que el moreno estaba cerca, su mejor amigo perdía la capacidad de aparentar normalidad. Fingió que lo llamaban por teléfono y se levantó de la mesa disculpándose y saliendo del local para poder "hablar mejor", porque era una llamada falsa muy importante.
El silencio reinaba en aquella mesa donde solo Otabek y Víctor estaban esperando una orden para tres personas— ¿Están en una cita? —preguntó directo el azabache y Víctor casi se atraganta con su propia saliva para luego negar fervientemente con su cabeza.
—So-somos amigos, el tiene novia y a mí me gusta alguien —aclaró rápidamente, pensando que con eso había resuelto todo.
Otabek lo miró fijamente para luego preguntarle— ¿Alguien? No será ese adulto de la otra vez ¿O sí? —se preocupaba por el platinado, de alguna manera después de tanto verlo le tenía estima.
Volvió a negar con la cabeza y Otabek se sintió aliviado, no le importaba si a ese lindo chico le gustaban los hombres o las mujeres, solo quería que estuviera bien y que nadie se aprovechara de él, ya que se veía muy despistado.
Chris volvió a la mesa y Víctor respiró aliviado. Sus pedidos llegaron y mientras degustaban todo, conversaban sobre diferentes cosas. Chris aprovechó de sacar información para su amigo, preguntándole al moreno sobre la universidad, que carrera estudiaba y donde. Víctor agradeció mentalmente tener a Chris con él siempre que lo necesitaba.
Al finalizar se despidieron de Otabek diciendo adiós con la mano y se dirigieron a la casa de Chris donde se encerraron en la habitación de este.
—Chris… tengo algo que contrate —dijo muy serio sentado en la cama frente a su mejor amigo— me gustas.
—Oh, qué casualidad y yo que justo iba a abusarte ahora que estábamos solos —respondió riendo, logrando que Víctor riera también, arruinando toda la seriedad del asunto.
El platinado se sentía más relajado ahora y al ver a su amigo interactuar con Otabek, entendió que este ya sabía su secreto— me gusta Otabek —el rubio fingió sorpresa y el de ojos azules volvió a reír— ya sé que era obvio y que ya te habías dado cuenta, pero quería decírtelo.
—Gracias por contarme —le dijo soltando un suspiro— ahora no podré agarrarte el trasero cuando durmamos juntos, porque tienes que guardarlo para él —dramatizó Chris y Víctor le tiró una almohada por decir cosas estúpidas. Comenzaron una guerra que no paró hasta que fue hora de cenar. Mientras comían el platinado se preguntaba cómo les estaría yendo a su padre y a Yuuri.
Los Yuris quedaron en juntarse en un parque que estaba cerca del acuario a dónde irían, Yuuri llegó diez minutos antes, dándose cuenta que el rubio ya estaba ahí esperando ¿A qué hora habría llegado? El japonés sintió como si hubiese llegado tarde— hola, Yuri —le dijo con nerviosismo, debía admitir que el padre de Víctor se veía muy guapo ese día, como si se hubiese arreglado especialmente para la ocasión y no estaba muy equivocado. Plisetsky se la pasó cambiando de atuendo en la mañana mientras su hijo se reía de que fuera tan indeciso, hasta que logró encontrar algo que le gustó más que cualquier otra cosa. Yuuri por su parte solo utilizo la ropa de siempre, después de todo era una salida de agradecimiento y nada más, no tenía que verse bien, aunque ahora se sentía un poco mal al ver como el rubio acaparaba todas las miradas de las personas que pasaban junto a él.
—Hola, cerdo —Yuuri frunció el ceño por el saludo del hombre frente a él, pero no dijo nada, toda la lindura del rubio desapareció con ese comentario.
— ¿Entramos? —preguntó con su voz sonando molesta a lo que Yuri sonrió, de alguna manera le estaba gustando verlo enojado, era divertido ver ese tipo de expresión en alguien tan amable.
Entraron al lugar, a Yuuri le brillaban los ojos al ir observando todas las especies que había en cada lugar, parecía un niño pequeño que iba por primera vez a uno y eso era porque le encantaban los animales en general. Para el rubio al principio fue un poco aburrido, puesto que los peces no suelen tener mucho movimiento y él era mas de felinos, pero en la medida que iba avanzando con el japonés, se iba contagiando con su asombro y entusiasmo, tanto que después de un rato era él quien guiaba por donde iban para ver lo que llamara más su atención.
—Me encantan los caballitos de mar —mencionó Yuuri, observando cómo se movían tras el cristal— ¿Sabías que los machos son los que llevan a las crías en el periodo de gestación? —el japonés observaba feliz mientras apoyaba las yemas de los dedos de su mano derecha en el vidrio que los separaba de aquellos hermosos animalitos.
Yuri se sorprendió de que fuera el azabache quien iniciara la conversación, ya que en todo momento solo intercambiaron pequeñas palabras como "vamos" o "por aquí". Solo porque llamaban la atención de su acompañante, se dedicó a observarlos con más detenimiento, en verdad eran lindos.
—Entonces… te gustan porque los machos se embarazan —dijo en broma y el otro se sorprendió por esa analogía creyéndose descubierto, pero se dio cuenta de que era una broma cuando Yuri comenzó a reír levemente— tienes razón, son muy interesantes.
Siguieron recorriendo el lugar y esta vez comenzaron a leer la información que salía en cada lugar, comentando lo que más llamaba su atención y compartiendo opiniones. Vieron mantarrayas, peces payaso y hasta anguilas, al final del recorrido tenían una sala donde había un show con pingüinos y focas donde los premiaban por hacer lo que se les pedía. Yuuri rio mucho y el rubio comenzó a encontrar linda su manera de sonreír y los gestos de sorpresa que hacía el otro al ver el acto.
Salieron del lugar comentando todo lo que habían visto— ¿Cual llamó más tu atención? —preguntó Yuuri mientras comían un helado e iban al parque a sentarse en una banqueta.
—Las pirañas vegetarianas —dijo sin siquiera pensarlo— me llama la atención que tengan dientes parecidos a los de nosotros y que solo coman carne cuando no encuentran plantas o semillas —sonaba emocionado y eso hacía sentir feliz a Yuuri, ambos se divirtieron y eso era lo importante en ese momento. Al parecer no había sido tan malo después de todo, el japonés sentía que Yuri solo tenía una coraza sobre él para alejar a las personas, pero que en el fondo era alguien amable y de buenos sentimientos, no por nada Vitya amaba tanto a su padre.
Al terminar su helado Yuri le preguntó al japonés si quería subirse a unos carritos a pedales que habían en el parque, parecían para niños, pero también habían algunos más grandes que podían rentar. Al principio el azabache le dijo que no, pero al escuchar como el otro lo llamaba "cerdo cobarde", se animó y se subió a uno. Se rieron bastante ya que hicieron carreras de un lado a otro en el parque, parecían dos niños pequeños en un cuerpo de adultos y eso los relajaba.
Terminaron completamente cansados y hambrientos por lo que fueron a comer a un restaurante cercano, nada lujoso. Pidieron el especial del día, el cual era espagueti con albóndigas y se dispusieron a comer. Hablaron de sus trabajos, de cómo les iba y qué tipo de cosas hacían, concordaron que a pesar de hacer cosas distintas ambas labores eran estresantes al estar tratando con personas todos los días.
La habían pasado bien, rieron, conversaron y jugaron, el rubio pensó que tal vez podían repetir aquello en otra ocasión, después de todo solo salía a cenas del trabajo ya que no era de tener amigos, pero para su sorpresa, con Yuuri se llevaba bastante bien. Caminaron hacia la calle principal para esperar un taxi mientras seguían con su plática hasta que una voz los detuvo o más bien detuvo al japonés.
—Así que ya tienes a otro —preguntó seriamente un chico frente a ellos, parecía un poco dolido por verlos juntos— ¿Para eso querías que termináramos, para andar con alguien más?
A Yuuri se le fue toda la felicidad del rostro, si esto seguía así Yuri descubriría lo que él era y no sabía cómo iba a reaccionar, mas por la manera de enterarse ya que él no fue capaz de decirle directamente sus preferencias a la hora de escoger una pareja.
࿂Continuará࿂
